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Claudia y los nueve minutos de México | Apuntes de Jorge Saldaña
Por Jorge Saldaña
Sin mapas, sin ejércitos, sin carabelas y sin reproches, Claudia Sheinbaum desembarcó en España.
En un solo discurso dejó un estandarte, un ayate, un cuadro de Frida Khalo del 2026, una postura por la paz, una definición de democracia y una propuesta para sembrar vida.
En nueve minutos, la presidenta dibujó para el mundo el ADN mexicano, su milenaria historia, su vasta y universal cultura, su profundo espíritu, su conocida diplomacia magnánima y su columna de valores con olor a copal.
Claudia recorrió miles de años en los nombres de los dioses que dieron y siguen dando significado a una raza de la que somos fruto, dioses vivos en nuestras lenguas, tradiciones y en nuestra forma de mirar el cielo.
Apellidos heroicos que nos dieron no solo independencia sino sentimientos a una nación.
Hombres que se levantaron en armas para darle sentido a un país, que exigía tierra y libertad, sufragio efectivo, no reelección y tierra para quien la trabaje.
Ni por encima ni después, los nombres de mujeres con apellido completo. Muchas aquellas a quienes la historia minimizó en sus renglones pero que llegaron junto a Claudia, y junto a todas en 2024.
Es sábado. Escuché el discurso de los nueve minutos al menos cinco veces, lo repetí a propósito mientras transitaba mi fin de semana.
Las palabras de la mandataria en Barcelona me resonaban con cada escena que estuvo a mi alcance.
El mismo sábado pude y me senté en una banca. No era cansancio, era esa cosa sin nombre que a veces te obliga a quedarte quieto cuando algo importante se está diciendo. Es como detener el auto, para atender una llamada.
Desde la banca me puse a ver: Vi al señor que espera el camión con la semana y la vida entera en los hombros. Vi a unos niños que juegan futbol sin saber que son la cosa más seria del mundo. Vi a una señora vendiendo nopales con la economía de un país en sus manos callosas.
Vi a unos uniformados que trabajan en sábado porque el descanso es un lujo que no les toca.
Vi a mis sobrinas crecer y a mis padres volverse más lentos.
Y me vi a mí, con mi historia cosida a retazos como la de cualquier mexicano que ha tenido que inventarse el camino mientras lo camina.
Porque México no es solo un país; es la fuente donde cada uno lanza la moneda de su historia. Es una herencia que se sangra y se canta.
Saboreé el discurso de la presidenta, que más que hablar, contó esa herencia a nombre de todos en la Cumbre por la Democracia en Barcelona.
Escuchándola me vino a la mente un collage de mi propia memoria. Con su voz me llevó a las imágenes que ahí están: el Calendario Azteca, el humo del copal, el sarape de Saltillo y la vastedad de un país que se desbordaba en palabras ante los líderes del mundo.
Ahí estaba la blancura de Mérida, el azul que solo pertenece al Caribe y los arcos de piedra que custodian el fin del mundo en Los Cabos.
Apareció la tierra de José Alfredo, el vértigo de los clavadistas en la Quebrada y ese puerto de Veracruz que también es canción y donde la historia siempre decide desembarcar.
Ahí estaban los mayas y los olmecas, los volcanes y las lenguas que ninguna conquista pudo borrar.
En ese podio, Claudia dejó de ser una figura política para volverse bandera, himno y escudo. Fue el sincretismo —esa mezcla imposible y perfecta que somos— sin contradicción y sin disculpa.
¿Cómo lo hizo? Con una sola herramienta: una palabra repetida como invocación, como el caracol prehispánico que anuncia y convoca.
Vengo.
En retórica se llama anáfora. Pero llamarla figura retórica es como llamar copal a un perfume: técnicamente correcto, esencialmente equivocado.
