enero 21, 2022

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#Si Sostenido

#Entrevista | 3 periodistas potosinas que han sido agredidas por funcionarios

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Amenazas, hostigamiento, ninguneos, insultos y manoseos son algunos de los actos de violencia que las reporteras han padecido por parte de trabajadores del gobierno

Por José Luis Vázquez

En el marco del Día Internacional de la Mujer, La Orquesta entrevistó a tres mujeres periodistas que de manera distinta, han sido agredidas por algún funcionario público de San Luis Potosí; y si en algo estuvieron de acuerdo, es que el hecho de ser mujer y periodista, las hace sentirse más vulnerables.

El primero de los casos es el de Leticia Vaca, una profesional que lleva más de un año ejerciendo su labor como periodista y quien el  pasado 3 de diciembre presentó una queja ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH) por hostigamiento de parte de funcionarios del Gobierno del Estado, y de la cual prácticamente se le recomendó desistir.

“Empezó el equipo de comunicación de gobierno del estado a intentar que no abordara al gobernador con cierto tema, me pedían que lo entrevistara pero sólo como una plática sin que grabara, obviamente no lo hice y eso les molestó; después de ahí me citan a una rueda de prensa donde habíamos muy pocos reporteros, al terminar me pidieron que me quedara para hablar pero no acepté, porque me pareció muy extraño”.

La entrevistada afirma que antes y después de la rueda de prensa, personal del gobernador tuvo muchos acercamientos hacia su persona, incluso llegando a abrazarla y agarrándola de la mano sin su consentimiento.

“Cuando me salgo de la rueda de prensa, empiezan a llamarme por un teléfono que no conocía y del cual nunca tomé las llamadas, me dejaron hasta un mensaje de que saliéramos a tomar un café, a mí ya me parecía que me estaban hostigando, obviamente niegan todo lo que pasó”, dijo.

De acuerdo con la queja, Leticia recibió un total de siete llamadas provenientes de tres números distintos para poder localizarla.

En ese sentido, criticó el actuar de la CEDH ante esta situación: “lo que ellos hicieron fue buscar la versión de los señalados y simplemente me dijeron: ‘tú ya dijiste esto, ellos dicen que no fue así (…)’; me dieron dos opciones, que en realidad se resume a una, que se ya se cierre el caso o decir que no estoy conforme pero de todas formas se cierra el caso, para mí no era una solución, yo esperaba que se hiciera una investigación o que se consultara a quienes estuvieron presentes para que pudieran avalar lo que yo estaba diciendo”.

Por su parte, Lizeth M., quien lleva más de dos años como periodista, detalló que fue agredida de manera verbal por parte de dos diputados de la pasada legislatura, según relata, los funcionarios saben el poder que ostentan y del cual hacen gala con este tipo de acciones.

“Te intimidan porque son personas que ocupan un cargo superior a ti. La manera en que te lo dicen, lo hacen con toda la intención de intimidar y lo logran. Te hacen menos, que te digan que tú no sabes hacer tu trabajo es molesto porque que cada quien hace lo que se nos pide y si hacer mi trabajo es hablar bien de una persona, tenemos los conceptos equivocados, creo que el periodismo se trata de criticar”, externó.

Luego detalló: “Fue por parte de un diputado de la pasada legislatura, me mandaron hacer un monitoreo de la asistencia de los diputados, al terminar el registro obtuve como resultado que esta persona era uno de los diputados que más inasistencias tenía en el legislativo por lo cual se elaboró la nota correspondiente; luego del paso de un par de días, yo tenía que entrevistarlo, cuando me acerco a él lo primero que me dice es que esa nota en específico era una ‘chingadera’, dijo que esa nota era algo muy ofensivo para él, seguido le dije que cuál era el problema y me dijo que yo no sabía hacer mi trabajo”.

“Tú no sabes hacer tu trabajo, no sabes en qué problema me metiste, mis amigos de Monterrey me dicen que estoy cobrando y no voy a trabajar”, le reclamó el legislador.

Luego de ese momento, la periodista comentó que una compañera escuchó el altercado y lo público a través de sus redes sociales, “pasaron los 10 minutos y en eso el diputado me contactó por WhatsApp y me mando la captura de pantalla de ese comentario, me puso que eso no era lo que él había puesto y me volvió intimidar”.

