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Federico Silva, el artista universal con casa en San Luis Potosí
La ciudad alberga una parte importante del acervo del artista en el único museo de escultura contemporánea de América Latina
Por: Itzel Márquez
Federico Silva es uno de los pintores y escultores mexicanos contemporáneos más destacados. En San Luis Potosí un museo lleva su nombre y contiene un acervo importante de su obra; sin embargo, Silva no es originario del estado, pero su contribución al arte lo ha hecho estar presente en muchos rincones de México.
El espacio cultural potosino que lleva su nombre fue gracias a la cercanía entre el artista y el ex gobernador Fernando Silva Nieto, así lo contó Enrique Villa Ramírez, actual director del museo.
Silva nació el 16 de septiembre de 1923, es originario de la Ciudad de México y tiene estudios en diferentes ámbitos del conocimiento, tales como: medicina, veterinaria, derecho y antropología; en arte trabajó distintas técnicas encáustica, frescos y temple, mismas que aprendió de forma autodidacta.
Al poco tiempo de haber comenzado su camino como artista, Federico Silva conoció a David Alfaro Siqueiros, de quien se convirtió en ayudante, lo que le permitió convivir con los pintores más importantes de esa época, como Diego Rivera, Leopoldo Méndez, Pablo O`Higgins, así como el escritor José Revueltas.
Federico Silva recibió varios galardones por su trabajo, entre ellos el Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1995, así como los Doctorados Honoris Causa por la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, ambos en 2010.
Además, ha escrito algunos libros en los cuales habla sobre su obra: Federico Silva en 1997, La Escultura y otros menesteres en 1985, El viaje del Nahual de Tonacacíhuatl en 1989, México por Tacuba, Relatos autobiográficos en 2000, Cuadernos de Amaxac en 2006, Papel, tijeras y escultura en 2009 y Dos x Tres: Crónica en 2010.

Entre sus esculturas más representativas se encuentran el Murciélago de 1986, que actualmente se encuentra en San Luis, Intersección del año 2000 también en el Museo, Ocho Conejo o “el chapulín” de 1980 en la Universidad Nacional Autónoma de México en la Ciudad de México, Aluxe de la Muerte en la Plaza de las Tres Culturas de la Ciudad de México, La Muerte Presente de 1988 en el Museo de Arte Contemporáneo de la Ciudad de México y Serpientes del Pedregal de 1986 en la Universidad Nacional Autónoma de México de la Ciudad de México.
Murcielago
Ocho conejo
Además, algunos de sus murales más destacados son: Nueva Democracia en el Palacio de Bellas Artes que realizó en conjunto con Siqueiros y Técnica al Servicio del País en el Instituto Politécnico Nacional.
Desde 1985, Federico Silva inauguró su propio taller en Amaxac de Guerrero, Tlaxcala, con el cual transformó la antigua fábrica de hilo La Estrella en un lugar con obras de arte, esto utilizando materiales propios de la región.
Villa Ramírez contó que Silva es uno de los pintores y escultores mexicanos más relevantes, tanto que es reconocido como su decano. Además, el director de Museo dijo que Federico Silvia en la década de los sesenta destruyó su obra de caballete y pintó murales como el del Instituto Politécnico Nacional, el de la Normal de Maestros; además, decidió ser artista abstracto y trabajó con el movimiento de arte sintético.
“Quien fuera gobernador en San Luis Potosí, Fernando Silva Nieto, vio la obra de Federico Silva y le propuso tener un espacio dedicado a su obra en el estado. La gente de la época decía que Silva Nieto le había hecho un museo a su pariente, pero realmente no tienen una relación familiar”, mencionó Enrique Villa.
Es así que, el director del Museo añadió que este es el único museo de escultura contemporánea en Latinoamérica y dijo que en Brasil intentaron hacer uno igual, pero detuvieron el proyecto por problemas financieros, por lo cual el espacio debe ser un orgullo para los potosinos: “San Luis Potosí tiene una vocación artística y ha tenido visión de ir más allá y entender que un artista es universal, no solo de su lugar de origen”.
