julio 31, 2026

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#4 Tiempos

El ruido de la vida | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

No se escribe impunemente. No se encierra uno en una habitación para llenar páginas y más páginas, alejado de todos, sin pagar después las consecuencias. ¿Hay algo que exija tanta soledad como la escritura? Se dice que las paredes de la habitación de Marcel Proust estaban forradas con una capa de corcho para evitar que llegaran hasta él los ruidos de la vida. ¡Ah! ¿Por qué encerrarse en un aposento mal aireado cuando la noche es tan fresca y la luna tan blanca? ¿Por qué escribir cuando se podría gozar? Se dice de otro escritor que, a la hora de ponerse al trabajo, se taponaba con algodón los oídos para que el rumor del exterior no turbara el orden de sus pensamientos; y de otro más que incluso se amarraba a su silla –como Ulises al mástil de su embarcación- para no irse, como todo el mundo, a solazarse con el dulce cantar de las sirenas.

El escritor necesita aislamiento, soledad. Pero pronto sucede algo que de ninguna manera había previsto: que esta soledad, poco a poco y sin que él lo advierta, va convirtiéndosele en hábito: en un hábito malo, es decir, en un vicio.

Julien Green, el famoso novelista, se quejaba en uno de los volúmenes de su Diario del excesivo silencio que rodea a los novelistas y exigía por el amor de Dios un poco de ruido: «Aunque no aquí, donde escribo –añadía, impenitente- sino en la habitación de al lado». Todo escritor, por mediocre que sea, tiende a tomar distancias, a apartarse de los demás: es su oficio el que lo exige…

¡Cuántas invitaciones rechazadas, cuántos diálogos interrumpidos, cuántos encuentros frustrados sólo por acabar una página, un capítulo, un párrafo que mañana por la mañana, enfadado, insatisfecho, este mismo que lo escribió echará sin compasión al bote de la basura! Si se hubiese atrevido a ir a aquel lugar, donde lo solicitaban, acaso habría consolidado una amistad, o comenzado una nueva, pero no lo hizo para «aventajarle al trabajo», como suele decir. Y, así, aunque pudo poner punto final a aquello que se traía entre manos, hoy está más solo que nunca, o, por lo menos, más solo que ayer, porque sus amigos no piensan seguirlo invitándolo ya a sus cenas y reuniones. ¿Para qué, si nunca va a ellas? ¿Para qué, si raramente aparece? El pecado del escritor es el pecado de la soledad. Y lo sabemos: «No es bueno que el hombre esté solo».

Una vez, caminando por una sombría calle de Praga, Franz Kafka hizo la siguiente confesión a su amigo Gustave Janouch: «El trabajo intelectual arranca al hombre de la comunión humana, mientras que el trabajo manual lo lleva hacia los demás hombres. ¡Qué lástima que no pueda yo trabajar en un taller, o por lo menos en un huerto!». El comerciante, el labrador, la ama de casa conversan constantemente con otros comerciantes, labradores o amas de casa: se saludan, se hacen preguntas acerca del estado del tiempo, se informan recíprocamente acerca de las virtudes del nuevo detergente salido al mercado. Pero el escritor, no: éste habla poco incluso con otros escritores. Es un perro mudo.

Al final de su vida, François Mauriac se espantaba de su propia soledad y se criticaba a sí mismo por  no haber frecuentado más a sus amigos para dedicarse a este tormento sin fin que es la escritura; literalmente, se daba golpes de pecho lamentándose de que el tiempo hubiera pasado tan de prisa y fuera ya demasiado tarde para intentar con ellos algún acercamiento. Escribió así en Lo que yo creo

: «Nunca, en ningún momento de mi vida, he estado realmente asociado a una vida parroquial como la que admiraba desde  fuera en Saint-Séverin, o en Saint-Sulpice, o en Saint-Germain-des-Près. He sido incapaz de ello, me ha repugnado siempre, y al igual que en el colegio yo era el que rehusaba tomar parte en los juegos comunes y a causa de ello pasaba por tener mal humor, mi instinto me ha mantenido siempre aparte del rebaño. Sí, me doy golpes de pecho y confieso que he sido el artesano de mi soledad en el seno del rebaño cristiano».

