marzo 1, 2021

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#4 Tiempos

La 4T cercada por la mafia del pasado | Columna de Enrique Domínguez

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4T

Cuentas Claras

 

De manera reiterada el Presidente Andrés Manuel López Obrador hace alusión a Antonio Gramsci cuando dice que: “Una sociedad entra en crisis cuando lo viejo no termina de morir ni lo nuevo termina de nacer” y resulta evidente que en este gobierno sigue infiltrada la mafia que ha saqueado al país, no es para menos, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) bajo el cargo de Javier Jiménez Espriú mantiene en su interior oscuros intereses del antiguo régimen donde la mano de Gerardo Ruiz Esparza sigue ejerciendo los controles en el sistema aeroportuario de Toluca y la Ciudad de México.

Armando Subirats Simón dejo de ser el Director de Operaciones del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), resulta muy extraño que se haya mantenido en el cargo en este periodo de la 4T quien a todas luces pregona la honestidad como táctica, sin embargo, las cosas no parecen ir tan bien por los antecedentes criminales que posee en su larga trayectoria el hoy ex Director del AICM.

Con un claro cinismo se jactaba de mencionar una y otra vez: “Autoridad que no infringe las reglas no es autoridad” es presuntamente partícipe de múltiples escándalos que implican su responsabilidad en el manejo de las zonas estériles del aeropuerto, es decir, la zona restringida donde sólo tiene acceso el personal autorizado, generando con ello el trasiego de droga, el crimen organizado y la trata de blancas utilizando el salón oficial del aeropuerto (destinado a celebridades, diplomáticos y personas que pudieran causar algún problema) para pasar a las personas y “productos” sin pasar revisión alguna para ello, valiéndose de influencias en el Instituto Nacional de Migración (INM) y la Policía Federal (Hoy extinta).

Armando Subirats Simón ha sido relacionado con una red de corrupción en el ámbito de construcción y rehabilitación de las pistas del AICM. Es propietario a través de prestanombres de las empresas que realizan tareas de construcción, y se le ha señalado por vender favores para pasar mercancías por los filtros de revisión sin proceder a ello. También fue vinculado a los escándalos y balaceras en el AICM, por parte de la Policía Federal, y con injerencia en Aduanas en tiempos de Eva María Soria a quien llamaba cariñosamente “ahijada”.

En el sexenio pasado era común observar a Armando Subirats, Eva María Viridiana Soria Amador y a José Armando Ramón Hernández, deambular por las instalaciones del aeropuerto, orquestando y generando una estructura de corrupción que solo podría mantenerse al amparo del poder ejercido en ese entonces por Gerardo Ruíz Esparza Ex secretario de Comunicaciones y Transportes (2012 – 2018).

Un modo de evitar la “antigüedad” en el proceso de desfalco al país es rotando a los personajes que integran la pandilla del aún activo pero silencioso Gerardo Ruiz Esparza, nombres como Luis Enrique Miranda Nava, Alfonso Sarabia de la Garza, Alejandro Argudín Leroy, Rafael Castro González, Manuel del Riego de los Santos y Hugo de la Cuadra Mendoza están muy ligados a él.

Es muy probable que la vacante dejada por Armando Subirats Simón sea ocupada por Francisco Luis Quiroz Pulido, quien presuntamente está ligado a Genaro García Luna y al cártel de un ex presidente dipsómano.

No hay que dejar de mencionar la injerencia de una de las empresas consentidas en el periodo de Enrique Peña Nieto; OHL quién hasta ahora mantiene el 49 por ciento de las acciones del Aeropuerto Internacional de Toluca (AIT) teniendo su parte en el botín, a pesar de haber establecido el proceso de venta de sus acciones al Grupo Aeroportuario de la ciudad de México (GACM).

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#4 Tiempos

La reforma judicial | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

Para los estudiantes de los primeros semestres de la carrera de Derecho, los paseos no pueden faltar. Bien pueden ser simpáticos días de campo en el congreso local, un paseo por los juzgados o incluso —con una labor logística más demandante— una visita a un penal.  En mi caso, el tour guiado se llevó a cabo en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Después de los protocolos de seguridad a la entrada, de apagar los celulares y de observar por varios minutos los murales de José Clemente Orozco, Cauduro y otros, procedimos a observar una muy interesante sesión de Pleno, donde se discutía un proyecto de la recién nombrada Ministra Yasmín Esquivel, quien, por cierto, estaba ausente.  

