octubre 15, 2026

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#4 Tiempos

“Sobreviviendo a mis XV” o cómo hacer una película que no diga absolutamente nada | Columna de Guille Carregha

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CRITICACIONES

 

Desde el año pasado se decía en varias esquinas de la red de redes que el cine mexicano finalmente había regresado. O sea, no es que hubiéramos dejado de producir películas. Ahí están todas esas comedias horribles de los 2010s que intentan hacernos creer que el humor de Hoy o Viva La Alegría se deben ser disfrutados en una pantalla grande, y que solo sirven para que todo el staff pueda pagar las cuentas de los próximos dos o tres meses. Eso o es algún Derbéz quitándole fondos al IMCINE para mantener la relevancia y poder seguir pagando su vida en Los Ángeles.

                  Pero, de pronto, un montón de personas decían que uno ya podía volver a ver buen cine mexicano en el cine. Incontables memardos y referencias a Mads Mikkelsen fumando arrasaron con los timelines de mis redes sociales. Lo que sí es que, en general, se hacía énfasis en el “buen”. Rara vez decían que era excelente o buenísimo. Solo “bueno”. Lo cual habla mucho acerca de nuestra historia cinematográfica moderna y las expectativas tan bajas a las que nos han acostumbrado a nivel mainstream.

                  Y, por un momento, quise creerles. Se hablaba mucho de Señora Influencer, Sobreviviendo A Mis XV, y Huesera entre otras. Desafortunadamente, decidí recuperar mi interés por el cine comercial mexicano viendo la última y, pues nada. Película fea, película cutre. Se ve bonita. La fotografía está a todo lo que da, y la actriz principal le echa muchas ganas. Pero es una película horrible en todos los demás aspectos del proceso cinematográfico. Tan rápido como llegaron, mis ganas de ver más cine mexicano moderno se fueron.

                  Pero, hace poco, un buen amigo, me recomendó en persona Sobreviviendo A Mis XV. Aclaró que estaba “buena, solo buena” en un claro intento de no elevar las expectativas de nadie y sólo aclarar que es posible pasar un buen momento viendo dicha película. Viendo que estaba disponible en la cuenta de ViX que me regala mi proveedor de internet para convencerme de seguirle pagando (futa, ¡qué ofertón!), me puse a verla.

                  Después de leer el título de la película y ver el póster, puedo asegurar que la película es mucho mejor de lo que podría parecer. Pero, eso, está buena. De ese “buena” que dices con un tono de voz más agudo cuando platicas para que no parezca que le das tu certificado de aprobación, pero que indica que tampoco consideras que es una pérdida de tiempo.

                  Está “buena”, con una expresión de “no sé” esbozada en tu cara y unos hombros levantados. Está “buena” nivel lo comentas en la comida familiar, dices “está cotorra” o un “te la pasas bien”, y luego todos pasan a hablar acerca de algo más interesante como, no sé, el precio de los útiles escolares de ese año o cómo alguien cayó en un bache en la mañana. No se preocupen, el coche apenas y se raspó.

                  La película se trata de una familia que, poco antes de celebrar la fiesta de XV años de su hija, se convierten en nuevos ricos y cambian de domicilio a un residencial de gente acomodada. Y entonces a la niña le dan penas las tradiciones “populares” de sus papás para encajar con su nuevo entorno y tener amigas güeras. Hijinks ensue.

                  Afortunadamente, los guionistas se tomaron la molestia de no irse por el camino que cualquier otra película mexicana hubiera tomado en aras de ahorrar tiempo de preproducción y poder convencer a Omar Chaparro de ser el papá o vestirse de niño el mejor amigo de la protagonista. La historia no va por el clásico “intenté ser alguien que no era y mi vida se volvió difícil; perdí a mis amigos y me perdí a mi misma”. Bueno, o sea, sí, si va de eso, pero al menos no de la forma esperada. O sea, no es un “la niña pobre que pretende no ser de clase trabajadora y que se da cuenta de que eso está mal – todos bailan contentos una cumbia con la gente del barrio y la vida es excelente.”

                  O sea, también pasa eso. Pero, o sea, hay algunos plot twists piteros ahí en medio para que no se vea tan genérico. Como que sí quisieron trabajar en un guion del que se pudieran sentir medio orgullosos, que no fuera nomás un cheque.

                  Y, es verdad, la película está cotorra. Me la pasé bien. Pero es más hueca que el nuevo plan de estudios que presentó la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UASLP en 2022.

                  Al final del día, la película no se trata de nada. Claro, tiene una premisa, tiene personajes que medio crecen al final de todo, y pasan cosas en pantalla todo el tiempo; pero la cosa esta no tiene absolutamente nada que decir. NADA.

                  En un principio parece que va a tomar el camino de burlarse de lo kitsch que pueden ser algunas ideas, decoraciones o modos de pensar de las personas de la clase trabajadora. Pero como que se asusta de hacer enojar a su público meta y se detiene. Ni siquiera se toma la molestia de presentar un artículo de colección nivel el cuadro de holograma de Jesús que abre los ojitos de Rudo Y Cursi. A lo más que llega es una oración de agradecimiento del pan impresa en cuero.

                  Entonces, piensas que la cosa va más por el “miren nomás qué cagado es cuando las distintas clases sociales conviven entre sí juasjuasjuas”. Pero, no, nada de eso. Lo más cercano es cuando ponen una cumbia a todo volumen al llegar a su nueva casa… pero nadie reacciona.

                  Ah, ¿entonces es acerca de lo clasistas que son los de la clase alta? Pues a lo largo de la película, TODOS los personajes que portan el color corporativo en su piel se empeñan en tratar exageradamente bien a la protagonista. Hay una throwaway line de que lo hacen por verse incluyentes en redes sociales, pero tampoco es como que tenga más peso. De hecho, parece que la película quiere reivindicar que la gente adinerada es buena gente y hay que quererles.

                  Hay un dejo de crítica a las personas que compran a sus amistades para sentirse parte de un grupo, pero se menciona una vez y no tiene peso alguno. Se menciona algo de lo extrañamente patriarcales que son las fiestas de XV años pero, también, se menciona una vez, y no volvemos a tocar el tema.

                  En verdad que la película no tiene absolutamente nada que decir, no tiene posición alguna ante la vida – solo existe por existir.

                  Y ni siquiera está tan bien en el apartado visual, porque se supone que tenemos que sentir que la protagonista se está volviendo loca con todo lo que pasa en su fiesta – pero todo está filmado como video musical genérico de banda local de norteña en donde nomás está la banda tocando en un escenario y hay gente feliz bailando.

                  Much estrés.

                  Such horror.

                  Y, aún con todo y todo, está “buena”. Está entretenida, aunque su mensaje de ser tú misma está aplicado con curita al final de la película en una escena que a cualquier película de Disney Channel del 2006 le daría pena enseñar. La salvan las actuaciones de la mayoría del cast, que de verdad vieron que su guión era hueco, pero se empeñaron en hacerlo lo mejor posible.

                  Es un esqueleto vacío, pero uno agradable y medianamente bien construido.

                  Miren, podría ser mucho peor, es del mismo director de Mirreyes Vs Godínez, así que lo que se llama expectativas, no había.

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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Opinión

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