Lizeth M. dio cuenta sobre una agresión verbal más, cometida por otro diputado: “fue cuando critiqué el trabajo de un diputado priista también de la pasada legislatura, cuando me acerqué a entrevistarlo de una manera grosera y exaltado me dijo: ‘tú ni te me acerques, yo a ti no te voy a dar ninguna entrevista’, todo el mundo estaba escuchando como el diputado me estaba gritoneando”.

Otro caso registrado en la comunidad periodística es el de la reportera Fernanda Padilla, quien no solo recibió empujones por el personal del oficial mayor del ayuntamiento de San Luis Potosí, sino también la orden directa de un funcionario altanero para que publicara lo dicho en una rueda de prensa y evitando así sus cuestionamientos.

“Todo ocurrió cuando convocan a una rueda de prensa, el personal de comunicación social del ayuntamiento capitalino nos había informado que el oficial mayor iba atender a medios, por eso no lo agarramos previamente; en esta rueda de prensa solo dio los datos que él quiso pero pues yo traía otros temas; cuando dicen que ya se va, se va de la sala y mi primer instinto es conseguir la información porque es mi trabajo, salgo detrás de él y cuando empiezo preguntar sobre cierto tema una persona que estaba a lado de él empezó a empujarme ligeramente”, precisó.

Después de ello, Fernanda agregó: “en el momento no lo sentí, sino hasta después cuando vuelven a empujarme y ahí me surgió esa sensación de miedo, sobretodo porque estábamos sobre unas escaleras; luego, cuando estábamos cerca de su oficina insistí con mis preguntas y el oficial mayor voltea y me dice: ‘tú encárgate de sacar la información que ya te di’, como si él me diera las órdenes de información o como si fuera mi jefe, en lugar de contestar mis preguntas prácticamente me amedrentó”.

La periodista relató que luego durante este tipo de percances no se sabe cómo reaccionar: “no sabes ni cómo actuar, pero el miedo está ahí latente, te inunda una desesperación muy grande, (…) te bloqueas, no sabes qué hacer, la forma en que te contestan, esa manera tan despectiva, da cierto coraje, es una sensación de impotencia”.

La Orquesta : ¿Confías en que las autoridades dan seguimiento a las denuncias hechas por periodistas?

Leticia Vaca: Yo no confío en las instituciones porque creo que lamentablemente están ligadas a los entes de gobierno, aunque tú vayas y presentes tu queja realmente queda en un mero trámite y sólo formas parte de la estadística, ellos te meten en su informe de atención de víctimas pero ahí quedas, en un simple número, a mi no me dieron ninguna solución.

Lizeth M.: Yo no confío en las autoridades pero creo que es importante denunciar porque es necesario dejar un precedente, es necesario que quede asentado por si alguna situación llegara a pasar, se vaya por la persona que ejerció alguna amenaza o intimidación.

Fernanda Padilla: Mi sentir de ciudadana es que no hay nada, te puedo decir que no hay confianza, pero hay que tratar de tenerla.

 

La Orquesta: ¿Consideras que el hecho de ser mujer en el ámbito periodístico te hace más vulnerable?

LV: Sí eres más vulnerable, yo no he visto que las cosas que nos han pasado a mí o a mis compañeras las hayan vivido hombres, no tengo referencia de eso.

LM: El hecho de ser mujer y ser periodista sí genera una problemática más a la que se podría enfrentar cualquier reportero, podría asegurar que muchas de las agresiones que he tenido han sido principalmente por mi condición de ser mujer.

FP: Sí hay una diferencia, siento que de alguna manera los funcionarios dan más respeto a los compañeros hombres que a las mujeres, por ejemplo, la forma en que responden a mis compañeros es diferente a la manera en que responden a mí.

 

La Orquesta: ¿Qué consejo das a la mujeres periodistas en torno a este tipo de situaciones?

LV: Si no encontramos una solución denunciando pues mínimo lo evidencias, mínimo dices esta persona me agredió y lo das a conocer, a lo mejor es un antecedente para que no haya futuras agresiones porque ya nos estamos atreviendo a denunciar, ya estamos señalando a las autoridades, entonces a lo mejor es una manera de blindarnos un poco.

