#4 Tiempos
Una historia de derechos humanos | Columna de León García Lam
VOLUTA
Se acerca diciembre, mes en el que evaluamos cuánto de lo propuesto se cumplió. Yo me propuse desde hace meses narrar una historia de lo más sorprendente que me pasó en este 2022.
Comienzo esta narración reconociéndome una capacidad perfeccionada de estar cerca de las situaciones más insospechadas, en vez de verlo como un defecto (una persona bien poco agradable un día me lo reprochó: “León, ¿por qué siempre, siempre te metes en líos?) lo veo con optimismo y poca humildad, como una de mis virtudes más presumibles. Faltaba más: por eso soy antropólogo, documento y registro situaciones sociales y entre más extrañas y peligrosas, mejor.
Sucedió pues de que estaba yo en la Central Camionera de Morelia, el mero Domingo de Pascua, último día de vacaciones de Semana Santa. Sí, el peor día para tomar un autobús de vuelta a casa, al San Luis de las Tunas. Filas y filas de gente desesperada en todas las líneas. Era la época en que el COVID todavía asustaba y las multitudes intentaban guardar infructuosamente su distancia, con su cubrebocas y poniéndose gel en las manos.
En el mostrador de ETN estaban 2 señoritas atendiendo a los pasajeros. Frente al mostrador, en el piso, estaban pegados unos círculos rojos que indicaban el lugar en que cada cliente debía ubicarse. Sin embargo, solo había una fila con 12 personas formadas y el resto de círculos rojos ahí solitos. Pensé en formarme en una fila vacía y ahorrarme unos 20 minutos, pero me pareció extraña la situación y mejor le pregunté a la última persona formada:
- Disculpe ¿esta es la fila para comprar boletos…?
La señora me miró pensando en lo tonto de la pregunta (“no, es la fila para comprar filetes de pescado”), me respondió un lacónico “sí” y me formé, como el ciudadano obediente y decente que soy. Luego de mí, llegaron otras y otros que hacían la misma pregunta tonta al último formado. Entonces sucedió: un hombre en short y con playera de quien acaba de llegar de la playa observa una fila enorme de 15 personas y toma la decisión de pararse en el primer círculo rojo abandonado.
Tiene razón, pensé. Ahí están las marcas, que claramente tienen el letrero pintado “párese aquí” y espere su turno, pero mi experiencia me hace saber que, aunque una institución ponga reglas, la mejor manera de meterse en problemas es seguir esas reglas, siempre hay que esperar a ver qué pasa. Efectivamente sucedió: cuando el hombre quiso pasar, la señorita le dijo: fórmese en la fila y él respondió, “yo me formé en donde la empresa puso las marcas de las filas”. La señorita se molestó y le ordenó al señor que se formara en la fila de ya 20 personas que veíamos la situación. Como el hombre no se quiso mover de ahí hasta ser atendido, la señorita 2 llamó a la otra señorita 1 para explicar entre las dos que, aunque la empresa puso esas marcas en el piso, no había que hacerles caso: es una trampa para ver quién cae. Luego, llamaron al gerente de ETN, quién creyó que si ponía su semblante más amargado y gritaba iba a poner en su lugar al cliente que estaba cada vez más ofendido.
Aquí es donde intervengo yo: me salgo de la fila y voy y le digo al gerente: “El señor tiene razón, ustedes pusieron esas marcas, yo mismo me hubiera formado, pero se trata de una cuestión cultural, claramente él es extranjero y no tiene por qué saber que en México hay que preguntar en la cola de las filas, por favor atiéndalo ya y ayude a que la fila avance”. Lo más sorprendente del caso fue que el hombre me contradijo hablando un español perfecto: “No, no se trata de una cuestión cultural, sino de educación y de orden, que la empresa respete sus propias reglas”. Wuao.
¿Cómo supe que era extranjero? Por un detalle que he omitido intencionalmente: el hombre era negro y aquí entró un prejuicio mío, supuse que era extranjero por su piel y que era turista por su atuendo.
