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Joaquín Antonio Peñalosa, el centenario del intelectual más grande de SLP
Escritor, académico, filántropo y sacerdote, la memoria de la ciudad ha sido injusta con una de sus mayores figuras culturales
Por: Ana G Silva
Joaquín Antonio Peñalosa habría cumplido 100 años de vida el pasado 9 de enero. El padre Peñalosa, como lo conocieron la mayoría de las personas en San Luis Potosí, fue un sacerdote católico, escritor y académico potosino, que es, posiblemente, el intelectual más importante que ha dado el estado. Para conmemorar este centenario, conversamos con David Ortiz Celestino, editor y gestor cultural, quien es una de las personas que mejor conoce la obra del escritor, pues estuvo a cargo del proyecto “Caminando, camina el manantío. Poesía reunida”, el cual agrupa todo su trabajo de ese género.
Ortiz Celestino apuntó que a pesar de las aportaciones que este intelectual le trajo a San Luis Potosí, no ha tenido el reconocimiento que merece en la memoria cultural del estado y detalló la obra de Joaquín Antonio Peñalosa es de “lo más importante que tenemos”, pues fue el intelectual más sólido que ha tenido la ciudad, esto gracias a su trabajo de poesía, periodismo, crónica y crítica literaria. Agregó que este personaje fue un autor multifacético; también destacó por su labor filantrópica.
El gestor cultural señaló que, en San Luis Potosí, “no existe otro intelectual del tamaño de Peñalosa, aunque hay grandes poetas como Manuel José Othón, que es el máximo exponente de la poesía en el estado y como cronista Rafael Montejano y Aguiñaga, lo que reunía Peñalosa fue un aporte mayor a la cultura”.
“Es curioso que esté escondido, cuando hizo mucha labor de rescate de autores potosinos, hay mucha injusticia en su recuerdo, en las instancias culturales y gubernamentales. San Luis es muy injusto con sus personajes culturales, Peñalosa tiene casi 24 años que murió y no se ha hecho gran ruido, salvo un libro que se publicó en 2019 y los homenajes por su centenario que el Colegio Nacional, la Academia Mexicana de la Lengua, Letras Libres y Gabriel Zaid, uno de los más grandes intelectuales mexicanos, le hicieron, pero fuera de eso, hay olvido, hay omisión bastante grosera”.
David Ortiz aseguró que el estado no le ha dado a Joaquín Antonio Peñalosa el sitio que merece; aunque, agregó, forma parte del rescate de 300 artículos de sus últimos 5 años de vida en un libró que se titulará “Día con día. Colaboraciones periodísticas 1988-1997”. Añadió que este olvido de autores destacados potosinos es generalizado y en él también se encuentran: la poeta Juana Meléndez; Antonio Castro Leal, escritor y crítico académico; Jorge Ferretis, cuentista de Rioverde; Jesús N. Noyola, el primero en escribir un análisis de Ramón López Velarde con su libro “Las Fuentes de Fuensanta”; el narrador, traductor y periodista David Ojeda; el poeta Félix Dauajare Torres; entre otros.
El compilador de la obra de Peñalosa indicó que entre los escritos más destacados del sacerdote se encuentran sus poemas y su crítica literaria; apuntó que también realizó varios prólogos y estudios introductorios de Cicerón, Tácito, John Milton…
“Joaquín Peñalosa tiene varios libros de poesía que ya se juntaron en el libro “Caminando, camina el manantío”; también es un escritor humorista como en su libro “Humor con agua bendita” o “Más humor con menos agua bendita”. Tiene un libro que se llama “Vida, pasión y muerte del mexicano”, de ese libro yo tengo la edición 31, imagina reeditar 31 veces un libro, eso significa que se imprimieron más de 100 mil ejemplares. Fue el único que estudió la obra de Francisco González Bocanegra en el Himno Nacional; la Universidad Autónoma de San Luis Potosí le hizo un homenaje en el 75 aniversario de autonomía e imprimió dos libros: “Alrededores de Sor Juana” y “Francisco González Bocanegra Vida y Obra” ”.
El editor y gestor cultural comentó que el estilo de Peñalosa era muy variado, aunque siempre se distinguió por lo divertido que resultaba y su claridad, que lo hacían simple, sencillo, a veces llano, al tiempo que entendía y diferenciaba a los latinos, a los griegos y a los españoles clásicos como pocos.
David describió a Peñalosa como un humanista que abarcaba muchos ámbitos: “El tema es que el hecho de que era una sacerdote católico ha eclipsado sus aportaciones culturales ante los ojos de los estudiosos literarios, sin embargo, como poeta debería estar en el panteón de la literatura mexicana al nivel de Othón, el poeta más importante del siglo XIX en México; y como cronista igual. Tenemos el elefante en la casa y nadie lo ha visto”.
