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Javier Báez Vélez, los sueños que sí se cumple
Javier Báez Vélez, nació en San Luis Potosí, conoció en el festival de Lila López la danza contemporánea, y hoy continúa abriendo puertas a jóvenes bailarines de México y el mundo
Por: Haniel Valdés Velázquez
El niño tímido que se subió al escenario
Javier tiene una maqueta grande en su casa con trenes eléctricos y edificios a escala que emulan una ciudad, la maqueta tiene circuitos eléctricos y mecanismos armados por él mismo. Desde niño tenía esta afición, por lo que muchos pensaron que se dedicaría a la electrónica o alguna carrera afín.
A su edad, su gran problema era comunicarse con los demás, expresarse, compartir ideas, era un niño tímido que no siempre encontraba palabras para decir todo cuanto pensaba. Con el tiempo descubrió que había manera de hablar, aún más alto y de decir más que usando solo palabras.
Javier descubrió sobre un escenario cuerpos dejando mensajes, almas llevando palabras, entre movimientos, descubrió la danza y las mil formas que había de decir, sin tener que hablar.
“Tuve la oportunidad, a los 16 años, de conocer en el festival de la maestra Lila López, una compañía de danza, la del maestro Raúl Flores Canelo, en el Teatro de La Paz.
Desde ese momento me enamoré de la danza, era un momento increíble, un momento único que yo viví en ese tiempo porque para mí fue fascinante ver cómo era posible esa estética, los cuerpos cómo podían expresar muchísimo más de lo que uno puede expresarse con palabras”, recuerda el ahora maestro Javier Báez Vélez.
Ahí comenzó, en San Luis Potosí, con 16 años, su bregar por la danza y a encontrar su lugar entre las tablas de los escenarios, hasta que dos años después, salió rumbo a Ciudad de México a iniciar una nueva etapa.
En la capital, precisamente bajo la tutela del propio maestro Raúl Flores Canelo, “fue todo un proceso, no nada más técnico, sino también un proceso emocional, de dejar de ser adolescente y hacer un cambio, a ser adulto, a ser responsable de ti mismo.
El maestro Raúl Flores falleció en el 92, entonces estuve 3 años bailando en la compañía, en un tiempo difícil, un tiempo de cambios en la compañía y fue también una situación que me hizo más fácil la decisión de irme a Alemania”.
El viaje que cambió la vida
Luego del fallecimiento del maestro Flores Canelo, a la compañía llegó una bailarina y maestra alemana, natural de Hamburgo, con la que un tiempo después, Javier inició una relación más allá de la danza, Tanja Báez.
“Después de 2 años de estar de pareja, ella decidió regresar a Alemania porque, la Ciudad de México para ella era muy estresante, demasiado grande y fue como decidimos irnos a Alemania.
Fue un una decisión difícil porque fue empezar de cero, únicamente con los pequeños ahorros que estuvimos guardando, 6 u 8 meses. Primero llegamos a Berlín, estuvimos viviendo allí aproximadamente 8 meses, recién había sucedido la caída del muro.
Berlín estaba en un proceso de cambio y toda Alemania. Llegué a bailar en el Metropol Theater, estuve bailando operetas, óperas y proyectos musicales, pero con lo que ganábamos, no era suficiente y por eso decidimos irnos a Hamburgo”, recuerda.
“En Hamburgo, se dio más rápido el proceso de encontrar proyectos, compañías, dar clases en estudios, estuve dando clases también en universidades, haciendo y bailando proyectos y también con compañías donde hacíamos giras en Polonia, Checoslovaquia, Austria y por toda Alemania”.
Ahí, en la segunda ciudad más poblada de Alemania, el potosino encontraría la que hasta día de hoy es su casa, a orillas de uno de los puertos más grandes de Europa, “la Venecia del Norte”, como también se le conoce, tenía un plan preparado para él.
Luego de 7 años, la pareja decide separarse y Javier se vio solo en un país que no era el suyo, lejos de su familia, de su tierra. “Ella era mi familia, entonces estaba en la encrucijada de si regresaba a México o no. Pero en Alemania tenía muchísimo trabajo”.
A los 35 años llegó un momento de esos en que la vida caprichosa decide ponerte una prueba y evaluar qué tan grande es la pasión por lo que haces. “Empecé a tener problemas con mis tobillos, artrosis, y los doctores me dijeron: Tienes que dejar de bailar porque a los 50 vas a andar en silla de ruedas”.
