#4 Tiempos
Ansias anticipatorias | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas.
«Por más que me represente los detalles de lo que debe suceder, mi representación es siempre pobre, abstracta y esquemática en comparación con aquello que al final sucede». Así escribía Henri Bergson (1859-1941), el gran filósofo francés, en uno de sus libros. En efecto, la vida, que ama la novedad, bastante mal se adapta a nuestras pobres previsiones. ¿Imaginamos que nos sucederá esto o lo otro? Pues bien, es posible que no nos suceda nunca. ¿Presentimos que nos ocurrirá aquello o lo de más allá? Puede ser que nos ocurra, pero no es seguro; y, si llegara a ocurrir, será de una manera totalmente diversa a como nos lo habíamos imaginado.
Una de las angustias más terribles es la angustia de la anticipación, el vivir como si ya estuviera pasando lo que no es seguro que suceda nunca. «¿Y si me da cáncer?», se pregunta el hombre aquejado de tales aprensiones; y, acto seguido, se sume en una tristeza mucho más honda que si de hecho lo tuviera. «¿Cómo reaccionaré si me dicen que?… ¡Oh, no quiero ni pensarlo!». Los pies le tiemblan, las manos le sudan, la cabeza le da vueltas y todo su cuerpo amenaza con venirse abajo. Quiere enfrentarse al futuro con las armas del presente y pierde la batalla de antemano. Personalmente, he visto a muchos enfermos de cáncer sonreír ante la adversidad; a los que no he visto nunca sonreír es a los que vivían con el temor de padecerlo.
Para tener celos basta
sólo el temor de tenerlos;
que ya está sintiendo el daño
quien está sintiendo el riesgo.
Estos versos son de Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), la décima musa, como la llamamos en México, y valen tanto para el amor como para todo lo demás…
Pero se equivocaría el lector si pensara que con lo que acabo de decir esté afirmando que no ocurren nunca calamidades a los hombres. No soy tan ingenuo como para afirmar una cosa semejante. Lo que he querido decir, únicamente, es que no siempre pasan las que tanto temíamos. ¡La vida es tan imprevisible, tan misteriosa! Cuenta Graham Greene (1904-1991) en una de sus novelas –En busca de un personaje– que 114 catorce personas pidieron una vez a cierto médico que las infectara con el bacilo de la lepra. ¿Se trataba, tal vez, de hombres tan asqueados de la vida que lo único que querían era abandonarla cuanto antes? Tal vez sí; Graham Greene, en todo caso, no nos lo dice. La cosa es que el médico obró según los deseos de aquella gente sin ningún resultado. ¡Ni uno solo fue capaz de desarrollar la terrible enfermedad! Sin embargo –continúa Greene-, existen los caprichos del contagio: «Dos soldados tejanos de la misma compañía repentinamente contrajeron la lepra sin siquiera haber tenido contacto con leprosos. Ambos habían sido tatuados por el mismo hombre en Hawai, quien previamente había usado su aguja con un leproso». ¡Como para morirse! Y, en efecto, aquellos dos pobres soldados se murieron.
Qué vida más extraña, ¿no es así? Pues sí que lo es. Por eso, la mejor manera de vivirla es la sana despreocupación. La despreocupación de aquel que sigue haciendo lo que tiene que hacer y deja lo demás al Dios que no duerme ni reposa. «¿Qué me pasará?». Me pasará sólo lo que Dios permita, no lo que yo crea, imagine o incluso patológicamente desee.
Albert Camus cuenta en La peste la siguiente historia: «Hace cien años una epidemia mató a todos los habitantes de una ciudad de Persia excepto, precisamente, al que lavaba a los muertos, que no había dejado de ejercer su profesión». Claro que este hombre pudo haber dicho: «¡Que los lave su abuela; yo de ningún modo voy a exponerme!». Pero él se limitó a cumplir con su tarea y así la muerte le perdonó la vida. ¿Qué le vamos a hacer? Las cosas son casi siempre así.
