abril 15, 2026

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#4 Tiempos

El rostro de Cristo | Columna de Juan Jesús Priego

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¿Qué es lo que podemos saber acerca de la figura humana del Señor? ¿Era alto o bajo, rubio o moreno? Ningún evangelista se tomó el trabajo de decírnoslo. «Jamás hemos visto su rostro ni escuchado su voz. En realidad, no sabemos cuál era el aspecto de aquel hombre llamado Jesús»: así comienza la Vida de Cristo escrita por Shusaku Endo (1923-1996), el novelista católico más leído del Japón.

De otros hombres bíblicos, como David, Absalón y Saúl, por ejemplo, sabemos que eran altos, rubios y de buena presencia. Pero de Cristo, al menos por lo que a esto toca, no sabemos absolutamente nada.

Pocas veces hablan los evangelios del rostro de Jesús, y cuando lo hacen es sólo para decirnos que, antes de ir a Jerusalén, «endureció su rostro» (Lucas 9,51); que en una aldea de Samaria no fue bien recibido «porque su rostro se dirigía a Jerusalén» (Lucas 9,53); que, en la noche de Getsemaní, «cayó rostro en tierra» (Mateo 26,39); que, durante el juicio, en el Pretorio, horas antes de su pasión, los soldados que se burlaban de él «le taparon el rostro» (Marcos 14,65) y «le escupían en la cara» (Mateo 26,67); que durante la Transfiguración en el Tabor, «mientras oraba, cambió el aspecto de su rostro» (Lucas 9,29) y que su cara, entonces, «brilló como el sol» (Mateo 17,2). Pero nada nos dicen acerca de su belleza o de su fealdad.

Para los primeros cristianos, pintar a las personas santas era un acto de irreverencia extrema: tal es el motivo por el que no poseamos un retrato ni siquiera aproximado del rostro de Jesús. San Clemente de Alejandría, en el siglo II, fue categórico: para evocar al Señor era suficiente con dibujar una paloma, un pez, una nave, un ancla o un zarcillo de vid, pues los retratos, si bien podían dar cuenta de su humanidad, nada sabían decir de su divinidad. Pintar a Cristo era, pues, robarle una de sus dos naturalezas, o lo que es lo mismo, incurrir en el pecado de herejía (véase su obra El pedagogo).

Será hasta más tarde -a principios del siglo III- que ciertos escritores eclesiásticos empezarán a aventurar hipótesis acerca del aspecto físico del Señor. Y aquí los pareceres tomaron dos caminos.

Para unos, Cristo debió haber sido humanamente feo. ¿En qué se basaban para afirmarlo? En un versículo del profeta Isaías que dice así, refiriéndose al Mesías: «No tenía gracia ni belleza; le vimos y no tenía un aspecto que pudiéramos estimar» (Isaías 53,2). Orígenes, el teólogo más prolífico de la antigüedad cristiana, era del mismo parecer y dijo en uno de sus tratados que «Jesús era pequeño, poco atrayente, parecido a uno cualquiera». Según San Efrén el Sirio, Jesús no mediría más de tres codos (poco menos de 1,50 metros). Y en tiempos mucho más recientes, François Mauriac hizo la siguiente observación (bastante aguda, por lo demás) para demostrar que, en lo que a belleza física se refiere, Jesús no aventajó en nada a ninguno de sus contemporáneos: «Al entregarlo, Judas no dirá a los soldados que lo aprehenderían: “Lo reconoceréis por su estatura. Aquel que es más alto que vosotros, cuya majestad salta a los ojos, a ese debéis arrestar”. Tampoco dirá: “Os será fácil distinguir al Maestro de los demás”. No: será necesario señalarlo con un beso» (Le fils de l’homme

).