Pero el niño potosino que aprendió a hablar con su cuerpo, a llenar el escenario con movimientos, a crecerse y crecer sobre las tablas no estaba listo para abandonar la danza, no podía bailar, al menos no con sus tobillos, pero podía hacerlo a través del cuerpo de otros tantos, que como él, encontraron en la danza su sueño.
“Decidí guiarme a la docencia y así fue como empecé mi escuela, que es la CDSH, Contemporary Dance School Hamburg”.
Una escuela abierta al mundo
La CDSH “Es una escuela profesional de 3 años. La inicié hace 21 años, en el 2005, cuando ya la consolidé y reestructuré el plan de estudios.
Ahora vienen alumnos de todo el mundo. Tenemos de África, de la India, alumnos de Latinoamérica y de México. Ya tengo varios egresados mexicanos que están trabajando exitosamente en compañías y en teatros en Hamburgo y en Alemania”.
Hace unos días el maestro Javier Báez realizó audiciones en San Luis Potosí para evaluar a los artistas interesados en cursar sus estudios en la CDSH. Este tipo de audiciones las realiza anualmente en algunas ciudades de México y en otras partes del mundo, con el objetivo de identificar talentos y apoyar a algunos con becas que le permitan estudiar en Europa.
Javier Báez vivió en su propia piel las dificultades que tienen algunos jóvenes para hacer realidad su sueño de dedicarse a la danza y comprende lo difícil que resulta poder estudiar o desarrollarse profesionalmente en Europa, es por ellos que convirtió la CDSH en esa ventana hacia el mundo profesional.
“La estructura que tengo en mi escuela no nada más es técnica, sino también es un desarrollo artístico en el que cada uno de los bailarines y bailarinas reciben actuación, canto, una vez por semana que es como apoyamos a lo que es su desarrollo artístico.
En el segundo año escolar también, tenemos composición, dramaturgia, iluminación en el teatro, fotografía, videos, o sea, complementamos al artista, al bailarín, a la bailarina, para que también pueda hacer sus propios proyectos”, explica.
“Hoy la danza contemporánea, especialmente la que hacemos en la Escuela de Danza Contemporánea de Hamburgo, es decir, hablar y expresar todas estas cosas que tienen por decir los bailarines.
La danza contemporánea se ha transformado a lo largo de estos últimos años, ya son 40 años desde que inicié mis estudios. Ahora la danza contemporánea no nada más es expresar con tu cuerpo las emociones que el coreógrafo te pide.
Muchas veces también la danza contemporánea exige hablar en escena, a veces cantar, hacer sonidos, o sea, no nada más se limita a puros movimientos”.
Javier Báez Vélez, nació en San Luis Potosí, conoció en el festival de la maestra Lila López la danza contemporánea, y hoy, luego de más de 35 años en Europa, y más de 20 frente a la Contemporary Dance School Hamburg, continúa abriendo puertas a jóvenes bailarines de México y el mundo.
Los doctores le dijeron hace algún tiempo, a ese niño que aprendió a hablar a través de la danza, que no podía bailar, al menos, no usando sus propias piernas. Hoy el maestro Javier Báez sigue hablando, expresando ideas, sentimientos, emociones, a través de la danza, pero ya no usa solo su cuerpo, usa el de otros tantos alumnos y graduados, a los que la CDSH les dio la oportunidad de hacer realidad sus sueños.
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Hablo por mí. Apuntes de Jorge Saldaña
Intervención para el foro sobre libertad de expresión · San Luis Potosí
Jorge Saldaña · Director general de LaOrquesta.mx
Sabemos perfectamente por qué estamos aquí. No hace falta el eufemismo.
Una reforma al Código Penal —que alguien bautizó “Ley Serrano“, aunque no es una ley, es apenas una reforma— derivó en la detención de tres personas. Lo digo así, sin adjetivo: tres personas. Y a eso se sumó la filtración de una lista de supuestos nombres con órdenes de aprehensión. Sacado de contexto, aquello encendió una percepción local y nacional: que el poder salió a cazar voces críticas.
Voy a ser franco, y empiezo por la casa incómoda. Esa reforma quizá no fue correcta. No fue acertada, ni fue precisa. No la justifico.
Pero tampoco me voy a hacer tonto con lo que vino después. Porque la narrativa que se construyó —local, nacional— fue una sola, la de la cacería, y esa narrativa fue aprovechada por intereses políticos muy identificados para derogar una norma y poner al estado en la mira internacional. Las personas no respondemos a términos jurídicos. Respondemos a emociones. Y alguien supo exactamente qué emoción encender.