LM: Creo que es importante hacernos escuchar porque a veces optamos por callarnos y eso provoca que las agresiones continúen, si hiciéramos una presión al denunciar lo que nos ocurre podríamos poner fin este tipo de problemas.

FP: Hay que poner un alto y hacer una diferencia para que no continúen estos hechos, es muy importante denunciar y dejar el precedente, es algo trascendente en los casos para que los funcionarios no continúen manejándose en la impunidad y tratándonos como poca cosa.

 

También lea: (VIDEO) Sugieren a periodista agredida por taxistas, que denuncie ante el MP

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¿Arte sano? | Columna de León García Lam

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VOLUTA.

El campo de las artesanías tiene más contradicciones que un recinto lleno de diputados. Ahí están las artesanías mexicanas tan coloridas, tan bonitas, tan sorprendentes… ¡tan curiositas!, pero ¡ay, no son obras de arte! Sí, son bonitas, nadie lo niega, pero a diferencia de las obras de arte, es que las artesanías las fabricó un artesano para venderlas, y aunque no las fabricó en serie, no son objetos únicos: cualquier gringo de medio pelo ha comprado un ídolo de barro que parece prehispánico, cuántas chicas tienen atiborrados sus alhajeros de aretes huicholes y muchas familias presumen una escultura tolteca en la sala de su casa o, por lo menos, han regalado una muñeca otomí.

Dicen los expertos, que las obras de arte se hacen por el arte mismo (aunque se vendan) y son piezas únicas (aunque existan copias). Las artesanías generalmente van acompañadas de una función: sirven para hacer chocolate como los molinillos, para protegerse del frío como los rebozos y sarapes, para jugar como los trompos y baleros, para regalarse como esos perros de feria que tienen un hoyo debajo o para consumirse como la pirotecnia hoy tan odiada en algunos sectores de petfriends.

Es un problema, porque lo que algunos funcionarios públicos achacan a las artesanías es que, estarán muy bonitas las máscaras que fabrican en la Huasteca, pero no sirven para nada. Casi nadie que compre un petate lo usará para dormir y las ollas de alfarería indígena no se usarán para cocinar nada. Así que el trabajo de algunos funcionarios públicos es encontrar una utilidad a las artesanías: las figuras de barro pueden ser portalápices, los petates alhajeros, los bordados tortilleros, las máscaras pueden volverse souvenirs si se hacen más pequeñas y se les pega un imán detrás y hay a quién se le ha ocurrido hacer aretes con piedras de cantera rosa esculpidas por artesanos de Escalerillas. Lo que sea con tal de “atraer al mercado”.

También es un problema porque otros funcionarios han insistido en revalorar las artesanías como parte de la identidad y del patrimonio cultural. No se trata sólo de un quechquémetl, sino es toda una visión del mundo, un mapa del universo que una anciana sabia tejió y bordó con sus manos pensando en sus ancestros y que agradece que una turista se lo haya comprado sin regatear mucho, para poder pagar la recarga de su celular y poder recibir la llamada de su hijo migrante.

Las instituciones, autoridades, funcionarios públicos y académicos lograron la especialidad de la casa: un revoltillo de contradicciones. Hoy no se sabe, si las artesanías deben ser dirigidas por una política cultural (a cargo de la Secretaría de Cultura), de asistencia social (DIF), de desarrollo social (Sedesol) o de Desarrollo Económico (Sedeco) o de Turismo. Tampoco se sabe si se debe seguir impulsando su desarrollo financiero para que los artesanos puedan competir contra la oferta china convirtiéndolos en fábricas, si los artesanos deben adquirir capacitación administrativa para convertirse en empresarios, si deben adaptarse a lo que el mercado les pide, o si deben educar al mercado.

Hay quién se pregunta ¿hasta dónde deben seguir produciendo la misma artesanía que cada vez resulta más caro producir y vender?

