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Belzebuth: un paso adelante en el cine de horror mexicano
Luis Carlos Fuentes, el guionista de la película, habló con La Orquesta acerca de una de las películas nacionales más arriesgadas dentro del género
Por: Carlos López Medrano
Para el cine de terror no parece haber vuelta de tuerca. Da la impresión de que las fórmulas están ya muy arraigadas y que en cada nuevo proyecto se trabaja en una especie de piloto automático que rara vez ofrece satisfacciones más allá de la anécdota. No obstante, de vez en cuando surgen películas que refrescan la perspectiva que se tiene del género. Es el caso de “Belzebuth” (2019), digirida por Emilio Portes, escrita por Luis Carlos Fuentes y protagonizada por Joaquín Cosío y Tobin Bell.

La historia gira alrededor del agente Emmanuel Ritter (Cosío), quien tiene que investigar una serie de casos espeluznantes ocurridos en una ciudad fronteriza, todos relacionados con la matanza masiva de niños. La trama cobra profundidad ya que detrás de ello se encuentra su propia tragedia personal, la presencia de lo que aparenta ser una secta satánica de alto alcance, así como señales del mundo paranormal en una trama vertiginosa y compleja que sin embargo resulta entretenida durante las casi dos horas del metraje.
El gran mérito de Belzebuth es su osadía. Toca temas que ni en el cine nacional ni el foráneo se atreven a tocar las más de las veces y que le traerán, sin dudas, una muy sana polémica. La simbología religiosa se toma como un móvil que avanza sin miramientos y que abona a crear una atmósfera inquietante y llena de una sabrosa tensión.
La violencia y los casos retratados a lo largo de la cinta son demoledores, pero pegan aún más en nuestro lado emocional ya que no están muy alejados de lo que ocurre de manera reiterada en un país tan ambivalente como el que habitamos. Una violencia que permanece oculta y ante la que nos hemos insensibilizado sin que por ello deje de ser igual de trágica, demoledora.
La trama de “Belzebuth”, muy propia de lo que ocurre en la frontera, transcurre entre el sabor mexicano y la racionalidad estadounidense, también en dos idiomas, y sin lugar a dudas lo más interesante es lo que ofrece el lado paisano con unos entrañables Joaquín Cosío y Enoc Leaño, quienes, además del terror, ofrecen chispazos de sentido del humor en una simbiosis muy particular de detectivesca noir.
En entrevista para La Orquesta, el guionista Luis Carlos Fuentes resaltó que parte de la inspiración para “Belzebuth” está precisamente en hechos ocurrido en México como los relativos al narcotráfico y las tragedias por negligencias políticas, a los que intentó dar una explicación fantástica. “Un pie en la realidad y otro en la fantasía”, aseguró, en donde no hay nada sagrado y donde la libertad creativa fue un pilar para crear un producto contundente.
En opinión del escritor nacido en Ciudad de México en 1978 y que guarda una estrecha conexión profesional y afectiva con San Luis Potosí, “el cine te permite abordar elementos que pueden parecer intocables , al final de cuentas si hay una historia bien contada que te crea empatía con los personajes puedes meter cualquier cosa, mientras el universo que la conforma sea verosímil”.
“Belzebuth” rompe con tabúes y no teme caer en blasfemia. Por tanto, es arriesgada, fuerte, aunque sin caer en descuidos ni en recursos efectistas y gratuitos. Algo así solo fue posible gracias a una sólida alianza entre el guionista, director y el productor quienes tuvieron la determinación de dar el paso adelante. Luis Carlos Fuentes dijo sentirse satisfecho, ya que la historia que buscaba contar fue adaptada con tino por Emilio Portes, quien a partir del texto original colaboró de lleno con él para ir puliendo lo que finalmente se convirtió en una de las películas de terror que apuestan más fuerte dentro del circuito nacional.
La idea original comenzó hace aproximadamente 10 años. Luis Carlos tuvo en mente una escena en concreto, una base creativa a partir de la cual desarrolló lo que sería el guión de su primer largometraje. Tal secuencia aparece a en la película e implica la presencia de una figura de Jesucristo en uno de los trazos más arrojados del filme.
