julio 17, 2026

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Futbol femenil en SLP: talento que busca sobreponerse a la discriminación

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La Orquesta platicó con Paola Urbieta, una potosina que jugó la Copa del Mundo Azerbaiyán 2012, con el entrenador Antonio Loría de Regil, con el ‘Kikín’ Fonseca y con Alberto Marrero, quienes dieron cuenta de las limitaciones, rezagos y de las áreas de oportunidad en las que el Atlético de San Luis ya trabaja

Por Fernando Garduza

El futbol femenil en México como industria nació en 2016, siendo el Apertura 2017 el primer torneo de la competencia. En San Luis Potosí, a pesar de que no hay un equipo consolidado en la liga profesional, ya existen las bases para que, en caso de que el Atlético de San Luis ascienda a la Liga MX, haya un equipo competitivo, y aunque por ahora está lejos de potencias como los equipos de Nuevo León, Pachuca, América o Guadalajara, sí existen casos de éxito que han logrado esquivar los obstáculos para desarrollar este deporte.

Una futbolista potosina, un entrenador de equipos femeniles, un ex futbolista profesional y un alto directivo, platicaron para La Orquesta su visión y experiencia en este deporte y el futuro que pudiera tener en San Luis Potosí.

Paola Elizabeth Urbieta Villalobos, es una potosina que desde muy joven tuvo claro que su objetivo era jugar futbol profesionalmente, y aunque en un principio vivió discriminación por ser niña queriendo jugar con niños, ha logrado ubicarse como un elemento importante en los Gallos de Querétaro.

Tiene 24 años, nació el 15 de febrero de 1995 y juega como defensa central. Su debut fue recientemente, el 7 de enero de 2019, ingresó al minuto 79 en el encuentro que su equipo perdió 7-1 contra Tigres. Luego de ese partido, de la jornada 1 de este Clausura 2019, ha sido titular en los otros 7 encuentros disputados con participación en 810 minutos, el 79.14 por ciento de los posibles. Se convirtió en inamovible. En el apertura 2018 estuvo con Monterrey, sin embargo no jugó.

 

VIVIÓ DISCRIMINACIÓN

En entrevista vía telefónica desde Querétaro, Paola Urbieta platicó que comenzó a jugar en San Luis Potosí en equipos mixtos, y dado que “antes las mujeres no podían jugar en equipos”, tuvo complicaciones.

“Recuerdo que me invitaron porque mi papá se movió para que me dejaran jugar en un equipo con hombres, ahí donde empecé pero de portera, entonces era más complicado. Siempre me gustó el futbol, mis papás siempre me apoyaban a pesar de que en ese entonces no era un deporte para niñas empecé a jugar con niños y cada vez me adaptaba más jugar con ellos, hasta que después en mi primaria empezaron a hacer torneos escolares, y luego las olimpiadas, entonces empecé a jugar para San Luis tanto en olimpiadas municipales como estatales y regionales”.

Luego de la experiencia en San Luis Potosí, que no la dejaban jugar con niños, platicó que ya estando en Monterrey siendo entrenadora en algunos colegios, “el simple hecho de que te vean o que te presenten como la entrenadora, los papás o los mismos alumnos dicen ‘no manches es mujer’, no saben que sabes de fútbol, pero yo lo he dicho, seas hombre o mujer el trabajo”.

Selección Femenil Sub-17 que asistió al Mundial Femenil de Azerbaian 2012.

LA PRIMER POTOSINA EN SER SELECCIONADA Y DISPUTAR UN MUNDIAL

Gracias a sus logros en las olimpiadas regionales, Paola fue llamada a la Selección Mexicana Sub 17, con la que acudió a la Copa del Mundo Azerbaiyán 2012, fue entonces cuando comenzó a recibir ofertas de varias universidades de México y de Estados Unidos.

“Siendo una selección te exigen muchísimo más, y yo estaba súper emocionada por ir y estaba aprendiendo muchísimo el deporte que me gustaba, me toca ir al Mundial Sub 17 y para mí eso fue un sueño, ir a representar a mi país en un evento tan importante, estaba muy emocionada también porque era la primer potosina en ir a un Mundial y fue una responsabilidad enorme, porque aparte de poner el nombre de México en alto cada quien llevaba la responsabilidad de hacer su mejor trabajo”.

