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¿Qué potosinos han ocupado cargos en el gabinete presidencial?
Adán Augusto López ha dicho que de ser presidente incluiría a Ricardo Gallardo en su equipo, pero antes que él otros paisanos han contado con la confianza de los presidentes
Por: Ana G Silva
Durante la visita de Adán Augusto López Hernández, secretario de Gobernación de Andrés Manuel López Obrador, a la capital potosina, reveló a este medio que sumaría a Ricardo Gallardo, gobernador de San Luis Potosí, en su gabinete de ganar la presidencia como secretario de Agricultura. Momentos antes, el funcionario federal dedicó algunos cumplidos a la trayectoria del gobernador y apuntó: “a mí me parece que trae ganas de tener otro puesto”.
Con estas declaraciones que colocarían al mandatario potosino dentro del próximo gabinete federal, La Orquesta recopiló información de potosinos que ocupan o han ocupado un cargo cercano al Gobierno de México:
ROSA ISELA RODRÍGUEZ (2020-a la fecha)
La nacida en Xilitla actualmente es la titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del gobierno del presidente López Obrador, convirtiéndose en la primera mujer en estar en ese cargo en la historia de México.
Rosa Isela es periodista y ha ocupado distintos cargos políticos en la Ciudad de México, principalmente relacionados con la seguridad pública.
PALOMA RACHEL AGUILAR (2018-a la fecha)
Tras la victoria de Andrés Manuel López Obrador en la presidencia de la República, Paloma Rachel Aguilar Correa se integró a la oficina de la Ayudantía del presidente, esto luego de que ella rompiera relación con varios integrantes de su partido en San Luis Potosí. Además, luego de participar como candidata a la gubernatura del estado, se reintegró al gobierno federal donde actualmente labora en la Administración Pública Federal, como Administradora General de Recursos y Servicios del SAT.
La potosina es licenciada en Derecho, fue asesora parlamentaria del Congreso Local y es una de las fundadoras de Morena San Luis.
NOEMI HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ BORJAS (2017-a la fecha)
Directora en el área internacional de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, quien gestiona las alianzas internacionales y la cooperación estratégica de la dependencia federal con países y embajadas, así como con diversos Organismos Internacionales y Think Tanks.
Su formación en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey en la licenciatura en Relaciones Internacionales y su maestría en la Universidad de Essex en Reino Unido sobre Economía Política, la han llevado a desarrollarse en asuntos internacionales que han ido escalando pues fue practicante de asuntos políticos en la embajada de México en Marruecos y ocupó una dirección en la Secretaría de Desarrollo Social en 2016.
ENRIQUE GALINDO CEBALLOS (2012-2018)
A finales de 2012, Galindo fue nombrado Comisionado General de la Policía Federal de México en la gestión de Enrique Peña Nieto. Durante su gestión se realizó la detención de “23 objetivos prioritarios en México”, entre ellos: Joaquín Guzmán Loera “El Chapo” en dos ocasiones; Servando Gómez Martínez “La Tuta”; Héctor Beltrán Leyva; Luis Fernando Sánchez Arellano; José Luis Abarca Velázquez y María de los Ángeles Pineda, implicados en el caso de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa; entre otros.
Enrique Galindo es el actual presidente municipal de San Luis Potosí, luego de una histórica representación del PRI y el PAN. Fue presidente y secretario Ejecutivo de la Comunidad de Policías de América y ha ocupado cargos relacionados con la seguridad en el estado.
JUAN MANUEL CARRERAS LÓPEZ (2006-2012)
Juan Manuel Carreras estudió a lado de Felipe Calderón, ex presidente de México, en la Escuela Libre de Derecho y en 2006 fue incluido en su gobierno como director general de la Comisión para la Regularización de la Tenencia de la Tierra (Corett) y en 2009 pasó a ocupar el cargo como titular del Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica, esto a pesar de que Calderón había llegado a la presidencia por el PAN y el potosino siempre ha pertenecido al PRI.
Carreras fue gobernador de San Luis Potosí en el periodo 2015-2021, también ha ocupado cargos como diputado federal y fue secretario de Educación Estatal en la gestión de Fernando Toranzo.
JUAN RAMIRO ROBLEDO RUIZ (1995-1997)
El potosino llegó a ser subsecretario de Protección Civil, Prevención y Readaptación Social de la Secretaría de Gobernación del sexenio de Ernesto Zedillo, donde permaneció dos años.