En cuanto al lugar que ocupa en la vida pública, David Ortiz Celestino recordó que muchas personas lo tienen presente por el programa de televisión “Camino a Belén”, una especie de Teletón, en donde los radioescuchas en los años 70 y los televidentes en épocas posteriores llamaban para hacer sus donaciones para los niños del albergue “El Hogar del Niño”, que él fundó. A ello se debe sumar que su oficio religioso en una ciudad tan cercana a la iglesia, le permitió ser apreciado en las cúpulas más importantes del gobierno y la sociedad.
Ortiz Celestino comentó que Joaquín Peñalosa y Félix Dauajare pudieron elegir irse de San Luis Potosí, pues, en ese momento, era necesario migrar a la Ciudad de México para destacar, en ella pudieron destacar, pues fueron alumnos de maestros como Pedro Garfias, Concha Urquiza, Alfonso Reyes, Alfonso Caso, Juan Jose Arreola, Juan Rulfo y José Vasconcelos:
“Fueron amistades cercanas de ellos y San Luis Potosí empezó a tener maestros, pero también esta generación de maestros terminó oxidando todo, esa de los 70, pues fueron jóvenes que decidieron quedarse y decidieron ser caciques culturales y a ellos los culpaba de haber oscurecido la imagen de estos personajes (Joaquín Antonio Peñalosa y Félix Deuajare), no tenían la academia de enaltecer a los personajes que configuraron San Luis Potosí”.
Finalmente, David Ortiz Celestino manifestó que, después de Joaquín Antonio Peñalosa, San Luis Potosí no ha podido ser un lugar de crecimiento cultural y aunque están todos los talentos en un lugar conectado con todos los estados, en el centro del país, ha faltado sensibilidad por parte de las instituciones culturales y de la iniciativa privada para que la cultura crezca:
“Afortunadamente hay muchos espacios culturales donde pagas, pero eso no se lo debemos a los gobiernos, sino que es una iniciativa privada de artistas, es necesario que secretarías de cultura estatal y federal y dirección municipal apoyen, no trayendo festivales de letras donde no apoyas a autores locales y que son de puro relumbrón, ellos son los que deben apoyar a la cultura local”.
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Claudia y los nueve minutos de México | Apuntes de Jorge Saldaña
Por Jorge Saldaña
Sin mapas, sin ejércitos, sin carabelas y sin reproches, Claudia Sheinbaum desembarcó en España.
En un solo discurso dejó un estandarte, un ayate, un cuadro de Frida Khalo del 2026, una postura por la paz, una definición de democracia y una propuesta para sembrar vida.
En nueve minutos, la presidenta dibujó para el mundo el ADN mexicano, su milenaria historia, su basta y universal cultura, su profundo espíritu, su conocida diplomacia magnánima y su columna de valores con olor a copal.
Claudia recorrió miles de años en los nombres de los dioses que dieron y siguen dando significado a una raza de la que somos fruto, dioses vivos en nuestras lenguas, tradiciones y en nuestra forma de mirar el cielo.
Apellidos heroicos que nos dieron no solo independencia sino sentimientos a una nación.
Hombres que se levantaron en armas para darle sentido a un país, que exigía tierra y libertad, sufragio efectivo, no reelección y tierra para quien la trabaje.
Ni por encima ni después, los nombres de mujeres con apellido completo. Muchas aquellas a quienes la historia minimizó en sus renglones pero que llegaron junto a Claudia, y junto a todas en 2024.
Es sábado. Escuché el discurso de los nueve minutos al menos cinco veces, lo repetí a propósito mientras transitaba mi fin de semana.
Las palabras de la mandataria en Barcelona me resonaban con cada escena que estuvo a mi alcance.
El mismo sábado pude y me senté en una banca. No era cansancio, era esa cosa sin nombre que a veces te obliga a quedarte quieto cuando algo importante se está diciendo. Es como detener el auto, para atender una llamada.
Desde la banca me puse a ver: Vi al señor que espera el camión con la semana y la vida entera en los hombros. Vi a unos niños que juegan futbol sin saber que son la cosa más seria del mundo. Vi a una señora vendiendo nopales con la economía de un país en sus manos callosas.
Vi a unos uniformados que trabajan en sábado porque el descanso es un lujo que no les toca.
Vi a mis sobrinas crecer y a mis padres volverse más lentos.