Paola eligió la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) donde le dieron una beca del 100 por ciento, entonces, además jugar en el equipo de la institución pudo hacer una carrera. Le daban hospedaje y alimentación. Paola estudió la licenciatura en Ciencias del Ejercicio y actualmente cursa una “Maestría en Alto Rendimiento”.

Paola, en su debut en la Liga MX Femenil con Rayadas

SUS DIFICULTADES

A los 17 años tuvo que alejarse de su familia para cumplir su sueño, “estar lejos de ellos y dejar las comodidades de estar en mi casa, con mi gente, obviamente pesa, pero yo tenía súper claro lo que quería, que era sobresalir en el fútbol y tener una carrera universitaria, hasta ahora lo he cumplido”.

Los seis meses que pasó ya como profesional en Rayadas de Monterrey, eran frustrantes, pues no le daban la oportunidad de jugar además de que tuvo una lesión, por lo cual decidió no seguir en el equipo, e incluso, en algún momento consideró dedicarse a otra cosa.

“Cuando se terminó el torneo decidí que ya no quería estar ahí, no quería estar en un lugar en el que no me daban una oportunidad, entras en la frustración y empiezas a dudar de ti, a veces no puedes dar un pase y no sabes lo que está pasando, entonces entran muchos factores psicológicos, estás lejos de tu familia, y la verdad, si llegó un punto en el que yo dije ‘ya, ya estuve aquí en este proceso que no ocurrió como yo esperaba, pero a lo mejor esto no era para mí y voy a tratar de buscar otra oportunidad’”.

Entonces, tuvo oportunidad de ser entrenadora en colegios, y estuvo a punto de aceptar esa nueva faceta, “de enseñar y todo lo que estudie ponerlo en práctica con otras personas, sí fue un punto en el que yo realmente no sabía lo que seguía, yo sabía que sí me iba del fútbol sin debutar no iba a estar a gusto”.

 

LLEGÓ A LOS GALLOS Y DEBUTÓ

Luego de los seis meses con Monterrey, a Paola le llegó la oportunidad de irse a Querétaro, donde le dieron la oportunidad de jugar, y cuando se enteró de que su primer rival era Tigres, se convenció de que tenía que jugar ese partido.

“Yo dije que iba a luchar por el lugar, pero sabía que tenía que ganármelo, sabes que está complicado, cuando dan las alineaciones yo no voy de titular pero sabía que iba a tener oportunidad, yo sentía que esta iba a ser, cuando estaba calentando yo pensaba que si me tocaba jugar lo iba a disfrutar, fui al tercer cambio y la verdad estaba súper feliz, yo sabía que este era mi momento, es una situación inexplicable con muchas emociones”.

Con apenas ocho partidos disputados, Paola Urbieta afirma que ahora sí, ya podría retirarse, pues ahora está disfrutando su momento y dice, “ya viví todas las experiencias, me tocó perder y me tocó ganar, ya hice de todo, y eso realmente es el punto, por más que quieras cumplir un sueño, y aunque esté súper complicado, sale si haces lo que te gusta”.

Foto de la jornada 10 del Clausura 2018-2019

VIVE EL MOMENTO

Paola, una chica de 24 años, aficionada a las Chivas y admiradora de las ex figuras del Barcelona, Carles Puyol y Rafael Márquez, por ahora está concentrada en dar su máximo esfuerzo con el equipo de Querétaro, está agradecida y no tiene en sus planes abandonar el equipo pronto.

Con el paso del Atlético de San Luis en el Ascenso MX, donde es campeón y actualmente lidera la tabla general, la posibilidad de ascender a la Liga MX es alta, esta circunstancia obligaría al equipo a tener un equipo en la liga femenil, situación que la familia de Paola tiene a la vista.

“Ya lo he pensado, mi papá fue el primero que me dijo que si el San Luis asciende va a tener equipo femenil, él es el más emocionado con todo esto, pero la verdad es que ahorita no podría asegurar nada, lo que sí puedo decir es que obviamente es tu estado y te gusta defender tus colores, pero ahorita estoy muy a gusto aquí”.