Otro grupo de escritores creía, por el contrario, que Jesús debió ser físicamente hermoso. Se basaban en otro texto de la Escritura que dice así: «Eres el más bello de los hombres; en tus labios se derrama la gracia» (Salmo 45,5). Una carta descubierta en el Medioevo y atribuida al procónsul romano Cneo Cornelio Léntulo, contemporáneo de Jesús, describía su aspecto físico de esta manera: «Alta estatura, bien proporcionado, cabellos del color de las nueces maduras de Sorrento… Frente lisa y serena, rostro sin arrugas ni manchas, nariz y boca perfectas…Ojos azules, vivaces, brillantes. Brazos y manos graciosos a la vista». Para Fiódor Dostoievski (1821-1881), el gran escritor ruso, Cristo fue no sólo bello, sino bellísimo: «Nadie en la tierra ha sido más hermoso que él».

En un libro reciente, un filósofo español se propuso demostrar que Cristo era bello, y que fue gracias a su singular hermosura que pronto se conquistó la simpatía de sus discípulos:

«Con solo sus milagros, por muy grandes que fueran –escribe en un párrafo polémico-, un Jesús feo no hubiera tenido apenas poder de entusiasta atracción, de adhesión apasionada hacia su persona, hacia su doctrina, que se extenderá prodigiosamente por todo el mundo debido a unos corazones enamorados de él» (Enrique González Fernández, La belleza de Cristo).

En realidad no sabemos cómo fue Jesucristo. ¿Por qué los evangelistas no nos lo dijeron? Para justificar este silencio suele argumentarse que si bien los griegos eran el pueblo de la vista y el ojo –de la estética, en una palabra-, los judíos eran, por el contrario, el pueblo de la escucha y el oído –de la ética-, y que por eso no debe uno esperar en los libros de estos últimos descripciones físicas detalladas de nadie. Sí, y sin embargo –como hemos recordado más arriba-, las Escrituras no callan la hermosura de algunos hombres del Antiguo Testamento. ¿Qué hay detrás, pues, de este silencio deliberado de los evangelistas respecto al aspecto físico del Señor? ¿Estarán diciéndonos que después de todo no hay que dar demasiada importancia a la belleza o a la fealdad de un rostro, ni a la largura o cortedad de un cuerpo?,  ¿que no se puede juzgar la importancia de un hombre sólo por los rasgos de su cara, sino que hay que ver más bien su belleza interior o la de sus obras? Silencio. Nunca lo sabremos. Y aunque creo firmemente que esta omisión ha sido debida más a la voluntad que al descuido de los evangelistas, cada uno es libre de sacar la conclusión que su piedad prefiera.

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El Cronopio

El rescatista de la historia de la ciencia novohispana | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

Suele pensarse que la ciencia en México es una empresa reciente y, que en la época novohispana era prácticamente nula. Nada más alejado de la realidad. La ciencia estuvo presente en todo el periodo que México vivió como Nueva España y se tuvieron importantes aportaciones en esta parte del continente americano.

Uno de los estudiosos que ha aportado al recate histórico de acontecimientos científicos en el periodo virreinal y a su vez difundido a los protagonistas en estas cuestiones, es Marco Arturo Moreno Corral que, entre sus intereses científicos, centrados en la astronomía y astrofísica, se encuentra la historia de la ciencia, en especial, la historia de la ciencia en México.

Marco Arturo Moreno Corral es Investigador Titular del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México y miembro fundador del Observatorio Astronómico Nacional, localizado en la Sierra de San Pedro Mártir, B. C., México, donde realiza observaciones regulares en fotometría fotoeléctrica. En el 2009 montamos una exposición de fotografías astronómicas, que usa para sus investigaciones, en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí titulada un paseo por los cielos, donde el público pudo apreciar la belleza del cosmos registradas con sus observaciones en el Observatorio de San Pedro Mártir.

Las líneas de investigación de Moreno Corral se centran en: Cinemática galáctica, Nebulosas Planetarias, Regiones HII, Estrellas de baja masa tipo TTauri; que combina, como ya lo indicamos con la Historia de la Ciencia en México. En 1981 yo vivía en Tonantzintla, Puebla a un costado del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) y se construía el control electrónico y la óptica del Observatorio “Guillermo Haro” de Cananea, Sonora, que seguía por convivir con investigadores que participaban en el proyecto; entonces no conocía a Marco Moreno, pero resulta que coadyuvó al desarrollo de la infraestructura de ese observatorio, y gracias a todo ello, entró en operación definitiva el telescopio reflector de 2.1 m de diámetro, que el INAOE tiene instalado en ese sitio.

