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#EstiloDeVida | Cuatro opciones de mixología en SLP
Bebidas clásicas, futuristas, orgánicas, experimentales, aquí todo lo que debes saber sobre coctelería potosina
Por: Itzel Márquez
La cultura de la coctelería en San Luis Potosí ha tomado auge en los últimos años. Algunos establecimientos en el estado se han especializado en ofrecer al público bebidas de autor y los tradicionales cócteles con un toque especial. La Orquesta se dio a la tarea de visitar algunos de ellos y te presentamos cuatro de lo mejores:
Nerano Trattoria: Italia en SLP
El toque característico de este lugar es su inspiración en la cultura italiana, pues ofrecen comida como pasta y pizza acompañados de vinos y bebidas tradicionales italianas.
“Somos un restaurante de alta cocina y vinos de Italia, en coctelería nos representa la historia de negroni, manejamos dos carritos de negroni y la barra de bebidas generales, la pasta y pizza es fresca y se prepara todos los días”, comentó Alejandro Chi, el mixólogo del lugar.
Alejandro llegó desde Playa del Carmen para colaborar en Nerano, lugar que tiene cuatro meses en el estado y se ubica en Av. Venustiano Carranza #2495 ofreciendo al público siete cócteles de autor, siete negronis y tres mocteles (coctelería sin alcohol).
“El negroni es un cóctel con base en vermut, campari y ginebra; antes de este, existió el milano torino que tiene vermut y campari, de ahí nació el americano que contiene vermut, campari y agua mineral; finalmente se creó el negroni”, mencionó Chi.
El mixólogo dijo que ofrecen otras bebidas, tales como boulevardier, el negroni contesa, que es una variante del negroni tradicional, pero un poco más cítrico y floral y por el milanés tonic, una variante del clásico gin tonic.
“La respuesta de los potosinos fue complicada al principio, porque la gente es exigente, pero aquí nos acercamos con el cliente y le preguntamos qué bebe regularmente, tomando eso como punto de partida hacemos una recomendación o hago un coctel al gusto”, finalizó Alejandro.
Dry Martini: el rey de los martinis
Con cócteles autoría de Javier de las Muelas, Dry Martini en Hilton Tower tiene cuatro años ofreciendo tragos clásicos y excéntricos. Carlos Cruz, bar manager habló sobre la coctelería del lugar.
Cruz dijo que tienen cócteles clásicos y su especialidad es el martini, pues tiene variantes como el dirty martini y en la barra hay un contador de todos los dry martinis que se han preparado, incluso te pueden hacer un certificado que autentifique tu bebida.
La barra del lugar se divide en tres: la central solo para preparar martinis, un extremo para preparar bebidas clásicas y otro para bebidas futuristas.
“Nuestra premisa es que los tragos tengan tres cosas: atractivo visual, porque si el cóctel está bonito intuyes que sabe bien; buen olor, porque el segundo acercamiento es con el olfato, antes de tomarle, se perciben los aromas y por último, un sabor agradable”, agregó Carlos Cruz.
Dry Martini es uno de los cóctel bar más representativos del estado, pues mucho tiempo estuvo rankeado como uno de los 50 mejores del mundo.
“Tenemos algunos clientes que les gusta la cultura de la coctelería, viene a probar, también tenemos gente que nos sigue por los excéntricos que no se encuentran en ningún otro lugar, es difícil ser específicamente bar de cócteles, porque en San Luis Potosí hay pocos, pero al final su fuerte es la comida y nosotros, en contraste, somos un cóctel bar”, mencionó Carlos.
Por último, Carlos Cruz habló sobre el concepto de mixólogo y su trayectoria, pues cuenta con 23 años en el mundo de la coctelería, en los cuales, dijo que ha visto una evolución conceptual y del nombre, pues “antes consistía en aprender recetas y elaborarlas y ahora evolucionó el concepto y se añadió la tendencia culinaria en la coctelería, de tal forma que, un mixólogo es un bartender con experiencia; un mixólogo te ofrece una experiencia diferente, pues te puede diseñar una bebida y el bartender solo sigue las reglas de la receta” .
