mayo 14, 2026

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#4 Tiempos

Si Nava viviera, que pena le diera | Columna de Jorge Saldaña

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TERCERA LLAMADA.

 

Ayer la Plaza de la Democracia se convirtió, como lo cantaba Javier Solís, en un “cofre de vulgar hipocresía”. El lugar apestaba a doble moral. La contradicción cínica convertida en homenaje. La estatua de Salvador Nava Martínez, juro que crujía por dentro.

La moralidad representada en un hijo del doctor inhabilitado por el manejo deshonesto del dinero público.

La dignidad repartida entre un nieto también inhabilitado por los potosinos al encontrársele incapaz, incompetente y corrupto.

Los valores del navismo en las manos del hijo del tesorero de Nava Martínez, Alfredo Lujambio, que tuvo que dejar la representación de los ciudadanos en el Cabildo por estar señalado de acoso sexual a sus empleadas.

El suplente de Lujambio, nuevo rico gastando lo ajeno y el tiempo por el que se le paga para asistir en horas laborales a eventos políticos.

Hijos y nietos todos con señalamientos vergonzosos, otros con secretos inconfesables, pero compartiendo todos, sobándose las manos unos entre otros como dándose bendiciones, besándose las mejillas en un montaje de franca y plena desvergüenza.

Los perredistas acérrimos que se convirtieron en panistas infranqueables, que se cambiaron a Morena y que buscan cabida en Movimiento Ciudadano, ahí estaban como siempre: firmes y sólidos en sus ideales y desgarrándose las vestiduras por un movimiento civilista que no conocieron ni de lejos… pero ahí estaban.

Juro que la estatua crujía.

A 30 años de su partida, el Navismo no se parece en nada y el Frente Cívico no es que no se parezca, es que simplemente ya no existe.

El líder, el que se elevó democráticamente por dedazo en el púlpito de su presidencia, el de la altura moral intachable, Xavier Nava, tuvo que interrumpir sus francachelas públicas para ir, como doliente casto, humilde y probo, un poco encorvado y lento, a arrimar su brazo generoso para llevar con parsimonia de anciano venerable a su abuela, Doña Conchita Calvillo viuda de Nava, al evento de su extinto abuelo.

Frente a tan degradante espectáculo, queda claro que de aquel movimiento solo hay dos cosas solidas: La estatua y la fortaleza de doña Conchita. No existe más. Lo caradura de sus “herederos” no cuenta.

“Payasos con careta de alegría que ante la gente ocultan su derrota…”

 

¿El Regreso del PRI-Verde?

Más allá de los guiños recurrentes y los chascarrillos entre Ricardo Gallardo y Enrique Galindo por el color de los chalecos, hay un trasfondo que según los que se dedican al cálculo político podría convertirse en una alianza nacional entre esos dos partidos que se replicaría en el estado en el 2024.

Es muy temprano para vislumbrar caminos y escenarios, no obstante, no se pueden dejar de notar algunos factores, por ejemplo los rumbos de la militancia priista que se ha dividido en dos partes: los que de plano ya no ven esperanzas y están abandonando el barco para irse a otro partido (generalmente al naranja) y los que, más institucionales y cautos, han decidido quedarse en su tricolor partido que puede, una vez más, siendo el “mágico PRI”, reinventarse alimentado de su gasolina de siempre: el poder y la búsqueda del mismo.

En el caso potosino, desde la visita de Alejandro Moreno Cárdenas “Alito” el pasado 26 de marzo, convocado por Enrique Galindo y el líder tricolor en el estado, Elías Pecina, los priistas han estado muy tranquilos. No hay grilla ni pugnas internas, la presidencia de Elías está a salvo y muy seguramente podrá terminar su periodo con tranquilidad. ¿Para qué acelerar las cosas?

Ya vendrán los tiempos en que Enrique Galindo tenga que decidir qué hacer con su partido al que –asegura- no abandonará nunca, y será el tiempo de elegir si quiere quedarse con el desde su dirigencia, o prefiere entregarlo en los hechos a otra corriente, y para decirlo con todas sus letras, será momento de impulsar a Fernando Chávez, su secretario general, o algún otro hombre o mujer con lealtades ciento por ciento tricolores pero sobre todo al propio Enrique.

A partir de esa decisión, se podrá empezar a tejer una circunstancial alianza en la que el Verde está considerado en primera fila. Los guiños toman sentido.