A menudo se habla de la sensibilidad del escritor para referirse a ese no sé qué de nostálgico que hay en él; en realidad es un ser nostálgico, sí, pero no por ser escritor, sino por estar solo demasiado tiempo. ¿Quién lo librará de este círculo vicioso? Quería, por un lado, romper de una vez por todas esas cuartillas malditas que lo atan a su escritorio, y, por el otro, si le quitaran la posibilidad de llenar esas cuartillas, no sabría qué hacer con su vida.

El otro pecado del escritor es, pues, la impenitencia. Se sabe solo, sabe que no debiera ser así, que debería asomarse al mundo aunque sólo fuera por un ventanillo, pero la verdad es que se queda donde está haciendo lo que hace.

 

Voy a romper la pluma. Ya no la necesito.

Lo que mi alma siente yo no lo sé decir.

Persigo la palabra y sólo encuentro un grito

roto, inarticulado, que nadie quiere oír.

 

Así se quejaba Gerardo Diego en una de sus primeras poesías. Pero nos engañó, pues ni rompió la pluma ni, por lo que sabemos, dejó de escribir versos. ¡Qué remo tan pesado es una pluma! Hoy mismo, para acabar este artículo, he tenido que postergar una ida al cine, lugar al que no voy desde hace algo así como cuatro años y medio. Ahora bien, ¿me invitarán mis amigos otra vez a salir con ellos? Desde la cocina escucho una voz que me dice que ya es hora de cenar. Pero yo no hago caso y escribo un párrafo y otro más. Tengo que terminarlo hoy, pues mañana ya no podré. Hoy mis parientes cenarán sin mí. ¿Y no es esto –me digo a mí mismo- un pecado, un pecado de soledad? Y, sin embargo, aquí está el artículo. Me costó una cena con los míos, además de una ida al cine, pero aquí está. Ojalá haya servido de algo el sacrificio… ¿He dicho cosas –como dijo el poeta- que nadie quiere oír?

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Acento Ajeno

Las murallas de Chapultepec | Columna de Haniel Valdés

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Acento ajeno

Por: Haniel Valdés Velázquez

La ciudad de las piscinas a desnivel, los puentes verdes y las licencias gratuitas, tiene un nuevo debate público, que lo mismo puede parecer ataque político vestido de periodismo ciudadano.

Resulta que a muchos cochistas les molestan los nuevos topes de la Avenida Chapultepec, porque autos volaron sobre ellos en su primera noche. Los quejosos voladores aducen a través de reportes, que aún los topes no estaba bien señalados; lo cierto es que quien va a la velocidad permitida, no sale volando.

Por primera vez una obra vial a nivel de la calle ocupa portadas y titulares en los medios, porque para los ingenieros viales o expertos de turno la solución siempre es que el peatón suba y baje 200 escalones de horribles estructuras de hierro o que los autos sigan a 100 km/h sobre un puente o paso a desnivel.

No soy un experto en ingeniería urbana, por lo que no pretendo entrar en detalles técnicos de si está bien o mal hecho, por eso me centro en los debates que quieren forzar las páginas de Facebook que se llaman medios de prensa.

Pocas veces he visto medios cuestionar la constante construcción de estructura cochista que lejos de mejorar la movilidad, como dicen los boletines oficiales, tienden solamente a favorecer la velocidad.

¿Quién se acuerda de los peatones? ¿Quién piensa en el que quiere cruzar la calle sin tener que subirse a un gigante de hierro de más de 6 metros de altura? Antes de que lo invada un pensamiento clasista, whitexican o retrógrado y termine llamando “pobre” al que camina, tómese los 30 minutos que tarda en cada semáforo para respirar y léame con la mente un poco menos cerrada.