Villacastels, comida y bebida bien hechas
Villacastels está ubicado en Juan de Oñate #660, ofrece coctelería clásica, de autor y cerveza de la casa y de la Cervecería Hércules de Querétaro.
Luis Fernando Espinosa y David Segovian, encargados de la barra en Villacastels contaron que los cócteles que ofrecen en bebidas clásicas son desde el negroni, dry martini, mojitos, piñas coladas clarificadas, hasta coctelería de la casa como el Longoria, hecho con mezcal de la marca de la deportista potosina Paola Longoria, licor del 43, Sangermain, frambuesas y clara de huevo.
“No inventamos nada, solo hacemos las cosas bien, ofrecemos al mercado un lugar en donde puedas llegar y disfrutar de un buen trago acompañado de comida, basado en técnicas e historia de la coctelería clásica”, mencionó David.
Además, los encargados de la barra agregaron que la recepción de la gente ha sido muy buena, pues buscan el lugar por la cerveza artesanal, pero la comida y la coctelería han sido un referente, pues ofrecen comida mexicana que marida con los sabores de las bebidas.
Flamingos, tragos con elementos de casa
Desde hace 10 meses, Natanael Sandoval abrió Flamingos en Avenida Tercer Milenio #308, su concepto es un café-bar inspirado en las barras de terminales de aeropuertos y trenes, en donde ofrece al público coctelería, alcohol y cafés.
“La idea original de Flamingos es una coctelería clásica y conforme han llegado los clientes, hemos agregado cosas al menú como coctelería de autor, pero tratamos de que sean bebidas que respeten el destilado y resalte el sabor del mismo; además, todas las preparaciones son hechas aquí, tratamos de que todos sea orgánico”, mencionó Natanael.
Sandoval apuntó que hasta ahora no han publicitado el sitio, pues el lugar se ha mantenido por los clientes y agregó que el 70% de las personas que visitan el lugar, ya son clientes frecuentes.

De los tragos de autor que más piden en Flamingos son el toro muerto: un coctel de Apperol (licor italiano), jugo de toronja fresco, vino espumoso blanco y una rodaja de toronja con sal de chapulín; otro el artemisa: gin tonic infusionado con tisana, mermelada de naranja casera y rodajas de toronja fresca; one million: trago basado en cócteles clásicos con bourbon (whiskey americano), vermut y licor del 43, perfumado con piel de naranja y se adorna con una tira de tocino frito, esto contrasta los sabores dulces y salados.
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#4 Tiempos
Dos gobernadores, una presidenta y un precipicio | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Culto Público, hijos del pleno disfrute de mi soberanía:
Esta semana, dos gobernadores se asomaron al mismo hoyo, o precipicio para ser preciso, pero no por la misma razón. Una, Maru Campos, abrió la puerta de atrás de la soberanía para que entraran unos invitados que debían tocar el timbre. El otro amaneció con el nombre rondando en un expediente del Distrito Sur de Nueva York que huele a chupitos, dinero sucio y vergüenza pública.
En medio de los dos, berenjenales, una presidenta caminando sobre alambre: abajo, el abismo; arriba, el ruido; enfrente, Trump afilándose los dientotes.
Pero, respiremos para no marearnos:
Maru Campos usó la eficiencia como coartada para abrir la puerta… y no se vale.
La gobernadora de Chihuahua decidió que la soberanía nacional, vista desde su oficina, puede estorbar más que ayudar. Y entonces, según se reportó, acordó una operación con agentes de la CIA en territorio mexicano sin pasar por la ventanilla de Palacio Nacional.
El operativo funcionó. Desmantelaron un laboratorio y que bueno. Hubo resultado… sí, pero ahí está precisamente el problema: hay actos que, aunque sean eficaces, resultan todavía más peligrosos y no son legales. Colgarse de un diablito eléctrico, por ejemplo, es eficaz porque te da luz, pero en una de esas te quedas pegado y es ilegal porque le estas robando a la Comisión o al vecino.
Se oye feo y el hubiera no existe (aunque yo tengo otros datos) pero ¿Qué hubiera pasado si los dos agentes de la CIA no hubieran muerto? Maru se hubiera salido con la suya (con cual otra) y dejaría una ventana abierta para que esas criaturas comedoras de hamburguers and fríes, pudieran entrar y salir cuando convenga y hacer lo mismo con los vecinos.
