enero 30, 2026

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#4 Tiempos

59 municipios | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO 

 

Hoy, San Luis estrenará su nueva camiseta, una que, por cierto, es gris, como su temporada. Pero más allá de los pésimos resultados que ha tenido el equipo, y que probablemente vuelva a tener esta noche, vale la pena mencionar el tributo que San Luis le hace a su tierra al incluir un jersey conmemorativo con los 59 municipios del estado.

Hoy, recordemos algunos de los futbolistas que han nacido en esta tierra.

 

Antonio Carrizales

Nacido el 3 de junio de 1949 en el barrio de Tlaxcala, Carrizales fue un ícono del fútbol potosino. Inició su carrera en el Santos de San Luis y logró ascender con el equipo hasta la Primera División. Anotó 24 goles como profesional y, tras su retiro, se dedicó a la dirección técnica, contribuyendo al desarrollo del fútbol en la región.

 

Nery Castillo

Aunque su carrera profesional se desarrolló principalmente en el extranjero, Nery Castillo nació en San Luis Potosí en 1984, mientras su padre, de origen uruguayo, jugaba en el Atlético Potosino. Castillo destacó en el Olympiacos de Grecia y eligió representar a la selección mexicana, debutando en 2007 en el Estadio Alfonso Lastras.

 

Eugenio Pizzuto

Este joven talento potosino ha llamado la atención en el fútbol europeo. Pizzuto debutó profesionalmente en el Lille OSC de la Ligue 1 francesa y ha sido internacional con la selección mexicana sub-17, demostrando su potencial en el mediocampo.

 

David Rangel

Originario de Soledad de Graciano Sánchez, nacido el 12 de noviembre de 1969, Rangel se desempeñó como mediocampista defensivo. Militó en clubes como Atlético Potosino, Cruz Azul y Toluca, donde fue capitán y obtuvo cuatro títulos de liga. También representó a la selección nacional en diversas competencias.

 

Omar Govea

Nacido en San Luis Potosí, Govea ha desarrollado su carrera en Europa, jugando como mediocampista en equipos de la Primera División de Bélgica, como el S.V. Zulte Waregem. Su formación y talento lo han llevado a destacar en el fútbol internacional.

 

Hugo González Durán

Este guardameta potosino ha militado en clubes de la Primera División de México, incluyendo el Club de Fútbol Monterrey y el América. Su desempeño bajo los tres palos lo ha consolidado como uno de los porteros destacados del país.

 

Fausto Ruiz

Delantero originario de San Luis Potosí, Ruiz inició su carrera en Petroleros de Salamanca y tuvo experiencias en equipos como Atlante UTN, San Luis y Dorados de Sinaloa. También jugó en el extranjero con Deportes Puerto Montt de Chile.

 

Jorge Daniel Hernández

Este mediocampista de contención, nacido en San Luis Potosí, ha jugado en equipos de la Primera División de México, destacando su paso por el Club de Fútbol Pachuca.

 

Gerardo Silva

Originario de Ciudad Valles, Silva inició su carrera en el Atlético Potosino y posteriormente jugó en equipos como Santos Laguna, Guadalajara, América, Tampico-Madero y Puebla

. Es reconocido por ser el único potosino en haber militado tanto en Chivas como en América.

 

Ramón Juárez

Originario de Rioverde, San Luis Potosí, nacido el 9 de mayo de 2001, Ramón es un defensa central que debutó con el Club América en 2019. Ha tenido pasos por clubes como Puebla y Atlético de San Luis. En su trayectoria con América, ha logrado títulos de liga y campeonatos nacionales.

 

Luca Martínez Dupuy

Nacido el 5 de junio de 2001 en San Luis Potosí, Luca es un delantero con doble nacionalidad mexicana y argentina. Actualmente, milita en Godoy Cruz de la Primera División de Argentina, con contrato hasta diciembre de 2027. Su carrera profesional inició en Rosario Central, donde destacó por su habilidad goleadora.

 

Diego Pineda

Nacido el 8 de abril de 1995 en San Luis Potosí, Diego es un delantero centro que ha jugado en diversos equipos de la Liga de Expansión MX. En julio de 2023, dio el salto al fútbol europeo al unirse al Dundee FC de la Scottish Premiership, donde debutó y anotó en la Copa de la Liga de Escocia.

