julio 29, 2026

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#4 Tiempos

Tom Sawyer y la princesa | Columna de Juan Jesús Priego

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Lo refiere Ernest Dimnet (1866-1954) en El arte de pensar. Hace muchos, muchos años (a mediados del siglo XVIII, para ser exactos), un buen hombre no desprovisto de cierto talento literario contrajo matrimonio con una antipática señorita que se daba aires de princesa. ¡Cualquier semejanza con la realidad considérela el lector como una mera y desagradable coincidencia!

Al principio, según refiere nuestro autor, las cosas entre ambos marcharon bastante bien: él se embelesaba ante los rubios bucles de ella, y ella adoraba la nariz puntiaguda de él; en una palabra, se amaban hasta la locura. Pero conforme pasó el tiempo, una cosa sin importancia –o que así lo parecía, por lo menos al comienzo- vino a atirantar aquella armónica relación, y me refiero, claro está, a la obstinada impuntualidad de nuestra dama.

Como lo propio de las princesas es hacerse esperar y la señora se creía de verdad una princesa, no había tarde en la que no bajara al comedor sino quince minutos después de la hora acordada. Si, por ejemplo, la cena era a las seis (en aquellos siglos lejanos la gente cenaba bastante temprano: la noche no estaba aún domesticada), a las seis y quince, invariablemente, la impuntual hacía crujir sus crinolinas a lo largo y a los ancho de la escalera. El marido, mientras tanto, tamborileaba los dedos en gesto de impaciencia. Éste ya le había preguntado en varias ocasiones:

«-¿Por qué no fijamos la hora de la cena a las 6:15, querida?».
Pero ella se rebelaba:
«-¿Estás loco, o qué te pasa? A las seis cenaban mis padres y, por lo que toca a mí, no quisiera introducir en mi hogar innovaciones peligrosas».
«Bueno, pensaba él, y si no quiere introducir en su hogar innovaciones peligrosas, ¿por qué no baja a la hora exacta?». Pero sólo lo pensaba, pues decirlo en voz alta hubiera complicado las cosas todavía más.

Un buen día, sin embargo, el marido se puso a hacer cuentas y quedó consternado. ¡Quince minutos diarios eran muchos minutos! En una semana, la nada despreciable cantidad de una hora y tres cuartos. ¿A cuánto equivalía en un mes? ¿Y en un año? ¿Y en toda la vida? ¡Por el amor de Dios, un mortal no tenía derecho a tirar por la borda tanto tiempo! Ahora bien, ¿qué podía hacer él para no dejar escapar las horas así como así? Lo estuvo meditando durante varios días hasta que encontró la solución. En adelante, colocaría en una esquina de la sala un pequeño escritorio bien provisto de tinta y papel, y entre las seis y las seis quince de la tarde se pondría a escribir. Y así lo hizo. Mientras la princesa se daba los últimos retoques en el piso de arriba, él escribía un párrafo y luego otro, una página y luego otra.

Y pasó el tiempo, y murieron los dos, cada uno a su hora. Cuando le tocó el turno a ella, el discurso fúnebre que predicó un capellán muy versado en ciertos asuntos de carácter canónico, versó sobre cosas que bien hubieran podido ser dichas para otro ejemplar de su misma especie. Pero cuando murió él, el predicador formuló desde el púlpito esta pregunta que de retórica no tenía nada:

«-¿Cómo hizo este noble varón, señores y señoras, para escribir una obra tan noble? ¿De dónde sacó tiempo para escribir esos volúmenes maravillosos que todos conocemos?».
¿De dónde? Ya lo sabemos. De esa espera contra la que nada podía y que supo aprovechar al máximo.

Siendo sinceros, nuestro escritor pudo haber consumido sus energías quejándose con los criados, maldiciendo la tardanza cotidiana, caminando de una esquina a otra de la sala mientras hacía chasquear sus botines con los golpes de su fusta, lanzando juramentos, gritando invectivas y prometiendo el divorcio. Pero no hizo nada de esto, sino que prefirió poner manos a la obra. Al final, ya viejo, debió agradecer a su princesa aquellos quince minutos diarios que le permitieron realizar su obra. Supo buscarle a los contratiempos el lado positivo y se lo halló. ¡Dichoso él!