Al término de la sesión, la treintena de estudiantes primersemestrinos tuvimos la fortuna de charlar con dos ministros. Aquí abro un pequeño paréntesis para precisar un poco sobre el contexto. Apenas un par de semanas antes, el presidente de la Corte, Arturo Zaldívar, había sido sujeto de críticas: había aparecido en el programa de John Ackerman y Sabina Berman y publicado unos polémicos tweets. Por el contrario, casi ningún otro de los y las ministras tenía cuenta de Twitter; mucho menos habían salido a dar entrevistas a ningún medio. Considerando ese escenario, mis preguntas a los dos ministros fueron: ¿Cuál debe ser la relación de los ministros con la vida pública del país? ¿Por qué hay tanta distancia y tan poca comunicación entre la Corte y la ciudadanía?

Ciertamente, es un tema bastante complejo. Por ejemplo, en la Corte Suprema de Estados Unidos, el perfil ideológico de las y los jueces que la integran es conocido desde antes: al tribunal constitucional llegan jueces que son abiertamente conservadores o liberales, según el proyecto de nación del presidente que les haya nominado. En México, el perfil ideológico de las y los ministros se especula analizando sus sentencias y el sentido de sus votos; rara vez aparecen en medios de comunicación; y, para la gran mayoría de la población, la Corte y sus sentencias son completamente irrelevantes, debido al silencio que genera la poca difusión de lo que ahí se decide.

En ese sentido, los ministros me respondieron que lo que buscan es preservar su autonomía y garantizar la división de poderes. Comentaron que durante los 15 años que dura su encargo, los ministros y ministras dejan de asistir a restaurantes, reuniones sociales, bodas y eventos con políticos, incluso aquellos a los que han sido invitados por la Presidencia de la República. También, dan muy pocas entrevistas y no se enfrascan en discusiones sobre el sentido de sus votos. La regla general es que los tribunales sean herméticos, con el objeto de alejarse de cualquier presión que busque influir en lo que se decide en la Suprema Corte; además de ser muy cuidadosos con los simbolismos que puedan demeritar la legitimidad del Poder Judicial.

Traigo a colación esta anécdota para analizar uno de los cambios más importantes que vendrán para la Corte.

El viernes pasado, después de haberse aprobado en el Congreso de la Unión y en 18 congresos locales, la Cámara de Senadores emitió la Declaratoria de Reforma Constitucional, referente a la propuesta de reforma que presentó el Ministro Presidente Arturo Zaldívar el año pasado. Así, en estos días deberá publicarse en el Diario Oficial de la Federación la reforma a siete artículos constitucionales, la promulgación de dos leyes —la Ley de Carrera Judicial y una renovada Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación— y reformas a diversos códigos y leyes secundarias.

La iniciativa fue presentada por Zaldívar en una Mañanera, al lado de López Obrador, de Olga Sánchez Cordero y del Consejero Jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra. La imagen por sí misma fue un tanto bochornosa para la (al menos aparente) independencia que le caracteriza al Poder Judicial. Desde ese momento, el ministro Zaldívar ha tenido poco recato en mostrar su cercanía al Poder Ejecutivo, que impulsó esta reforma muy decididamente.

La autonomía de la Corte estuvo nuevamente cuestionada después de que Zaldívar decidiera romper la regla tácita de que el ministro presidente es el último en presentar sus argumentos al revisar un caso. Durante el debate de la consulta popular, Arturo Zaldívar se asignó la palabra a sí mismo antes que todos y recitó lo que parecía un discurso más político que jurídico, validando la constitucionalidad de la materia con argumentos, por llamarles de una manera, muy endebles.

Más recientemente, Zaldívar acudió a la inauguración de una de las pistas de Santa Lucía. ¿Qué estaba haciendo ahí? Nadie lo sabe; menos cuando los grandes proyectos de infraestructura se están decidiendo en la Corte.

Del contenido de la reforma se dice que fue redactada únicamente en la oficina de Zaldívar; no hubo colaboración con otros ministros, ni con la academia, ni con otras instancias del Poder Judicial. No obstante, haciendo un balance muy general, podemos conceder que el saldo es más positivo que negativo. Por una parte, hay un fortalecimiento a la carrera judicial; mayores herramientas para el combate a la corrupción, nepotismo y violencia de género; y se mejora también a la defensoría pública. Por otra, la reforma contempla una modificación a la manera en que se generan criterios jurisprudenciales: ahora todas las resoluciones del Pleno votadas por una mayoría de ocho votos serán vinculantes para todos los jueces del país. Además, la reforma prevé facultar a los organismos constitucionales autónomos de los estados para que también puedan aplicar controversias constitucionales.