Sus aportaciones a la historia de la ciencia son más que importantes, pues gracias a sus esfuerzos, se han rescatado textos que no eran conocidos y que cambian de manera radical la historia de la cultura mexicana conocida hasta ese momento. Como ejemplo, el hallazgo del primer texto americano de aritmética y álgebra publicado en 1556, el Sumario Compendioso de las cuentas… en el que trató diversos problemas aritméticos. Considerado el primer texto científico publicado en toda América. A partir de ese instante se desarrolla una importante contribución en el mundo de la ciencia y en especial de las matemáticas, con una importante cantidad de textos. En 1557 se publicaría también, el primer libro de física, la Physica Speculatio

de Fray Alonso de la Veracruz
, que incluyó como apéndice un texto de astronomía, que por lo mismo también fue el primero publicado en América. Estos textos ahora son conocidos gracias al trabajo de Marco Moreno Corral que nos permite reescribir la historia del México Novohispano.

El número de libros publicados en ese periodo no es pequeño, y sobre el tema de la aritmética, astronomía, hidráulica, ingeniería y matemáticas, se escribieron, ya en el siglo XVII, textos de Pedro Paz en 1623, Atanasio Reaton en 1649, Benito Belo en 1675, Fray Andrés de San Miguel entre 1631 y 1644, Carlos de Sigüenza y Góngora entre 1672 y 1693, Cristóbal de Guadalajara y una larga lista que se extiende hasta el siglo XVIII.

Sobre todos estos textos ha escrito Marco Moreno como producto de sus indagaciones, registradas en un buen número de libros; por su formación como astrónomo, tienen un énfasis en la historia de la astronomía, tema en el que sigue aportando en revistas internacionales donde acaba de publicar en 2025 en la revista Journal of Astronomical History and Heritage, el trabajo: Astronomy in México during the colonial period.

Uno de los aspectos importantes para San Luis Potosí, es su colaboración con la difusión de acontecimientos científicos que hemos publicado en conjunto con Moreno Corral, además de la difusión de personajes, entre los que se encuentran: Valentín Gama y Cruz, notable educador y científico potosino, y, Centenario del Eclipse Total de Sol en Laguna Seca.

Gracias a su disposición por divulgar la cultura científica mexicana, pudimos montar la exposición de instrumentos astronómicos de incalculable valor cultural para México, pues con ellos se realizaron contribuciones sobresalientes en ciencia; instrumentos que son Patrimonio Cultural de México.

Marco Moreno es uno de los autores del libro conmemorativo del Observatorio Astronómico Nacional que hemos tratado en anterior entrega donde aparecen científicos potosinos que han laborado y dirigido esa institución.

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El Cronopio

Prosa del Observatorio de Cortázar, simbiosis de ciencia y arte | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

De las obras de Cortázar, acuñador del término Cronopio que orienta nuestras actividades, la que más refleja esa simbiosis de ciencia y arte, es su obra Prosa del Observatorio que escribiera a principios de los setenta, mientras se fincaba esa corriente de comunicación del cronopio nacida en los jardines de la Escuela de Física potosina, y que refleja además, las raíces de lo que sería la Escuela de Física, en el nacimiento de la universidad potosina actual en la década de los cincuenta, bajo el rectorado del Dr. Manuel Nava que presentaba el proceso de investigación al interior de la universidad a través de facultades que redondearan el trabajo de los escuelas, naciendo así la Facultad de Ciencias, como se llamaría a la naciente Escuela e Instituto de Física, así como la Facultad de Humanidades que en cierto momento trataron de constituir un mismo recinto académico, ligando así las aportaciones científicas con las humanistas.

Obras literarias dentro de esta corriente, hemos tratado algunas en estas entregas; en esta ocasión a propósito de recordar esas raíces de creación de nuestras instituciones y las raíces de nuestra labor de comunicación, traigo a colación dos obras que ligan esas cuestiones científicas con la reflexión humana y los aspectos encumbrados, sus filosofías y formas de entender el mundo, elaborados por dos autores muy conocidos, nuestro Cronopio Mayor Julio Cortázar y Umberto Eco, sus obras referidas; La Isla del día de antes de Eco y Prosa del Observatorio de Cortázar.

