junio 23, 2026

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#EstiloDeVida | Cervezas artesanales potosinas, un mundo por descubrir

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Visitamos seis casas cerveceras: Imperial, Villacastel, Wasumara, La Herejía, Gusto Culposo y 7B, para conocer lo qué ocurre en esta industria

Por: Itzel Márquez

El consumo de la cerveza artesanal está cada vez popularizado en México y San Luis Potosí no se queda atrás, pues existen en el estado más de una decena de emprendedores que producen y comercializan sus propias bebidas. La Orquesta visitó cinco de las casas cerveceras más importantes para conocer sus historias y productos.

Imperial, una cervecería al estilo medieval, “la mejor cerveza es la que te gusta”

Uno de los socios de la marca contó que, Imperial nació por la inquietud de un ex profesor del Tecnológico de Monterrey, quien en 2009 comenzó a hacer cerveza con sus amigos de forma casera y en 2012 decidió establecer su propia cervecería. Ahora tienen once tipos diferentes.

El propósito de Imperial es recrear la decoración medieval, así como una sala inspirada en Harry Potter. Elementos como el caldero y los platillos están pensados para maridar con las cervezas que ofrecemos”, apuntó el socio.

Entre la variedad de cervezas que ofrece Imperial se encuentran las siguientes: American Wheat, la cual es una cerveza de trigo tradicional alemana; dos frutales con sabores como Banana y Mango; White knight; Pale Ale; Quimera como cerveza experimental hecha con mezcaL espadín de Oaxaca; Porter; Chocolate-café con toques de caramelo; Imperium, Priorato y Potion inspirada en la película de Harry Potter, con un sabor a mantequilla y toques de vainilla.

Villacastel, alimentos, cerveza y cocteles en un mismo lugar “estilos de transición con sabores mesurados”

Villacastel nació en 2016 por la inquietud de Jaime Villarreal e Isaías Castellanos, de la unión de sus apellidos surgió el nombre y en 2019 se consolidaron como cervecería, en 2020 fue inaugurado el Tasting Room, ahora la planta cervecera produce 15 mil litros mensuales y la idea desde el inicio fue una cerveza de calidad con buena comida y coctelería”, mencionó Andrés Bouquet, uno de los socios de Villacastel.

El socio mencionó que entre los estilos que ofrece la cervecería están los clásicos de Inglaterra y algunos de República Checa, para crear los propios: mexican lager que es ligera; blonde ale, la cerveza más pedida; pale ale, pálida con un perfil floral y cítrico; stout con maltas tostadas y caudilla estilo amber ale, “estos son los cinco estilos de transición más básicos, con sabores no tan radicales”.

Bouquet añadió que todos los insumos que utilizan para realizar la cerveza son importados. Añadió que hasta hace 15 años solo se conocían entre diez y 15 estilos de cerveza, pero existen más de 80, con sus variantes, “el boom de la cerveza comenzó a revivir en México”.

Wasumara, cervezas con estilos únicos “What’s the matter?”

El nombre de esta marca surgió en 2014 porque el gato de uno de los dueños se llamaba así; además, de la deformación de la unión de las palabras en inglés: What’s the matter? y en 2016 comenzó la producción oficial de cervezas de la marca, ahora se distribuye en restaurantes y bares como Gran Central, Trashumante, La Gran Vía, Cielo Tinto, La Oruga y La Cebada, Piqueria, La Internacional, Cowboys, en micheladas como Micheluchas, Miches del Güero y en otros estados como Aguascalientes, León, Puerto Vallarta, Cancún y Querétaro, mencionó Claudia Medina, administradora de la empresa.

El maestro cervecero Luis Manuel Rodríguez Pifferrer contó que la marca comercializa siete estilos de cerveza diferente: Misty Mermaid que es una light ale, cerveza ligera; Smoking Skull con mezcal; Drunken Dwarf; Chubby Chipmunk con toques de nuez, Lucky Leprechaun, que es una cerveza irlandesa roja y Blonde Witch. Así como la cerveza navideña que sale solo por temporada. Además los personajes de sus etiquetas son por la denominación de origen de cada cerveza.

7B, la casa de la cerveza artesanal potosina

Ángel Llerenas, uno de los socios fundadores  de la primera cervecería artesanal potosina, la cual inició hace 11 años, contó cómo fue traer este mundo al estado y lo que han logrado hasta el momento.

