julio 31, 2026

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#Crónica | ¡Atlético de San Luis es de Primera!

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Atlético de San Luis

Otra vez hasta los tiempos extras, Atlético de San Luis, con gol de Unai Bilbao, consiguió el ascenso a la Liga MX

Por: Roberto Rocha 

Cuando Unai Bilbao se encontró una pelota dentro del área y mandó un histórico zurdazo al fondo de las redes, grité el gol con todas mis fuerzas, abracé a mi hermano Daniel y las lágrimas corrieron por las mejillas de ambos.

Lo he dicho toda mi vida, San Luis no es mi equipo, pero aún así, por lo cerca que he estado a su historia, por las personas que me ha llevado a conocer, por las oportunidades profesionales que me ha brindado y por todo el camino que he recorrido con ellos, lo quiero un chingo.

Lloré porque el futbol ha sido muy injusto con esta ciudad, con su afición y entre ellos, él sí de corazón, con mi hermano. Lloré porque recordé que hace seis años un traidor dejó a San Luis Potosí sin futbol de Primera División, en la mesa, como nunca deberían resolverse las cosas en el futbol. Y ahí siguió la afición potosina.

Recordé también que esta afición tuvo algún equipo competitivo, que había perdido una final contra Dorados hace cuatro años y que fue desmantelado para el torneo siguiente. Y ahí siguió la afición potosina.

También vinieron a mi memoria esos días frenéticos en los que parecía que la afición de San Luis volvería a tener futbol en Primera División, pero todo terminó con un año sin equipo. Y ahí siguió la afición potosina.

Cuando el futbol volvió a San Luis, ya tenía otro rostro, otro nombre y otros colores. El Atlético de San Luis ilusionó a unos, pero también decepcionó a otros. También es cierto que sumó nuevos aficionados para este deporte y, aunque ha relegado un poco el tradicional auriazul del futbol potosino… ahí siguió la afición potosina.

El primer torneo fue decepcionante y el segundo, pese a un pésimo inicio y haber estado hasta en peligro de descender a la Segunda División, dejó al San Luis en la raya. Pasaron dos torneos de este Atlético de San Luis sin calificar. Y ahí siguió la afición potosina.

El gol de Bilbao era entonces el desfogue de todos esos seis años, con pocos momentos altos y muchos muy bajos.

Pero para llegar a él tuvieron que pasar 102 minutos en la cancha. Atlético de San Luis es mejor equipo que Dorados y lo ha demostrado en dos finales consecutivas. Pero la superioridad de los potosinos no pudo ponerse en manifiesto en 180 minutos ninguna de las dos veces. Hubo que llegar a los 210.

El ambiente en el Lastras para la final era espectacular. La nueva serie contra Dorados fue el tema de la semana en San Luis Potosí.

Las camisetas auriazules y rojiblancas se contaban por miles en la ciudad ayer.

A diferencia del resto del torneo, el Alfonso Lastras ya tenía más de 80 por ciento de su capacidad cuando aún faltaba media hora del inicio del partido. La presión de la afición local se sintió desde que los equipos salieron a calentar.

La directiva preparó para este partido un mosaico rojiblanco con una frase que se mostró en la cancha: “Aquí se lucha hasta el final”.

Saltaron los equipos a la cancha, la pirotecnia, los enormes escudos de los clubes y la bandera monumental. Estaba todo listo para la final.

A diferencia de la final de diciembre pasado, la presión de Dorados no fue tan fuerte ni apremiante. Pero Atlético de San Luis tampoco pudo mostrar en el marcador lo que fue evidente durante los dos partidos: que es muy superior a los sinaloenses.

El juego fue ríspido, muy disputado y con escasas oportunidades de gol para ambos lados. Pero incluso ahí, donde no pudo marcarse diferencia en el marcador, San Luis fue mejor.

El ambiente en la tribuna era festivo, claro, como cualquier final. Pero también se tenía el temor de que un solo error podía tirarlo todo: un torneo invicto, una final por el bicampeonato. Todo… como cualquier final.

