enero 30, 2026

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#4 Tiempos

El virus de la corona | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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coronavirus

Enred@rte

 

Entre alarmismo y realidad, el COVID-19, en lenguaje coloquial denominado coronavirus, desafía a la ciencia y al manejo informativo en las omnipresentes redes sociales para un sector importante en nuestro país y el mundo.

Desafía al sentido común y demanda fraternidad universal para atender la contingencia con generosidad, oportunidad y sentido de la otredad; o de la existencia de los demás, igual que yo, en condiciones de riesgo.

En nada ayuda antes de llegar a una crisis severa, que haya quien acapare gel antibacterial, jabón y papel higiénico, sí, remediando lo propio dejan en desventaja al vecino y de ahí puede venir el crecimiento exponencial multiplicador 2, 4, 8, 16, 32, … etcétera de contagios.

Reeducación más allá de la coyuntura

Jorge Zepeda Paterson, como siempre, es atinado y evalúa el fenómeno en prospectiva y no sólo en la perspectiva fatalista: “Supongo que la tragedia que nos abruma es más fácil de sobrellevar con el descargo liberador que supone culpar a un chivo expiatorio, llámase Claudia Sheinbaum, Andrés Manuel López Obrador, Manuel Bartlett o por qué no, Robben, quien fingió el penalti con el que nos eliminó Holanda en el Mundial de 2014. Cualquier cosa antes que aceptar que tenemos que sufrir padecimientos y sacrificios porque alguien nos los pide en nombre de todos. Siempre será más fácil crucificar al mensajero de las malas noticias, así sean para prevenirnos de males mayores. Espero que los mexicanos estemos a la altura de la crisis que se nos viene encima, a condición, claro, de que podamos superar rencores, golpes de pecho y dedos flamígeros. Una pandemia es ya un flagelo demasiado terrible para que además la convirtamos en una epidemia de odio”.

Los alarmismos

En el transcurso ascendente, hoy decadente, del neoliberalismo, hay evidencias palmarias de:

  • La degradación del salario y, por tanto, menosprecio al trabajo. En México 30 años de poder adquisitivo en bajada y aumentos salariales píricos. Excepto, entre 2019 y
  • Sobre-ponderación del “estatus” social liado al consumismo; esto es, vales por lo que tienes, y no por quién, cuándo y dónde
  • Vales por un color de piel, un idioma, una clase social, una capacidad de consumo, adquirida por ascenso laboral; pero, también, por la posibilidad de enriquecerte a cualquier precio y atropellando lo que sea. ¿No es esto un modelo para acceder, al crimen organizado? Si no naciste en condición de privilegio y todo te incita a tener, arrebata y corrompe autoridades para garantizar
  • El desplome del sentido del ahorro (gasta porque se devalúa la moneda frente al dólar, el euro…); consume porque la vida es efímera.
  • El dinero tiene valor agregado tan sólo para los bancos; porque no te dan una remuneración justa por guardar el dinero; pero ellos sí pueden prestar con intereses usureros e imponer toda suerte de, y si entras en litigio, ellos cuentan con abogados leguleyos, tú eres un simple prescindible.
  • Adquisición de productos electomagnéticos (celulares, pantallas, computadoras); además de costosas son de vida
  • Existencia en frenesí, vive intensamente
  • Abunda el cine de acción sin sentido (hiper-fragmentación y deformación de la realidad; acción, acción, acción y triunfo de superhéroes –condición de irrealidad y de imposibilidad para que el espectador se asuma como actor fuera de la sala de cine o la pantal la casera-); situación esa orientada al consumo de combos compuesto por ¿alimentos? chatarra. Volumen sonoro excesivo dentro de las salas de cine comercial para afianzar el condicionamiento aturdidor/consumista.

Un ejemplo premonitorio a orillas del mar Mediterráneo

Desde Italia (dónde hay medidas estrictas de seguridad; no viajes interurbanos y aislamiento severo durante un mes), el escritor Francesco Forgione, (Delito), residente en Palermo (colaborador para México con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga

y él, en un Especial para el diario La Jornada, publicó ayer estas reflexiones que para nosotros mexicanos es una suerte de premonición respecto a lo que podríamos vivir en breve. Motiva también a la reflexión y reeducación en nuestras vidas:

