septiembre 19, 2026

Conecta con nosotros

Opinión

Aniversarios de cine I | Columna de Mario Candia

Publicado hace

el

APUNTES DE UN CINEÓFITO.

Este año se conmemoran aniversarios importantes para el mundo del cine: Si aún viviera cumpliría cien años el maestro Pier Paolo Pasolini (1922-1975), un intenso cineasta disruptivo, subversivo y provocador. Escritor y poeta cuyo pensamiento político lo desmarcó de los demás cineastas de su tiempo. Él se autodefinía como ateo, comunista, marxista, libertino y amoral, el más provocador de sus trabajos Saló (Pasolini, 1975) se estrenó tres semanas después de que encontraran su cuerpo en un baldío, víctima de una brutalidad  que pareciera emanada de su póstuma película. Cumple cien años la primera película sobre Drácula, Nosferatu (Murnau, 1922) del cineasta alemán Friedrich Wilhelm Murnau, obra maestra del expresionismo Alemán y de las pocas películas mudas que han trascendido por su destreza visual, la cinta está basada, pero no autorizada, en el libro de Bram Stoker.

Ochenta años cumple Casablanca (Curtiz, 1942) mítica película con unas memorables interpretaciones, un guión brillante, una música que ha sido referencia de muchos filmes y una realización cuidada e impecable. Ingrid Bergman nunca estuvo tan fascinante como cuando tararea la canción a Sam; y Bogart se alejó de su típico rol de gánster y con el personaje de Rick se convierte en el prototipo de héroe perdedor, de antihéroe solitario y romántico. Y como olvidar que Dooley Wilson (Sam) canta acompañado por su piano la canción más recordada de la historia del cine, As Time Goes By. Setenta años cumple Singin´ In The Rain (Donen, 1952) extraordinario musical considerado como una de las obras maestras indiscutibles del género. Cantando bajo la lluvia es una oda a la felicidad, al séptimo arte y a los profundos cambios que el cine experimentó cuando pasó de ser mudo a ser sonoro, una carta de amor a la música y al baile.

De las que festejarán sesenta años solo mencionaré a cuatro que considero son las que me han aportado más a mi gusto por el cine. Lawrence de Arabia (Lean, 1962) basada en la mítica figura de Thomas Edward Lawrence un joven oficial del Imperio Británico que lideró la lucha de las tribus árabes contra los turcos, en la primera guerra mundial. La cinta es dirigida por el maestro David Lean un director metódico y experto en contar historias intimas y en dotar a sus personajes de una enorme riqueza interior, logró que la  caracterización de O’Toole sea insuperable. El Ángel Exterminador (Buñuel, 1962)

una genial historia surrealista, el propio Luis Buñuel la resumió así “(…) un grupo de personas que, una noche, al término de una función teatral, van a cenar a casa de una de ellas. Después de la cena, pasan al salón y, por una razón inexplicada, no pueden salir de él”. “Si el film que van a ver les parece enigmático e incoherente, también la vida lo es. Es repetitivo como la vida y, como la vida, sujeto a múltiples interpretaciones.

También ese año vio la luz Lolita (Kubrick, 1962), en su mejor momento creativo Kubrick adapta la polémica novela de Vladimir Nobokov, el valor de la cinta radica, en lo personal, en el contexto, la censura y en la genialidad de Stanley Kubrick.

El poeta finisecular del cine Andréi Tarkovsky estrenó en 1962 La infancia de Iván (Tarkovsky, 1962) verla es un inolvidable puñetazo en el estómago, un viaje por la locura y el horror de la guerra, aunque los combates estén en fuera de campo en la cinta. Un poderoso film que se erige en toda una demostración de talento, vigor y sensibilidad cinematográfica. Iván es un monstruo destrozado por la guerra, un niño cuya infancia ha quedado irremediablemente perdida, devastada. Una película tan vigente como extraordinaria.

