abril 29, 2026

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¿Qué potosinos han ocupado cargos en el gabinete presidencial?

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Adán Augusto López ha dicho que de ser presidente incluiría a Ricardo Gallardo en su equipo, pero antes que él otros paisanos han contado con la confianza de los presidentes

Por: Ana G Silva

Durante la visita de Adán Augusto López Hernández, secretario de Gobernación de Andrés Manuel López Obrador, a la capital potosina, reveló a este medio que sumaría a Ricardo Gallardo, gobernador de San Luis Potosí, en su gabinete de ganar la presidencia como secretario de Agricultura. Momentos antes, el funcionario federal dedicó algunos cumplidos a la trayectoria del gobernador y apuntó: “a mí me parece que trae ganas de tener otro puesto”.

Con estas declaraciones que colocarían al mandatario potosino dentro del próximo gabinete federal, La Orquesta recopiló información de potosinos que ocupan o han ocupado un cargo cercano al Gobierno de México:

 

ROSA ISELA RODRÍGUEZ (2020-a la fecha)

La nacida en Xilitla actualmente es la titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del gobierno del presidente López Obrador, convirtiéndose en la primera mujer en estar en ese cargo en la historia de México.

Rosa Isela es periodista y ha ocupado distintos cargos políticos en la Ciudad de México, principalmente relacionados con la seguridad pública.

 

PALOMA RACHEL AGUILAR (2018-a la fecha)

Tras la victoria de Andrés Manuel López Obrador en la presidencia de la República, Paloma Rachel Aguilar Correa se integró a la oficina de la Ayudantía del presidente, esto luego de que ella rompiera relación con varios integrantes de su partido en San Luis Potosí. Además, luego de participar como candidata a la gubernatura del estado, se reintegró al gobierno federal donde actualmente labora en la Administración Pública Federal, como Administradora General de Recursos y Servicios del SAT.

La potosina es licenciada en Derecho, fue asesora parlamentaria del Congreso Local y es una de las fundadoras de Morena San Luis.

 

NOEMI HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ BORJAS (2017-a la fecha)

Directora en el área internacional de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, quien gestiona las alianzas internacionales y la cooperación estratégica de la dependencia federal con países y embajadas, así como con diversos Organismos Internacionales y Think Tanks.

Su formación en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey en la licenciatura en Relaciones Internacionales y su maestría en la Universidad de Essex en Reino Unido sobre Economía Política, la han llevado a desarrollarse en asuntos internacionales que han ido escalando pues fue practicante de asuntos políticos en la embajada de México en Marruecos y ocupó una dirección en la Secretaría de Desarrollo Social en 2016.

 

ENRIQUE GALINDO CEBALLOS (2012-2018)

A finales de 2012, Galindo fue nombrado Comisionado General de la Policía Federal de México en la gestión de Enrique Peña Nieto. Durante su gestión se realizó la detención de “23 objetivos prioritarios en México”, entre ellos: Joaquín Guzmán Loera “El Chapo” en dos ocasiones; Servando Gómez Martínez “La Tuta”; Héctor Beltrán Leyva; Luis Fernando Sánchez Arellano; José Luis Abarca Velázquez y María de los Ángeles Pineda, implicados en el caso de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa; entre otros.

Enrique Galindo es el actual presidente municipal de San Luis Potosí, luego de una histórica representación del PRI y el PAN. Fue presidente y secretario Ejecutivo de la Comunidad de Policías de América y ha ocupado cargos relacionados con la seguridad en el estado.

 

JUAN MANUEL CARRERAS LÓPEZ (2006-2012)

Juan Manuel Carreras estudió a lado de Felipe Calderón, ex presidente de México, en la Escuela Libre de Derecho y en 2006 fue incluido en su gobierno como director general de la Comisión para la Regularización de la Tenencia de la Tierra (Corett) y en 2009 pasó a ocupar el cargo como titular del Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica, esto a pesar de que Calderón había llegado a la presidencia por el PAN y el potosino siempre ha pertenecido al PRI.

Carreras fue gobernador de San Luis Potosí en el periodo 2015-2021, también ha ocupado cargos como diputado federal y fue secretario de Educación Estatal en la gestión de Fernando Toranzo.

 

JUAN RAMIRO ROBLEDO RUIZ (1995-1997)

El potosino llegó a ser subsecretario de Protección Civil, Prevención y Readaptación Social de la Secretaría de Gobernación del sexenio de Ernesto Zedillo, donde permaneció dos años.