En Michoacán, los artesanos reboceros, recibieron apoyos múltiples de su gobierno del estado y de los capitales migrantes (y otros innombrables) para el establecimiento de pequeñas fábricas textiles a lo largo de toda la meseta. Los trajes purépechas ahora se bordan en computadora y han diversificado toda clase de prendas: guayaberas, quechquémetls, rebozos, blusas y rollos. Los fabrican casi en serie y los venden a todos precios, dependiendo de la calidad de los materiales y el tipo de prenda. Hay para todos los bolsillos. Las chicas purépechas, uaris, el día de una fiesta en Cocucho, para presumir usan un rebozo de Santa María del Río…

Todo esto se lo comento, estimado y culto público de La Orquesta, porque todo indica que el problema de las artesanías en San Luis Potosí le seguirá dando dolores de cabeza a varios funcionarios de gobierno.

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Playa | Un texto de Eduardo L. Marceleño

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Merecíamos viajar de otra forma, estar juntos y no lejos. Mientras dure esta locura quiero estar contigo.

Hay personas que piensan que volar es un asunto muy sencillo, yo pienso que es un asunto extraordinario. En mi casa, volar era un asunto serio.

Caminábamos por la carretera en el desierto de Sonora, a un costado del Mar de Cortez. Para mí el calor nunca ha sido problema, por el contrario, suelo celebrarlo.

Mientras se hacía de tarde y los niños jugaban futbol en la playa paramos en un puesto que vendía pescado frito. Nos comimos nuestros buenos ejemplares y de a poco la celebración del sol mostraba sus efectos. Puse la mirada en las burbujas que deja la cerveza sobre los bordes del vaso, estas reventaban según me perdía en una suerte de hipnosis provocada por el golpe de calor.

La señora del puesto de pescados llamó a los niños a cenar. Dejaron la pelota para jugar con nosotros. Tiraban de mi ropa y se correteaban alrededor de nuestra mesa. Gritaban y se divertían con la presencia de unos extraños, acorralando el momento de que llegara la cena servida.

Luego se hizo de noche y yo ya me había bebido unos ocho o diez vasos de cerveza. Me levanté al baño, es decir, a la playa. T una vez me dijo en Mazatlán que uno tiene permitido mearse dentro del mar. La diferencia con Guaymas, Sonora, es que para mearse dentro del mar hay que espabilarse y soportar las frías aguas del angosto y silencioso Golfo de California, a diferencia de Mazatlán donde la fuerza del Pacífico Norte genera un buen oleaje y una temperatura deliciosamente templada, factores que, por otro lado, ayudan a disimular frente a la demás gente el calor de los meados esparcidos en el agua.

No quería que los niños me vieran orinar, ni mucho menos faltar al honor de la familia que tan bien nos había recibido en su puesto de pescados, pero tampoco estaba dispuesto a mojarme. Así que caminé sobre la playa hasta alejarme lo suficiente y perderme de la vista del puesto.

Al volver, todos los puestos de comida se habían cubierto de un velo oscuro. Cada que se me hace de noche en la playa me siento en la obligación de recordar a T aunque yo ya no lo quiera, y a sentir algo que ya no siento. El rumor de su voz crece en el silencio, como gotas de agua que escurren de una llave rota en medio de la noche, pequeños golpes casi inaudibles que en conjunto se vuelven un prolongado fastidio.

Es como si gracias a ella hubiera conocido el mar, y no a esa ocasión cuando a los 8 años fui a pescar con mis tíos a Nayarit. Todas mis memorias acerca del mar se remiten a mi único encuentro con T.

Si todo esto se tratara de un libro único, no dejaría de escribir interrogantes existenciales en torno al mar y a la persona que aparece frente a ti para mostrártelo de forma diferente a como lo veías antes.

A menudo chapoteamos tranquilos desde una tierna infancia, dentro de la pequeña piscina de nuestras más afianzadas comodidades. Luego, sin avisar, llega alguien a sacarte del chapoteadero para llevarte a nadar a las heladas aguas del cálculo adulto. Entonces todo se estropea, y no importa una mierda que hayas aprendido a asearte como los osos en medio del verano, o que conozcas el bosque como la palma de tu mano. Ahora todo se trata de saber nadar.

Si volar es extraordinario para unos, nadar es imposible para otros.

Puede que todo este asunto del mar o de ella tenga que ver con el propósito sexual de la gratificación narcisista. El dominio que uno tiene sobre el terreno del otro. Acaso pensarlo responde a un entendimiento más práctico, aunque no por ello menos frío.