Hubo hasta una manifestación que se atrevió a hablar “por todos los periodistas”. Con todo respeto: nadie me consultó. Así que quede claro desde mi primera línea. Yo hablo por mí. No me atrevo a hablar por ningún otro medio, ni por ningún otro colega. Vengo a poner mi nombre sobre la mesa, no el de un gremio que no me nombró vocero.
Y ya que hablamos de nombres, conviene fijar algo que no está a debate, porque no depende de este gobierno ni de ninguno.
El Estado no tiene facultad para decidir quién es periodista y quién no. Tampoco quién es medio y quién no. No es cortesía: es doctrina asentada. La Corte Interamericana de Derechos Humanos lo resolvió hace cuarenta años, en la Opinión Consultiva 5 de 1985: exigirle a alguien un certificado o una colegiación para ejercer el periodismo es incompatible con la libertad de expresión. El día que el poder reparte credenciales de periodista, ese día decide a quién silencia.
Que quede grabado: aquí nadie pide esa facultad. Y si alguien la ofreciera, habría que rechazarla.
Entonces vamos al grano, porque para eso me invitaron.
En San Luis hay medios anónimos. De un lado y del otro, de todos los colores. Páginas sin dueño, sin domicilio, sin firma, que golpean y desaparecen. A esos no los podemos regular. No está en nuestras manos, y qué bueno que no lo esté.
Pero lo que sí está en nuestras manos es distinguir. Porque ya no existe solo “el periodismo” y “el medio”. El terreno se pobló de figuras nuevas que se disfrazan unas de otras a propósito. Yo encontré siete y las voy a nombrar una por una:
Medio de comunicación. Propiedad y financiamiento identificables, alguien que firma, corrige y da la cara.
Periodista. Lo define el método —fuentes, contraste, contexto—, no el gafete.
Generador de contenido. Audiencia sin método periodístico. Legítimo, valioso, pero no es lo mismo.
Personaje de opinión. Habla en primera persona, sin disfraz de neutralidad. Como yo, en este momento.
Canal de propaganda. Dinero encubierto, agenda de un tercero, cero responsabilidad editorial.
Ecosistema de golpeteo. Cuentas coordinadas, el pasamontañas que se renta para pegar con la cara tapada.
Replicador de mentiras. El que amplifica una falsedad demostrable, con inteligencia artificial o sin ella.
Ninguna de esas siete definiciones dice una palabra sobre el contenido de la crítica. Se distingue por transparencia, método y responsabilidad. Nunca por lo incómoda que resulte la nota.
Y ahora la parte que a nadie le gusta oír, empezando por mí. Todos —todos— sabemos quién está detrás de los medios anónimos de esta ciudad. Los de un bando y los del otro, de todos los colores. Sabemos quién los paga, quién los opera y para quién golpean…y callamos.
Nos decimos a nosotros mismos que callar es “solidaridad gremial”, que colega no muerde a colega. Con todo respeto: es una postura absurda e hipócrita. Eso no es solidaridad. Es complicidad. Cada silencio nuestro engorda un ecosistema de mentiras donde cada vez cuesta más trabajo distinguir al que hace periodismo del que hace daño con disfraz de periodismo.
Y la factura ya nos llegó. Según el Digital News Report 2025 del Instituto Reuters, la confianza de los mexicanos en las noticias es de apenas 36 por ciento. En 2017 era del 49 . Trece puntos de credibilidad perdidos en menos de una década, y buena parte la perdimos nosotros solos, por tapar lo que había que nombrar.
Pónganlo en términos de barrio.
No creo que tengamos que reescribir las leyes de San Luis. Pero sí creo que tenemos una oportunidad enorme: ser, quizá, el primer estado de Latinoamérica que ponga a debate serio tres temas distintos y no los revuelva. Uno, la libertad de expresión. Dos, el uso de la inteligencia artificial en el periodismo. Tres, cómo desenmascarar a las páginas que mienten desde el anonimato: qué son, quién las paga y qué mentiras fabrican.
Traigo tres propuestas concretas.
Primera, un acuerdo con las universidades.
Catedráticos y especialistas potosinos construyendo, como ya existe en otros países, una herramienta de verificación con inteligencia artificial: un fact-check al que todos los medios de San Luis podamos acceder para que un tercero imparcial valide, o no, lo que publicamos en caso de haber controversia.