“El terror sirve para exorcizarse a uno mismo. Lo que aterra no es lo desconocido, es el miedo a lo conocido. El terror muestra lo que queremos ignorar pero que sabes que está dentro de la naturaleza humana”, dice Luis Carlos Fuentes. “Cuando una película lo muestra, nos asustamos. La civilización pretende negar ese lado maligno del ser humano, y cuando sale a la superficie, eso es el horror”.
El escritor mexicano añadió que nunca se impuso límites de ningún tipo. Eso sí, “se trató que la historia estuviera bien contada”, algo que se logró a través de la simpatía que el espectador establece con los personajes. Lo anterior, sumado a una buena hechura por parte del director (hay secuencias muy logrados y un uso sobresaliente de efectos especiales), la posicionan desde ya como una oferta apetecible en las salas de cine a las que lleva líneas de obscuridad y miedo como las que resultan necesarias de vez en cuando desde la seguridad que ofrece una cómoda butaca.
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Siete altares, siete copas: La fe y la sed. Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Es jueves, siempre lo es.
En San Luis Potosí, el jueves no es un día de la semana, es un estado de la conciencia. Es el momento exacto en que la piedra cantera comienza a exudar un sudor frío, una mezcla de incienso y aguardiente. Hoy, las puertas de los siete templos se abren de par en par para recibir a los que buscan perdón, mientras que, a pocos metros, las puertas batientes de las cantinas reciben a los que buscan olvido.
La tradición dicta siete paradas. Siete altares donde se expone el cuerpo de un Dios que sufre. Pero en este “primer cuadro” de la ciudad, la geografía del dolor es compartida. El parroquiano camina la misma banqueta que el devoto, y a veces, son la misma persona.
En ese cuadro delimitado en el que, por cierto, hay más estaciones para el alivio del cuerpo que para el alivio del alma. (7 Iglesias y al menos 25 bares).
El poeta y ensayista, Alfredo García Valdez, lo supo escribir con el mejor tino: “la cantina es espacio y tema, forma, ambiente, sujeto y paisaje, ese laboratorio donde el alma se descompone para volverse a armar”.
Es el templo lo mismo que de vividores que periodistas, que el del albañil que carga el mundo o del cirujano que sueña con salvarlo. Allí, la melancolía se corona con la misma solemnidad con la que se corona de espinas al que va camino al Gólgota.
¿Qué diferencia hay entre el pecador que se arrodilla frente a la imagen de la Virgen de los Dolores, que el hombre que se desploma sobre la barra de El Tampico, La Montaña, o el Banco?.
Ambos cargan una cruz. Cristo cayó tres veces, y en el suelo falaz de una taberna, ¿quién no ha besado el polvo, literal o figuradamente?
Las caídas en la cantina obligan a levantar el propio peso porque ahí se cae a solas, mientras el cantinero —ese sacerdote de a deshoras— oficia la misa del último trago.
La última cena se repite en cada ronda. “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre”, se traduce en el pan compartido y el vino que quema la garganta antes de que la tormenta estalle.
En las siete estaciones eclesiásticas, se recuerda el sudor de sangre en Getsemaní; en los siete bares, se suda el delirio de la derrota, del desamor, de la euforia y la tristeza perfumada de fiesta y del “sírveme otra” como si fuera el “hágase tu voluntad y no la mía”.
En la cantina también se comparte el vaso, la palabra, la herida y a veces la soledad : La que se tiene o la que viene.
Observo la procesión silenciosa de la fe y la ruidosa procesión de la sed.
Aquí cerca de San Agustín las velas se consumen rezando por los pecados del mundo. El sacrificio del cordero.
En la cantina de más adelante, los vasos se vacían urdiendo poemas que nadie escribirá. Es el punto de encuentro definitivo: el santo sufrimiento.
Unos lo entregan a la divinidad para que tenga sentido, otros lo ahogan en el alcohol para que deje de tenerlo.
Me quedo con esa imagen: la ciudad dividida entre el incienso y el paseo por el duro adoquín en el suelo que conecta lo mismo iglesias que cantinas.