Mientras el gerente de ETN gritaba y manoteaba, el señor se recargaba en el mostrador desafiante y tranquilo a la vez. Una señora mayor y de tez blanca se formó en una de las filas vacías e inmediatamente fue llamada al mostrador. Entonces sí, el señor reclamó y argumentó que se trataba de un caso de evidente discriminación racial, a él lo formaban y a la señora la dejaban pasar. El gerente no pudo más y llamó a la policía. Entonces saqué el celular y me puse a grabar, porque pensé que se iban a llevar al señor detenido por formarse en una fila de trampa.
Arribaron corriendo las fuerzas de la policía privada que cuida la Central Camionera (en estos casos, la policía llega bien rápido). El jefe y tres de ellos se fueron contra el señor y otro contra mí por estar grabando. Aquí entran discusiones del tipo “¿qué estás grabando?” “Lo que me da la gana, señor”, “no puedes grabar aquí” “¿por qué no?”, “lo dice el reglamento”, “tráigame el reglamento”. Etc. Hubo un momento de máxima tensión cuando los policías intentaron llevar el conflicto a un terreno físico.
Entonces ocurrió algo muy extraño. Los policías poco a poco se empezaron a retirar y solo quedó el jefe que le ordenó al último guardián del orden que me dejara en paz. Yo estaba a un turno para llegar al mostrador a comprar mis boletos, pero seguí grabando.
El hombre ofendido le reprochaba al jefe policía, dónde estaba su placa y le recordaba todos los artículos del reglamento que estaba incumpliendo. Le pidió ciertos papeles que el policía también incumplió y le advirtió: “tú vas a escribir tu informe y ahí vas a poner que incumpliste este procedimiento, y este y esto más y si no lo pones, yo me voy a encargar de que además seas sancionado por ocultar información, esto que hiciste es muy grave”. El policía se iba haciendo chiquito, chiquito, chiquito. El gerente de ETN desapareció de la escena y la señorita 1 atendió al hombre y le despachó sus boletos.
La señora mayor seguía ahí esperando. ¡Iba en compañía del hombre!
Pero la historia aun no acaba, viene lo mejor.
El señor me pidió mi teléfono para compartir los videos, pues estaba decidido a denunciar formalmente a la empresa ETN y a los policías. Me dijo: “Esto no puede seguir pasando en este país” y nos despedimos. Minutos más tarde, mientras comía una torta deliciosa en un lugar privilegiado (y casi secreto) de la central camionera me llegó un whatsapp de mi nuevo amigo. En su foto aparecía él, de traje, sentado en un escritorio, junto a las banderas de México, de la Comisión Internacional de Derechos Humanos y de la ONU. Lo busqué y resultó que se trataba de un alto comisionado que asesora al Gobierno de Michoacán en este tema de los derechos humanos. ¡ja!
Hace unas semanas recibí un mensaje de él. Me relataba que su denuncia fructificó: la empresa ETN debe solicitar disculpas públicas y desarrollar talleres y cursos para preparar a su personal en Derechos Humanos y evitar a toda costa actos de discriminación. Yo añado: No estaría mal también una asesoría en manejo de las filas de clientes.
Estimadas y cultas lectoras de La Orquesta: este es el mensaje para las empresas y gerentes discriminadores: Nunca saben cuándo están en la mira.
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#4 Tiempos
Gabriel Macías un periodista y político potosino en los albores del siglo XX | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Uno de los primeros periódicos que tuvo San Luis Potosí en los últimos años de la lucha armada en la revolución mexicana, fue el periódico Acción, un periódico para los hombres de acción, como rezaba su lema que fue creado por su director y propietario Gabriel Macías que iniciaba actividades en 1919 y permanecería un par de décadas informando a la sociedad potosina.
Gabriel Macías, periodista y político potosino fundó el periódico Acción y posteriormente la Revista Universal. Jugó un importante papel en la vida social potosina, pues impulsó la candidatura al gobierno de San Luis Potosí de Rafael Nieto Compeán que pasaría a la historia como un reformador de los derechos humanos al proponer la autonomía universitaria y el derecho al voto femenino, entre otras iniciativas de trascendencia.
Gabriel Macías participaría en estas iniciativas al ser diputado del congreso potosino en la XXVII Legislatura del Congreso del Estado de San Luis Potosí, legislando de septiembre de 1921 a septiembre de 1923. Esta legislatura, compuesta por 16 diputados, le tocaría debatir las iniciativas de autonomía universitaria y derecho al voto femenino, siendo ambas aprobadas, en primera instancia, aunque sufrirían obstáculos en su aplicación.