Esto, dado que el Querétaro le abrió las puertas y le dio la confianza y la oportunidad de jugar profesionalmente al futbol: “Con mis compañeras me llevo súper bien, yo sé que los resultados no se nos han dado pero siempre trabajamos para ser las mejores y nunca tiramos la toalla, sabemos que este es un proceso que a lo mejor no va a dar frutos ahorita, pero más adelante va a ser un equipo del que se van a acordar, entonces sinceramente ahorita no tengo pensado irme”.

Sobre la posibilidad de jugar en Europa, lo mismo: “estoy en un punto en el que he hecho casi todo en el fútbol, estuve un tiempo en España y me tocó estar entrenando con un equipo allá, ver cómo entrenan y también sentirte parte del equipo está súper chido, pero yo creo que ahorita tengo otros proyectos personales y Europa no está en ellos”.

 

EN SAN LUIS POTOSÍ HAY TALENTO

Antonio Loría de Regil es un hombre con más de 50 años ligado al futbol, ha sido columnista en medios locales y ha entrenado equipos varoniles, ahora, desde hace unos 10 años, trabaja con equipos femeniles, siendo justamente el formador de Paola Urbieta.

Con base en su experiencia, “El Profe” Loría, como se le conoce en el medio futbolístico local, asegura que después de trabajar casi toda su vida con varones, ahora puede constatar que las mujeres están preparadas para incursionar en este deporte y desarrollar carreras exitosas.

En entrevista, se refirió al mismo tema del Atlético de San Luis y la posibilidad de que tenga un equipo femenil. Dijo que actualmente el equipo se ha cerrado a brindar oportunidades a futbolistas potosinos, “y espero que no sea igual en el equipo femenil, que se abran y que den la oportunidad de las chicas potosinas porque aquí hay mucho talento, no hay necesidad de ir a buscar afuera, yo aseguro que trayendo dos o tres refuerzos, una columna vertebral, se puede dar la pelea contra los mejores equipos, porque hay mucho talento”.

En promedio hay 50 jugadoras por equipo en San Luis Potosí en distintas categorías, “y yo le aseguro que el 75 por ciento tiene nivel para el año que entra, pudieran estar peleando un lugar en el equipo femenil de San Luis, que ojalá ascienda”.

“El Profe” Loría platicó que la mejor liga que hay en San Luis Potosí es la Tangamanga, donde juegan ocho equipos entre los que se encuentra el Tec de Monterrey, la Universidad Autónoma, el Tecnológico Regional, las Auriazules (que es el que él dirige) y algunos otros de otras instituciones privadas.

Además, hay cuatro equipos que juegan en una Liga Nacional Femenil que sirve como ‘semillero’ de la Liga MX, y de la que han surgido la mayoría de las jugadoras que ya están en la división más alta.

“Está el Atlético Potosinas, Brujas, Auriazules y Pequeñas Gigantes de Rioverde, participamos en la Zona Centro junto con equipos de Querétaro y Guanajuato, jugamos a visita recíproca y es un buen escaparate para que las niñas se muestren, por ahí de repente llegan algunos visores”.

En la Liga MX Femenil hay tres potosinas, la ya mencionada Paola Urbieta, Diana García que es la figura de León, y Karla Barrón, quien con 32 años acaba de debutar con Cruz Azul en febrero pasado y ya es mamá.

 

MARCADAS DIFERENCIAS

“El Profe” Loría consideró que una de las pocas diferencias entre el futbol de hombre y el de mujeres son los sueldos, pues mientras los varones ganan lo suficientemente bien como para tener una vida de Confort y concentrarse de lleno al fútbol, muchas de las chicas que están en la Liga MX Femenil tienen que abandonar sus estudios para cumplir su sueño.

“Los sueldos están muy raquíticos, por no decir que miserables en comparación a los que reciben los varones, hay algunas que ganan entre 12 y 15 mil pesos al mes, quizá las que son seleccionadas nacionales de la categoría mayor tengan más prerrogativas, como que les dan departamento o estudios, y algunos equipos se han comprometido a cumplir con esto, por ejemplo Pachuca, que aparte de que paga bien les da la facilidad de estudiar; igual América, Pumas, pero son contados”.