En cambio, con los CIA boys volteados y fallecidos, el asunto escaló al grado de hervor necesario como para poder sacar a Maru hasta de la olla.
Aceptemos hijos de mi México en la piel: la soberanía no sirve nomás para adornar discursos del 15 de septiembre ni para que los niños la memoricen en civismo. La soberanía es la cerradura de la casa. Y si otro Estado entra sin permiso, no está ayudando, está recordando que quiere copia de la llave.
Maru confundió cooperación con autoservicio diplomático. Creyó que podía brincarse la fila institucional porque la causa era noble, urgente o rentable en términos de imagen. Y no. En este país, al menos en el papel (y de vez en cuando también en la práctica), la coordinación con agencias extranjeras no la administra un gobierno estatal como quien pide refuerzo por aplicación.
El asunto no es si el laboratorio existía. El asunto no es si el operativo fue “exitoso”. El asunto es que cuando un gobernador decide que puede gestionar la relación con un poder extranjero por su cuenta, lo que desmantela no es solo un narcolaboratorio: desmantela la jerarquía del Estado mexicano.
Muy eficiente todo. Muy práctico. Muy “resolvimos”. Pues sí, pero hasta que uno recuerda que así empiezan las cesiones: primero te agarro la manita, luego te llevo del brazo y al final hasta tienes que tender la ropa, o en otras palabras: primero por utilidad, luego por costumbre y al final por obediencia. (Y de ahí a ponerle estrella 51 a la bandera gringa pues tampoco falta tanto…ojalá esté exagerando)
Del otro lado (no del país, sino de la moneda) está Rubén Rocha Moya. Y lo suyo no es una puerta abierta, sino una sótano obscuro.
Según las acusaciones dadas a conocer en Nueva York, su nombre aparece salpicado por un expediente que habla de narcotráfico, armas, sobornos y una red de complicidades donde varios funcionarios también quedaron embarrados. Dicho así, parece serie mala de plataforma. El problema es que no lo escribió Netflix (ni modo, ¿para qué me cortan mi acceso? -ambiciosos-)
Rocha respondió como responden casi todos cuando sienten el agua en el cuello: que todo tranqui, que ya habló con la presidenta, que no pasa nada. Uff, esa frase dicha por políticos suele tener la consistencia de una gelatina de esas temblorosas con papelito húmedo del que escurre.
Y aquí conviene dejar algo claro para que no nos gane ni la pasión patriótica ni la tentación del linchamiento por delivery: si hay pruebas, que se investigue; si no las hay, que no se condene por consigna. Así de s encillo y valido para los dos gobernadores mencionados.
Porque la soberanía no puede servir para abrirle la puerta a la CIA en Chihuahua, pero tampoco para tapar con la bandera a un gobernador señalado por una corte extranjera. El escudo nacional no es sábana para cubrir vergüenzas.
El problema de fondo no se llama Maru. Ni Rocha. El problema se llama ¿Qué nos dice todo esto? ¿Qué lineas se leen desde el exterior?
En política, ya sabemos, la percepción es esa bestia que muerde más duro que los hechos.
Si México se ve como un país que protege a sus impresentables bajo el argumento de la autodeterminación, le está poniendo la mesa a Trump para que vuelva a vender su cuento favorito: que aquí no gobierna un Estado, sino un cártel con himno y Palacio.
Y si el gobierno mexicano actúa con tibieza, peor: la narrativa se le arma sola al vecino.
Pero si la Fiscalía decide avanzar, si encuentra elementos sólidos, si el lodo deja de ser rumor y se vuelve expediente, entonces la 4T tendrá que tragarse una piedra. Porque una cosa es defender la soberanía frente a Washington, y otra muy distinta descubrir que uno de los tuyos tiene las manotas llenas de fango.
Y ahí sí se abre el cajón que nadie quiere abrir: cuánto se sabía, quién miró para otro lado, quién cobró, quién calló y cuánto de ese dinero lubricó las maquinarias electorales de años recientes.
