octubre 10, 2026

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#4 Tiempos

Amos Oz contra el fanatismo | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Amos Oz fue uno de esos escritores que hasta el final lucharon por convicciones morales acordes a la turbulencia de su época. Ya fuera a través de sus obras de ficción, sus ensayos o sus apariciones en la arena pública, fue alguien preocupado por los conflictos que acechaban en distintos flancos, en especial lo que concernía a la religión, la historia y las disputas entre colectividades.

El escritor israelí dejó varias lecciones para la posteridad, quizá la más importante de ellas tenía que ver con su estudio del fanatismo, ese veneno que inunda mentes hasta marchitarlas. Solía decir que se trataba de la peor epidemia del siglo XX… y más allá. Según sus propias palabras, el fanatismo antecedía a las religiones y era prácticamente un gen defectuoso en la naturaleza de los seres humanos.

En el libro “Contra el fanatismo”, una lectura imprescindible que debería repartirse masivamente en todos los idiomas, Amos Oz decía que la semilla del fanatismo provenía de una actitud de superioridad moral que cerraba de lleno al involucrado a entender otras posturas. Con frecuencia, aseguraba, esto venía acompañado de un culto a la personalidad, una “idealización de líderes políticos o religiosos, la adoración de individuos seductores”. Un vicio que, además, acostumbra a propagarse de boca a boca, de padre a hijo y generación a generación. Un afán de adoctrinar a los demás, de sentirse parte de una iluminación, asumirse en lo correcto por una simple convicción sin atender a criterios de objetividad alguna.

Como se puede apreciar, las ideas de Amos Oz están vigentes y reivindicarlas se antoja como una tarea muy importante en tiempos donde la política y el orden social han derivado en un torbellino que pega a todos los continentes.

Amos Oz, 10 septiembre de 1979. Foto de Herman Chanania. GPO.

Amos Oz no se dejaba engatusar por ilusiones vagas, prefería la observación pragmática y seria. Era un especialista sosegado, quien entendía que la historia no era tan simple como una guerra entre ángeles y demonios. Entre más pronto pudiera entenderse la psicología del otro, mejor. Detrás de las actitudes bélicas suele haber dolores. No se trata de deshumanizar a quien esté enfrente; por mucho que existan diferencias todas las partes son humanas, con  las virtudes y defectos que acarrea su paso por la tierra.

Como un tipo nutrido de la curiosidad, era alguien que reflexionaba, cuestionaba, sonreía. Tales características, tan sencillas como parecen, conformaban un verdadero portento. Son cualidades que no muchos conservan en su vertiente más pura. Tuvo además una cara amable. Como él mismo señalaba, es el humor y la curiosidad lo que separan al intelectual del fanático. El primero duda, lanza críticas, se retracta, pregunta. El segundo vive conforme con una versión, el dogma que asumen como móvil de existencia y al que no osan contradecir para no dejar caer el castillo de naipes al que se han entregado sin miramientos; los fanáticos no ironizan, tienen miedo de faltarle el respeto a la causa, a un ente que consideran como intocable.

Su lectura del conflicto palestino-israelí era ejemplar, sin caer en posiciones extremistas ni tirar para ninguno de los lados. Entendió que la enfrentamiento no era una película del viejo oeste. “No es una lucha entre el bien y el mal”, aseguraba, más bien se trataba de una tragedia, “un choque entre derecho y derecho, entre una reivindicación muy convincente, muy profunda, muy poderosa, y otra reivindicación muy diferente pero no menos convincente, no menos poderosa, no menos humana”.

Además de ser partidario de la creación de los dos estados, apuntaba que uno de los primeros pasos para suavizar la relación era el de pactar un acercamiento y ser solidarios con los dolores y visiones ajenas.

Si bien no se definía como pacifista, ya que entendía bien que la fuerza es necesaria para contener a los tiranos y a las agresiones de los demás, también estableció que las heridas no iban a sanar a base de garrotazos.

Por ello hizo una campaña constante por la empatía. El esfuerzo para entender al otro. Y a la vez nunca quiso asumir el papel de la sumisión, el de pasar de largo ante la barbarie. Tenía un gran sentido del deber y del compromiso. Combatía, eso sí, desde las ideas. La batalla que aconsejaba debía librarse también en las conversaciones, ante esos fanáticos en potencia a los que aún se les podía hacer entrar en razón, al igual que identificar los vicios propios que pudieran derivar en una ceguera analítica.

Amos Oz durante una lectura de su libro, El mismo océano.

