octubre 15, 2026

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#4 Tiempos

Ansias anticipatorias | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas.

«Por más que me represente los detalles de lo que debe suceder, mi representación es siempre pobre, abstracta y esquemática en comparación con aquello que al final sucede». Así escribía Henri Bergson (1859-1941), el gran filósofo francés, en uno de sus libros. En efecto, la vida, que ama la novedad, bastante mal se adapta a nuestras pobres previsiones. ¿Imaginamos que nos   sucederá esto o lo otro? Pues bien, es posible que no nos suceda nunca. ¿Presentimos que nos ocurrirá aquello o lo de más allá? Puede ser que nos ocurra, pero no es seguro; y, si llegara a ocurrir, será de una manera totalmente diversa a como nos lo habíamos imaginado.

Una de las angustias más terribles es la angustia de la anticipación, el vivir como si ya estuviera pasando lo que no es seguro que suceda nunca. «¿Y si me da cáncer?», se pregunta el hombre aquejado de tales aprensiones; y, acto seguido, se sume en una tristeza mucho más honda que si de hecho lo tuviera. «¿Cómo reaccionaré si me dicen que?… ¡Oh, no quiero ni pensarlo!». Los pies le tiemblan, las manos le sudan, la cabeza le da vueltas y todo su cuerpo amenaza con venirse abajo. Quiere enfrentarse al futuro con las armas del presente y pierde la batalla de antemano. Personalmente, he visto a muchos enfermos de cáncer sonreír ante la adversidad; a los que no he visto nunca sonreír es a los que vivían con el temor de padecerlo.

 

Para tener celos basta

sólo el temor de tenerlos;

que ya está sintiendo el daño

quien está sintiendo el riesgo.

 

Estos versos son de Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), la décima musa, como la llamamos en México, y valen tanto para el amor como para todo lo demás…

Pero se equivocaría el lector si pensara que con lo que acabo de decir esté afirmando que no ocurren nunca calamidades a los hombres. No soy tan ingenuo como para afirmar una cosa semejante. Lo que he querido decir, únicamente, es que no siempre pasan las que tanto temíamos. ¡La vida es tan imprevisible, tan misteriosa! Cuenta Graham Greene (1904-1991) en una de sus novelas –En busca de un personaje– que 114 catorce personas pidieron una vez a cierto médico que las infectara con el bacilo de la lepra. ¿Se trataba, tal vez, de hombres tan asqueados de la vida que lo único que querían era abandonarla cuanto antes? Tal vez sí; Graham Greene, en todo caso, no nos lo dice. La cosa es que el médico obró según los deseos de aquella gente sin ningún resultado. ¡Ni uno solo fue capaz de desarrollar la terrible enfermedad! Sin embargo –continúa Greene-, existen los caprichos del contagio: «Dos soldados tejanos de la misma compañía repentinamente contrajeron la lepra sin siquiera haber tenido contacto con leprosos. Ambos habían sido tatuados por el mismo hombre en Hawai, quien previamente había usado su aguja con un leproso». ¡Como para morirse! Y, en efecto, aquellos dos pobres soldados se murieron.

Qué vida más extraña, ¿no es así? Pues sí que lo es. Por eso, la mejor manera de vivirla es la sana despreocupación. La despreocupación de aquel que sigue haciendo lo que tiene que hacer y deja lo demás al Dios que no duerme ni reposa. «¿Qué me pasará?». Me pasará sólo lo que Dios permita, no lo que yo crea, imagine o incluso patológicamente desee.

Albert Camus cuenta en La peste la siguiente historia: «Hace cien años una epidemia mató a todos los habitantes de una ciudad de Persia excepto, precisamente, al que lavaba a los muertos, que no había dejado de ejercer su profesión». Claro que este hombre pudo haber dicho: «¡Que los lave su abuela; yo de ningún modo voy a exponerme!». Pero él se limitó a cumplir con su tarea y así la muerte le perdonó la vida. ¿Qué le vamos a hacer? Las cosas son casi siempre así.

«La mayoría de las cosas que la vida nos ofrece –escribió la doctora Elisabeth Kübler-Ross en su bellísimo libro Lecciones de vida– llegan siempre sin el preludio del miedo o de la preocupación. Nuestros miedos no detienen a la muerte, sino a la vida… ¿Cuántos sucesos que tememos nos ocurren en realidad? Lo cierto es que no existe una gran correlación entre lo que tememos que nos suceda y lo que realmente nos ocurre». Así es. Exactamente así. Nuca sucederá lo que tememos; sucederá, en cambio, lo que no temíamos, lo que ni siquiera nos pasaba por la cabeza

Para prevenir a su amigo Lucilio contra la aprensión del futuro, Séneca (4 a.C.–65), el filósofo estoico, le escribió un día las siguientes palabras: «Es verosímil que hayan de venirnos muchos males, pero no es seguro. ¡Cuántos que no esperábamos vinieron! ¡Cuántos que esperábamos nunca comparecieron! Pero aunque hayan de venir, ¿de qué sirve salir doloridos a su encuentro? Bastante han de dolerte cuando vengan; por lo pronto, prométete cosas mejores. ¿Qué ganarás? Tiempo. El incendio permitió huir; un derrumbamiento dejó caer a algunos en el suelo blandamente; alguna vez la espada se apartó del mismo cuello, alguien sobrevivió a su verdugo. Porque la mala fortuna también tiene sus veleidades. Quizá sea, quizá no sea; pero mientras tanto no es. Dedícate a hacer cosas mejores».

¿Qué cosas? Las que tengas que hacer. Recuerda la historia del sepulturero: las desgracias sólo nos respetan cuando hemos aprendido a no temerlas, es decir, cuando nos dedicamos a cumplir con nuestro deber sin dejarnos importunar por ellas. ¿Cómo es posible que en aquella ciudad de la que nos habla Camus todos se hubieran contagiado, menos el que tocaba a los muertos? Es que era el único que no temía el contagio; de haberlo temido, tal vez habría sido el primero en colgar los tenis.

Pues bien, sí: así de extraña es esta  vida. Pero, ¿qué le vamos a hacer?

 

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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