La XXVII legislatura estuvo integrada por: José D. Cervantes, Miguel Compeán, Santiago Rincón Gallardo, Herminio Y. Carreño, Gonzalo N. Santos, Tomás Estrada, Valentín Narváez, Pío Mendoza, José Santos Alonso, Alfredo E. Garza, José Fraga, Lorenzo Nieto, Lamberto Rocha, Manuel Rodríguez Martínez, Crescencio Rivera y Gabriel Macías.
Rafael Nieto fungía como Subsecretario de hacienda en 1919 y aceptaba la candidatura que era apoyada por varios políticos potosinos, entre ellos, Gabriel Macías y los partidos políticos Liberal Obrero, Liberal Reformista y el Reformista Independiente. Para el año de la publicación de la Revista Universal Gabriel Macías había dejado de ser diputado, aunque participaba en la vida política potosina. Creaba así la que puede considerarse la primera revista de divulgación del conocimiento donde cabían las disciplinas científicas y técnicas junto con las de carácter cultural, de interés social que reflejaba la vida cotidiana de principios del siglo XX a nivel mundial, con cierto énfasis en la norteamericana, al participar en los artículos de fondo periodistas estadounidenses.
El periódico Acción que iniciara actividades en 1919, se enfocó en vida política de Rafael Nieto apoyando su candidatura y su gestión, una vez que llegara a la gobernatura del estado, no sin conflictos electorales, pues llegó San Luis Potosí a tener dos gobernadores en funciones, hasta el día de su muerte en el extranjero mientras fungía representaciones diplomáticas. Del mismo modo, las páginas de Acción se vieron enriquecidas con extensos artículos políticos escritos por Rafael Nieto, donde desplegaba sus trabajos como estadista.
Mayores detalles sobre la orientación de La Revista Universal que aparecía como encarte en el periódico Acción, pueden consultar mi artículo: La Revista Universal, primera revista cultural y de corte científico en San Luis Potosí, en:
El periódico Acción, además de ser el medio de comunicación principal a inicios de la década de los veinte en San Luis Potosí, incorporó encartes a color por primera vez en la entidad, tanto en La Revista Universal, como en una sección cómica.
La novedosa característica de la revista fue la portada ilustrada a color, y en algunas partes de los interiores. Como publicación periódica vendría siendo la primera que aparecía con impresión a color en San Luis Potosí. Meses antes de su aparición, el periódico Acción sacaba a la luz otro suplemento dominical completamente a color, que denominaba como “sección cómica”, de al menos cuatro páginas, popularmente conocido como “monitos”. No sabemos si la infraestructura para impresión a color estaba en San Luis Potosí o era impresa en otro lugar. Revista Universal era de aparición semanal y se publicó al menos durante el año de 1925.
También lee: Gonzalo Celorio, su relación con San Luis Potosí | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
Tiranos y los relatos que se creen | Apuntes de Jorge Saldaña
Apuntes
Es un tirano, un loco, un dictador, un líder nocivo, un extremista peligroso.
Estoy hablando, Culto Público de Donald Trump, y estoy hablando también de Nicolás Maduro.
La diferencia no es moral. Es logística.
Le recomiendo leerlos bien, porque ambos encajan en los mismos adjetivos, la diferencia es que solo uno tiene portaaviones, agencias globales, jueces extraterritoriales y la vieja costumbre de decidir qué presidentes latinoamericanos sobran.
La de antier, con una gran diferencia.
La incursión de Estados Unidos en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro no fue justicia. Fue injerencia.
Violó el derecho internacional, la Carta de la ONU y cualquier idea mínima de soberanía. Y no ocurrió por accidente ni por nobleza: ocurrió porque Washington puede.
Aquí conviene desmontar la mentira central.
Estados Unidos ya no interviene por ideologías. No le importa el comunismo. No le interesa la izquierda. No le quita el sueño la democracia.
Interviene bajo una etiqueta mucho más rentable y flexible: narcoterrorismo, y eso, marca una nueva ruta en la historia de la intervención Yanki que se estrenó este 2026 en el siglo XXI.