Las primeras quejas llegaron porque no había señalética para avisarle a los conductores que había una barda en medio de la calle, pero la mayoría de los que piden la señal con el aviso son los mismos que, a propósito, no ven las que sí están, esas que indican un máximo en la velocidad, o ser cortés con los peatones que intentan cruzar.

Señales faltan más, como una que indique para qué o quién es el carril central de Chapultepec, que en realidad nadie lo sabe a ciencia cierta, otras en toda la ciudad, las que avisen que la ciclovía no es para que se estacionen autos de los negocios de Carranza o Himno Nacional.

La Avenida Chapultepec tiene varias señales que indican que el límite de velocidad es de 50 km/h, algunas casi borradas -ahí te encargo, Ayuntamiento- pero en los videos que circularon de autos voladores, en ninguno de los casos, la velocidad del vehículo estaba por debajo del límite permitido

.

Sí hubo un fallo grande por parte de las autoridades viales municipales que no anunciaron a tiempo el tope y no colocaron la señal hasta que ya estaba listo el muro de los tormentos.

Sigue existiendo tardanza por parte de estas mismas autoridades para repintar o rescatar las señales que no solo ahí, sino en toda la ciudad, están mal pintadas, opacas, mal colocadas o tapadas por árboles.

Los medios que compartieron videos, que criticaron al gobierno municipal, que incitaron al odio de conductores hacia peatones (como si eso no fuera pan de cada día), ¿por qué no acompañaron sus post con un “circule con cuidado”, “cumpla con lo establecido”, “respete al peatón”?

A mis colegas de los medios: falta para el 2027, no empecemos desde ya a querer caerle mejor al que todavía no saben si va a seguir en el poder, hagamos periodismo útil, no crítica en busca de likes. 

Conductores: respeten al peatón. Peatones: no usen el móvil mientras cruzan las calles, ni intenten ganarle al semáforo. Ciclistas: hay solo 3 ciclovías, pero usémoslas correctamente. 

Autoridades: hagan su trabajo, pero háganlo bien, y no descuiden lo que hicieron antes por centrarse solo en obras nuevas.

Gobierno estatal: la obra municipal es para que las personas se sientan más seguras entrando a un parque bajo su cuidado, para evitar accidentes en una calle, de una ciudad que también es parte del estado.

Gobierno municipal: no se apresuren por hacer cosas solo de cara a la contienda electoral, échenle ganas y háganlas bien, respeten los tiempos, informen oportunamente a los usuarios de las vialidades.

Ya aprovechando, revisen las señales de tránsito de la zona, que necesitan mantenimiento, y luego dense una vuelta por la ciudad: hay banquetas que son estacionamientos, hay ciclovías intransitables, hay peatones en riesgo porque los conductores no siguen el reglamento.

En pocas palabras, bajemos todos la velocidad… en todo, hay topes.

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Acento Ajeno

Arrancó la carrera, todos la van perdiendo | Columna de Haniel Valdés

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Acento ajeno

Por: Haniel Valdés Velázquez

La competencia por la elección de 2027 ya sabemos que inició hace un rato, ¿a quién le importan los tiempos electorales cuando ni Ceepac hace su chamba, ni a los políticos les importa respetar lo establecido? Aquí lo que hace falta es ganar.

Ahora, podemos ir revisando cómo va esa carrera, quienes van primero y quienes se rezagaron, pero hagamos un análisis serio y real, no mirando encuestas de esas que casualmente suelen dar ganador al que la pagó. Y lo cierto es que el ganador real hasta ahora no es ninguno.

Las batallas electorales deben pelearse en todos los terrenos, pero casi siempre es la prensa el más complicado, y el que suele dejar al ganador. Esta vez, más que nunca les está pasando factura ese campo minado que es la comunicación, han querido meterse de a lleno en el papel de comunicar, pero terminan desinformando.