No hay casualidades, durante la visita de Alejandro Moreno de marzo, trascendió el saludo que “Alito” hizo en persona al gobernador Gallardo, cosa que no fue simple cortesía, sino una palmada de ida y vuelta a los grupos que ambos representan.

Hay que recordar, por ejemplo, que no será la primera vez que PRI y Verde juegan juntos y que en Campeche, Oaxaca y Chiapas principalmente los lazos entre los hombres más poderosos del PRI y del partido del Tucán, han formado una especie de “Cofradía” muy sólida, que los Murat y sus hijos pesan en Oaxaca, que los Velasco de Chiapas son cercanísimos a la cúpula verde y que Alejandro Moreno es de Campeche y su mano derecha se está encargando de la agenda partidista y (ojo) las Alianzas.

Acá en San Luis, esa cartera la otorgaron la semana pasada a Joel Ramírez, de los priistas que no escucharon el canto de las sirenas, de los institucionales, de los cautos. No hay casualidades.

 

BEMOLES

YA SIÉNTESE SEÑOR

Qué manera tan absurda de José Luis Urban de echar por tierra la presentación de la nueva Guardia Civil del Estado. El señor hace escenas y berrinches cada que tiene oportunidad, la última la protagonizó ayer maltratando a reporteros y periodistas que pedían explicación sobre la forma en que se desarticuló la manifestación de conductores de Uber y otras plataformas ante el asesinato de uno de ellos en Quintas de la Hacienda.

Urban salió con la ridícula acusación de que estaba siendo “acosado periodísticamente”. Por favor señor, si ya no tiene ganas, edad, criterio o de plano está cansado, pues retírese, pero no venga a maltratar comunicadores con tan absurdos argumentos. La Guardia Civil tiene un potencial y una esperanza depositada de parte de todos los potosinos como para que sus actitudes las derrochen.

Los ciudadanos y hasta la Unión de Usuarios de la Zona Industrial aplaudieron la intervención de la Guardia para desalojar las vías de comunicación, sin embargo, el éxito del operativo fue derrumbado por sus posturas intolerantes que parecen más berrinches de un necio adulto mayor. #Respeto

 

ANTROS EN EL CENTRO

Si alguien ve a Jorge García, titular de la dirección de Comercio Municipal, díganle de favor que el Centro Histórico ya no aguanta un solo antro más. Las fiestas clandestinas y la proliferación de antros de todos los tamaños y gustos, están dejando más molestias que beneficios en el primer cuadro de la ciudad. Los fines de semana es hasta peligroso ir al Centro por la cantidad de antros y parroquianos que generan desde pleitos hasta tragedias. Si no lo ven, pues no le digan nada. #AtentoRecado

 

DESARROLLADORES Y AUTORIDAD

Si se andaban preguntando qué hace el alcalde de la capital los sábados, me enteré que está llevando a cabo reuniones cara a cara con los desarrolladores de vivienda y entre autoridad y constructores están destrabando los laberintos burocráticos y las lagunas técnicas que el Plan Municipal de Desarrollo que dejó Xavier Nava les heredó. El déficit de unas 14 mil casas no es para menos. Las 3 mil que en este momento están en proceso, por lo menos no deberían tener tantas trabas por parte de la autoridad. Sábado a sábado el alcalde está agarrando ese torito por los cuernos y al parecer se han fortalecido las relaciones, se han ido relajando las fricciones y se está sacando el tema adelante. #YaEraHora

También lee: Defendiendo a Xavi y los Bemoles desidiosos | Columna de Jorge Saldaña

El Cronopio

Filosofa Paula Gómez Alonzo y el papel de las mujeres en la cultura | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Con el propósito de preparar a las mujeres universitarias para que sirvan con mayor eficacia a los intereses de la colectividad, cooperando en esta forma al engrandecimiento de la Patria, se formó en la década de los cuarenta del siglo pasado la filial en San Luis Potosí de la organización Universitarias Mexicanas, situación ya tratada en esta columna.

Universitarias mexicanas en San Luis Potosí, reunía a las mujeres que estudiaban e impartían cátedra en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. La filial potosina tenía dos labores de fondo, una de aspecto cultural y, la otra de orden social; en el aspecto cultural se incluían charlas y conferencias sobre diferentes problemas de orden intelectual; la otra, de orden social que abordaba problemas como el de la miseria, la desnutrición infantil, entre otros. La desocupación, la prostitución y otros muchos, de los cuales hacen un minucioso estudio para luego presentarlos a las autoridades competentes y cooperar con ellos a su resolución.

