mayo 20, 2022

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#4 Tiempos

Un pueblo ignorante que apoya a un golpista | Columna de Enrique Domínguez

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Cuentas claras

 

Cuando el gobierno de México se apega a la ley y la hace cumplir, impera el juicio y el fascismo por parte de los medios para desvirtuar y sacar de contexto cualquier acción emprendida, cito el ejemplo de la posición de México ante la situación que Venezuela vive en estos momentos, es por demás saber entender que la señalización a Nicolás Maduro ha sido infernal, sobrevivir en un bloqueo por parte de Estados Unidos no es cosa fácil, las carencias y desabasto es consecuencia de ello, no se necesita ser sabio que la ahora intervención y reconocimiento de Juan Gerardo Guaidó Márquez como Presidente de Venezuela es un acto por demás irresponsable y generador de encono y a la postre de violencia.

El petróleo de una nación que se adueña del primer lugar en las reservas probadas de petróleo (rebasando por mucho a los países árabes) es un jugoso botín para la nación que lidera las intervenciones.

Reconocer a Guaidó, es reconocer a un golpista, a un representante de la extrema derecha, al igual que Trump y Bolsonaro, nada halagador resultará el futuro para Venezuela pues teniendo a un títere, sin problema seguirá los pasos entreguistas de gobiernos pasados que tanto daño han hecho a nuestro país, en este caso, la privatización será esa vertiente que impulsará a una nación petrolera someterse a los deseos de Estados Unidos.

Triste es ver que la turba ignorante apoye a ultranza una vejación a los principios democráticos de Venezuela. A pesar de los errores de Maduro, que obviamente ha cometido, es necesario centrar las bases para un arreglo pacífico y de común acuerdo para el bienestar de Venezuela.

Tampoco hay que olvidar que el proceso de votación de esta nación es uno de los más certeros y seguros del mundo, así corroborado por el expresidente de Estados Unidos, Jimmy Carter.

La satanización, el meme “acéfalo” y estúpido de quién no dice ser representado por el gobierno de México es completamente ajeno a la historia de nuestro país, basta recordar el artículo 89 Fracción X que habla de: La autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los estados: la cooperación internacional para el desarrollo; la lucha por la paz y la seguridad internacionales; la promoción y protección de los derechos humanos y de los valores democráticos.

Existen detractores del nuevo gobierno en que la queja insulza, la vaguedad y la crítica se mantiene como una constante para ahondar más en el encono y adhieren esta responsabilidad al gobierno. Tal es el caso de Fernando Belaunzarán Méndez (ex-candidato perdedor a diputado Federal por el PRD) quien desde temprano y por consigna mantiene el golpeteo en cada oportunidad, diciendo barbaridades y calificando a la Doctrina Estrada como algo caduco, inverosímil dicha afirmación, pues en todo caso desecharía toda acción emprendida por México, que, en muchos años se mantuvo como líder haciendo énfasis a ese artículo 89 cuyo tema central es la no intervención y la autodeterminación de los pueblos.

Sostengo y afirmo que deseo lo mejor para la hermana República Bolivariana de Venezuela, haciendo votos por una solución pacífica al problema que enfrentan ahora, no sin recordar que un gobierno conservador terminará por entregar ese recurso aún necesario como el petróleo a intereses oscuros de unos pocos y privilegiados ladrones de la soberanía.

También lea: Falta de memoria, soberbia, y corrupción | Columna de Enrique Domínguez

#4 Tiempos

Hijos de mi brújula desatinada | Apuntes de viernes de Jorge Saldaña

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APUNTES

 

Amigos del “no soy de aquí ni soy de allá”, hijos de mi falta de edad y porvenir: en este viernes de apuntes hago pública y extensiva mi invitación a la mudanza, al éxodo masivo e inmediato con rumbo al altiplano potosino.

Sí señores, allá en Cedral, en Vanegas, en Villa de la Paz, en Real de Catorce y otros municipios de la zona, puede uno encontrar todo el tiempo para ver las estrellas, allá se puede vivir con tranquilidad, en paz, se pueden dejar las puertas y ventanas abiertas, rondar sin angustias por sus calles y callejuelas, allá simple y sencillamente no hay inseguridad al grado que no hay ni necesidad de policías.

Nuestro altiplano es una utopía, un paraíso, un mar en calma. Y es que de acuerdo a sus presidentes municipales y sus jefes de seguridad, la vida allá es ligera y absolutamente segura, un oasis libre de delincuencia, de levantones, de balaceras, de grupos criminales, de secuestros, de drogas y hasta de migrantes. Todo está en paz.