¿Quién entra? Voluntario. Sin premio para el que se apunte, sin castigo para el que no, así la sociedad sabrá quién está dispuesto a que lo revisen y quién prefiere quedarse en la sombra. Esa sola diferencia ya dice mucho.
Segunda, una comisión ciudadana y académica.
Un comité con criterio propio que defienda al lector y sepa dirimir qué es un ataque disfrazado y qué es crítica legítima. Que no dependa del gobierno ni de los medios: de la sociedad.
Tercera, esta sí tendría que ir tipificada en la ley.
Dinamarca abrió el camino: reconocerle a cada persona derechos sobre su propia imagen y su propia voz. Que quien las use sin mi consentimiento —una cara sintética, una voz clonada— pueda ser denunciado, y que me pague, porque mi rostro es mío. Sé que es un reto para nuestro sistema judicial, donde no hay nada expedito, ni siquiera para el que se roba un Oxxo. Por eso mismo hay que explorar cómo hacerlo posible. La pregunta no es si es difícil. La pregunta es por qué.
Y termino con lo que de verdad me trajo aquí.
Estoy en contra de la cárcel por daño moral, calumnia o por ejercer el periodismo. Que quede clarísimo.
Pero no me pidan que confunda dos cosas por comodidad política. Una es el periodista incómodo; otra, muy otra, es quien usa una imagen falsa para destruir una vida.
Si lo que hubo detrás de algún caso fue suplantación dolosa —no reportaje, no opinión, sino una mentira fabricada para arruinar a alguien—, eso no es periodismo, y cobijarlo bajo la libertad de expresión insulta a los que sí la ejercen, nos pone en un nivel muy bajo.
Insisto, no pido prisión. Pido algo más simple: que quien me arruine la vida con una imagen falsa no quede impune, y que yo tenga herramientas para poder denunciarlo.
El derecho a criticar no puede ser la coartada del que difama sin cara.
Porque —y aquí no hay matiz que valga— yo estoy a favor de toda la crítica. De la más dura. De la que despierta al poder a media noche. Incomodar al poder es inherente al periodismo, y una democracia sin ese contrapeso no es democracia, es escenografía con bonita letra.
Pero la crítica que respeto es la que firma. La que da la cara.
Ese es todo el punto. No pedimos que nadie apruebe lo que decimos. Pedimos que se sepa quién lo dice y se haga con método. Yo ya dije mi nombre al principio, y lo repito al final, porque es la única credencial que reconozco:
Yo soy Jorge Saldaña.
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Memoria Esmeralda, que la esperanza no desaparezca
Karen Tapia creó “Memoria Esmeralda”, una inteligencia artificial que reconoce en menos de un minuto las prendas halladas por colectivos de buscadoras
Por: Haniel Valdés Velázquez
Karen Tapia Torres, ingeniera en sistemas de información egresada de la Universidad Autónoma de Sinaloa, desarrolló Memoria Esmeralda, una plataforma con inteligencia artificial que identifica y clasifica automáticamente las fotografías de prendas halladas en búsquedas de personas desaparecidas, con una exactitud del 99.02 por ciento.
La herramienta funciona con una red neuronal convolucional: los colectivos suben las fotografías de un hallazgo a la página web y el sistema reconoce en menos de un minuto qué es cada imagen —una camisa, un pantalón—, aunque se trate de 500 archivos sin nombre ni clasificación. Cada registro se guarda en una base de datos centralizada junto con quién lo subió, la fecha, el lugar del hallazgo y el destino de las prendas.
Actualmente ese trabajo es manual: los colectivos de madres buscadoras documentan los hallazgos en redes sociales, sobre todo en Facebook, donde la información se pierde entre canales y difícilmente llega de un estado a otro. “La idea es que la tecnología apoye a que la lucha sea más humana y más digna”, afirmó Tapia.
“La consulta es pública: cualquier persona puede buscar, por ejemplo, “pantalones”, y la página arroja las coincidencias con su nivel de exactitud y los datos del hallazgo. La plataforma incluye además un apartado de pistas anónimas que no pide cuenta, sesión ni número telefónico; los reportes llegan a la administradora, quien los filtra y los canaliza al colectivo que corresponda”, explicó.
