junio 18, 2026

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Belzebuth: un paso adelante en el cine de horror mexicano

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Belzebuth

Luis Carlos Fuentes, el guionista de la película, habló con La Orquesta acerca de una de las películas nacionales más arriesgadas dentro del género

Por: Carlos López Medrano

Para el cine de terror no parece haber vuelta de tuerca. Da la impresión de que las fórmulas están ya muy arraigadas y que en cada nuevo proyecto se trabaja en una especie de piloto automático que rara vez ofrece satisfacciones más allá de la anécdota. No obstante, de vez en cuando surgen películas que refrescan la perspectiva que se tiene del género. Es el caso de “Belzebuth” (2019), digirida por Emilio Portes, escrita por Luis Carlos Fuentes y protagonizada por Joaquín Cosío y Tobin Bell.

La historia gira alrededor del agente Emmanuel Ritter (Cosío), quien tiene que investigar una serie de casos espeluznantes ocurridos en una ciudad fronteriza, todos relacionados con la matanza masiva de niños. La trama cobra profundidad ya que detrás de ello se encuentra su propia tragedia personal, la presencia de lo que aparenta ser una secta satánica de alto alcance, así como señales del mundo paranormal en una trama vertiginosa y compleja que sin embargo resulta entretenida durante las casi dos horas del metraje.

El gran mérito de Belzebuth es su osadía. Toca temas que ni en el cine nacional ni el foráneo se atreven a tocar las más de las veces y que le traerán, sin dudas, una muy sana polémica. La simbología religiosa se toma como un móvil que avanza sin miramientos y que abona a crear una atmósfera inquietante y llena de una sabrosa tensión.

La violencia y los casos retratados a lo largo de la cinta son demoledores, pero pegan aún más en nuestro lado emocional ya que no están muy alejados de lo que ocurre de manera reiterada en un país tan ambivalente como el que habitamos. Una violencia que permanece oculta y ante la que nos hemos insensibilizado sin que por ello deje de ser igual de trágica, demoledora.

La trama de “Belzebuth”, muy propia de lo que ocurre en la frontera, transcurre entre el sabor mexicano y la racionalidad estadounidense, también en dos idiomas, y sin lugar a dudas lo más interesante es lo que ofrece el lado paisano con unos entrañables Joaquín Cosío y Enoc Leaño, quienes, además del terror, ofrecen chispazos de sentido del humor en una simbiosis muy particular de detectivesca noir.

En entrevista para La Orquesta, el guionista Luis Carlos Fuentes resaltó que parte de la inspiración para “Belzebuth” está precisamente en hechos ocurrido en México como los relativos al narcotráfico y las tragedias por negligencias políticas, a los que intentó dar una explicación fantástica. “Un pie en la realidad y otro en la fantasía”, aseguró, en donde no hay nada sagrado y donde la libertad creativa fue un pilar para crear un producto contundente.

En opinión del escritor nacido en Ciudad de México en 1978 y que guarda una estrecha conexión profesional y afectiva con San Luis Potosí, “el cine te permite abordar elementos que pueden parecer intocables

, al final de cuentas si hay una historia bien contada que te crea empatía con los personajes puedes meter cualquier cosa, mientras el universo que la conforma sea verosímil”.

“Belzebuth” rompe con tabúes y no teme caer en blasfemia. Por tanto, es arriesgada, fuerte, aunque sin caer en descuidos ni en recursos efectistas y gratuitos. Algo así solo fue posible gracias a una sólida alianza entre el guionista, director y el productor quienes tuvieron la determinación de dar el paso adelante. Luis Carlos Fuentes dijo sentirse satisfecho, ya que la historia que buscaba contar fue adaptada con tino por Emilio Portes, quien a partir del texto original colaboró de lleno con él para ir puliendo lo que finalmente se convirtió en una de las películas de terror que apuestan más fuerte dentro del circuito nacional.

La idea original comenzó hace aproximadamente 10 años. Luis Carlos tuvo en mente una escena en concreto, una base creativa a partir de la cual desarrolló lo que sería el guión de su primer largometraje. Tal secuencia aparece a en la película e implica la presencia de una figura de Jesucristo en uno de los trazos más arrojados del filme.