Allá de vez en cuando alguien choca su auto y se arregla amistosamente con la contraparte. Muy pocas veces se comete alguna falta administrativa menor y algún sábado muy esporádico, se detiene a algún borrachín sin mayores aspavientos.

Ante semejante maravilla de información, le confieso Culto Público que yo mismo había preparado ya mis maletas cual Lupita Dalessio en Mudanzas y mi mayor dilema era escoger qué municipio, de entre los mencionados, escoger para continuar desde allá mi vida dispuesto a disfrutar de un alto cielo azul.

“Pero la de malas se nos vino” hijos de mis “nada me sale bien”. Ayer jueves en la mesa de seguridad que se llevó a cabo en Matehuala, mis esperanzas se rompieron como pantalla de celular contra una dura banqueta.

Mis ilusiones quedaron hechas pedazos cuando el general de la 12ª Zona Militar, Crisóforo Martínez Parra, intervino para exhibir la cantidad de mentiras y omisiones de los rabones reportes de incidencia que los alcaldes y jefes policiacos “altiplanenses” presentaron en la mesa de seguridad.

Gracias solo a Dios Misericordioso yo no estuve presente, pero tuve la oportunidad de conocer de primera mano la tremenda, altisonante, merecida y manoteada regañada marca diablo que el general les puso a los bribones presidentes municipales y sus jefes policiacos que se quisieron pasar de listos.

“Si aquí no pasa nada, entonces ¿qué hacemos aquí?”, les dijo Martínez Parra con sarcasmo militar (que es más castrense que el sarcasmo regular).

La exhibida fue memorable, a cada municipio les sacó sus trapitos al sol y de tantos, los dejó chiquitos y encuerados.

El general de la 12ª Zona enumeró las acciones que el ejercito y el gobierno del estado han llevado a cabo en cada municipio y se contaron detenciones de objetivos importantes, desarticulación de células criminales, decomisos de drogas de todos los tipos, ubicación y desmantelamiento de talleres de “blindaje” clandestinos y otra media docena de intervenciones que “misteriosamente” no estaban apuntadas en los reportes municipales.

Del amable “o nos dejamos de hacer tontos (no estoy seguro si usó esa palabra o la otra que es mi favorita) o no vamos a llegar a ningún lado”, les dijo.

No pues toma chango tu banana, los presidentes ya no sabían ni qué decir y sus policías pues menos.

¿A quién protegen y por qué se callan las autoridades de esa zona respecto a la realidad de la inseguridad de sus municipios? Esa pregunta está re fácil.

Lo difícil será que a partir de ahora los alcaldes entren en cintura y valga la pena la descobijada que les dio el general del ejercito.

Como datos adicionales a la realidad del altiplano: Real de 14 solo tiene una patrulla y 30 elementos policíacos. En Cedral no hay más de una docena de policías y ninguno, pero ninguno, tiene siquiera permiso para portar armas porque no están acreditados dentro de las licencias colectivas, ya de las pruebas de control y confianza mejor ni hablamos.

Entonces, sabiendo la verdad, a los que son de aquí mejor aquí quédense y a los que son de allá exijan a sus autoridades no ser tan mentirosas e invertirle dinero y estrategia al tema de la seguridad.

En otros asuntos, amigos de los caminos del sur, hijos de mi “vámonos para Guerrero porque le falta un lucero” les comparto que San Luis Potosí no asistirá al tianguis turístico de Acapulco y será el único estado de todo el país que estará ausente.

El costo-beneficio, de acuerdo a lo que pude platicar con la titular de turismo, Paty Veliz, hizo inviable la participación potosina y en este momento, me dijo, se tienen otras prioridades.

Ni modo, no habrá venta de destinos ni acuerdos con operadoras para SLP en esta ocasión. Los casi 2 millones de pesos que hubiera costado el piso y montaje del stand allá cerca de las playas de Caleta y Caletilla, parecieron excesivos al presupuesto estatal y se usarán en otras causas turísticas de mayor beneficio para el estado.

Por cierto: ¿Cuánto costaría el evento “Mexicana Universal” operado por la Secretaría de Cultura y cuántos beneficios atraería a la entidad? Nada más es una duda.