Continuar leyendo

Columna de Nefrox

La última oportunidad | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

Publicado hace

el

TESTEANDO

Hay partidos que llegan con la etiqueta de “uno más” y hay otros que, aunque nadie quiera decirlo demasiado fuerte, comienzan a parecerse a una última oportunidad. El Atlético de San Luis recibe mañana al Necaxa y, para los potosinos, el partido tiene mucho más significado del que podría tener una jornada cualquiera del calendario. Porque mientras los Rayos llegan con técnico nuevo, los de casa llegan con la obligación de demostrar que todavía tienen algo que decir en este torneo.

Necaxa estrena entrenador. Y no es cualquier entrenador. Juan Reynoso vuelve a México, vuelve a la Liga MX y, además, regresa a una institución que conoce perfectamente. Ahí terminó su carrera como futbolista, ahí comenzó también su camino en los cuerpos técnicos y ahora vuelve para intentar rescatar a un equipo que después de ocho jornadas suma apenas ocho puntos.

Eso, por supuesto, hace todavía más interesante el partido. Un técnico nuevo siempre genera una especie de sacudida. Hay jugadores que quieren ganarse un lugar, otros que quieren demostrar que pueden ser importantes en el nuevo proyecto y un equipo que, por unos días, vuelve a sentir que empieza de cero. Reynoso tendrá poco tiempo para cambiar demasiadas cosas, pero tendrá algo que todos los entrenadores nuevos tienen: la posibilidad de comenzar escribiendo su propia historia.

Y ahí está precisamente el problema para San Luis.

Porque mientras Necaxa puede hablar de un nuevo comienzo, Atlético de San Luis ya no puede darse ese lujo.

Para el equipo potosino, este partido tiene que ser una especie de punto de quiebre. No porque una victoria vaya a borrar todo lo ocurrido en el torneo, ni porque tres puntos vayan a convertir de pronto una temporada complicada en una temporada exitosa. Eso sería engañarnos. Pero sí porque empieza a llegar ese momento en el que hay que levantar la mano y decir “aquí estamos”.

El calendario complicado ya pasó. Eso lo hemos hablado desde hace semanas. Cruz Azul, Tigres, América, León y los partidos que pusieron al Atlético desde muy temprano frente a rivales que, sobre el papel, parecían superiores o que llegaban con otras aspiraciones. Se podía anticipar que el arranque sería complicado. Se podía entender que Diego Mejía necesitaría tiempo para construir un equipo con una idea distinta.

Pero una cosa es explicar un mal comienzo y otra muy diferente es acostumbrarse a él.

Y eso es lo que San Luis no puede permitir.

La temporada, a estas alturas, prácticamente está perdida. Hay que decirlo sin rodeos. No porque matemáticamente no existan posibilidades de rescatarla, sino porque el equipo ha dejado pasar demasiadas oportunidades y porque la sensación alrededor del proyecto comienza a ser mucho más pesada que la tabla de posiciones. En el fútbol mexicano siempre queda una puerta entreabierta para quien consigue una buena racha, pero una cosa es tener posibilidades matemáticas y otra es transmitir la sensación de que realmente se puede competir.

Por eso el partido contra Necaxa es tan importante.

No se trata únicamente de ganarle al Necaxa. Se trata de demostrar que el Atlético todavía tiene hambre.

Porque si San Luis pierde, seguramente habrá explicaciones. Que Reynoso apenas llegó. Que Necaxa tiene jugadores importantes. Que el torneo todavía tiene partidos. Que matemáticamente quedan posibilidades. Todo eso será cierto.

Pero también será cierto que el tiempo se está acabando.

Y eso es lo que más preocupa.

Diego Mejía llegó con una idea de fútbol que, al menos en el discurso, resulta atractiva. Un equipo que quiere tener la pelota, construir desde atrás, presionar después de perderla, ser valiente y buscar el arco contrario. No llegó para esconderse. No llegó para hacer del Alfonso Lastras un lugar donde simplemente se espera al rival. Llegó con la intención de construir algo diferente.

El problema es que en el fútbol las ideas necesitan resultados que las sostengan.

Y San Luis necesita empezar a encontrarlos.

El partido del sábado puede ser justamente ese momento. No hace falta pensar todavía en grandes objetivos, ni hablar de liguilla, ni construir castillos en el aire. Primero hay que recuperar algo mucho más básico: la sensación de que este equipo puede ganar partidos.