El “Maradona se la come” ya no fue tan escuchado como apenas cinco meses antes en el Lastras. La campaña del Atlético de San Luis para que sus aficionados mejor destacaran las virtudes de su equipo y del Rey Midas del Ascenso, Luis Alfonso Sosa, funcionó.

Pero aunque hubo varios cánticos para animar a los potosinos, hubo aplausos y la luz de los celulares, en la cancha la igualdad prevaleció durante los dos tiempos de 45 minutos.

Solo un disparo de Nico Ibáñez, que intentó clarear a Garpar Servio, el portero de Dorados, en los primeros minutos del partido, acercó a la afición al grito de gol, pero provocado por la ilusión óptica.

San Luis fue más impetuoso en el tiempo regular y Dorados más precavido. el resultado, por tanto, fue el 0-0.

Con los tiempos extras, se acercaba el sueño del bicampeonato y de Primera División para el Atlético de San Luis

. Pero también el nervio se hacía cada vez más y más fuerte. Otra vez, porque cualquier pequeño error podía tirarlo todo por la borda.

Entonces llegó el gol de Unai Bilbao, al minuto 12 del tiempo extra. Un tiro libre cerca del córner que cobró Marcos Astina fue rechazado al centro del área por Gaspar Servio.

La pelota se puso enfrente de Unai Bilbao, quien de un zurdazo mandó el balón al fondo e hizo explotar el Alfonso Lastras.

Entonces grité, abracé a mi hermano y lloré, además de por todo lo que ya había dicho, porque recordé a mi papá, quien me llevó por primera vez y muchas veces más al futbol y seguro habría disfrutado enormidades ese momento.

Abracé también a Ornella, al Chino, a Moy y a Aranda y a algunos cuantos desconocidos, porque en ese momento ya no importaba saber los nombres de a quienes abrazaba.

Desde entonces, ni yo, ni casi ninguna otra persona en el estadio pudo ocupar su asiento. Menos de 20 minutos faltaban para volver a Primera División, seis años después, pero en la cancha, como deben ganarse las cosas en el futbol y no en el escritorio, como le arrebataron la máxima categoría a esta ciudad.

Para ponerle un poco más de dramatismo a la situación, llegó la expulsión a Julio Nava de Dorados, al minuto 112 y al goleador Nico Ibáñez, al minuto 126.

Aún así, existía la posibilidad de que algo saliera mal en los últimos minutos. Pero el tributo al equipo, al campeón defensor invicto, estaba ya dándose en las tribunas del Lastras.

Aplausos para Nico, para Sosa, para El Chino Torres, para Felipe Rodríguez. Para todos, en este plantel excepcional.

Entonces el árbitro Édgar Ulises Rangel señaló al medio campo y decretó el triunfo, bicampeonato y retorno del futbol potosino a la Primera División.

Todos seguían de pie y nadie se movió de su asiento. Había que ver cómo este dominante San Luis recibía sus dos trofeos: el del Clausura 2019 y el de la temporada 2018-2019.

Esta ciudad y esta afición son de primera. Merecíamos ganarnos en la cancha que nuestro equipo también fuera de Primera.

FICHA TÉCNICA
Atlético de San Luis
1- Felipe Rodríguez
4- Matías Catalán
5- Mario Abrante
20- Unai Bilbao (gol al minuto 102)
21- Enrique López “Cadete”
15- Jorge “Perrito” Sánchez
18- Noe Maya
2- Juan David Castro (amonestado al minuto 37)
26- Fernando Madrigal
22- Ían González
9- Nicolás Ibáñez (amonestado a los minutos 27 y 116)
DT- Alfonso Sosa

Cambios
11- Marcos Astina, al minuto 75, por Maya
10- Leandro Torres, al minuto 86, por Castro
33- Mario de Luna, al minuto 100, por Abrante

Dorados
23- Gaspar Servio (amonestado al minuto 96)
2- Diego Barbosa
4- Jesús Chávez
33- Cristhian Báez
6- Fernando Arce
7- Édson Rivera
8- Jesús Escoboza (amonestado a minuto 104)
11- Julio Nava (expulsado al minuto 112)
16- Fernando Elizari
35- Rubio Méndez
10- Fabián Bordagaray
DT- Diego Maradona

