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Descanse En Punk, Héctor el ‘Kanikas’
Hombre de barrio, artista del underground, estudiante de economía, combativo pero de buen corazón… familiares y amigos así recuerdan al músico de 34 años, quien perdió la vida hace unos días
Por: Bernardo Vera
La noche del pasado 10 de febrero corría la noticia en redes sociales; personalidades y espacios dedicados al rock en San Luis Potosí se hacían eco de la pérdida de Héctor Herrera Tello –conocido como el “Kanikas” en la escena musical, o como el “Gener”, pa’ sus compas–, quien a sus 34 años se convirtió en uno de los mayores exponentes del punk en la escena musical de San Luis Potosí, y que le dio vida al género como vocalista de “Cráneos Rotos” o “Suburbio 99”, además de impulsar proyectos musicales y de activismo social.
La Orquesta accedió a los testimonios de familiares, amigos y allegados al artista del punk potosino, cuyo pensamiento contestatario lo inclinó por la defensa de las personas más desprotegidas, a participar en causas sociales, a regalar sus discos, y a recibir a todo el que cayera a los toquines en la calle de Parménides, de la colonia Anáhuac; lugar que lo vio nacer.
I. – Héctor; el hermano y el carnal
“La primera tocada que me lo llevé fue en el 99, a la huerta del STIC, esa vez me acuerdo que vino El Haragán; estaba bien chavillo, tenía nueve años. Me acuerdo que se metió al slam y luego luego me lo molearon; me lo llevé a lavarle la sangre, y ahí, en los baños de la huerta le dije: ya te bautizaron con sangre, cabrón, te recetaron chido, güey; tú vienes como pa’ algo grande… no sé, como que vienes predestinado pa’ algo”.
Así recuerda Sergio Antonio Herrera Tello, uno de los primeros contactos que su hermano menor tuvo con la música, especialmente con el rock. Un pequeño Héctor que al cobijo de Sergio, y en un ritual de iniciación muy particular, descubrió a los clásicos del rock, blues y metal, siendo influenciado desde temprana edad por bandas como Creedence Clearwater Revival o The Rolling Stones.
Sergio cuenta que al paso de los años, su afinidad se estableció en el punk, mientras conocía a Onil García, guitarrista y uno de sus amigos más cercanos en la colonia. Una persona con la que pasó casi 22 años de cercanía, entre rolas de El Haragán, Síndrome, Eskorbuto, Sam Sam o El Tri. Echando retas de fut o cotorreo, echando caguamas o un cigarro. Pero sobre todo, el momento cúspide en la historia de Onil y el Kanikas: echando desmadre con los Cráneos Rotos.
“El Kanikas y yo empezamos a coincidir en las tocadas; él me decía que le latía el micrófono, y a mi la guitarra de siempre. Así quedó y nos perdimos un tiempo, yo hice una banda y una vez en la huerta del STIC, me subí a tocar con mi banda en un concierto del ‘Espécimen’. Nos aventamos una rola de ‘Masacre 68’… y que el Kanikas se sube al escenario a cantar la rola con nosotros. Teníamos como dos años que no nos veíamos”.
“Se acaba esa banda y me encuentro a los que son ahorita los Cráneos Rotos; al Chimuelo, Bone, Adrián, tocando en una banda juntos. Entonces les digo qué si hacemos algo, a sacar unos covers. La idea empieza a agarrar más fuerza, y nos falta un vocalista… y pum, que me acuerdo de este güey. Les dije: yo tengo uno, ese es el mero bueno”.
Aivan Wizz, guitarrista de la misma banda, recuerda que el Bone describió al Kanikas como un pelón todo flaco que llevaron a los primeros ensayos, previo a su presentación en el Tio Mich, abriendo para Maskatesta: siendo esa la primera vez que los cinco estuvieron juntos.
La banda se mantuvo en la escena del punk con tres discos: “Ruido Callejero”, “Punk de lo Peor”, y “Cráneos Rotos Historias Rotas”.
El primer disco contiene 12 tracks y se convirtió en un clásico, con canciones inolvidables para sus seguidores, como “Las Calacas” o “Recargado en la pared”. Ésta última en homenaje a la leyenda viviente de un hombre que deambula sobre avenida Constitución, y pese a su aspecto de indigencia, no hace nada más que estar algún punto de esta vialidad, así como dice la rola: recargado en la pared.