“El terror sirve para exorcizarse a uno mismo. Lo que aterra no es lo desconocido, es el miedo a lo conocido. El terror muestra lo que queremos ignorar pero que sabes que está dentro de la naturaleza humana”, dice Luis Carlos Fuentes. “Cuando una película lo muestra, nos asustamos. La civilización pretende negar ese lado maligno del ser humano, y cuando sale a la superficie, eso es el horror”.

El escritor mexicano añadió que nunca se impuso límites de ningún tipo. Eso sí, “se trató que la historia estuviera bien contada”, algo que se logró a través de la simpatía que el espectador establece con los personajes. Lo anterior, sumado a una buena hechura por parte del director (hay secuencias muy logrados y un uso sobresaliente de efectos especiales), la posicionan desde ya como una oferta apetecible en las salas de cine a las que lleva líneas de obscuridad y miedo como las que resultan necesarias de vez en cuando desde la seguridad que ofrece una cómoda butaca. 

@Bigmaud

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El olor a descomposición llegaba a la calle; la indiferencia llegaba más lejos | Editorial de La Orquesta

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Durante años, un hombre habría vivido de reproducir perros sin poder ofrecerles ni agua, ni comida, ni una muerte digna. No eran perros, eran mercancias hasta que dejaron de existir

Por: La Orquesta

La crueldad humana no puede justificarse en nuestra condición de seres humanos complejos e imperfectos, es un porqué pero no una justificación.

Lo ocurrido en Milpillas es difícil de procesar. No por falta de información, sino porque mientras más se sabe, más insoportable resulta imaginar el sufrimiento que soportaron esos animales.

Es constante el intentar entender a las personas crueles. Decimos que tuvieron una infancia complicada, que padecen enfermedades mentales, que son producto de la pobreza, de la ignorancia, del abandono institucional o de una sociedad enferma. Todo eso puede ayudarnos a entender de dónde viene la violencia. Es un porqué, pero jamás puede convertirse en una justificación.

Porque el hombre que operaba este criadero vivía de los perros. Su trabajo consistía, básicamente, en encerrar a un macho con una hembra dentro de una jaula para que se reprodujeran, vender las crías y repetir el proceso una y otra vez. Nada más. Explotaba animales para obtener un ingreso económico y aun así no pudo ofrecerles lo más elemental: agua accesible, alimento suficiente, atención veterinaria, un espacio limpio o una muerte digna.

La normalización de estos actos de personas así es profundamente preocupante. Vecinos cuentan que llevaba años funcionando de esta manera. Durante años, al parecer, para él fue insignificante que los perros sufrieran. Era irrelevante que estuvieran en los huesos. Era irrelevante que agonizaran. Era irrelevante que compartieran espacio con cadáveres de otros perros, que respiraran el olor de cuerpos en descomposición, que algunos nunca hubieran recibido una caricia, un paseo, una manta durante el frío o un tratamiento para enfermedades.

Y entonces aparece la pregunta más dolorosa: ¿cuántos perros murieron ahí? ¿Cuántos nacieron solo para ser vendidos? ¿Cuántos pasaron toda su vida dentro de una jaula? ¿Cuántos agonizaron durante días antes de morir? ¿Cuántos soportaron el hedor de otros muertos porque ni siquiera eran retirados de las instalaciones? ¿Cuántos más existen en otros patios, bodegas o periferias de este país y nunca los conoceremos porque nadie denuncia, porque las autoridades no van o porque aprendimos a convivir con el horror?

El causar dolor a un ser vivo indefenso habla mucho más de quien infringe ese dolor que de quien lo recibe. No hablamos únicamente de perros. Las personas hieren personas. Torturan personas. Matan personas. Las razones pueden ser políticas, económicas, sociales, familiares o personales, pero muchas veces tienen un hilo conductor: herir a otros desde las propias heridas no resueltas.

A quienes observamos desde fuera nos conmueve el sufrimiento, especialmente cuando se trata de seres incapaces de defenderse. Un perro no es una persona. Nunca lo será. Pero reconocer esa diferencia tampoco justifica minimizar el dolor que sentimos al imaginar la crueldad que soportaron estos animales. Deprimirnos ante ello no nos hace exagerados; probablemente nos hace una sociedad un poco menos enferma.