Finalmente, Enrique Villa Ramírez dijo que en el Museo Federico Silva hay una exposición permanente con piezas que el artista donó a San Luis Potosí y añadió que en el espacio se tiene la obligación de difundir obras de Silva como escultura contemporánea, por lo cual, hay visitantes locales y foráneos.
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Claudia y los nueve minutos de México | Apuntes de Jorge Saldaña
Por Jorge Saldaña
Sin mapas, sin ejércitos, sin carabelas y sin reproches, Claudia Sheinbaum desembarcó en España.
En un solo discurso dejó un estandarte, un ayate, un cuadro de Frida Khalo del 2026, una postura por la paz, una definición de democracia y una propuesta para sembrar vida.
En nueve minutos, la presidenta dibujó para el mundo el ADN mexicano, su milenaria historia, su basta y universal cultura, su profundo espíritu, su conocida diplomacia magnánima y su columna de valores con olor a copal.
Claudia recorrió miles de años en los nombres de los dioses que dieron y siguen dando significado a una raza de la que somos fruto, dioses vivos en nuestras lenguas, tradiciones y en nuestra forma de mirar el cielo.
Apellidos heroicos que nos dieron no solo independencia sino sentimientos a una nación.
Hombres que se levantaron en armas para darle sentido a un país, que exigía tierra y libertad, sufragio efectivo, no reelección y tierra para quien la trabaje.
Ni por encima ni después, los nombres de mujeres con apellido completo. Muchas aquellas a quienes la historia minimizó en sus renglones pero que llegaron junto a Claudia, y junto a todas en 2024.
Es sábado. Escuché el discurso de los nueve minutos al menos cinco veces, lo repetí a propósito mientras transitaba mi fin de semana.
Las palabras de la mandataria en Barcelona me resonaban con cada escena que estuvo a mi alcance.
El mismo sábado pude y me senté en una banca. No era cansancio, era esa cosa sin nombre que a veces te obliga a quedarte quieto cuando algo importante se está diciendo. Es como detener el auto, para atender una llamada.
Desde la banca me puse a ver: Vi al señor que espera el camión con la semana y la vida entera en los hombros. Vi a unos niños que juegan futbol sin saber que son la cosa más seria del mundo. Vi a una señora vendiendo nopales con la economía de un país en sus manos callosas.
Vi a unos uniformados que trabajan en sábado porque el descanso es un lujo que no les toca.
Vi a mis sobrinas crecer y a mis padres volverse más lentos.
Y me vi a mí, con mi historia cosida a retazos como la de cualquier mexicano que ha tenido que inventarse el camino mientras lo camina.
Porque México no es solo un país; es la fuente donde cada uno lanza la moneda de su historia. Es una herencia que se sangra y se canta.
Saboreé el discurso de la presidenta, que más que hablar, contó esa herencia a nombre de todos en la Cumbre por la Democracia en Barcelona.
Escuchándola me vino a la mente un collage de mi propia memoria. Con su voz me llevó a las imágenes que ahí están: el Calendario Azteca, el humo del copal, el sarape de Saltillo y la vastedad de un país que se desbordaba en palabras ante los líderes del mundo.
Ahí estaba la blancura de Mérida, el azul que solo pertenece al Caribe y los arcos de piedra que custodian el fin del mundo en Los Cabos.
Apareció la tierra de José Alfredo, el vértigo de los clavadistas en la Quebrada y ese puerto de Veracruz que también es canción y donde la historia siempre decide desembarcar.
Ahí estaban los mayas y los olmecas, los volcanes y las lenguas que ninguna conquista pudo borrar.
En ese podio, Claudia dejó de ser una figura política para volverse bandera, himno y escudo. Fue el sincretismo —esa mezcla imposible y perfecta que somos— sin contradicción y sin disculpa.