El segundo se volvió una reedición del primero, e incluía tres canciones nuevas, además del tema “Cuidado”, un cover de Eskorbuto. Mientras que “Cráneos Rotos Historias Rotas” es considerado el álbum más contestatario de la banda, con letras mejor armadas y con temáticas profundas de la realidad social.
Además de estos álbumes, tuvieron la oportunidad de remasterizar sus canciones en ‘Discos y Cintas Denver’, el sello discográfico más importante de la escena del rock en México.
II.- El Kanikas; rebelde con causa
“Podría decirse que el primero –de sus álbumes– es como el clásico, el segundo como el mejor grabado, y el tercero como el más radical”, Carlos Covarrubias resume de esta forma a la discografía de Cráneos Rotos.
Como dirigente del Frente Amplio Opositor a New Gold Minera San Xavier (FAO), Carlos tuvo la oportunidad de integrar a la banda en diferentes ediciones del Festival de Cerro de San Pedro, encuentro artístico y cultural contra el saqueo del cerro y el daño medioambiental que ocasiona la industria minera.
Y es que otra de las facetas de Héctor fue la cercanía con las causas sociales, siempre en defensa de los más desprotegidos. Así lo rememora Sergio, como alguien que no le gustaba el maltrato a los animales, o los abusos de autoridad contra vecinos de la cuadra. Pero también como un ser humano, que pese a sus diferencias ocasionales, no perdía el significado de la unión familiar.
Llegó hasta cuarto semestre de la licenciatura en Economía de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Durante ese periodo, su familia lo recuerda no solamente como alumno destacado, sino como una etapa que fortaleció sus ideas radicales, su forma de pensar contestataria, y su espíritu de ayuda al prójimo.
“Siempre fue una persona alegre y dicharachera. Le gustaban mucho los animales, no le gustaba que le pegaran a los perros ni a los gatos, le encabronaba mucho. Muy contestatario, cualquier cosa que no le parecía, iba a hacerla de pedo, con la policía o los cobradores; si estaba en sus posibilidades y te podía hacer un paro, te lo hacía. Traía mucha lengua, por lo mismo que estaba estudiado, no era como cualquier cabrón. No es que yo lo eleve por ser mi hermano, pero sí sabía muchas cosas”, narró Sergio, su hermano.
Los Cráneos no tardaron en adaptarse a ese espíritu de lucha, normal en la esencia del punk pero también como estado natural del “Gener”; Onil recuerda como la banda se sumaba a proyectos musicales, y como descartaron presentaciones con los que se consideraban ‘pasados de lanza’. La intuición de Héctor guió el rumbo de Cráneos Rotos, y se volvió la brújula moral en la que Onil se orientaba.
“Una niña con cáncer; un enfermo terminal; con el mismo Covarrubias de un concierto para la sierra de San Miguelito; algún acústico para que se salga la Minera San Xavier. Siempre estuvimos ahí cuando era una una buena causa, una buena lucha social. En cuestión de apoyar a las causas, siempre estuvimos ahí, hasta en los toquines callejeros. Siempre con los pies y las botas firmes, en el piso”, contó Onil.
III.- Bailan las calacas… en tu funeral…
“Nos hablaron, nos dijeron que estaba tirado acá por Camino Viejo; mi papá tuvo que ir a la Fiscalía a recoger el cuerpo. Eso fue lo que nos dijeron, pero no nos dijeron a ciencia cierta qué había pasado”.
Sergio contó que la noche del 10 de febrero, unas calles más adelante de su domicilio, encontraron a su hermano Héctor herido, quién perdió la vida momentos después. Para él, las motivaciones del suceso no han quedado muy claras, sin embargo, la realidad cotidiana los ha inmerso en adoptar el conformismo entre las y los habitantes de la colonia Anáhuac y alrededores.
Para Carlos Covarrubias, se trata de un caso inédito, que cimbró a la comunidad musical de San Luis Potosí y a los seguidores del género en diferentes estados del país, al tratarse de la pérdida de un artista local en estas circunstancias. Además, de crear un legado dentro de la música en San Luis Potosí, al que le augura un renacer tardío.