Si el lector fue alguna vez niño –cosa que doy por cierta y no pongo en duda-, recordará, tal vez, un episodio de la vida de Tom Sawyer, el famoso personaje que dio fama mundial al escritor estadounidense Mark Twain (1835-1910). El episodio al que me refiero es el siguiente. Un día, en castigo por haber faltado a clase, Tom Sawyer fue obligado a pintar la verja del jardín de su casa (quiero decir, de la casa de su tía Polly), lo cual le causó un gran disgusto. Cuando empezó a pintar, lo hizo de mala gana, pero viendo que aquella actitud no podía prestarse sino a que sus amigos se burlaran de él, decidió fingir que aquella tarea realmente lo apasionaba y que pintar la verja era más bien un juego que él mismo había inventando para pasárselo en grande aquella tarde.

Viéndolo tan feliz pintando la verja, tanto a Ben Rogers como a Billy Fisher y Johnny Miller les entraron unas ganas inmensas de jugar el mismo juego y se pusieron a pintar la verja ellos también, con lo cual ésta quedó lista en menos de lo que se dice. La tía Polly se mostró sumamente sorprendida por aquella rapidez, y, aunque algo sospechó de las maniobras turbias de su sobrino, no pudo negarle el permiso que le pedía de irse, ahora sí, a jugar de veras.

Con lo cual queda demostrado que siempre hay una bendición para los que saben adaptarse a las situaciones de la vida, otra para los que son capaces de sacar cosas buenas de las malas, y muchas más para los que descubren astutamente la utilidad de aquello que, en apariencia, no sirve más que para poner a prueba nuestra paciencia y amargarnos la vida.

 

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#4 Tiempos

Una figura representativa de la literatura potosina, Ramón F. Gamarra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En el siglo XIX se desarrolla el género de novela en San Luis Potosí al que desde entonces han contribuido excelentes plumas potosinas entre quienes se encuentran: Francisco de Paula Palomo, Francisco de Asís Castro, Alberto Sustaita Zavala, Eugenio Verástegui, Agustín Vera, Adolfo Antonio de Alba, Miguel Álvarez Acosta, Rafael Montejano y Aguiñaga, Jesús Goytortúa Santos, Teodoro Torres, Jorge Piñó Sandoval, Jesús R. Alderete, Jorge Ferretis, Manuel José Othón, entre otros, y de manera especial Ramón Francisco Gamarra que fue de los primeros en editar una novela en San Luis Potosí.

Ramón Francisco Gamarra nació en San Luis Potosí alrededor de 1828. Participó de manera activa en la política potosina del siglo XIX siendo liberal, entre las actividades que realizaría se encuentra el periodismo, donde igualmente destacaría codirigiendo en 1885 El Diablo Verde, en 1867 fue director de El Fantasma y, en 1868 de La Charanga. En 1874 fue redactor de El Potosino, que fue un periódico que impulsó la candidatura para gobernador del estado de Manuel Muro, historiador potosino. De los periódicos oficiales del gobierno del estado, fue redactor de La Unión Democrática junto a Rafael Castillo.

En el gobierno del estado fue secretario de gobierno de tres gobernadores, Vicente Chico Sein, Degollado y Bustamante, fue también diputado en varias ocasiones. Al retirarse de la vida política, fue bibliotecario del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí.

En el ámbito literario, en 1868, escribió una de las primeras novelas potosinas El Filántropo, la cual se conserva en forma manuscrita, al igual que sus Memorias de un Espiritista y la Historia Contemporánea de San Luis Potosí.

En 1885 publicó por entregas Catecismo popular de la doctrina democrática y, en 1886, Ellos, un singular texto donde Gamarra aclara: “es un episodio de fondo cristiano y de forma realista que corresponde al volumen XII de mis Ensayos Literarios”. Este texto fue escrito en 1878 y publicado ocho años después por la Imprenta de Dávalos en San Luis Potosí.

Como suele suceder con los autores que mencionamos al principio, su obra no es muy conocida, existen escasas ediciones lo que ocasiona no sea difundida, a pesar de ser considerado como una figura representativa de la literatura potosina del siglo XIX,

además de su contribución al periodismo y la narrativa histórica, lo que lo lleva a ser uno de los autores relevantes en la cultura decimonónica.

Ellos, sería la novela más conocida, novela que aborda eventos históricos en un ámbito narrativo. La novela fue reeditada por el Colegio de San Luis en 1999 dentro de la serie Literatura Potosina 1850-1950, coordinada por Ignacio Betancourt.