Por último, el entrenador de las Auriazules opinó que la mayoría de las chicas están jugando “casi por el amor al arte y por su deseo de sobresalir”, entonces no se les puede exigir igual que a los hombres.

ASÍ, NO ES ATRACTIVO NI PARA ELLAS

La semana pasada estuvo en San Luis Potosí el comentarista de Televisa y ex futbolista de equipos como Pumas y Cruz Azul, Francisco “Kikin” Fonseca, quien compartió con La Orquesta su visión en torno al futbol femenil, y al igual que “El Profe” Loría, considera un punto importante el tema de los sueldos.

“Yo escuché que empezaron con un tope pero era insostenible tener un tope, si los equipos piensan en ganar y en reforzarse, creo que tiene que ir poco a poco igualándose al fútbol varonil”.

Agregó que lo ideal sería que las mujeres ganan igual o más que el futbolista varonil, sin embargo esto es un proceso que se está en fase de desarrollo y al menos ya se han tenido avances significativos.

“Escuché que los sueldos ya no tienen un tope, que ya se pueden contratar jugadoras y se les ofrece buen sueldo; tienen que tener las condiciones necesarias para que estén cómodas, y jueguen, y vivan del fútbol, escuché que a algunas les dan nada más para el transporte y cosas así, entonces así es muy difícil, así no es atractivo ni para ellas”.

Otro avance es que ya existe como tal una liga, “y de ahí empezamos, ahora ya cuando estamos viendo todos, inversionistas, marcas, televisoras, que hay buen fútbol y que hay nivel, es mucho más atractivo invertir; la televisión ya lo hace y ya se transmiten los partidos; el primer paso ya se dio y creo que se dio sólido, ojalá no me equivoqué pero creo que ya el futbol femenil seguirá”.

Sin embargo, Fonseca también consideró importante tomar en cuenta que hay instituciones a las que les cuesta trabajo dado que tener un equipo femenil es una inversión extra que hace unos años no estaba prevista, sin embargo que se ha hecho buen trabajo en poco tiempo.

“La liga femenil lleva mucha gente al estadio, ha sido muy atractiva, hay buenos juegos, buenas jugadoras, y las instituciones se han dado cuenta que es importante apoyar el fútbol femenil (…) no todas las instituciones tienen una solvencia económica para tener un equipo femenil, pero la Federación, yo escuché, que iba a ayudar y deberá de ayudar mientras se consolida esta liga, pero va creciendo y seguramente se va a quedar”.

EL PROYECTO DEL ATLÉTICO DE SAN LUIS

Por su parte, entrevistado en el marco de la presentación de la Copa Soledad 2019, la cual tiene una categoría femenil que entrega premios que van desde los 50 mil pesos, el presidente del Atlético de San Luis, Alberto Marrero, platicó a grandes rasgos sobre el proyecto del equipo con las mujeres.

“Ya estamos trabajando sobre ello, es algo que desde el inicio del proyecto se ha estado trabajando, tenemos el equipo femenil que por ahora no compite, pero mirando lo que nos viene, que ojalá sea la Liga MX, tenemos una obligación y ya se está trabajando sobre ello”.

Sobre las diferencias entre el futbol femenil en México y en Europa, reconoció que el de aquí no lo conoce lo suficiente para opinar al respecto, pero en España el Atlético de Madrid acaba de ser campeón y se prepara para la Copa de la Reina.

“En España el nivel es muy alto, compite a nivel mundial con Francia y Alemania que son los dos países donde el futbol femenil, por logros y por títulos, son los número uno, al día de hoy en España está a la altura, pero el día de hoy no tengo lo suficiente para opinar del futbol femenil aquí en México”.

En la actualidad, el equipo femenil del Atlético de San Luis cuenta con 20 jugadores, las cuales entrenan bajo el mismo esquema que los otros equipos de la academia de la institución, juegan en torneos locales y en el momento que deban tener un equipo en la Liga MX Femenil, armarán una escuadra competitiva al igual que como ocurre con la escuadra que por ahora juega en el Ascenso MX.