Y me vi a mí, con mi historia cosida a retazos como la de cualquier mexicano que ha tenido que inventarse el camino mientras lo camina.
Porque México no es solo un país; es la fuente donde cada uno lanza la moneda de su historia. Es una herencia que se sangra y se canta.
Saboreé el discurso de la presidenta, que más que hablar, contó esa herencia a nombre de todos en la Cumbre por la Democracia en Barcelona.
Escuchándola me vino a la mente un collage de mi propia memoria. Con su voz me llevó a las imágenes que ahí están: el Calendario Azteca, el humo del copal, el sarape de Saltillo y la vastedad de un país que se desbordaba en palabras ante los líderes del mundo.
Ahí estaba la blancura de Mérida, el azul que solo pertenece al Caribe y los arcos de piedra que custodian el fin del mundo en Los Cabos.
Apareció la tierra de José Alfredo, el vértigo de los clavadistas en la Quebrada y ese puerto de Veracruz que también es canción y donde la historia siempre decide desembarcar.
Ahí estaban los mayas y los olmecas, los volcanes y las lenguas que ninguna conquista pudo borrar.
En ese podio, Claudia dejó de ser una figura política para volverse bandera, himno y escudo. Fue el sincretismo —esa mezcla imposible y perfecta que somos— sin contradicción y sin disculpa.
¿Cómo lo hizo? Con una sola herramienta: una palabra repetida como invocación, como el caracol prehispánico que anuncia y convoca.
Vengo.
En retórica se llama anáfora. Pero llamarla figura retórica es como llamar copal a un perfume: técnicamente correcto, esencialmente equivocado.
Lo que se construyó con cada repetición no fue gramática, fue una vela encendida sobre el altar de la memoria colectiva. Cada “vengo” sumaba una fuente de autoridad moral distinta; era un escalón milenario que no sostenía a una mujer, sino a una nación entera de pie.
“Vengo cubierta”, dijo en un momento. Y esa palabra, de metáfora se convirtió en rebozo. Era el peso físico y espiritual de todo lo que cargamos los mexicanos sin que nadie nos lo pida y sin que queramos soltarlo. Dieciocho veces la palabra. Dieciocho esca lones. Y al final, la Cumbre escuchando en silencio lo que llevamos cinco siglos queriendo decir.
De pronto pensé en Cortés y en su ignorancia involuntaria. Ese hombre que pisó Veracruz pensando que llegaba a civilizar…lo que ya estaba civilizado.
Pensé en lo trágico y triste de que haya muerto sin saber que el territorio que pisó era tan vasto que toda su España cabría en él casi cuatro veces. Sin saber que estaba ante civilizaciones que miraban las estrellas con una precisión que Europa apenas imaginaba.
Y quinientos años después, una mujer mexicana —hija de esa historia larga, dolorosa y magnífica— se paró allá de donde ellos partieron e hizo lo que la fuerza acá nunca pudo: mostrarle al mundo de qué está hecho realmente este territorio.
Claudia habló, en ese recorrido de nueve minutos, usó tres palabras que no solo describen, sino que dibujan y gobiernan: pueblo, dignidad, soberanía.
Pueblo no como estadística, sino como el filo que separa a los de abajo, de los que siempre han mirado desde arriba.
Dignidad como palabra que convierte la carencia en postura recordándonos que los desposeídos no necesitan lástima, sino reconocimiento.
Y soberanía como el escudo figurado de Juárez, rescatado para advertir que la paz sin autonomía es solo otro nombre para la sumisión.
Pero el movimiento más audaz fue una pregunta: ¿Cuál libertad? Tres palabras con interrogación que desarmaron una ideología entera sin disparar un solo dardo.
El discurso no atacó a nadie, no hubo estridencia, y sin embargo, nadie en esa sala pudo escucharla sin saber exactamente a quién se estaba refiriendo.
Más allá de las siglas o de la gestión que el tiempo habrá de juzgar, lo que se presenció fue un ejercicio de altura política. Fue “colmillo” envuelto en terciopelo discursivo. Mis respetos.
Regresé a la banca. A los mismos rostros. Al mismo sábado de una ciudad que no siempre sabe que es protagonista de su historia.
El discurso no solo me explicó y recordó a México; me lo devolvió silbando “La Bikina”.
Porque Claudia allá representó a nuestros abuelos que resistieron sin odiar y a generaciones que heredarán esta historia sin haberla pedido.
Claudia fue cada uno de nosotros, lanzando las monedas a la fuente.
No, no escribo desde la trinchera de un partido, ni defiendo una sola posición. Soy imparcial y objetivo frente a lo mucho que nos aqueja, lo mucho que nos falta, del miedo que sentimos y de los rumbos a veces inciertos que tomamos.
