abril 29, 2026

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Xavier Nava ya no ve lo duro; sino lo tupido

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Xavier Nava

El Congreso tunde a Xavier Nava; los regidores se deslindan; la ASF detecta irregularidades mientras sus policías le entran a la ordeña de combustible

Por: Redacción

Desde hace algunos días, el alcalde de la capital potosina, Xavier Nava Palacios ha acumulado un número importante de negativos que colocan a su administración en una posición desfavorecedora que además fue reprobada (4.46 de calificación) por los potosinos en una encuesta reciente. Apenas la semana pasada las comisiones de Gobernación y Justicia del Congreso del Estado dieron entrada a la solicitud de juicio político en su contra, presentada por la exoficial del Registro Civil, Teresa Carrizales, mismo del que regidores y panistas se deslindaron. Fue criticado por presumir frente a Coparmex que el nuevo Plan del Centro de Población Urbano ofrecerá 5 mil 465 hectáreas para suelo de uso urbano cuando las consultas públicas en el tema continúan. La Auditoría Superior de la Federación (ASF) detectó irregularidades en el manejo de recursos y, por si no fuera suficiente, policías municipales a su cargo fueron captados ordeñando el combustible de sus patrullas.

Con relación al juicio político en contra del alcalde Xavier Nava, la diputada Sonia Mendoza Díaz afirmó que la administración capitalina “se está ahogando en un vaso sin agua”, pues apenas inició el proceso donde el Poder Legislativo simplemente determinó que existen los elementos para conformar una comisión jurisdiccional que se encargará de determinar si procede o no a una sanción.

Señaló que este hecho, es independiente de partidos políticos, y añadió que como legisladores deberán ser imparciales al tiempo que apuntó, son dos comisiones dictaminadoras con siete diputados de diferentes fracciones parlamentarias donde, además de panistas, votaron a favor diputados del PRI, Morena y el Partido Verde.

Por su parte, Verónica Rodríguez Hernández, en representación de la coordinación de regidores del Partido Acción Nacional se deslindó de las declaraciones del regidor Alfredo Lujambio Cataño, luego de que este minimizara el accionar de los diputados locales frente a la autorización a pleno del juicio político contra Xavier Nava Palacios.

La regidora se limitó al Congreso del Estado que los procesos que se lleven a cabo sean “apegados a derecho, apelamos a cero impunidad”.

En ese sentido, el diputado panista y presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado, Rolando Hervert Lara, lamentó la opinión vertida en un desplegado por organismos empresariales quienes aseguraban que el juicio político contra Nava Palacios fue aprobado por las comisiones del Congreso del Estado porque los diputados están buscando su futuro político.

De acuerdo con el legislador, los empresarios fueron “chamaqueados”, ya que no tenían información precisa sobre el desarrollo del juicio político por lo que emitieron una opinión equivocada: “deben dejar que se haga el trabajo desde el Congreso, con este asunto que debió evitar el Ayuntamiento, sobre la forma tan violenta que actuaron (en contra de la ex ex oficial del Registro Civil, Teresa Carrizales)”.

Previamente, el legislador le respondió al secretario del Ayuntamiento, Sebastían Pérez García

que debía “ponerse a estudiar la ley de juicios políticos, digo, si no entiende cómo funcionan, que se ponga a estudiar”, luego de que este afirmara, que el juicio es “un despropósito que quiere desvirtuar al gobierno municipal con un tema muy politizado”, además de que intenta encubrir «todo los desvíos y fraudes de la legislatura pasada, aquí solo hay otros intereses».

ASE detecta irregularidades millonarias en Ayuntamiento capitalino

La Auditoría Superior de la Federación (ASF) hizo observaciones al Ayuntamiento capitalino para aclarar el destino de 6.4 millones de pesos entregados en 2018 que formaron parte del subsidio del programa de Fortalecimiento para la Seguridad Pública en los municipios (Fortaseg).

La dependencia federal detectó que, a partir de abril de 2019, bajo la administración de Xavier Nava Palacios, no fueron devueltos 3.8 millones de pesos que no fueron gastados en el lapso pactado. Además, faltó acreditar 2.6 millones de pesos para comprobar el pago de evaluaciones de control y confianza de la Policía Municipal.

El tercer reporte de la ASF sobre la cuenta pública en 2018 se suma a otra reportada en la segunda fase por 137.1 millones de pesos del Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de los Municipios (Fortamun), por lo que el total del monto observado a la administración municipal asciende a 143.5 millones de pesos.