Cambios
3- Gustavo Canto, al minuto 56, por Elizari
91- José Lugo, al minuto 75, por Rivera
5- Luis Jerez, al minuto 90, por Chávez

Árbitro
Édgar Ulises Rangel tuvo una actuación discreta y mantuvo el orden dentro de campo de juego. Expulsó a un jugador por equipo en los tiempos extras

Desfilarán por Carranza 

Atlético de San Luis anunció, después del campeonato, que realizará hoy un desfile por la avenida Venustiano Carranza, desde el Parque de Morales hasta la Plaza de Fundadores.

El evento se realizará a las 6 de la tarde de este lunes.

Alcalde Pirata 

La transmisión de la final en la Plaza de Armas de San Luis Potosí, organizada por el Ayuntamiento capitalino de Xavier Nava Palacios, fue bloqueada por el sistema Sky, propietarios de los derechos de Atlético de San Luis.

La señal utilizada por el gobierno de San Luis Potosí tenía la frase: “Este canal es robado de Sky. Denúncialo”.

Las lágrimas del descenso | Columna de Sebastián Escorza

Columna de Nefrox

El último partido | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Hay partidos que se recuerdan por el marcador.
Y hay otros que se recuerdan porque, sin saberlo, fueron una despedida.

El 14 de febrero de 2006, un joven Andrés Guardado pisó la cancha del Alfonso Lastras con la camiseta del Atlas. Era apenas un futbolista que comenzaba a llamar la atención, uno de esos talentos que prometían mucho, pero que todavía no cargaban con el peso de las expectativas. Meses después estaba jugando en Europa y aquella terminó siendo la última vez que San Luis lo vio con un equipo mexicano en muchos años (Andrés volvió a San Luis con León en 2025).

Nadie lo sabía esa noche.
Las despedidas importantes casi nunca avisan.

Veinte años después, el Alfonso Lastras vuelve a recibir a un futbolista que parece destinado a cruzar el océano más temprano que tarde.

Gilberto Mora.

Y cuesta trabajo no pensar en aquella imagen de Guardado. No porque sean el mismo jugador.
No porque sus carreras tengan que seguir el mismo camino. Sino porque ambos llegaron a San Luis con esa extraña sensación que producen los futbolistas diferentes. Esos que uno disfruta sabiendo que probablemente no volverá a ver muchas veces por aquí.

Gilberto Mora juega con una naturalidad que desarma. Hay jóvenes que parecen apresurados por demostrar que son buenos.
Él no.
Parece jugar convencido de que el tiempo siempre le pertenece. Recibe, levanta la cabeza, espera medio segundo más que los demás y, cuando todos creen que perdió la oportunidad, encuentra un pase que nadie había visto. Eso no se enseña. Eso aparece muy de vez en cuando.

Por eso resulta tan difícil hablar de él sin caer en exageraciones. Pero también sería injusto esconder la emoción.

Y entonces aparece una idea inevitable.

¿Y si de verdad estamos viendo al futbolista mexicano con el techo más alto de todos?

La historia siempre será cuidadosa con esas afirmaciones.
Antes estuvieron Hugo Sánchez, Rafael Márquez, Andrés Guardado y muchos otros que hicieron carrera durante dos décadas.
Gilberto apenas comienza.

Pero hay algo en su manera de entender el juego que invita a pensar en grande. Muy grande.

Por eso su visita al Alfonso Lastras tiene un valor distinto. No es solamente Tijuana enfrentando al Atlético de San Luis.
Es la posibilidad de ver, quizá por última vez en esta ciudad, a un futbolista que dentro de unos meses podría estar recorriendo estadios europeos.

Así pasó con Guardado. Un día vino como un joven prometedor. Al siguiente ya pertenecía a otro fútbol.

A veces el fútbol tiene estos pequeños regalos.
Nos permite ver el principio de historias que después terminan contándose desde muy lejos.