Me resulta difícil de entender ¿quién aconseja a los políticos potosinos?, ¿de dónde salieron sus grupos de comunicación?, todos parecen tener un mismo objetivo, que el rival pierda, en lugar de centrarse en que su patrón gane la campaña.

Los dime y diretes que cada vez vemos más en las conferencias de prensa, los empujones e interrupciones por pseudocomunicadores e influencers de turno de páginas de facebook autoproclamadas medios, que acompañan cada banquetera, no solo demuestran la falta de educación formal, civismo y ética periodística que consume al gremio, también evidencia carencias que ya no son de la persona, vienen desde la academia y los nuevos “periodistas” que se están formando.

Pero volviendo al tema de los que hacen boletines y posts para informar que sus jefes trabajan, ¿no hay algo más que necesite comunicarse? ¿de verdad es siempre “gracias al trabajo inconmensurable del supremo líder de tal o más cuál municipio/estado/entidad” que las cosas se solucionan?

Donald Trump en su primera campaña presidencial echó a perder la prensa internacional, en números su campaña fue maravillosa, pero es un modelo netamente primermundista, la heroización, el convertir a personajes políticos en protagonistas de Marvel funcionan en economías donde la fuerza del voto está en los grandes empresarios y en poder de las multinacionales, todos quieren al empresario exitoso dirigiendo su país.

En latinoamérica solo hay un caso donde ese modelo de prensa ha funcionado, Nayib Bukele controla los medios de El Salvador y su triunfalismo lo posicionó como el presidente con mayor aceptación del mundo. En México hubo un caso muy positivo, pero al que no le alcanzó, fue la pasada campaña presidencial de Máynez, donde mientras dos señoras se la pasaban criticándose entre sí y hablando de administraciones pasadas, el emeceísta se posicionó como el más votado de su partido en una carrera por la presidencia.

¿Pero, qué pasa en el interior de los estados, en los municipios? Las personas no creen en héroes, no les importan los muchos adjetivos que acompañan a las autoridades en las notas institucionales, el pueblo busca ver sus problemas resueltos y no siempre se acuerda de quién los soluciona.

Todas las notas periodísticas y boletines institucionales parecieran redactados por la misma persona, o el mismo usuario de chatgpt, “gracias a la labor de”, “por indicación de”, “con la guía de”, no solo dejas de reconocer al que sí estuvo al sol medio día tapando el bache o 4 meses haciendo una carretera o puente, logras hartar al lector de escuchar el mismo nombre y el mismo cargo 100 veces al día, cuando lo cierto es que a veces ni por su colonia se le ha visto.

Hay campañas peores: la zumayezca idea de que los bots cuentan en urnas es de político novato. Lo peor es que le copiaron la idea y ahora sus rivales la replican en sus propias granjas, para atacar medios aliados a su contraparte.

Ojalá me equivoque, pero nos esperan 12 meses de bombos y platillos de un lado y de otro, todos jugando a ser el ganador y bombardeando al rival con cuanta tontería (o no) aparece.

No hay charla cercana con el pueblo (aunque nos hagan creer que sí), no hay investigación, búsqueda de los problemas reales que aquejan a los potosinos, solo buscan hacer estructuras cada vez más grandes para autos, prometer agua, y bombardear sus actos y sus redes de promesas vacías que saben no van a resolver los problemas.

La carrera inició, pero esta vez casi nadie está mirando la carrera en sí, ni a sus corredores, andan pendientes de los comentarios de “narradores” que no están tampoco mirando a la pista. La descomunicación va a la cabeza, y seguramente será la vencedora.

Donde reinan las mentiras repetidas hasta el cansancio, los triunfalismos, y la vieja costumbre de intentar humillar al rival, el éxito nunca será para el periodismo o la verdad, solo para quien se siente en el trono y para aquellos que decidan seguirle el juego.