Debido a lo anterior, la alcaldía abrió un procedimiento para determinar responsabilidades administrativas; en tanto, la ASF se percató de la emisión de 5 contratos que amparan la compra de 2 camionetas, 1 auto, 1 motocicleta y equipo diverso por 38.6 millones de pesos, cuyos proveedores no aparecen en el Registro Único de Proveedores y Contratistas de la Secretaría de la Función Pública (SFP).

Cachan a municipales “ordeñando” patrulla

Elementos de la Policía Municipal capitalina a cargo de la patrulla 4150, fueron captados a las afueras de un domicilio particular de la colonia Hogares Populares Pavón, en el municipio de Soledad de Graciano Sánchez; fuera de su jurisdicción, ordeñaban el combustible de la misma a las afueras de un domicilio particular, según confirmaría más tarde, el propio director de la corporación, Edgar Jiménez Arcadia.

Frente al hecho, se limitó a señalar que los elementos implicados están bajo un proceso de investigación, pues se abrió una carpeta en Asuntos Internos y en la Fiscalía General del Estado.

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Ciudad

La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte

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Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina

«No nos une el amor sino el espanto;

será por eso que la quiero tanto.»

Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)

Por: Jorge Saldaña.

Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.

Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.

El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior-  al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.

El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.

De los apodos a los apellidos

En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.

Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.

Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.

Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».

La cuadra como unidad onomástica

Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.

La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.

«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»

Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)

Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.

Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.

Las cuatro fechas bisagra

La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:

  1. 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
  2. 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
  3. 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
  4. 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.

Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.

La memoria popular como capa subterránea

Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.

Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.

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Ayuntamiento de SLP

Senadora Verónica Rodríguez destaca avances en seguridad en San Luis Capital

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La senadora por Acción Nacional reconoce que la mejora en la percepción ciudadana es resultado de la estrategia del alcalde Galindo y del trabajo policial

Por: Redacción

La senadora Verónica Rodríguez Hernández destacó los avances en seguridad en San Luis capital, luego de los resultados dados a conocer por el INEGI, los cuales reflejan una mejora en la percepción ciudadana y consolidan la estrategia encabezada por el alcalde Enrique Galindo Ceballos.

Tras la presentación de estas cifras, la legisladora subrayó que los resultados tienen sustento en la voz directa de la población: “La ciudad había pedido esto a gritos; hoy que tenemos un buen resultado, después de cinco años de gobernar del alcalde Enrique Galindo, lo agradecemos por que además sabemos que este trabajo va a continuar”, afirmó.

Rodríguez Hernández expresó su orgullo por los avances alcanzados y reconoció que la estrategia de seguridad municipal ha generado condiciones para que la ciudadanía perciba mayor tranquilidad en su entorno cotidiano.

Asimismo, la senadora resaltó el papel del cuerpo policial y de los distintos actores involucrados en la implementación de esta política pública, al señalar que el trabajo coordinado ha superado expectativas y ha fortalecido la confianza de la población en San Luis capital.

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Ayuntamiento de SLP

Gobierno Municipal de Enrique Galindo, segundo más eficaz del país: INEGI

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El Alcalde Enrique Galindo Ceballos destacó que, según la ENSU del Inegi, el Gobierno de la Capital se posiciona como el segundo Ayuntamiento más eficiente entre capitales, primer lugar en alumbrado público, con mejoras en servicios, entorno urbano y paz social.

Por: Redacción

El Alcalde Enrique Galindo Ceballos informó que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU) del Inegi, el Gobierno Municipal de San Luis Capital se consolida como el segundo Ayuntamiento mejor evaluado del país en eficacia, gracias a la calidad de los servicios y condiciones de convivencia.

La capital potosina ocupa el segundo lugar en eficacia entre ciudades capitales, además de posicionarse en primer lugar en alumbrado público y en tercer lugar en el mantenimiento de parques, jardines y espacios públicos, indicadores que reflejan el impacto de las acciones municipales.

Galindo Ceballos señaló que la percepción de eficacia del gobierno creció 10.3 por ciento respecto al trimestre anterior, como resultado de las políticas públicas enfocadas en mejorar el entorno urbano y la calidad de vida.

Finalmente, el presidente municipal subrayó que estos resultados también se reflejan en la paz social, con una mejora en el orden urbano, evidenciada por la reducción en hechos de vandalismo e incivilidades, así como en la disminución del consumo de alcohol en vía pública, que alcanzó su nivel más bajo desde que se tiene registro.

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