abril 5, 2026

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Una liga en Norteamérica | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Mucho se ha hablado de esa idea de generar una fusión entre la MLS y la Liga MX, una oferta el poderío de la organización mientras la otra presume el poderío deportivo, una luce sus estadios de primer mundo y la otra el color de su afición, y ¿saben? Es verdad, creo que todos podrían ganar mucho.

La Liga MX ha demostrado a lo largo de los años una verdadera supremacía deportiva en CONCACAF: los equipos mexicanos parecen estar lejos del restro de los clubes del área, pensando a veces en competir más con Sudamérica que con la región; pero del otro lado, la MLS ha demostrado un increíble nivel de organización, un verdadero poderío tanto en infraestructura como en contratos, una liga que en esos rubros busca competirle mercado ni más ni menos a ligas tan poderosas como la NBA, la NFL o la MLB. Ambas ligas tienen mucho qué ofrecer, mucho qué enseñar pero sobre todo mucho qué aprender una de la otra.

Ahora bien, soñemos un poco: imaginemos una fusión entre las ligas, un gran monstruo donde pudieran coexistir todos los equipos de cada país. Inventemos nuestra Súper Liga Norteamericana.

Actualmente la MLS está conformada por 27 equipos, dividos en dos conferencias, sin embargo hay tres equipos que entrarán a competir en los próximos años en la liga: Charlotte, St Louis y Sacramento. Alcanzando con esto el número mágico de 30 equipos.

Por el lado de la Liga MX, actualmente se cuenta con 18 equipos en la primera división y 16 en la liga de expansión, dando un total de 34 equipos.

Se ha hablado mucho sobre la posibilidad de establecer una súper liga con 60 equipos, 30 de la MLS y 30 de México. Pero para hacer más emocionante la propuesta, dividamos esos 60 equipos en 3 divisiones, evidentemente cada una con 20 equipos participantes.

Imaginemos ahora, una liga donde entre sus tres divisiones exista ascenso y descenso, muy al estilo de las ligas europeas, 3 ascensos y 3 descensos al año, todos ligados a los últimos lugares de la tabla anual. También imaginemos el reparto equitativo de los derechos de transmisión, publicidad y mercadeo, entre todos los participantes de las divisiones.

Por último, hagamos el ejercicio de establecer las divisiones y el acomodo de cada equipo, basándonos en los últimos resultados de cada participante en sus ligas actualmente.

Comencemos con la tercera división: del lado de la liga Mx tendremos que sacrificar a dos equipos, para esto tomaré a los dos últimos lugares de la tabla actual de la liga de expansión: UdeG y Correcaminos. Para emparejar a los 10 equipos mexicanos representantes en la segunda división, separaré a los dos primeros lugares de la tabla actual: Morelia y Cimarrones. Con esto quedaría así la representación mexicana: Celaya, Zacatecas, Atlante, Tapatío, Tepatitlán, Cancún, Dorados, Tlaxcala, Oaxaca, Mérida, Tabasco y Tampico.

Mientras que en la MLS: Charlotte, St Louis y Sacramento (como equipos nuevos) Cincinnati, Houston, DC United, Atlanta, Chicago, Salt Lake, Austin.

En la segunda división colocaremos a los dos mejores de la liga de expansión y a los 8 peores de la liga mx actualmente, así como a los lugares del 11 al 20 de la MLS.
México: Morelia, Cimarrones, Necaxa, Juárez, San Luis, Chivas, Pachuca, Pumas, Tijuana y Mazatlán.
MLS: Los Angeles, Miami, Montreal, Vancouver, San Jose, New England, Nashville, Red Bull NY, LAFC y Dallas.

En la primera división, colocaríamos a los mejores equipos de la actualidad de cada liga.
México: Querétaro, Tigres, Toluca, León, Atlas, Santos, Puebla, Monterrey, América y Cruz Azul.
MLS: Colorado, Minnesota, Portland, New York, Seattle, Orlando, Columbus, Kansas, Toronto y Philadelphia.