¿Cómo lo hizo? Con una sola herramienta: una palabra repetida como invocación, como el caracol prehispánico que anuncia y convoca.
Vengo.
En retórica se llama anáfora. Pero llamarla figura retórica es como llamar copal a un perfume: técnicamente correcto, esencialmente equivocado.
Lo que se construyó con cada repetición no fue gramática, fue una vela encendida sobre el altar de la memoria colectiva. Cada “vengo” sumaba una fuente de autoridad moral distinta; era un escalón milenario que no sostenía a una mujer, sino a una nación entera de pie.
“Vengo cubierta”, dijo en un momento. Y esa palabra, de metáfora se convirtió en rebozo. Era el peso físico y espiritual de todo lo que cargamos los mexicanos sin que nadie nos lo pida y sin que queramos soltarlo. Dieciocho veces la palabra. Dieciocho esca lones. Y al final, la Cumbre escuchando en silencio lo que llevamos cinco siglos queriendo decir.
De pronto pensé en Cortés y en su ignorancia involuntaria. Ese hombre que pisó Veracruz pensando que llegaba a civilizar…lo que ya estaba civilizado.
Pensé en lo trágico y triste de que haya muerto sin saber que el territorio que pisó era tan vasto que toda su España cabría en él casi cuatro veces. Sin saber que estaba ante civilizaciones que miraban las estrellas con una precisión que Europa apenas imaginaba.
Y quinientos años después, una mujer mexicana —hija de esa historia larga, dolorosa y magnífica— se paró allá de donde ellos partieron e hizo lo que la fuerza acá nunca pudo: mostrarle al mundo de qué está hecho realmente este territorio.
Claudia habló, en ese recorrido de nueve minutos, usó tres palabras que no solo describen, sino que dibujan y gobiernan: pueblo, dignidad, soberanía.
Pueblo no como estadística, sino como el filo que separa a los de abajo, de los que siempre han mirado desde arriba.
Dignidad como palabra que convierte la carencia en postura recordándonos que los desposeídos no necesitan lástima, sino reconocimiento.
Y soberanía como el escudo figurado de Juárez, rescatado para advertir que la paz sin autonomía es solo otro nombre para la sumisión.
Pero el movimiento más audaz fue una pregunta: ¿Cuál libertad? Tres palabras con interrogación que desarmaron una ideología entera sin disparar un solo dardo.
El discurso no atacó a nadie, no hubo estridencia, y sin embargo, nadie en esa sala pudo escucharla sin saber exactamente a quién se estaba refiriendo.
Más allá de las siglas o de la gestión que el tiempo habrá de juzgar, lo que se presenció fue un ejercicio de altura política. Fue “colmillo” envuelto en terciopelo discursivo. Mis respetos.
Regresé a la banca. A los mismos rostros. Al mismo sábado de una ciudad que no siempre sabe que es protagonista de su historia.
El discurso no solo me explicó y recordó a México; me lo devolvió silbando “La Bikina”.
Porque Claudia allá representó a nuestros abuelos que resistieron sin odiar y a generaciones que heredarán esta historia sin haberla pedido.
Claudia fue cada uno de nosotros, lanzando las monedas a la fuente.
No, no escribo desde la trinchera de un partido, ni defiendo una sola posición. Soy imparcial y objetivo frente a lo mucho que nos aqueja, lo mucho que nos falta, del miedo que sentimos y de los rumbos a veces inciertos que tomamos.
A lo que sí soy parcial es a la construcción de lo bien dicho, lo que produce emociones, y evoca la memoria simbólica, a un discurso de reconocimiento personalísimo de lo que me hicieron sentir que esos nueve minutos, tan bien estructurados, que para mi fueron en realidad, quinientos años.
Soy parcial por esa mujer que llegó a Barcelona a hacer sonar el caracol místico ante quienes quizás nunca habían escuchado ese sonido —y que, sin saberlo- lo llevábamos dentro.
Con el pueblo todo, sin el pueblo nada. Fue el cierre profético y cita fundacional.
