octubre 9, 2026

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#4 Tiempos

Exhuma: Cuando el nacionalismo se supone que no debe dar miedo | Columna de Guille Carregha

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CRITICACIONES

 

Corea es uno de esos lugares que no han logrado generar en mí una genuina curiosidad por el país en sí. Es decir, si alguien me invitara a visitarlo o tuviera la oportunidad de ir allá, no dudaría ni un segundo en subirme a un avión y atesorar por siempre el sellito que pondrían en mi pasaporte al cruzar la frontera antes de darme cuenta lo poco que en realidad vale un peso mexicano cuando se intenta sobrevivir en el extranjero haciendo conversiones monetarias. También es cierto que es allá donde vive uno de los señores bonitos más tiernos que he conocido en mi vida (¡Hola, SungJung! Sé que nunca te enterarás de este saludo porque no sabes leer español, pero la intención es lo que cuenta). Así que tampoco es como que me sea indiferente – solo no me causa emoción.

Aunque sí es verdad que he disfrutado infinidad de media emanando de este país, como doramas, películas, canciones y uno que otro manwha, nunca me ha llamado la suficiente atención como para investigar su historia o entender mejor el funcionamiento de su sociedad moderna. Existe, y pues, qué padre por ellos, la verdad.

Y, aún así, hasta yo, totalmente alejado del conocimiento de la historia coreana, sé lo deplorables que fueron los japoneses para con ellos cerca la segunda guerra mundial. Pero, así, lo que se dice culeros pero con una “Q” mayúscula reemplazando la sílaba “cu” para denotar el superlativo de una manera impresionante en lenguaje escrito.

Hicieron básicamente un “España llegando a México en 1519”, pero empezando el siglo XX, donde se podía documentar hasta con fotografías las acciones de los “pobres soldados que eran inocentes porque, en realidad, sólo estaban siguiendo órdenes” que decidieron despachurrar a un país entero nada más porque un día se levantaron de la cama y les pareció divertido eso de ver el mundo arder. El artículo de Wikipedia sobre ese periodo utiliza solamente 12465 palabras para describir las atrocidades. No es competencia, pero el artículo de la conquista española es de 12885 palabras. Solo para contextualizar un poquito del tamaño de las listas de actividades.

Es bajo ese contexto de “pinches japoneses culeros” que se desarrolla la trama de Exhuma (O “La Tumba del Diablo, como le pusieron aquí en México porque, ¿cómo íbamos a saber que se trataba de una película de horror si no especificaban que era “del diablo” en el título? ¿Somos adivinos o qué?), una de las películas coreanas más exacerbadamente nacionalistas que he visto en mi vida. Bueno, en comparación, es tan patriótica como cualquier película de acción genérica estadounidense que aparece un día en Netflix y nadie sabe cómo es que consiguieron el presupuesto para tremendo bodrio lleno de banderas gringas. Pero, en cuestión de producciones coreanas, no es algo que se vea tanto – al menos no en lo que deciden exportar.

Bajo la premisa de *exhumar* una tumba de hace más de 100 años, la película desarrolla la idea temática principal: el verdadero mal viene en dos formas: jurarle lealtad a Japón o, en su defecto, ser japonés. Cualquiera de estas dos vertientes generará espíritus chocarreros capaces de descuartizar seres humanos con sus poderes de maldad. O 悪魔の力 para ser más específicos.

Dentro de lo que viene siendo “la calidad fílmica del producto”, todo está excelentemente cuidado. La fotografía, muy bonita, con esa calidad clásica de un tinte medio azulosa encima de todo para que se sienta como película de terror coreana. Hay una cobertura de ángulos de rodaje impresionante que sólo se puede conseguir con el presupuesto de una producción coreana que despilfarra dinero porque tiene, y no recuerdo haber notado ningún error de edición ni nada parecido. O sea, la presentación es prístina nivel Corea quiere demostrarle al mundo que son mejores haciendo audiovisuales de ficción que el 90% del mundo, nomás por el puro ego de saberse capaces. Los efectos especiales si están un poco… no tan maravillosos, pero, pues, tampoco tan terribles como los de Marvel o DC, así que no distraen tanto de la acción.