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Deportes

De las Malvinas al Azteca y del Azteca a Atlanta: Argentina vs Inglaterra y una guerra que no termina

Argentina llega como vigente campeona del mundo. Inglaterra busca su primera Copa en 60 años. Entre los dos equipos hay una guerra, un Maradona y 44 años de historia sin resolver.

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La Guerra de las Malvinas ya no se pelea con fusiles. Se pelea con la voz y, en especial, con un balón

Por: Carlos Ruíz Espinosa

Tras su sufrido triunfo ante Suiza en Cuartos de Final, los jugadores de la Selección Argentina cantaron. No cantaron cualquier cosa: cantaron que las Malvinas son argentinas. “Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”. Era la víspera de una semifinal de Mundial, una que marcará el capítulo más reciente de una historia que lleva 44 años sin resolverse.

Hoy en Atlanta, la campeona del mundo enfrenta a una Inglaterra que busca su primera Copa en 60 años. Esos 60 años no son un número cualquiera. La última vez que Inglaterra levantó el trofeo fue en 1966, en la tierra donde el futbol nació.

Fue ese año cuando el árbitro alemán Rudolf Kreitlein expulsó al capitán argentino Antonio Rattín en los Cuartos de Final donde la Albiceleste se enfretaba a los locales. Rattín no quiso salir. Tuvo que ser escoltado por la policía. Inglaterra se acabó llevando la victoria por la mínima con un tanto de Geoff Hurst.

Al final, el técnico inglés Alf Ramsey se negó a que sus jugadores intercambiaran camisetas con los argentinos y los describió en la prensa como “animales”. Los argentinos llamaron a ese partido “el robo del siglo“. Dieciséis años después… llegó la guerra.

El 2 de abril de 1982, Argentina invadió el archipiélago que llama Malvinas y que Gran Bretaña llama Falkland. El conflicto duró 74 días. 

La guerra fue breve y fue una catástrofe. El general Leopoldo Galtieri, heredero de Jorge Rafael Videla al frente de una junta militar que llevaba seis años desapareciendo y torturando a su propio pueblo, ordenó la invasión como una apuesta desesperada: necesitaba una causa nacional que enterrara la crisis económica y los crímenes que el régimen acumulaba. La apuesta salió mal.

Los soldados que enviaron a las islas eran en su mayoría reclutas de 18 y 19 años, muchos de provincias tropicales del norte argentino, sin entrenamiento para el frío ni equipamiento suficiente. Llegaron al invierno con ropa inadecuada, mal alimentados, a veces abandonados por sus propios oficiales que dormían en casas mientras los reclutas se congelaban en trincheras.

Frente a ellos, un ejército profesional que recorrió 13,000 kilómetros para recuperar unas islas donde vivían menos de dos mil personas.

El 2 de mayo de 1982, el submarino británico HMS Conqueror hundió al crucero ARA General Belgrano cuando navegaba fuera de la zona de exclusión declarada por Gran Bretaña. Murieron 323 marinos argentinos. Fue el día más sangriento de la guerra y también su punto de no retorno: la flota sudamericana se retiró a sus puertos y no volvió a salir. Lo que quedaba de la guerra se disputaría en tierra, con pibes que no sabían bien por qué estaban ahí, contra soldados que sí.

El poeta Jorge Luis Borges, de ascendencia parcialmente británica, lo vio desde Buenos Aires y dictaminó con su ironía característica: “La guerra de las Malvinas es una pelea entre dos calvos por un peine.” Tres años después escribió el poema “Juan López y John Ward”, sobre dos soldados ficticios (uno por bando) que mueren en las islas sin haber cruzado una sola palabra. Los llamó víctimas de “unas islas demasiado famosas.”

Al final, murieron 649 soldados argentinos y 285 británicos. Argentina se rindió el 14 de junio de 1982. El Mundial de España comenzó al día siguiente. No hubo pausa. No hubo luto colectivo. Hubo futbol.

El caso de Osvaldo Ardiles relató el conflicto como ningún otro. Jugador del Tottenham Hotspur, el día después de la invasión jugó la semifinal de la Copa FA contra el Leicester City: la afición rival lo abucheó en cada toque del balón.