Robledo Ruiz es un ex miembro del PRI en el que obtuvo cargos como diputado federal y senador. Actualmente es legislador federal por el partido Morena, quien sigue los valores de la Cuarta Transformación.
ANTONIO ROCHA CORDERO (1964-1967)
En 1964 el presidente Gustavo Díaz Ordaz nombró a Antonio Rocha Cordero, titular de la Procuraduría General de la República donde permaneció hasta 1967, aunque no hay antecedentes de las acciones que realizó en este periodo se sabe que dejó su cargo para ser postulado candidato del PRI a gobernador de San Luis Potosí y que resultó electo.
El gobierno de Rocha Cordero en el estado tuvo una buena aceptación y su popularidad hizo que Díaz Ordaz lo llegara a considerar como candidato del PRI a la presidencia de México, aunque finalmente recayó en Luis Echeverría. El potosino también fue ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, diputado federal y senador.
GONZALO MARTÍNEZ CORBALÁ (1972-1982)
El potosino fue embajador en Chile de 1972 a 1974 durante el mandato del presidente Luis Echeverría, donde le tocó vivir el golpe de estado contra Salvador Allende por parte de August Pinochet, pero dio asilo a 756 personas perseguidas por la instaurada dictadura, incluido al poeta Pablo Neruda, quien de último momento pospuso su huida y un día antes de salir del país murió a causa de un cáncer avanzado. Luego de esto, en 1992 fue condecorado con la Orden al Mérito de Chile.
Martínez Corbalá volvió a ocupar el cargo de embajador de México de 1880 a 1982 con el presidente José López Portillo, pero está vez en Cuba, en donde estableció lazos de amistad con Fidel Castro. También ocupó cargos como la dirección general del ISSSTE, fue gobernador de San Luis Potosí, diputado federal y senador.
FAUSTO ZAPATA LOREDO (1970-1993)
Durante la presidencia de Luis Echeverría Álvarez, fue subsecretario de la Presidencia de la República; con José López Portillo lo nombró embajador en Italia y Malta; con Miguel de la Madrid Hurtado fue embajador en la República Popular China; mientras que con Carlos Salinas de Gortarí fue cónsul general de México en Los Ángeles y Nueva York.
Fausto Zapata fue condecorado por su actividad política y diplomática por 16 países, entre ellos: Gran Bretaña, Francia, Italia, Japón, Alemania y Arabia Saudita.
GONZALO N. SANTOS (1934-1939)
Durante la gestión de Lázaro Cárdenas, Gonzalo N. Santos se convirtió en embajador de México en Bélgica y Dinamarca, en donde permaneció durante toda la administración. Mantuvo relaciones muy estrechas también con los presidentes Plutarco Elias Calles y Manuel Ávila Camacho.
Fue parte del Ejército Constitucionalista que luchaba contra Victoriano Huerta y en 1929 fue uno de los primeros políticos en unirse al Partido Revolucionario Institucional (PRI), con la credencial número seis. También ocupó cargos como senador y diputado federal y fue gobernador de San Luis Potosí (1943 a 1949).
PONCIANO ARRIAGA (1852-1853)
Entre 1852 y 1853 Arriaga fue nombrado ministro de Justicia, Negocios Eclesiásticos e Instrucción Pública en el gabinete del presidente Mariano Arista, hasta que fue desterrado por sus ideas liberales y su oposición a la dictadura por el nuevo presidente, Antonio López de Santa Anna.
Ponciano Arriaga se convirtió en un destacado personaje que pudo llegar a ser un presidente liberal, pues es considerado el padre de la Constitución de 1857, fundó la Junta Revolucionaria junto a Melchor Ocampo y Benito Juárez y derrocó a los conservadores, para regresar triunfantes al país en 1855 con la Revolución de Ayutla.
MARIANO ARISTA (1851-1853)
En 1850 Mariano Arista se presentó como uno de los 15 candidatos presidenciales y después de la segunda etapa de votaciones, Arista fue proclamado como ganador de la contienda, con 79 votos en la República Mexicana y 42 en la capital, mismos que le daban la mayoría necesaria.
El potosino asumió el cargo de presidente el 15 de enero de 1851, hasta 1853. Su administración se concentró en tratar de impulsar la minería y la agricultura, además de intentar frenar la corrupción y poner orden en las finanzas. Estableció la primera línea telegráfica entre la capital y el puerto de Veracruz.
