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¿Qué potosinos han sido presidentes o presidenciables?
Ponciano Arriaga, Carlos Jonguitud, Gonzalo N. Santos y ahora Ricardo Gallardo, esto son algunos nacidos en SLP que fueron mencionados para contender por la presidencia
Por: Ana G Silva
Ricardo Gallardo Cardona, gobernador de San Luis Potosí, reveló la semana pasada que el Partido Verde le ofreció ser su candidato a la presidencia de la República para la elección del 2024, a lo que el mandatario ha dicho que “aún es temprano para pensar en esa posibilidad”, sin embargo, al ser el único gobernador de ese instituto político la opción está latente y eso lo colocaría en la terna de finalistas para abanderar la virtual coalición entre Morena, Verde y PT.
Hace mucho que ningún político potosino era mencionado como posibilidad para contender por la presidencia, sin embargo, el actual mandatario no es el único nacido en el estado que ha estado en esa situación. La Orquesta preparó un listado de aquellos perfiles locales que han sido tomados en cuenta como presidenciables, además se incluyen breves biografías de los dos únicos presidentes nacidos en San Luis Potosí.
RICARDO GALLARDO CARDONA
Aún como posibilidad, el mandatario de San Luis Potosí llegaría a la candidatura presidencial en 2024 en un país en el que la principal fuerza política es Morena, partido del presidente Andrés Manuel López Obrador, pero que actualmente mantiene una alianza política con el Partido del Trabajo y Partido Verde.
Por estrategia, el Partido Verde podría postular una precandidatura de Gallardo, que de resultar buena le abriría las puertas para negociar más candidaturas dentro de la coalición y obtener más puestos en un virtual gobierno federal.
Se debe tomar como referencia que Gallardo es presidenciable como en su momento Manuel Velasco lo fue al ser el único gobernador del Verde (Chiapas), por lo que figuró como precandidato de la coalición PRI-Verde para la elección del 2018, junto a perfiles como Aurelio Nuño, Luis Videgaray, José Narro y José Antonio Meade.
CARLOS JONGUITUD
Su popularidad llegó en la segunda mitad de los años 70, mientras que Luis Echeverria (PRI) gobernaba el país. Jongitud Barrios consiguió en 1974 el liderato del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), uno de los más fuertes del país, por lo que siempre se le consideró como candidateable para la presidencia de México gracias al apoyo del magisterio.
La carrera de Jonguitud no solo se limitó al SNTE, ya que además fue secretario de Organización y de Acción Social del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, senador de la República, director general del ISSSTE y gobernador de San Luis Potosí (1979-1985).
El contexto político de aquellos años destacó la igualdad jurídica entre hombres y mujeres de 1974. A partir de entonces, la ley debía aplicar por igual en todos los niveles. Se crearon instituciones para evitar la discriminación y proteger y difundir los derechos de la mujer, en la ciudad y en el campo.
En estos años se dio paso a la liberación sexual para que las comunidades homosexuales fueran aceptadas por la sociedad. Logrando antecedentes históricos como la despenalización de la homosexualidad y que se dejará de considerar una enfermedad mental en el país.
GONZALO N. SANTOS
Luego de tres años de iniciada la Revolución Méxicana, apareció por primera vez Gonzalo N. Santos, quien en 1913 se unió al Ejército Constitucionalista que luchaba contra Victoriano Huerta.
El personaje potosino, originario de Tampamolón tuvo relaciones muy estrechas con los entonces presidentes de la República como Plutarco Elias Calles, Lázaro Cardenas y Manuel Ávila Camacho, además fue uno de los primeros políticos en unirse al Partido Revolucionario Institucional (PRI) en 1929, con la credencial número seis.
Ocupó el cargo de diputado federal en múltiples ocasiones, fue nombrado senador en 1934 en el periodo de Manuel Ávila Camacho y Lazaro Cardenas lo convirtió en el embajador de México en Bélgica.
A su regreso a México fue gobernador de San Luis Potosí (1943 a 1949) en donde su gobierno se enfocó en el sector industrial.
PONCIANO ARRIAGA
En una época donde la Guerra de Reforma estaba en su apogeo, cuando la nación estaba dividida en dos grandes grupos: Liberales y Conservadores; ambos luchaban por sus ideales y tenían gobiernos paralelos. La nación sufría una transformación política a un sistema capitalista democrático. Ponciano Arriaga se convirtió en un destacado personaje que pudo llegar a ser un presidente liberal.
Además de ser considerado el padre de la Constitución de 1857, Arriaga se convirtió en uno de los principales opositores al presidente Antonio López de Santa Anna, por lo que fue perseguido por el ex presidente de México y exiliado a Estados Unidos.
En Nueva Orleans, contactó con otros exiliados como Melchor Ocampo y Benito Juárez, con los que fundó la Junta Revolucionaria, que derrocó a los conservadores, y pudieron regresar triunfantes al país en 1855 con la Revolución de Ayutla.
A pesar de su relevancia como actor político y militar prefirió unirse a Benito Juárez en el gobierno paralelo que estableció durante la Guerra de Reforma, donde formó parte de su gabinete y permaneció activo en cargos federales hasta su muerte en 1865.
LOS PRESIDENTES POTOSINOS
JOSÉ MARIANO MARTÍN BUENAVENTURA IGNACIO NEPOMUCENO GARCÍA DE ARISTA NUEZ (MARIANO ARISTA)
El también comandante del Ejército del Norte, del que estuvo a cargo durante la Guerra de Intervención Norteamericana, tuvo una participación destacada en la vida política y sobre todo militar de México.