Lo que se construyó con cada repetición no fue gramática, fue una vela encendida sobre el altar de la memoria colectiva. Cada “vengo” sumaba una fuente de autoridad moral distinta; era un escalón milenario que no sostenía a una mujer, sino a una nación entera de pie.
“Vengo cubierta”, dijo en un momento. Y esa palabra, de metáfora se convirtió en rebozo. Era el peso físico y espiritual de todo lo que cargamos los mexicanos sin que nadie nos lo pida y sin que queramos soltarlo. Dieciocho veces la palabra. Dieciocho esca lones. Y al final, la Cumbre escuchando en silencio lo que llevamos cinco siglos queriendo decir.
De pronto pensé en Cortés y en su ignorancia involuntaria. Ese hombre que pisó Veracruz pensando que llegaba a civilizar…lo que ya estaba civilizado.
Pensé en lo trágico y triste de que haya muerto sin saber que el territorio que pisó era tan vasto que toda su España cabría en él casi cuatro veces. Sin saber que estaba ante civilizaciones que miraban las estrellas con una precisión que Europa apenas imaginaba.
Y quinientos años después, una mujer mexicana —hija de esa historia larga, dolorosa y magnífica— se paró allá de donde ellos partieron e hizo lo que la fuerza acá nunca pudo: mostrarle al mundo de qué está hecho realmente este territorio.
Claudia habló, en ese recorrido de nueve minutos, usó tres palabras que no solo describen, sino que dibujan y gobiernan: pueblo, dignidad, soberanía.
Pueblo no como estadística, sino como el filo que separa a los de abajo, de los que siempre han mirado desde arriba.
Dignidad como palabra que convierte la carencia en postura recordándonos que los desposeídos no necesitan lástima, sino reconocimiento.
Y soberanía como el escudo figurado de Juárez, rescatado para advertir que la paz sin autonomía es solo otro nombre para la sumisión.
Pero el movimiento más audaz fue una pregunta: ¿Cuál libertad? Tres palabras con interrogación que desarmaron una ideología entera sin disparar un solo dardo.
El discurso no atacó a nadie, no hubo estridencia, y sin embargo, nadie en esa sala pudo escucharla sin saber exactamente a quién se estaba refiriendo.
Más allá de las siglas o de la gestión que el tiempo habrá de juzgar, lo que se presenció fue un ejercicio de altura política. Fue “colmillo” envuelto en terciopelo discursivo. Mis respetos.
Regresé a la banca. A los mismos rostros. Al mismo sábado de una ciudad que no siempre sabe que es protagonista de su historia.
El discurso no solo me explicó y recordó a México; me lo devolvió silbando “La Bikina”.
Porque Claudia allá representó a nuestros abuelos que resistieron sin odiar y a generaciones que heredarán esta historia sin haberla pedido.
Claudia fue cada uno de nosotros, lanzando las monedas a la fuente.
No, no escribo desde la trinchera de un partido, ni defiendo una sola posición. Soy imparcial y objetivo frente a lo mucho que nos aqueja, lo mucho que nos falta, del miedo que sentimos y de los rumbos a veces inciertos que tomamos.
A lo que sí soy parcial es a la construcción de lo bien dicho, lo que produce emociones, y evoca la memoria simbólica, a un discurso de reconocimiento personalísimo de lo que me hicieron sentir que esos nueve minutos, tan bien estructurados, que para mi fueron en realidad, quinientos años.
Soy parcial por esa mujer que llegó a Barcelona a hacer sonar el caracol místico ante quienes quizás nunca habían escuchado ese sonido —y que, sin saberlo- lo llevábamos dentro.
Con el pueblo todo, sin el pueblo nada. Fue el cierre profético y cita fundacional.
Claudia cantó a México en Barcelona, sin el Cielito Lindo, sin el Son de la Negra, sin Jarabe Tapatío.
Allá, Claudia dejó su voz y la de todos para el registro histórico, y para la resignificación de la democracia en una cumbre por la defensa de la misma. No es poca cosa.