MIGUEL FRANCISCO BARRAGÁN ORTÍZ (1833-1836)
Miguel Barragan trabajó como secretario de Guerra del gabinete de Antonio López de Santa Anna en 1833 y continuaría en ese cargo con Valentín Gómez Farías; aunque en 1835 , el Congreso lo nombró presidente interino de la República luego de que Santa Anna pidiera licencia. Durante su administración, la República dejó de ser federal para pasar al centralismo.
Miguel Barragán incursionó dentro del ejército realista, en donde fue ascendido como alférez, luego como coronel y comandante, en donde tuvo cabida dentro del Plan de Iguala. Fue nombrado por el Congreso local gobernador Constitucional del Estado de Veracruz en 1824.
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#4 Tiempos
Dos gobernadores, una presidenta y un precipicio | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Culto Público, hijos del pleno disfrute de mi soberanía:
Esta semana, dos gobernadores se asomaron al mismo hoyo, o precipicio para ser preciso, pero no por la misma razón. Una, Maru Campos, abrió la puerta de atrás de la soberanía para que entraran unos invitados que debían tocar el timbre. El otro amaneció con el nombre rondando en un expediente del Distrito Sur de Nueva York que huele a chupitos, dinero sucio y vergüenza pública.
En medio de los dos, berenjenales, una presidenta caminando sobre alambre: abajo, el abismo; arriba, el ruido; enfrente, Trump afilándose los dientotes.
Pero, respiremos para no marearnos:
Maru Campos usó la eficiencia como coartada para abrir la puerta… y no se vale.
La gobernadora de Chihuahua decidió que la soberanía nacional, vista desde su oficina, puede estorbar más que ayudar. Y entonces, según se reportó, acordó una operación con agentes de la CIA en territorio mexicano sin pasar por la ventanilla de Palacio Nacional.
El operativo funcionó. Desmantelaron un laboratorio y que bueno. Hubo resultado… sí, pero ahí está precisamente el problema: hay actos que, aunque sean eficaces, resultan todavía más peligrosos y no son legales. Colgarse de un diablito eléctrico, por ejemplo, es eficaz porque te da luz, pero en una de esas te quedas pegado y es ilegal porque le estas robando a la Comisión o al vecino.
Se oye feo y el hubiera no existe (aunque yo tengo otros datos) pero ¿Qué hubiera pasado si los dos agentes de la CIA no hubieran muerto? Maru se hubiera salido con la suya (con cual otra) y dejaría una ventana abierta para que esas criaturas comedoras de hamburguers and fríes, pudieran entrar y salir cuando convenga y hacer lo mismo con los vecinos.
En cambio, con los CIA boys volteados y fallecidos, el asunto escaló al grado de hervor necesario como para poder sacar a Maru hasta de la olla.
Aceptemos hijos de mi México en la piel: la soberanía no sirve nomás para adornar discursos del 15 de septiembre ni para que los niños la memoricen en civismo. La soberanía es la cerradura de la casa. Y si otro Estado entra sin permiso, no está ayudando, está recordando que quiere copia de la llave.
Maru confundió cooperación con autoservicio diplomático. Creyó que podía brincarse la fila institucional porque la causa era noble, urgente o rentable en términos de imagen. Y no. En este país, al menos en el papel (y de vez en cuando también en la práctica), la coordinación con agencias extranjeras no la administra un gobierno estatal como quien pide refuerzo por aplicación.
El asunto no es si el laboratorio existía. El asunto no es si el operativo fue “exitoso”. El asunto es que cuando un gobernador decide que puede gestionar la relación con un poder extranjero por su cuenta, lo que desmantela no es solo un narcolaboratorio: desmantela la jerarquía del Estado mexicano.
Muy eficiente todo. Muy práctico. Muy “resolvimos”. Pues sí, pero hasta que uno recuerda que así empiezan las cesiones: primero te agarro la manita, luego te llevo del brazo y al final hasta tienes que tender la ropa, o en otras palabras: primero por utilidad, luego por costumbre y al final por obediencia. (Y de ahí a ponerle estrella 51 a la bandera gringa pues tampoco falta tanto…ojalá esté exagerando)
Del otro lado (no del país, sino de la moneda) está Rubén Rocha Moya. Y lo suyo no es una puerta abierta, sino una sótano obscuro.
Según las acusaciones dadas a conocer en Nueva York, su nombre aparece salpicado por un expediente que habla de narcotráfico, armas, sobornos y una red de complicidades donde varios funcionarios también quedaron embarrados. Dicho así, parece serie mala de plataforma. El problema es que no lo escribió Netflix (ni modo, ¿para qué me cortan mi acceso? -ambiciosos-)
Rocha respondió como responden casi todos cuando sienten el agua en el cuello: que todo tranqui, que ya habló con la presidenta, que no pasa nada. Uff, esa frase dicha por políticos suele tener la consistencia de una gelatina de esas temblorosas con papelito húmedo del que escurre.
