octubre 23, 2026

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#4 Tiempos

Eutanasia, derecho ganado | Columna de Óscar Esquivel

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Desafinando

 

Cuando una persona querida muere, deja un espacio difícil de reemplazar, tal vez imposible, ya que somos únicos, nuestra aportación a la vida es diferente y de muchas maneras, no se podría decir que un sabio es mejor que un trabajador de alguna obra o un artista es mejor que un niño de apenas unos años de vida. Existen seres humanos que se catalogan como extraordinarios por su aportación al ciencia, la cultura, el arte, a la sociedad misma, los pobres desprotegidos también cuentan su propia historia, podríamos mostrar una infinita lista de las aportaciones tangibles e intangibles, que hace el hombre a favor de la tierra o el universo mismo.

La humanidad siempre espera algo, milagros tal vez, un evento que nos permita ser mejores, es como esperar la llegada de Dios, mostrando su bondad infinita a algún alienígena que para algunos somos el experimento que dejaron en el planeta hace miles de años, siempre esperamos el regalo perfecto para demostrar que hemos cambiado y podríamos ser portadores de paz y bienestar.

Cuando se nace, no venimos de la nada, porque todo somos algo, nada puede ser esculpido de la nada, se llega a la vida entendiendo el comienzo en un punto con lo que podamos comenzar, para posteriormente dejar un legado que todos quisiéramos y mostrarle al mundo, la huella que dejamos al paso en la vida terrenal.

En los últimos días se ha puesto sobre la mesa el tema de la eutanasia para establecerla en las leyes como legal en todo el país.

México de mayoría católica bautizada y cristianos, así como otras religiones, han sido los principales opositores a la implementación de la eutanasia.

“El necio se sienta a la orilla del río a esperar que termine de pasar el agua; pero esta fluye y continuará  eternamente” Horacio; en ninguna religión en sus escrituras, advierten sobre la falta del individuo que se atreva a morir asistido por otra persona, tal vez para la época que se escribieron, no contemplaban esta postura, a menos que algún soldado mal herido implorara a otro compañero que lo matara, por los fuertes dolores que le ocasionaron las heridas en la batalla.

Si observamos la posición en ocasión contradictoria de quienes ejercen la medicina, hicieron un juramento de atender al enfermo y mejorar su salud aliviando el sufrimiento del paciente, suministrando medicamentos o realizando cirugías para devolverle la salud, salvar la vida es el objetivo, ¿pero qué sucede cuando ya no está a su alcance el curar al paciente?  Si se utilizó la máxima tecnología, los mejores consejos de colegas y maestros, si se estudió el caso clínico hasta saciar la mente del galeno, pero desafortunadamente ya nada se puede hacer, ahí justo en ese momento, ¿pasará por la mente del doctor, aplicar la eutanasia? Algunos dirían que sí, su formación profesional de curar y quitar el sufrimiento, es su deber, pero en nuestra sociedad de sangre latina cargada de prejuicios morales y religioso, habrá otra voz a su oído que le indique que no debe hacerlo por estar en pecado mortal.

Es inconciliable el entender al médico el saberse capacitado para tener la mejor respuesta, acciones profesionales para poder llevar a cabo la voluntad del paciente terminando con su dolor y reconociendo profundamente que   el único camino es la muerte asistida, el no participar en este proceso doloroso ¿incurriría en alguna falta profesional? Aplicarle solo cuidados paliativos que le haga tener una agonía menos dolorosa, altamente angustiante y desgarradora para el paciente y familiares, ¿también incurriría en una falta moral?

La ética del facultativo médico será siempre incólume, mientras sopese el bienestar y el dolor, la religión y las costumbres deberían ser el segundo plano.

Hablar de eutanasia es también hablar de clases sociales, si bien el sistema de salud podría cubrir las necesidades paliativas de una persona en estado terminal, pero con solvencia económica, este podría recurrir a hospitales privados, seguro social o ISSSTE, estarían esperando la muerte con cuidados médico adecuados, el  estar en la ciudad también importa o al menos en poblaciones que cuenten con un clínica medianamente equipada, pero, ¿qué sucede con los pobres? Una persona que no cuenta con seguridad social o servicio médico privado y se encuentra en estado grave terminal, lo podrían revisar y atender en los centros de salud, suministrándole medicamentos que en ocasiones no hacen efecto, simplemente por ser pobres los gritos de dolor y angustia sería su única medicina.

Sentimos que la mayoría de los mexicanos aceptan dos cosas: la donación de órganos y la eutanasia, con la primera es necesario que todos y cada uno de nosotros apoyemos la donación universal, es decir mientras se tenga muerte cerebral, el paciente será donador múltiple sin mediar familiares ni la voluntad del fallecido; la segunda, la eutanasia, debe ser aplicada en pacientes en estado terminal bajo su voluntad plena y de no tenerla, un familiar bajo el consejo médico colegiado, tomará la decisión de asistir al paciente para el bien morir.

Ya somos maduros como sociedad como para comprender que la vida no llegó de la nada,  la fuimos conformando de diferentes maneras a lo largo de los años; nos dimos cuenta del amor,  pero también del sufrimiento de otras personas cercanas. El transcurrir de las años, no fueron en vano, tomamos decisiones, fuimos libres, aportamos algo al crecimiento de la humanidad y si de esta madera se llegó a vivir, entonces tenemos el derecho ganado de tomar la mejor de las decisiones, tal vez, sea audacia, osadía, valentía, es un valor que le arrebatamos a las circunstancias que algún enfermo ahora reclama el derecho de morir con dignidad, de pie, ante los demás.

La aplicación de la muerte asistida, la eutanasia, es un derecho ganado de la humanidad, para aquellos que son ferviente religiosos, dios compensará a los hombres por sus buenas acciones y no por los titubeos de quienes hacen las leyes beneficiando solo la mal entendida ética y las religión a su modo.

Historia de Rosa, la próxima semana.

Nos saludamos pronto.

caminante369@yahoo.com

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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