En 1850 se presentó como uno de los 15 candidatos presidenciales, Mariano contaba con el apoyo de los periódicos de toda la nación que pudieron ayudarle a ganar, a pesar de las distintas acusaciones en su contra, entre las que destacan el haber corrompido al ejército, el cargo de haberse divorciado y mantenido una relación con una mujer casada, y de estar señalado como quien estuvo detrás de algunos asesinatos entre los que destacan el general Francisco Vital y Juan de Dios Cañedo.
Después de la segunda etapa de votaciones, Arista fue proclamado como ganador de la contienda, con 79 votos en la República Mexicana y 42 en la capital, mismos que le daban la mayoría necesaria.
El potosino asumió el cargo de presidente el 15 de enero de 1851, con un equipo conformado de moderados, liberales puros y conservadores. Su administración se concentró en tratar de impulsar la minería y la agricultura, además de intentar frenar la corrupción y poner orden en las finanzas. Estableció la primera línea telegráfica entre la capital y el puerto de Veracruz
MIGUEL FRANCISCO BARRAGÁN ORTÍZ
Miguel Barragán incursionó dentro del ejército realista, en donde fue ascendido como alférez, luego como coronel y comandante, en donde tuvo cabida dentro del Plan de Iguala. Fue nombrado por el Congreso local gobernador Constitucional del Estado de Veracruz en 1824.
Fue desterrado en 1827 por apoyar el Plan de Montaño, dos años más tarde, el presidente Vicente Guerrero le otorgó la amnistía. Cuando regresó laboró como secretario de Guerra del gabinete de Antonio López de Santa Anna en 1833. Continuaría bajo ese cargo con Valentín Gómez Farías.
El Congreso lo nombró presidente interino de la República luego de que Antonio López de Santa Anna pidiera licencia.
Durante su administración, la República dejó de ser federal para pasar al centralismo. También ocurrió la jura de la Constitución de Veracruz y la ocupación del último reducto español en México, la fortaleza de San Juan de Ulúa.
También lee: ¿Ricardo Gallardo puede ser candidato a la presidencia de la República?
Ciudad
La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte
Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina
«No nos une el amor sino el espanto;
será por eso que la quiero tanto.»
Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)
Por: Jorge Saldaña.
Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.
Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.
El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior- al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.
El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.
De los apodos a los apellidos
En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.
Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.
Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.
Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».
La cuadra como unidad onomástica
Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.
La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.
«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»
Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)
Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.
Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.
Las cuatro fechas bisagra
La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:
- 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
- 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
- 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
- 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.
Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.
La memoria popular como capa subterránea
Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.
Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.
Ciudad
Galindo ve “mano negra” en conflicto por predio de Puerta de Piedra
El Ayuntamiento propuso habilitar un terreno contiguo como parque urbano, con obras incluidas, pero no hubo respuesta del grupo inconforme
Por: Redacción
Enrique Galindo Ceballos, alcalde de San Luis Potosí, aseguró que existen “manos negras” detrás del conflicto por el predio municipal en el fraccionamiento Puerta de Piedra, luego de que un grupo de vecinos promoviera un amparo para frenar su subasta.
El edil sostuvo que la oposición al proyecto dejó de tener lógica tras haber ofrecido alternativas formales a los inconformes, incluyendo la habilitación de otro terreno contiguo como parque urbano.
“No sé de quién, pero hay dos manos negras. Yo no me la creo. Si te ofrecen otro terreno, con iluminación, cercado y árboles, y no hay respuesta, entonces esto ya salió de la razón lógica”, declaró.
Galindo afirmó que el Ayuntamiento mantuvo diálogo con el grupo y respondió por escrito a sus peticiones, pero acusó que, en lugar de continuar con las negociaciones, optaron por judicializar el caso.
Además, rechazó que el proceso de subasta haya sido suspendido en su totalida d, como han señalado integrantes del colectivo, al insistir en que el tema se encuentra en litigio y que el Cabildo aprobó la desincorporación de los predios conforme a la ley.
“No se hubiera subastado si no tuviera las condiciones legales. Fue aprobado por unanimidad”, sostuvo.
En contraste, el Colectivo Bosque Urbano Puerta de Piedra ha defendido el amparo interpuesto el pasado 13 de marzo, el cual fue admitido el 10 de abril por un juez, quien ordenó la suspensión del proceso de subasta de al menos 18 predios mientras se analiza el caso.
La audiencia constitucional del caso está programada para el próximo 8 de mayo, fecha en la que se definirá si el proceso de subasta puede continuar o si se confirma la protección legal de los predios.
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Afirma SSPC que la violencia se incrementa con el calor
El secretario Juan Antonio Villa reveló que con la temperatura la gente se vuelve más irritable, además de que aumenta el consumo de alcohol
Por: Redacción
Juan Antonio Villa Gutiérrez, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), señaló que han encontrado una correlación entre el incremento de actos de violencia y el aumento en las temperaturas.
Explicó que el calor genera que mucha gente se vuelva más irritable, por lo que en lugares muy cerrados o en casas pequeñas donde se exponencía la sensación térmica, crecen los incidentes de violencia, como puede ser la familiar.
Asimismo, en esta temporada se incrementa el consumo de bebidas alcohólicas, por lo que las personas tienden a embriagarse más, y “se ponen violentos” contra las personas a su alrededor.
Añadió que ante esta situación, han reforzado la seguridad para prevenir estos delitos, instruyendo al Agrupamiento Especial para Atención de Violencia de Género a tratar de manera inmediata los reportes.
Comentó que en la última semana atendieron 14 denuncias de este tema, de las cuales, cuatro resultaron procedentes, con los involucrados siendo puestos a disposición de la Fiscalía General del Estado.
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