Este movimiento nacional englobaba a un buen número de mujeres que se desempeñaban en el ámbito universitario y que contribuían al desarrollo del país en diversas áreas de estudio. Una de estas mujeres que colaboró con el grupo potosino y que visitó San Luis Potosí a dictar conferencias públicas fue la Doctora en Filosofía Paula Gómez Alonzo.

En 1953 dejaba la presidencia de la filial potosina de Universitarias Mexicanas, Rosario Oyarzun, ya tratada en esta columna, y se organizaron una serie de conferencias públicas, como era costumbre y como dictaban los objetivos de la agrupación femenina. Esa serie de conferencias estuvo marcada por los temas de filosofía, dándose cita en San Luis Potosí las escasas mujeres que realizaban filosofía en México y que se habían formado en la década de los veinte y treinta, como filósofas.

Paula Gómez Alonzo se considera la primera mujer en participar en la filosofía académica en México. Como es el caso de otras mujeres, realizó al menos un par de carreras para su formación, la del magisterio, como era común para ellas, y la carrera de filosofía, que cursó en la Universidad Nacional Autónoma de México. Esta condición de caminar entre brechas en la formación y en el interés de estudio de las mujeres, hasta llegar a su objetivo de formación, lo subraya la propia Paula Gómez: “a las mujeres se les excluye de la educación, pero se les reprocha que no sean cultas”.

Paula Gómez nació en Etzatlán, Jalisco el 1 de noviembre de 1896. En 1932 recibió el grado de maestra en filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM

defendiendo la tesis: la cultura femenina; en 1951 recibe el grado de Doctora en Filosofía en la propia Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con la tesis: filosofía de la historia y ética.

Paula Gómez es una de las fundadoras del estudio de la filosofía en México, aunque poco o nada se le menciona en este sentido. En 1943, creó el curso de Historia de la Filosofía en México que se imparte en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de la que fue profesora de tiempo completo desde 1933 y en la que laboró por treinta y tres años; pero desde 1925 dictaba cátedra en la Escuela Nacional Preparatoria.

Impartió clase en todos los niveles educativos, además de su participación en actividades públicas de educación informal, como fue su participación en 1953 en San Luis Potosí y en actividades de dirección, al encargarse de 1930 a 1940 de la subdirección de la Escuela Secundaria número 8 y directora de la Escuela Normal Superior de 1947 a 1948.

Paula Gómez se convertiría en la primera mujer en recibir un Doctorado Honoris Causa, por su valiosa contribución al desarrollo de la educación y la filosofía en México. En 1962 la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo se lo otorgó. Cuestión que es digna de mencionar, pues Paula Gómez, como otras de sus compañeras que hicieron filosofía en esa época, no suele mencionarse en la historia de la filosofía mexicana. Ya lo establecía Paula Gómez: “la diferencia entre los sexos es injusta, pues mientras la psicología del hombre parece separarse del especto físico, en la mujer se reduce a este”.

Paula Gómez Alonzo, que sentó las bases para la reflexión del papel de las mujeres en la cultura, murió en Coyoacán, en la Ciudad de México el 3 de noviembre de 1972.

También lee: Carmen Sarabia en la historia de la biología mexicana | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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#4 Tiempos

Al salir de la tienda | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Al salir de la tienda la mujer se ve contenta: casi se diría que un relámpago de felicidad ha iluminado su rostro. Pero, sin duda, se trata sólo de un relámpago, pues de aquí a unas horas, cuando esté ya en casa, mirará con espanto las cifras que todo eso que va en las bolsas le ha costado y que deberá pagar tarde o temprano (ojalá que temprano, por su bien). ¡Dios mío, cuántas bolsas! Apenas puede con ellas. Yo le ayudaría a cargarlas, pero no creo que se fíe de un simple transeúnte cual soy yo, encontrado como al acaso.

Una conocida mía, cuando se siente sola y deprimida, va a las tiendas.

  -¡Son para mí -me dijo un día- una excelente terapia! Veo, compro, y al comprar me distraigo.

Sí, yo todo esto lo entendía, pero una vez que estuvo especialmente deprimida compró en una sola tarde la nada risible cantidad de 30.000 pesos en faldas, blusas, vestidos y pantalones. Es claro que, a la hora de enseñar las notas, el que quiso darse un tiro en la cabeza fue su marido, aunque no lo hizo por puro respeto al qué dirán.