Tómala barbón. Ese es el verdadero mega golpazo, y es que el lodo, Culto Público, mancha los zapatos del que pisa, pero también salpica a quien lo acompaña.
Esta mañana Claudia Sheinbaum hizo lo único que podía hacer: caminar por la cuerda sin mirar abajo. Dijo, en esencia, que si hay pruebas contundentes se actuará, pero que México no aceptará instrucciones de un juez extranjero como si la soberanía fuera un trámite aduanal.
Y esa es la cuerda exacta.
Ni entreguismo disfrazado de colaboración, como en Chihuahua. Ni encubrimiento envuelto en nacionalismo, como quisieran algunos en Sinaloa. Ni subordinación. Ni impunidad.
Difícil equilibrio. Porque un paso en falso la deja del lado de los débiles frente a Washington y el mundo; el otro, del lado de los complacientes frente a los propios. Y mientras, la oposición se siente en el circo: aplaude las acrobacias mientras por dentro espera la caída del malabarista con grado de dificultad del tipo precio de la gasolina, alianza amarrada con hilo del delgado y T-MEC en puerta.
Estar en los zapatos de Claudia Sheinbaum en este momento, es lo mismo que cambiar un foco con cables pelones saliendo de la ducha.
En resumen, dos gobernadores se asomaron esta semana al precipicio y pueden acabar en el hoyo. Mi presidenta entre tanto, mide la profundidad sin pestañear para el próximo brinco.
Y aquí no se vale resbalarse porque nadie sabemos si todavía queda suelo institucional antes del fondo.
Bemoles.
¿Ya vieron las últimas encuestas? La senadora Ruth González, de acuerdo a los resultados de una empresa seria que hizo el ejercicio a nivel nacional, en este momento y en caso de decidirse a ser candidata solamente por el Verde, arrancaría la contienda con más de 20 puntos de ventaja contra todos. A nadie sorprende el dato y parece que los demás protagonistas posibles se están pasando de cautos.
Será que se desaniman por los números ¿o será que ya todo está amarrado y la senadora irá prácticamente sin rival? Ese escenario es posible… aunque aburrido y hasta injusto para la senadora Ruth. Su legitimación fundada en su alta votación está en riesgo. Sin rival, da lo mismo tener 500 mil ó 5 mil votos.
Hasta la próxima. Yo soy Jorge Saldaña.
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Ciudad
La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Tercera parte.
El caos legal silencioso, la ley invisible y la abuela que tiene la última palabra
«Te amo, ¡oh capital infame! […] por lo mismo que eres vieja y terrible, te adoro.»
Charles Baudelaire, Las flores del mal
Por: Jorge Saldaña
Baudelaire amaba a París por todo aquello que la afeaba. Por su vejez, por su horror, por su escándalo cotidiano. La nuestra es una ciudad menor en escala, pero la lógica del afecto es la misma: amamos a San Luis no a pesar de su desorden onomástico, sino, en parte, gracias a él. Lo que sigue, sin embargo, es la cara administrativa de ese amor: lo que se cae cuando una placa equivocada se enfrenta a un trámite real. Lo que dice la ley y lo que dice la placa
El Reglamento de Construcciones del Municipio de San Luis Potosí, en su artículo 21, establece con esa solemnidad que tienen los reglamentos cuando saben que nadie los lee:
«Solo el Cabildo del Ayuntamiento determinará el nombre oficial de las vías públicas, parques, jardines, plazas y espacios abiertos.»
Solo el Cabildo. No la costumbre, no el vecino, no la imprenta de la esquina. Y, sin embargo, basta con caminar tres cuadras desde el centro para entender que la ley vive en una ciudad y las placas en otra. La Dirección General de Catastro, Desarrollo Urbano y Nuevos Proyectos del Ayuntamiento es la dependencia encargada de validar la nomenclatura municipal. Recibe solicitudes de nuevas calles en fraccionamientos y dictamina la adopción de nombres a través del Cabildo. Para el centro histórico, sus mapas se actualizan periódicamente; pero la mayoría de las placas físicas son anteriores a estos registros. Hay un acuerdo tácito de no tocar las placas patrimoniales, aunque sean contradictorias. Es decir: se prefiere el caos pintoresco al orden uniforme.