En fin, no todo son malas noticias, para el próximo 24 de mayo se tienen altas expectativas para que SLP sea premiado en varias categorías en el certamen “México Desconocido”, ojalá nos vaya bien porque en materia de turismo nos hace falta un lucero, y ese lucero eres tú.

Ya para rematar el tema, el ayuntamiento capitalino si acudirá al tianguis acapulqueño, ya tienen todo listo e igual y hasta un llaverito les traen de recuerdo a los de la secretaría estatal.

Por cierto los que hicieron ayer muy buenos acuerdos y recuerdos fueron los New Orange, los MC locales que estuvieron de manteles largos y recibieron a figuras nacionales como al muy joven encargado de la estrategia política nacional de ese partido y al titular nacional de las juventudes naranjas.

Tuvieron una jornada productiva, en la mañana hicieron reta de futbol con los jóvenes, al medio día tuvieron un “conversatorio” y por la tarde en el Teatro de la Paz entregaron un par de reconocimientos a dos profesionales de la salud que se distinguieron por su destacada labor en el combate al Covid.

Esperen… ¿En el Teatro de la Paz? Pues sí, efectivamente.

A la dupla Antonio de Rabinal Gamboa y Liz Torres, secretario de cultura de facto y secretaria de cultura de hecho, respectivamente, se les hizo de lo más generoso y políticamente correcto prestar el recinto de Villerías para un evento de un partido político.

Bendita ignorancia o maldito dolo, cualquiera de las dos reprobable.

¿No sabrán que prestar un recinto público a un partido político es un desvío de recursos?

¿Qué sigue? Seguramente la próxima asamblea de Conciencia Popular será en el Museo Francisco Cossio.

La próxima convención del PRI pues puede ser en el Teatro de la Ciudad.

Cuando el PAN así lo quiera, pues puede llevar a cabo su reunión de Consejo Político en la Cineteca o en Bellas Artes.

Al partido de Tecmoloco, pues seguro le prestan el Museo de la Máscara

Total, a la Secretaría de Cultura le importa un comino la legalidad.

Mañana seguramente sacarán de la manga un recibo y dirán que fue rentado pero créame, no fue así y aunque lo fuera… ¿Con qué criterios se están rentando los museos y espacios culturales? ¿Con qué tarifas? ¿Con qué tabulador?

Les digo que ni el peor ebrio de la peor cantina de la peor colonia, tomaría decisiones tan embriagadas de ignorancia como las que toman la dupla Rabi-Liz.

Así como van, esos no llegan al informe.

Hasta la próxima hijos de mi alma musical y disfruten su viernes.

Atentamente,

Jorge Saldaña.

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#4 Tiempos

Meditación sobre el infierno | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

¿Existe el infierno? Así lo cree el cristianismo. Pero, ¿cómo conciliar este lugar de tortura, esta eternidad de sufrimiento, con la existencia de un Dios apacible, bueno y misericordioso? ¿Pudo Dios haber creado un lugar de dolor infinito para castigo de sus hijos descarriados? La idea se nos antoja repugnante. Dios e infierno parecen ser términos que se oponen, que se rechazan entre sí.

Los teólogos más abiertos (por llamarlos de algún modo) dicen que el infierno es un mito de otro tiempo que nada tiene que ver con nuestra actual concepción de Dios; los menos abiertos, pero acaso más fieles a las enseñanzas de la tradición, se lanzan a hacer negociaciones con el dogma, diciendo:

-Bueno, es verdad que el infierno existe, pero acaso esté vacío. La Iglesia, que al canonizar reconoce la salvación de unos, nada se atreve a afirmar acerca de la condenación de otros: ni de Judas, el traidor, se ha atrevido a hacer la Santa Madre una condenación categórica. ¿Está Judas en el infierno? No lo sabemos…

Y, sí, tienen razón al decir esto último: nadie conoce la anchura y la profundidad del amor de Dios, pero, ¿habría que deducir por eso que el infierno está vacío?

A Dios gracias, ya pasaron los tiempos en que los predicadores se regodeaban describiendo las penas de los condenados, cual si les diera mucho gusto que estuvieran allí y sufrieran tanto; ya no insisten en hacernos oler la pestilencia de las aguas sulfurosas ni en obligarnos a escuchar, aunque sólo sea imaginariamente, el torrente brutal de sus blasfemias. Predicadores como el que aparece en el Ulises de James Joyce están ya, por fortuna, en franca decadencia, pero eso no quita que alguna vez, aunque sea en las grandes solemnidades de la vida,  se deban abordar estos asuntos.  Pero, ¿cómo?, ¿con qué palabras?

