enero 29, 2026

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#4 Tiempos

¡Cambio árbitro! La Goliza en el Inpode | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES 

Amigos de mi vida Terrenal, hijos de mi Mayor Anhelo: es viernes y para no llegar tarde como Miguel Gallegos, vocero de seguridad del gobierno (que a todas llega tarde), comparto temprano los apuntes de viernes ferial y casi quincena con la montaña rusa de la semana en la vida cómico, político y musical de nuestro San Luis Potosí.

No consignaré, por respeto y porque no soy burlón, la anecdótica y nada graciosa caída del presidente de Coparmex San Luis, Luis Gerardo Ortuño Diaz Infante, durante su toma de protesta el miércoles pasado cuando el gobernador invitó a la esposa del nuevo presidente empresarial a subir al presídium.

Tampoco hablaré de los caprichos de “diva en época dorada” que exigió el grupo Maná antes de su presentación el día inaugural de la Fenapo, porque no vale la pena mencionar berrinches de niño chiquito y consentido que no presta su pelota, no quiere que nadie esté sentado frente a ellos o que usen su micrófono bajo amenaza de hacer pataleta y dejar de respirar hasta ponerse morados. Ya están grandecitos y saben lo que hacen, igual quien los contrata.

Mucho menos perderé valiosas líneas hablando del intercambio de empujones, zapes y trompadas que, se asegura, intercambiaron algunos miembros muy prestigiados de la Canaco y que terminó en la expulsión de un trío de afiliados. Es demasiado morbo, mejor les mando mis mejores deseos para que arreglen sus diferencias y sus Brancas ahí entre ellos.

De lo que sí hablaré en esta y siguientes entregas hasta antes del informe de gobierno, es de la gente del gabinete de Ricardo Gallardo que ya se va, de los que tienen los días contados, de los que más les vale hacer maletas, porque compraron boleto al desempleo con la moneda de la flojera, la ignorancia y la ineficiencia.

Del primero que daré cuentas es del titular del Instituto Potosino del Deporte (Inpode), Edmundo Ríos Jáuregui, recordado como un buen portero (nada del otro mundo) que llegó en su momento a saborear las mieles de la primera división nacional del fut.

Que luego –hay que decirlo- se metió de lleno en la operación de estructura juvenil y deportiva durante la campaña del hoy mandatario Gallardo, y por su desempeño se le otorgó la confianza para dirigir los rumbos del deporte en el estado.

Lamentablemente, no para él sino para los deportistas y todos los potosinos, en la cancha del servicio público, el buen Edmundo de plano no sabe jugar, se le van todas, cierra los ojos, no sabe colocar defensa, sale siempre atrasado y de plano el puesto se le resbaló de las manos como balón aceitoso.

Para acabar pronto: si los errores de Ríos Jaúregui en la administración de Gallardo fueran un partido de futbol…ya hubiéramos perdido por goliza.

El gobernador mismo se ha tenido que poner los guantes y ha tenido que salir a “atajar” los balonazos en el Inpode.

Nada más como para despejar el balón de la administración, muy cerca del silbatazo inicial del partido, Edmundo nos hizo favor de no enviar a los seleccionados paranacionales a competir a Cancún en octubre del 2021, si no los recibió… ya no hablemos de uniformes, viáticos o facilidades. De plano el equipo de atletas discapacitados tuvieron que quedarse fuera de la competencia.

Gol en contra y tempranero, pero no el único. La goliza apenas comenzaba:

Los deportistas, usuarios, atletas, entrenadores, equipos y muchos potosinos de alto rendimiento, han dado queja puntual de las tremendas faltas, ausencias y omisiones de Edmundo Ríos y su equipo de cercanos.

El Inpode empalma eventos de atletismo y futbol en la misma fecha y hora en el Centro de Desarrollo de Talentos y Alto Rendimiento Deportivo (CDTAR)… pero por otro lado, también niega espacios de entrenamiento a equipos y atletas. Se hacen pelotas.

