marzo 2, 2021

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#4 Tiempos

Breve anecdotario de Felipe Calderón 4 | Columna de Enrique Domínguez

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Felipe Calderón

Cuentas claras

 

SarsCov2, covid-19 y la infodemia

Si no bastara lo anterior a estos hechos se suma esa intensa campaña de desinformación que se ha catalogado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como infodemia, que consiste en una práctica que genera pánico o promueve conductas incorrectas mediante la difusión de noticias falsas y maliciosas, Felipe Calderón y su “honorable” séquito se dedica al denuesto, a señalamientos atroces y teorías conspirativas, valiéndose de ello establecen y tratan de argumentar decisiones incorrectas alentando la reacción de personas que son ignorantes ante la realidad y acusando en todo momento acciones tardías, torpeza y ocultamiento de datos por parte del gobierno.

Felipe Calderón Hinojosa, obligó a la Secretaría de Salud a la compra de pruebas rápidas que, como las actuales del Covid-19, no eran recomendables para detectar la enfermedad.

De acuerdo con entrevista del diario La Jornada el Dr. Hugo López-Gatell Ramírez señalo: “Que hoy no haya corrupción hace una diferencia inmensa. Está documentado que en 2009 hubo presión política para que se compraran pruebas rápidas. Tuvimos la misma discusión que ahora: se hablaba de marcas, supuestas aprobaciones de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), que la OMS las recomendaba, pero era falso. Ni la SSA ni el INDRE las recomendaban”, “Luego nos enteramos que la presión era porque desde Presidencia ya se habían comprado miles de pruebas. Otro fue el enjambre de empresas que vendían plataformas informáticas. La requeríamos para la vigilancia epidemiológica. Lo que había no servía y, de hecho, en los primeros días de la epidemia el secretario Córdova reconoció que no se sabía lo que pasaba en los estados” y puntualizó: “hace 11 años, empezó la pandemia de influenza en México y las lecciones son varias: la coordinación y comunicación dentro del gobierno. El contraste hoy es impresionante. Tenemos como cualquier grupo social, de gobierno o no, desfases de coordinación y comunicación, pero es mucho mejor que hace una década y tiene que ver con el respaldo del presidente a la técnica y a la ciencia”.

Impacto económico a partir del covid-19 (Escenarios U, V, W)

A diferencia de la pandemia en 2009, el covid-19 ha registrado hasta el momento del cierre más de 4 millones 500 mil casos registrados y la cifra de lamentables decesos rebasa los 300 mil.

De acuerdo a José Tessada, Director de la Escuela de Administración de la Universidad Católica de Chile, establece algunos escenarios posibles para definir la recuperación económica:

U: “Entras y sales”, pero te mantienes abajo un poco más de tiempo, como si te costara salir.

V: Caída pronunciada con una salida igualmente pronunciada.

W: Cuando “entras y sales”, pero vuelves a entrar (en recesión).

la definición más extendida es la que dice que una economía entra en recesión cuando suma dos trimestres consecutivos de caída del Producto Interno Bruto (PIB).

Hablar de recesión es la acumulación de al menos dos trimestres sin crecimiento del PIB, entendiendo como causa la pérdida; de ingresos, el empleo, la producción industrial y el comercio por los efectos de la paralización, confinamiento.

Se espera que solo China y la India tengan un ligero crecimiento. El turismo, el endeudamiento y el reencuentro con la cotidianeidad llevará un tiempo.

Hasta el momento España ha perdido 900 mil empleos, Alemania 308 mil, Francia 246 mil, USA, 4 millones 400 mil empleos y México 514 mil empleos.