En efecto, las palabras Dios e infierno parecen contradecirse entre sí. Y, sin embargo, no por decir eso se resuelve el problema. ¿Qué ganamos con sólo enunciar la contradicción? Pero, pensemos: si el infierno no existe, entonces muchos crímenes horrendos quedarán sin castigar. Y si no hay castigo después de esta vida, ¿quién vengará a los mártires de la tierra? Este era el punto que más preocupaba a Max Horkheimer (1895-1973), un gran filósofo de nuestro tiempo, quien, aunque ateo, llegó a afirmar: «Hoy ya no podemos admitir que los seres vivientes que pululan en el universo tengan un alma inmortal y que, por lo mismo, después de su muerte, vayan a ser premiados y castigados por sus insignificantes acciones. Y sin embargo, pese a estas consideraciones, existe el profundo lamento de que no exista esa justicia de que hablan y siguen hablando la religión y la teología; en último análisis, esto es un motivo de tristeza. Todo hombre que lo sea verdaderamente no puede no sentir dolor al pensar que todos los horrores acaecidos en la tierra y que siguen acaeciendo aún hoy no hallen una compensación en eso que la religión llama eternidad».

Horkheimer no creía en la inmortalidad del alma; le parecía absurdo que ese animalito insignificante que es el hombre fuera a ser llamado a rendir cuentas tras su pequeña muerte. Y, sin embargo, que no fuera juzgado ni después ni nunca le parecía algo todavía mucho más absurdo. ¿Y las víctimas? ¿Y los asesinos? ¿Quién castigaría entonces a Hitler y a los demás? ¿Quién a los asesinos de todas las épocas y latitudes? ¿Los absolvería, pues, el olvido?

Para la teología católica, la existencia del infierno significa que Dios no es indiferente a lo bueno y a lo malo, que no le dan lo mismo las malas acciones que las buenas, pues si así fuera, ¿qué clase de Dios sería?

Cuando un delincuente se atreve a agredirnos (robándonos nuestro auto, por ejemplo, o secuestrándonos, o qué sé yo) nosotros esperamos, con toda razón, que la policía se ponga en movimiento y dé su merecido al malhechor; esperamos, para decirlo ya, que una instancia superior nos haga justicia. Pero si esta instancia se limita a cruzarse de brazos (porque está en complicidad con los bandidos, o por simple y pura incompetencia), ¿de qué respeto podría gozar entre los ciudadanos? Poco a poco la sociedad, minada por la impunidad, se vendría abajo.

Ahora bien, ¿qué diríamos de un Dios que, como muchas de nuestras policías latinoamericanas, tampoco hiciera nada? ¿No le faltaría algo a este Dios? Si al final de los tiempos abrazara a San Francisco de Asís con el mismo amor que al secuestrador más peligroso y que al narcotraficante más temido, ¿no diríamos que algo anda mal en la administración celestial de la justicia?

¿Y no es verdad, también, que cuando hemos sido ultrajados u ofendidos, con mucha frecuencia renunciamos a la venganza, diciendo: «Se lo dejo a Dios: que él dé a cada uno según sus obras»? Pero si Dios no venga ni castiga nada porque es sumamente misericordioso, ¿qué puedo entonces hacer yo?, ¿procurarme la justicia con mi propia mano?

El dilema no es nada sencillo: si, por un lado, digo que el infierno existe, me arriesgo a poner en entredicho la infinita misericordia de Dios; pero si digo que un espejismo, caigo en el peligro opuesto, es decir, convierto a Dios –como dirían los españoles- en un pasota moral.

Durante mucho tiempo –en mis años de estudiante de teología-, yo también llegué a pensar que acaso el infierno estaría vacío; disfrutaba hablando y oyendo hablar de la misericordia divina. Pero los años pasan y la vida le hace conocer a uno de cerca los meandros del corazón humano, sus abismos profundísimos. Y hoy, cuando he visto sufrir a muchos hombres y mujeres violencias y maldades indecibles e inimaginables, ya no estoy para nada seguro de que la misericordia y el amor se rechacen mutuamente, ni que la ternura excluya la justicia.

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#4 Tiempos

Milly | Un texto de Eduardo L. Marceleño García

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Cada cinco minutos Milly relee el correo que ha redactado. Lo revisa con cuidado, como si en ello se le fuera la vida entera y sujeta, aún con extrema tensión, el bolígrafo mordiscado entre los dedos que a su vez tamborilean en cada error que se presenta durante su exhaustiva lectura.

