noviembre 1, 2026

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#4 Tiempos

¿Si pasa o no pasa la Reforma? | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

La discusión nacional sobre la Reforma al Poder Judicial se ha convertido en una linea divisoria, un gis en el cemento, un sello que se tiene o no se tiene, y una barda en la opinión púbica.

Es la nueva causa de la esgrima social que se encuentra en debate en dos escalones distintos de la pirámide: la del curso formal, que en estos momentos corresponde al Senado de la República, y la otra, que corresponde al discurso que se construye y se alimenta de forma permanente en el imaginario colectivo.

En ambos niveles, estar en contra parece, y solo parece, que es estar en lo correcto, ser de los “buenos”, de los que quieren al país, es estar de lado de la democracia, parece significar ser culto en automático, ilustrado, es un sinónimo de ser patriota, gente buena y que se baña todos los días.

Sus gritos de guerra son los básicos del miedo simplón y reciclado que van desde el “seremos Venezuela” hasta “te van a quitar tu casa”.

Sus argumentos más serios se centran en la distribución de poderes de Montesquieu, la imposibilidad real de elegir en 25 boletas a más de 600 nombres que en la vida entera hayamos escuchado, el peligro que implica el que los candidatos a magistrados vendan sus posturas jurídicas a cambio del financiamiento de una campaña y el riesgo de que exista un órgano rector con uñas y dientes al interior del Poder Judicial.

Por lo contrario, si se está a favor de la reforma, se expone cualquiera a ser tachado de ignorante, traidor, autoritario, malo, (obviamente estar a favor de “querer ser Venezuela y que te quiten tu casa”) no querer a México, ser enemigo de la democracia, retrógrada, chairo y más cosas peores.

Los argumentos serios de esta postura son los que reconoce incluso la presidenta de la Suprema Corte de Justicia, y que no son ni el hilo negro ni el café soluble: todos sabemos que al interior del Poder Judicial, mucho pesan las relaciones familiares, mucho se estila el nepotismo, el tráfico de influencias y las turbias recomendaciones para hacer “carrera judicial”.

(Que conste que no se generaliza porque también hay que reconocer que hay muchos elementos con las credenciales y conocimientos probados y méritos propios, pero que lamentablemente son los menos)

Total que estamos viviendo en una especie de maniqueísmo social al que parece somos adictos, un país en el que se es bueno o se es malo, muy a pesar de las decisiones de las mayorías, que no tienen por qué ser perfectas ni ilustradas, pero que nos recuerdan que vivimos en un sistema democrático.

El gis en el cemento divide a dos Méxicos, la barda separa dos visiones, una con un acceso a la visibilización inmediata, muy sonora, pudiente, pero sobre todo, con la medalla al cuello de estar firmemente convencidos a sí mismos de estar en lo correcto.

Son los que están de ese lado del gis y de la barda, son los que votaron contra la cuarta transformación, son la materia prima de una oposición que no logra asumir que son minoría.

Estar de ese lado es sencillo, siempre ha sido fácil ir con la corriente, estar de acuerdo con ellos es un boleto a la aprobación que es simple de conseguir.

En el otro México, están los que efectivamente viven mejor a partir de la Cuarta Transformación, y por lo tanto no votan contra sí mismos. Son los que votaron por Claudia, son los que lograron que sus representantes sean mayoría en la cámara de diputados, son los que, de estar en contra a la reforma, estarían contradiciéndose con su decisión en junio.

También están los que ven en la reforma un camino más justo para desarrollar su carrera gracias a sus méritos y no a sus apellidos, los que saben que es necesario terminar con todos los vicios y manos negras en los juicios, los que ven de cerca cómo los criminales de mayor o menor peso son dejados en libertad gracias a arreglos en lo oscurito con jueces y magistrados, los que están agraviados por las enormes prestaciones, bonos, pagos y privilegios de jeque árabe que recibe la cúpula de intocables, son los que quieren ver caer a las vacas sagradas de Poder Judicial.

Son las dos caras de la moneda que está volando.

En este momento tanto la oposición como la coalición Morena-Verde-PT se encuentran enclaustrados, cada quien en un búnker convertido en capilla de oración.

Unos, los más maldosos, seguro piden porque un morenista lo atropelle un tren, se resbale en la regadera o le reviente el apéndice al mismo tiempo que a su suplente.

Mientras tanto los morenistas ruegan porque a los de la oposición NO se les atore un hueso de pollo en la comida, no tropiecen en una escalera o no les de un infarto fulminante (un “accidente” a un miembro de la oposición en este momento los pondría en una posición de víctimas).

El detalle matemático

128 no es divisible entre tres de manera exacta, por lo que dos tercios en matemáticas puras da un total de 85.3 senadores, sin embargo no hay un 0.3 senador.

Con este detalle a la vista, la oposición insiste por lo tanto en que el 85.3 significa que deben ser 86 votos los necesarios para que pase la reforma, aunque muchos de los guindas-verde, aseguran que el 85.3 por ciento se cumple con 85 votos y por lo tanto la mayoría calificada.

En la muy humilde opinión de quien esto escribe, es que será muy difícil, mas no imposible, que pase al menos en esta semana la reforma y no porque tome yo postura en uno u otro bando, sino porque en un cálculo político, los de la coalición no van a arriesgarse a que, con 85 votos, escudándose en la interpretación matemática, la reforma pueda ser inmediatamente impugnada.

Reconozco también que, aunque parezca un disparate, Morena pueda obtener la mayoría calificada si al momento de la votación, algún senador de la oposición (por ejemplo Miguel Ángel Yunes Marquez) de pronto “se sienta mal”, se salga del recinto, vaya al baño (sí así de ridículo pero todo es posible) o sencillamente no se presente.

Hay que recordar que (muy al estilo Axtla de Terrazas) este tema se definirá por un voto.

Si alguien de la oposición se vende, falta (junto a su suplente) o vota a favor de la reforma, se ganará el título de Judas para toda la vida, cosa que a muchos, que a cambio de sus 30 monedas de plata, poco les importaría.

El camino que a este aprendiz de reportero parece más prudente es que la reforma no pase en el Senado por el momento, la discusión se regrese a la cámara de diputados, se calmen las aguas y se enfríen los ánimos, Claudia se ponga la banda presidencial y entonces, y solo entonces, vuelva la iniciativa, probablemente en términos muy similares, pero en condiciones muy distintas (ojo) de regreso al Senado.

¿Qué es lo que más le conviene a México?

¿Habrá un traidor de la oposición que se convierta en héroe para los aliados?

Lo sabremos pronto.

Hasta la próxima.

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Acento Ajeno

La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.

Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.

En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.

Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?

Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.

Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.

Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.

La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades

ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.

Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.

El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.

Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.

Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.

La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.

Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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