Ese concepto es el comodín perfecto: mezcla crimen, miedo, drogas y guerra. Sirve para todo. No necesita pruebas concluyentes, solo enemigos útiles. Y permite lo que antes se hacía en nombre del “anticomunismo”, ahora con traje legal y discurso de seguridad.
Nada hay de romántico en esta historia. Trump no piensa en los venezolanos. No le importan sus libertades. No le duele su miseria.
Le importa el capital. El petróleo. El control. Y demostrar que los tratados internacionales son papel mojado cuando estorban al negocio.
Venezuela no es una cruzada moral: es una reserva energética con presidente incómodo. Y esto tampoco es nuevo.
Cuba fue castigada no por dictadura, sino por desobedecer. Chile no cayó por autoritarismo, sino por atreverse a ganar elecciones. Nicaragua fue desgastada hasta pudrirse. Bolivia fue presionada hasta desfondarse. Brasil fue erosionado desde dentro. México es presionado sin necesidad de golpes.
El patrón es claro: la intervención no corrige, administra, no salva pueblos: reordena intereses.
Maduro, por supuesto, no es inocente, empobreció a su país, aplastó libertades y gobernó a fuerza de aparato.
Pero seamos adultos: el mayor mercado del narcotráfico no está en Caracas, está en Estados Unidos. (La mayoría de los venezolanos no tienen para un pan y sobreviven con 5 dólares a la semana, mucho menos tendrán para un “pase”).
El dinero pues, ni la droga, se quedan en Venezuela; viajan al norte. Pensar que la DEA y la CIA son espectadoras ingenuas es una broma histórica.
Aquí está el punto más incómodo —y más verdadero—:
Trump y Maduro se parecen más de lo que admiten:
Ambos se creen su propio relato. Ambos confunden poder con razón. Ambos creen que la realidad debe acomodarse a su discurso, no al revés.
Maduro se cree la resistencia. Trump se cree el sheriff del mundo.
Y cuando un imperio decide que puede capturar presidentes latinoamericanos sin consecuencias, el problema deja de ser Maduro.
Es el precedente. Es el mensaje. Es la advertencia.
Hoy fue Venezuela. Mañana será cualquiera que no obedezca.
Y no, no hay nada que celebrar. Ni para los venezolanos. Ni para América Latina. Ni para nadie que todavía crea que el derecho internacional sirve para algo más que decorar discursos.
A la gris y desdibujada Europa se la dividen Rusia, China y Estados Unidos (con su intervención a través de Palestina en contra de Irán por la misma razón que lo hace en Venezuela: petróleo)
En el continente americano, Trump juega a comerse el pastel él solo, con bravuconadas, aranceles, amenazas y ya vimos, con su propio relato y con su propia ley.
¿Quién es más tirano? Y más importante: ¿Quién es más sumiso? ¿El que reclama al tirano o el que le aplaude sus tiranías? (Acuérdense que los dos lo son)
BEMOLES.
Gracias y Ánimo Tocayo.
Muchos enviamos y recibimos buenos deseos estas fiestas que pasaron. En todos ellos se desea principalmente salud, no obstante hay quien aprovecha (o ignora) de verdad esos asuntos tan delicados, y pasados apenas unos días de los “buenos deseos”, regresa la mezquindad y el aprovechamiento de lo que sea, hasta lo más bajo, para sacar raja política. Que pena.
Desde este humilde espacio, agradezco las atenciones de mi tocayo, Jorge Daniel Hernández Delgadillo, hoy ex titular del Interapas. En otras administraciones no coincidimos, en otras sí, pero lo que nos mantiene en comunicación no son los sexenios sino la amistad.
Como todo un profesional, Hernández Delgadillo cumplió con su encomienda hasta que vio cristalizada la gestión con el legislativo para el ajuste inflacionario de las tarifas del agua así como la autorización de los descuentos, lo que le dará un alivio al organismo en materia de ingresos y de recuperación de cartera vencida, dos temas que mucha falta le hacían al Interapas del que llevó las riendas. (Ánimo tocayo)
¿Y el relevo?