La cadena de consecuencias
¿Qué se cae cuando una placa no coincide con otra? Se cae más de lo que parece. Pongámoslo en lista, que para eso sirven las listas:
Domicilios fiscales: el SAT y la Secretaría de Finanzas estatal exigen una dirección homologada. Si la escritura dice «Calle del Gral. Ignacio Zaragoza» y el recibo predial dice «CALLE ZARAGOZA», hay quien ha tenido que pelear, papel en mano, para acreditar que es la misma puerta.
Catastro municipal e INEGI: el INEGI integra la información catastral y de vialidades al Marco Geoestadístico Nacional, pero trabaja con lo que los municipios le reportan. Si el municipio no reporta los conflictos, el INEGI los reproduce. La cartografía oficial trabaja con la nomenclatura ratificada por Cabildo; la realidad urbana trabaja con la placa que el albañil colocó en 1978. Cuando los dos no coinciden, gana el papel —pero pierde el ciudadano.
Mapas digitales y Google Maps: el algoritmo es generoso pero literal. Si un usuario reporta «Av. Carranza» y otro «Venustiano Carranza», el sistema duplica entradas y el restaurante de la esquina aparece en dos lugares distintos. Las navegaciones GPS toman la nomenclatura del mapa base —no la de la placa física—, y tendremos al turista buscando en una calle un nombre que solo existe en la pantalla.
Servicios de emergencia: una ambulancia que recibe «Calle Aldama» tiene que adivinar si va al tramo que en los planos antiguos era Mica, el que era Real Caja en 1806, o el que se llamó La Moneda en 1860.
Mensajería y comercio electrónico: DHL, Estafeta y FedEx han hecho sus propios diccionarios internos para traducir entre la dirección que el cliente escribió y la dirección que el repartidor encontrará. Es un esfuerzo privado para resolver un desorden público.
Escrituras y notarías: los notarios potosinos saben de memoria cuáles fincas tienen dirección «antigua» y «nueva», y redactan con prudencia: «la finca marcada con el número X de la calle Z, antes calle W». Es un seguro contra litigios, pero también es una confesión: la ciudad no está de acuerdo consigo misma.
Constantino Méndez lo llamó, con frase exacta, una afectación al «derecho a la certidumbre del domicilio». No es una expresión menor. Es, en el fondo, el derecho a estar en algún lado. A que el Estado sepa dónde encontrarte para entregarte un oficio, una multa o una buena noticia. Y ese derecho, en el centro histórico potosino, depende todavía de qué placa te tocó en la suerte de tu cuadra.
La ley que casi nadie ha visto
Hay un dato que conviene introducir aquí, en este punto del reportaje, porque le da la vuelta a la serie histórica. El problema de la nomenclatura aquí expuesto no solo ha tenido respuesta legislativa, sino que ha sido aprobada. Existe la ley. Se publicó. Está vigente. Y la ciudad, sin embargo, sigue caminando como si no se hubiera enterado.
Además la cuenta quien la firmó, el ciudadano Martín Juárez Córdoba, hoy director de Cultura Municipal de San Luis Potosí, y ex diputado local en la LXII Legislatura. Desde esa silla, en febrero de 2020, presentó, junto con Constantino Méndez Ponce —el mismo cronista cuyo estudio sobre las inconsistencias de las placas hemos citado a lo largo de estas tres entregas—, una iniciativa para reformar y adicionar diversos artículos de la Ley de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano del Estado. La iniciativa hacía exactamente lo que el sentido común sugería: definir jurídicamente qué es la nomenclatura de las calles, homologar la información que deben contener las placas y sujetar a regulación municipal a quien las instale, modifique o retire.