Porque eso también se ha perdido.

Y cuando un equipo deja de ganar, empieza a perder algo más que puntos. Pierde confianza, pierde tranquilidad, pierde paciencia de su gente y, poco a poco, comienza a jugar con el peso de lo que ocurrió en los partidos anteriores.

Por eso este sábado no hay que mirar demasiado lejos.

Hay que mirar al Necaxa.

Un Necaxa que llega con ocho puntos, que también está lejos de vivir una temporada tranquila y que acaba de cambiar de entrenador. Un Necaxa que tiene un nuevo proyecto, un nuevo discurso y un técnico que conoce perfectamente la Liga MX. Un Necaxa que, paradójicamente, puede llegar al Lastras con esa sensación de que comienza una nueva historia.

San Luis no puede permitirse sentir lo mismo.

Para el Atlético no empieza nada el sábado. El torneo ya empezó hace tiempo. Los puntos que se dejaron en el camino ya no regresarán. Las oportunidades desperdiciadas tampoco.

Lo que sí puede empezar es otra cosa: una reacción.

Y quizá eso sea lo único que todavía le queda a este torneo.

Porque si la temporada está prácticamente perdida, todavía hay una diferencia enorme entre terminarla de pie o terminarla esperando simplemente que se acabe.

Mañana, ante Necaxa, San Luis tiene que levantar la mano.

No para decir que ya está de regreso.

Todavía no.

Primero tiene que demostrar que quiere regresar.

Y quizá esa sea la última oportunidad que le queda.

También lee: El verdadero torneo | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

Continuar leyendo

Opinión

No es un bug: es tu software cambiando las reglas sin avisarte | Columna de Gonzalo Hernández Araujo

Publicado hace

el

Ilustración en collage de una mano cambiando la cerradura de una puerta mientras alguien sigue leyendo adentro, sin darse cuenta.

Sistema Operativo

Hace unas semanas abrí una sesión nueva de Claude Cowork —la herramienta de IA con la que administro archivos y automatizaciones para varias cuentas de clientes— y algo que llevaba meses funcionando dejó de hacerlo. La sesión no leía la carpeta del proyecto. No aparecía la memoria de conversaciones anteriores. Hice lo que cualquiera haría: revisé permisos, reinicié, probé otra vez y reporté un error. Solo después entendí que no había ningún error. Las sesiones nuevas habían empezado a correr en un modo distinto —remoto en vez de local— y nadie me lo explicó a tiempo.

No es un problema de una herramienta de nicho. Le pasa a cualquier app que un día te exige un paso extra que antes no pedía, sin decirte por qué. La mayoría de esos cambios ni siquiera son un error del proveedor: son una decisión de producto, tomada en otro lado, que a ti te llega disfrazada de “algo se rompió”. En mi caso, la explicación sí existía: la documentación técnica de Cowork describe el cambio —sesiones nuevas en la nube por defecto, modo local conservado para instalaciones existentes— pero vivía en un documento que nadie lee antes de que el problema aparezca. El ícono en pantalla decía “Cloud”. Lo que no decía era desde cuándo, por qué, ni qué pasaba con mis archivos mientras tanto, ni cómo regresar al modo anterior si lo necesitaba.

1. La seguridad no desaparece, se muda de lugar

Llevo semanas notando algo parecido en mi banco. Antes, el código para autorizar una transferencia llegaba por SMS —tan práctico que hasta se rellenaba solo al llegar, sin cambiar de pantalla—. Ahora llega como notificación dentro de la app: si no memorizas los seis dígitos a tiempo y te vas a revisarla, la propia app te saca de donde estabas y tienes que empezar de nuevo. Cuento de nunca acabar. Nadie en el banco me explicó el cambio, pero la fecha coincide con algo que sí puedo rastrear: desde el 9 de enero, toda línea telefónica en México debe estar vinculada a una identidad verificada ante la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, y en agosto empezaron las primeras suspensiones escalonadas de líneas sin registrar. Un SMS depende de que la operadora te lo entregue y de que tu línea siga vigente; meter el código dentro de la app le quita al banco esa dependencia. Es una hipótesis razonable, no una que el banco me haya confirmado —y probablemente por eso mismo nadie se molestó en explicármela.