“Los Cráneos son una banda que se va a convertir en un objeto de culto dentro de muchos años. Alguien los va a redescubrir y alguien los va a valorar. Quizá ya muy tarde, como ahorita, ¿ya pa’ qué?”.
Mientras que Onil consideró la partida de Héctor como el inicio de un legado a perdurar entre el público y las bandas, consolidadas y emergentes.
“No muere el punk. El punk sigue, como muchos que también han caído de otros países o de otros estados y ahora son leyendas, y que influyen mucho en las nuevas generaciones. Yo creo que por ahí va el camino del Kani”.
El nombre de Héctor Herrera Tello será inscrito en el mural de la calle Parménides; ahí, donde se armaban los toquines callejeros, recibiendo a vecinos que se volvieron compas… hasta en su propio funeral, donde siguieron bailando las calacas. La vida sigue su curso para los colonos, el barrio perdió a su más grande exponente. Pero el Kanikas será recordado con cariño; ahora como una leyenda, por su esencia musical y humana.
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El olor a descomposición llegaba a la calle; la indiferencia llegaba más lejos | Editorial de La Orquesta
Durante años, un hombre habría vivido de reproducir perros sin poder ofrecerles ni agua, ni comida, ni una muerte digna. No eran perros, eran mercancias hasta que dejaron de existir
Por: La Orquesta
La crueldad humana no puede justificarse en nuestra condición de seres humanos complejos e imperfectos, es un porqué pero no una justificación.
Lo ocurrido en Milpillas es difícil de procesar. No por falta de información, sino porque mientras más se sabe, más insoportable resulta imaginar el sufrimiento que soportaron esos animales.
Es constante el intentar entender a las personas crueles. Decimos que tuvieron una infancia complicada, que padecen enfermedades mentales, que son producto de la pobreza, de la ignorancia, del abandono institucional o de una sociedad enferma. Todo eso puede ayudarnos a entender de dónde viene la violencia. Es un porqué, pero jamás puede convertirse en una justificación.
Porque el hombre que operaba este criadero vivía de los perros. Su trabajo consistía, básicamente, en encerrar a un macho con una hembra dentro de una jaula para que se reprodujeran, vender las crías y repetir el proceso una y otra vez. Nada más. Explotaba animales para obtener un ingreso económico y aun así no pudo ofrecerles lo más elemental: agua accesible, alimento suficiente, atención veterinaria, un espacio limpio o una muerte digna.
La normalización de estos actos de personas así es profundamente preocupante. Vecinos cuentan que llevaba años funcionando de esta manera. Durante años, al parecer, para él fue insignificante que los perros sufrieran. Era irrelevante que estuvieran en los huesos. Era irrelevante que agonizaran. Era irrelevante que compartieran espacio con cadáveres de otros perros, que respiraran el olor de cuerpos en descomposición, que algunos nunca hubieran recibido una caricia, un paseo, una manta durante el frío o un tratamiento para enfermedades.
Y entonces aparece la pregunta más dolorosa: ¿cuántos perros murieron ahí? ¿Cuántos nacieron solo para ser vendidos? ¿Cuántos pasaron toda su vida dentro de una jaula? ¿Cuántos agonizaron durante días antes de morir? ¿Cuántos soportaron el hedor de otros muertos porque ni siquiera eran retirados de las instalaciones? ¿Cuántos más existen en otros patios, bodegas o periferias de este país y nunca los conoceremos porque nadie denuncia, porque las autoridades no van o porque aprendimos a convivir con el horror?
El causar dolor a un ser vivo indefenso habla mucho más de quien infringe ese dolor que de quien lo recibe. No hablamos únicamente de perros. Las personas hieren personas. Torturan personas. Matan personas. Las razones pueden ser políticas, económicas, sociales, familiares o personales, pero muchas veces tienen un hilo conductor: herir a otros desde las propias heridas no resueltas.
