#4 Tiempos
#Editorial | La Orquesta es un refugio de almas. Cumplimos 10 años
TERCERA LLAMADA
Es casa y oficina. Es nido y muelle. Es boleto de ida, paradero y destino. Es lugar de fiestas, escenario de talentos, mesa de redacción testigo de historias que se publican y de historias que se guardan para siempre.
Es 31 de julio del 2012 y con el internet prestado, una American Express confiada, y una idea en el corazón, un reportero desempleado y sin nada ya qué perder, comenzó a escribir notas en la pared digital para intentar ganarse la vida.
¿Cómo contar 10 años?
Quisiera poder recordar de memoria las risas de esta década en la que ha sido la aventura más audaz de mi vida, pero no puedo.
Quisiera poder contar cada anécdota detrás de las historias publicadas, pero seguramente me faltarían bastantes.
¿Recuento de columnas, de años, de historias personales, de pérdidas, de éxitos?
¿Cómo contar 10 años?
Mencionar a cada uno de los personajes involucrados en la construcción de este refugio, sería imposible e injusto. Todos los que por aquí han pasado han dejado huella y se han llevado con ellos algo de La Orquesta.
Tratar de mencionarlos implicaría contar muchas cosas de cada uno, corriendo el riesgo de que en las traiciones de la memoria se olvide a alguien.
Podría en esta editorial, a diez años de distancia, hacer un resumen de nuestros éxitos y premios, cosa que además de chocante, presumido y jactancioso, sería corto, porque esos aún no acaban y siguen en construcción.
Eso sí, agradezco a todos y cada uno de ustedes que han pasado por aquí dejando parte de su vida, de sus historias y de su alma. “Uno puede salir de La Orquesta, pero La Orquesta no se sale de uno”, se dice por ahí…
Menciones especiales sí, y absolutamente merecidas: gracias a mi amigo Leonel Serrato Sánchez que hace 10 años y un día (jajaja parece canción), creyó a ciegas en quien esto escribe. Sin ver y sin mayores miramientos extendió su mano al amigo al que obsequió su computadora personal y un documento al portador.
Ni modo amigo, ya sé que en tu generosidad no consideras prudente la mención, pero ni modo… y para que conste a todos, no será ni la primera ni la última vez en que no estemos de acuerdo o consideremos erróneas o imprudentes las opiniones uno del otro, sin embargo, justamente en las diferencias es que honramos nuestra amistad.
De igual forma debo mencionar a Juan José Rodríguez Medina, “El Tigre” , que a veces queriendo y a veces no, con sus regaños, observaciones y consejos se convirtió durante mucho tiempo en un mentor sin intención tan dadivoso, que me permite, y nos permitimos, casi nunca estar de acuerdo en nuestra forma de pensar, lo que me parece aún más valioso e interesante. Gracias Tigre.
Muy especial mención a mi papá Francisco Saldaña Zárate y a toda mi familia.
A partir de ellos y por las razones que ya expliqué, de verdad quisiera nombrarlos a todos, pero me sería imposible, no obstante, recibirán pronto una carta firmada por su servidor.
En agradecimientos se me iría la vida entera.
En estos diez años la vida de La Orquesta, que en gran medida es la propia, ha sido una montaña rusa y si alguien me hubiera leído el futuro en aquel 31 de julio jamás lo hubiera creído.
Mi amigo Ricardo hoy es gobernador. Mi amigo Enrique hoy es alcalde, por ejemplo, y este medio que me honro en dirigir ha sido testigo paso a paso de esas y prácticamente todas las historias de la vida política potosina.
Nacimos en digital, fuimos semanario impreso, fuimos impreso diario, regresamos al digital y desde aquí vemos nuestro futuro.
No hay tierra a la vista, queremos seguir navegando y con el vaivén de las olas seguir tocando fuerte las notas de nuestra Orquesta.
Sin mencionar uno solo de los trabajos o una sola de las columnas en estos diez años entregadas a Usted, nuestro Culto Publico, puedo decirle: Sí, fuimos nosotros.
De esa nota, de ese reportaje, de esa crónica o de ese texto irreverente, duro, revelador o polémico con el que usted recuerda alguna etapa de la última década de la historia de nuestro San Luis Potosí, tenga por seguro que fuimos nosotros.