Hay una razón legítima detrás de este tipo de cambios: casi nadie quiere convertirse en administrador de sistemas cada vez que abre una app, y las guías de seguridad más serias piden justo eso, que un producto sea seguro por defecto sin depender de que el usuario configure nada. La agencia estadounidense de ciberseguridad lo resume así en su guía de referencia: “la complejidad de configurar la seguridad no debería ser un problema del cliente” (CISA, Secure by Design).

Pero mover dónde vive un candado —de una red que no controlas a una app que sí, de tu equipo a un servidor ajeno— no es activar una casilla menor: cambia quién procesa la información, qué tanto puedes ver de ese recorrido y qué pasa si algo falla en el camino. La seguridad no desaparece; se redistribuye. Baja el riesgo de que alguien intercepte un SMS o de que una línea suspendida te deje fuera de tu propio dinero. Sube la importancia de que ese candado nuevo, dentro de la app, funcione bien y no te expulse de lo que estabas haciendo. Cuando una empresa mueve esa frontera, no basta con decir que tomó la mejor decisión. Tiene que explicar qué riesgo bajó y qué riesgo nuevo apareció, aunque ese riesgo nuevo sea más difícil de explicar en una sola frase que el que acaba de resolver.

2. Por qué el primer síntoma siempre parece un bug

Si un producto siempre funcionó de una manera y de pronto deja de leer tus archivos, sospechar de un error es lo más razonable del mundo. Eso es justo lo que documenta la investigación sobre automatización cuando habla de “sorpresas de modo”: el sistema cambia de estado o de autoridad, pero la persona no se entera. Ve el efecto, no la decisión que lo produjo (USENIX, sobre actualizaciones automáticas y sus consecuencias no previstas). El resultado es una forma cara de confusión: en vez de trabajar, terminas investigando si el problema está en tus archivos, en tus permisos, en la app o en tu conexión.

Ahí el soporte técnico tiene una oportunidad, y casi siempre la desperdicia. Bastaría con una respuesta simple: no es un bug, así cambió el sistema, y así lo regresas. En mi caso esa respuesta no apareció en la app ni en el primer canal de ayuda; la encontré horas después, buscando en otro lado. Tuve que salir del producto para entender el producto, y eso ya dice algo sobre qué tan bien se comunicó el cambio: si la explicación correcta no está donde ocurre el problema, el soporte no es una capa aparte de mala suerte, es la prueba de que el aviso nunca llegó a tiempo.

3. Lo que realmente cuesta no avisar

Una actualización silenciosa puede mejorar el estado técnico inmediato y, al mismo tiempo, deteriorar la relación con la siguiente actualización. Si algo cambia sin avisarte una vez, aprendes una regla defensiva: cualquier actualización te puede quitar control sin que te enteres. La próxima vez dudas más, buscas versiones anteriores o ignoras avisos que sí importaban. Esa desconfianza no es un detalle de marca, es infraestructura: un usuario que entiende lo que pasa puede cooperar con una protección nueva; uno que se siente sorprendido empieza a protegerse del producto mismo.

La solución no es pedir permiso para cada parche —eso volvería la protección otra carga—. Es que todo cambio que toque tus archivos, tus permisos o dónde corre el sistema venga con lo mínimo: qué cambió, por qué, qué opciones conservas y cómo regresas al estado anterior si lo necesitas. La prueba de si un producto cumplió con eso es sencilla: después del cambio, ¿la persona puede explicar qué pasó y recuperar el control en menos de un minuto? Si no puede, el problema no es que “no entienda de tecnología”. El problema es que el producto nunca hizo visible su nueva autoridad.

Yo terminé encontrando la explicación de Cowork en un documento técnico que nadie me había señalado, no en la propia herramienta. La del banco todavía la estoy armando por mi cuenta, atando una fecha con una noticia. La próxima vez que algo cambie “por tu seguridad” sin decírtelo del todo —en tu banco, en tu herramienta de trabajo, en cualquier candado que uses todos los días sin pensarlo—, la pregunta no es solo si la decisión fue correcta. Es si tú, cuando te toque, vas a poder explicar qué pasó, o si también vas a terminar resignándote a un error que en realidad era una decisión que alguien más tomó por ti.