Del lado negativo, la reforma es omisa en hacer algún pronunciamiento sobre el trágico Tribunal Electoral. Además, no hace ninguna modificación al agotado método de designación de ministros, así como al tema de las renuncias. Uno esperaría que después del escándalo de Medina Mora, alguien tomara cartas en el asunto.

Zaldívar ha logrado su cometido y la reforma ha sido aprobada casi exactamente como él la concibió. Con estas modificaciones, es muy probable que la Corte transite a la onceava época del Semanario Judicial de la Federación con él como abanderado de dicho cambio.  Con la reforma, también ha conseguido dotar de mayor poder al presidente del Consejo de la Judicatura Federal, cargo que ocupa el presidente de la Suprema Corte, o sea, él. En resumidas cuentas, Zaldívar ha venido a romper con el paradigmático comportamiento discreto de los ministros; ahora ha adherido su discurso al de la 4T, está activo en redes y acude a inauguraciones (pero no acude al aniversario de la Constitución, por ejemplo). Habrá que prestar atención a sus siguientes movidas. ¿Cómo cambiará su relación con el Ejecutivo, ahora que su reforma fue aprobada? ¿En dónde lo veremos en 2024, cuando termine su encargo?

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Un gato en el estómago | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas.

 

En su Anatomía de la melancolía (obra que vio la luz por vez primera en 1621), Robert Burton cuenta la historia de una mujer que creía haberse tragado una serpiente. Ahora bien, como ésta era una cosa altamente improbable (¿quién en su sano juicio hubiera podido hacer algo como esto?), el médico que la veía llegó a la conclusión de que la mujer no estaba muy en sus cabales que digamos, y, para curarla, ideó la siguiente estratagema: primero la hizo tomar un vomitivo; luego, sin que ella lo advirtiera, colocó una serpiente muerta en el fondo de un bacín, diciéndole:

«He ahí el tremendo bicho que tanto la atormentaba, mi estimada señora». Cuando la mujer vio que el animal se hallaba por fin fuera de su cuerpo, se sintió aliviada. ¡Excelente terapia!

Otro caso curioso contado por el mismo Burton es el de un caballero de Siena que tenía miedo de ir al baño, pues creía que, en cuanto lo hiciera, la ciudad se ahogaría bajo el río de sus orines. Aunque la vejiga estaba a punto de estallarle, el caballero se contenía estoicamente. Para curarlo, otro médico, tanto o más ingenioso que el anterior, mandó tocar las campanas de una iglesia vecina y le dijo al enfermo en tono gravísimo que Siena se consumía en ese momento bajo las llamas y que únicamente él podía salvarla, si quisiera. Ante advertencia tan severa, el enfermo accedió a orinar, y si no salvó a Siena de las llamas, sí salvó por lo menos su estropeada vejiga.

Estos ejemplos muestran con bastante claridad que los médicos del pasado no eran tan ingenuos como a algunos les gusta imaginar. Sin embargo, la curación no siempre es tan sencilla, como demuestra este otro caso tomado de la vida real:

Un hombre se quejaba constantemente de un fuerte dolor de estómago. «¿Sabes? –le dijo un día a su mujer-, me da la impresión de que lo que tengo adentro es un gato». La esposa le dijo que eso no era posible y que lo mejor que podía hacer era ir a consultar a un gastroenterólogo lo antes posible. Pero el hombre persistió en su idea. Sí, lo que lo arañaba por dentro era un gato, un enorme gato de afiladas uñas.

«Esto ya no es asunto del gastroenterólogo, sino del psiquíatra», pensó la mujer, terriblemente afligida. Y a partir de entonces todos sus esfuerzos se concentraron en convencer a su esposo de que tenía que someterse a uno de esos inofensivos tratamientos psicológicos que a la larga no le podían hacer más que bien. Tras diez mil ruegos, el marido accedió a ir por fin a una clínica neurológica.

-¿Qué es lo que sentimos? –preguntó el psiquiatra, mirándolo con burlona atención.

-Lo que sentimos, doctor –respondió el hombre-, son unos terribles arañazos provocados por un gato que llevamos dentro.

