octubre 16, 2026

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#4 Tiempos

El rostro de Cristo | Columna de Juan Jesús Priego

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¿Qué es lo que podemos saber acerca de la figura humana del Señor? ¿Era alto o bajo, rubio o moreno? Ningún evangelista se tomó el trabajo de decírnoslo. «Jamás hemos visto su rostro ni escuchado su voz. En realidad, no sabemos cuál era el aspecto de aquel hombre llamado Jesús»: así comienza la Vida de Cristo escrita por Shusaku Endo (1923-1996), el novelista católico más leído del Japón.

De otros hombres bíblicos, como David, Absalón y Saúl, por ejemplo, sabemos que eran altos, rubios y de buena presencia. Pero de Cristo, al menos por lo que a esto toca, no sabemos absolutamente nada.

Pocas veces hablan los evangelios del rostro de Jesús, y cuando lo hacen es sólo para decirnos que, antes de ir a Jerusalén, «endureció su rostro» (Lucas 9,51); que en una aldea de Samaria no fue bien recibido «porque su rostro se dirigía a Jerusalén» (Lucas 9,53); que, en la noche de Getsemaní, «cayó rostro en tierra» (Mateo 26,39); que, durante el juicio, en el Pretorio, horas antes de su pasión, los soldados que se burlaban de él «le taparon el rostro» (Marcos 14,65) y «le escupían en la cara» (Mateo 26,67); que durante la Transfiguración en el Tabor, «mientras oraba, cambió el aspecto de su rostro» (Lucas 9,29) y que su cara, entonces, «brilló como el sol» (Mateo 17,2). Pero nada nos dicen acerca de su belleza o de su fealdad.

Para los primeros cristianos, pintar a las personas santas era un acto de irreverencia extrema: tal es el motivo por el que no poseamos un retrato ni siquiera aproximado del rostro de Jesús. San Clemente de Alejandría, en el siglo II, fue categórico: para evocar al Señor era suficiente con dibujar una paloma, un pez, una nave, un ancla o un zarcillo de vid, pues los retratos, si bien podían dar cuenta de su humanidad, nada sabían decir de su divinidad. Pintar a Cristo era, pues, robarle una de sus dos naturalezas, o lo que es lo mismo, incurrir en el pecado de herejía (véase su obra El pedagogo).

Será hasta más tarde -a principios del siglo III- que ciertos escritores eclesiásticos empezarán a aventurar hipótesis acerca del aspecto físico del Señor. Y aquí los pareceres tomaron dos caminos.

Para unos, Cristo debió haber sido humanamente feo. ¿En qué se basaban para afirmarlo? En un versículo del profeta Isaías que dice así, refiriéndose al Mesías: «No tenía gracia ni belleza; le vimos y no tenía un aspecto que pudiéramos estimar» (Isaías 53,2). Orígenes, el teólogo más prolífico de la antigüedad cristiana, era del mismo parecer y dijo en uno de sus tratados que «Jesús era pequeño, poco atrayente, parecido a uno cualquiera». Según San Efrén el Sirio, Jesús no mediría más de tres codos (poco menos de 1,50 metros). Y en tiempos mucho más recientes, François Mauriac hizo la siguiente observación (bastante aguda, por lo demás) para demostrar que, en lo que a belleza física se refiere, Jesús no aventajó en nada a ninguno de sus contemporáneos: «Al entregarlo, Judas no dirá a los soldados que lo aprehenderían: “Lo reconoceréis por su estatura. Aquel que es más alto que vosotros, cuya majestad salta a los ojos, a ese debéis arrestar”. Tampoco dirá: “Os será fácil distinguir al Maestro de los demás”. No: será necesario señalarlo con un beso» (Le fils de l’homme

).

Otro grupo de escritores creía, por el contrario, que Jesús debió ser físicamente hermoso. Se basaban en otro texto de la Escritura que dice así: «Eres el más bello de los hombres; en tus labios se derrama la gracia» (Salmo 45,5). Una carta descubierta en el Medioevo y atribuida al procónsul romano Cneo Cornelio Léntulo, contemporáneo de Jesús, describía su aspecto físico de esta manera: «Alta estatura, bien proporcionado, cabellos del color de las nueces maduras de Sorrento… Frente lisa y serena, rostro sin arrugas ni manchas, nariz y boca perfectas…Ojos azules, vivaces, brillantes. Brazos y manos graciosos a la vista». Para Fiódor Dostoievski (1821-1881), el gran escritor ruso, Cristo fue no sólo bello, sino bellísimo: «Nadie en la tierra ha sido más hermoso que él».

En un libro reciente, un filósofo español se propuso demostrar que Cristo era bello, y que fue gracias a su singular hermosura que pronto se conquistó la simpatía de sus discípulos:

«Con solo sus milagros, por muy grandes que fueran –escribe en un párrafo polémico-, un Jesús feo no hubiera tenido apenas poder de entusiasta atracción, de adhesión apasionada hacia su persona, hacia su doctrina, que se extenderá prodigiosamente por todo el mundo debido a unos corazones enamorados de él» (Enrique González Fernández, La belleza de Cristo).

En realidad no sabemos cómo fue Jesucristo. ¿Por qué los evangelistas no nos lo dijeron? Para justificar este silencio suele argumentarse que si bien los griegos eran el pueblo de la vista y el ojo –de la estética, en una palabra-, los judíos eran, por el contrario, el pueblo de la escucha y el oído –de la ética-, y que por eso no debe uno esperar en los libros de estos últimos descripciones físicas detalladas de nadie. Sí, y sin embargo –como hemos recordado más arriba-, las Escrituras no callan la hermosura de algunos hombres del Antiguo Testamento. ¿Qué hay detrás, pues, de este silencio deliberado de los evangelistas respecto al aspecto físico del Señor? ¿Estarán diciéndonos que después de todo no hay que dar demasiada importancia a la belleza o a la fealdad de un rostro, ni a la largura o cortedad de un cuerpo?,  ¿que no se puede juzgar la importancia de un hombre sólo por los rasgos de su cara, sino que hay que ver más bien su belleza interior o la de sus obras? Silencio. Nunca lo sabremos. Y aunque creo firmemente que esta omisión ha sido debida más a la voluntad que al descuido de los evangelistas, cada uno es libre de sacar la conclusión que su piedad prefiera.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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Opinión

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