En las Falkland, su primo José Ardiles se desempeñaba como piloto de caza, y acabó muriendo en combate sobre las islas semanas después. Fue el primer piloto argentino en caer en la guerra. Ossie dejó Inglaterra sin saber cuándo volvería, pero sería el primer reflejo de la relación directa que tendría la pelota con las secuelas de las Malvinas.

La derrota en la guerra fue devastadora para un pueblo que, similar a lo que aconteció en el Mundial de 1978, recurrió al futbol para buscar la alegría que la actualidad nacional le quitaba

. El ídolo ya no iba a ser Mario Alberto Kempes como en ese torneo ni mucho menos Videla o Galtieri. El héroe albiceleste respondía al nombre de Diego Armando Maradona.

El 22 de junio de 1986, Cuartos de Final del Mundial de México 86. En el Estadio Azteca, ‘El 10’ metió dos goles contra Inglaterra que explican más sobre Argentina que cualquier libro de historia. El primero fue la mítica “Mano de Dios“. Diego saltó a disputar un balón con el portero Peter Shilton, y ante su falta de estatura, estiró la mano para acabar empujando la pelota a la red… el árbitro lo dio por bueno.

El segundo, en el que gambeteó a cinco ingleses en 11 segundos, fue una obra maestra catalogada como “El Gol del Siglo”. Ganaron 2-1. En un solo día, el ‘Pelusa’ se despachó dos de los tantos más icónicos en la historia del futbol, pero esos goles significaban mucho más que el pase a Semifinales.

En su autobiografía, Maradona lo escribió sin tapujos: “Aunque habíamos dicho antes del partido que el fútbol no tenía nada que ver con la guerra de las Malvinas, sabíamos que habían matado a muchos chicos argentinos ahí. Los mataron como pajaritos. Y eso era la revancha”.

Roberto Perfumo, ex jugador argentino, fue más claro todavía: “En 1986, ganarle a Inglaterra era suficiente. Ganar el Mundial era secundario para nosotros. Ganarle a Inglaterra era nuestro verdadero objetivo.”

La herida no se cerró en 1986, pero tampoco en 1998, cuando argentinos e ingleses se citaron en Octavos de Final del Mundial de Francia. Un primer tiempo trepidante que acabó 2 por 2 tras un golazo de Michael Owen y un icónico tanto de Javier Zanetti tras un tiro libre. La segunda mitad quedaría marcada por la expulsión del entonces joven David Beckham por una patada al ‘Cholo’ Simeone que convertiría al ‘Spice Boy’ en villano nacional por un buen rato. Los sudamericanos se acabarían imponiendo en penales.

El asunto menos se calmó en 2002, cuando en Corea-Japón, el mismo Beckham cobró el penal que eliminó a Argentina en la Fase de Grupos. Los de Marcelo Bielsa se fueron a las primeras de cambio de un Mundial al que llegaron como favoritos y, por primera vez desde la guerra, volvieron a caer ante los ingleses en semejantes instancias.

Simon Kuper, periodista y autor de Football Against the Enemy —el libro que exploró cómo el fútbol canaliza guerras y dictaduras en todo el mundo—, tituló su análisis de esta rivalidad en The Guardian en 2002 con una frase que hoy suena a profecía: “The conflict lives on.”

El conflicto sigue vivo. Los jugadores argentinos lo cantaron el sábado después de librar el encuentro ante los suizos. La diferencia, es que ya no se pelea con fusiles. Se pelea con la voz y, en especial, con un balón.

Hoy en Atlanta, Argentina defenderá su corona mundial contra una Inglaterra que lleva 60 años esperando repetir lo que logró en 1966, pero esto va mucho más allá de la gloria deportiva. Habrá nuevas generaciones en la cancha que no vivieron la guerra, pero que cargarán con su peso sin buscarlo.

Borges tenía razón: son dos calvos peleándose por un peine. Lo que el escritor no sabía, y seguramente no hubiera querido saber considerando cuánto odiaba al futbol, es que ese peine hoy tiene la forma de un boleto a la Final del domingo

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Columna de Nefrox

Pongan Caifanes | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Es el país de The Beatles, de Queen, de Led Zeppelin, de Pink Floyd, de Oasis, de The Rolling Stones. Bandas que no solo marcaron una época; prácticamente escribieron el manual de cómo entender la música moderna.