Y aquí conviene dejar algo claro para que no nos gane ni la pasión patriótica ni la tentación del linchamiento por delivery: si hay pruebas, que se investigue; si no las hay, que no se condene por consigna. Así de sencillo y valido para los dos gobernadores mencionados.
Porque la soberanía no puede servir para abrirle la puerta a la CIA en Chihuahua, pero tampoco para tapar con la bandera a un gobernador señalado por una corte extranjera. El escudo nacional no es sábana para cubrir vergüenzas.
El problema de fondo no se llama Maru. Ni Rocha. El problema se llama ¿Qué nos dice todo esto? ¿Qué lineas se leen desde el exterior?
En política, ya sabemos, la percepción es esa bestia que muerde más duro que los hechos.
Si México se ve como un país que protege a sus impresentables bajo el argumento de la autodeterminación, le está poniendo la mesa a Trump para que vuelva a vender su cuento favorito: que aquí no gobierna un Estado, sino un cártel con himno y Palacio.
Y si el gobierno mexicano actúa con tibieza, peor: la narrativa se le arma sola al vecino.
Pero si la Fiscalía decide avanzar, si encuentra elementos sólidos, si el lodo deja de ser rumor y se vuelve expediente, entonces la 4T tendrá que tragarse una piedra. Porque una cosa es defender la soberanía frente a Washington, y otra muy distinta descubrir que uno de los tuyos tiene las manotas llenas de fango.
Y ahí sí se abre el cajón que nadie quiere abrir: cuánto se sabía, quién miró para otro lado, quién cobró, quién calló y cuánto de ese dinero lubricó las maquinarias electorales de años recientes (saludos a Palenque).
Tómala barbón. Ese es el verdadero mega golpazo, y es que el lodo mancha los zapatos del que pisa, pero también salpica a quien lo acompaña y aquí está en duda el actuar en consecuencia porque, como escribió Carlos Monsiváis: “En México la impunidad no es la excepción, es el paisaje“.
Esta mañana Claudia Sheinbaum hizo lo único que podía hacer: caminar por la cuerda sin mirar abajo. Dijo, en esencia, que si hay pruebas contundentes se actuará, pero que México no aceptará instrucciones de un juez extranjero como si la soberanía fuera un trámite aduanal.
Y esa es la cuerda exacta.
Ni entreguismo disfrazado de colaboración, como en Chihuahua. Ni encubrimiento envuelto en nacionalismo, como quisieran algunos en Sinaloa. Ni subordinación. Ni impunidad.
Difícil equilibrio. Porque un paso en falso la deja del lado de los débiles frente a Washington y el mundo; el otro, del lado de los complacientes frente a los propios. Y mientras, la oposición se siente en el circo: aplaude las acrobacias mientras por dentro espera la caída del malabarista con grado de dificultad del tipo precio de la gasolina, alianza amarrada con hilo del delgado y T-MEC en puerta.
Estar en los zapatos de Claudia Sheinbaum en este momento, es lo mismo que cambiar un foco con cables pelones saliendo de la ducha.
En resumen, dos gobernadores se asomaron esta semana al precipicio y pueden acabar en el hoyo. Mi presidenta entre tanto, mide la profundidad sin pestañear para el próximo brinco.
Y aquí no se vale resbalarse porque nadie sabemos si todavía queda suelo institucional antes del fondo.
Bemoles.
¿Ya vieron las últimas encuestas? La senadora Ruth González, de acuerdo a los resultados de una empresa seria que hizo el ejercicio a nivel nacional, en este momento y en caso de decidirse a ser candidata solamente por el Verde, arrancaría la contienda con más de 20 puntos de ventaja contra todos. A nadie sorprende el dato y parece que los demás protagonistas posibles se están pasando de cautos.
Será que se desaniman por los números ¿o será que ya todo está amarrado y la senadora irá prácticamente sin rival? Ese escenario es posible… aunque aburrido y hasta injusto para la senadora Ruth. Su legitimación fundada en su alta votación está en riesgo. Sin rival, da lo mismo tener 500 mil ó 5 mil votos.
Hasta la próxima. Yo soy Jorge Saldaña.
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Ciudad
La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Tercera parte.
El caos legal silencioso, la ley invisible y la abuela que tiene la última palabra
«Te amo, ¡oh capital infame! […] por lo mismo que eres vieja y terrible, te adoro.»