El especialista se le quedó mirando largamente. Y, tras pensárselo durante unos instantes, dijo en tono confidencial:

-Sí, es probable que se trate efectivamente de un gato. En todo caso, no es ésta la primera vez que le sucede a alguien una cosa semejante.

-¿Es, digamos, una enfermedad común?

-¡Más común de lo que usted se imagina, mi estimado amigo!

-Me aterra pensar que dentro de mí pudiera también haber ratones, doctor, pues, de no ser así, ¿a qué diablos se habría metido el gato? –dijo el hombre casi llorando de pesar.

El psiquiatra hizo abrir la boca a su paciente, le examinó la garganta con una lamparilla y dijo finalmente:

-En efecto, amigo mío, anda por ahí un gato de respetables dimensiones: acabo de verle la punta de la cola. ¡Ah, pero no se preocupe usted, que ya me encargaré yo de que salga pronto de ahí! Si le parece bien, mañana mismo, a las diez, procederemos a realizar la operación.

-Me parece bien –dijo el paciente.

Al día siguiente, el psiquiatra lo anestesió, simuló una operación complicadísima, mandó a un muchacho del barrio a que le trajera un gato callejero, le torció la cabeza, y tan pronto como el enfermo volvió en sí, le dijo gritando de alborozo:

-He aquí el gato que tanto lo molestaba, querido amigo. De ahora en adelante podrá usted vivir en paz.

El paciente miró el gato detenidamente; finalmente, dijo con desilusión:

-Lo siento mucho, doctor, pero el gato que usted me muestra es negro, y el que a mí molesta adentro es gris.

¡Para amargarnos la vida, los humanos somos unos expertos! Nos ahogamos en vasos de agua. Una vez, según cuenta el doctor M. Scott Peck en su libro La nueva psicología del amor, una mujer que acababa de intentar suicidarse fue a verlo a su consultorio y le confió: «Intenté matarme porque no soporto vivir en esta maldita isla» (se trataba de la isla de Okinawa, donde ambos, médico y paciente, residían por entonces). «¿Por qué es tan doloroso vivir en Okinawa?» –le preguntó el doctor-. «Aquí no tengo amigos. Estoy siempre sola» –respondió sollozando la mujer-.

«Eso es malo. ¿Por qué no ha hecho amistades?». «Tengo que vivir en una urbanización de Okinawa donde ninguno de mis vecinos habla inglés». «¿Por qué no va a la zona residencial norteamericana o al club de mujeres para entablar alguna relación?» –insistió el médico-. «Porque mi marido se lleva el coche para ir al trabajo». «¿Y no podría llevarlo usted misma al trabajo, puesto que está sola durante todo el día y se aburre?» –siguió insistiendo el doctor-. «Es un coche con el cambio de marcha manual, y yo no sé conducirlo; sólo sé conducir los que tienen caja automática». «Pues podría aprender a conducirlo». «¿En estas carreteras? –gritó indignada la mujer-, ¿es que quiere que me mate?».

En lo dicho: con algunos no hay remedio. Pero si hay alguna conclusión que sacar de estas historias, que las saque el lector, que yo con habérselas contado me doy por satisfecho.

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La Ciencia de la Salud

Las vacunas imperfectas y su utilidad en Salud Pública | Columna de Andreu Comas García

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La Ciencia de la Salud

 

El día de hoy platicaré sobre las vacunas y empezaré por definir, ¿qué es una vacuna? De acuerdo con la Real Academia Española de la Lengua, una vacuna es un preparado de antígenos que, aplicados a un organismo, provoca en él una repuesta al de defensa.

En palabras más sencillas, es cuando se introduce al cuerpo un pedazo de un bicho (antígeno) o un bicho que no nos puede causar enfermedad (atenuado) para que el cuerpo aprenda no solo contra quien atacar, también como al vacunarnos, el cuerpo genera una respuesta inmune que es rápida y efectiva. Pero lo más importante es que respuesta se queda grabada en el cuerpo y cuando el patógeno intenta infectar, la respuesta inmune lo evita rápidamente.

¿Cómo es que la vacunación evita la aparición de los brotes? Las campañas masivas de vacunación evitan la aparición de brotes de enfermedades infecciosas mediante la generación de un mecanismo de protección indirecto para la población que es susceptible a la infección y que no ha sido vacunada, es decir mediante la inmunidad de rebaño.