El ejercicio resulta interesante como propuesta, una liga con ascensos y descensos deportivos justos, una competencia cerrada que ayudará a levantar el nivel deportivo y económico de las ligas y por ende de la región.

Sin embargo, el ejercicio tiene problemas: como el descenso a la segunda división de equipos históricos de ambas ligas como Los Angeles, Red Bull o Chivas y Pumas. Mientras que equipos pequeños participarían en la primera división, como Orlando, Colorado o Atlas y Querétaro. Eso se tendría que ajustar mejor.

La idea existe, ojalá se concretara de la mejor manera para ambas ligas, el futbol de la CONCACAF merece un mejor lugar a nivel mundial y justo es desde ahí, desde las ligas, donde puede darse el movimiento importante para dar el siguiente paso. Habrá que esperar, que decidan lo verdaderamente mejor en todos los aspectos.

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Hay algo incómodo en el repechaje | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Hay algo incómodo en el repechaje.

Como esas conversaciones que llegan tarde, como esos equipos que reaccionan cuando ya no hay margen.

Nadie quiere estar ahí… pero todos quieren salir.

El Mundial de 2026 promete ser el de la inclusión, el de las 48 selecciones, el de “ahora sí hay lugar para más”. Pero en el fondo, el fútbol sigue siendo el mismo de siempre: el que aprieta cuando más duele. Y ahí, en ese rincón donde ya no hay mañana, aparece el repechaje.

No como premio, como castigo.

En Europa, por ejemplo, el repechaje no debería existir para ciertos nombres. Y sin embargo, ahí está Italia, otra vez, jugando con fuego después de haber aprendido (o no) la lección de quedarse fuera.

Ganó 2-0 su primer partido. Sin convencer, sin emocionar, pero ganando. Que a estas alturas ya es suficiente. Porque en estas instancias el fútbol no se juega bonito… se sobrevive.

Alrededor, el mapa es igual de tenso.

Polonia sacó un 2-1 que dice más de sufrimiento que de superioridad.
Suecia resolvió con un 3-1 que parece cómodo, pero que no garantiza nada.
Dinamarca, quizá la más seria de todas, aplastó 4-0 y mandó un mensaje: hay selecciones que sí entendieron dónde estaban paradas.

Y ahora todo se resume a una noche.
Una sola.

Italia contra Bosnia.
Suecia contra Polonia.
Dinamarca contra República Checa.
Turquía contra Kosovo.

Cuatro partidos para decidir quién va al Mundial… y quién se queda viendo cómo pasa la historia.

Así de frío.

Del otro lado del mundo, el repechaje tiene otro tono. No es presión… es oportunidad.

México es la sede de esa última puerta, y eso no es menor. Porque jugarse el Mundial en este país no es lo mismo. Aquí el fútbol se siente distinto: más ruidoso, más emocional, más impredecible.

Y en ese escenario aparecen nombres que no suelen habitar estas conversaciones.

Bolivia, Surinam, Irak.
Jamaica esperando.
Nueva Caledonia soñando.
República Democrática del Congo empujando desde lejos.

Seis selecciones para dos boletos.
Seis historias que no estaban destinadas a este momento… pero que ya están ahí.

Y cuando eso pasa, el fútbol se vuelve peligroso.
Porque el repechaje no clasifica a los mejores.
Clasifica a los que aguantan.
A los que llegan con dudas pero no se rompen.
A los que no cargan historia… y por eso juegan sin miedo.

Y ahí es donde empieza lo interesante.

Porque cada Mundial tiene ese equipo que nadie vio venir. Ese que no tenía obligación de nada y termina incomodando a todos. Muchas veces, ese equipo sale de aquí.

Si Dinamarca entra, nadie la va a querer enfrente.
Si Suecia se mete, será ese rival incómodo que no regala nada.
Y si Jamaica, incluso Bolivia logran colarse… entonces habrá una historia nueva, de esas que no se explican con rankings, de esas que solo se entienden cuando la pelota empieza a rodar.

