Ciudad
Campamento del Terror: 50 millones en turbias inversiones de la cúpula navista
El primer círculo del alcalde capitalino invierte 50 millones de pesos en la construcción de un Hotel-Campamento en la Sierra de Álvarez
Por: Jorge Saldaña
LA CASITA
La propiedad se encuentra a 50 minutos de la capital del estado, enmarcada en el paisaje frondoso de la Sierra de Álvarez en San Luis Potosí. En uno de sus puntos más altos, el paisaje revela un pequeño valle con dos lagos, hacienda, casa de campo, animales exóticos, y una enorme reja perimetral. Se trata del rancho “El sumidero”, propiedad del notario en retiro Bernardo González Courtade, mismo que aportó 10 hectáreas para que funcionarios de primer nivel de la administración municipal se encuentren construyendo un hotel y campamento con una inversión proyectada en 50 millones de pesos.
La tierra se aportó a través de un cuidadoso contrato en calidad de “promesa de venta”, que implica en términos legales discrecionalidad pública de la operación al no ejecutarse un cambio de dominio de la tierra y por lo tanto no estar obligados a dar parte al registro público de la propiedad, pues en todo caso, ejecutarían la compra hasta dentro de 10 años.
Mientras tanto, los socios inversores tendrán derecho a desarrollar infraestructura, así como aprovechar y usufructuar la misma durante el tiempo en que no se ejecute la transacción y al final de la década pactada, decidir si comprar la tierra o devolverla al propietario con todo y la construcción.

Terreno aportado a la cúpula navista
TODO EN FAMILIA
Así es como en diversas mesas y reuniones ha confesado y explicado el propio notario en retiro la negociación que hizo con tres personajes a los que menciona e identifica perfectamente: el tesorero, Rodrigo Portilla Díaz; su primo el director de Desarrollo Social Municipal, Óscar Valle Portilla; y el cuñado de éste, el director de deporte municipal, Ricardo García Rojas Flores.
Habría un cuarto y un quinto socio, sin embargo González Courtade es cuidadoso al respecto y solo a veces suelta “yo creo que también está Xavier (Nava Palacios) metido… pero yo no ando preguntando de dónde viene el dinero”.
(El quinto socio, de acuerdo con las declaraciones del otrora fedatario, aunque es su pariente, no es funcionario público por el momento y por lo tanto no se mencionará en el desarrollo del reportaje)
De acuerdo con la investigación realizada, el proyecto del Hotel y campamento fue realizado por el suegro de Óscar Valle Portilla, sin embargo en el proceso ocuparon una firma de arquitectos local para producir algunos renders (proyecciones tridimensionales por computadora) del diseño y hasta un recorrido virtual al que se denominó “Hotel Sierra”.

El tesorero

El Director de deporte

Maquinaria Trabajando el 5 de Mayo de 2020
El desarrollo, con ejecución desde marzo del 2020, contempla la instalación de 15 cabañas prefabricadas con sus respectivos cimientos, instalaciones básicas de luz, agua, gas e internet.
También contempla la construcción de una capilla, salón de eventos, campo de tiro, áreas comunes, canchas deportivas y el equipamiento de muelles e instalaciones hidráulicas para el uso de uno de los lagos que existen en el lugar para su pleno disfrute con kayaks u otras herramientas de entretenimiento acuático.
LOS ANTECEDENTES
El negocio de los servicios de campamentos juveniles no es nuevo para Óscar Valle Portilla, su hermana, su cuñado García Rojas, ni para su primo Rodrigo Portilla, pues por más de 20 años han trabajado las instalaciones del conocido “Quinta-Camp”, que colinda justamente por la sierra con el terreno que se encuentran desarrollando.
Son incluso miembros de la Asociación Nacional de Campamentos de la que García Rojas es vicepresidente y Óscar Valle asesor jurídico, sin embargo, nunca han sido propietarios de un campamento, pues las instalaciones de Quinta-Camp son rentadas a la familia Arenas, y de acuerdo con algunos testimonios recabados entre familiares cercanos, ya se acerca el vencimiento del contrato y las tres hijas de la familia Arenas no han decidido si renovarlo o de plano retirarle a los Valle-García Rojas, el uso y aprovechamiento de su propiedad.
Rodrigo Portilla no tiene registrado en la versión pública de su Currículum Vitae su paso como administrador de Quinta Camp, tampoco tiene disponible su declaración patrimonial, sin embargo por años se ha desempeñado en ese rol que él mismo asume como “negocio de la familia por años” e incluso la dirección de la empresa campista coincide con una oficina y modestos departamentos ubicados en la calle de Cuauhtémoc, casi frente al Instituto Potosino, donde habitó por años Portilla Díaz antes de ser tesorero de la ciudad y cambiar su residencia al Club Campestre Potosino de Golf.
Es justamente Portilla Díaz quien es identificado por González Courtade como el principal “negociador” de los términos y el primero que le planteó la aportación inmobiliaria para el proyecto.
Por su parte, es bien conocido que Xavier Nava Palacios utilizó las instalaciones de Quinta Camp durante su campaña como “cuarto de guerra”, lugar donde se reunían para trazar sus estrategias o llevar a cabo reuniones con empresarios. Ahí también ha celebrado fiestas familiares la familia Nava Palacios que han quedado registradas en las revistas sociales de San Luis Potosí y es el mismo lugar donde el fin de semana del 2 al 3 de mayo estuvieron festejando, el alcalde y sus colaboradores más cercanos, el cumpleaños de uno de ellos.