“La idea nació porque Juan Pablo es ingeniero en alimentos y cuando terminó su licenciatura empezó a producir comida, tuvo varios negocios, hasta que fabricó cerveza en su casa, su primer lote salió en 2009, después de unos meses invitó a su primo para ser inversionista, quien decide asociarse con él y así nos fuimos integrando más socios; el primer espacio que tuvimos fue una tienda cerca de Carranza, poco después, en 2012 comenzamos a dar servicio en Callejón 7B”, mencionó Llerenas.

El socio de la marca añadió que tienen siete estilos de cerveza en línea, seis de temporada y nueve de producción alterna al año, por lo tanto, ahora hay 15 diferentes y en el catálogo histórico de cervezas se han acumulado 30; entre las que más se venden se encuentran: porter por las maltas tostadas y el lúpulo resinoso que se utiliza en su elaboración, tiene espuma densa y recuerda a un café espresso, esta cerveza ha sido acreedora de distintas medallas; otra es la cerveza de aniversario que hacen cada año para conmemorar Callejón 7B y la cerveza, este año fue de té negro, gengibre, miel y cardamomo como te chai y miel.

Ahora son siete socios en la marca y con la llegada de cada uno de ellos, se han creado espacios para conocer y consumir la cerveza 7 Barrios, en combinación con alimentos que hacen un maridaje espacial.

La más reciente creación de la marca se llama Ipa Baja en Calorías, con sólo 100 calorías y 4.6% de alcohol.

La Herejía, rock y cerveza “rompiendo las normas”

Pepe Yañez, fundador de esta marca cervecera es además médico y dijo que cuando estaba cursando su especialidad en biología de la reproducción en 2014 hacía cerveza con sus amigos y entre un cardiólogo, un oftalmólogo, un ingeniero químico y Yañez pusieron la cervecera entre 2014 y 2015.

“El nombre lo tomamos porque en el sentido religioso, una persona hereje es la que va en contra de lo establecido, de las normas y así lo tomamos en el sentido de la cerveza, nuestros insumos son importados, tenemos malta de Holanda y Canadá, lúpulos norteamericanos, checos y alemanes”, mencionó Yañez.

Entre la variedad de cervezas que ofrece La Herejía se encuentran clara balanceada, neutra, pale ale, ipa (con la cual ganaron en 2018 medalla de una de las tres mejores cervezas artesanales en una competencia en Ciudad de México de la revista Cava), una irish red y una irish reposada en barrica de mezcal y robus porter.

Las cervezas de La Herejía están en el bar Bristol que se ubica en Plaza del Valle, así como en el bar Wall Street en lomas y próximamente iniciará su propio proyecto gastronómico para maridar sus cervezas con tapas.

Finalmente, Pepe Yañez dijo que actualmente están haciendo una colaboración con Soulfly, una banda de rock estadounidense para hacer su cerveza oficial,la cual, planean que llegue a Estados Unidos, México, Francia y Brasil.

Gusto Culposo, culpas en un solo lugar, “te tomas algo que se hizo pensando en tu paladar”

Gusto Culposo nació en un evento de Cerveza Artesanal “Global Beer Fest” en 2017, Romey Ledezma, creador de la marca acotó: “en ese evento pensé que mi gusto culposo es la cerveza artesanal y como salió en día de muertos, por eso la temática de las etiquetas y el lugar tiene que ver con ello”.

La idea de Gusto Culposo es sugerir a los comensales alimentos para maridar la cerveza y así quienes no estén acostumbrados al sabor y piensan que es más pesada, podamos ofrecer cerveza para todos los gustos”, mencionó Ilse Álvarez, directora operativa de la cervecera.

Rubén Darío Cárdenas, el maestro cervecero de la marca contó que tienen estas variedades de cervezas: Blonde, Blonde Ale, Amber Ale, Dunkel, Porter y Porter Chocolate; además, una cerveza que fue colaboración entre tres empresas Bretal, Diana Juárez de La Legendaria y Gusto Culposo “Palenquera”, que es una neipa, una cerveza clara amarga, con toque de avena, trigo y maltas y con sabores frutales, sólo se vendieron 200 cervezas de esta edición en cada establecimiento involucrado.