Charles Baudelaire, Las flores del mal
Por: Jorge Saldaña
Baudelaire amaba a París por todo aquello que la afeaba. Por su vejez, por su horror, por su escándalo cotidiano. La nuestra es una ciudad menor en escala, pero la lógica del afecto es la misma: amamos a San Luis no a pesar de su desorden onomástico, sino, en parte, gracias a él. Lo que sigue, sin embargo, es la cara administrativa de ese amor: lo que se cae cuando una placa equivocada se enfrenta a un trámite real. Lo que dice la ley y lo que dice la placa
El Reglamento de Construcciones del Municipio de San Luis Potosí, en su artículo 21, establece con esa solemnidad que tienen los reglamentos cuando saben que nadie los lee:
«Solo el Cabildo del Ayuntamiento determinará el nombre oficial de las vías públicas, parques, jardines, plazas y espacios abiertos.»
Solo el Cabildo. No la costumbre, no el vecino, no la imprenta de la esquina. Y, sin embargo, basta con caminar tres cuadras desde el centro para entender que la ley vive en una ciudad y las placas en otra. La Dirección General de Catastro, Desarrollo Urbano y Nuevos Proyectos del Ayuntamiento es la dependencia encargada de validar la nomenclatura municipal. Recibe solicitudes de nuevas calles en fraccionamientos y dictamina la adopción de nombres a través del Cabildo. Para el centro histórico, sus mapas se actualizan periódicamente; pero la mayoría de las placas físicas son anteriores a estos registros. Hay un acuerdo tácito de no tocar las placas patrimoniales, aunque sean contradictorias. Es decir: se prefiere el caos pintoresco al orden uniforme.
La cadena de consecuencias
¿Qué se cae cuando una placa no coincide con otra? Se cae más de lo que parece. Pongámoslo en lista, que para eso sirven las listas:
Domicilios fiscales: el SAT y la Secretaría de Finanzas estatal exigen una dirección homologada. Si la escritura dice «Calle del Gral. Ignacio Zaragoza» y el recibo predial dice «CALLE ZARAGOZA», hay quien ha tenido que pelear, papel en mano, para acreditar que es la misma puerta.
Catastro municipal e INEGI: el INEGI integra la información catastral y de vialidades al Marco Geoestadístico Nacional, pero trabaja con lo que los municipios le reportan. Si el municipio no reporta los conflictos, el INEGI los reproduce. La cartografía oficial trabaja con la nomenclatura ratificada por Cabildo; la realidad urbana trabaja con la placa que el albañil colocó en 1978. Cuando los dos no coinciden, gana el papel —pero pierde el ciudadano.
Mapas digitales y Google Maps: el algoritmo es generoso pero literal. Si un usuario reporta «Av. Carranza» y otro «Venustiano Carranza», el sistema duplica entradas y el restaurante de la esquina aparece en dos lugares distintos. Las navegaciones GPS toman la nomenclatura del mapa base —no la de la placa física—, y tendremos al turista buscando en una calle un nombre que solo existe en la pantalla.
Servicios de emergencia: una ambulancia que recibe «Calle Aldama» tiene que adivinar si va al tramo que en los planos antiguos era Mica, el que era Real Caja en 1806, o el que se llamó La Moneda en 1860.
Mensajería y comercio electrónico: DHL, Estafeta y FedEx han hecho sus propios diccionarios internos para traducir entre la dirección que el cliente escribió y la dirección que el repartidor encontrará. Es un esfuerzo privado para resolver un desorden público.
Escrituras y notarías: los notarios potosinos saben de memoria cuáles fincas tienen dirección «antigua» y «nueva», y redactan con prudencia: «la finca marcada con el número X de la calle Z, antes calle W». Es un seguro contra litigios, pero también es una confesión: la ciudad no está de acuerdo consigo misma.
Constantino Méndez lo llamó, con frase exacta, una afectación al «derecho a la certidumbre del domicilio». No es una expresión menor. Es, en el fondo, el derecho a estar en algún lado. A que el Estado sepa dónde encontrarte para entregarte un oficio, una multa o una buena noticia. Y ese derecho, en el centro histórico potosino, depende todavía de qué placa te tocó en la suerte de tu cuadra.
La ley que casi nadie ha visto
Hay un dato que conviene introducir aquí, en este punto del reportaje, porque le da la vuelta a la serie histórica. El problema de la nomenclatura aquí expuesto no solo ha tenido respuesta legislativa, sino que ha sido aprobada. Existe la ley. Se publicó. Está vigente. Y la ciudad, sin embargo, sigue caminando como si no se hubiera enterado.