No hay nostalgia, hay recuerdo y en ello muchas alegrías.
El telón sigue arriba, la batuta firme, la casa abierta y el corazón dispuesto.
No tenemos enemigos ni buscamos víctimas. Hacemos periodismo y nada más.
Ojalá se siga haciendo con método, con valor y sin “anonimato”, veneno puro para el periodismo de verdad.
La Orquesta cumple diez años y estamos contentos.
La Orquesta, seguirá siendo ese refugio de almas que tienen mucho que contar. Por alguna razón aquí nos gustó reunirnos.
Hay música y notas por muchos años más.
Las ideas son a prueba del tiempo y la idea de aquel reportero desempleado, sigue más viva y latente que nunca.
Gracias a todos. 10 años. Gracias.
Jorge Saldaña.
#4 Tiempos
Una prueba de carácter | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Por: Redacción
El partido de este fin de semana entre Atlético de San Luis y Chivas no es uno más en el calendario. Llega en un momento donde ambos equipos necesitan algo más que puntos: necesitan convicción. En una liga que castiga la duda y premia la determinación, este duelo se presenta como un examen incómodo, de esos que no se aprueban solo con intención.
San Luis llega con la sensación de haber entendido, por fin, cómo competir mejor en su propia narrativa. No es un equipo espectacular, pero sí uno que ha aprendido a sostenerse, a incomodar y a no regalar partidos. En casa, el exAlfonso Lastras y ahora llamado Libertad Financiera, suele convertirse en un escenario exigente para cualquiera, y este encuentro no será la excepción. San Luis sabe que estos partidos son los que construyen temporadas: vencer a un histórico no solo suma en la tabla, también fortalece el discurso interno y ojo aquí, que en su casa, las Chivas solo han podido vencerlo una vez.
Del otro lado aparece superlider Guadalajara, siempre cargando con el peso de su nombre. El Deportivo llega a este compromiso envuelto en la presión habitual que lo acompaña: la obligación de ganar incluso cuando el funcionamiento no termina de convencer. Chivas ha mostrado destellos, pero también lagunas que lo hacen vulnerable, especialmente cuando se enfrenta a equipos ordenados, intensos y sin complejos, justo el perfil que suele adoptar San Luis.
El choque promete ser más táctico que vistoso. San Luis buscará cerrar espacios, obligar a Chivas a jugar incómodo y capitalizar cualquier error. Guadalajara, en cambio, intentará imponer ritmo, pero deberá hacerlo con paciencia, porque la desesperación suele ser su peor enemiga . Aquí, el partido puede definirse en detalles mínimos: una pelota parada, una distracción defensiva o una decisión tardía.
Hay, además, un componente emocional que no se puede ignorar. Para San Luis, ganarle a Chivas representa confirmar que su proyecto es capaz de competir contra cualquiera. Para Chivas, perder sería otro golpe a una confianza que se recompone con dificultad. En ese cruce de necesidades, el margen de error se reduce al mínimo.
Este tipo de partidos rara vez se recuerdan por su belleza. Se recuerdan por lo que provocan después. Una victoria puede impulsar a San Luis hacia una recta más tranquila; una derrota puede volver a colocar a Chivas bajo el reflector de la crítica. El empate, en cambio, dejaría a ambos con la incómoda sensación de haber dejado algo en el camino.
El fin de semana pondrá frente a frente a dos equipos con realidades distintas, pero con una urgencia compartida: demostrar que pueden sostener una idea cuando el calendario empieza. En la Liga MX no siempre gana el que juega mejor; suele ganar el que entiende mejor el momento.
San Luis y Chivas están justo ahí, frente a un partido que no promete fuegos artificiales, pero sí consecuencias. Y en este torneo, eso suele ser mucho más importante.
También lee: Dos partidos, tres puntos | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
El Cronopio
El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.
En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.
El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.
González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador , entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.
El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.
Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.
Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.
Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.
También lee: Pedro Miramontes Vidal y su faceta de escritor científico | Columna de J. R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano
Mejor dormir
Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.
Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.
En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.
Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.
Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.
Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.
Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.
Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.
Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.
Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.
«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.
Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud
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