Diferencias entre cerveza artesanal y comercial

En cada una las cervecerías artesanales comentaron su punto de vista sobre la diferencia con las cervezas comerciales, estas fueron sus respuestas:

“La cerveza artesanal se diferencia de la cerveza industrial por dos cosas: el olor y la sensación que causa, pues es muy basto el abanico de posibilidades en dependencia de los ingredientes. Uno de los mitos de la cerveza es que la cerveza artesanal tenemos que permitir que respire, por ello es preferible servirla en un vaso o una copa”, mencionaron en Imperial.

“La cerveza artesanal lo que quiere es hacer la diferencia de la cerveza industrial, manteniendo su carácter de cerveza viva. El proceso de elaboración es lo que diferencia la cerveza comercial de la artesanal, pues cada cervecero tiene su toque especial; además, de los ingredientes que se utilizan, básicamente agua, malta, lúpulo y levaduras”, comentó Andrés de Villacastel.

Imagen de: Ángel Llerenas, 7B

“El proceso de elaboración de una cerveza artesanal en general es el mismo, difiere la tecnología; pero todos tenemos el mismo objetivo: obtener un caldo fermentable de cebada que dé lugar a la cerveza”, mencionó Luis de Wasumara.

“A mí me emociona que me digan que no les gusta la cheve, porque es tan variada y de tantos estilos que dudo que las personas hayan probado todas como para decir que no me gustan, mas bien no han encontrado una chela que les guste, nuestras cervezas son más sabrosas porque tienen más sabores, te dan una experiencia mayor”, dijo Ángel Lerenas de 7B.

“Creo que una de las diferencias entre la cerveza comercial y la artesanal es que con la cerveza artesanal se crea una simbiosis entre el cliente y el productor, de tal forma que conoces lo que prefiere la gente, algo más ligero y sencillo”, mencionó Yañez de La Herejía.

La diferencia entre una cerveza industrial y una cerveza industrial es su contenido, en una cerveza industrial utilizan aditivos a la receta”, mencionó Romey de Gusto Culposo.

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La comedia potosina, o ya tocamos fondo | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

Culto Público, hijos del pleito de vecindad como política de estado:

Los italianos inventaron en el siglo XVI una cosa llamada commedia dell’arte. No había guion cerrado. Había personajes. El fanfarrón. El tonto. El avaro. El criado listo. Cada quien salía al escenario a hacer lo suyo, a exagerar su papel, a repetir su gesto, a buscar el aplauso.

La obra no importaba tanto. Importaba reconocer al personaje.

Bueno, pues esta semana, las anteriores y ayer martes, San Luis Potosí tuvo su propia commedia dell’arte. (Usted ponga nombre a los personajes, sobre todo al “criado listo”, al “fanfarrón” y al “tonto”, yo no).
Sin guion, con máscaras, con personajes demasiado reconocibles y con el argumento político más refinado en nuestro estado: tú fuiste, tú empezaste, pero yo te vi, pero tu gente estaba ahí, pero mi papá es bombero y te moja, pero mi papá es policía y te encierra. Pfffff

Una belleza: Teatro de vecindad con cooperacha en la cachucha del presupuesto público.

Es decir que pasamos de la improvisación teatral al ridículo institucional. Un sainete potosino donde los actores cobran como profesionales, pero actúan como protagonistas de un pleito de primaria en un patio a la salida.

Recapitulando: un diputado local presenta una iniciativa para regular el uso de inteligencia artificial en contenidos que suplantan voces (involucrando a quien sea con el crimen organizado)

El tema existe. El riesgo existe. La discusión es pertinente. Pero la comunicación fue tan torpe, tan seca, tan de “a ver cómo nos sale”, que sus detractores la bautizaron pronto como “Ley Serrano”. Y ya sabemos que en política, cuando una ley recibe apellido antes de recibir explicación, ya perdió medio juicio público, sobre todo si se defiende el nombre y el apellido del legislador y no el objetivo escencial de la reforma.

Segundo acto: tres personas fueron detenidas (No tres periodistas) Tres personas.

Y aquí empiezan los matices: esos animales exóticos que nunca caben en una pancarta. Dos de ellas vinculadas a portales señalados por prácticas que se parecen poco al periodismo y mucho a calumnia de alcantarilla.