Tapia puso como ejemplo el caso del rancho Izaguirre, en Jalisco, donde se encontraron 388 imágenes de prendas que las familias tuvieron que revisar una por una. Ahí apareció una mochila parecida a la que llevaba Esmeralda Castillo Rincón el día que desapareció. “¿Cuántas imágenes tuvo que ver don José Luis Castillo para decir que lamentablemente no era la de su hija? ¿Cuánto tiempo perdió?”, cuestionó.
El proyecto lleva el nombre de Esmeralda, desaparecida el 19 de mayo de 2009 en Ciudad Juárez, Chihuahua. Tapia conoció su historia en 2019, por la protesta pacífica de su padre, que arroja brillitos rosas al aire para recordarla. Para la ingeniera, esa historia es también la de los más de
134 mil desaparecidos que, dijo, hay actualmente en México.La meta es lanzar la página antes de que termine el año. Hoy corre de manera local, sin hosting, mientras Tapia sostiene pláticas con los dos colectivos de su ciudad y con el Instituto de la Juventud; si no se concreta apoyo, asumirá los costos ella misma. La plataforma, aseguró, jamás cobrará a colectivos ni a la sociedad: “no se lucra con el amor y no se lucra con el dolor”.
Como trabajo futuro, contempló que los familiares registren la descripción o una foto de la ropa de su ser querido desaparecido, para recibir una notificación cada vez que se cargue una imagen coincidente. “En pleno 2026, con la tecnología que tenemos, se me hace imposible creer que nadie les ha dado una herramienta. Como sociedad, estamos fallando mucho“, sostuvo.
Karen no tiene entre sus familiares o círculo cercano alguna víctima de desaparición forzada, pero no es ajena a los constantes reportes y a las cifras que se dan a conocer a lo largo de todo el país donde son millares las personas que no han vuelto a casa, incluso más los familiares que no dejan de buscar y que alimentan sus esperanzas con cada nuevo indicio.
El desarrollo tecnológico debería siempre estar en función de lo útil, de lo necesario; aliviar el dolor de tantos buscadores es un deber moral, para eso fue creada Memoria Esmeralda, un proyecto que Karen busca llevar a todo el país y poner al servicio de los colectivos y Madres Buscadoras.
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Ciudad
Galindo descarta sancionar obras estatales sin permisos municipales
El alcalde asegura que aún hay tiempo para que el Gobierno del Estado regularice sus trámites
Por: Redacción
El alcalde de San Luis Potosí, Enrique Galindo Ceballos, descartó sancionar, suspender o clausurar las obras del Gobierno del Estado de San Luis Potosí que carecen de permisos municipales, y en su lugar invitó a la dependencia estatal a regularizar sus trámites.
Galindo Ceballos explicó que no se trata de una omisión del Ayuntamiento de San Luis Potosí, sino de un trámite establecido en la normatividad que aplica no solo a obra y desarrollo urbano, sino a factibilidades de agua, uso de suelo y planificación de la ciudad. El Instituto Municipal de Planeación (INPLAN) es la máxima autoridad en la ciudad para definir hacia dónde se hacen algunas cosas u otras no, afirmó.
El alcalde señaló que dos obras en particular no cuentan con ningún permiso: el puente de la salida a Guadalajara y el desnivel de la FENAPO. “Déjame hablar nada más de los últimos dos puentes, y esos hoy definitivamente no tienen ninguna autorización”, sostuvo.
Pese a la irregularidad, Galindo Ceballos aseguró que el Ayuntamiento no tomará medidas contra las obras. “No es motivo para suspenderse, ni es la voluntad del ayuntamiento (…) los invito a que regularicen sus trámites”, dijo. Añadió que el proyecto del puente a la salida a Guadalajara ni siquiera ha iniciado y que la propia dependencia estatal reconoce que la licitación no está terminada, por lo que consideró que aún hay tiempo para subsanar el trámite.
El alcalde recordó que las obras sin los soportes requeridos son observadas por las Contralorías, por los Institutos de Fiscalización o por la Auditoría Superior de la Federación, según el origen de los recursos. Explicó que el Ayuntamiento sí podría sancionar, pero que cada caso se evaluaría por área: impacto ambiental, protección civil, desarrollo urbano o el Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (Interapas).
La confirmación de Galindo Ceballos se da después de que la Secretaría de Desarrollo Urbano, Vivienda y Obras Públicas (Seduvop) del Gobierno del Estado reconociera que carece de permisos municipales para ejecutar obras. El alcalde dijo que revisará el resto de las obras estatales para identificar en cuáles “posiblemente se configura algún tema”.
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