Versión completa y fuentes adicionales del artículo original: “No era un bug: era tu software cambiando las reglas sin avisar.”

Continuar leyendo

Opinión

A dos años de la reforma al poder judicial: ¿Qué ha salido mal? | Columna de Víctor Ezequiel

Publicado hace

el

SERENDIPIA

Por Víctor Ezequiel/X: @MrVictorHdz 

En la primera parte de esta reflexión hablábamos de lo que la reforma al Poder Judicial prometió cambiar y de aquello que, después de un año de implementación, todavía permanece pendiente. Hoy vale la pena hablar de algo mucho más concreto: qué ocurre cuando los problemas de un órgano jurisdiccional llegan al límite y la solución institucional vuelve a parecerse demasiado a la de antes.

Hace apenas unas semanas, trabajadores de un Juzgado de Distrito en San Luis Potosí salieron a manifestarse frente a su centro de trabajo. De acuerdo con los testimonios difundidos públicamente, denunciaron presuntos malos tratos, hostigamiento laboral, cargas excesivas y jornadas que llegarían a superar las quince horas diarias. También señalaron que existen quejas en investigación y una demanda laboral promovida por integrantes del cuerpo actuarial.

No corresponde a esta columna determinar si todas esas acusaciones son ciertas. Para eso existen procedimientos de investigación y las autoridades competentes. Pero sí corresponde hacer una pregunta: ¿qué hace una institución cuando un grupo considerable de sus propios trabajadores afirma que algo no está funcionando?

Porque el problema no termina en la puerta del juzgado.

Cuando un órgano jurisdiccional tiene una elevada rotación de personal, ausencias, sobrecarga de trabajo o conflictos internos, la primera consecuencia puede sufrirla el propio trabajador. La segunda, aunque muchas veces pase inadvertida, la recibe el ciudadano que lleva meses o años esperando una resolución.

Y aquí aparece una de las grandes paradojas de la transformación judicial: podemos cambiar el nombre de las instituciones, modificar su estructura, elegir nuevos titulares y diseñar nuevos mecanismos de evaluación, pero si dejamos intactos los problemas que ocurren detrás del escritorio, el ciudadano seguirá esperando justicia en la misma silla.

Durante años, una de las respuestas institucionales frente a problemas con determinados titulares fue la readscripción. Es decir, mover a la persona de un órgano a otro.

Una especie de solución administrativa que, vista con cierto sarcasmo, podría resumirse así: si el problema está en la habitación, cambiemos los muebles de lugar.

El inconveniente es evidente: cambiar de lugar a una persona no necesariamente cambia las circunstancias que originaron el problema.

Y justamente por eso llama la atención que, en pleno proceso de transformación del Poder Judicial de la Federación, el Órgano de Administración Judicial haya aprobado nuevas readscripciones de jueces y magistrados.

El acuerdo comunicado el 9 de septiembre contempla diversos movimientos, entre ellos jueces trasladados entre entidades y órganos jurisdiccionales, así como magistrados que cambian de tribunal. Los efectos de varias de estas determinaciones comienzan el 17 de septiembre.

Aclaremos algo: una readscripción no es, por sí misma, una sanción. Puede responder a necesidades de organización, cargas de trabajo, vacantes, especialización u otras razones administrativas. No sería correcto afirmar lo contrario.

El problema aparece cuando la readscripción se utiliza como sustituto de una investigación que debería determinar responsabilidades.

Porque si existen señalamientos contra un titular, lo que esperan los trabajadores no es necesariamente que esa persona sea enviada a otra ciudad. Lo que esperan es saber si las acusaciones tienen fundamento, quién debe responder por ellas y qué medidas deben adoptarse para que el problema no vuelva a repetirse.

Y aquí la reforma enfrenta una prueba importante.