Fiesta de los Nava Puente
¿Y DE DÓNDE SALE EL DINERO?
De acuerdo con el artículo 84 de la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Estado, desde el presidente municipal, regidores, síndicos, secretario, tesorero, oficial mayor, y hasta los servidores con niveles de jefe de departamento o equivalentes, tienen por obligación poner a disposición del público la versión actualizada de sus declaraciones patrimoniales, fiscales y de intereses.
En el caso de la capital potosina, y específicamente de los funcionarios relacionados al proyecto hotelero-campista de la Sierra, se pudo constatar que dicha Ley no se observa.
Xavier Nava Palacios, el presidente municipal, apenas si presentó una declaración patrimonial al inicio de su encargo y que difiere muy poco de la presentada en 2015 antes de asumir su cargo como diputado federal por el PRD.
De acuerdo con los documentos firmados bajo protesta de decir verdad, Nava Palacios no tiene ningún patrimonio excepto una obra de arte, una camioneta tipo Suburban modelo 2007 y cuentas bancarias por no más de 500 mil pesos.
Ninguna actualización, desde el inicio de su encargo como alcalde a la fecha ha sido presentada y mucho menos hecha pública.
Si a caso la diferencia entre uno y otro documento reside en que en 2015 la cónyuge de Nava había declarado, de entre 15 propiedades, todas obtenidas por donación, un terreno en el Fraccionamiento Potosino de Golf ubicado en la calle Paseo del Lago sin número, propiedad que desaparece en la declaración del 2018 pero aparece una propiedad distinta, ubicada en la calle Paseo del Río, del mismo fraccionamiento.
No hay venta, donación o cambio de dominio del terreno de Paseo del Lago registrado en la declaración patrimonial del alcalde, tampoco se refleja en sus cuentas, aunque las de su cónyuge no están sujetas al escrutinio público, pues la ley se limita a dar a conocer solamente los ingresos y no el haber en bancos de Nancy Puente Orozco, la esposa del presidente municipal.

Declaración Xavier Nava Palacios como alcalde
Al asumir su encargo, el alcalde informó que vendió su participación accionaria correspondiente al 14 por ciento de la firma KNP en la que recibía una remuneración de 70 mil pesos mensuales, sin embargo, no informó en cuánto vendió dicha participación, pues su declaración no está actualizada.

Declaración Nava como diputado del PRD
Conforme a los tabuladores publicados en la página de transparencia municipal, Xavier Nava Palacios cobra a los potosinos 97 mil 663 pesos mensuales por gobernar la capital, recurso que no corresponde a la inversión necesaria para participar en un negocio de 50 millones de pesos aún dividido entre cinco socios.
Lo mismo ocurre con Óscar Valle Portilla, director de Desarrollo Social y exoficial mayor de la administración municipal, que no tiene ninguna versión disponible de su declaración patrimonial, y esconde en su currículum su paso como representante de dos sociedades financieras de crédito con contratos con la UASLP desde los tiempos de Mario García Valdez.
Valle Portilla pasó de ganar 68 mil 338 pesos como oficial mayor, a 44 mil 358 como director de desarrollo social, y si se considera que la renta de su casa habitación también en el Fraccionamiento de Golf asciende a 50 mil pesos, le faltarían 6 mil a Valle Portilla para pagar mes con mes al piloto y ex precandidato al gobierno del estado, Jesús Ramírez Stabros, por la residencia que le renta en el privilegiado fraccionamiento.