Además la cuenta quien la firmó, el ciudadano Martín Juárez Córdoba, hoy director de Cultura Municipal de San Luis Potosí, y ex diputado local en la LXII Legislatura. Desde esa silla, en febrero de 2020, presentó, junto con Constantino Méndez Ponce —el mismo cronista cuyo estudio sobre las inconsistencias de las placas hemos citado a lo largo de estas tres entregas—, una iniciativa para reformar y adicionar diversos artículos de la Ley de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano del Estado. La iniciativa hacía exactamente lo que el sentido común sugería: definir jurídicamente qué es la nomenclatura de las calles, homologar la información que deben contener las placas y sujetar a regulación municipal a quien las instale, modifique o retire.
La iniciativa caminó. Fue dictaminada, votada favorablemente en el Pleno y publicada en el Periódico Oficial del Estado «Plan de San Luis» el 16 de julio de 2020 como Decreto 0689. Desde entonces, la Ley de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano del Estado contiene cuatro modificaciones que, leídas juntas, son la respuesta jurídica más completa que se ha dado al problema potosino de las placas: el artículo 3° suma la fracción XXXVII e incorpora, como propósito explícito del ordenamiento territorial, «la homologación de la información que deben contener las placas de la nomenclatura de las vialidades»; el artículo 4° suma la fracción CI con la definición misma de placa de nomenclatura; el artículo 8° suma la fracción V, que sujeta a la ley a quien instale, modifique o retire una placa oficial; y el artículo 330 reforma su fracción X para exigir, en todo fraccionamiento nuevo, placas de nomenclatura, señalamiento vial y numeración oficial homologados con la normativa.
En la práctica, la ley pidió que cada placa potosina cargara, además del nombre, cinco datos: nombre completo de la vía, sentido de la circulación, código postal, colonia o barrio, y rango de numeración de la cuadra. Cinco datos. Para una ciudad donde, como hemos visto, hay cruceros con tres versiones distintas del mismo nombre, eso ya sería revolucionario.
Pero el lector que camine ahora mismo por el centro histórico —placa por placa, esquina por esquina— se hará la única pregunta que importa: ¿dónde están esas cinco líneas? La ley existe; las placas, en su mayoría, no la han escuchado.
Hoy, desde la Dirección de Cultura Municipal, Juárez Córdoba aportó otro ángulo durante la entrevista que es más antropológico que jurídico y explicó que las placas antiguas de azulejo del centro histórico —«frecuentemente denominadas de Talavera o mayólica»— ya están protegidas a nivel federal por la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, en tanto el primer cuadro está clasificado como Zona de Monumentos Históricos.
«No pueden ser modificadas, retiradas o dañadas sin autorización del INAH», dice.
Es decir: la coexistencia de placas viejas y nuevas no es un problema técnico, es un mandato federal. Lo que falta, otra vez, es articular esa protección con la ley estatal de 2020.
Su conclusión va al fondo del asunto y se cita por su precisión: «es muy necesario que trabajemos con mayor estrategia en la recuperación de los nombres antiguos de las calles, principalmente como un ejercicio de salvaguardia de la memoria colectiva y la identidad local, reconociendo que la toponimia popular narra la historia cotidiana, en ocasiones mejor que los nombres formales».
Esa frase —que la toponimia popular narra la historia cotidiana mejor que los nombres formales— podría haber sido el subtítulo de este reportaje. Y de la ley vigente que aún espera ver el azulejo.
Los callejones, o la versión menor de la historia
Si las calles son la firma del poder, los callejones son la firma de la gente. Más estrechos, más ignorados por las placas, más sobrevivientes. En San Luis Potosí los callejones tienen nombres que ningún cabildo se atrevió a cambiar, porque cambiarlos hubiera sido una grosería.
Callejón del Cariño
Mediados del siglo XIX. Existió la pulquería «del Cariño». La dueña, doña Isabel Bedoya, era conocida como «La Cariñosa», y la pulquería tomó el alias antes de que el alias tomara el callejón. El nombre del callejón es, así, el sobrenombre de un sobrenombre. Triple etimología popular.
Callejón del Codo
Pequeña vía diagonal entre Salazar y Juan Sarabia. Se le conoce con ese nombre desde 1860. Su trazado quebrado —forma un codo— le ganó el apelativo. Hoy sigue ahí, codeando la cuadrícula.