  • Las redes sociales y el Whatsapp se convirtieron en el principal medio de comunicación, incluso entre departamentos del mismo edificio, porque está prohibida la comunicación directa. En estos días dejaron de ser herramientas de individualismo y
  • Es una situación que cambia nuestros hábitos de vida. Vamos a cambiar nuestra relación entre la vida y el tiempo: no es el trabajo o el ritmo impuesto por la organización productiva, laboral y pública que determinan nuestra relación con el tiempo, es (…), sobre todo, el miedo, siempre más difundido que él
  • Lentamente el miedo se va a transformar en conciencia y lentamente –más o menos después de tres semanas– se está convirtiendo en conducta social y de responsabilidad propia.
  • Leer libros, ver películas, escuchar música en casa: ¿cuántas veces hemos pospuesto esta necesidad del espíritu y de la vida por falta de tiempo? Como cuidar los niños fuera del tiempo que pasan en la escuela, o los abuelos y los ancianos. El tiempo nunca es nuestro y no entendíamos su valor, sólo nos era permitido en las
  • El ritmo impuesto por una sociedad y un modelo productivo que mide el tiempo en dinero nos ha llevado a no considerar la dimensión cultural y espiritual como fundamental para la calidad de vida y de las relaciones humanas y sociales. El coronavirus, en este tiempo de prohibiciones, nos ayuda a descubrirla.
  • Cuando esta pandemia termine, creo que el proceso de globalización modificará su forma y naturaleza; la economía global cambiará su rostro y el modelo capitalista –así como en todas las crisis estructurales de su historia– vivirá un proceso de reorganización y la creación de un nuevo equilibrio
  • Una cosa es segura: quienes pensaban que después de la globalización se regresaba al mundo de las fronteras cerradas, de los muros contra los migrantes y de los aranceles aduaneros, hoy pueden ver cómo el mundo es cada vez más una aldea global poblada de hombres y mujeres y no sólo un mercado salvaje sin reglas, y por eso necesita una nueva idea solidaria y humanista.

Adenda final

Derivado del mismo momento crítico arriba consignado, desde la tarde del sábado, el dramaturgo y director teatral Rodrigo Solo, anunció en su muro de Facebook, la suspensión de la puesta en escena de la obra de su autoría “Valta el encuentro” en el teatro del IMMS, institución del sector salud que (en la preocupación del dramaturgo) es deseable y de elemental sentido solidario, compartirá riesgos y devolverá anticipos a este proyecto teatral montado con el apoyo del colectivo de gestoría y promoción artística ATRIO 4.

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#4 Tiempos

Una prueba de carácter | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

Por: Redacción

El partido de este fin de semana entre Atlético de San Luis y Chivas no es uno más en el calendario. Llega en un momento donde ambos equipos necesitan algo más que puntos: necesitan convicción. En una liga que castiga la duda y premia la determinación, este duelo se presenta como un examen incómodo, de esos que no se aprueban solo con intención.

San Luis llega con la sensación de haber entendido, por fin, cómo competir mejor en su propia narrativa. No es un equipo espectacular, pero sí uno que ha aprendido a sostenerse, a incomodar y a no regalar partidos. En casa, el exAlfonso Lastras y ahora llamado Libertad Financiera, suele convertirse en un escenario exigente para cualquiera, y este encuentro no será la excepción. San Luis sabe que estos partidos son los que construyen temporadas: vencer a un histórico no solo suma en la tabla, también fortalece el discurso interno y ojo aquí, que en su casa, las Chivas solo han podido vencerlo una vez.

Del otro lado aparece superlider Guadalajara, siempre cargando con el peso de su nombre. El Deportivo llega a este compromiso envuelto en la presión habitual que lo acompaña: la obligación de ganar incluso cuando el funcionamiento no termina de convencer. Chivas ha mostrado destellos, pero también lagunas que lo hacen vulnerable, especialmente cuando se enfrenta a equipos ordenados, intensos y sin complejos, justo el perfil que suele adoptar San Luis.

El choque promete ser más táctico que vistoso. San Luis buscará cerrar espacios, obligar a Chivas a jugar incómodo y capitalizar cualquier error. Guadalajara, en cambio, intentará imponer ritmo, pero deberá hacerlo con paciencia, porque la desesperación suele ser su peor enemiga

. Aquí, el partido puede definirse en detalles mínimos: una pelota parada, una distracción defensiva o una decisión tardía.

Hay, además, un componente emocional que no se puede ignorar. Para San Luis, ganarle a Chivas representa confirmar que su proyecto es capaz de competir contra cualquiera. Para Chivas, perder sería otro golpe a una confianza que se recompone con dificultad. En ese cruce de necesidades, el margen de error se reduce al mínimo.

Este tipo de partidos rara vez se recuerdan por su belleza. Se recuerdan por lo que provocan después. Una victoria puede impulsar a San Luis hacia una recta más tranquila; una derrota puede volver a colocar a Chivas bajo el reflector de la crítica. El empate, en cambio, dejaría a ambos con la incómoda sensación de haber dejado algo en el camino.

El fin de semana pondrá frente a frente a dos equipos con realidades distintas, pero con una urgencia compartida: demostrar que pueden sostener una idea cuando el calendario empieza. En la Liga MX no siempre gana el que juega mejor; suele ganar el que entiende mejor el momento.

San Luis y Chivas están justo ahí, frente a un partido que no promete fuegos artificiales, pero sí consecuencias. Y en este torneo, eso suele ser mucho más importante.

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El Cronopio

El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.

En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.

El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.

González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador

, entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.

El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.

Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.

Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.

Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.

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#4 Tiempos

La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.

Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.

En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.

Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.

Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.

Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.

Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.

Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.

Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.

Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.

«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.

 

Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud

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