Lo que sí es un *chef’s Kiss* tamaño industrial son las coreografías. Como buena historia asiática oriental basada en tradiciones nacionales, la gran mayoría de ideas y acciones presentadas a lo largo de la historia se basan en rituales clásicos (¿?) de la cultura en cuestión. En este caso particular, la mejor escena es sin duda aquella en donde la protagonista hace una complicada danza (con tambores y bocinas JBL a todo volumen incluidas) para pedirle permiso a los espíritus para *EXHUMAR* la tumba que le da pie a la trama. Es una secuencia de 6 o 7 minutos impresionante, con un juego de música, movimiento y cortes que va subiendo de intensidad a cada segundo que pasa y que se queda fácilmente grabada en la memoria de la audiencia.

Ahora, mi desconocimiento total de la cultura coreana (detallado en el primer párrafo) me prohíbe confirmar si este ritual que incluye la presencia y subsecuente recortación minuciosa de los cadáveres de cinco cerdos al ritmo de, literalmente, gritos y tamborazos, es algo que los shamanes coreanos han hecho alguna vez en la historia de la humanidad, o si los creadores de Exhuma se lo sacaron de la manga. Lo interesante es que, en mi cerebro de normie desinformado que escribe tontería y media porque puede, todo se ve tan impresionante y explicado de manera tan lógica que en ningún momento dude que fuera algo más que el ritual número 3 de la lista de los más pedidos por coreanos desesperados. Es lo malo de tener un cerebro colonizado de occidental inculto. Me pones en frente una cosa que se vea súper folklórica y digo “si, a huevo, así ha de ser” sin dudarlo ni un segundo.

Creo que ese es un problema. Habría que tratarlo.

Y, continuando con las tradiciones orientales de “¡FINTA!” incorporadas en el ADN de sus producciones de ficción, la historia parece resolverse sin mayor problema como a la hora de haber empezado con la única finalidad de que la gente se pregunte “¿y ahora a dónde va esta historia?”, solo para que te quiten la cobijita de tranquilidad que tú solo te pusiste y te avienten la verdadera trama, con todas sus implicaciones, directo en la mollera hundida. Obviamente, todo va hacia el lado de “¡Qué bella esta nación! ¡Nación bella que deseo dejarle a futuras generaciones para que disfruten de lo bello de esta nación! ¡Y que chinguen a su madre los japoneses!”

O sea, la cosa no es nada críptica. Lo dicen, literal, en los diálogos.

Es una película muy buena – sobre todo si puedes obviar/entender la necesidad del nacionalismo. Se vende como película de terror, pero excepto por dos o tres jump scares ahí medio tochos, solo tiene ese descriptivo porque habla de temas sobrenaturales. Es más como un thriller de suspenso bastante bien logrado, muy accesible, muy bonita.

Y, sí, el viejito principal sí es el que salió en Oldboy. Sí. A mi también me impacta la existencia del tiempo y su paso.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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El Cronopio

Los espejos Olmecas, El Señor del Espejo Humeante | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

La cultura Olmeca se considera la madre de las culturas mesoamericanas, con presencia desde el Preclásico o periodo formativo, alrededor de 1200 años antes de nuestra Era. Su influencia se percibe desde Jalisco hasta Costa Rica; se destacan como una sociedad compleja, con diversos estamentos, donde los gobernantes eran identificados con los dioses. Su estilo artístico, arquitectónico y simbólico influyó en otras sociedades de la región, destacando, entre otros aspectos, en el descubrimiento del hule o látex natural y su control como artefacto de uso en su vida simbólica.

Un buen número de estudios se han realizado en torno de esta cultura, con el fin de entender nuestro pasado y el desarrollo cultural de nuestros pueblos mesoamericanos que sucedieron en el tiempo a esta cultura madre y la influencia que sobre ellos tuvo en todos los ámbitos culturales. Sin embargo, quedan muchas preguntas por resolver que puedan aumentar el grado de conocimiento sobre estas culturas prehispánicas. El acceder a un conocimiento más completo requiere el auxilio del grueso de las disciplinas científicas que complementen los estudios antropológicos, arqueológicos etnohistóricos, entre otros.

Un ejemplo es el análisis y estudios de artefactos encontrados en las zonas de influencia de esta cultura, artefactos que fueron construidos con diversos fines a lo largo de los periodos culturales, desde el esplendor Olmeca hasta las culturas surgidas en nuestra Era, desde el occidente hasta el sureste del país, y más allá de las actuales fronteras, como la cultura maya, la cultura tolteca, cultura mixteca, cultura teotihuacana, entre otras.

Por lo regular, varios de estos artefactos son asociados a cuestiones ornamentales, principalmente por la belleza de su construcción y materiales utilizados como el jade y la obsidiana, tanto para uso personal, como religioso en torno a sus gobernantes.