A quienes observamos desde fuera nos conmueve el sufrimiento, especialmente cuando se trata de seres incapaces de defenderse. Un perro no es una persona. Nunca lo será. Pero reconocer esa diferencia tampoco justifica minimizar el dolor que sentimos al imaginar la crueldad que soportaron estos animales. Deprimirnos ante ello no nos hace exagerados; probablemente nos hace una sociedad un poco menos enferma.
También debemos aceptar algo incómodo: la cárcel por si sola no cura a quien necesita infligir dolor. El castigo punitivo no repara la empatía rota de una persona. Sin embargo, sí debe existir un castigo ejemplar. Y en México, particularmente en San Luis Potosí, los castigos por maltrato animal suelen ser una burla. Hemos visto agresores salir prácticamente ilesos tras entregar costales de croquetas, cumplir medidas mínimas o evitar condenas efectivas, a pesar de que la legislación contempla penas de hasta cinco años de prisión en casos graves.
Quizá la prisión no transforme a un maltratador, pero las sanciones económicas severas sí pueden convertirse en un mecanismo disuasorio. A muchos les duele más perder dinero que saber que otro ser vivo sufrió bajo su responsabilidad.
La omisión institucional también es parte del problema. Resulta frustrante que cuando alguien roba un vehículo existan operativos, seguimiento y reacción inmediata, pero que cuando un policía observa a un animal siendo golpeado, encadenado, abandonado o muriendo lentamente, pocas veces intervenga. El maltrato animal debería asumirse con mayor seriedad y atenderse como un indicador de violencia social, no como una falta menor.
Hay otro componente incómodo: la periferia. En muchas comunidades alejadas de los centros de poder parece existir un mensaje tácito de impunidad. Ahí la gente construye sin permisos, quema basura, tira escombros, abandona animales y, a veces, opera criaderos clandestinos durante años sin consecuencias. Es un abandono institucional que termina normalizando cualquier cosa.
Finalmente, hay una responsabilidad colectiva que rara vez queremos asumir. Mientras siga existiendo un mercado dispuesto a pagar miles de pesos por un cachorro de determinada raza, seguirá habiendo personas dispuestas a reproducirlos en serie. Tal vez deberíamos dejar de decir “me encantan los perros, pero solo de tal raza”, porque ese supuesto amor muchas veces alimenta la industria que los convierte en mercancía.
El caso de Milpillas es indignante. Pero sería aún más indignante descubrir que dentro de unos meses volvemos a compartir fotografías de otro criadero, de otro perro en los huesos, de otro cadáver cubierto con cal, y reaccionamos con sorpresa, como si no supiéramos que el problema nunca fueron solamente los animales abandonados.
El problema es la facilidad con la que aprendimos a convivir con la crueldad.
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Ciudad
Era peor de lo que se imaginaba: Animalistas rescatan a perros de criadero clandestino de Milpillas
Perros husky y pastor alemán en los huesos, animales agonizando dentro de jaulas, cadáveres cubiertos con cal, restos reducidos a mechones de pelo, un olor nauseabundo que llegaba hasta la calle y hasta lechones muertos dentro del predio
Por: Ana G Silva
Lo que vecinos y rescatistas encontraron al ingresar a un presunto criadero clandestino de perros en la fracción Milpillas fue descrito por ellos mismos como una escena “horrible, difícil de ver, de oler y profundamente triste”.
La tarde del miércoles, colectivos animalistas potosinos acudieron al domicilio señalado desde hace semanas por habitantes de la zona como un sitio donde se criaban y comercializaban perros husky y pastor alemán en condiciones inadecuadas. La intervención ocurrió luego de que el caso se viralizara en redes sociales, ante la falta de respuesta de autoridades municipales y estatales, pese a denuncias previas realizadas por vecinos.
Al llegar al inmueble, las rescatistas no localizaron a los cachorros que anteriormente habían sido observados en el lugar y que presuntamente eran comercializados incluso a la orilla de la carretera. De acuerdo con testimonios de quienes participaron en el rescate, aparentemente algunos animales fueron retirados antes de su llegada y hubo intentos por limpiar parcialmente las instalaciones.
Entre las acciones que detectaron se encontraba la colocación de recipientes con agua; sin embargo, ésta permanecía fuera de las jaulas, imposibilitando que los perros encerrados pudieran acceder a ella.