A lo que sí soy parcial es a la construcción de lo bien dicho, lo que produce emociones, y evoca la memoria simbólica, a un discurso de reconocimiento personalísimo de lo que me hicieron sentir que esos nueve minutos, tan bien estructurados, que para mi fueron en realidad, quinientos años.
Soy parcial por esa mujer que llegó a Barcelona a hacer sonar el caracol místico ante quienes quizás nunca habían escuchado ese sonido —y que, sin saberlo- lo llevábamos dentro.
Con el pueblo todo, sin el pueblo nada. Fue el cierre profético y cita fundacional.
Claudia cantó a México en Barcelona, sin el Cielito Lindo, sin el Son de la Negra, sin Jarabe Tapatío.
Allá, Claudia dejó su voz y la de todos para el registro histórico, y para la resignificación de la democracia en una cumbre por la defensa de la misma. No es poca cosa.
Mientras tanto, nosotros acá en la banca, en la calle, en el mercado, en el camión, en la casa, en el campo, en la ciudad o en la montaña, tarareábamos a distancia el futuro. Como siempre lo hemos hecho. Como México.
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SLP encabeza afectación por incendios forestales en 2026
Un incendio en Santo Domingo concentró más del 70% del daño total, con más de 15 mil hectáreas consumidas
Por: Redacción
San Luis Potosí se mantiene como la entidad más afectada por incendios forestales a nivel nacional en lo que va de 2026, al registrar más de 21 mil 731 hectáreas dañadas y un total de 64 siniestros, informó el titular de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) en el estado, Teodoro Morales Organista.
El funcionario explicó que, aunque la cifra de incendios representa aproximadamente la mitad de los registrados durante todo 2025, la superficie afectada coloca a la entidad en el primer lugar nacional.
Detalló que la mayor parte de las áreas dañadas corresponde a matorrales y pastizales, lo que, si bien representa un impacto ambiental, reduce el riesgo en comparación con zonas boscosas.
Morales Organista señaló que un solo incendio, ocurrido en el municipio de Santo Domingo, ha sido determinante en la estadística estatal, ya que consumió alrededor de 15 mil 287 hectáreas tras tres días de intensas labores de combate.
“Ese incendio representa más del 70 por ciento de la superficie afectada en el estado durante este año”, puntualizó.
El titular de Conafor advirtió que la temporada crítica de incendios aún no concluye y se prevé que se extienda hasta finales de junio, por lo que el riesgo se mantiene latente en las próximas semanas.
No obstante, destacó que los pronósticos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) son favorables, ya que anticipan la presencia de lluvias en los próximos meses, incluso durante mayo, periodo que suele registrar las temperaturas más elevadas.
Finalmente, subrayó que los incendios forestales son fenómenos impredecibles, por lo que será hasta el inicio de julio cuando se pueda considerar el cierre de la temporada y hacer un balance definitivo de los daños.
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Ayuntamiento de SLP
Anuncia Galindo 152 mdp de inversión en seguridad
Esta inyección se suma a los más de 433 millones que se han destinado en los últimos tres años en fortalecimiento de la policía municipal
Por: Redacción
Enrique Galindo Ceballos, presidente municipal de San Luis Potosí, afirmó que su administración mantiene una estrategia firme en materia de seguridad, respaldada por una inversión sin precedentes para fortalecer a la Policía Municipal.
“No bajamos la guardia en seguridad; por el contrario, hemos hecho una inversión histórica para consolidar una corporación más fuerte, mejor equipada y más cercana a la gente“, señaló el alcalde.
Destacó que para 2026 se destinarán 152 millones de pesos a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, como parte de una política sostenida que suma más de 433 millones de pesos en los últimos tres años.
Galindo explicó que estos recursos se han enfocado en la profesionalización de los elementos, así como en la adquisición de patrullas, chalecos, uniformes, tecnología de radiocomunicación y herramientas como cámaras corporales.
Asimismo, resaltó que esta estrategia incluye certificaciones, estímulos económicos por desempeño y aumentos salariales desde el inicio de su administración, lo que ha ayudado a que se mejore la percepción de seguridad en la capital, alcanzado el mejor nivel desde 2013.
Finalmente, destacó que la incidencia delictiva también ha mostrado una tendencia a la baja. “En 2025 logramos reducir los delitos en más de 10 por ciento y seguimos avanzando; tan solo en enero de este año disminuyeron todos los tipos de robo, lo que confirma que vamos por el camino correcto”, concluyó.
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