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Artes/cultura de la 4T, en pañales | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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¿Por dónde empezar…?

No es fácil encontrar el hilo de la madeja a las expresiones artísticas contemporáneas en México-ciudad y país o en el estado y en la capital potosinas.

Es compleja esa maraña, y aún se arropa en una inercia ancestral de mediocridad maquillada, de autoritarismo populachero/borreguista, ex revolucionario pri/panista institucionalizado; inamovilidad y aplausos a lo decorativo endulcorado/dulcorante.

Tan es así, que un supuesto error en la actual cúpula del mando presidencial, es fácil presa de los aún poderosos comunicadores cochuperos, prontos a la amplificación y/o deformación de sucesos. Con ello, cabe incluir la inversión en noticias falsas en redes sociales y más allá de ellas, promovidas por tradicionales multimillonarios evasores de impuestos y fanaticadas de sacristía.

En tales circunstancias, dentro de la denominada Cuarta Transformación encabezada por Andrés Manuel López Obrador, el fenómeno artístico/cultural es uno de los segmentos más débiles del esfuerzo por cambio de rumbo para el país. Aún tiene vestuario de consumismo salvaje irracional, cuando debiera ser eje rector re-educativo. No lo es aún ni se vislumbra rumbo.

APROXIMACIONES AL CONTEXTO

Hace 6 lustros, el Conaculta o Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, tuvo un brillante y visionario inicio con su fundador Víctor Flores Olea, pero pronto se le defenestó e inició la gestación de una madona palaciega, obesa fodonga encorsetada; entre más creció, menos tuvo una cobertura nacional y sí procreó una élite pretenciosa y sobre-asalariada de funcionarios y becarios a modo (si bien, como en todo, hay excepciones para maquillar informes oficiales). Algo similar ocurrió durante esos 30 años en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Es normal que respinguen los beneficiarios consentidos cuando se les contrae el presupuesto y, es cierto, es un recorte brusco (¿sería de otra manera cuando el enfermo está tan grave?) y afectó, de momento, a personas y procederes correctos; pero hay mucha pudrición a desmontar.

ALGO DE CONTEXTO

Durante el primer semestre de 2018, se realizaron varios foros televisivos en torno a temas artísticos/culturales. Una novedosa y atractiva, pero débil presencia, era la de Alejandra Frausto, entonces representante de Morena, hoy secretaria de eso que denominan cultura y sólo incide con palidez en lo artístico.

Si bien, hace año y medio, parecía inminente el triunfo de la agrupación política que representaba la forista Frausto, eso tan desigual, y hasta deforme llamado Morena (con debilísima representación local potosina y notables infiltraciones del peor pri/panismo); en esos debates, Alejandra Frausto se desdibujaba ante los comentarios y propuestas de los demás foristas, entre ellos Raúl Padilla, ex rector de la Universidad de Guadalajara, fundador del más vigoroso festival mexicano de cine y de la Feria Internacional del libro, ambos con sede en la ciudad de Guadalajara y arropados por su universidad pública.

Es conveniente agregar que estos eventos, durante los 30 años en referencia, le cambiaron el paisaje artístico y, en este caso, sí el cultural, no sólo a la ciudad sede; contagiaron e inciden en el resto del país y el extranjero. Habrá ocasión de precisar al respecto.

Ya en el cargo como secretaria de Cultura en el equipo de Andrés Manuel López Obrador, no le alcanzan a Alejandra Frausto su inteligencia y guapura para armar un equipo idóneo; acaso es bien-intencionada (cuando de ello está empedrado el camino del infierno) pero, ello no alcanza para dar al sector la dimensión de fortaleza, aún nebulosa e incierta, que el propio presidente de México convoca cuando está en sitios arqueológicos grandiosos e inspiradores, como Palenque, vecino de su refugio rural, La chingada.

Alejandra, según su currículo, es experta en Culturas populares, ciertamente uno de los puntos menos anegados del desaparecido Conaculta; en buena medida por la visión y bases que Guillermo Bonfil Batalla dio al subsector y materializó en ese espacio tan correcto en intención y difusión como lo es el Museo Nacional de Culturas Populares. Y lo es porque incide en lo super/estructural, esto es, aborda las expresiones indígenas y populares sin deponer consideraciones económico/político/sociales; taspone la tentación de quedarse en lo decorativo/folklórico y, en la medida que aborda, con exposiciones y publicaciones, la complejidad social y sus componentes, da cabida y hace difusión a expresiones artísticas de grupos ubicados en la base social y toca elementos en la superestructura compleja (lo cultural) como para resignificar e incluso crear simbologías nacionales e identidades soberanas. Eso es cultura y es un ejercicio minoritario como también sucede en territorios académicos públicos genuinamente autónomos como la UNAM, la U de G, la UV o el Colmex.

De vuelta al ejercicio predominante no cultural, sino artístico de remarcado decorativo, a la mayoría de los mandantes mexicanos, en la federación y en los estados, poco les da su conocimiento y entendedera para dar a los asuntos artísticos una dimensión Cultural y prioritaria.

Qué lejos estamos de la comprensión y ejercicio, público nacional, estatal y municipal de la producción y consumo de arte como elemento cultural, esto es, que incida en la construcción o reconstrucción del tejido social, que sea de y para todo público y este participe como sujeto proactivo y no sólo consumidor de migajas.

Si eso sucede en las instancias nacionales, poco se puede esperar en la localidad, de no ser por las escasas pero vigorosas expresiones independientes.

Esto apenas empezará. Eso, si se rectifica y se aprovechan talentos. 

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