Quizá dentro de quince o veinte años alguien recuerde que Gilberto Mora jugó una noche en San Luis antes de convertirse en la figura que todos imaginaban.
Quizá no.
El fútbol también sabe romper pronósticos.

Pero si algo ha demostrado este muchacho es que los escenarios parecen quedarle pequeños.
Y cuando eso sucede, normalmente el siguiente destino está del otro lado del Atlántico.

Si este termina siendo su último partido en el Alfonso Lastras con la camiseta de un club mexicano, habrá valido la pena detenerse un momento para verlo.

Porque los grandes futbolistas no solo dejan goles o asistencias. También dejan recuerdos.
Como aquel muchacho de cabello largo que una noche de febrero de 2006 jugó con el Atlas antes de conquistar Europa.
Y como este adolescente que hoy viste los colores de Tijuana, pero que da la impresión de estar de paso.

Porque hay talentos que pertenecen a un equipo.
Y hay otros que, desde muy temprano, parecen pertenecer a la historia.

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TESTEANDO

 

El torneo ha comenzado y no de la mejor forma para el Atlético de San Luis. Más allá de la derrota en la jornada 1 frente a Cruz Azul en casa, lo verdaderamente preocupante es lo complicado que se ven las primeras fechas para el equipo potosino, las ocho primeras jornadas parecen duelos difíciles de superar, sumado al fuerte compromiso de la Leagues Cup, lo que no parece dar muchos ánimos y más bien se pide paciencia tanto para jugadores como para la afición. Pero hagamos el presupuesto de puntos, como cada inicio de torneo.

J1.- Cruz Azul: derrota 0 puntos
J2.- Tigres: derrota 0 puntos
J3.- Tijuana: empate 1 Punto
J4.- América: derrota 1 Punto
J5.- Pachuca: derrota 1 Punto
J6.- Monterrey: derrota 1 Punto
J7.- Chivas: derrota 1 Punto
J8.- León: derrota 1 Punto
J9.- Necaxa: victoria 4 Puntos
J10.- Pumas: derrota 4 Puntos
J11.- Santos: victoria 7 Puntos
J12.- Toluca: derrota 7 Puntos
J13.- Querétaro: victoria 10 Puntos
J14.- Atlante: victoria 13 Puntos
J15.- Atlas: victoria 16 Puntos
J16.- Juárez: victoria 19 Puntos
J17.- Puebla: victoria 22 Puntos

Según el presupuesto, los 22 puntos serán insuficientes para una clasificación a la liguilla, pero aún más preocupante es la baja suma de puntos en las primeras jornadas, llegando a la semana 9 del campeonato con apenas una victoria y solo 4 puntos, esto debido al complicado calendario que tiene el cuadro potosino.

El panorama no es alentador para un equipo que se ha reforzado poco y ha perdido al jugador más valioso de la temporada pasada, un equipo que no se vio bien los campeonatos anteriores y que no promete un futuro distinto. La afición tendrá que ser paciente y entender que la reestructuración parece no ser completa en el plante

l, que las cosas pueden mejorar pero no lucen bien y menos con la forma en que el calendario se ha acomodado terriblemente para el equipo.

Por otro lado, creo que la directiva y cuerpo técnico saben bien a qué se enfrentan, conocen sus debilidades y saben lo complejo que parece el torneo en puerta, seguramente la planeación del campeonato no los tomó por sorpresa y sepan bien cuál es la ruta a seguir bajo esta circunstancia, a su vez, tranquilizar a los jugadores que seguro serán los más golpeados si los resultados no se dan.

Del lado de la afición y jugadores, queda cerrar filas, parece que se avecina un torneo más para el olvido, de esos que se va a sufrir más que gritar el gol a favor, ojalá yo esté equivocado, pero parece que no será así, parece que el destino está marcado y no suena muy alentador.

Toca esperar, apoyar, trabajar y sobre todo aguantar, que este proyecto sume y que encuentre en su humilde plantel, jugadores que demuestren y levanten la mano en un torneo en donde el presupuesto se ve, más que complicado.