El repechaje es injusto, sí. Pero también es brutalmente honesto. Porque aquí no hay margen para discursos, ni para proyectos, ni para promesas. Aquí todo se reduce a 90 minutos donde el pasado no sirve de nada, ni los títulos, ni el nombre, ni la historia, solo el presente. Y quizá por eso incomoda tanto. Porque en el fondo, el repechaje nos recuerda algo que el fútbol intenta ocultar todo el tiempo: que no siempre llegan los que más lo merecen…
sino los que sobreviven cuando ya no queda nada.

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Ignacio Quintana: romper la frontera que parecía imposible / Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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Hoy director técnico del Atlético de San Luis femenil, pero Ignacio Quintana “Nacho” como el mismo nos pidió llamarlo, tiene un pasado digno de contar y resaltar.

En el fútbol mexicano hay historias que se construyen desde la costumbre: jugadores que emigran, entrenadores que se forman en casa y procesos que rara vez cruzan ciertas fronteras. Por eso la historia de Nacho Quintana no es un episodio más, sino un punto de quiebre. Su presencia en un Mundial dirigiendo a una selección que no es México representa algo que durante años parecía improbable: un técnico mexicano abriéndose camino en otro país hasta alcanzar la máxima vitrina del fútbol.

No es solo un logro personal, es una señal. Durante mucho tiempo, el entrenador mexicano fue visto como una figura limitada al entorno local o, en el mejor de los casos, al ámbito regional. La exportación de talento desde el banquillo no era una constante, ni siquiera una aspiración clara. Quintana rompe con esa narrativa y lo hace desde un terreno que también ha exigido abrirse paso: el fútbol femenino.

Su camino no fue inmediato ni sencillo. Se construyó desde procesos formativos, desde el trabajo silencioso, desde la convicción de que el crecimiento real no siempre es visible en el corto plazo. Cuando asumió el reto de dirigir fuera de México, no llevaba consigo el respaldo de una etiqueta internacional consolidada, sino la responsabilidad de demostrar que la preparación también puede hablar por sí sola.

Nacho recibió el llamado de Centroamérica apenas dos días después de terminar su carrera de director técnico, literalmente recibió su título un sábado y el lunes estaba en el vuelo a Nicaragua para ser auxiliar del proyecto de selección femenil, un reto que pocos se atreven, y no es que las propuestas no existan, sino que son las mismas federaciones o equipos, los que dudan en ofrecerlo a entrenadores mexicanos, pensando que los aztecas rechazarán por el poco cartel que ofrece la zona a sus carreras.

Llegar a un Mundial no es producto del azar

. Es consecuencia de estructura, de lectura del entorno y de una capacidad constante de adaptación. Dirigir a una selección distinta implica entender otra cultura futbolística, otro tipo de jugadoras, otro ritmo competitivo y, sobre todo, otra manera de gestionar expectativas. Quintana no solo se integró: logró construir un equipo que compitiera lo suficiente como para alcanzar ese escenario
.

Lo que vuelve más relevante su historia es lo que representa hacia afuera. Su logro abre una puerta que durante años estuvo prácticamente cerrada para los entrenadores mexicanos. Demuestra que el talento no está limitado por la nacionalidad, sino por las oportunidades y la capacidad de sostener procesos en contextos distintos.

En un fútbol donde se habla constantemente de exportar jugadores, pocas veces se pone atención en quienes dirigen. Nacho Quintana obliga a voltear hacia ese otro lado, a preguntarse cuántos entrenadores mexicanos podrían seguir un camino similar si existieran más espacios y menos prejuicios.

Su presencia en un Mundial no es una casualidad ni un gesto simbólico. Es el resultado de un trabajo serio que encontró eco fuera de casa. Y en ese sentido, su historia tiene un valor mayor: no solo cuenta lo que logró, sino lo que puede venir después.