Además, una de las dos es empleada del ayuntamiento capitalino. El tercero, un personaje de Ciudad Valles que entró a la escena como esos actores secundarios que nadie recuerda hasta que se tropiezan con algo.

Las dos féminas aceptaron su culpa, es decir que sí hicieron el video usando la IA con la intención de involucrar al gobernador con el crimen organizado (Si mañana le hacen lo mismo a usted o a un ser querido ¿de quién se protege primero? ¿del cartel del que supuestamente es rival, o de la autoridad federal que debe investigarlo por oficio?

Bueno pues ellas ya siguen su proceso en libertad junto al tercero, otrora desconocido.

Tercer acto: la narrativa voló. “Persecución a periodistas”. “Voces críticas unidas”. “Ataque a la libertad de expresión”.

Y entonces todos descubrieron, con una velocidad conmovedora, que la libertad de expresión también sirve para envolverse en ella cuando conviene.

Es cierto, el diputado Serrano encendió una fogata y luego se sorprendió de que oliera a humo.

Solución: abrir la ventana hacia la casa del vecino. Si la narrativa te aplasta, no la expliques: redirígela. Señala al alcalde. Di que el verdadero agresor de la prensa no es tu ley mal explicada y sacada de contexto, sino el edil que supuestamente manda despedir a periodistas, aunque en realidad se trate de casos de empleados molestos, operadores políticos agraviados y cuentas pendientes disfrazadas de martirio y usadas “hábilmente”.

El alcalde Galindo, por su parte, quedó parado del lado de una narrativa que le conviene rumbo a junio del año que viene. Se entiende: el desgaste del gallardismo es oxígeno para cualquier proyecto opositor (y uno no rechaza el oxígeno, aunque venga en tanque prestado)

Pero también debería cuidar que, a través de sus empleados, simpatizantes o personajes orbitando en su administración, no terminen poniéndole el sello de autor intelectual de una marcha que quizá no organizó, pero que sí puede acabar cobrándole factura.

Y el gobierno estatal, tampoco nos hagamos, vio en la marcha la oportunidad de devolver el golpe, señalar al rival y decir: miren, aquí está la mano que mece la pancarta.

El aparato olió sangre narrativa y quiso hacer de la manifestación un escándalo mayor. El problema es que el escándalo no tenía libreto, ni historia, ni objetivo claro.

Tenía gritos, celulares, sospechas, cerveza y personajes.

Porque sí: hubo porros -o como les quieran llamar para que suene más elegante- Yo no los conozco, pero si los hubiera conocido, con este calor, por lo menos les pedía una cerveza.

Tampoco sé si los mandó un palacio para calentar la manifestación u otro palacio para desacreditarla. No lo sé. Usted tampoco. Pero de que ahí hubo mano negra, había. Y de que el asunto olía a tres pies de gato, olía.

Luego está el convocante. No lo voy a nombrar porque tampoco hay que regalarle marquesina a quien vive de rentarla.

Digamos solamente que carga señalamientos públicos suficientes como para que resulte, cuando menos, incómodo convertirlo en rostro impoluto de la libertad de expresión.

Ha sido señalado por montar notas, por cambiar de causa según cambie el mecenas, por cobrar favores disfrazados de periodismo y hasta por episodios de violencia que no deberían tratarse como chisme sino como advertencia.

Todo eso deberá probarse donde corresponda. Pero políticamente, como símbolo, el personaje dice mucho, y si personajes como el descrito es parte de los criados listos, las ex reporteras emocionales, el mecenas avaro y el inhala caspa demoniaca en portada de ocho, pues entonces no hay más: hemos tocado fondo.

Y eso es lo grave.

No que marchen. Marchar es derecho. No que critiquen al poder. Criticar al poder es obligación. No que se defienda la libertad de expresión. Defenderla es indispensable.

Lo grave es que una causa real haya terminado convertida en comparsa de intereses cruzados y personajes harapientos.

La libertad de expresión no estaba sola en la calle. Iba acompañada de cálculo, oportunismo, resentimiento, revancha, operadores de nómina, adversarios reciclados y uno que otro valiente de cerveza en mano.