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De las Malvinas al Azteca y del Azteca a Atlanta: Argentina vs Inglaterra y una guerra que no termina

Argentina llega como vigente campeona del mundo. Inglaterra busca su primera Copa en 60 años. Entre los dos equipos hay una guerra, un Maradona y 44 años de historia sin resolver.

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La Guerra de las Malvinas ya no se pelea con fusiles. Se pelea con la voz y, en especial, con un balón

Por: Carlos Ruíz Espinosa

Tras su sufrido triunfo ante Suiza en Cuartos de Final, los jugadores de la Selección Argentina cantaron. No cantaron cualquier cosa: cantaron que las Malvinas son argentinas. “Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”. Era la víspera de una semifinal de Mundial, una que marcará el capítulo más reciente de una historia que lleva 44 años sin resolverse.

Hoy en Atlanta, la campeona del mundo enfrenta a una Inglaterra que busca su primera Copa en 60 años. Esos 60 años no son un número cualquiera. La última vez que Inglaterra levantó el trofeo fue en 1966, en la tierra donde el futbol nació.

Fue ese año cuando el árbitro alemán Rudolf Kreitlein expulsó al capitán argentino Antonio Rattín en los Cuartos de Final donde la Albiceleste se enfretaba a los locales. Rattín no quiso salir. Tuvo que ser escoltado por la policía. Inglaterra se acabó llevando la victoria por la mínima con un tanto de Geoff Hurst.

Al final, el técnico inglés Alf Ramsey se negó a que sus jugadores intercambiaran camisetas con los argentinos y los describió en la prensa como “animales”. Los argentinos llamaron a ese partido “el robo del siglo“. Dieciséis años después… llegó la guerra.

El 2 de abril de 1982, Argentina invadió el archipiélago que llama Malvinas y que Gran Bretaña llama Falkland. El conflicto duró 74 días. 

La guerra fue breve y fue una catástrofe. El general Leopoldo Galtieri, heredero de Jorge Rafael Videla al frente de una junta militar que llevaba seis años desapareciendo y torturando a su propio pueblo, ordenó la invasión como una apuesta desesperada: necesitaba una causa nacional que enterrara la crisis económica y los crímenes que el régimen acumulaba. La apuesta salió mal.

Los soldados que enviaron a las islas eran en su mayoría reclutas de 18 y 19 años, muchos de provincias tropicales del norte argentino, sin entrenamiento para el frío ni equipamiento suficiente. Llegaron al invierno con ropa inadecuada, mal alimentados, a veces abandonados por sus propios oficiales que dormían en casas mientras los reclutas se congelaban en trincheras.

Frente a ellos, un ejército profesional que recorrió 13,000 kilómetros para recuperar unas islas donde vivían menos de dos mil personas.

El 2 de mayo de 1982, el submarino británico HMS Conqueror hundió al crucero ARA General Belgrano cuando navegaba fuera de la zona de exclusión declarada por Gran Bretaña. Murieron 323 marinos argentinos. Fue el día más sangriento de la guerra y también su punto de no retorno: la flota sudamericana se retiró a sus puertos y no volvió a salir. Lo que quedaba de la guerra se disputaría en tierra, con pibes que no sabían bien por qué estaban ahí, contra soldados que sí.

El poeta Jorge Luis Borges, de ascendencia parcialmente británica, lo vio desde Buenos Aires y dictaminó con su ironía característica: “La guerra de las Malvinas es una pelea entre dos calvos por un peine.” Tres años después escribió el poema “Juan López y John Ward”, sobre dos soldados ficticios (uno por bando) que mueren en las islas sin haber cruzado una sola palabra. Los llamó víctimas de “unas islas demasiado famosas.”

Al final, murieron 649 soldados argentinos y 285 británicos. Argentina se rindió el 14 de junio de 1982. El Mundial de España comenzó al día siguiente. No hubo pausa. No hubo luto colectivo. Hubo futbol.

El caso de Osvaldo Ardiles relató el conflicto como ningún otro. Jugador del Tottenham Hotspur, el día después de la invasión jugó la semifinal de la Copa FA contra el Leicester City: la afición rival lo abucheó en cada toque del balón.

