#4 Tiempos
Carta sobre el entusiasmo | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Cuando te veo llegar de la escuela, ya en casa, hago siempre un ejercicio de imaginación y trato de adivinar hacia dónde dirigirás tus primeros pasos. ¿A saludar a tu papá?, ¿a darle un beso a tu mamá? No: irás corriendo a la computadora; la encenderás con un solo golpe enérgico y entonces, sólo entonces, anunciarás en voz alta tu llegada.
No dirás nada acerca de ti, o de cómo te fue hoy por la mañana en la clase de química; para ti, en la escuela no pasa nada, no pasa nunca nada: tal es el motivo por el que, en casa, ni siquiera hablas de ella: es, para decirlo ya, un mal que ni siquiera juzgas necesario.
Llegas invariablemente a las dos y media de la tarde, enciendes la computadora y a las once de la noche todavía estarás allí, haciendo como que consultas algo en Internet, aunque en realidad bajando videos, entrando a sitios nuevos y desconocidos y chateando con tus amigos. Esto sucede exactamente así de lunes a viernes; de los sábados y los domingos prefiero no hablar, pues tus sesiones ciberespaciales comienzan desde mucho antes, casi desde que amanece. ¿Es que no te aburre hacer siempre lo mismo, no te cansa?
A los jóvenes de hoy los veo cansados, ojerosos, deprimidos y solos. Sobre todo solos. Cada vez hablan menos entre ellos y, si lo hacen, es sólo a través de aparatos que ocultan los rostros y evitan las miradas.
Antes, cuando los de la generación pasada, veíamos llegar a nuestra casa a un visitante, por desconocido que fuera, debíamos saludarlo en el acto estrechándole la mano o deseándole buenos días: nuestros padres nos obligaban a ello.
Hoy ya no suele suceder así, y cuando los mayores llegamos a una casa, los de tu edad apenas si se dignan a mirarnos: una ráfaga de viento entrando por la ventana los habría sin duda sorprendido más.
Pero no, no quiero hablarte de esto, sino del entusiasmo, esa virtud que los jóvenes de hoy cada vez aprecian menos y que tanta falta les hace. «Pero, ¿qué es el entusiasmo?», me preguntarás. Es la virtud que nos impele a hacer las cosas con alegría, a fondo, y poniendo en ello el alma entera. He visto caminar a los amigos que llevas a tu casa, y pareciera que ya caminar es para ellos una actividad que excede con mucho la posibilidad de sus fuerzas: ora se inclinan ante un peso invisible como jorobados, ora va una de sus piernas pidiéndole permiso a la otra para adelantársele.
La postura de nuestro cuerpo dice mucho de nosotros mismos; por eso, a los jóvenes de su tiempo, un autor de mediados de siglo llamado Romano Guardini (1885-1968) los invitaba en uno de sus libros a realizar el siguiente ejercicio: «Mantener el cuerpo erguido: la cabeza elevada, la frente abierta a la luz, los hombros hacia atrás; al andar, mover con naturalidad los pies y no apoyarse sin necesidad al estar sentado». Y esto para que el alma se irguiera también y apareciera a los ojos del mundo un poco menos cansada, tal vez un poquitín menos triste.
Otro vicio de los jóvenes: hacer las cosas sin convicción y como a regañadientes. La computadora –quiero decir, la tecnología en general- los ha vuelto conformistas además de ensimismados. Conformistas, sí, pues cada vez son menos las cosas que puedan sorprenderlos. ¡Hemos agotado, y ustedes los primeros, nuestras reservas naturales de estupor! Si hoy mismo, por ejemplo, se diera la noticia de que a partir de mañana los autos volarán, en una semana nos habríamos acostumbrado ya a que los autos vuelen y estaríamos psicológicamente listos para pasar de una vez por todas a otra cosa.
La palabra ambición –a menos que se entienda por ella la sed apasionada de dinero- ha sido borrada de los diccionarios juveniles desde hace ya muchos, muchos años. Y, sin embargo, es necesario soñar, desear y apuntar alto, pues vivir significa esto: hacer realidad unos cuantos sueños, y si no muchos por lo menos uno o dos. Lo peor que puede sucederte es que ya no desees nada y te dediques a vivir la vida como viene y sin atreverte a enriquecerla con los sueños de tu imaginación.
Los sabios de la antigüedad y del presente están de acuerdo en esto: cuando se deja de soñar y de querer, la vida ha terminado. Georges Herbert, por ejemplo, decía: «Alcanza más alto el que apunta a la luna que el que dispara a un árbol». Otro autor del que no diré el nombre porque no creo que te diga nada, decía también: «El que dispara al sol del mediodía es indudable que no dará en el blanco; sin embargo, es también indudable que alcanzará mayor altura que quien apunta a un arbusto».
Sólo para que veas que no se trata de ocurrencias aisladas, sino que hay en esto mucho de verdad, me atreveré a transcribir para ti un último pensamiento, tomado ahora de uno de los libros de un filósofo francés llamado Gustave Thibon (1903-2001): «Hay que partir de lo absoluto con el pensamiento para realizar lo relativo en la acción. El que, al partir, tan sólo cree en lo relativo, vendrá a parar prácticamente en la nada… El ideal juega el papel del alza: todo el que ha manejado armas de fuego sabe que para tirar lejos sobre la tierra, hay que apuntar alto hacia el cielo».
Apuntar alto. A esto es a lo que yo llamo ambición y entusiasmo. Ojalá puedas apuntar alto en cielo para que tu tiro llegue lejos en la tierra. ¡No te conformes, no te quedes sentado todo el día ante una pantalla que, en el fondo, no hace más que robarte el tiempo y quitarte la vida! Levántate, ponte en movimiento, sonríe: hay una vida que vivir y muchas cosas por hacer. ¿Cómo decirte que es necesario imaginar? ¿Cómo hacerte ver que sólo recibimos en la medida en que esperamos; que sólo conseguimos en la medida en que soñamos? «El hombre sin deseos es un cadáver que piensa», dijo una vez el dramaturgo francés H. R. Lenormand.
Apunta alto en el cielo. Sí, es posible que tu tiro no alcance las nubes: ya lo sabes, existe la gravedad, esa fuerza misteriosa que tira a las cosas de los pies y les impide volar; pero, aun cuando las nubes se burlen de ti, tu tiro llegará lejos en el horizonte. ¿Y no es eso lo único que importa?

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El Cronopio
Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.
Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.
Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.
Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.
Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.
A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.
También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.
Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.
Lee también: Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina
El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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Acento Ajeno
Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.
Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.
Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.
Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.
Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.
Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual
y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.
Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?
Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.
“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)
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