A pesar de ello, numerosos ejemplares permanecían confinados en jaulas pequeñas, sin alimento y en condiciones de extrema desnutrición. Algunos perros se encontraban prácticamente reducidos a piel y huesos, mientras que otros presentaban un estado de salud tan delicado que las voluntarias consideraron que estaban al borde de la muerte.
Las activistas denunciaron además la presencia de grandes cantidades de cal esparcidas en distintas áreas del predio, particularmente en zonas donde localizaron perros muertos en avanzado estado de descomposición. El olor, señalaron, era nauseabundo y podía percibirse desde la calle, situación que vecinos consideraron incluso un riesgo sanitario para quienes habitan en las inmediaciones.
Durante la inspección también fueron encontrados restos de animales que consistían únicam ente en mechones de pelo y vestigios óseos.
Asimismo, localizaron varios lechones recién nacidos muertos, que, según sospechan algunas personas involucradas en el rescate, podrían haber sido utilizados ocasionalmente como alimento para los perros.
Los rescatistas sostuvieron que las condiciones encontradas permiten presumir que los animales sobrevivientes permanecían cotidianamente en ese entorno insalubre, rodeados de cadáveres, desechos y fuertes olores derivados de la descomposición.
Ante la gravedad de la situación, vecinos y colectivos decidieron sacar del inmueble a todos los perros que aún permanecían con vida. Algunos fueron adoptados de manera inmediata por ciudadanos que acudieron al sitio, mientras que el resto fue trasladado a un refugio para recibir atención, aunque hasta el momento se desconoce con precisión el estado de salud de cada uno de los ejemplares rescatados.
Habitantes de Milpillas recordaron que el funcionamiento del presunto criadero clandestino había sido denunciado con anterioridad ante diversas autoridades, pero aseguran que no obtuvieron respuesta ni inspecciones formales, situación que derivó en que las agrupaciones animalistas actuaran por cuenta propia una vez que el caso alcanzó notoriedad en redes sociales.
Respecto al propietario del inmueble, vecinos señalaron que presuntamente se encontraba hospitalizado y que recientemente habría sido dado de alta; sin embargo, hasta ahora no se ha presentado en la vivienda ni ha establecido contacto con quienes participaron en el rescate.
Las organizaciones animalistas anunciaron que este jueves acudirán a presentar una denuncia formal ante la Fiscalía General del Estado por posibles actos de maltrato animal, abandono y operación irregular de un criadero, además de aportar evidencia sobre la presunta venta de perros en las inmediaciones de la carretera y las condiciones deplorables en que eran mantenidos.
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“Dependerá del gobierno entrante”: Sedesore sobre sus programas sociales
La titular de Sedesore reconoce que los apoyos —tortilla subsidiada, becas, madres solteras, adultos mayores— podrían no sobrevivir al cambio de administración en 2027
Por: Redacción
María del Rosario Martínez Galarza, titular de la Secretaría de Desarrollo Social y Regional (Sedesore), reconoció este miércoles que la continuidad de los programas sociales del gobierno de Ricardo Gallardo Cardona dependerá de quien encabece la siguiente administración, al margen de los compromisos adquiridos.
La declaración ocurrió durante el anuncio de una nueva tortillería subsidiada en Residencial del Bosque, cuando se le preguntó si existe garantía de que los apoyos no se eliminen con el cambio de gobierno. “Cada administración tiene un tema muy diferente de trabajar”, respondió.
Martínez Galarza recordó que cuando Sedesore inició la gestión de Gallardo, la dependencia contaba con un solo programa activo: las despensas de emergencia de la pandemia de COVID-19. Desde entonces, la Secretaría construyó una red que hoy incluye tortilla subsidiada , apoyos a madres solteras, adultos mayores y becas escolares.
La titular planteó que estos apoyos deberían convertirse en políticas permanentes, sin embargo, sostuvo que “va a depender muchísimo de las personas que estén a cargo de la dependencia, pero sobre todo de las indicaciones del gobierno”.
La dependencia opera actualmente ocho tortillerías en el estado con una inversión de más de 3 millones de pesos y una distribución de más de 500 kilos diarios a 14 pesos el kilo, poco menos de la mitad del precio comercial.
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