En las Falkland, su primo José Ardiles se desempeñaba como piloto de caza, y acabó muriendo en combate sobre las islas semanas después. Fue el primer piloto argentino en caer en la guerra. Ossie dejó Inglaterra sin saber cuándo volvería, pero sería el primer reflejo de la relación directa que tendría la pelota con las secuelas de las Malvinas.

La derrota en la guerra fue devastadora para un pueblo que, similar a lo que aconteció en el Mundial de 1978, recurrió al futbol para buscar la alegría que la actualidad nacional le quitaba

. El ídolo ya no iba a ser Mario Alberto Kempes como en ese torneo ni mucho menos Videla o Galtieri. El héroe albiceleste respondía al nombre de Diego Armando Maradona.

El 22 de junio de 1986, Cuartos de Final del Mundial de México 86. En el Estadio Azteca, ‘El 10’ metió dos goles contra Inglaterra que explican más sobre Argentina que cualquier libro de historia. El primero fue la mítica “Mano de Dios“. Diego saltó a disputar un balón con el portero Peter Shilton, y ante su falta de estatura, estiró la mano para acabar empujando la pelota a la red… el árbitro lo dio por bueno.

El segundo, en el que gambeteó a cinco ingleses en 11 segundos, fue una obra maestra catalogada como “El Gol del Siglo”. Ganaron 2-1. En un solo día, el ‘Pelusa’ se despachó dos de los tantos más icónicos en la historia del futbol, pero esos goles significaban mucho más que el pase a Semifinales.

En su autobiografía, Maradona lo escribió sin tapujos: “Aunque habíamos dicho antes del partido que el fútbol no tenía nada que ver con la guerra de las Malvinas, sabíamos que habían matado a muchos chicos argentinos ahí. Los mataron como pajaritos. Y eso era la revancha”.

Roberto Perfumo, ex jugador argentino, fue más claro todavía: “En 1986, ganarle a Inglaterra era suficiente. Ganar el Mundial era secundario para nosotros. Ganarle a Inglaterra era nuestro verdadero objetivo.”

La herida no se cerró en 1986, pero tampoco en 1998, cuando argentinos e ingleses se citaron en Octavos de Final del Mundial de Francia. Un primer tiempo trepidante que acabó 2 por 2 tras un golazo de Michael Owen y un icónico tanto de Javier Zanetti tras un tiro libre. La segunda mitad quedaría marcada por la expulsión del entonces joven David Beckham por una patada al ‘Cholo’ Simeone que convertiría al ‘Spice Boy’ en villano nacional por un buen rato. Los sudamericanos se acabarían imponiendo en penales.

El asunto menos se calmó en 2002, cuando en Corea-Japón, el mismo Beckham cobró el penal que eliminó a Argentina en la Fase de Grupos. Los de Marcelo Bielsa se fueron a las primeras de cambio de un Mundial al que llegaron como favoritos y, por primera vez desde la guerra, volvieron a caer ante los ingleses en semejantes instancias.

Simon Kuper, periodista y autor de Football Against the Enemy —el libro que exploró cómo el fútbol canaliza guerras y dictaduras en todo el mundo—, tituló su análisis de esta rivalidad en The Guardian en 2002 con una frase que hoy suena a profecía: “The conflict lives on.”

El conflicto sigue vivo. Los jugadores argentinos lo cantaron el sábado después de librar el encuentro ante los suizos. La diferencia, es que ya no se pelea con fusiles. Se pelea con la voz y, en especial, con un balón.

Hoy en Atlanta, Argentina defenderá su corona mundial contra una Inglaterra que lleva 60 años esperando repetir lo que logró en 1966, pero esto va mucho más allá de la gloria deportiva. Habrá nuevas generaciones en la cancha que no vivieron la guerra, pero que cargarán con su peso sin buscarlo.

Borges tenía razón: son dos calvos peleándose por un peine. Lo que el escritor no sabía, y seguramente no hubiera querido saber considerando cuánto odiaba al futbol, es que ese peine hoy tiene la forma de un boleto a la Final del domingo

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