La iniciativa caminó. Fue dictaminada, votada favorablemente en el Pleno y publicada en el Periódico Oficial del Estado «Plan de San Luis» el 16 de julio de 2020 como Decreto 0689. Desde entonces, la Ley de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano del Estado contiene cuatro modificaciones que, leídas juntas, son la respuesta jurídica más completa que se ha dado al problema potosino de las placas: el artículo 3° suma la fracción XXXVII e incorpora, como propósito explícito del ordenamiento territorial, «la homologación de la información que deben contener las placas de la nomenclatura de las vialidades»; el artículo 4° suma la fracción CI con la definición misma de placa de nomenclatura; el artículo 8° suma la fracción V, que sujeta a la ley a quien instale, modifique o retire una placa oficial; y el artículo 330 reforma su fracción X para exigir, en todo fraccionamiento nuevo, placas de nomenclatura, señalamiento vial y numeración oficial homologados con la normativa.
En la práctica, la ley pidió que cada placa potosina cargara, además del nombre, cinco datos: nombre completo de la vía, sentido de la circulación, código postal, colonia o barrio, y rango de numeración de la cuadra. Cinco datos. Para una ciudad donde, como hemos visto, hay cruceros con tres versiones distintas del mismo nombre, eso ya sería revolucionario.
Pero el lector que camine ahora mismo por el centro histórico —placa por placa, esquina por esquina— se hará la única pregunta que importa: ¿dónde están esas cinco líneas? La ley existe; las placas, en su mayoría, no la han escuchado.
Hoy, desde la Dirección de Cultura Municipal, Juárez Córdoba aportó otro ángulo durante la entrevista que es más antropológico que jurídico y explicó que las placas antiguas de azulejo del centro histórico —«frecuentemente denominadas de Talavera o mayólica»— ya están protegidas a nivel federal por la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, en tanto el primer cuadro está clasificado como Zona de Monumentos Históricos.
«No pueden ser modificadas, retiradas o dañadas sin autorización del INAH», dice.
Es decir: la coexistencia de placas viejas y nuevas no es un problema técnico, es un mandato federal. Lo que falta, otra vez, es articular esa protección con la ley estatal de 2020.
Su conclusión va al fondo del asunto y se cita por su precisión: «es muy necesario que trabajemos con mayor estrategia en la recuperación de los nombres antiguos de las calles, principalmente como un ejercicio de salvaguardia de la memoria colectiva y la identidad local, reconociendo que la toponimia popular narra la historia cotidiana, en ocasiones mejor que los nombres formales».
Esa frase —que la toponimia popular narra la historia cotidiana mejor que los nombres formales— podría haber sido el subtítulo de este reportaje. Y de la ley vigente que aún espera ver el azulejo.
Los callejones, o la versión menor de la historia
Si las calles son la firma del poder, los callejones son la firma de la gente. Más estrechos, más ignorados por las placas, más sobrevivientes. En San Luis Potosí los callejones tienen nombres que ningún cabildo se atrevió a cambiar, porque cambiarlos hubiera sido una grosería.
Callejón del Cariño
Mediados del siglo XIX. Existió la pulquería «del Cariño». La dueña, doña Isabel Bedoya, era conocida como «La Cariñosa», y la pulquería tomó el alias antes de que el alias tomara el callejón. El nombre del callejón es, así, el sobrenombre de un sobrenombre. Triple etimología popular.
Callejón del Codo
Pequeña vía diagonal entre Salazar y Juan Sarabia. Se le conoce con ese nombre desde 1860. Su trazado quebrado —forma un codo— le ganó el apelativo. Hoy sigue ahí, codeando la cuadrícula.
Callejón de la Yedra
Se llamó antes Callejón del Arco y Los Espantos. La yedra que le dio nombre era una planta de la familia de las malváceas (Mediola carolineana) que abundaba en el lugar. Hoy ya no hay yedras, pero el nombre se quedó como un fósil botánico.
Callejón del Beso (o del Jordan)
No es romance: es burla. El coronel Eduardo Jordán fue tildado de cobarde tras evitar la batalla de Ahualulco. Las mujeres del mercado —fruteras, verduleras, tortilleras— hicieron una colecta de $116.00 para pagar a un poeta que escribiera versos satíricos contra él. Probablemente el callejón más anti-épico de México: nombrado por una vergüenza colectiva.
Callejón del Buche
Nombre popular que la gente de los años treinta del siglo XX otorgaba a la actual calle Altamirano. «Buche» de qué, no se sabe. Es uno de esos nombres que sobrevivieron solo en la memoria oral y que el cronista rescata como quien rescata una receta.