¿También esta mujer a la que veo salir se sintió deprimida y ha querido curarse comprando? La sigo de lejos; ahora, de hecho, sólo la veo de espaldas. Camina con dificultad y las bolsas de plástico, que no son pocas –hay verdes, amarillas, rojas, pero todas son grandes, como para caber uno dentro-, se le vienen de las manos a cada diez o quince pasos y entonces se detiene para tomar aire y acomodarlas. Yo también me detengo. La mujer, viéndolo bien, no es fea, aunque viéndolo mejor tampoco es bonita: diría que, en cuestión de belleza, es uno de esos seres que, como se dice, ni fu ni fa.

Ahora bien, con toda esa ropa que lleva en las bolsas, ¿qué es lo que pretende? ¿Gustar? En días pasados había escrito en mi diario –sí, señores, debo confesarlo, yo también llevo un diario en el que, por desgracia, casi nunca escribo a diario- lo siguiente:

«No hay manera de provocar el amor, no hay ninguna manera. Aquí la cosmética no sirve de nada. Se ama o no se ama, se gusta o no. Si comprendiéramos esto, el mundo aún tendría esperanzas de durar. Pero se producen zapatos, camisas, corbatas, pulseras, abrigos y autos a ritmos vertiginosos con el único fin de hacernos creer que se puede, con eso, seducir a los demás. La sabiduría consiste, sin embargo, en no engañarnos: ¿qué puede un auto, un perfume o un lápiz labial para suscitar el amor? El amor es gracia, es pura gracia, y el que crea poder provocarlo quedará siempre, al final, decepcionado. Saber esto, aceptar esto tendría que hacernos más naturales, más sencillos. Y también más resignados».

Miro a la mujer con ternura. Ella cree que con todas esas chácharas podrá ser más amada. Pero no, no será así como conseguirá lo que busca. No sé cuánto le durará la felicidad que he creído verle en el rostro. Deseo de todo corazón que le dure mucho. Adiós, amiga mía, adiós. Quisiera para ti la alegría.

Algunos días después de aquello, ya por la noche y antes de dormirme, me puse a leer un libro de Viktor E. Frankl (1905-1997), y en él pude encontrarme con esto que ahora me tomo el trabajo de transcribir porque confirma mis más negras sospechas:

«La impresión externa de la apariencia física de una persona es indiferente en cuanto a las posibilidades de que se la ame

. Esto debe llevarnos a una actitud de retraimiento en lo que respecta a afeites y cosméticos. En efecto, hasta los lunares y los defectos de la belleza forman parte integrante e inseparable de la persona a quien se ama. Sabemos, por ejemplo, de una paciente que abrigaba la intención de embellecer su busto mediante una operación plástica de reducción del pecho, creyendo que con ello aseguraría mejor el amor de su esposo. El médico a quien pidió consejo la disuadió de hacerlo; entendió que si su marido la quería de verdad, como al parecer era el caso, la quería, indudablemente, tal y como era. Tampoco los vestidos de noche impresionan al hombre de por sí, sino solamente puestos en la mujer amada que los viste. Por último, la mujer de nuestro caso, inquieta, pidió su parecer al propio marido. Y éste le dio a entender, en efecto, con toda claridad, que el resultado de aquella operación sólo traería consecuencias perturbadoras, pues le llevaría, tal vez, a pensar: Ésta ya no es mi mujer; me la han cambiado». Y concluye el doctor Frankl: «En efecto, los hombres tienden generalmente a olvidar cuán relativamente pequeña es la importancia de los atavíos externos y cómo lo que importa en la vida amorosa es, fundamentalmente, la personalidad. Todos conocemos claros –y consoladores- ejemplos de cómo personas exteriormente poco atractivas e incluso insignificantes, triunfan en la vida amorosa gracias a su personalidad y a su encanto» (Psicoanálisis y existencialismo).

Cerré el libro y pensé de pronto en aquella mujer que había visto salir de los almacenes en días pasados. La ternura volvió a apoderarse de mí. Sí, me dije, a los comerciantes les interesa hacernos creer que el amor se consigue impresionando; sin embargo, los orígenes de toda relación son más humildes. Pregúntale a este hombre mata el tiempo tomándose un café o a aquel otro que cruza apresurado la avenida –sí, el del periódico bajo el brazo- qué vestido llevaba su mujer cuando la conoció y verás que no te lo dice. ¡Ni siquiera vio el vestido! Lo impresionó ella, no lo que ella llevaba puesto.