En la Isla del Día de antes, surgen reflexiones filosóficas derivadas de las máquinas experimentales que permiten el medir longitudes y latitudes en épocas del renacimiento en pleno siglo XVII, junto a las máquinas aristotélicas donde campea el pensamiento en torno a Dios y su relación con el mundo; a través de las aventuras de un náufrago que en busca de una isla reportada y no encontrada por los datos de longitud relativos a forma muy particular de observación, y la busca de ese meridiano y punto fijo donde, el ahora puede coincidir con el día antes y el después, Roberto de la Grive, vive esas aventuras expedicionarias con las aventuras del conocimiento donde son frecuentes los conceptos científicos y las ideas metafísicas. Novela que bien puede tratarse en cursos de física, aportando a la formación científica y cultural de estudiantes de física y de ciencias en general.

La obra de Cortázar, como lo indica la presentación de la obra: “tiene el extraño privilegio de ser uno de los libros menos estudiados de Cortázar y, a la vez, uno de los que mejor representan su poética y su visión del mundo. Obra anfibia, hecha de las fotos tomadas por Cortázar en 1968 del observatorio de Jaipur, en la India, construido por el sultán Jai Singh en el siglo XVIII, y una serie de textos fechados en París y en Saignon en 1971. La asombrosa plasticidad con que se funden las prosas poéticas y las fotografías convierten al libro en una amalgama perfecta repleta de imágenes, relatos, reflexiones, hallazgos, expresividad y sinécdoques, de modo que, más que acompañarse unas a otras, parecen interpelarse primero y fundirse después. Asomarse a esta obra tan erótica como filosófica, que se alimenta más del asombro que de lo lúdico, permite espiar un espacio donde conviven las águilas y las anguilas, Baudelaire y Nietzsche, la cinta de Moebius y ese instante previo al alba que Cortázar denomina la «noche pelirroja». Y experimentar, al mismo tiempo, ese punto trascendental y libre del lenguaje —más allá de lo verbal y lo visual— donde se rompen las fronteras entre Oriente y Occidente, entre el cielo y el océano, entre la ciencia y la poesía

”.

Obras recomendadas tanto en lo literario como en lo científico por el contenido tratado y la forma de abordar y reflexionar nuestro mundo y nuestra relación entre lo humano y el mundo físico.

Estas obras nos rememoran esa vertiente que serían nuestras raíces y que de cierta forma fueron abortadas en el proceso de control gubernamental de nuestra universidad, que se propuso eliminar de cierta forma la obra educativa del Dr. Manuel Nava y su pléyade de académicos que contrastaban con los políticos enquistados en la universidad y que subsisten hasta la fecha, caracterizando esa existencia de dos universidades el progreso y la formación crítica y, la mediocridad representada por una administración estorbosa y direcciones inhibidoras del pensamiento creativo.

Por algo remata Cortázar en sus reflexiones: “Vea usted, en el parque de Jaipur se alzan las máquinas de un sultán del siglo dieciocho, y cualquier manual científico o guía de turismo las describe como aparatos destinados a la observación de los astros, cosa cierta y evidente y de mármol, pero también hay la imagen del mundo como pudo sentirla Jai Singh, como la siente el que respira lentamente la noche pelirroja donde se desplazan las anguilas; esas máquinas no sólo fueron erigidas para medir derroteros astrales, domesticar tanta distancia insolente; otra cosa debió soñar Jai Singh alzado como un guerrillero de absoluto contra la fatalidad astrológica que guiaba su estirpe, que decidía los nacimientos y las desfloraciones y las guerras; sus máquinas hicieron frente a un destino impuesto desde fuera, al Pentágono de galaxias y constelaciones colonizando al hombre libre, sus artificios de piedra y bronce fueron las ametralladoras de la verdadera ciencia, la gran respuesta de una imagen total frente a la tiranía de planetas y conjunciones y ascendentes; el hombre Jai Singh, pequeño sultán de un vago reino declinante, hizo frente al dragón de tantos ojos, contestó a la fatalidad inhumana con la provocación del mortal al toro cósmico, decidió encauzar la luz astral, atraparla en retortas y hélices y rampas, cortarle las uñas que sangraban a su raza; y todo lo que midió y clasificó y nombró, toda su astronomía en pergaminos iluminados era una astronomía de la imagen, una ciencia de la imagen total, salto de la víspera al presente, del esclavo astrológico al hombre que de pie dialoga con los astros”.