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#4 Tiempos

Ramón Villarreal pionero en salud pública en México | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los pioneros en temas de salud pública en México, fue el Dr. Ramón Villarreal Pérez (1919-1978), potosino por adopción y formación, quien en su momento dirigió la Escuela de Medicina, hoy Facultad, de la UASLP, y quien gestionó y logró la construcción de su actual edificio, así como la implantación de la medicina moderna en dicha Facultad. Ramón Villarreal fue un fundador de instituciones de educación superior, pues al formar el Departamento de Fisiología en la UASLP sentó las bases de su gran proyecto educativo basado en un modelo modular en contraposición al modelo disciplinar común en la educación superior en México. En 1874 creaba la unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), y con ese proyecto regresaba al país después de estar trabajando en los Estados Unidos en medicina y en su enseñanza en América Latina por más de quince años, emprendía así el novedoso modelo educativo que implantaba en la UAM.

“En la UAM he encontrado muchos aspectos positivos. Simplemente el haber aceptado este reto: embarcarse en una innovación educacional, porque eso es la UAM-Xochimilco; la sola decisión de venir a estas instalaciones tan precarias habla de cosas positivas.

Vivir esto da una sensación de inquietud por lo desconocido. No únicamente los estudiantes la experimentan, también los docentes.

Queremos que en Xochimilco la enseñanza no se centre sólo en la Universidad, sino también en la comunidad social, porque sólo así incidiremos en el cambio de valores, tanto de los estudiantes como de los profesores. Para lograrlo es indispensable el constante contacto con la realidad”

Villarreal estudió medicina en la UNAM y viajó a Estados Unidos a proseguir sus estudios de posgrado complementando su preparación en gastroenterología se especializó en fisiología, siempre estuvo interesado en las ciencias básicas y se interesó mucho por los trabajos de Claudio Bernard, quien fue realmente el introductor del método científico en medicina. En su primera época de estancia en Estados Unidos estuvo en las universidades de Harvard, Madison y de Chicago hasta 1955, año en el que regresa a México a incorporarse a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, donde impartiría la cátedra de fisiología y formaría el Departamento de Fisiología para ser luego director de la entonces Escuela de Medicina de la UASLP.

En este periodo comienza a gestar un nuevo diseño académico impulsando la investigación y la educación en medicina, elabora un ensayo sobre la situación de la enseñanza de la medicina y configura el concepto de departamentos, que llevaría años después al proyecto modular de la UAM-Xochimilco.

Ramón Villarreal, al terminar su gestión como director de la Escuela de Medicina de la UASLP en 1959 fue invitado por la Organización Mundial de la Salud, OMS; a trabajar como asesor de educación médica en los programas para América Latina, con sede en Washington, DC; ahí formó lo que sería el Departamento más importante de la OMS, el departamento de formación profesional. Desde ese momento se involucró en el tema de la salud pública, pues su formación originaria fue en el campo de la fisiología y gastroenterología. Obtuvo así su maestría en salud pública en la Escuela de Higiene y Salud Pública John Hopkins en Baltimore. En su momento estuvo postulado para ocupar la dirección de la OMS. 

En la enseñanza de la medicina fue un pilar en toda Latinoamérica. En sus últimos años fue presidente de la Fundación Mexicana para la salud. Publicó alrededor de 43 artículos científicos relacionados con la formación de recursos humanos como base para aumentar la calidad y cantidad de atención a la salud, con énfasis comunitario.

Colaboró con un grupo internacional de distinguidos epidemiólogos, en la publicación de Epidemiología, Guía de Métodos de enseñanza, editada por C.R. Lowe y J. Kostrzewski, publicado en varios idiomas y del cual se basan para tomar los modelos de contingencia usados en epidemias como la que ahora padecemos del coronavirus. Ramón Villarreal fue el promotor de la escuela de salud pública en nuestro país, y sus contribuciones ahora se vuelven importantes.

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La reforma judicial | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

Para los estudiantes de los primeros semestres de la carrera de Derecho, los paseos no pueden faltar. Bien pueden ser simpáticos días de campo en el congreso local, un paseo por los juzgados o incluso —con una labor logística más demandante— una visita a un penal.  En mi caso, el tour guiado se llevó a cabo en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Después de los protocolos de seguridad a la entrada, de apagar los celulares y de observar por varios minutos los murales de José Clemente Orozco, Cauduro y otros, procedimos a observar una muy interesante sesión de Pleno, donde se discutía un proyecto de la recién nombrada Ministra Yasmín Esquivel, quien, por cierto, estaba ausente.  