Callejón de la Yedra
Se llamó antes Callejón del Arco y Los Espantos. La yedra que le dio nombre era una planta de la familia de las malváceas (Mediola carolineana) que abundaba en el lugar. Hoy ya no hay yedras, pero el nombre se quedó como un fósil botánico.
Callejón del Beso (o del Jordan)
No es romance: es burla. El coronel Eduardo Jordán fue tildado de cobarde tras evitar la batalla de Ahualulco. Las mujeres del mercado —fruteras, verduleras, tortilleras— hicieron una colecta de $116.00 para pagar a un poeta que escribiera versos satíricos contra él. Probablemente el callejón más anti-épico de México: nombrado por una vergüenza colectiva.
Callejón del Buche
Nombre popular que la gente de los años treinta del siglo XX otorgaba a la actual calle Altamirano. «Buche» de qué, no se sabe. Es uno de esos nombres que sobrevivieron solo en la memoria oral y que el cronista rescata como quien rescata una receta.
Juan del Jarro
Más calle que callejón, pero merece la pena estar aquí por su rareza. Lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, pordiosero potosino del siglo XIX. Vestía con harapos, cargaba un jarro al hombro y se le atribuían dotes adivinatorias. La gente lo consultaba sobre fechas de fallecimiento y matrimonios futuros. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene una placa oficial.
Las cinco inconsistencias estructurales:
Numeración incoherente. Hay calles donde los números no avanzan: retroceden, saltan o se repiten. Méndez documenta cruceros con tres y hasta cuatro placas distintas en una misma esquina.
Variantes ortotipográficas en placas oficiales. Una calle es «Gral. Simón Bolívar» en una placa, «Avenida Bolívar» en otra y «calle de las Bóvedas» —el nombre antiguo, todavía visible— en una tercera. Las tres son oficiales. Ninguna es ilegal. Todas son confusas. Y todas, desde julio de 2020, contradicen lo que ordena el Decreto 0689.
Apellidos sin nombre. Calles llamadas Alvarado, Uresti, Espinosa, Muñoz o Domínguez, sin más dato. Sobre esto Castro Escalante advierte que es «muy difícil dar datos biográficos de estos personajes por ser casi anónimos». Octavio Pedroza añade desde su experiencia: ¿quién fue Comonfort, quién fue Pánfilo Natera, quién fue Mascorro, quién fue Agustín Vera? Los apellidos viajan solos.
Coexistencia de nomenclatura antigua y nueva. Las placas de azulejo del siglo XIX no se han retirado; conviven con las placas modernas. Bonito patrimonialmente, jurídicamente un caos, pero ahora protegido por la federación, según recuerda Juárez Córdoba.
Discordancia entre catastro, INEGI y mapas digitales. El INEGI registra una nomenclatura, el catastro municipal otra ligeramente distinta, Google Maps una tercera basada en aportaciones de usuarios, y la placa física —la que el ciudadano lee— a veces no coincide con ninguna.
Si una ciudad no puede ponerse de acuerdo en el nombre de una calle, quizá tampoco pueda ponerse de acuerdo en su destino
.
Esta frase no intenta sentenciar y, por el contrario, alivia: porque la otra opción —la de una ciudad que sí se pone de acuerdo en todo, que homologa, que pavimenta su pasado, que retira las placas viejas para que solo quede una versión— es peor. Es la ciudad sin memoria. Es la ciudad sin pulquería del Cariño, sin pordiosero adivino, sin coronel cobarde, sin tamalera. Es, en suma, la ciudad correcta pero muerta. Qué aburrido.
Y, sin embargo, este reportaje no concluye con el alivio. Concluye con una incomodidad nueva. Porque ahora ya sabemos que la ley existe. Que un diputado y un cronista hicieron su trabajo. Que el Pleno hizo el suyo. Que el Decreto 0689 fue publicado hace casi seis años en el Periódico Oficial. Y que las placas, sin embargo, siguen sin saberlo. La pregunta deja de ser «por qué nadie ha legislado» y se vuelve, mucho más incómoda, «por qué se legisla y no se aplica».
Lo que han mostrado nuestras tres entregas, y lo que han confirmado las voces de los tres exalcaldes y del director de cultura municipal, es que San Luis Potosí prefiere el palimpsesto, el dejar huellas del pasado para poner una nueva que a golpe de calendario un día será nuevamente huella.