Amos Oz honraba su propio intelecto al contar con un atributo no muy común en el orgullo de los hombres: la autocrítica y la capacidad de leer el panorama desde una óptica ecuánime, sin dejarse llevar por respuestas fáciles, reafirmantes o consoladoras. Buscaba la rigurosidad, asumía la realidad tal cual era (aunque sabía bien que no era infalible) y desde ese punto partía a dejar indicios de lo que podía abonar al debate.

Fue severo cuando debía contra gobierno israelí ya que supo bien que el amor por los suyos y por su hogar no estaba peleado con el muy sano desacuerdo. Pese a recibir una educación nacionalista y tendiente al mesianismo, supo dar espacio a la sensatez y a ver la situación bajo su propios márgenes, no los que le eran impuestos. Fue igualmente alguien que sabía expresar sus ideas sin el embuste de la pomposidad. En conferencias daba voz a aquellas personas y corrientes que de vez en cuando, en conversaciones casuales,  le manifestaban sus inquietudes.

Su presencia se echará en falta en tiempos donde el caos del mundo moderno ha derivado en una pléyade de demagogos que en distintas latitudes se encargan de erigirse como salvadores a través de posturas vacías que en su hechicera sencillez no alcanzan a atender a los problemas complejos de fondo, y por el contrario echan gasolina a un incendio ya difícil de controlar.

La obra de Amos Oz es un antídoto para inmunizarse ante aquellos que polarizan, los que dividen entre blancos y negros y quienes con su dedo pretenden señalar a los inocentes como si fueran una plaga. Esta peste se manifestaba “en todas sus formas: religioso, ideológico, económico…, incluso feminista”, dijo en una entrevista a El País.

Eran estos tiranos populistas a quienes identificaba como maniáticos de las “respuestas de una sola frase, respuestas que señalen sin ninguna duda a los culpables de todos nuestros sufrimientos, respuestas que nos aseguren que, si aniquilamos y exterminamos a los malvados, al instante desaparecerán todos nuestros problemas […] y así abrir de una vez por todas las puertas del Paraíso”, según apareció en “Queridos fanáticos”, el último de sus libros editados en español.

El fallecimiento de Amos Oz a los 79 años deja una especie de orfandad. Sus seguidores no podrán escuchar más su voz ni deleitarse con su aparición en eventos o ante medios de comunicación. El paso del tiempo jugó su papel inclemente. Queda, por fortuna, el faro de su trabajo que fluye todavía. Ahí donde cualquiera puede refugiarse y encontrar un horizonte. Un legado que muestra que la realidad está abierta. No hay sentencia definitiva que explique lo cotidiano bajo reglas universales. Queda el escrutinio, la sensibilidad y la misión que con responsabilidad debe plantearse cada día.

 

@Bigmaud

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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El Cronopio

Los espejos Olmecas, El Señor del Espejo Humeante | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

La cultura Olmeca se considera la madre de las culturas mesoamericanas, con presencia desde el Preclásico o periodo formativo, alrededor de 1200 años antes de nuestra Era. Su influencia se percibe desde Jalisco hasta Costa Rica; se destacan como una sociedad compleja, con diversos estamentos, donde los gobernantes eran identificados con los dioses. Su estilo artístico, arquitectónico y simbólico influyó en otras sociedades de la región, destacando, entre otros aspectos, en el descubrimiento del hule o látex natural y su control como artefacto de uso en su vida simbólica.

Un buen número de estudios se han realizado en torno de esta cultura, con el fin de entender nuestro pasado y el desarrollo cultural de nuestros pueblos mesoamericanos que sucedieron en el tiempo a esta cultura madre y la influencia que sobre ellos tuvo en todos los ámbitos culturales. Sin embargo, quedan muchas preguntas por resolver que puedan aumentar el grado de conocimiento sobre estas culturas prehispánicas. El acceder a un conocimiento más completo requiere el auxilio del grueso de las disciplinas científicas que complementen los estudios antropológicos, arqueológicos etnohistóricos, entre otros.

Un ejemplo es el análisis y estudios de artefactos encontrados en las zonas de influencia de esta cultura, artefactos que fueron construidos con diversos fines a lo largo de los periodos culturales, desde el esplendor Olmeca hasta las culturas surgidas en nuestra Era, desde el occidente hasta el sureste del país, y más allá de las actuales fronteras, como la cultura maya, la cultura tolteca, cultura mixteca, cultura teotihuacana, entre otras.

Por lo regular, varios de estos artefactos son asociados a cuestiones ornamentales, principalmente por la belleza de su construcción y materiales utilizados como el jade y la obsidiana, tanto para uso personal, como religioso en torno a sus gobernantes.

