#4 Tiempos
Au revoir les enfants | Columna de Juan Jesús Priego
Letras minúsculas
(Adiós a los niños)
Lo vi contar sus monedas con la misma ansiedad con que el avaro cuenta sus posesiones; lo vi apilarlas unas sobre otras, inseguro, inquieto, desesperado; lo vi secarse una gota de sudor que le resbalaba por la frente; lo vi, por último, contar sus monedas una vez más:
-Veintiocho, veintinueve, treinta…
Necesitaba llegar a las cien, pero aún no lograba reunir ni la mitad.
Lo vi ir a la cocina, buscar entre los anaqueles, hurgar en la alacena, inspeccionar los frascos, levantar las jarras, inspeccionar los tarros y regresar a la sala con un desánimo difícil de disimular.
-¿Me prestaría usted cincuenta pesos? -me dijo bajando la voz, cual si contara un secreto, pues su mamá andaba cerca y no debía escucharlo.
Y añadió con tono de un jugador que lo ha perdido todo:
-Se los pagaré la próxima vez.
¿Cuándo sería la próxima vez? El problema no eran, sin embargo, los setenta pesos; el problema era esa ansiedad, esa agitación que lo hacía parecer mayor de lo que era.
-¿Cuántos años tienes? -le pregunté; no sabía qué más decirle.
-Doce. Pero no ha respondido a mi pregunta. ¿Me prestaría usted setenta pesos?
Pensé lo peor. «Drogas, seguramente». No se me ocurría otra cosa, pues sólo los que están enganchados a ellas recorren de ese modo las casas y revuelven las cosas en busca de monedas perdidas, de billetes mal puestos, de objetos que vender. Me le quedé mirando en espera de una explicación.
-Setenta pesos no es mucho dinero, señor. ¿O le parece que sea mucho?
Por fortuna no era nada de lo que yo sospechaba lo que lo hacía ir y venir por su casa en ese estado de agitada ansiedad; era únicamente que necesitaba comprar lo antes posible una ficha para su teléfono móvil. Esto me consoló algo, aunque no del todo, pues sea como fuere se trataba de una dependencia, de un vicio, de una adicción.
Desde hace muchos años, los clientes más buscados por los productores de bienes y los distribuidores de servicios son los niños y los jóvenes. Pareciera una paradoja, pero en la actualidad son éstos los que gastan más, los que deciden el color del auto de la familia, los que eligen la película que todos en la casa tendrán que ver, los que deciden la marca y el tamaño del televisor, quienes decretan que es necesario tener un celular.
En la década de los 50, una organización publicitaria se dirigía en estos términos a las empresas estadounidenses productoras de material didáctico para las escuelas:
«Las jóvenes mentes pueden ser adiestradas a comprar vuestros productos. En las primarias de Estados Unidos hay aproximadamente 23 millones de niños y niñas que comen, que destruyen su ropa, que usan jabón. Hoy estos son consumidores, pero mañana serán compradores. Es un inmenso mercado para vuestros productos. Enseñad a estos niños el nombre de vuestra marca y ellos harán que sus padres compren sólo ésta» (Véase el libro de Vance Packard, el periodista norteamericano, titulado Los persuasores ocultos). ¿Se podría ser más explícito? Es a los jóvenes y a los niños a los que hay que alcanzar, sí, ¿pero a qué precio? Al precio, claro está, de avejentarlos prematuramente.
En una obra al parecer jamás reeditada –por lo menos en español-, François Mauriac (1885-1970) hacía notar que no a todos los jóvenes les es concedido el don de la juventud. «Entre éstos –escribía- los hay que mueren apenas nacidos. El mundo, si son burgueses; la lucha por la vida, si son obreros, los transforman demasiado pronto en hombres. Y la juventud exige ocio, tiempo libre para el trabajo desinteresado, para la lectura, para la conversación» (El joven).
Para el escritor francés, según puede deducirse de la lectura de su libro, ser joven es vivir en un estado de agradable despreocupación: consiste en no tener apuros económicos ni de otra índole (por supuesto, menos aún de salud). Por eso dice que, en cuanto se ven obligados a trabajar o a preocuparse por su subsistencia, han dejado de ser jóvenes.
Me pregunto si los niños no dejarán pronto de ser niños por las mismas razones, y si la niñez no estará a punto de convertirse en una etapa de la vida en vías de extinción. ¡Aun siendo ricos, cuántas preocupaciones económicas padecen, cuántas cosas que no tienen y querrían tener! El iPod de última generación, el teléfono recién salido al mercado, la cámara fotográfica de tantos y cuantos megapíxeles, etcétera.
Cuando los veo hablarse entre ellos a través de sus teléfonos, me espanta la rapidez con que buscan apretar el botón rojo. Claro, la llamada les cuesta. Pero, en semejantes condiciones, ¿cómo podrán aprender el arte del diálogo, que consiste en hablar y escuchar con atenta paciencia? Me los imagino en el futuro más silenciosos, más tímidos, más distraídos.
Ya sé que tener un teléfono celular es ventajoso; ya sé que muchos padres se sienten más seguros cuando su hijo se va a la fiesta con él en el bolsillo para que, en caso de peligro, pueda llamarles pidiendo auxilio. Todo esto lo sé, y, sin embargo, no deja de dolerme el verlos tan pequeños y tan preocupados. Tan gravemente preocupados contando sus monedas, sudando de ansiedad, con el rostro ya marcado por las arrugas de la preocupación. Cual si fuesen viejos.
También lea: Tom Sawyer y la princesa | Columna de Juan Jesús Priego
El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
También lee: El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
Acento Ajeno
Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.
Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.
“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.
Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.
La pregunta para México
Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.
Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.
Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.
Lo que corresponde
A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.
Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.
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El Cronopio
El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.
Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.
En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.
Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.
Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay . Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).
Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.
Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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