Como consecuencia de una campaña de vacunación masiva exitosa, la mayor parte de la población ya tiene protección contra el patógeno (por que generó memoria inmune) y por lo tanto el patógeno no encuentra a quien infectar. En otras palabras, es como si formáramos un escudo alrededor de la gente que no se ha vacunado o de la gente a quien no le funcionó la vacuna.

Cabe mencionar que cuando se inventaron las vacunas, su objetivo era evitar la infección. Toda vacuna que logre este objetivo se le conoce epidemiológica y matemáticamente como una vacuna perfecta. Hasta la actualidad, son pocas las vacunas perfectas que tenemos.

Probablemente el mejor ejemplo de una vacuna perfecta es la vacuna contra la viruela. Mediante la aplicación masiva de esta vacuna se logró erradicar la viruela, por cierto, esta la única infección que hemos logrado erradicar. Sin embargo, la gran mayoría de las vacunas que tenemos no son perfectas.

De acuerdo con el Prof. Andrew Read de la Universidad de Edimburgo “las vacunas rara vez proveen protección completa, pero aún así pueden ser utilizadas para proteger individuos y poblaciones, es decir son imperfectas”. Este concepto implica que para que una vacuna imperfecta funcione adecuadamente, hay que diseñar una estrategia de vacunación acorde a sus características.

Aclaro, que existan vacunas que sean imperfectas NI es malo NI es peligroso. Mas bien, esto nos dice para poder utilizarlas en el control o mitigación de un brote, es importante conocer ¿cómo funcionan? y ¿qué tanto protegen?

¿Por qué una vacuna es imperfecta? Porque no previene la infección en todos los individuos vacunados. Repito, esto no es motivo para tirar las vacunas a la basura o para cortarnos las venas.

Sí las vacunas imperfectas no evitan una infección por completo, ¿Cómo es que funcionan?  Son varios los mecanismos que se han descrito, los cuales ni son de todo-nada y se pueden combinar entre ellos. El primero es mediante la disminución de la probabilidad de que alguien se infecte. El segundo es mediante la reducción crecimiento de la población del patógeno ya sea en un individuo o en una comunidad. El tercero es evitar que se disperse y por último, es disminuir los mecanismos mediante los cuales el patógeno genera enfermedad grave.

¿Cuáles son los beneficios de las vacunas imperfectas? Bueno, son cuatro sus beneficios. El primero es que reduce la gravedad de la infección y, por lo tanto, aunque la gente se puede enfermar no van a requerir hospitalización ni fallecerán. El segundo beneficio es que disminuye la transmisión, con lo cual sí menos gente se contagia se minimiza el impacto del brote en una comunidad. El tercer beneficio es que disminuye la incidencia, es decir el número de casos nuevos a lo largo del tiempo y esto hace que el golpe sea menos duro y no colapse los sistemas de salud o la economía. Finalmente, una vacuna imperfecta sí es capaz genera inmunidad de rebaño, con lo cual se logrará detener un brote.

Cuando se tiene una vacuna imperfecta, es muy importante buscar intencionadamente la generación de patógenos que escapen al efecto de la vacuna. El mejor ejemplo de esto es la vacuna contra influenza. Esta vacuna evita entre 30%-60% de las infecciones, pero evita más del 90% de las hospitalizaciones y defunciones. Sin embargo, debido a que cada constantemente se generan virus que no son neutralizados por la vacuna, cada año hay que cambiar el diseño de los antígenos que se utilizan en ella.

Las vacunas imperfectas pueden tener efectos en la evolución de un patógeno y en su manera de causarnos enfermedad. Por lo tanto, sí se conoce la efectividad de la vacuna y el tiempo que dura su protección, entonces se pueden diseñar la mejor campaña masiva de vacunación con la cual se pueda detener un brote.

Aunque las vacunas no son la panacea contra las enfermedades infecciosas, en la mayoría de los casos, son la estrategia de salud pública con la mayor relación costo-beneficio e impacto empleadas a o largo de la historia de la humanidad. Esto es, porque es mejor prevenir que curar.

Por último, el contar con vacunas imperfectas no debe de ser un limitante para su uso, por el contrario, es la justificación para mantener la vigilancia epidemiológica de las enfermedades prevenibles por vacunación y para evaluar activamente la evolución de los patógenos.

 

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Xavier Nava, ¿en Morena?

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