octubre 13, 2026

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#4 Tiempos

El derecho a migrar | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

La Corte Interamericana de Derechos Humanos define a la migración como el “desplazamiento desde un territorio de un Estado hacia el otro de un Estado o dentro del mismo”. La Corte precisa que se trata de “migración forzada o migración voluntaria, de migración permanente o temporal”. En esos términos, es preciso señalar dos cosas. Primero, que es indudable que México vive una crisis migratoria de una complejidad dramática en distintas aristas. Segundo, que en ningún momento se distingue sobre la legalidad o ilegalidad de migrar.

Sobre lo primero, poquísimas objeciones se pueden invocar. La migración de nuestros connacionales a los Estados Unidos, sea para buscar mejores oportunidades para desarrollar su proyecto de vida o por motivaciones forzadas, se ha arraigado en nuestra época moderna y transformado nuestra cultura a una de perpetua nostalgia por quienes partieron, y especialmente por aquellas personas migrantes que no lograron llegar a su destino. Paralela a esa crisis, nuestro país enfrenta un fenómeno brutal de desplazamiento forzado interno, esto es, cuando personas o grupos de personas se ven obligadas a abandonar su lugar habitual de residencia por situaciones de violencia generalizada y ubicarse en alguna otra localidad del país.

Según información presentada por la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de Seguridad Pública, más de 300 mil personas del estado de Chihuahua se vieron obligadas a cambiar su residencia para huir de la violencia, en el periodo comprendido de 2011 a 2017. Para precisar, el fenómeno de desplazamiento forzado interno no sucede de manera generalizada en el país, sino que se focaliza dramática y principalmente en estados de la República con altos índices de violencia e impunidad.

Lo segundo es, para muchos, muy discutible. No cabe duda de que cada país tiene libertar para configurar y estructurar sus políticas internas, requisitos y posturas para la recepción de personas inmigrantes, sea por motivos voluntarios o por motivos forzados por la violencia, desigualdad, persecución política u otras razones. Sin embargo, ante esta libertad de configuración que tienen los países, no podemos ignorar los compromisos internacionales que los Estados deben cumplir para que se garantice un piso mínimo de respeto a la integridad y derechos humanos de las personas migrantes. Entre muchos otros, destacan el derecho a solicitar asilo, el derecho a solicitar el reconocimiento de la condición de refugiado, el derecho a la dignidad humana, a la no discriminación, a no ser incomunicado y a un alojamiento digno.

Aun si se quisieren ignorar las obligaciones jurídicas para el respeto a los derechos de las personas migrantes, considero que la objeción de conciencia —es decir, nuestros principios, no jurídicos sino éticos, morales, filosóficos o de otra índole—debería de hacernos llegar a las mismas conclusiones. En ese sentido, México ha adoptado históricamente una costumbre de apertura a recibir exiliados
y a perseguidos políticos. Fruto de esta costumbre, particularmente nuestra cultura y academia se ha enriquecido de manera muy importante. Basta con mencionar a Luis Buñuel, Remedios Varo y otras. A su vez, instituciones de excelencia académica como el Colegio de México y el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) fueron producto de la apuesta de personas exiliadas de España y Chile, cuyos aportes hoy son invaluables para nuestro estudio de las ciencias sociales.

En congruencia con esta loable costumbre del Estado mexicano, la Cancillería fue ágil y eficiente para asegurar la llegada de mujeres, periodistas, niños y niñas que huyen de la insostenible situación de Afganistán. Sin embargo, en directo contraste, lo que sucede en la frontera sur es inaceptable por donde se le quiera ver.

Ciertamente, la situación de violaciones graves a los derechos humanos de las personas migrantes que ingresan al país por la frontera sur no es cosa que haya iniciado en esta administración. De manera particular, la situación de violencia generalizada y de uso excesivo de la fuerza en la frontera sur se acrecentó exponencialmente a raíz de la firma de la Iniciativa Mérida, acuerdo de cooperación bilateral entre Estados Unidos y México firmado en 2007 para combatir al crimen organizado. Contrario a la disuasión del crimen organizado, las detenciones de migrantes centroamericanos aumentaron en un 71% entre 2014 y 2015; el (ab)uso excesivo de la fuerza por parte de las autoridades migratorias se enraizó; e incentivaron a las personas migrantes a tomar rutas alternas que les dejan en una situación de mayor vulnerabilidad.

Ahora, el control de la frontera sur pertenece a la Guardia Nacional y, como resultado de la absurda, injustificada y generalizada militarización de las funciones civiles, la brutalidad con que se pretende atender el fenómeno migratorio es inaceptable. Es el propio Estado mexicano el que implementa una mal llamada “política de contención”, que en realidad se traduce en replicar las prácticas que tanto criticamos de Estados Unidos, que consisten en emboscadas, uso excesivo de la fuerza, separación de familias y hacinamiento dirigido a las personas migrantes provenientes de Centroamérica y el Caribe. Tonatiuh Guillén, ex comisionado del Instituto Nacional de Migración, ha sido claro al señalar que este es uno de los costos de militarizar al país.

Desafortunadamente, México se posiciona como un país antimigrantes, que, ante la incapacidad de enfrentar la crisis con inteligencia y políticas públicas de largo aliento, recurre a los instintos más primitivos de bestialidad y pisoteo de la dignidad y derechos humanos de las personas migrantes. En lo que respecta a las personas víctimas de desplazamiento forzado interno, el Estado mexicano se ha visto igualmente rebasado en su capacidad de recuperar las condiciones de gobernabilidad y de asegurar medidas de reparación y no repetición para las personas desplazadas.

Sumado a todo lo anterior, el cambio en la dirección de la Secretaría de Gobernación —que, en conjunto con la Secretaría de Relaciones Exteriores, dirige la política migratoria del país— recayó en un perfil de amplia cercanía política con el presidente, pero sin experiencia ni credenciales en materia de protección a los derechos humanos. Difícilmente entenderán que nadie es ilegal, y que cerrarle las puertas a la migración es un despropósito.

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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