Una procesión rara: santos de cartón, diablos de utilería y el resto, queriendo cargar el estandarte de una cosa que ni conocen.¿Es en serio amigo Ricardo? ¿Es en serio amigo Galindo?

Mientras otros estados discuten de agua a largo plazo, seguridad, salarios, movilidad, ordenamiento territorial, presupuesto participativo, desarrollo regional, transparencia voluntaria y no obligada, aquí estamos contando cervezas en una marcha.

Mientras San Luis necesita preguntarse qué quiere ser en veinte años, nuestros actores políticos están jugando a ver quién consigue la captura de pantalla más conveniente.

A menos de un año de la elección más importante para el estado, la conversación pública está en modo vecindad: tú me pusiste los porros, tú me pusiste los bots, tú me pusiste los candados, tú me pusiste la nota, tú me pusiste la marcha, mi pantalla está más grande y a tu fiesta ni va nadie…

Mientras tanto, la ciudadanía, que no somos tontos aunque a veces así nos traten, miramos desde la banqueta y entendemos lo esencial: aquí todos quieren ganar su narrativa, aunque ninguno tenga claro cuál es.

Señores, San Luis Potosí merece más que esta función.

Merece una discusión pública del tamaño de sus problemas. Merece hablar de seguridad sin teatro, de prensa sin chantaje, de política sin porros, de gobierno sin propaganda, de oposición sin disfraces y de libertad sin mercenarios y cocainómanos cargando la bandera.

La commedia dell’arte era divertida porque el público sabía que estaba viendo una farsa.

Lo triste de nuestra política potosina es que sus actores todavía creen que nos estamos riendo. Y no.

Yo soy Jorge Saldaña.

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Deportes

El Futbol Une al Mundo: Crónica de un Japón vs Túnez

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Por: Carlos Ruíz Espinosa

Si hay algo que anhelan la gran mayoría de los niños que nacen amando al futbol, es sin dudas ir a una Copa del Mundo. Obviamente, el sueño máximo es jugar en una, pero cuando nos damos cuenta de que a lo mejor no somos tan buenos para ello, con asistir nos damos por bien servidos.

Sin embargo, no es algo al alcance de todos. No cualquiera puede costearse el viaje por quién sabe cuántos días al otro lado del globo, por lo que este Mundial celebrado en tierra nacional parecía ser una oportunidad única para poder cumplir ese sueño, aunque la FIFA no lo iba a poner tan fácil.

Para empezar, a México le tocaron puras migajas. Solo 13 de los 104 partidos que conforman este torneo, y ni siquiera los más importantes. Después de Octavos de Final, todo se va a jugar en Estados Unidos y, basado en ello, en las oficinas de Suiza no se les ocurrió mejor idea que poner precios basados en la capacidad económica de los estadounidenses.

Lo que parecía ser la oportunidad perfecta para cumplir el sueño mundialista, se volvió cada vez más inalcanzable con unos costos ridículos para los partidos, a lo que se sumó la pésima gestión de los boletos en las múltiples “fases de venta” que se establecieron. A pesar de todo, lo intenté. No me quería quedar sin ir a un Mundial en mi país.

En todas estas etapas estuve. Saqué la tarjeta que había que sacar, me formé en filas virtuales de ocho horas, estuve actualizando cada treinta segundos el correo para ver si había sido elegido en la fase de sorteo… y todo sin éxito. No hubo modo de conseguir boleto de manera oficial, al menos no uno que costara menos de 40 mil pesos.

Quedaba una alternativa, no la idónea ni la más confiable. Una que le ha hecho mucho daño a estos eventos… pero que se había convertido en la única opción: la reventa. Y fue así como, con el miedo latente de caer en una estafa a pesar de hacerlo en “un sitio bien establecido”, me hice con mi entrada para ir a ver a Japón contra Túnez.

No, no era el partido más atractivo del Mundial. No, no era un juego de México. No, no era un duelo de matar o morir. Sin embargo, tenía su encanto. Los nipones se han convertido en un frecuente animador de estos torneos, y llegaban de un proceso previo ejemplar donde habían vencido a equipos como Brasil, Inglaterra y Alemania; mientras que Túnez siempre está en las Copas, y aunque nunca pasan de ronda, ya consiguieron resultados importantes como su triunfo en Qatar ante Francia.