Mientras tanto, nosotros acá en la banca, en la calle, en el mercado, en el camión, en la casa, en el campo, en la ciudad o en la montaña, tarareábamos a distancia el futuro. Como siempre lo hemos hecho. Como México.
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Niña potosina dona órganos y da esperanza de vida a ocho personas
La quinta donación multiorgánica del año permitió beneficiar a pacientes de Ciudad de México y Monterrey mediante un operativo especial de traslado
Por: Redacción
Los Servicios de Salud y el Centro Estatal de Trasplantes (CETRA), implementaron un operativo especial de traslado durante la quinta donación multiorgánica realizada en San Luis Potosí, facilitando el envío seguro de órganos a distintos puntos del país.
La donación se llevó a cabo en la Clínica 50 del IMSS Ordinario, donde la decisión solidaria de una familia permitió que una menor de 11 años trascendiera al brindar esperanza de vida a por lo menos ocho personas. Para agilizar el traslado de los órganos, personal del Centro Regulador de Urgencias Médicas (CRUM) activó el operativo Ola Verde, mientras que una aeronave Estatal trasladó un corazón al Hospital Ignacio Chávez de la Ciudad de México.
Los riñones y el hígado fueron enviados a la Clínica 25 del IMSS en Monterrey, además de que las corneas se quedaron en la entidad en el banco de tejidos oculares. El trabajo sin límites entre instituciones fortalece la capacidad de respuesta en procedimientos que requieren precisión y rapidez.
La coordinación desplegada consolida el cambio que se vive y se siente al contar con mecanismos eficientes, colocándose en el séptimo lugar nacional de trasplantes y tejidos. Las personas interesadas en sumarse, pueden acercarse al centro.
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Ciudad
Vuelve a fallar El Realito
Interapas activó protocolo de atención por quinta falla del acueducto
Por: Redacción
Este sábado por la mañana, se reportó una nueva falla en el acueducto del sistema “El Realito”, a la altura del municipio de Tierra Nueva.
Por ello, Interapas activó su protocolo de atención para garantizar el abasto en la zona sur-oriente de la ciudad, a través de los pozos de reserva y los operativos de distribución con camiones cisterna.
La última suspensión del sistema se presentó el pasado 10 de abril por lo que con esta suman cinco interrupciones en lo que va del año.
Para reportes o información sobre el servicio, los usuarios pueden comunicarse a la línea Acuatel 444 123 64 00 o consultar los canales oficiales de Interapas.
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Destacadas
Gallardo, el gobernador mejor evaluado del país: FactoMétrica
De acuerdo con el más reciente ranking, el mandatario potosino alcanzó una aprobación del 65.1%, superando a Samuel García y Delfina Gómez
Por: Redacción
El gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo Cardona, se posicionó como el mandatario estatal mejor evaluado del país en el más reciente estudio nacional de aprobación de gobernadores realizado por FactoMétrica, al alcanzar una aprobación del 65.1 por ciento en el rubro de trabajo en general.
De acuerdo con los resultados del Ranking Nacional de Gobernadores correspondiente a mayo de 2026, el mandatario potosino encabeza la lista nacional, superando a sus homólogos de Nuevo León, Samuel García, quien registró 64.5 por ciento, y del Estado de México, Delfina Gómez, con 63.3 por ciento.
El estudio de FactoMétrica evalúa el desempeño de los gobiernos estatales en temas fundamentales para la ciudadanía, entre ellos el trabajo gubernamental en general, el combate a la inseguridad, la transparencia y el combate a la corrupción,
así como la aprobación de la presidenta Claudia Sheinbaum en cada entidad.
La primera posición obtenida por Ricardo Gallardo Cardona refleja el respaldo ciudadano a las políticas públicas impulsadas por su administración, orientadas a fortalecer el desarrollo social, la infraestructura, la movilidad, la seguridad y el bienestar de las familias potosinas.
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