Al término de la sesión, la treintena de estudiantes primersemestrinos tuvimos la fortuna de charlar con dos ministros. Aquí abro un pequeño paréntesis para precisar un poco sobre el contexto. Apenas un par de semanas antes, el presidente de la Corte, Arturo Zaldívar, había sido sujeto de críticas: había aparecido en el programa de John Ackerman y Sabina Berman y publicado unos polémicos tweets. Por el contrario, casi ningún otro de los y las ministras tenía cuenta de Twitter; mucho menos habían salido a dar entrevistas a ningún medio. Considerando ese escenario, mis preguntas a los dos ministros fueron: ¿Cuál debe ser la relación de los ministros con la vida pública del país? ¿Por qué hay tanta distancia y tan poca comunicación entre la Corte y la ciudadanía?

Ciertamente, es un tema bastante complejo. Por ejemplo, en la Corte Suprema de Estados Unidos, el perfil ideológico de las y los jueces que la integran es conocido desde antes: al tribunal constitucional llegan jueces que son abiertamente conservadores o liberales, según el proyecto de nación del presidente que les haya nominado. En México, el perfil ideológico de las y los ministros se especula analizando sus sentencias y el sentido de sus votos; rara vez aparecen en medios de comunicación; y, para la gran mayoría de la población, la Corte y sus sentencias son completamente irrelevantes, debido al silencio que genera la poca difusión de lo que ahí se decide.

En ese sentido, los ministros me respondieron que lo que buscan es preservar su autonomía y garantizar la división de poderes. Comentaron que durante los 15 años que dura su encargo, los ministros y ministras dejan de asistir a restaurantes, reuniones sociales, bodas y eventos con políticos, incluso aquellos a los que han sido invitados por la Presidencia de la República. También, dan muy pocas entrevistas y no se enfrascan en discusiones sobre el sentido de sus votos. La regla general es que los tribunales sean herméticos, con el objeto de alejarse de cualquier presión que busque influir en lo que se decide en la Suprema Corte; además de ser muy cuidadosos con los simbolismos que puedan demeritar la legitimidad del Poder Judicial.

Traigo a colación esta anécdota para analizar uno de los cambios más importantes que vendrán para la Corte.

El viernes pasado, después de haberse aprobado en el Congreso de la Unión y en 18 congresos locales, la Cámara de Senadores emitió la Declaratoria de Reforma Constitucional, referente a la propuesta de reforma que presentó el Ministro Presidente Arturo Zaldívar el año pasado. Así, en estos días deberá publicarse en el Diario Oficial de la Federación la reforma a siete artículos constitucionales, la promulgación de dos leyes —la Ley de Carrera Judicial y una renovada Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación— y reformas a diversos códigos y leyes secundarias.

La iniciativa fue presentada por Zaldívar en una Mañanera, al lado de López Obrador, de Olga Sánchez Cordero y del Consejero Jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra. La imagen por sí misma fue un tanto bochornosa para la (al menos aparente) independencia que le caracteriza al Poder Judicial. Desde ese momento, el ministro Zaldívar ha tenido poco recato en mostrar su cercanía al Poder Ejecutivo, que impulsó esta reforma muy decididamente.

La autonomía de la Corte estuvo nuevamente cuestionada después de que Zaldívar decidiera romper la regla tácita de que el ministro presidente es el último en presentar sus argumentos al revisar un caso. Durante el debate de la consulta popular, Arturo Zaldívar se asignó la palabra a sí mismo antes que todos y recitó lo que parecía un discurso más político que jurídico, validando la constitucionalidad de la materia con argumentos, por llamarles de una manera, muy endebles.

Más recientemente, Zaldívar acudió a la inauguración de una de las pistas de Santa Lucía. ¿Qué estaba haciendo ahí? Nadie lo sabe; menos cuando los grandes proyectos de infraestructura se están decidiendo en la Corte.