Al haberlos adquirido varios meses antes del certamen, vinieron días de mucha incertidumbre, pues la FIFA no había establecido las fechas para el traspaso de los boletos, y la posibilidad de que nunca llegara nada (como lamentablemente le está pasando a mucha gente que compró en el mismo lugar) era cada vez más tangible, pero, afortunadamente y aunque suene hasta hipócrita, el de esta historia fue un revendedor honesto, y desde abril envió la entrada a través de los medios oficiales. Ya no había manera de falsificarlos. Iba a estar en el Mundial.

Llega la fecha marcada en el calendario: 20 de junio del 2026. El ambiente mundialista es palpable desde el aeropuerto. No sé que tan redituable esté siendo el nuevo vuelo de Volaris a Monterrey en sus primeros días, pero ese día fue un éxito rotundo. Avión lleno y, en algo que se volvería habitual en las próximas horas, repleto de camisetas de los Samurái Blue. Quién sabe cuántos potosinos hayan ido al partido, pero al menos los que viajaron conmigo, estaban con Japón.

Tras el corto vuelo, Monterrey nos recibe con la misma tendencia. La ciudad está pintada de azul (y no precisamente por Rayados), y a donde uno voltee, verá a un nihonjin diferente. Los asiáticos han invadido la Sultana del Norte.

Nuestros hermanos orientales no son las personas más tímidas, pues si bien se expresan con el respeto con el que usualmente identificamos a su sociedad, no dudan en emprender conversación con cualquier persona que vean con algo relacionado con su cultura.

Mi playera conmemorativa del título del Real Madrid en el Mundial de Clubes 2016 (celebrado justamente en Yokohama y Osaka) no pasa desapercibida en el transporte público saliendo del aeropuerto y, en uno de esos giros inesperados del destino, la primera japonesa con la que hablo no solo maneja un español bastante respetable, sino una procedencia muy interesante.

He de admitir que siempre tuve mis dudas en torno a cuánta gente realmente iba a venir a San Luis Potosí durante la Copa. No acababa de comprar esos discursos de que entre un partido y otro, los extranjeros en las sedes de nuestro país iban a realizar un turismo efectivo en tierras potosinas.

Sin embargo, ya no puedo decir que “nadie vino”. Tras entablar plática, mi nueva amiga nipona me pregunta que de qué parte de México soy,  y al escuchar que soy de potosino, reacciona con mucho más entusiasmo del que me hubiera imaginado. Resulta que ella no hizo base en Monterrey… sino en San Luis, donde ha pasado la mayor parte de su estancia en México. Quién sabe si sean muchos, pero al menos me consta que una japonesa sí vino.

Ya en el hotel, la corriente no cambia. La gran mayoría de los huéspedes son del País del Sol Naciente. Una minoría somos mexicanos. Y sí, sí hay tunecinos, pero en todo el inmueble, tan solo cuatro son de las Águilas de Cártago. Todos los demás, sean de allá o no, van con los asiáticos.

Y es que para para los locales es mucho más fácil empatizar con Japón que con Túnez. Es una mera cuestión cultural. En México, muchas personas crecieron viendo anime, y cuando una de las series más representativas de este estilo giraba en torno al futbol como Supercampeones, es natural que todos los que seguían los eternos partidos del Niupi iban a apoyar a los herederos de Oliver Atom.

Con los tunecinos es totalmente diferente. Es una cultura ajena, es otra religión. Las exportaciones del país africano no son tan conocidas como las del asiático, aquí su comida no es tan popular como la japonesa. Prácticamente, a menos que uno sea fanático de hueso colorado de Star Wars al grado de hinchar por el Tatooine de la vida real, es muy difícil que quiera ir con los ahora dirigidos por Hervé Renard.

El camino al estadio es una fiesta. La eterna pasarela que es la Expo Feria Guadalupe es folfklore mexicano en su máximo esplendor. De un lado, están bailando La Chona. Del otro, están tocando una versión norteña de El Sol No Regresa. El “quiere volar” que se ha popularizado durante la Copa aparece, y los orientales son lanzados al aire. Al lado de la fila, pasa una congregación religiosa con banderas de Jesucristo. Como siempre, México superando a la IA.

