Noticias en FA
Cada 4 horas se comete un delito sexual en SLP
En comparación con 2020, este año tiene un incremento del 22.4% en estos crímenes
Por: Ana G. Silva
De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en San Luis Potosí se registraron, durante el mes de mayo, 177 delitos contra la libertad y la seguridad sexual, es decir que cada cuatro horas tuvo lugar un crimen de este tipo que van desde el abuso sexual, acoso, hostigamiento, violación simple, violación equiparada, incesto y otros delitos similares.
Durante mayo, el delito que más incidencia registró fue el de violación simple, con 64 crímenes, seguido por abuso sexual con 51, acoso 28, otros delitos que atentan contra la libertad y seguridad sexual 28, hostigamiento 1, mientras que violación equiparada e incesto no tuvieron denuncias.
Comparado con el pasado mes de abril, en el que se reportaron 160 delitos, hubo un incremento del 10.62%.
En lo que va del año fueron denunciados 812 incidencias relacionadas a delitos sexuales que han ido al alza en los primeros meses del 2021, pues había un total de 142 casos reportados en enero, 153 en febrero y 180 en marzo; no obstante, abril registró una disminución con 160, mientras que mayo volvió a crecer a 177 delitos.
Comparado con el 2020 durante el mismo periodo, estos delitos reflejan un incremento del 22.47 por ciento durante el 2021, pues de enero a mayo de ese año fueron cometidos 663.
En 2020 el más peligroso en cuanto a delitos contra la libertad y la seguridad sexual fue marzo con 171 incidencias, mismo en el que inició con el confinamiento de personas por la llegada del virus del covid-19; mientras que en 2021 también fue marzo el mes con más crímenes de este tipo cometidos.
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Estado
Gabinete estatal se prepara para salidas antes del proceso electoral
J. Guadalupe Torres señaló que buscarán no afectar a la continuidad de los programas estatales durante el proceso electoral
Por: Redacción
El secretario general de Gobierno, J. Guadalupe Torres Sánchez, adelantó que integrantes del gabinete estatal podrían separarse de su cargo en las próximas semanas para participar en el proceso electoral 2027, aunque dijo no tener notificación formal de alguna salida específica.
El proceso electoral federal arranca el 10 de septiembre y el local, el 15 de noviembre. Torres Sánchez explicó que la eventual separación de funcionarios busca evitar una afectación a la continuidad de los programas de la administración estatal, apenas semanas antes de que el gobernador Ricardo Gallardo Cardona rinda su Quinto Informe de Gobierno, programado para el 21 de septiembre .
Sobre alcaldes que buscarían la reelección, el funcionario indicó que esa figura solo está vigente hasta la próxima elección intermedia, en 2030, y que varios ediles ya han expresado interés en volver a competir. Estimó que entre 10 y 15 alcaldes del estado buscarían nuevamente el voto.
El movimiento se da en un momento en que la sucesión de 2027 ya opera como eje de la agenda política estatal, con distintos actores —dentro y fuera del gabinete— posicionándose con antelación al arranque formal de las campañas.
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Estado
Hoy vence plazo para que municipios homologuen salarios de policías
A partir de mañana, inicia el procedimiento administrativo para sancionar a quienes incumplan
Por: Redacción
Hoy es la fecha límite establecida por orden constitucional para que los 59 municipios de San Luis Potosí hayan igualado los salarios de sus policías a un nivel digno. Rodrigo Joaquín Lecourtois López, Auditor Superior del Instituto de Fiscalización Superior del Estado (IFSLP), anunció que a partir de mañana iniciará procedimiento administrativo de responsabilidad contra quienes no cumplan, con sanciones que van desde amonestación hasta inhabilitación.
La Ley Federal del Trabajo fija un mínimo mensual de alrededor de diez mil pesos. Sin embargo, en varios municipios los elementos de seguridad perciben seis mil pesos, muy por debajo del piso legal.
La Constitución Política del Estado establece la obligación de homologación; la Secretaría de Finanzas ha señalado a alcaldes que disponen de participaciones federales específicas para seguridad pública y que no existen argumentos válidos de insolvencia.
Una comisión integrada por el IFSLP, el Secretario Ejecutivo de Seguridad Pública y Finanzas supervisa el cumplimiento. Hasta la semana pasada, aproximadamente la mitad de los municipios aún no informaba si habían elevado salarios; es probable que algunos ya lo hayan hecho estos días.
El procedimiento administrativo individualizará el grado de responsabilidad: si hubo simple omisión o dolo deliberado (sabiendo del mandato, decidieron no pagar). Las sanciones abarcan desde amonestación privada o pública hasta inhabilitación del funcionario responsable.
Lecourtois recordó que todos los municipios recibieron comunicado explícito y citatorio de los tres entes hace semanas, de modo que no hay excusa de ignorancia.
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Letras minúsculas
Llamadas telefónicas | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
–¿Qué me decía usted? –pregunté al anciano mientras éste luchaba, sudando y todo, por coger con firmeza el hilo de nuestra conversación.
–Ah, sí, le estaba diciendo que uno de mis hijos, el menor de todos, ha tomado para conmigo o respecto a mí, como prefiera usted decir, una actitud bastante extraña. Ya no me saluda cuando llega a casa, ni me dice adiós cuando se va. De la noche a la mañana, según parece, le ha dado por pensar…
Y otra vez el teléfono. El anciano se me quedó mirando como a la expectativa, se encogió de hombros, esbozó una sonrisa que quería ser de comprensión –aunque no llegó a tanto: sólo quiso serlo– y se ovilló en la silla como un derrotado.