En el fútbol ocurre algo parecido.

Cada generación inglesa parece estar destinada a conquistar el mundo. Siempre aparecen figuras de primer nivel, planteles millonarios y una liga que presume ser la mejor del planeta. Inglaterra carga con ese prestigio que intimida incluso antes de escuchar el silbatazo inicial.

México nunca ha tenido ese privilegio.
Lo suyo ha sido más parecido a Café Tacvba, El Tri, Caifanes o Maná. Bandas que quizá no cambiaron la historia del rock mundial, pero que aprendieron a construir una identidad propia. Que encontraron una manera distinta de emocionar a los suyos sin necesidad de parecerse a nadie.
Y, curiosamente, esa comparación también funciona para este Mundial.
Porque si alguien hubiera visto únicamente los nombres antes de comenzar el torneo, Inglaterra sería el claro favorito.
Pero los Mundiales tienen la mala costumbre de ignorar los currículums.

México llega a estos octavos enamorando al mundo.
Eso ya lo dijimos.
No ha sido un vendaval ofensivo, pero ha ganado todos sus partidos.
No ha monopolizado la pelota, pero ha sido preciso y efectivo.
No ha regalado exhibiciones para la historia, pero es la mejor defensa del torneo.
Hay muchas cosas que no pueden ignorarse.
No ha recibido un solo gol, en todos los partidos ha anotado y juega por nota, enamora.
En un torneo donde cualquier desconcentración cuesta una eliminación, la Selección ha encontrado en la defensa una virtud que hace tiempo no presumía. Ha aprendido a sufrir sin desesperarse, a defender sin regalar espacios y a competir con una disciplina que pocas veces acompañó a los equipos mexicanos en las Copas del Mundo.
Y eso también gana partidos.

Además, hay un detalle imposible de medir con estadísticas.

El Estadio Azteca.
Hay estadios que son escenarios.
El Azteca es un personaje.
Respira distinto.
Presiona distinto.
Pesa distinto.
No necesita recordar que ahí levantó la Copa Pelé ni que Maradona escribió una de las páginas más contradictorias y brillantes de la historia del fútbol justo contra Inglaterra. Todo eso ya vive en sus tribunas.
Los rivales lo saben.
Y México también.
Por eso terminar primero del grupo significó mucho más que evitar un rival o quedarse en la misma ciudad.
Significó quedarse en casa.
Seguir escuchando un himno que retumba difer ente cuando más de ochenta mil personas lo cantan al mismo tiempo.
Seguir jugando en un lugar donde la historia no garantiza victorias… pero sí obliga a creer en ellas

.

Inglaterra llega como favorito en la estadística histórica, y sería absurdo decir lo contrario.
Tiene mejores individualidades.
Más experiencia en las grandes ligas.
Más profundidad en prácticamente todas las posiciones.
Eso no está en discusión.
Lo que sí está en discusión es si eso alcanza cuando enfrente hay un equipo que ha aprendido a competir sin desesperarse.
Porque México no necesita ser mejor durante noventa minutos.
Necesita ser mejor en los momentos importantes.
Como lo ha sido hasta ahora.

Quizá esta no sea la mejor selección mexicana que hemos visto.
Pero sí parece una de las que mejor entiende sus limitaciones.
Y eso, en un Mundial, vale mucho más de lo que suele reconocerse.
Los grandes equipos no siempre son los que juegan más bonito.
Muchas veces son los que obligan al rival a jugar incómodo.
Y México ha convertido esa incomodidad en su principal argumento.

Dicen que las grandes bandas nunca desafinan en los escenarios importantes.
También dicen que las sorpresas son las que terminan convirtiéndose en leyenda.
Inglaterra tiene detrás décadas de historia, de talento y de prestigio.
México tiene un estadio que empuja, una defensa que todavía no conoce el error y un país entero convencido de que las noches imposibles existen precisamente para intentar romperlas.
Porque el rock inglés podrá haber conquistado al mundo.
Y el fútbol inglés podrá seguir apareciendo en todas las quinielas.
Pero los Mundiales, como los mejores conciertos, nunca terminan exactamente como estaban escritos en el programa.