El caso de nuestra nadadora María José Mata Cocco es muy particular, la paisana es medallista, y dueña del mejor tiempo en estilo mariposa en 200 metros en la Copa Heller en la Ciudad de México, sin embargo, tuvo que estar sentada durante días y días afuera de la oficina de Edmundo para al final no ser recibida.

No hubo ni la más mínima atención y mucho menos apoyo. La nadadora tuvo que acudir a las redes sociales para que sus peticiones llegaran a oídos del gobernador Gallardo, que salió a mano alzada y le otorgó todo el apoyo. ¿Para qué quiere entonces este gobierno a un titular en el Inpode?

Otro caso similar fue con la atleta PowerLifting en silla de ruedas Socorro Lira Partida, a quien también le negaron cualquier atención.

¿Y el deporte social, el de las colonias, el que ha impulsado y prometido apoyar el gobierno? Muy bien gracias, el señor secretario del Deporte, mandó a la congeladora a Alberto Flores, titular de esa área, por que al parecer nadie puede hacer nada en esa secretaría si no se lleva una medalla de oro su titular.

Pero el marcador no para y sigue en contra: se han mandado cerrar pabellones de combate, no existe impulso a la natación, deja sin recursos a las Unidades Deportivas, se retiró el apoyo a la academia de gimnasia (que tuvo que rescatar la presidenta del DIF, Ruth González Silva), se amenaza a deportistas, no hubo uniformes de calidad para los juegos regionales, se han derrochado cientos de miles de pesos en “ocurrencias” como el programa de “Fut-Tenis” que jamás tuvo resultados, se desaprovecha la cancha de futbol siete que está en el Miguel Barragán y que está cerrada con tres candados mientras los equipos buscan un espacio para realizar torneos, se está entregando el control de los gimnasios subsidiados por el estado a los “compas” y “amigotes”, se le ha abucheado duramente, por ejemplo, en le Copa Potosí (la gente sabe por qué).

Por si fuera poco, hay quejas de hostigamiento laboral y señalamientos muy vergonzosos contra su secretario particular, Enrique Rodríguez Lucio, que nada más en los barrios más bajos lo conocen y no precisamente por fomentar el deporte, sino por el consumo de ciertos “estimulantes”.

Rodríguez Lucio, se sabe entre la comunidad deportiva, se siente el dueño del deporte en San Luis y ha rebasado por la izquierda y derecha a su jefe Edmundo, al que encapsula, hipnotiza, recela y aconseja en todo momento.

Si el equipo y círculo cercano del titular del deporte ha llegado, como se asegura, a reuniones de primer nivel en estado inconveniente, no lo sé ni me consta, pero cuando el río suena…

En resumen del partido, el portero titular del Inpode está jugando en la administración sus tiempos extras y al silbatazo del primer informe, el árbitro pitará el cambio: Sale Edmundo Ríos.

De mí se acuerda.

Ya estaré dando detalles de otros cambios que parecen evidentes al interior del gobierno, Culto Público, pero debo advertir que son producto de un análisis personalísimo y la consulta de mis fuentes, por lo que hasta el momento solo pueden considerarse como meros pronósticos de este aprendiz de reportero.

Hasta aquí los apuntes de viernes hijos de mi alma, me voy porque no quiero llegar tarde (como siempre llega tarde a todas el vocero, Miguel Gallegos) al concierto de Julión así que “Tengo que colgar”.

Atentamente,

Jorge Saldaña.

Bonus de último minuto: ¿Quién fue el único funcionario que pidió, vía oficio, muchas entradas VIP al Teatro del Pueblo? Jajaja golazo.

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El Cronopio

El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.

En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.

El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.

González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador

, entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.

El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.

Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.

Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.

Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.

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#4 Tiempos

La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.

Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.

En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.

Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.

Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.

Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.

Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.

Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.

Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.

Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.

«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.