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El Cronopio

Miguel de Cervantes, un personaje de novela

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez / Dr. Flash

En la plataforma Netflix se presenta la película “El Cautivo”, producida en 2025, sobre el episodio de cautiverio que vivió Miguel de Cervantes en Argel. Película de Alejandro Amenábar, muy recomendable. Ahora nos referiremos a otro episodio de Cervantes en novela de Miguel de Zévaco.

Miguel de Cervantes Saavedra ha pasado a la historia de las letras con su magna obra sobre el Quijote, su excepcional pluma que ha dado gloria a las letras españolas no fue excusa para omitirlo como personaje de historias literarias. Entre ellas la obra de Miguel Zévaco, “Los Pardallain” en el que aparece acompañando a este caballero francés en sus aventuras de capa y espada.

Comencé a leer Los Pardallain en mi época de estudios secundarios, mi hermano tenía la colección de veintisiete volúmenes que recogían las aventuras de los Pardallain a fines del siglo XVI y principios del XVII. No pude completar la lectura de esta obra de Miguel Zévaco, pues al entrar a física mis lecturas se ajustaron a la demanda de lecturas de los textos de física y matemáticas, que fueron muy demandantes. Lo extenso de esa historia hacía que leyera algunos de los libros de forma aislada. Recientemente conseguí la colección en la editorial Porrúa en su serie de la colección sepan cuantos en la cual Los Pardallain se presentan en nueve volúmenes que encierran a su vez tres libros cada uno.

Esta fascinante historia que saliera a luz en 1902 donde Zévaco refleja algunas de sus ideas políticas cercanas al anarquismo y al socialismo del cual fue partidario el escritor francés.

En la obra, y a través de las correrías de uno de Los Pardallain por España, coincide con personajes entre los que se encuentra Cervantes Saavedra, que en las fechas donde Zévaco ubica su historia, ya había escrito el Quijote. Así Cervantes acompaña a Pardallain en algunas de sus aventuras que corre por España en la corte de Felipe II como embajador del rey de Francia Enrique IV.

Si bien, Cervantes no empuña la espada más que en muy contadas ocasiones, su participación es un homenaje de Zévaco a tan insigne escritor y engalana la lectura de esta extensa obra. La participación de Cervantes termina cuando el caballero de Pardallain está por salir de España y al buscarlo afanosamente para pedir su auxilio, Pardallain se entera de su viaje a Cádiz como empleado del Gobierno de Indias.

Ahora que combino mis lecturas de literatura con lecturas sobre filosofía, ciencia e historia, entre otros, se nutre lo leído en esas páginas y se disfrutan esas creaciones de los grandes escritores donde entrelineas se plasman asuntos sociales y la complejidad de la condición humana.

Por cierto, bajo un estudio de Juan Villoro, y festejando los cincuenta años de la librería Gandhi han editado una versión especial sobre el Quijote.

Miguel Zévaco, el escritor francés, orientó sus ideas sociales en el héroe valiente y presto para defender al oprimido, el caballero de Pardaillan y su linaje. Mediante estos caballeros Zévaco expuso sus tesis humanistas, así como sus opiniones republicanas y anticlericales. El éxito de su serie de Pardallain con una narrativa ligera y muy bien lograda, transmite las preocupaciones políticas que le acercaron al socialismo y al anarquismo franceses y que habrían de acompañarle siempre, inclusive su pena de ocasionarle la mengua en su libertad al expresarlas.

Esta serie de Zévaco es una buena forma de acercar a la lectura a los jóvenes.

 

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