Ellos siempre tendrán a The Beatles, a los Rolling o a Queen, pero aquí, no es así, aquí afuera, siempre estará el tío que desde algún lugar en silencio gritará como el diablito “Pongan Caifanes”.

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El otro partido | Crónica de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Hay partidos que se compran con meses de anticipación. Otros se planean durante años. Y existen algunos que aparecen de pronto, casi por accidente, pero terminan convirtiéndose en recuerdos imborrables. El encuentro entre Corea del Sur y Sudáfrica durante la tercera jornada del Mundial de 2026 fue exactamente eso: el otro partido, el partido espejo, el que ocurre mientras el anfitrión se juega la vida en otro estadio.

Desde hace muchos mundiales existía una pregunta recurrente en mi cabeza: ¿cómo sería asistir precisamente a ese encuentro? Al partido que comparte horario con la selección local, al estadio que no tiene los reflectores principales, al escenario donde miles de aficionados llevan un ojo en la cancha y el otro en los teléfonos, las pantallas o los altavoces. ¿Cómo se vive un Mundial desde el lugar donde las noticias llegan desde otro estadio? Y peor aún, no solo al partido donde no está jugando el anfitrión, sino donde mi país es el anfitrión y yo estaría sentado en el estadio de la otra ciudad, en el otro partido.

La respuesta llegó en una tarde que terminó siendo mucho más especial de lo imaginado.

Mientras México disputaba su compromiso frente a República Checa en el Estadio Ciudad de México, en Monterrey el duelo entre Corea del Sur y Sudáfrica se convirtió en una especie de reflejo emocional de lo que ocurría a cientos de kilómetros de distancia. Los dos partidos estaban unidos por el reglamento, por la simultaneidad y por la incertidumbre.

Lo que sucedía en uno podía modificar el ambiente del otro.

Por momentos, el balón dejaba de ser protagonista. Las miradas se dirigían a las pantallas, a las aplicaciones de resultados o a cualquier señal que indicara qué estaba ocurriendo en el encuentro de México. Cada anotación en el Estadio Ciudad de México recorría las tribunas como una ola invisible. Primero llegaba el rumor, después la confirmación y finalmente la reacción colectiva.

El gol de México no se gritó en ese estadio como se hace en el inmueble del anfitrión. Se celebró de otra manera: con sorpresa, con abrazos entre desconocidos, con teléfonos levantados y con la sensación de estar viviendo dos partidos al mismo tiempo.

Y quizá ahí radique la grandeza de un Mundial.

Porque el Corea del Sur contra Sudáfrica dejó de ser únicamente un partido entre dos selecciones. Se convirtió en el espejo del México contra República Checa. Cada jugada propia convivía con las noticias del otro estadio. Cada pausa era una oportunidad para buscar una actualización. Cada gol del anfitrión modificaba el estado de ánimo de miles de personas que, técnicamente, estaban viendo otro encuentro.

Durante años existió la curiosidad de saber cómo se sentía asistir precisamente a ese partido: el de la tercera jornada, el del mismo horario, el que acompaña el destino del anfitrión. Y la respuesta terminó siendo mucho más emotiva de lo esperado.

No existe la indiferencia en un Mundial. Incluso el encuentro aparentemente secundario termina formando parte de una historia mayor. Corea del Sur y Sudáfrica disputaron sus propios puntos, sus propias aspiraciones y sus propios noventa minutos. Pero alrededor de ellos se desarrolló también otra experiencia: la de miles de aficionados viviendo simultáneamente el drama de México.

Quizá el verdadero protagonista de aquella tarde no fue el marcador ni el resultado final. Fue esa sensación única de compartir dos estadios a la vez. De escuchar un gol que ocurrió lejos y sentirlo tan cerca como si hubiera sucedido frente a los propios ojos.

Porque en las Copas del Mundo existen partidos importantes. Y luego están esos otros encuentros que, sin proponérselo, terminan contando una historia mucho más grande que el propio fútbol.

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