En la presentación de Ellos, que hace el Colegio de San Luis nos indica la trama principal de la novela de Gamarra donde el autor recrear “una excepción horrorosa y rigurosamente histórica de que el amor de la madre hacia sus hijos, está siempre creciente”.

Relato alucinante en torno al incesto donde, como un mural, Gamarra intercala cuadros de costumbres, situaciones fantásticas y reflexiones culteranas acerca del mal y sus insospechadas manifestaciones. Con un recurso muy contemporáneo al ‘documentar’ la realidad, el escritor presenta una genealogía demoniaca y nos conduce ´por los vericuetos de un San Luis sorprendente y sórdido.

El abigarramiento de la narración estalla en un desenlace polifónico, cuya verosimilitud no resulta de su desarrollo anecdótico sino del extraño humor negro que caracteriza al autor.

Esta edición de El Colegio de San Luis nos permite conocer una de las obras de Ramón Francisco Gamarra, que posiblemente pueda aún conseguirse en esa institución o, al menos ser consultada en su biblioteca.

Ramón Francisco Gamarra, el político, periodista y escritor cuya obra merece ser rescatada, murió en San Luis Potosí el 18 de abril de 1886.

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#4 Tiempos

Presupuesto de Apertura 26 | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

El torneo ha comenzado y no de la mejor forma para el Atlético de San Luis. Más allá de la derrota en la jornada 1 frente a Cruz Azul en casa, lo verdaderamente preocupante es lo complicado que se ven las primeras fechas para el equipo potosino, las ocho primeras jornadas parecen duelos difíciles de superar, sumado al fuerte compromiso de la Leagues Cup, lo que no parece dar muchos ánimos y más bien se pide paciencia tanto para jugadores como para la afición. Pero hagamos el presupuesto de puntos, como cada inicio de torneo.

J1.- Cruz Azul: derrota 0 puntos
J2.- Tigres: derrota 0 puntos
J3.- Tijuana: empate 1 Punto
J4.- América: derrota 1 Punto
J5.- Pachuca: derrota 1 Punto
J6.- Monterrey: derrota 1 Punto
J7.- Chivas: derrota 1 Punto
J8.- León: derrota 1 Punto
J9.- Necaxa: victoria 4 Puntos
J10.- Pumas: derrota 4 Puntos
J11.- Santos: victoria 7 Puntos
J12.- Toluca: derrota 7 Puntos
J13.- Querétaro: victoria 10 Puntos
J14.- Atlante: victoria 13 Puntos
J15.- Atlas: victoria 16 Puntos
J16.- Juárez: victoria 19 Puntos
J17.- Puebla: victoria 22 Puntos

Según el presupuesto, los 22 puntos serán insuficientes para una clasificación a la liguilla, pero aún más preocupante es la baja suma de puntos en las primeras jornadas, llegando a la semana 9 del campeonato con apenas una victoria y solo 4 puntos, esto debido al complicado calendario que tiene el cuadro potosino.

El panorama no es alentador para un equipo que se ha reforzado poco y ha perdido al jugador más valioso de la temporada pasada, un equipo que no se vio bien los campeonatos anteriores y que no promete un futuro distinto. La afición tendrá que ser paciente y entender que la reestructuración parece no ser completa en el plante

l, que las cosas pueden mejorar pero no lucen bien y menos con la forma en que el calendario se ha acomodado terriblemente para el equipo.

Por otro lado, creo que la directiva y cuerpo técnico saben bien a qué se enfrentan, conocen sus debilidades y saben lo complejo que parece el torneo en puerta, seguramente la planeación del campeonato no los tomó por sorpresa y sepan bien cuál es la ruta a seguir bajo esta circunstancia, a su vez, tranquilizar a los jugadores que seguro serán los más golpeados si los resultados no se dan.

Del lado de la afición y jugadores, queda cerrar filas, parece que se avecina un torneo más para el olvido, de esos que se va a sufrir más que gritar el gol a favor, ojalá yo esté equivocado, pero parece que no será así, parece que el destino está marcado y no suena muy alentador.

Toca esperar, apoyar, trabajar y sobre todo aguantar, que este proyecto sume y que encuentre en su humilde plantel, jugadores que demuestren y levanten la mano en un torneo en donde el presupuesto se ve, más que complicado.