 

Carlos Muñoz

Nacido en 1959, debutó en 1979 con el Atlético Potosino, para después dar el salto a una brillante carrera con los Tigres, donde jugó más de 300 partidos. Jugó con México en el Mundial de 1986 y es considerado uno de los mejores mediocampistas en la historia del fútbol mexicano. Me atrevo a decir que es el mejor futbolista nacido en San Luis Potosí.

 

Esta es solo una pequeña muestra de futbolistas nacidos en San Luis Potosí, jugadores que han estado en Primera División y que, sin duda, han levantado la mano para recordar que son potosinos.
Evidentemente faltan muchos y vendrán más, pero hoy vale la pena hacer un poco de memoria al voltear a ver ese jersey, ese que nos recuerda que San Luis Potosí es mucho más que una ciudad: somos 59 municipios representados en un equipo de fútbol.

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#4 Tiempos

Una prueba de carácter | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

Por: Redacción

El partido de este fin de semana entre Atlético de San Luis y Chivas no es uno más en el calendario. Llega en un momento donde ambos equipos necesitan algo más que puntos: necesitan convicción. En una liga que castiga la duda y premia la determinación, este duelo se presenta como un examen incómodo, de esos que no se aprueban solo con intención.

San Luis llega con la sensación de haber entendido, por fin, cómo competir mejor en su propia narrativa. No es un equipo espectacular, pero sí uno que ha aprendido a sostenerse, a incomodar y a no regalar partidos. En casa, el exAlfonso Lastras y ahora llamado Libertad Financiera, suele convertirse en un escenario exigente para cualquiera, y este encuentro no será la excepción. San Luis sabe que estos partidos son los que construyen temporadas: vencer a un histórico no solo suma en la tabla, también fortalece el discurso interno y ojo aquí, que en su casa, las Chivas solo han podido vencerlo una vez.

Del otro lado aparece superlider Guadalajara, siempre cargando con el peso de su nombre. El Deportivo llega a este compromiso envuelto en la presión habitual que lo acompaña: la obligación de ganar incluso cuando el funcionamiento no termina de convencer. Chivas ha mostrado destellos, pero también lagunas que lo hacen vulnerable, especialmente cuando se enfrenta a equipos ordenados, intensos y sin complejos, justo el perfil que suele adoptar San Luis.

El choque promete ser más táctico que vistoso. San Luis buscará cerrar espacios, obligar a Chivas a jugar incómodo y capitalizar cualquier error. Guadalajara, en cambio, intentará imponer ritmo, pero deberá hacerlo con paciencia, porque la desesperación suele ser su peor enemiga

. Aquí, el partido puede definirse en detalles mínimos: una pelota parada, una distracción defensiva o una decisión tardía.

Hay, además, un componente emocional que no se puede ignorar. Para San Luis, ganarle a Chivas representa confirmar que su proyecto es capaz de competir contra cualquiera. Para Chivas, perder sería otro golpe a una confianza que se recompone con dificultad. En ese cruce de necesidades, el margen de error se reduce al mínimo.

Este tipo de partidos rara vez se recuerdan por su belleza. Se recuerdan por lo que provocan después. Una victoria puede impulsar a San Luis hacia una recta más tranquila; una derrota puede volver a colocar a Chivas bajo el reflector de la crítica. El empate, en cambio, dejaría a ambos con la incómoda sensación de haber dejado algo en el camino.

El fin de semana pondrá frente a frente a dos equipos con realidades distintas, pero con una urgencia compartida: demostrar que pueden sostener una idea cuando el calendario empieza. En la Liga MX no siempre gana el que juega mejor; suele ganar el que entiende mejor el momento.

San Luis y Chivas están justo ahí, frente a un partido que no promete fuegos artificiales, pero sí consecuencias. Y en este torneo, eso suele ser mucho más importante.

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El Cronopio

El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.

En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.

El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.

González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador

, entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.

El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.

Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.

Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.

Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.

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#4 Tiempos

La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.

Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.

En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.

Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.

Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.

Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.

Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.

Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.

Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.

Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.

«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.

 

Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud

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