octubre 22, 2026

Connect with us

#4 Tiempos

Tiempo de monstruos | Columna de Juan Jesús Priego

Published

on

LETRAS minúsculas.

 

Anteayer, dice Paul Virilo, fue el arte sacro; ayer, el arte profano; hoy, el arte profanado. La escultura, la pintura y casi todas las demás artes están en la actualidad llenas de monstruos, de figuras que causan espanto y hielan la sangre. El arte ya no expresa la belleza, sino el horror. «Pero, un siglo terrorífico, ¿no exige un arte igualmente paranoico?», preguntaban a la opinión pública hace no mucho los organizadores de una exposición hecha a base de cadáveres desnudos y fetos momificados.

Pero lo grotesco no es, hoy, algo que sólo tenga que ver con el arte, sino que también la vida doméstica, en algún sentido, se ha vuelto grotesca también. Se me dirá que exagero, pero yo pregunto: las mascotas preferidas por los muchachos posmodernos; ¿no son ratas, lagartijas, iguanas y serpientes, animales éstos que nuestros padres no hubieran dudado un instante en aplastar con la escoba? Los que fuimos niños hace cuarenta años nos conformábamos con tener en casa un perro o un gato; pero estas mascotas, demasiado convencionales para el gusto de los muchachos de hoy, han pasado ya de moda y su lugar ha sido ocupado por pequeños monstruos que, entre más ponzoñosos sean, con más ansiedad son buscados en sótanos, desiertos, colinas y cuevas para traérselos a vivir a casa.

La industria del entretenimiento, siempre atenta a las nuevas tendencias, detectó pronto este extraño gusto por lo asqueroso del joven posmoderno y empezó a ofrecerle un menú de programas y canales dedicados expresamente a satisfacer su apetito. En MTV, por ejemplo, puede verse a cierta hora del día a un muchacho que saca la lengua y muestra a las cámaras unas argollas metálicas que causan escalofríos; a otra hora, siempre en el mismo canal, una chica come excremento de niño directamente del pañal a cambio de un billete de 50 dólares; por la misma cantidad, e incluso por una menor, un joven universitario acepta comerse un plato lleno de gusanos vivos, cual si de espaguetis se tratara. Si soporta llegar hasta el final, el espectador tendrá la oportunidad de ver cómo un joven se quita los pantalones para raspar sus nalgas con una lija que se las deja sangrando. ¿De dónde acá este gusto por lo asqueroso y lo repulsivo, por el piercing y la automutilación?

Según Julián Ríos, escritor español que publicó hace no mucho una novela titulada Monstruario, no hay nada de anormal en este gusto por lo monstruoso; antes bien, hay en ello una saludable preocupación del hombre de nuestros días por distinguirse de la masa y afirmar su individualidad. «No todo en el monstruo es malo –dijo en una entrevista de 1999-; el monstruo tiene cosas que son positivas. Entre ellas, por ejemplo, la alteridad: descubrir ese otro más extremo que es el monstruo es bueno, en cierto modo, porque nos permite comprender mejor al otro. Pero al mismo tiempo, el monstruo es un reducto de lo único, de lo individual; lo poco que nos queda es la individualidad, el ser único, diferente. Yo creo que en esta época de masificación es importante defender lo individual, lo único, lo que nos separa de los demás. Cuando vemos al monstruo, bien sea en una criatura o en una creación literaria, el monstruo nos dice, en el fondo: “Sé diferente, como yo. Imítame, yo soy tu espejo”…

El monstruo viene a ser lo único, lo que permite decir: “Hay que ser lo único; ni doble, ni triple, ni clonado”».

Según Julián Ríos, pues, la única manera de diferenciarse de los demás es sacar al monstruo que llevamos dentro. Hay que distinguirnos de los otros. Pero, ¿cómo? No siendo como ellos, evidentemente, sino haciendo monstruosidades, ya que es necesario reivindicar lo profundamente original e inédito que hay en el interior de cada uno. ¿Todos consideran que el pus es asqueroso? Bien, entonces muéstralo e incluso bébelo: ¡haz lo que otros no harían, pues es necesario que te distingas de ellos!

Jamás había oído yo una imbecilidad de tal calibre; sin embargo, hay que reconocer que son muchos los que están ya pensando de este modo: no quieren ser copia de nadie, pero en vez de dedicarse a ser ellos mismos –que es lo que en realidad deberían hacer-, se ponen a transgredirlo todo en busca de la originalidad soñada.

Hélé Béji, una intelectual argelina, habló hace poco también de este gusto por lo monstruoso del hombre posmoderno, y lo hizo con estas palabras: «Las ganas de diferenciarse de los demás se ha llevado a extremos inconcebibles. Los hombres ya no quieren parecerse a los hombres. Los viejos criterios de la identidad humana ya no interesan a nadie: para llegar a distinguirnos de los demás no nos importaría llevar otro calificativo, como el de monstruo… El hombre ya no le da mucha importancia a su naturaleza: quiere ser de otra especie y hasta reivindica su derecho filosófico a ser un monstruo» [¿Hacia dónde se dirigen los valores? México, Fondo de Cultura Económica, 2006]. 

Pero para ser auténticos y originales no es necesario renunciar a ser hombres. Dios no nos hizo en serie; en la creación cada uno es irrepetible, y para lograr la plena realización de su ser basta con que se dedique a seguir su propia vocación, su propio camino, y entonces –sólo entonces, y sin necesidad de perforarse los miembros o de adoptar modas extravagantes- sí que será diferente a todos los demás.

Solía decía un sabio rabino: «En el otro mundo no me preguntarán por qué no he sido el padre Abraham, sino por qué no me atreví a ser yo mismo».

Pero hay algo que me parece todavía más preocupante, y es que, conforme se vayan acostumbrando a los espectáculos más grotescos y a las escenas más asquerosas, nuestros jóvenes irán perdiendo el sentido del horror, lo que significa que después ya nada los espantará. Y cuando ya nada sea capaz de indignarnos, o de espantarnos, entonces sí que habrá muchas razones para echarnos a temblar…

También lee: La generación impotente | Columna de Juan Jesús Priego

Continue Reading

El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Published

on

EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

Lee también: María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano

Continue Reading

Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

Published

on

Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

También lee: Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

Continue Reading

El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Published

on

EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

También lee: El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Continue Reading

Opinión

Pautas y Redes de México S.A. de C.V.
Av Cuauhtemoc 643 B
Col. Las Aguilas CP 78260
San Luis Potosí, S.L.P.
Teléfono 444 2440971

EL EQUIPO:

Director General
Jorge Francisco Saldaña Hernández

Director Administrativo
Luis Antonio Martínez Rivera

Directora Editorial
Ana G. Silva

Periodistas

Diseño
Karlo Sayd Sauceda Ahumada

Productor
Fermin Saldaña Ocampo

 

 

 

Copyright ©, La Orquesta de Comunicaciones S.A. de C.V. Todos los Derechos Reservados