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#4 Tiempos

Arturo Medellín Anaya, su pasión por la poesía | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Un ejemplo claro de la popular frase de que nadie es profeta en su tierra es el caso de Arturo Medellín Anaya que falleciera en el 2023 realizando su obra artística y de promotor cultural en Tamaulipas. Si bien, abundan de cierta forma en San Luis Potosí los museos dedicados al arte pictórico, la muestra de obras de Arturo Medellín brilla por su ausencia. San Luis Potosí está, como en otros muchos casos, en deuda con este personaje que brilló como promotor y periodista cultural, escritor y pintor, llevando la vena artística de su padre, el pintor e ilustrador del mismo nombre, y de su madre una excelente pianista.

El taller de su padre, fue su primera escuela en el arte de la pintura desde niño pues a los diez años lo acompañó como aprendiz, iniciando la década de los sesenta; Arturo Medellín nació el 8 de julio de 1951 en San Luis Potosí. Compartía su tiempo entre el taller y la escuela realizando sus estudios primarios en el Colegio Inglés y la Escuela Benito Juárez, ingresó a la secundaria Jaime Torres Bodet y concluye dichos estudios en Tampico al cambiar de residencia a los doce años.

En Tampico continúa sus estudios de dibujo y pintura y labora como auxiliar de dibujo publicitario en el Sol de Tampico. Su contacto con San Luis continuaba y participa en el célebre grupo de teatro Zopilote de San Luis Potosí durante cuatro años, de donde parte en 1975 a coordinar grupos de teatro en La Paz, Baja California. En ese tiempo conocí parte de su actividad por su hermano Héctor Medellín fue mi compañero de estudios en la Escuela de Física y frecuentaba su casa. En la década de los ochenta se encuentra realizando actividades como dibujante publicitario, artista plástico e ilustrador, en diferentes puntos del estado de Tamaulipas, entre ellos Matamoros y Ciudad Victoria.

Su obra, un tanto desconocida, contempla pinturas, novelas, poesía. La Jornada Zacatecas en el 2018 lo retrataba como: “erudito en el arte de sobrevivir y de capturar al instante la magia del mexicano y sus turbulencias y lo hace en la novela, la pintura, la poesía, la promoción cultural desde una provincia –San Luis, Tamaulipas, Baja California, – y desde lo más hondo de los terruños de la patria callejera, la turbulenta en los sentimientos que avizoran algo nuevo vendrá más allá de los buenos deseos”. Mientras en San Luis, el silencio, producto posiblemente de su paso por el grupo Zopilote, contestario y promotor cultural de izquierda.

En el 2009 publica El Arte como Experiencia Espiritual, en ediciones La Criba, además de los libros, “Desde el corral del fondo”, “Pájaro de papel”, y “Testamento de Albatros”. Parte de su obra pictórica se exhibe permanentemente en la Galería del Centro Cultural Tamaulipas y el Museo de Arte Contemporáneo de Mac Allen, Texas.

Destaca en su producción, la colección de pinturas que con motivo del centenario de la revolución mexicana pintara; una colección de 20 retratos contemporáneos, de mujeres revolucionarias exhibida en las ciudades de: Tampico, Mante, Victoria, Matamoros, Reynosa y Laredo. McAllen y Brownsville Texas.

De sus actividades artísticas Arturo Medellín prefería la poesía, que era lo que más lo identificaba. Escribía porque estaba convencido que podía ser escritor. El recuerdo de su formación en San Luis y de la vida cultural que vivió normaba su labor artística, como lo menciona en una entrevista que le realizara en la década de los noventa Azael Jaramillo, al preguntarle “¿qué te queda de potosino?, su respuesta:

“Mi pasión por la poesía de Manuel José Othón, por López Velarde, mi gusto por la Historia, pero sobre todo por la Historiografía, por la comida y una nostalgia por haber vivido la cuna culta en un sentido diferente a como se vive aquí en Tamaulipas donde todo se hace por obra y gracia de la política cultural del Estado. Tenemos el recuerdo de que Tula fue la ciudad de los pianos, pero esa Tula ya no existe”.

Arturo Medellín Anaya murió el 25 de junio de 2023. Su testamento de albatros, una de sus obras nos dice en un fragmento:

Hoy regresan los muertos hasta la mar nocturna,
bajan la cordillera, se adentran en el llano y
junto al farallón, enlazan su plegaria con las olas.
Son muertos luminosos como del seno de las aguas,
discurren en procesión inagotable por la vida y la brisa.
Hoy regresan los muertos advertidos y mustios
sobre la arena insomne. Son los dueños del tiempo,
su ropaje trasluce lunas. Su voz, diseña el eco de la ola.

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