Uno de los artefactos que habían llamado la atención eran un conjunto de espejos fabricados de materiales como la turquesa, la pirita y óxidos ferrosos. Una de las colecciones más conocidas es la de los investigadores Carlson and Gullberg, que incluye espejos olmecas y mayas, como la preciosa pieza de la placa de mosaico turquesa del Templo de los Guerreros en Chichén Itzá.

Uno de los aspectos extraordinarios que presentan los espejos encontrados, es que no son simples espejos planos, sino que son espejos cóncavos, los cuales concentran la luz solar reflejada en un punto, y cuya elaboración requiere el conocimiento adecuado del material y las técnicas de pulido necesarias para darle la forma parabólica, difícil de lograr, y que se realiza con pulimentos adecuados y el uso de materiales para el pulido que al parecer se usaba guano de murciélago.

Yuri Nahamad Molinari, investigador del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y un grupo de trabajo interdisciplinario, realizaron un estudio termodinámico de transferencia de calor, cuyos resultados apuntan a que estos objetos eran utilizados con el fin de producir fuego, y elaborados para los gobernantes que en su calidad de dioses realizaban ceremonias donde la producción del fuego tenía un interés central. Estos resultados aportan al conocimiento del desarrollo técnico de estas culturas y en la necesidad de realizar los estudios con el apoyo de otras disciplinas científicas, como en este caso la física, para ampliar el conocimiento y el entendimiento organizacional de culturas como la Olmeca.

Los resultados del grupo de trabajo donde participa Yuri Nahmad serán publicados en dos artículos que aparecerán próximamente en la revista Ancient Mesoamerica de la editorial Cambridge University Press. En uno de ellos muestran de los resultados del cálculo del poder quemador de algunos espejos cóncavos olmecas, evaluando teóricamente su capacidad para encender fuego en receptores de celulosa ennegrecida con un enfoque de equilibrio termodinámico de transferencia de calor y con base en los diagramas de restauración del espejo de Chichen Itza, muestran que esta pieza corresponde a un espejo cóncavo de pirita

(Clásico tardío) y calculan su poder quemador. Los resultados muestran la continuidad en la tradición lapidaria de manufacturar espejos cóncavos desde el Preclásico hasta el periodo de Contacto en Mesoamérica. A su vez, las dimensiones de este espejo muestran su claro potencial como instrumento para el encendido ritual de fuego como uno de sus principales usos.

En el otro artículo, estudian los espejos cóncavos y su relación con los puros de tabaco en la antigua Mesoamérica, donde los autores resaltan: “Con base en resultados previos (teóricos y experimentales) enfocados a demostrar el poder quemador de los espejos cóncavos Mesoamericanos el presente estudio se enfoca en analizar los posibles objetos que fueron utilizados como blanco receptor de la radiación concentrada del Sol para encender fuego. Nuestro análisis iconográfico, pictórico y etnohistórico, coincide en señalar al cigarro de tabaco como el mejor candidato, mostrando una significativa correlación entre cigarros y espejos. Experimentos realizados con modelos análogos de los espejos arqueológicos confirman físicamente la plausibilidad de nuestra propuesta, reafirmando la consistencia entre la información iconográfica, etnohistórica y termodinámica. De este modo, se propone al par cigarro-espejo como un instrumento inseparable para encender fuego en un contexto ritual de control de los dignatarios sobre el poder del Sol y las sustancias psicoactivas al interior del culto al Señor del Espejo Humeante.”

Detalles sobre estos resultados los pueden apreciar de viva voz por uno de sus autores, el Dr. Yuri Nahmad Molinari, investigador del Instituto de Física de la UASLP, en la charla ¿Un análogo Olmeca del Rayo de la Muerte o estoy muy fumado?, que será impartida en la próxima sesión de La Ciencia en el Bar, que se efectuará el miércoles 7 de octubre a las 8 de la noche en La Cervecería San Luis, en Calzada de Guadalupe 326. Entrada libre.

En la charla, el Dr. Yuri Nahmad abordará el tema cuyo resumen es: una de las deidades más antiguas de Mesoamérica —cuyas advocaciones más conocidas son Tezcatlipoca entre los mexicas y K’awiil entre los mayas— porta como signo distintivo un espejo humeante. En esta charla se explorarán los mitos de creación de los pueblos mesoamericanos y el conocimiento tecnológico que estos mitos contienen. Se abordará, asimismo, el desarrollo de dispositivos ópticos de concentración en sociedades de tecnología neolítica, así como la invención de uno de los receptores fototérmicos más eficaces para la producción de fuego.

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