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#4 Tiempos

Una figura representativa de la literatura potosina, Ramón F. Gamarra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En el siglo XIX se desarrolla el género de novela en San Luis Potosí al que desde entonces han contribuido excelentes plumas potosinas entre quienes se encuentran: Francisco de Paula Palomo, Francisco de Asís Castro, Alberto Sustaita Zavala, Eugenio Verástegui, Agustín Vera, Adolfo Antonio de Alba, Miguel Álvarez Acosta, Rafael Montejano y Aguiñaga, Jesús Goytortúa Santos, Teodoro Torres, Jorge Piñó Sandoval, Jesús R. Alderete, Jorge Ferretis, Manuel José Othón, entre otros, y de manera especial Ramón Francisco Gamarra que fue de los primeros en editar una novela en San Luis Potosí.

Ramón Francisco Gamarra nació en San Luis Potosí alrededor de 1828. Participó de manera activa en la política potosina del siglo XIX siendo liberal, entre las actividades que realizaría se encuentra el periodismo, donde igualmente destacaría codirigiendo en 1885 El Diablo Verde, en 1867 fue director de El Fantasma y, en 1868 de La Charanga. En 1874 fue redactor de El Potosino, que fue un periódico que impulsó la candidatura para gobernador del estado de Manuel Muro, historiador potosino. De los periódicos oficiales del gobierno del estado, fue redactor de La Unión Democrática junto a Rafael Castillo.

En el gobierno del estado fue secretario de gobierno de tres gobernadores, Vicente Chico Sein, Degollado y Bustamante, fue también diputado en varias ocasiones. Al retirarse de la vida política, fue bibliotecario del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí.

En el ámbito literario, en 1868, escribió una de las primeras novelas potosinas El Filántropo, la cual se conserva en forma manuscrita, al igual que sus Memorias de un Espiritista y la Historia Contemporánea de San Luis Potosí.

En 1885 publicó por entregas Catecismo popular de la doctrina democrática y, en 1886, Ellos, un singular texto donde Gamarra aclara: “es un episodio de fondo cristiano y de forma realista que corresponde al volumen XII de mis Ensayos Literarios”. Este texto fue escrito en 1878 y publicado ocho años después por la Imprenta de Dávalos en San Luis Potosí.

Como suele suceder con los autores que mencionamos al principio, su obra no es muy conocida, existen escasas ediciones lo que ocasiona no sea difundida, a pesar de ser considerado como una figura representativa de la literatura potosina del siglo XIX,

además de su contribución al periodismo y la narrativa histórica, lo que lo lleva a ser uno de los autores relevantes en la cultura decimonónica.

Ellos, sería la novela más conocida, novela que aborda eventos históricos en un ámbito narrativo. La novela fue reeditada por el Colegio de San Luis en 1999 dentro de la serie Literatura Potosina 1850-1950, coordinada por Ignacio Betancourt.

En la presentación de Ellos, que hace el Colegio de San Luis nos indica la trama principal de la novela de Gamarra donde el autor recrear “una excepción horrorosa y rigurosamente histórica de que el amor de la madre hacia sus hijos, está siempre creciente”.

Relato alucinante en torno al incesto donde, como un mural, Gamarra intercala cuadros de costumbres, situaciones fantásticas y reflexiones culteranas acerca del mal y sus insospechadas manifestaciones. Con un recurso muy contemporáneo al ‘documentar’ la realidad, el escritor presenta una genealogía demoniaca y nos conduce ´por los vericuetos de un San Luis sorprendente y sórdido.

El abigarramiento de la narración estalla en un desenlace polifónico, cuya verosimilitud no resulta de su desarrollo anecdótico sino del extraño humor negro que caracteriza al autor.

Esta edición de El Colegio de San Luis nos permite conocer una de las obras de Ramón Francisco Gamarra, que posiblemente pueda aún conseguirse en esa institución o, al menos ser consultada en su biblioteca.

Ramón Francisco Gamarra, el político, periodista y escritor cuya obra merece ser rescatada, murió en San Luis Potosí el 18 de abril de 1886.

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