–Sí –dije a quien me llamaba esta vez–. ¡Hombre, qué pena! Lo comprendo, pero no traigo conmigo mi agenda. Lo que pasa es que la dejé ayer en mi otra chamarra y aún no he podido ir por ella. ¿Podría hablarme más tarde? ¿Qué tan tarde? Déjeme ver. ¿Podría marcarme nuevamente a eso de las diez? ¡No, qué va a ser tarde! A esa hora apenas estoy llegando a casa. Bien, espero su llamada. Hasta entonces.
Miré al anciano como diciéndole: “Puede continuar usted, señor”. Pero no dije nada, sino que únicamente lo miré. Éste se incorporó en la silla, trazó con la mano sobre el borde de mi escritorio una figura incomprensible (era evidente que no recordaba en qué punto de la conversación nos habíamos quedado) y dijo por fin:
–Entonces mi mujer tomó la decisión de dormir en camas separadas. ¿Por qué razón? Hasta ahora no ha querido decírmelo. Además, jura por Dios que ni siquiera me lo dirá. ¿Qué debo pensar de todo esto? No lo sé. La única palabra que me viene a la mente es ésta: conspiración.
–No, no –dije yo–. Todavía no llegábamos allí, si esto es lo que seguía. Se había quedado usted en que su hijo el menor estaba tomando con respecto a usted actitudes un tanto extrañas…
–Ah, sí –dijo el anciano–. Extrañas, claro. Como por ejemplo no avisar a dónde va ni de dónde viene. De la noche a la mañana se ha puesto a decir, figúrese usted, que yo no cuidé bien de él cuando era niño. ¿Que no me preocupé por él? ¿Quién, entonces, le pagó las colegiaturas, la ropa que se ponía, la comida y los estudios? ¿Quién?
No me va usted a creer, lector, seguro que no me va a creer, pero justo en ese momento empezó a sonar otra vez el teléfono, mi pequeño, caro, odioso y portátil teléfono celular. Miré a mi interlocutor, pero no ya como diciéndole: “Puede usted continuar, señor”, sino como preguntándole: “¿Contesto o no contesto?”. Durante unos segundos dudé. ¡Dios mío, qué dilema! Tomé el teléfono en mi mano derecha sin saber todavía qué hacer con él.
–Sí, soy yo (Dios mío, qué respuestas más tontas da uno por teléfono: si yo no soy yo, ¿quién más podría ser?). A sus órdenes. Comprendo, claro, pero aún no sé cómo voy a andar ese día y no tengo a la mano mi agenda para saberlo, pero si me habla usted a eso de las diez y media, yo le digo si puedo o no. No, no, lo que pasa es que ahora estoy ocupado con una persona . No importa: si no puede hablarme a las diez y media, puede perfectamente hacerlo a las once. ¡No, qué va! Está usted hablando con el noctámbulo más incorregible del planeta. No se preocupe; si puedo, lo haré con mucho gusto. ¡Hasta luego!
Cuando colgué, ya no me atreví a mirar al anciano. ¡Era demasiado penoso verlo a la cara! ¿Y qué cree usted? Que antes de que lo viera a la cara el teléfono volvió a sonar una vez más. Y como esto ya era demasiado, lentamente, con parsimonia, con sadismo, lo apagué. ¿Por qué no me había atrevido antes a realizar este saludable ritual? ¡No más llamadas telefónicas, al menos por ahora!
¿Qué tienen los pitidos del teléfono que nos hacen ponernos enseguida al aparato? ¿Qué es lo que nos impulsa a contestar con tanta rapidez? ¿De qué magia se valen para ponernos tan nerviosos cuando suenan? He aquí un tema de obligada meditación.
¿Por qué cuando estamos ocupados con una persona sentimos que una llamada telefónica es más urgente e interesante que todo lo que esta persona pudiera decirnos? ¿De qué noche de los tiempos nos viene esa sensación? “Algo grave está pasando”, nos decimos a nosotros mismos, y somos capaces de hacer a un lado a quien esté enfrente con tal de que esa llamada no se pierda.
Pero no: hoy ya no lo haré. Esta persona que está aquí, conmigo, este hombre cargado de años ha tenido que tomar un taxi para venir a encontrarme, y resulta que ni caso le hago para dedicarme a responder al primero que llama. El anciano se había tomado el trabajo de ponerse en camino, en tanto que aquella otra gente sólo se había limitado a marcar un número para obligarme a escucharla. ¡Qué sencillo y qué injusto al mismo tiempo! Cuando éste me vio apagar el teléfono, suspiró aliviado y sonrió dulcemente. Ahora se sentía importante, único; ahora podía hablar con libertad y sin el temor de verse interrumpido.
Desde entonces he tomado una seria resolución: dar prioridad a los que vienen en lugar de a los que simplemente llaman. Ya no me cohibirá ni me pondrá a temblar el pitido tramposo del teléfono; desde ahora lo tendré por lo que es: por una alarma que hacen sonar los que no se tomaron el trabajo de buscarme como se debe buscar realmente a las personas. Y, sobre todo, esto: que la presencia valga más y la sola voz menos, mucho menos. Siempre y cuando, claro está, no me estén hablando desde Hawaii…
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