Es muy fácil criticar (y divertido, lo admito) pero, ¿hay algún valiente que le quiera entrar a dirigir el Interapas? Por lo poco que sé, se prevé que por algún tiempo el organismo estará en manos de un encargado de despacho, entre tanto se busque un perfil, técnicamente preparado y administrativamente hábil para lo que viene, que es una posible y seguramente muy tormentosa desincorporación de Soledad y de Pozos del organismo.
El asunto es más fácil decirlo que hacerlo, pero en fin. Además de los actos administrativos que los cambios implican, el tema implica correr una cortesía política para el Palacio de Gobierno, y es que eso es hacer política, lo que les ha dado buenos resultados en las últimas fechas tanto al gobernador Gallardo como al alcalde capitalino, Galindo.
Llevando la fiesta en paz (en lo posible) hay proyectos de inversión en infraestructura para la capital por más de 800 millones de pesos, buena comunicación y un “desarme bilateral” de la guerra sucia (que ya era mucha). Además, será un buen año para las finanzas de los capitalinos, pues se esperan más de mil 300 mdp de recaudación solo del impuesto predial para este año.
De regreso al asunto técnico- administrativo de la gestión del agua, hay que saber que la mayoría de los pozos que surten a Soledad están en territorio potosino, pero las plantas tratadoras están del otro lado… el rompecabezas es como de 30 mil piezas, en tres pisos y en cuarta dimensión.
Además, las implicaciones, cortes, cobros y reclamos entre que las cosas se acomodan, van a resultar más incómodos que la enfermedad, más en un año preelectoral, pero pues ya veremos qué iguana traga más pinole y de qué lado (¿o cómo era?)
Corresponsal
El asunto de Venezuela no es menor, es histórico, es un parteaguas y es un episodio para nuestra generación. En La Orquesta no queremos perder detalle y es por eso que a partir de hoy contaremos con la colaboración de Nicole Remesar, periodista venezolana que hará de nuestra corresponsal mientras sabemos si logísticamente es posible trasladarnos para allá (¿Sabían que no hay vuelos?)
Mientras tanto les seguiremos informando.
Hasta la próxima.
Yo soy Jorge Saldaña.
También lee: “Yo no olvido al año viejo”
#4 Tiempos
Candil de la calle | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Yo estaba sinceramente emocionado. ¡Cómo! ¿Aún había hombres así? ¡Qué educación, qué maneras! Cuando una señorita, por ejemplo, pasaba frente a él, el hombre casi se desbarataba a fuerza de las inclinaciones, genuflexiones y contorsiones que le hacía. «Pase, pase usted, señorita» –suplicaba quitándose el sombrero y ejecutando con él extraños movimientos de alabanza-. «¿Quitándose el sombrero? –se preguntará, tal vez, algún lector-. ¡Pero si ya nadie usa sombreros!». Pues bien, sí, este hombre usaba uno para poder hacer con él justamente lo que ya hemos dicho. «De ninguna manera, señorita. Después de usted».
Y cuando un individuo de alguna importancia hacía su aparición en uno de los corredores del piso en el que trabajaba, ¡cómo corría a atenderlo y a llenarlo de empalagos! «Señoría, por acá. Permítame, si no se ofende, mostrarle el camino». Nosotros nos reíamos a sus espaldas oyéndolo decir palabras tan desusadas, pero él parecía no darse cuenta de nuestros bisbiseos, ni hacía el menor caso de nuestras burlas.
Quizá este detalle sirva para explicar cómo era, a fin de cuentas, este sujeto del que hablo. Una vez vino a nuestra oficina un modesto policía para pedir no sé qué merced, o a dejar un oficio dirigido a alguien de nuestro personal; y, claro está, quien literalmente voló para ir a recibirlo fue nuestro amigo. Nos llamó la atención el hecho de que no se dirigiera al recién llegado llamándolo «oficial», o algo por el estilo. ¿Adivina usted cómo lo llamaba? Lo llamaba «teniente».
-Sí, teniente –le decía-. Yo entregaré con mucho gusto este oficio a la persona que usted busca pero que ahora no está.
En otro momento de la conversación lo llamó «general». «Sí, mi general, así es».