Y, de pronto, me escucho a mí mismo hablando con aquella desconocida apresurada: «No, amiga, no. Eso que traía usted hace unos días con tanta felicidad en las bolsas no sirve para lo que cree usted. Sirve, si usted quiere, para andar por la vida decorosamente y con cierta dignidad, pero sólo para eso sirve. Trate, más bien, de ser gentil, delicada, dulce; en una palabra, encantadora, y entonces se habrá hecho usted lo que se llama una personalidad. Y, cuando ya la tenga, verá que cuanto se ponga le vendrá siempre bien.

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#4 Tiempos

México vs México | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Durante muchos años, la Concacaf quiso convencernos de que el fútbol de la región estaba creciendo parejo.

Que la MLS ya había alcanzado.
Que Centroamérica resistía.
Que los gigantes mexicanos ya no imponían como antes.

Y entonces llega otra final.

Tigres contra Toluca.

México contra México.

Otra vez.

La Concacaf Champions Cup tiene algo curioso: cada torneo parece abrir la puerta a una sorpresa… hasta que aparece un club mexicano recordándole a todos cómo funciona realmente esta competencia.

Porque sí, hay historias emocionantes en el camino. Equipos que compiten, estadios que aprietan, noches donde parece que el dominio se tambalea. Pero al final, casi siempre termina pasando lo mismo: el trofeo se queda aquí.

Y no es casualidad.

Durante años, los equipos mexicanos entendieron algo que el resto de la región todavía persigue, este torneo no se juega solo con intensidad. Se juega con profundidad, con jerarquía y con la costumbre de competir bajo presión.

Por eso las finales recientes ya parecen parte de una misma memoria.

León imponiéndose con autoridad.
Monterrey haciendo del torneo una propiedad privada.
Pachuca apareciendo cuando parecía que el dominio se desgastaba.
América recordando que los ciclos pasan, pero el peso permanece.

Y cuando no gana México… el impacto se siente histórico.

Porque las excepciones son pocas. Muy pocas.

Seattle Sounders rompiendo la hegemonía en 2022 se sintió menos como un cambio de era y más como una anomalía que obligó a reaccionar. Antes de eso, había que ir demasiado lejos para encontrar un campeón que no hablara mexicano futbolísticamente.

Ese es el tamaño del dominio.

Ahora la historia pone enfrente a dos maneras distintas de entender el poder.

Tigres llega como ese equipo que aprendió a habitar estas noches. Ya no juega las finales con ansiedad; las juega con memoria. Sabe sufrirlas, sabe administrarlas y, sobre todo, sabe que los detalles terminan cayendo de su lado cuando el partido se rompe.

Toluca, en cambio, llega con algo diferente: hambre.

Con esa sensación de equipo que volvió a reconocerse. Que encontró ritmo, carácter y una identidad incómoda para cualquiera. Toluca no llega a esta final solo por talento; llega porque volvió a competir como club grande, como bicampeón.

Y eso cambia todo.

Porque esta final no se siente improvisada.

Se siente lógica.

Son dos equipos que entendieron antes que nadie cómo sobrevivir a un torneo que exige viajar, rotar, adaptarse y competir cada tres días sin perder forma. Mientras otros clubes de la región todavía viven la Champions Cup como una oportunidad, algunos de los mexicanos la viven como obligación.

Y esa diferencia mental pesa demasiado.

Por eso, más allá de quién levante el trofeo, hay algo que ya quedó claro desde antes de jugarse la final:

La Concacaf volverá a tener campeón mexicano.

Otra vez.

Como ha pasado la mayor parte del tiempo.
Como pasa cuando la costumbre se vuelve estructura.
Como pasa cuando un país convierte un torneo regional en parte de su identidad futbolística.

Y quizá eso también explique por qué estas finales, aunque repetidas, nunca se sienten vacías.

Porque en el fondo no se trata solo de ganar la Concacaf.
Se trata de sostener un dominio que lleva décadas construyéndose. Uno que ha sobrevivido generaciones, formatos, discursos y proyectos extranjeros que prometían cambiar la jerarquía de la región.

Pero cada año, cuando llega mayo, el futbol termina acomodando las piezas en el mismo lugar.

Con un club mexicano levantando la copa.

Y con el resto de la Concacaf preguntándose cuánto falta para que eso deje de pasar.

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