«La mayoría de las cosas que la vida nos ofrece –escribió la doctora Elisabeth Kübler-Ross en su bellísimo libro Lecciones de vida– llegan siempre sin el preludio del miedo o de la preocupación. Nuestros miedos no detienen a la muerte, sino a la vida… ¿Cuántos sucesos que tememos nos ocurren en realidad? Lo cierto es que no existe una gran correlación entre lo que tememos que nos suceda y lo que realmente nos ocurre». Así es. Exactamente así. Nuca sucederá lo que tememos; sucederá, en cambio, lo que no temíamos, lo que ni siquiera nos pasaba por la cabeza
Para prevenir a su amigo Lucilio contra la aprensión del futuro, Séneca (4 a.C.–65), el filósofo estoico, le escribió un día las siguientes palabras: «Es verosímil que hayan de venirnos muchos males, pero no es seguro. ¡Cuántos que no esperábamos vinieron! ¡Cuántos que esperábamos nunca comparecieron! Pero aunque hayan de venir, ¿de qué sirve salir doloridos a su encuentro? Bastante han de dolerte cuando vengan; por lo pronto, prométete cosas mejores. ¿Qué ganarás? Tiempo. El incendio permitió huir; un derrumbamiento dejó caer a algunos en el suelo blandamente; alguna vez la espada se apartó del mismo cuello, alguien sobrevivió a su verdugo. Porque la mala fortuna también tiene sus veleidades. Quizá sea, quizá no sea; pero mientras tanto no es. Dedícate a hacer cosas mejores».
¿Qué cosas? Las que tengas que hacer. Recuerda la historia del sepulturero: las desgracias sólo nos respetan cuando hemos aprendido a no temerlas, es decir, cuando nos dedicamos a cumplir con nuestro deber sin dejarnos importunar por ellas. ¿Cómo es posible que en aquella ciudad de la que nos habla Camus todos se hubieran contagiado, menos el que tocaba a los muertos? Es que era el único que no temía el contagio; de haberlo temido, tal vez habría sido el primero en colgar los tenis.
Pues bien, sí: así de extraña es esta vida. Pero, ¿qué le vamos a hacer?
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El Cronopio
Juana María Alvarado, La Vida es Química | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
Andrés Manuel del Río, el científico español naturalizado mexicano que desarrolló su carrera científica en México en el Seminario de Minería de México en los albores del siglo XIX y finales del XVIII se convirtió en una figura representativa de la química en México; se encargó de la cátedra de Mineralogía del también llamado Colegio de Minería y escribió el libro Elementos de Orictognosia que llevaría el potosino Mariano Jiménez, que sería su alumno.
De sus logros sobresalientes fue el descubrimiento del eritronio, un nuevo elemento químico que descubriera en 1801 en una muestra recolectada en Zimapán Hidalgo. La historia de este descubrimiento es una de las tristes historias de la ciencia mexicana, pues el descubrimiento de este elemento fue adjudicado años después a E. Wöhler que lo bautizó como vanadio. El elemento vanadio debe ser considerado como descubrimiento de Andrés Manuel del Río, quien también descubrió otros compuestos, como la plata azul o la aleación del rodio y el oro.
El nombre de Andrés Manuel del Río lo tiene asignado la Sociedad Química de México para denominar sus premios de química en México a destacados investigadores y docentes de la química en el país. Este año 2026 la profesora investigadora de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Juana María Alvarado Rodríguez se hizo merecedora al Premio Nacional de Química “Andrés Manuel del Río” 2026, por su actividad docente.
El Premio Nacional de Química se otorga desde 1964 y es otorgado en tres categorías: Docencia, Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico, tiene como finalidad hacer un reconocimiento público nacional a la labor realizada por profesionales de la Química que hayan contribuido de manera extraordinaria a elevar la calidad y el prestigio de la profesión Química en México.
Juana María Alvarado estudió en la licenciatura en la Facultad de Ciencias Químicas y realizó una maestría en hidrosistemas con opción en irrigación, en el 2006. Fue coordinadora de la licenciatura en química de la Facultad de Ciencias Químicas de la UASLP y ha desempeñado una destacada labor docente en dicha Facultad.
Juana María Alvarado ha incursionado en el área de divulgación de la ciencia en varias de sus facetas de comunicación, entre ellas y de manera importante en la radio. En 2008 inició la producción del programa La Vida es Química en Radio Universidad el cual ella misma conduce y en los que invita a participar a alumnos de química, lo que les ha permitido ser un factor más en su formación.
El amor y la pasión por la química que tiene la maestra Juanita, como se le conoce en el medio, la ha llevado a especializarse en comunicación social de la ciencia para lo que decide ir a España a Almería en particular a realizar el máster en Comunicación Social de la Ciencia en la Universidad de Almería realizando un trabajo comparativo de fin de máster entre dos jóvenes radios universitarias españolas, RadioUAL y RadioOlavide, y dos radios veteranas mexicanas, Radio UNAM y Radio UASLP.