Todos nos reímos, menos él; y cuando nos acercamos para preguntarle –el visitante ya se había ido- por qué daba semejantes tratamientos a un simple oficial o mandadero uniformado, nos respondió de esta manera:
-Yo no sé nada de graduaciones policíacas ni de jerarquías militares, y como nada de esto sé, prefiero darle un tratamiento mayor que uno menor: así no me equivoco y, sobre todo, no lo ofendo.
¡Con aquella explicación nos cerró la boca a todos! Y yo hubiera admirado toda mi vida a este dechado de bondad si no me hubiese enterado después de ciertas cosas referentes a su misteriosa persona. ¿Cómo cuáles? Como que ese mismo sombrero que se quitaba en la oficina para homenajear a los extraños le servía después en su casa como arma mortal. ¡Cómo aporreaba con él a su señora esposa! El buen vino de este hombre, tan pronto como llegaba a su hogar, se trocaba en áspero vinagre. Con los hijos de los extraños era tierno y encantador –«¿Quién quiere a este niño lindo, quién lo quiere?»-, pero con los suyos era un verdugo y un tirano. Bueno, de tal manera esto era así, que tan pronto como aparecía en el marco de la puerta de la casa, su familia no sabía si echarse a correr o ponerse a temblar. ¿Me creerá usted si le digo que una noche hasta puso un pedazo de cinta adhesiva en la boca de su mujer para sellársela porque, según él, no lo dejaba ver a gusto el noticiero de la noche? Ahora bien, si con todos era este hombre dulce y abnegado, ¿por qué no lo era igualmente con los suyos? ¡Vaya usted a saber! En todo caso, no seré yo quien se atreva a preguntárselo.
Desde entonces –quiero decir, desde que conocí a este sujeto- he aprendido a desconfiar de la gente demasiado amable. ¡Quién sabe si por serlo conmigo hasta este extremo, otro sea el que tenga que pagar los platos rotos, pues con alguien necesariamente tendrá que desahogarse! Entiéndaseme bien: me gusta que la gente sea servicial y solícita, pero cuando alguna vez veo que se enoja tampoco monto un drama. De lo que desconfío es de ese siempre que me sumerge en un mar de dudas…
Cuando Jesús habló en uno de sus discursos de que los cristianos teníamos que ser «luz del mundo» (Mateo 5, 13-16) dijo que no teníamos derecho a ocultar nuestro resplandor debajo de una olla, pues era necesario iluminar «a todos los de la casa». ¡Sí, también a los de la casa! No dijo que sólo a ellos, pero dijo que también a ellos.
«¡No te olvides de los tuyos!»: he aquí una máxima que no habría que olvidar. Una vez tuve un patrón que era, con los que le solicitaban algún favor, generoso, caritativo y magnánimo; no así con los que trabajaban para él, que no tenían derecho a pedirle nada. Una vez le supliqué casi de rodillas que me adelantara una quincena de mi sueldo, pues tenía que pagar urgentemente una deuda. «Ni lo pienses», me respondió. «¡Pero si con todos es usted muy liberal! –exclamé-. A los extraños incluso les regala cosas; yo no le pido que me regale nada, sino únicamente que»…
-No, y no. ¿Tienes amigos? Pues bien, para estas emergencias son.
Recordé entonces las palabras que Fray Antonio de Guevara (1475-1545) escribió en su Menosprecio de corte y alabanza de aldea, palabras que ahora transcribo aquí para aviso de los que en este mundo dirigen y mandan: «No condeno, sino antes alabo, que los señores partan con todos, socorran a todos y den a todos, pues tienen para todos; mas también es justo que entre estos todos también entren sus criados, porque los príncipes y grandes señores son servidos, mas no son amados por los salarios que dan, sino por las mercedes que hacen; cuando los señores dan a los extraños y no dan a los suyos, téngase por dicho que no sólo murmurarán de él los que le vieren dar, mas aún los acusarán de lo que les vieren hacer; porque no hay en el mundo tan cruel enemigo como es que criado que anda descontento».
¿Quiere usted, señor, que su esposa termine odiándolo? Es muy sencillo: sea amable con todos, menos con ella. ¿Quiere usted, patrón, que sus empleados y obreros no sueñen más que con encontrar otro trabajo? Ah, entonces haga lo que hizo el mío. ¡Verá usted cómo lo consigue!
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