Del contenido de la reforma se dice que fue redactada únicamente en la oficina de Zaldívar; no hubo colaboración con otros ministros, ni con la academia, ni con otras instancias del Poder Judicial. No obstante, haciendo un balance muy general, podemos conceder que el saldo es más positivo que negativo. Por una parte, hay un fortalecimiento a la carrera judicial; mayores herramientas para el combate a la corrupción, nepotismo y violencia de género; y se mejora también a la defensoría pública. Por otra, la reforma contempla una modificación a la manera en que se generan criterios jurisprudenciales: ahora todas las resoluciones del Pleno votadas por una mayoría de ocho votos serán vinculantes para todos los jueces del país. Además, la reforma prevé facultar a los organismos constitucionales autónomos de los estados para que también puedan aplicar controversias constitucionales.

Del lado negativo, la reforma es omisa en hacer algún pronunciamiento sobre el trágico Tribunal Electoral. Además, no hace ninguna modificación al agotado método de designación de ministros, así como al tema de las renuncias. Uno esperaría que después del escándalo de Medina Mora, alguien tomara cartas en el asunto.

Zaldívar ha logrado su cometido y la reforma ha sido aprobada casi exactamente como él la concibió. Con estas modificaciones, es muy probable que la Corte transite a la onceava época del Semanario Judicial de la Federación con él como abanderado de dicho cambio.  Con la reforma, también ha conseguido dotar de mayor poder al presidente del Consejo de la Judicatura Federal, cargo que ocupa el presidente de la Suprema Corte, o sea, él. En resumidas cuentas, Zaldívar ha venido a romper con el paradigmático comportamiento discreto de los ministros; ahora ha adherido su discurso al de la 4T, está activo en redes y acude a inauguraciones (pero no acude al aniversario de la Constitución, por ejemplo). Habrá que prestar atención a sus siguientes movidas. ¿Cómo cambiará su relación con el Ejecutivo, ahora que su reforma fue aprobada? ¿En dónde lo veremos en 2024, cuando termine su encargo?

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Un gato en el estómago | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas.

 

En su Anatomía de la melancolía (obra que vio la luz por vez primera en 1621), Robert Burton cuenta la historia de una mujer que creía haberse tragado una serpiente. Ahora bien, como ésta era una cosa altamente improbable (¿quién en su sano juicio hubiera podido hacer algo como esto?), el médico que la veía llegó a la conclusión de que la mujer no estaba muy en sus cabales que digamos, y, para curarla, ideó la siguiente estratagema: primero la hizo tomar un vomitivo; luego, sin que ella lo advirtiera, colocó una serpiente muerta en el fondo de un bacín, diciéndole:

«He ahí el tremendo bicho que tanto la atormentaba, mi estimada señora». Cuando la mujer vio que el animal se hallaba por fin fuera de su cuerpo, se sintió aliviada. ¡Excelente terapia!

Otro caso curioso contado por el mismo Burton es el de un caballero de Siena que tenía miedo de ir al baño, pues creía que, en cuanto lo hiciera, la ciudad se ahogaría bajo el río de sus orines. Aunque la vejiga estaba a punto de estallarle, el caballero se contenía estoicamente. Para curarlo, otro médico, tanto o más ingenioso que el anterior, mandó tocar las campanas de una iglesia vecina y le dijo al enfermo en tono gravísimo que Siena se consumía en ese momento bajo las llamas y que únicamente él podía salvarla, si quisiera. Ante advertencia tan severa, el enfermo accedió a orinar, y si no salvó a Siena de las llamas, sí salvó por lo menos su estropeada vejiga.

Estos ejemplos muestran con bastante claridad que los médicos del pasado no eran tan ingenuos como a algunos les gusta imaginar. Sin embargo, la curación no siempre es tan sencilla, como demuestra este otro caso tomado de la vida real:

Un hombre se quejaba constantemente de un fuerte dolor de estómago. «¿Sabes? –le dijo un día a su mujer-, me da la impresión de que lo que tengo adentro es un gato». La esposa le dijo que eso no era posible y que lo mejor que podía hacer era ir a consultar a un gastroenterólogo lo antes posible. Pero el hombre persistió en su idea. Sí, lo que lo arañaba por dentro era un gato, un enorme gato de afiladas uñas.