Porque a veces, lo más importante no es llegar primero, sino demostrar que sí se puede llegar.
Hoy Nacho dirige al Atlético de San Luis femenil, y asume el mismo reto que cuando dirigió a Panamá en aquel Mundial en Australia y Nueva Zelanda en 2023, el reto de la primera vez, con la selección canalera la ilusión era esa primera vez en un Mundial, hoy es la ilusión de alcanzar por primera vez una liguilla, cosa que parece muy complicada en el torneo actual. Pero de historias imposibles se ha llenado la carrera de Nacho, y hoy vive y trabaja en San Luis Potosí, en búsqueda de ser un semillero en el equipo potosino, un equipo donde se pueda lograr llevar jugadoras a los más altos niveles y con ellas hacer realidad esa ilusión de lograr pronto, hacer probable lo imposible.

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San Luis vs Pachuca: el partido fuera de la cancha | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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El encuentro entre San Luis y Pachuca llega en un momento delicado para el equipo potosino. No solo por lo futbolístico, sino por el ambiente que se ha ido formando alrededor del proyecto. Cuando un equipo atraviesa resultados irregulares, la tensión suele trasladarse de la cancha a la tribuna, y eso es precisamente lo que hoy vive San Luis.

La relación entre la afición y el técnico Guillermo Abascal no atraviesa su mejor momento. Las dudas sobre su manejo del equipo, los constantes cambios en las alineaciones y ciertos resultados que no terminaron de convencer han ido generando un clima de escepticismo. Este es ya un rechazo absoluto, un reclamo generalizado a la directiva, el aficionado siente, piensa y exige que el cambio en el banquillo tenga que venir sin importar el resultado frente a Pachuca.

Esa tensión volvió a hacerse visible en la última rueda de prensa previa al partido, donde Abascal compareció acompañado por João Pedro. Más que un acto protocolario, la conferencia dejó entrever el momento que vive el equipo. El técnico insistió en que el proyecto sigue una línea clara de trabajo, defendió la necesidad de los ajustes tácticos y dejó claro que las decisiones se toman pensando en el rendimiento colectivo, aunque no siempre sean comprendidas desde fuera.

João Pedro, por su parte, asumió un tono más conciliador. Habló del compromiso del plantel, de la responsabilidad que sienten con la afición y de la importancia de recuperar resultados que devuelvan tranquilidad al entorno. Fue un mensaje directo: el vestidor sabe que el apoyo de la grada es fundamental, pero también entiende que ese respaldo se gana con actuaciones convincentes.

En ese contexto aparece Pachuca, un rival que rara vez concede partidos cómodos. El equipo hidalguense suele competir con orden, paciencia y una lectura inteligente de los momentos del juego. No necesita dominar largos tramos para resultar peligroso y suele castigar cuando el adversario se precipita. Ante un San Luis que llega con presión ambiental, esa característica puede convertirse en un factor determinante.

Por eso, el partido no será únicamente una cuestión táctica. También será un examen emocional. San Luis deberá demostrar que puede aislarse del ruido externo y concentrarse en el funcionamiento dentro del campo. Pachuca, en cambio, buscará aprovechar cualquier signo de ansiedad o desorden.

El Alfonso Lastras o Libertad Financiera será testigo de algo más que un simple enfrentamiento de liga. Será un escenario donde el equipo tendrá la oportunidad de reconstruir puentes con su afición o, en el peor de los casos, ampliar una distancia que ya empieza a sentirse.

En el fútbol, las relaciones entre entrenadores y tribunas suelen ser frágiles. Un buen resultado puede cambiar el ánimo en cuestión de minutos; una derrota puede profundizar las dudas. Frente a Pachuca, San Luis no solo se juega puntos, se juega también la posibilidad de reconciliar discurso, resultados y confianza. Porque cuando esas tres cosas caminan juntas, los proyectos suelen encontrar estabilidad. Cuando no, la tormenta aparece más pronto que tarde.

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