Por lo demás, puedo decir que la calle o el monte ha sido lo que me ha salvado antes, y lo que pueda salvarme ahora; y volar me siga pareciendo increíble. Aunque, a qué negar, que nada pueda compararse con la inmensidad del mar. Algunas veces hay que meterse a nadar dentro del oleaje, o a jugar en el gran chapoteadero del mundo, como según se le vea.

Al llegar al puesto escuché poco ruido. Cuchicheando, la familia de los pescados fritos guardaba los utensilios en bolsas de mimbre. Los niños dormían, rendidos en los hombros de un hombre fornido que cuidaba de su sueño, supongo que se trataba del padre.

Agradecí, pagamos y nos fuimos. En el camino, ella me explicaba lo agradable que es volver a casa de noche caminando sobre la playa, después de haber pasado el día celebrado el calor de Sonora.

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Filosofía para qué | Columna de León García Lam

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VOLUTA

 

Ahora que nos encontramos justo en la antesala de los universos virtuales, se podría calcular que las actuales redes sociales son tres cuartas partes hate u odio. La UNICEF ha informado que, en los tiempos de covid-19, la participación en redes sociales se incrementó un 61%, con el consecuente aumento en las agresiones digitales: prácticamente no existe persona que, ante la exposición de imágenes o comentarios no haya sufrido comentarios hirientes por parte de su propio círculo de amistades virtuales y créame que no hay explicaciones para las causas de este fenómeno, personas expertas piensan que simplemente es porque así somos los seres humanos. Yo quiero proponer aquí una hipótesis: El hate se debe a la convergencia de dos tendencias, por un lado, algo que es muy fácil de observar: se ha generado una gran facilidad de opinión (la democratización de las redes) y por otro, algo que es muy difícil de reconocer, la falta de argumentos que casi todos padecemos.

Métase como espectador a una discusión en redes sociales y verá las ganas que dan de decirle a alguno de los participantes lo muy ignorante, estúpido, animal, baboso y bestia infinita que es y de paso a su progenitora que debió ser incapaz de tomar ácido fólico durante el embarazo. Ese es el nivel de cualquier discusión, no importa el tema. Esas discusiones se ganan insultando a desconocidos, profiriendo maldiciones como si se estuviera corriendo chamucos de la casa y yo pienso que se debe a una enorme falta de argumentos.

Ahora bien ¿a qué se debe esa falta de argumentos? ¿de dónde debimos obtenerlos? Yo pienso, estimado y culto público de La Orquesta, que esos argumentos provienen de la filosofía. Desde hace décadas, la tendencia educativa ha sido marginar las materias filosóficas de los planes de estudio como lógica, ética o estética, esos temas fueron erradicados de la currícula de varias carreras y de los estudios de bachillerato, bajo el argumento creciente en popularidad de que estas materias no ofrecen ninguna utilidad práctica.

Así como las matemáticas sirven para que a uno no lo hagan menso con el cambio en la tiendita de la esquina, la filosofía sirve para tener argumentos, o bien para reconocer que no se tienen.

Las discusiones son muy necesarias para la democracia, porque generan opinión, construyen puentes de diálogo, señalan convergencias, pero también nos indican flaquezas y errores. Para sacarle jugo a una democracia, se requiere de hartas discusiones sobre todos los temas, pero también se necesita de reglas: no se vale faulear al contrincante, ni tirar el tablero cuando se va perdiendo, ni llevarse el balón como niño emberrinchado, hay reglas para argumentar: es decir entender cuándo se puede generalizar, cuándo se debe particularizar, en qué condiciones se puede comparar, etcétera. Es decir, discutir sin falacias y mucho menos sin meterse con las engendradoras, ni con los defectos personales de las contrapartes. Eso se aprende en las clases de filosofía y por ello, hoy vemos cómo la filosofía es más necesaria que nunca.

Esto se lo comento, estimado y Culto Público de La Orquesta, porque nos rodean escenarios muy extraños, por ejemplo, mientras que en las cámaras de diputados y senadores la política nacional se revuelca en un lodazal de insultos, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí planea suspender la oferta educativa 2022 de algunas carreras (se sospecha que Filosofía está entre ellas) por falta de interés de los estudiantes.

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