Uno de los artefactos que habían llamado la atención eran un conjunto de espejos fabricados de materiales como la turquesa, la pirita y óxidos ferrosos. Una de las colecciones más conocidas es la de los investigadores Carlson and Gullberg, que incluye espejos olmecas y mayas, como la preciosa pieza de la placa de mosaico turquesa del Templo de los Guerreros en Chichén Itzá.

Uno de los aspectos extraordinarios que presentan los espejos encontrados, es que no son simples espejos planos, sino que son espejos cóncavos, los cuales concentran la luz solar reflejada en un punto, y cuya elaboración requiere el conocimiento adecuado del material y las técnicas de pulido necesarias para darle la forma parabólica, difícil de lograr, y que se realiza con pulimentos adecuados y el uso de materiales para el pulido que al parecer se usaba guano de murciélago.

Yuri Nahamad Molinari, investigador del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y un grupo de trabajo interdisciplinario, realizaron un estudio termodinámico de transferencia de calor, cuyos resultados apuntan a que estos objetos eran utilizados con el fin de producir fuego, y elaborados para los gobernantes que en su calidad de dioses realizaban ceremonias donde la producción del fuego tenía un interés central. Estos resultados aportan al conocimiento del desarrollo técnico de estas culturas y en la necesidad de realizar los estudios con el apoyo de otras disciplinas científicas, como en este caso la física, para ampliar el conocimiento y el entendimiento organizacional de culturas como la Olmeca.

Los resultados del grupo de trabajo donde participa Yuri Nahmad serán publicados en dos artículos que aparecerán próximamente en la revista Ancient Mesoamerica de la editorial Cambridge University Press. En uno de ellos muestran de los resultados del cálculo del poder quemador de algunos espejos cóncavos olmecas, evaluando teóricamente su capacidad para encender fuego en receptores de celulosa ennegrecida con un enfoque de equilibrio termodinámico de transferencia de calor y con base en los diagramas de restauración del espejo de Chichen Itza, muestran que esta pieza corresponde a un espejo cóncavo de pirita

(Clásico tardío) y calculan su poder quemador. Los resultados muestran la continuidad en la tradición lapidaria de manufacturar espejos cóncavos desde el Preclásico hasta el periodo de Contacto en Mesoamérica. A su vez, las dimensiones de este espejo muestran su claro potencial como instrumento para el encendido ritual de fuego como uno de sus principales usos.

En el otro artículo, estudian los espejos cóncavos y su relación con los puros de tabaco en la antigua Mesoamérica, donde los autores resaltan: “Con base en resultados previos (teóricos y experimentales) enfocados a demostrar el poder quemador de los espejos cóncavos Mesoamericanos el presente estudio se enfoca en analizar los posibles objetos que fueron utilizados como blanco receptor de la radiación concentrada del Sol para encender fuego. Nuestro análisis iconográfico, pictórico y etnohistórico, coincide en señalar al cigarro de tabaco como el mejor candidato, mostrando una significativa correlación entre cigarros y espejos. Experimentos realizados con modelos análogos de los espejos arqueológicos confirman físicamente la plausibilidad de nuestra propuesta, reafirmando la consistencia entre la información iconográfica, etnohistórica y termodinámica. De este modo, se propone al par cigarro-espejo como un instrumento inseparable para encender fuego en un contexto ritual de control de los dignatarios sobre el poder del Sol y las sustancias psicoactivas al interior del culto al Señor del Espejo Humeante.”

Detalles sobre estos resultados los pueden apreciar de viva voz por uno de sus autores, el Dr. Yuri Nahmad Molinari, investigador del Instituto de Física de la UASLP, en la charla ¿Un análogo Olmeca del Rayo de la Muerte o estoy muy fumado?, que será impartida en la próxima sesión de La Ciencia en el Bar, que se efectuará el miércoles 7 de octubre a las 8 de la noche en La Cervecería San Luis, en Calzada de Guadalupe 326. Entrada libre.

En la charla, el Dr. Yuri Nahmad abordará el tema cuyo resumen es: una de las deidades más antiguas de Mesoamérica —cuyas advocaciones más conocidas son Tezcatlipoca entre los mexicas y K’awiil entre los mayas— porta como signo distintivo un espejo humeante. En esta charla se explorarán los mitos de creación de los pueblos mesoamericanos y el conocimiento tecnológico que estos mitos contienen. Se abordará, asimismo, el desarrollo de dispositivos ópticos de concentración en sociedades de tecnología neolítica, así como la invención de uno de los receptores fototérmicos más eficaces para la producción de fuego.

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