Claudia cantó a México en Barcelona, sin el Cielito Lindo, sin el Son de la Negra, sin Jarabe Tapatío.
Allá, Claudia dejó su voz y la de todos para el registro histórico, y para la resignificación de la democracia en una cumbre por la defensa de la misma. No es poca cosa.
Mientras tanto, nosotros acá en la banca, en la calle, en el mercado, en el camión, en la casa, en el campo, en la ciudad o en la montaña, tarareábamos a distancia el futuro. Como siempre lo hemos hecho. Como México.
Destacadas
SLP encabeza afectación por incendios forestales en 2026
Un incendio en Santo Domingo concentró más del 70% del daño total, con más de 15 mil hectáreas consumidas
Por: Redacción
San Luis Potosí se mantiene como la entidad más afectada por incendios forestales a nivel nacional en lo que va de 2026, al registrar más de 21 mil 731 hectáreas dañadas y un total de 64 siniestros, informó el titular de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) en el estado, Teodoro Morales Organista.
El funcionario explicó que, aunque la cifra de incendios representa aproximadamente la mitad de los registrados durante todo 2025, la superficie afectada coloca a la entidad en el primer lugar nacional.
Detalló que la mayor parte de las áreas dañadas corresponde a matorrales y pastizales, lo que, si bien representa un impacto ambiental, reduce el riesgo en comparación con zonas boscosas.
Morales Organista señaló que un solo incendio, ocurrido en el municipio de Santo Domingo, ha sido determinante en la estadística estatal, ya que consumió alrededor de 15 mil 287 hectáreas tras tres días de intensas labores de combate.
“Ese incendio representa más del 70 por ciento de la superficie afectada en el estado durante este año”, puntualizó.
El titular de Conafor advirtió que la temporada crítica de incendios aún no concluye y se prevé que se extienda hasta finales de junio, por lo que el riesgo se mantiene latente en las próximas semanas.
No obstante, destacó que los pronósticos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) son favorables, ya que anticipan la presencia de lluvias en los próximos meses, incluso durante mayo, periodo que suele registrar las temperaturas más elevadas.
Finalmente, subrayó que los incendios forestales son fenómenos impredecibles, por lo que será hasta el inicio de julio cuando se pueda considerar el cierre de la temporada y hacer un balance definitivo de los daños.
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Ayuntamiento de SLP
Anuncia Galindo 152 mdp de inversión en seguridad
Esta inyección se suma a los más de 433 millones que se han destinado en los últimos tres años en fortalecimiento de la policía municipal
Por: Redacción
Enrique Galindo Ceballos, presidente municipal de San Luis Potosí, afirmó que su administración mantiene una estrategia firme en materia de seguridad, respaldada por una inversión sin precedentes para fortalecer a la Policía Municipal.
“No bajamos la guardia en seguridad; por el contrario, hemos hecho una inversión histórica para consolidar una corporación más fuerte, mejor equipada y más cercana a la gente“, señaló el alcalde.
Destacó que para 2026 se destinarán 152 millones de pesos a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, como parte de una política sostenida que suma más de 433 millones de pesos en los últimos tres años.
Galindo explicó que estos recursos se han enfocado en la profesionalización de los elementos, así como en la adquisición de patrullas, chalecos, uniformes, tecnología de radiocomunicación y herramientas como cámaras corporales.
Asimismo, resaltó que esta estrategia incluye certificaciones, estímulos económicos por desempeño y aumentos salariales desde el inicio de su administración, lo que ha ayudado a que se mejore la percepción de seguridad en la capital, alcanzado el mejor nivel desde 2013.
Finalmente, destacó que la incidencia delictiva también ha mostrado una tendencia a la baja. “En 2025 logramos reducir los delitos en más de 10 por ciento y seguimos avanzando; tan solo en enero de este año disminuyeron todos los tipos de robo, lo que confirma que vamos por el camino correcto”, concluyó.
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