octubre 14, 2026

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#4 Tiempos

Susana y Angélica, ante el drama del despojo | Columna de Óscar Esquivel

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Susana y Angélica

Desafinando

 

Alguna de las veces es lícito, por evitar algún escándalo, suspender algunos preceptos del derecho natural, a pesar de que en forma general nos mandan cumplirlos, asumiendo que el derecho es lo justo: actuar con cordura ante la diversidad de las ideas es el camino para encontrar la igualdad entre los individuos y las sociedades en su conjunto. Ahora bien, cuando se desatan las formas primitivas de ejercer la justicia, algunos antepondrán la justicia que les asiste y lucharán por su derechos naturales de existir.

Angélica, una señorita de “buena familia“ de algún pueblo alejado de las grandes ciudades potosinas, donde la vida pasa sin prisa y a su ritmo, más lento que pausado, a sus escasos quince años le comunicó a su padre el deseo de convertirse a la vida religiosa. Como todo padre devoto, lo tomó por sorpresa, expresando asimismo su alegría, tendría en la familia a una religiosa de entre ocho hermanos.

Transcurrido el tiempo entre del convento, Angélica comenzó a estudiar para convertirse en maestra de física. Su deseo era enseñar la ciencia a jóvenes de escasos recursos. Parecía difícil entender esto por la formación conservadora dentro del convento.

Ella casi siempre se paraba más temprano para atender las labores propias del convento y después poder asistir a la Universidad. Ya casi a sus 23 años se graduó con la licenciatura de física, ya para entonces Angélica daba clase a alumnos de preparatoria. Con el título universitario continuó estudiando hasta lograr un ofrecimiento de maestra en la misma facultad de física de donde se recibió.

Concentrándose en estudios astronómicos, no sin la desaprobación de sus superioras del convento: la razón, su tiempo lo dedicaba más a la universidad que a sus deberes como religiosa. se fue formando en torno de ella un deseo de libertad. A los treinta años dejaría el convento para dedicarse a lo que tanto le gustaba: la astronomía.

Fue invitada por la UNAM a formar parte del equipo de astrofísica, ahí su vida tuvo un vuelco: conoció a Susana, seis años más grande que ella, de profesión química, con aspecto un poco desaliñada, poco arreglada en su persona. Angélica nunca tuvo novio, ni pretendientes, tal vez por su timidez y su pronta decisión de formar parte de la iglesia católica.

La amistad con Susana la fue llevando a tener grandes afectos, detalles, viajes de investigación, de placer. En fin, su convivencia fue tal que comenzó una amistad casi hermanable. En una ocasión Susana llegó al centro de trabajo y dentro de su bolso se escuchaba el ruido fino que ocasiona un llavero repleto de llaves. Metió la mano al bolso y sacó un llavero con una llave especial: una llave pintada roja, la que abriría la puerta de una casa que Susana habría comprado, Angélica se sorprendió y la felicitó por su adquisición. Susana la abrazó, la tomó por el hombro y la llevó fuera del laboratorio. Sonriendo, la invitó a que vivieran juntas. Sin pensarlo, Angélica dijo que ¡si! A partir de ese momento comenzaría una vida de convivencia.

El padre de Angélica, que ya había reprobado la salida de su hija del convento, ahora la acusaba de tener una relación lésbica con Susana. Su postura, como todo religioso y formado en una moral equívoca, y a pesar del amor a su hija, prohibió a la familia verla. Él mismo se retiró para nunca verla después. La intolerancia había triunfado.

El tiempo transcurrió… treinta años formando un patrimonio. Nunca tuvieron la posibilidad de volver a ver a sus familias, ellas lograron hacer una

.

Un 30 de abril, día del niño, casualmente, Susana recibió una llamada que la sorprendió mucho. Era su media hermana, la menor que nunca mencionaba. Leticia, mujer joven, le decía que quería verla, Susana, sin rencores tras haber corrido la misma suerte que Angélica con su familia paterna, asistió con solo sí. Por la tarde Leticia apareció entre las calles donde estaba el hogar de Susana y Angélica. Las dos al verse, con un abrazo poco cálido se saludaron. Sin decir palabra se asomó una niña entre las piernas de su mamá y con sonrisa le dijo: “hola tía”. Era la hija de Leticia, de seis años de edad. Pareciera que cupido las hubiera flechado.

Durante la conversación, larga, después de tantos años de silencio, Leticia de la una noticia a su hermana: estaba invadida por el cáncer de mama. Ya había metástasis por todo el cuerpo y nada que hacer, pronto moriría. Así ocurrió a solo dos meses de la visita, Leticia moriría, no sin antes dejarle a su hija a cargo, prácticamente su única pariente. Susana y Angélica, por un destino que nunca se comprende, serían mamás.

Pasaron años después: Angélica y Susana, ya de 61 años y 70, respectivamente, se jubilaron de sus trabajos. La niña que estuvo por todo este tiempo se casó, la vida transcurrió como cualquier otra familia.

2018: Angélica enferma gravemente de pancreatitis. Tras días en el hospital, la enfermedad la consumió. No logró recuperarse y falleció, hecho trágico para Susana.

Como suele suceder, los hermanos de Angélica, los que quedaban vivos, en un falso arrepentimiento asistieron al funeral. Al concluir las exequias hablaron con Susana, solo para decirle que pelearían de manera legal los bienes de Angélica, los que habían formado juntas: una casa, los autos, una pequeña finca en el municipio de Aquismón, San Luis Potosí. Dicho y hecho, en dos días tenían a los abogados para iniciar un juicio testamentario, error de Susana de no haber hecho lo conducente para mantener su patrimonio para ella y para la hija de su hermana.

La familia de Angélica aún sigue con un juicio testamentario reclamando los bienes que a su juicio les corresponde, ¡nada más falso!.

Para fortuna de todos los potosinos, ya se aprobó la ley de matrimonios igualitarios en nuestro estado, a pesar de la resistencia casi fanática de los diputados conservadores y aquellos que votaron en contra de esta ley, desdeñando los principios ideológicos de sus partidos, bien por aquellos que están a la altura de un cambio en la manera de pensar, y que luchan por el bien común.

Un gran paso sin duda: justicia e igualdad para todos, es lo que hace falta en este mundo, respetarnos y vivir en armonía.

Nos saludamos pronto.

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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