También debemos aceptar algo incómodo: la cárcel por si sola no cura a quien necesita infligir dolor. El castigo punitivo no repara la empatía rota de una persona. Sin embargo, sí debe existir un castigo ejemplar. Y en México, particularmente en San Luis Potosí, los castigos por maltrato animal suelen ser una burla. Hemos visto agresores salir prácticamente ilesos tras entregar costales de croquetas, cumplir medidas mínimas o evitar condenas efectivas, a pesar de que la legislación contempla penas de hasta cinco años de prisión en casos graves.

Quizá la prisión no transforme a un maltratador, pero las sanciones económicas severas sí pueden convertirse en un mecanismo disuasorio. A muchos les duele más perder dinero que saber que otro ser vivo sufrió bajo su responsabilidad.

La omisión institucional también es parte del problema. Resulta frustrante que cuando alguien roba un vehículo existan operativos, seguimiento y reacción inmediata, pero que cuando un policía observa a un animal siendo golpeado, encadenado, abandonado o muriendo lentamente, pocas veces intervenga. El maltrato animal debería asumirse con mayor seriedad y atenderse como un indicador de violencia social, no como una falta menor.

Hay otro componente incómodo: la periferia. En muchas comunidades alejadas de los centros de poder parece existir un mensaje tácito de impunidad. Ahí la gente construye sin permisos, quema basura, tira escombros, abandona animales y, a veces, opera criaderos clandestinos durante años sin consecuencias. Es un abandono institucional que termina normalizando cualquier cosa.

Finalmente, hay una responsabilidad colectiva que rara vez queremos asumir. Mientras siga existiendo un mercado dispuesto a pagar miles de pesos por un cachorro de determinada raza, seguirá habiendo personas dispuestas a reproducirlos en serie. Tal vez deberíamos dejar de decir “me encantan los perros, pero solo de tal raza”, porque ese supuesto amor muchas veces alimenta la industria que los convierte en mercancía.

El caso de Milpillas es indignante. Pero sería aún más indignante descubrir que dentro de unos meses volvemos a compartir fotografías de otro criadero, de otro perro en los huesos, de otro cadáver cubierto con cal, y reaccionamos con sorpresa, como si no supiéramos que el problema nunca fueron solamente los animales abandonados.

El problema es la facilidad con la que aprendimos a convivir con la crueldad.

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Era peor de lo que se imaginaba: Animalistas rescatan a perros de criadero clandestino de Milpillas

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Perros husky y pastor alemán en los huesos, animales agonizando dentro de jaulas, cadáveres cubiertos con cal, restos reducidos a mechones de pelo, un olor nauseabundo que llegaba hasta la calle y hasta lechones muertos dentro del predio

Por: Ana G Silva

Lo que vecinos y rescatistas encontraron al ingresar a un presunto criadero clandestino de perros en la fracción Milpillas fue descrito por ellos mismos como una escena “horrible, difícil de ver, de oler y profundamente triste”.

La tarde del miércoles, colectivos animalistas potosinos acudieron al domicilio señalado desde hace semanas por habitantes de la zona como un sitio donde se criaban y comercializaban perros husky y pastor alemán en condiciones inadecuadas. La intervención ocurrió luego de que el caso se viralizara en redes sociales, ante la falta de respuesta de autoridades municipales y estatales, pese a denuncias previas realizadas por vecinos.

Al llegar al inmueble, las rescatistas no localizaron a los cachorros que anteriormente habían sido observados en el lugar y que presuntamente eran comercializados incluso a la orilla de la carretera. De acuerdo con testimonios de quienes participaron en el rescate, aparentemente algunos animales fueron retirados antes de su llegada y hubo intentos por limpiar parcialmente las instalaciones.

Entre las acciones que detectaron se encontraba la colocación de recipientes con agua; sin embargo, ésta permanecía fuera de las jaulas, imposibilitando que los perros encerrados pudieran acceder a ella.