Casa de Oscar Valle en el Fraccionamiento Potosino de Golf
No existe pues forma en que, de acuerdo con sus ingresos, Óscar Valle pudiera participar en el millonario negocio aún dividido entre cinco socios, pues no corresponden sus ingresos declarados con el tamaño de su inversión.
En el caso de Ricardo García Rojas Flores, su sueldo como director del deporte es de 59 mil 560 pesos y aunque si tiene pública su declaración patrimonial, la misma se encuentra “testada” es decir, protegida en una argucia legal alegando datos personales, por lo que se desconoce si tiene otros ingresos, a cuánto ascienden, si son compatibles con su actividad como servidor público o si son suficientes para emprender el desarrollo de un Hotel-campamento de 50 millones de pesos.
Por su parte, Rodrigo Portilla Díaz, tesorero municipal, cobra mes con mes 68 mil 338 pesos, no tiene versión pública actualizada de ninguna declaración y esconde en su currículum público su paso como administrador de Quinta Camp. Portilla Díaz también tiene su residencia en el Fraccionamiento Potosino de Golf donde renta una bonita casa en remodelación a la familia Beltrán, luego de vivir modestamente en un departamento de la colonia Tequisquiapan donde además se encuentran las oficinas del “negocio familiar”.

Antigua casa del tesorero municipal y oficinas de Quinta Camp
Al que se identificó como quinto socio por el notario González Courtade prefirió no otorgar entrevista y en el encuentro con el reportero pidió específicamente no publicar su nombre en el reportaje. Negó tener participación alguna en el negocio.
El encargado del proyecto y supervisor de las obras en marcha, es un antiguo empleado de Quinta Camp, de nombre Javier Nava Báez, homónimo del alcalde de la capital.
De los funcionarios municipales consta que, conforme a la información pública, ninguno puede demostrar el origen de los recursos para estar haciendo la inversión de 50 millones de pesos en el Hotel Campamento y que, antes de ser funcionarios, ninguno –excepto Nava Palacios- vivía en el Fraccionamiento de Golf.
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Ciudad
La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte
Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina
«No nos une el amor sino el espanto;
será por eso que la quiero tanto.»
Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)
Por: Jorge Saldaña.
Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.
Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.
El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior- al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.
El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.
De los apodos a los apellidos
En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.
Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.
Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.
Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».
La cuadra como unidad onomástica
Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.
La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.
«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»
Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)
Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.
Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.
Las cuatro fechas bisagra
La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:
- 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
- 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
- 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
- 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.
Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.
La memoria popular como capa subterránea
Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.
Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.
Ayuntamiento de SLP
Senadora Verónica Rodríguez destaca avances en seguridad en San Luis Capital
La senadora por Acción Nacional reconoce que la mejora en la percepción ciudadana es resultado de la estrategia del alcalde Galindo y del trabajo policial
Por: Redacción
La senadora Verónica Rodríguez Hernández destacó los avances en seguridad en San Luis capital, luego de los resultados dados a conocer por el INEGI, los cuales reflejan una mejora en la percepción ciudadana y consolidan la estrategia encabezada por el alcalde Enrique Galindo Ceballos.
Tras la presentación de estas cifras, la legisladora subrayó que los resultados tienen sustento en la voz directa de la población: “La ciudad había pedido esto a gritos; hoy que tenemos un buen resultado, después de cinco años de gobernar del alcalde Enrique Galindo, lo agradecemos por que además sabemos que este trabajo va a continuar”, afirmó.
Rodríguez Hernández expresó su orgullo por los avances alcanzados y reconoció que la estrategia de seguridad municipal ha generado condiciones para que la ciudadanía perciba mayor tranquilidad en su entorno cotidiano.
Asimismo, la senadora resaltó el papel del cuerpo policial y de los distintos actores involucrados en la implementación de esta política pública, al señalar que el trabajo coordinado ha superado expectativas y ha fortalecido la confianza de la población en San Luis capital.
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Ayuntamiento de SLP
Gobierno Municipal de Enrique Galindo, segundo más eficaz del país: INEGI
El Alcalde Enrique Galindo Ceballos destacó que, según la ENSU del Inegi, el Gobierno de la Capital se posiciona como el segundo Ayuntamiento más eficiente entre capitales, primer lugar en alumbrado público, con mejoras en servicios, entorno urbano y paz social.
Por: Redacción
El Alcalde Enrique Galindo Ceballos informó que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU) del Inegi, el Gobierno Municipal de San Luis Capital se consolida como el segundo Ayuntamiento mejor evaluado del país en eficacia, gracias a la calidad de los servicios y condiciones de convivencia.
La capital potosina ocupa el segundo lugar en eficacia entre ciudades capitales, además de posicionarse en primer lugar en alumbrado público y en tercer lugar en el mantenimiento de parques, jardines y espacios públicos, indicadores que reflejan el impacto de las acciones municipales.
Galindo Ceballos señaló que la percepción de eficacia del gobierno creció 10.3 por ciento respecto al trimestre anterior, como resultado de las políticas públicas enfocadas en mejorar el entorno urbano y la calidad de vida.
Finalmente, el presidente municipal subrayó que estos resultados también se reflejan en la paz social, con una mejora en el orden urbano, evidenciada por la reducción en hechos de vandalismo e incivilidades, así como en la disminución del consumo de alcohol en vía pública, que alcanzó su nivel más bajo desde que se tiene registro.
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