Juan del Jarro
Más calle que callejón, pero merece la pena estar aquí por su rareza. Lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, pordiosero potosino del siglo XIX. Vestía con harapos, cargaba un jarro al hombro y se le atribuían dotes adivinatorias. La gente lo consultaba sobre fechas de fallecimiento y matrimonios futuros. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene una placa oficial.
Las cinco inconsistencias estructurales:
Numeración incoherente. Hay calles donde los números no avanzan: retroceden, saltan o se repiten. Méndez documenta cruceros con tres y hasta cuatro placas distintas en una misma esquina.
Variantes ortotipográficas en placas oficiales. Una calle es «Gral. Simón Bolívar» en una placa, «Avenida Bolívar» en otra y «calle de las Bóvedas» —el nombre antiguo, todavía visible— en una tercera. Las tres son oficiales. Ninguna es ilegal. Todas son confusas. Y todas, desde julio de 2020, contradicen lo que ordena el Decreto 0689.
Apellidos sin nombre. Calles llamadas Alvarado, Uresti, Espinosa, Muñoz o Domínguez, sin más dato. Sobre esto Castro Escalante advierte que es «muy difícil dar datos biográficos de estos personajes por ser casi anónimos». Octavio Pedroza añade desde su experiencia: ¿quién fue Comonfort, quién fue Pánfilo Natera, quién fue Mascorro, quién fue Agustín Vera? Los apellidos viajan solos.
Coexistencia de nomenclatura antigua y nueva. Las placas de azulejo del siglo XIX no se han retirado; conviven con las placas modernas. Bonito patrimonialmente, jurídicamente un caos, pero ahora protegido por la federación, según recuerda Juárez Córdoba.
Discordancia entre catastro, INEGI y mapas digitales. El INEGI registra una nomenclatura, el catastro municipal otra ligeramente distinta, Google Maps una tercera basada en aportaciones de usuarios, y la placa física —la que el ciudadano lee— a veces no coincide con ninguna.
Si una ciudad no puede ponerse de acuerdo en el nombre de una calle, quizá tampoco pueda ponerse de acuerdo en su destino
.
Esta frase no intenta sentenciar y, por el contrario, alivia: porque la otra opción —la de una ciudad que sí se pone de acuerdo en todo, que homologa, que pavimenta su pasado, que retira las placas viejas para que solo quede una versión— es peor. Es la ciudad sin memoria. Es la ciudad sin pulquería del Cariño, sin pordiosero adivino, sin coronel cobarde, sin tamalera. Es, en suma, la ciudad correcta pero muerta. Qué aburrido.
Y, sin embargo, este reportaje no concluye con el alivio. Concluye con una incomodidad nueva. Porque ahora ya sabemos que la ley existe. Que un diputado y un cronista hicieron su trabajo. Que el Pleno hizo el suyo. Que el Decreto 0689 fue publicado hace casi seis años en el Periódico Oficial. Y que las placas, sin embargo, siguen sin saberlo. La pregunta deja de ser «por qué nadie ha legislado» y se vuelve, mucho más incómoda, «por qué se legisla y no se aplica».
Lo que han mostrado nuestras tres entregas, y lo que han confirmado las voces de los tres exalcaldes y del director de cultura municipal, es que San Luis Potosí prefiere el palimpsesto, el dejar huellas del pasado para poner una nueva que a golpe de calendario un día será nuevamente huella.
Pero no se debería confundir el palimpsesto con la negligencia. Pedroza pide un compendio que explique los nombres y advierte contra el cambio caprichoso. García Valdez propone homologar conservando, dialogando lo antiguo con lo nuevo. Juárez Córdoba —que firmó la ley— recuerda que la federación ya protege las placas patrimoniales. Tres maneras de decir lo mismo: que la ciudad sí quiere orden, pero no a costa del rastro de su historia. Lo que falta es voluntad para articular la ley con la calle.