Siento una profunda admiración por la fe que mueve los pies de los creyentes hacia los altares y al mismo tiempo siento una profunda admiración por la impredecible condición humana de aquellos que, a pesar de la caída, piden (pedimos con fe) una última ronda antes de que el mundo se acabe.
Una ronda más antes de la traición. Una ronda más antes de lo que viene, y que con mayor o menor sufrimiento, más o menos espinas y caídas, también nos va matar: la vida.
Es lo mismo cuando el cantinero avisa que es hora de cerrar que cuando el sacristán apaga la última vela.
Todos, tanto los fieles borrachos como los piadosos pecadores- caminamos hacia la misma noche.
Porque hay noches en las que el alma pesa y no siempre se sabe rezar, por lo tanto…se bebe. En este jueves, que siempre lo es, la ciudad lo entiende sin decirlo. Nadie interrumpe, nadie corrige. Es un mismo tránsito, algunos con fe, otros con sed, pero todos con algo encima.
Dos “tradiciones”, una milenaria y otra mundana. Las dos que se encuentran no en la moral, no en el juicio, sino en esa condición profundamente humana que no distingue entre el altar y la barra: el dolor, la caída y la posibilidad, siempre incierta, de poder volver a levantarse.
Culto Público, en jueves, que siempre lo es, pero no tan santo no es tan distinta la oración que el trago, ni la cruz del vaso.
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SLP registra afluencia récord en Semana Santa
La derrama económica podría acabar superando los mil 250 millones de pesos en todo el estado
Por: Redacción
En San Luis Potosí, la afluencia de visitantes para Semana Santa está superando las expectativas iniciales, generando ahora proyecciones de 800 mil turistas y hasta mil 250 millones de pesos como derrama económica.
Municipios con gran vocación turística como Ciudad Valles, Xilitla, El Naranjo, Aquismón y Tamasopo reportan llenos totales en parajes naturales y sitios emblemáticos.
Entre los puntos con mayor afluencia destacan las cascadas de El Meco y Minas Viejas en El Naranjo, los embarcaderos hacia la cascada de Tamúl en Aquismón, el paraje Puente de Dios en Tamasopo y las cascadas de Micos en Ciudad Valles.
También sobresalen el Jardín Escultórico de Edward James, la Media Luna y Real de Catorce, que registran cifras récord de visitantes.
De acuerdo con el área de Planeación de la Secretaría de Turismo (Sectur), del jueves 2 al domingo 5 de abril diversos destinos se prevé que alcancen el 100 por ciento de ocupación hotelera, además de una alta demanda en restaurantes y servicios como recorridos guiados.
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Ayuntamiento de SLP
Diego “El Cigala” conquista el Festival San Luis en Primavera
El cantautor español se presentó en la Plaza de Fundadores con un show lleno de flamenco, bolero y emoción
Por: Redacción
La Plaza de los Fundadores volvió a convertirse en el gran escenario cultural de San Luis Capital con la presentación del cantaor español Diego “El Cigala”, quien ofreció una noche cargada de flamenco, bolero y emoción como parte del Festival Internacional San Luis en Primavera.
Ante una plaza completamente llena, el intérprete conquistó al público con un repertorio que incluyó canciones de autores mexicanos, latinoamericanos y españoles, interpretadas con la intensidad de su característico cante flamenco, que logró una conexión inmediata con los asistentes.
Durante la velada sonaron algunos de sus temas más emblemáticos como “Lágrimas Negras”, “Piensa en mí” y otros boleros que forman parte de su repertorio internacional, provocando ovaciones y aplausos del público que acompañó cada interpretación en una atmósfera de fiesta y emoción.
Antes de que iniciara el espectáculo, el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado de la presidenta del DIF Municipal, Estela Arriaga Márquez, entregó al artista español el colibrí, símbolo del festival, como reconocimiento a su trayectoria y a su participación.
La noche también destacó el talento potosino con la participación del ensamble de guitarras Sul Tasto, que abrió el escenario y dio muestra de la calidad musical local.
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