Pero no se debería confundir el palimpsesto con la negligencia. Pedroza pide un compendio que explique los nombres y advierte contra el cambio caprichoso. García Valdez propone homologar conservando, dialogando lo antiguo con lo nuevo. Juárez Córdoba —que firmó la ley— recuerda que la federación ya protege las placas patrimoniales. Tres maneras de decir lo mismo: que la ciudad sí quiere orden, pero no a costa del rastro de su historia. Lo que falta es voluntad para articular la ley con la calle.
La verdadera radiografía moral, entonces, no está en la inconsistencia: está en la decisión —tantas veces postergada, tantas veces compartida— de no hacer cumplir lo ya decidido. En que el cabildo, el catastro, el INEGI y los mapas digitales sigan en una conversación abierta en la que nadie tiene la última palabra, ni siquiera el Decreto 0689. Porque la última palabra, en el centro histórico potosino, la sigue teniendo la abuela, la que dice La Corriente cuando todo el mundo dice Reforma.
Y a esa abuela —que es Borges sin saberlo, que es Calvino sin haberlo leído, que es Baudelaire sin París pero con La Merced— nadie le quita la palabra porque esa abuela… es la ciudad.
Fuentes
Reportaje basado en la investigación histórica de Arcadio Castro Escalante («Por las viejas calles de aquel San Luis») y el estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura potosina. Se consultaron además el Reglamento de Construcciones del Municipio de San Luis Potosí (artículo 21), la Ley de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano del Estado de San Luis Potosí —en su texto vigente, reformada por Decreto 0689 publicado en el Periódico Oficial del Estado «Plan de San Luis» el 16 de julio de 2020 a propuesta del entonces diputado Martín Juárez Córdoba y el ciudadano Constantino Méndez Ponce—, los lineamientos de la Dirección General de Catastro, Desarrollo Urbano y Nuevos Proyectos del Ayuntamiento, y los marcos catastrales del INEGI. Las citas literarias provienen de Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en «El otro, el mismo» (1964); Italo Calvino, «Las ciudades invisibles» (1972); y Charles Baudelaire, «Las flores del mal» («Épilogue»). Se entrevistó para esta serie a Octavio Pedroza Gaitán, presidente municipal 2004-2006 y exsenador; a Mario García Valdez, presidente municipal 2012-2015, ex rector de la UASLP y actual secretario de Cultura del gobierno del Estado; y a Martín Juárez Córdoba, ex diputado local y actual director de Cultura Municipal de San Luis Potosí.
Anotación del periodista: Se transcribe la parte final del prólogo de Arcadio Escalante en su obra multicitada en este reportaje porque en la única edición de la obra, en 1999, el autor hace un hincapié relevante que no demerita su investigación, sin embargo, admite posibles errores que él mismo justifica:
“Como todo trabajo editorial realizado por humanos, podría haber algunos errores, sobre todo en el presente, en el que se han utilizado algunos planos algo ilegibles….”
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Puentes, parque urbano y nuevas vialidades forman parte de los proyectos anunciados en SLP
Por: Redacción
Ricardo Gallardo Cardona, gobernador de San Luis Potosí, anunció una nueva etapa de obras de infraestructura en la zona metropolitana, que incluye la construcción de más puentes vehiculares, la ampliación de vialidades estratégicas y el fortalecimiento del transporte público.
El mandatario adelantó que en breve se lanzará la licitación para un nuevo puente en la Glorieta de la Familia, ubicada en Lomas del Tecnológico, como parte de un paquete de proyectos que busca mejorar la movilidad urbana.
“Llevamos seis puentes construidos y vamos por otros seis más. La meta es llegar a 12 puentes de primer nivel”, señ aló.
Además, destacó que su administración ha impulsado más de 4 mil obras en las cuatro regiones del estado, con énfasis en la zona metropolitana.
Entre los proyectos próximos a iniciar, mencionó la continuación de la Vía Alterna, específicamente en el tramo del eje 120 al 140, cuya ejecución arrancaría en aproximadamente 15 días.
En el caso de Villa de Pozos, el gobernador informó que ya concluyó el entubado en la zona de Los Silos, lo que permitirá avanzar en la creación de un parque urbano en ese espacio.
“Se acabaron las aguas negras en la zona, ahora vamos a desarrollar un parque urbano”, afirmó.
Respecto a la movilidad, Gallardo Cardona indicó que, si bien se contemplan proyectos de ciclovías, la prioridad de su gobierno es el transporte público.
En ese sentido, anunció que se proyecta la implementación de tres nuevas líneas de Red Metro en la ciudad, con el objetivo de mejorar la conectividad y reducir los tiempos de traslado.
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