La verdadera radiografía moral, entonces, no está en la inconsistencia: está en la decisión —tantas veces postergada, tantas veces compartida— de no hacer cumplir lo ya decidido. En que el cabildo, el catastro, el INEGI y los mapas digitales sigan en una conversación abierta en la que nadie tiene la última palabra, ni siquiera el Decreto 0689. Porque la última palabra, en el centro histórico potosino, la sigue teniendo la abuela, la que dice La Corriente cuando todo el mundo dice Reforma.
Y a esa abuela —que es Borges sin saberlo, que es Calvino sin haberlo leído, que es Baudelaire sin París pero con La Merced— nadie le quita la palabra porque esa abuela… es la ciudad.
Fuentes
Reportaje basado en la investigación histórica de Arcadio Castro Escalante («Por las viejas calles de aquel San Luis») y el estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura potosina. Se consultaron además el Reglamento de Construcciones del Municipio de San Luis Potosí (artículo 21), la Ley de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano del Estado de San Luis Potosí —en su texto vigente, reformada por Decreto 0689 publicado en el Periódico Oficial del Estado «Plan de San Luis» el 16 de julio de 2020 a propuesta del entonces diputado Martín Juárez Córdoba y el ciudadano Constantino Méndez Ponce—, los lineamientos de la Dirección General de Catastro, Desarrollo Urbano y Nuevos Proyectos del Ayuntamiento, y los marcos catastrales del INEGI. Las citas literarias provienen de Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en «El otro, el mismo» (1964); Italo Calvino, «Las ciudades invisibles» (1972); y Charles Baudelaire, «Las flores del mal» («Épilogue»). Se entrevistó para esta serie a Octavio Pedroza Gaitán, presidente municipal 2004-2006 y exsenador; a Mario García Valdez, presidente municipal 2012-2015, ex rector de la UASLP y actual secretario de Cultura del gobierno del Estado; y a Martín Juárez Córdoba, ex diputado local y actual director de Cultura Municipal de San Luis Potosí.
Anotación del periodista: Se transcribe la parte final del prólogo de Arcadio Escalante en su obra multicitada en este reportaje porque en la única edición de la obra, en 1999, el autor hace un hincapié relevante que no demerita su investigación, sin embargo, admite posibles errores que él mismo justifica:
“Como todo trabajo editorial realizado por humanos, podría haber algunos errores, sobre todo en el presente, en el que se han utilizado algunos planos algo ilegibles….”
También lee: La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Segunda Parte
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Infraestructura vial y transporte, prioridad en SLP: Gallardo
Puentes, parque urbano y nuevas vialidades forman parte de los proyectos anunciados en SLP
Por: Redacción
Ricardo Gallardo Cardona, gobernador de San Luis Potosí, anunció una nueva etapa de obras de infraestructura en la zona metropolitana, que incluye la construcción de más puentes vehiculares, la ampliación de vialidades estratégicas y el fortalecimiento del transporte público.
El mandatario adelantó que en breve se lanzará la licitación para un nuevo puente en la Glorieta de la Familia, ubicada en Lomas del Tecnológico, como parte de un paquete de proyectos que busca mejorar la movilidad urbana.
“Llevamos seis puentes construidos y vamos por otros seis más. La meta es llegar a 12 puentes de primer nivel”, señ aló.
Además, destacó que su administración ha impulsado más de 4 mil obras en las cuatro regiones del estado, con énfasis en la zona metropolitana.
Entre los proyectos próximos a iniciar, mencionó la continuación de la Vía Alterna, específicamente en el tramo del eje 120 al 140, cuya ejecución arrancaría en aproximadamente 15 días.
En el caso de Villa de Pozos, el gobernador informó que ya concluyó el entubado en la zona de Los Silos, lo que permitirá avanzar en la creación de un parque urbano en ese espacio.
“Se acabaron las aguas negras en la zona, ahora vamos a desarrollar un parque urbano”, afirmó.
Respecto a la movilidad, Gallardo Cardona indicó que, si bien se contemplan proyectos de ciclovías, la prioridad de su gobierno es el transporte público.
En ese sentido, anunció que se proyecta la implementación de tres nuevas líneas de Red Metro en la ciudad, con el objetivo de mejorar la conectividad y reducir los tiempos de traslado.
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