 

Hay gente vestida de Pikachu. Hay personas caracterizadas como peleadores de sumo. Las bandas de Naruto están a la orden del día y no escasean las pelucas dignas de Goku y Vegeta. Son menos de los que hubiera imaginado, pero no faltan las playeras de Oliver y Benji.

Lo que sí falta (y es la última vez que lo recalco), es la gente de Túnez. Por cada jersey de dicha selección, hay veinte de Takefusa Kubo

. Por cada uniforme del Esperance de Tunis, hay diez de Hidetoshi Nakata. Por cada camiseta del Africain, hay una del Monarcas Morelia (y no, no es broma).

El Estadio Monterrey (para que no se enoje la FIFA) es japonés, pero al mero estilo de la cocina, de una manera tropicalizada. Si tuvimos el atrevimiento de ponerle aguacate y arrachera al sushi (lo cual hasta les gusta a los nipones a los que les pregunte), por supuesto que los apoyaremos a nuestra manera.

Si los makis en México son una mezcla de las dos cocinas, los cánticos son la mezcla de las dos hinchadas. El término “Japón” desaparece progresivamente para ser sustituido por el “Nippon” (cómo se dice en su idioma de origen), mientras que los cánticos en japonés se pasan al español, formando el “Nippon, Nippon, Vamos Nippon” que se escuchará durante todo el partido.

Ya adentro, la en ocasiones hostil cancha de Rayados es una fiesta internacional. No faltan los ingleses representantes de la tierra donde naciera el futbol. Hay algunos escoceses seguidores del Celtic que fueron a apoyar a Daizen Maeda. Aparecen algunos coreanos a la espera del partido definitivo de su selección y hasta algunos iraquíes portando con mucho orgullo su bandera.

El partido mil en la historia del Mundial tiene una comunión en la grada que no hace más que crecer cuando Daichi Kamada completa una gran jugada colectiva y adelanta a los samuráis apenas a los cuatro minutos. El público se hace sentir: quieren que hoy, Japón aplaste a Túnez.

Ataviado en su característica camisa blanca que popularizó en Qatar 2022, Renard está desesperado en la banca tratando que su equipo reaccione, pero sus gritos no surten efecto; Aymen Dahmen hace una doble atajada espectacular para mantener la mínima diferencia, pero a la media hora de juego, Ayase Ueda saca un riflazo de fuera del área para clavar el 2 por 0.

El conjunto tunecino es un desastre, el repentino cambio de entrenador no parece haber surgido mayor efecto (tampoco es como que se esperara la gran cosa considerando que llegó cinco días antes) y Japón demuestra de nueva cuenta porqué es uno de los equipos llamados a animar poderosamente este Mundial y que su gran actuación contra Países Bajos no fue ningún accidente.

Los nipones se saben tan superiores que bajan el pie del acelerador en la segunda mitad, y eso se refleja en el estado anímico de la tribuna. Entendible, ya pasan las once de la noche, y cuando el partido no acompaña, la grada se empieza a apaciguar. El bajón de los decibeles parece ser una llamada de atención, y al 69′, Ueda se inventa un pase de genio para habilitar a un Junya Ito que no perdona en el mano a mano para poner el 3-0… esto ya es goleada.

Y entonces, uno de los momentos más memorables de la noche: la pausa de hidratación. Esta nueva medida de la FIFA ha sido detestada por la mayoría de la afición por “matar el ritmo del partido” y, sobre todo, por convertir los juegos en encuentros de cuatro cuartos con pausas comerciales de por medio. Entendible, yo tampoco era fan…hasta que las viví en el estadio.

Uno de los momentos que más recuerdo en mi vida viendo deportes y que más me hizo desear estar ahí no fue un gol, no fue un touchdown, no fue una canasta sobre la bocina. En los Playoffs de la NFL del 2015, los Patriotas de Nueva Inglaterra recibían a los Cuervos de Baltimore en la Ronda Divisional.

Fue un partidazo dramático (donde, para variar, ganaron Tom Brady y compañía), pero lo más memorable (al menos para mí) no fue eso. La parte más emocionante fue durante una de esas pausas que tanto abundan en el futbol americano, cuando al DJ del Gillette Stadium se le ocurrió poner “Your Love” y, como si fuera su himno nacional, los fans de los ‘Pats’ la cantaron a todo pulmón, enchinando la piel de quien estuviera viendo el juego.