La influencia que ha tenido, inyectando a su vez su pasión y amor por la química en sus estudiantes les ha permitido seguir con éxito sus carreras profesionales, algunos de los cuales se han convertido en sus colegas en el seno de la Facultad de Ciencias Químicas. Su interés por la historia de la química en San Luis se ha manifestado al difundir la labor de mujeres químicas pioneras en química y mantener la memoria del desarrollo de la química en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y compartirlo con el pueblo potosino, sin descartar a los niños y jóvenes con talleres de ciencia donde la química es la protagonista, entusiasmándolos para orientar su vocación a la química y mostrarles, como reza el título del que fuera su programa en Radio Universidad, que La Vida es Química. ¡Felicidades a la maestra Juanita!
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El Cronopio
Un pionero de la astrofísica en San Luis Potosí | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
Uno de los dos primeros potosinos en estudiar formalmente astronomía y en realizar investigación en astrofísica son Joel Cisneros Parra oriundo de Salinas, San Luis Potosí, y de quien hemos tratado ya en esta columna, y Antonio Sarmiento Galán que se recibiera como físico y como matemático en la década de los setenta del siglo XX en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Antonio Sarmiento Galán comenzó a estudiar física en la entonces Escuela de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, para interrumpir sus estudios y emigrar a la Ciudad de México donde ingresaría a la Facultad de Ciencias de la UNAM para estudiar simultáneamente la carrera de física y la carrera de matemáticas, mismas que concluiría en 1976. Estas líneas de formación regirían su vida académica y profesional, pues contribuiría a la investigación en física en el área de la astrofísica y posteriormente en el ámbito de las matemáticas, siendo actualmente investigador del Instituto de Matemáticas, Unidad Cuernavaca de la UNAM desde 1999; previamente había sido investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM de 1981 a 1998.
Su formación primaria en astrofísica fue en el tema en el que coincidieron estos dos personajes potosinos, pioneros en el estudio de la astrofísica, sistemas binarios. Su tesis de licenciatura en física presentado en 1978 versó sobre Etapas Evolutivas Avanzadas en Sistemas Binarios. Realizó su maestría en ciencias en la propia Facultad de Ciencias de la UNAM y su doctorado en el Departamento de Matemáticas Aplicadas del Queen Mary College en la Universidad de Londres donde vuelve a combinar su interés en la física y la matemática, que no la física-matemática. Su tesis de doctorado en dicha universidad fue sobre Gravitación en el Sistema Solar que presentó en 1981.
Entre sus estudios de formación y, en especial en astrofísica se encuentran Estudios para la Localización de un Sitio Astronómico en la República Mexicana, en la Facultad de Ciencias de la UNAM en 1977 y 1978 y, Ph ysical Cosmology en Francia en la École d’Été de Physique Théorique. Université de Grenoble. Les Houches, Haute Savoie en julio de 1979.
Antonio Sarmi ento, como astrofísico ha hecho importantes aportaciones científicas teóricas en temas como la evolución química del Universo, la gran explosión, la gravitación en teoría general de la relatividad y el vacío en sistemas no inerciales.
Su contribución no se ha limitado al carácter de investigación pues ha tenido una intensa actividad en educación, no sólo impartiendo cursos de astrofísica, relatividad, física teórica y gravitación, sino que ha realizado una destacada participación en actividades de educación no formal, en especial en divulgación de la ciencia, donde ha escrito numerosos textos entre artículos y libros entre los que se encuentran libros técnicos y de divulgación, participando, además, con conferencias, videos y programas de radio para todo tipo de público con temas de física y astronomía.
Antonio Sarmiento ha contribuido al desarrollo de la educación y la investigación científica en su tierra de nacimiento apoyando programas de divulgación como Domingos en la Ciencia en San Luis Potosí, La Semana de Física y La Ciencia en el Bar, donde ha participado en varias sesiones. Como la charla Fractales que puede consultarse en la dirección: https://www.youtube.com/watch?v=AutyQCtnuI8
En una entrevista para la revista “¿Cómo Ves?”, de la UNAM, rechaza la idea de que la labor científica sea evaluada por premios, “Por fortuna hay muchos investigadores para quienes lo valioso es tener amor por la camiseta de la ciencia, o pasar horas en el laboratorio haciendo un experimento. Ellos se olvidan por completo de premios o publicidad en la radio o la televisión”.
Antonio Sarmiento Galán nació en San Luis Potosí el 23 de abril de 1954 y se convierte en el segundo potosino en formarse profesionalmente como astrofísico y contribuir al desarrollo de la ciencia y la educación científica, siendo además uno de los primeros matemáticos potosinos.
También lee: El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.
Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.
Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.
En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.
Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.
La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.
En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.
Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.
En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.
La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.
Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.
Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.
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