 

Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud

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#4 Tiempos

Pedro Miramontes Vidal y su faceta de escritor científico | Columna de J. R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Manuel Martínez Morales, uno de los creadores de El Cronopio, hablaba de la responsabilidad del investigador en el quehacer de la divulgación de la ciencia. Su corriente de trabajo basado en la socialización del conocimiento científico, exigía de cierta forma, exponer una opinión ante los temas tratados. Su obra de divulgación abordaba artículos y ensayos donde la historia, el arte, la filosofía y la ciencia eran recurrentes en el abordaje de sus temas. 

Un buen tiempo tenía sin encontrar artículos con esta característica, hasta que la buena voluntad de Pedro Miramontes me tendió un libro suyo intitulado Mares de Tiempo y Agua, de las ediciones del Instituto de Física de la UASLP que encabeza Jesús Urías; si bien, el libro no está exento de errores editoriales viene a enriquecer los títulos que el Instituto de Física ha editado a lo largo de su corta existencia y que ha venido a refrescar el árido mundo de las ediciones potosinas y, sobre todo, las universitarias. 

Formados como físicos por la misma época y su deambulación por las matemáticas, así como el estilo de escribir artículos de corte científico dirigidos a un amplio público, son los factores que caracterizan a Manuel Martínez y Pedro Miramontes quien en mares de tiempo y agua nos recorre la historia del pensamiento que formó el estudio de los sistemas complejos y nos descubre un mundo multifactorial para su explicación. Los detalles históricos, muchos de ellos dejados de lado en la historia oficial del pensamiento científico y su relación con la construcción de las ideas sobre nuestro universo desde la antigüedad y que ha moldeado la filosofía de la ciencia, son recurrentes en los capítulos que corresponden a artículos y ensayos escritos en su mayoría al despuntar el siglo XXI para la revista Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM, una de las revistas de divulgación de gran prestigio en el país, y que ahora es dirigida, precisamente, por Pedro Miramontes que realiza una estancia académica en la Facultad de Ciencias de la UASLP.

La complejidad de los sistemas naturales que conforman nuestro mundo, lo manifiesta en sus propios escritos pues la visión holística con que los aborda, nos permite transitar desde diferentes enfoques en el entendimiento de tales sistemas, ya sea a través del arte y por supuesto, desde la ciencia en su gran abanico de disciplinas, donde las matemáticas sintetizan las posibles explicaciones. A través de la selección que realiza Miramontes podemos enterarnos de conceptos sobre el caos, la geometría fractal

, sin desligarnos de aspectos sociales y educativos. Sus escritos responden al requerimiento filosófico de Ortega y Gasset donde critica la especialización y sus inconvenientes en asuntos de carácter complejo, como es el mundo donde nos desenvolvemos y del que queremos entender a cabalidad para mejorarlo y construir sociedades más justas y de feliz convivencia.  

En todos ellos, hay una opinión, y una socialización del conocimiento formado a lo largo de siglos para la contribución del desarrollo científico y social. Pues el carácter utilitario de la ciencia es un factor que requiere reflexión por parte de los constructores de dicho conocimiento para contribuir al desarrollo social. Nuestro país, no es ajeno a este requerimiento y esa carencia que suele suceder sobre reflexión de nuestra labor como científicos, la señala Miramontes, como un recordatorio de nuestro papel como miembros de una sociedad con múltiples problemas y de los cuales podemos contribuir. 

Si tienen oportunidad, no dejen de leer ese libro es ampliamente recomendado y, en especial para quienes quieren adentrarse en la divulgación escrita, es un buen ejemplo de cómo realizarlo, para lo cual se requiere mucha preparación en el ámbito cultural.

Pedro Miramontes estudió física en la UNAM y se doctoró en la propia UNAM en Matemáticas, combina sus investigaciones en áreas interdisciplinares como computación, biología, física, matemáticas, genómica, entre otras. Es profesor titular del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias de la UNAM, ha participado desde hace años como profesor e investigador visitante en la Facultad de Ciencias de la UASLP. Su trabajo docente y de investigación lo combina con la divulgación del conocimiento científico, participa activamente como disertador en el ciclo de charlas La Ciencia en el Bar, actualmente dirige la revista de Divulgación Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM una de las más importantes revistas de alta divulgación científica en el país.

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