«Esto ya no es asunto del gastroenterólogo, sino del psiquíatra», pensó la mujer, terriblemente afligida. Y a partir de entonces todos sus esfuerzos se concentraron en convencer a su esposo de que tenía que someterse a uno de esos inofensivos tratamientos psicológicos que a la larga no le podían hacer más que bien. Tras diez mil ruegos, el marido accedió a ir por fin a una clínica neurológica.

-¿Qué es lo que sentimos? –preguntó el psiquiatra, mirándolo con burlona atención.

-Lo que sentimos, doctor –respondió el hombre-, son unos terribles arañazos provocados por un gato que llevamos dentro.

El especialista se le quedó mirando largamente. Y, tras pensárselo durante unos instantes, dijo en tono confidencial:

-Sí, es probable que se trate efectivamente de un gato. En todo caso, no es ésta la primera vez que le sucede a alguien una cosa semejante.

-¿Es, digamos, una enfermedad común?

-¡Más común de lo que usted se imagina, mi estimado amigo!

-Me aterra pensar que dentro de mí pudiera también haber ratones, doctor, pues, de no ser así, ¿a qué diablos se habría metido el gato? –dijo el hombre casi llorando de pesar.

El psiquiatra hizo abrir la boca a su paciente, le examinó la garganta con una lamparilla y dijo finalmente:

-En efecto, amigo mío, anda por ahí un gato de respetables dimensiones: acabo de verle la punta de la cola. ¡Ah, pero no se preocupe usted, que ya me encargaré yo de que salga pronto de ahí! Si le parece bien, mañana mismo, a las diez, procederemos a realizar la operación.

-Me parece bien –dijo el paciente.

Al día siguiente, el psiquiatra lo anestesió, simuló una operación complicadísima, mandó a un muchacho del barrio a que le trajera un gato callejero, le torció la cabeza, y tan pronto como el enfermo volvió en sí, le dijo gritando de alborozo:

-He aquí el gato que tanto lo molestaba, querido amigo. De ahora en adelante podrá usted vivir en paz.

El paciente miró el gato detenidamente; finalmente, dijo con desilusión:

-Lo siento mucho, doctor, pero el gato que usted me muestra es negro, y el que a mí molesta adentro es gris.

¡Para amargarnos la vida, los humanos somos unos expertos! Nos ahogamos en vasos de agua. Una vez, según cuenta el doctor M. Scott Peck en su libro La nueva psicología del amor, una mujer que acababa de intentar suicidarse fue a verlo a su consultorio y le confió: «Intenté matarme porque no soporto vivir en esta maldita isla» (se trataba de la isla de Okinawa, donde ambos, médico y paciente, residían por entonces). «¿Por qué es tan doloroso vivir en Okinawa?» –le preguntó el doctor-. «Aquí no tengo amigos. Estoy siempre sola» –respondió sollozando la mujer-.

«Eso es malo. ¿Por qué no ha hecho amistades?». «Tengo que vivir en una urbanización de Okinawa donde ninguno de mis vecinos habla inglés». «¿Por qué no va a la zona residencial norteamericana o al club de mujeres para entablar alguna relación?» –insistió el médico-. «Porque mi marido se lleva el coche para ir al trabajo». «¿Y no podría llevarlo usted misma al trabajo, puesto que está sola durante todo el día y se aburre?» –siguió insistiendo el doctor-. «Es un coche con el cambio de marcha manual, y yo no sé conducirlo; sólo sé conducir los que tienen caja automática». «Pues podría aprender a conducirlo». «¿En estas carreteras? –gritó indignada la mujer-, ¿es que quiere que me mate?».

En lo dicho: con algunos no hay remedio. Pero si hay alguna conclusión que sacar de estas historias, que las saque el lector, que yo con habérselas contado me doy por satisfecho.

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Xavier Nava, ¿en Morena?

Opinión