A pesar de ello, numerosos ejemplares permanecían confinados en jaulas pequeñas, sin alimento y en condiciones de extrema desnutrición. Algunos perros se encontraban prácticamente reducidos a piel y huesos, mientras que otros presentaban un estado de salud tan delicado que las voluntarias consideraron que estaban al borde de la muerte.

Las activistas denunciaron además la presencia de grandes cantidades de cal esparcidas en distintas áreas del predio, particularmente en zonas donde localizaron perros muertos en avanzado estado de descomposición. El olor, señalaron, era nauseabundo y podía percibirse desde la calle, situación que vecinos consideraron incluso un riesgo sanitario para quienes habitan en las inmediaciones.

Durante la inspección también fueron encontrados restos de animales que consistían únicam ente en mechones de pelo y vestigios óseos.

Asimismo, localizaron varios lechones recién nacidos muertos, que, según sospechan algunas personas involucradas en el rescate, podrían haber sido utilizados ocasionalmente como alimento para los perros.

Los rescatistas sostuvieron que las condiciones encontradas permiten presumir que los animales sobrevivientes permanecían cotidianamente en ese entorno insalubre, rodeados de cadáveres, desechos y fuertes olores derivados de la descomposición.

Ante la gravedad de la situación, vecinos y colectivos decidieron sacar del inmueble a todos los perros que aún permanecían con vida. Algunos fueron adoptados de manera inmediata por ciudadanos que acudieron al sitio, mientras que el resto fue trasladado a un refugio para recibir atención, aunque hasta el momento se desconoce con precisión el estado de salud de cada uno de los ejemplares rescatados.

Habitantes de Milpillas recordaron que el funcionamiento del presunto criadero clandestino había sido denunciado con anterioridad ante diversas autoridades, pero aseguran que no obtuvieron respuesta ni inspecciones formales, situación que derivó en que las agrupaciones animalistas actuaran por cuenta propia una vez que el caso alcanzó notoriedad en redes sociales.

Respecto al propietario del inmueble, vecinos señalaron que presuntamente se encontraba hospitalizado y que recientemente habría sido dado de alta; sin embargo, hasta ahora no se ha presentado en la vivienda ni ha establecido contacto con quienes participaron en el rescate.

Las organizaciones animalistas anunciaron que este jueves acudirán a presentar una denuncia formal ante la Fiscalía General del Estado por posibles actos de maltrato animal, abandono y operación irregular de un criadero, además de aportar evidencia sobre la presunta venta de perros en las inmediaciones de la carretera y las condiciones deplorables en que eran mantenidos.

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“Dependerá del gobierno entrante”: Sedesore sobre sus programas sociales

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La titular de Sedesore reconoce que los apoyos —tortilla subsidiada, becas, madres solteras, adultos mayores— podrían no sobrevivir al cambio de administración en 2027

Por: Redacción

María del Rosario Martínez Galarza, titular de la Secretaría de Desarrollo Social y Regional (Sedesore), reconoció este miércoles que la continuidad de los programas sociales del gobierno de Ricardo Gallardo Cardona dependerá de quien encabece la siguiente administración, al margen de los compromisos adquiridos.

La declaración ocurrió durante el anuncio de una nueva tortillería subsidiada en Residencial del Bosque, cuando se le preguntó si existe garantía de que los apoyos no se eliminen con el cambio de gobierno. “Cada administración tiene un tema muy diferente de trabajar”, respondió.

Martínez Galarza recordó que cuando Sedesore inició la gestión de Gallardo, la dependencia contaba con un solo programa activo: las despensas de emergencia de la pandemia de COVID-19. Desde entonces, la Secretaría construyó una red que hoy incluye tortilla subsidiada

, apoyos a madres solteras, adultos mayores y becas escolares.

La titular planteó que estos apoyos deberían convertirse en políticas permanentes, sin embargo, sostuvo que “va a depender muchísimo de las personas que estén a cargo de la dependencia, pero sobre todo de las indicaciones del gobierno”.

La dependencia opera actualmente ocho tortillerías en el estado con una inversión de más de 3 millones de pesos y una distribución de más de 500 kilos diarios a 14 pesos el kilo, poco menos de la mitad del precio comercial.

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