No estuve ese día en Foxborough, pero en Monterrey viví la versión mejorada. Si el tercer gol nipón despertó al estadio, la pausa de hidratación lo puso en estado de éxtasis cuando en las bocinas retumbó “Livin’ On A Prayer” y, por un minuto, el Túnez vs Japón se transformó en un concierto de Bon Jovi, con las 50 mil personas presentes cantando a todo pulmón la historia de Tommy y Gina.

El ánimo estaba en su máximo esplendor para la reanudación del duelo, y acabó siendo un impulso para que Ueda completara su brillante actuación, y marcara el 4-0 definitivo con un cabezazo que acabó techando a tres tunecinos. Baile japonés en Nuevo León.

La salida del recinto no palideció. Alguien tuvo la brillante idea de poner “La Gata Bajo la Lluvia” en una bocina para que decenas de personas hicieran su mejor interpretación de Rocío Dúrcal. Los orientales seguían volando por los aires. Hasta unos suizos que andaban por ahí fueron tratados como celebridades.

En el camino de regreso al hotel, comienza la reflexión. Vivimos en un mundo en el cual parece que ser de países diferentes se vuelve cada vez en un problema mayor. Donde la ideología política se ha convertido en una manera de separar familias. En el que nos estamos acostumbrando cada vez más a los conflictos que a la armonía.

En el Mundial más polarizante de la historia, no todos fueron bienvenidos. Hubo quienes, simplemente por su origen, fueron enviados de regreso. Y, sin embargo, todavía habemos algunos que creemos en aquella mítica frase de Diego Armando Maradona: “la pelota no se mancha”.

Al menos por unas horas, Monterrey fue una fiesta. Nuevo León se convirtió en un sitio de hermandad para mexicanos, japoneses, tunecinos y demás invitados. En un país lleno de problemas y donde la gente está cada vez más dividida… hubo un lugar donde las distinciones se dejaron de lado y se demostró que, como lo reitera la FIFA en la transmisión de cada partido: El Futbol Une al Mundo.

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SSPCE descarta actividad delictiva tras reportes de drones en municipios potosinos

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El secretario Juárez Hernández informó que los sobrevuelos reportados en Tamazunchale, Rayón y la zona metropolitana han resultado ser operaciones autorizadas de empresas o trabajadores

Por: Redacción

La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del Estado (SSPCE) informó que los reportes sobre drones detectados en distintos municipios de San Luis Potosí no han estado relacionados, hasta el momento, con actividades delictivas.

El titular de la dependencia, Jesús Juárez Hernández, explicó que la Guardia Civil Estatal ha atendido los avisos ciudadanos recibidos tanto en la Huasteca como en la zona metropolitana, con el objetivo de descartar cualquier riesgo para la seguridad.

“Hemos recibido reportes, no solamente en Tamazunchale, sino inclusive aquí en la zona metropolitana. Hemos acudido siempre a ese tipo de solicitudes y, en la mayoría, creo que en su totalidad, han sido descartados como alguna acción criminal o alguna situación ilegal”, afirmó.

El funcionario señaló que, en la mayoría de los casos, los drones pertenecían a empresas o trabajadores que realizaban labores de medición, supervisión o inspección, aunque en algunos casos no se había informad o previamente sobre esas operaciones, lo que generó preocupación entre la población.

“A veces son los mismos trabajadores o las empresas que no habían avisado que estaban realizando algún trabajo o algún tipo de medición”, explicó.

Respecto a los reportes surgidos recientemente en Tamazunchale y Rayón, Juárez Hernández indicó que no contaba con información específica sobre esos casos, aunque señaló que es común que la Guardia Civil atienda este tipo de llamados para verificar que no exista la participación de grupos delictivos.

Añadió que la regulación del uso de drones corresponde a las autoridades federales, mientras que la función de la SSPCE consiste en responder a los reportes ciudadanos y descartar riesgos para la seguridad pública.

“Nosotros acudimos a los auxilios para descartar que sea algún grupo criminal o alguna banda que quiera estar observando alguna empresa; es una labor de prevención”, puntualizó.

El secretario reiteró que, hasta ahora, las inspecciones realizadas por la corporación no han confirmado el uso de drones con fines ilícitos en los casos reportados en territorio potosino.

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