El nuevo modelo prometió mayor evaluación, mayor vigilancia y mejores mecanismos para detectar malas prácticas. Entonces, si un órgano presenta denuncias reiteradas, la respuesta no puede limitarse a mover las piezas del tablero.

El Órgano de Administración Judicial tiene ahora una responsabilidad mucho mayor que simplemente administrar plazas.

Tiene que administrar personas, recursos, cargas de trabajo y, sobre todo, las condiciones necesarias para que los órganos jurisdiccionales funcionen correctamente.

Porque también hay una víctima silenciosa de estos conflictos: el justiciable.

Quien presenta una demanda no debería tener que preguntarse si el personal del juzgado podrá atenderla. Quien espera una sentencia no debería pagar las consecuencias de una mala organización administrativa. Y quien acude a un tribunal tiene derecho a esperar que detrás de la puerta exista un equipo que pueda trabajar en condiciones dignas y razonables.

Por eso resulta insuficiente hablar únicamente de jueces y magistrados.

La independencia judicial también se construye desde abajo.

Un secretario que teme represalias, un actuario saturado, un oficial judicial que acumula funciones, un técnico que trabaja con equipo insuficiente o una persona que debe permanecer quince horas en una oficina no representan simplemente un problema laboral. Son señales de que algo en la organización del servicio de justicia necesita ser revisado.

Y hay algo todavía más incómodo.

Si la nueva estructura pretende ser distinta a la anterior, no puede reproducir automáticamente sus viejas soluciones.

No tendría sentido haber realizado una reforma constitucional de semejante magnitud, una elección judicial y una reestructuración administrativa para terminar utilizando exactamente las mismas recetas que durante años fueron cuestionadas.

Cambiar las piezas puede ser necesario.

Investigar por qué se mueve cada pieza es indispensable.

No se trata de proteger a un trabajador frente a un juez, ni a un juez frente a sus trabajadores. Se trata de que existan reglas claras para ambos.

Si hay una denuncia, que se investigue.

Si no hay responsabilidad, que se determine.

Si existe responsabilidad, que se sancione conforme a derecho.

Y si el problema es estructural, que se corrija la estructura.

Lo que no puede ocurrir es que cada conflicto termine convertido en un juego de ajedrez administrativo en el que el Órgano de Administración Judicial decide qué pieza mover, a qué casilla enviarla y quién ocupará el espacio que deja.

Porque detrás de cada pieza hay una persona.

Y detrás de cada expediente hay otra.

Culto público, quizá esta sea una de las mejores pruebas para saber si la reforma realmente está cambiando al Poder Judicial: no observar únicamente quién ocupa los cargos, sino qué ocurre cuando alguien denuncia que algo está funcionando mal.

La justicia no será más independiente porque cambiemos a un juez de ciudad.

Será más independiente cuando ningún trabajador tenga que salir a la calle para ser escuchado, cuando cualquier denuncia sea investigada con seriedad y cuando ningún justiciable tenga que esperar más de lo razonable porque la institución no pudo resolver sus propios problemas internos.

La reforma ya cambió las reglas del juego.

Ahora falta demostrar que también cambió la manera de jugarlo.

Porque mover las piezas puede ser administración.

Resolver el problema es gobernanza.

Y eso, precisamente, es lo que todavía está pendiente.

También lee: A dos años de la reforma al Poder Judicial y un año de su implementación: ¿qué estuvo bien?, ¿qué estuvo mal? y ¿qué sigue? | Columna de Víctor Ezequiel

Continuar leyendo

Opinión

Pautas y Redes de México S.A. de C.V.
Av Cuauhtemoc 643 B
Col. Las Aguilas CP 78260
San Luis Potosí, S.L.P.
Teléfono 444 2440971

EL EQUIPO:

Director General
Jorge Francisco Saldaña Hernández

Director Administrativo
Luis Antonio Martínez Rivera

Directora Editorial
Ana G. Silva

Periodistas

Diseño
Karlo Sayd Sauceda Ahumada

Productor
Fermin Saldaña Ocampo

 

 

 

Copyright ©, La Orquesta de Comunicaciones S.A. de C.V. Todos los Derechos Reservados