Con tristeza sabe que poco puede ayudarse. A qué negar que es despistada desde chica y aunque antes eso le era algo bueno, puesto que de vez en cuando la distracción suele ser una simpática característica a las primeras de conocer a alguien, hoy es un tormento estimulado por los días que la rutina ha convertido en monstruos idénticos.

Milly hace el esfuerzo sabiendo que el fracaso la ha acompañado gran parte de su vida. Por momentos desea con locura ser tan minuciosa como el demonio, meterse altas dosis de la concentración que no tiene y que busca, sin encontrarla, en la pantalla de luz blanca que de a poco le ha ido destruyendo sus preciosos ojos azules. En más de una ocasión había enviado el documento equivocado u olvidaba adjuntar el archivo que el Licenciado necesitaba con urgencia. Seguido derramaba el té sobre los papeles, se comía las uñas mirando el reloj, o se arrancaba el cabello frente a las grotescas miradas de sus compañeras. Por lo demás, el Licenciado es un completo idiota.

Cuando llegó a México Milly tenía 20 años y hablaba muy poco español. En Nueva York se hablan muchos idiomas diferentes y se dice que allí uno aprende a adaptarse de inmediato a esa vida que corre doscientas mil veces más rápido que en cualquier otro sitio en el mundo. Ahora, a sus 29, habla perfectamente y México le parece un lugar asombroso; siempre duerme con esas camisetas holgadas de playas mexicanas, las tiene de Cancún, Puerto Vallarta, Acapulco, Los Cabos y Mazatlán, su lugar favorito y donde perdió, dice, al amor de su vida, un sinaloense poco o nada distraído que un día desapareció sin más. Hay quien le dijo que fue el narco, pero todo indica que era casado y su esposa lo atrapó con unos mensajes en WhatsApp donde Milly no era la única que le manifestaba su afecto y cariño. Por lo demás, la versión del narco le viene mejor a esta y a cualquier otra historia de amor.

A veces Milly le escribe a alguna amiga por WhatsApp y ya va más tranquila, quiere ir a tomar algo. Está lejos del trabajo, a salvo. En su foto de perfil está de vacaciones en Italia, feliz. Nadie consigue resistirse a esa sonrisa de otro tiempo, fuera de las oficinas, y

entonces entran unas ganas enormes de abrazarla aunque en ese rato solo puedas responderle el mensaje lo más pronto posible.

Algo de enfermizo tienen los trabajos de oficina que terminan por hacerle sentir a la mejor persona del mundo que un correo bien redactado le da un valor a su nombre: Asistente Emily Walton. Por lo demás, Milly es más grande viajando, saltando y sonriendo, recorriendo Italia en horas de trabajo.

Puede que en realidad todo se trate de soltarse un poco. Hay quien muere por desobedecer, pero lo mismo hay quien se gana el infierno obedeciendo, y algunas obsesiones nunca traen nada bueno, aunque tu jefe te diga lo contrario.

Nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que hacen los demás para disfrutar sus vidas, pero Milly alguna vez disfrutó de todo esto, qué duda cabe. Son raras estas cosas del demonio, de a poco uno aprende a esquivar las balas, a sortear los picotazos, es decir, a equilibrar el peso, y no siempre se aprende por el camino que vienen y te cuentan. Ve tranquila, Milly, solo es un trabajo de mierda.

Nada de glorias a medias, Milly, mereces la gloria eterna creas o no creas en Dios y el paraíso se encuentre más lejos de lo que puedas imaginar, aunque de imaginación tengas más bien poca y la fantasía se guarde en el centro de tu gran corazón. Y por encima de todo lo podrido que se encuentre este mundo mereces la gloria y seguir viajando, seguir cantando y saltando por Italia o por alguna de tantas playas mexicanas o por donde a ti te pegue la gana.

Ahora deja en paz los correos, promete no ensuciarte con cosas del trabajo, siempre podemos hacer a un lado todo eso, ya lo sabes.

Con ambas manos Milly se lleva el enorme tarro de cerveza a la boca. Da sorbitos, hace un pequeño gesto con la nariz y cierra un ojo, es el gas que le acaricia la laringe. Luego voltea a ver a su amiga, le dice: ¿Y ahora tú, qué me cuentas?

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