Robledo Ruiz es un ex miembro del PRI en el que obtuvo cargos como diputado federal y senador. Actualmente es legislador federal por el partido Morena, quien sigue los valores de la Cuarta Transformación.

 

ANTONIO ROCHA CORDERO (1964-1967)

En 1964 el presidente Gustavo Díaz Ordaz nombró a Antonio Rocha Cordero, titular de la Procuraduría General de la República donde permaneció hasta 1967, aunque no hay antecedentes de las acciones que realizó en este periodo se sabe que dejó su cargo para ser postulado candidato del PRI a gobernador de San Luis Potosí y que resultó electo.

El gobierno de Rocha Cordero en el estado tuvo una buena aceptación y su popularidad hizo que Díaz Ordaz lo llegara a considerar como candidato del PRI a la presidencia de México, aunque finalmente recayó en Luis Echeverría. El potosino también fue ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, diputado federal y senador.

 

GONZALO MARTÍNEZ CORBALÁ (1972-1982)

El potosino fue embajador en Chile de 1972 a 1974 durante el mandato del presidente Luis Echeverría, donde le tocó vivir el golpe de estado contra Salvador Allende por parte de August Pinochet, pero dio asilo a 756 personas perseguidas por la instaurada dictadura, incluido al poeta Pablo Neruda, quien de último momento pospuso su huida y un día antes de salir del país murió a causa de un cáncer avanzado. Luego de esto, en 1992 fue condecorado con la Orden al Mérito de Chile.

Martínez Corbalá volvió a ocupar el cargo de embajador de México de 1880 a 1982 con el presidente José López Portillo, pero está vez en Cuba, en donde estableció lazos de amistad con Fidel Castro. También ocupó cargos como la dirección general del ISSSTE, fue gobernador de San Luis Potosí, diputado federal y senador.

 

FAUSTO ZAPATA LOREDO (1970-1993)

Durante la presidencia de Luis Echeverría Álvarez, fue subsecretario de la Presidencia de la República; con José López Portillo lo nombró embajador en Italia y Malta; con Miguel de la Madrid Hurtado fue embajador en la República Popular China; mientras que con Carlos Salinas de Gortarí fue cónsul general de México en Los Ángeles y Nueva York.

Fausto Zapata fue condecorado por su actividad política y diplomática por 16 países, entre ellos: Gran Bretaña, Francia, Italia, Japón, Alemania y Arabia Saudita.

 

GONZALO N. SANTOS (1934-1939)

Durante la gestión de Lázaro Cárdenas, Gonzalo N. Santos se convirtió en embajador de México en Bélgica y Dinamarca, en donde permaneció durante toda la administración. Mantuvo relaciones muy estrechas también con los presidentes Plutarco Elias Calles y Manuel Ávila Camacho.

Fue parte del Ejército Constitucionalista que luchaba contra Victoriano Huerta y en 1929 fue uno de los primeros políticos en unirse al Partido Revolucionario Institucional (PRI), con la credencial número seis. También ocupó cargos como senador y diputado federal y fue gobernador de San Luis Potosí (1943 a 1949).

 

PONCIANO ARRIAGA (1852-1853)

Entre 1852 y 1853 Arriaga fue nombrado ministro de Justicia, Negocios Eclesiásticos e Instrucción Pública en el gabinete del presidente Mariano Arista, hasta que fue desterrado por sus ideas liberales y su oposición a la dictadura por el nuevo presidente, Antonio López de Santa Anna.

Ponciano Arriaga se convirtió en un destacado personaje que pudo llegar a ser un presidente liberal, pues es considerado el padre de la Constitución de 1857, fundó la Junta Revolucionaria junto a Melchor Ocampo y Benito Juárez y derrocó a los conservadores, para regresar triunfantes al país en 1855 con la Revolución de Ayutla.

 

MARIANO ARISTA (1851-1853)

En 1850 Mariano Arista se presentó como uno de los 15 candidatos presidenciales y después de la segunda etapa de votaciones, Arista fue proclamado como ganador de la contienda, con 79 votos en la República Mexicana y 42 en la capital, mismos que le daban la mayoría necesaria.

El potosino asumió el cargo de presidente el 15 de enero de 1851, hasta 1853. Su administración se concentró en tratar de impulsar la minería y la agricultura, además de intentar frenar la corrupción y poner orden en las finanzas. Estableció la primera línea telegráfica entre la capital y el puerto de Veracruz.

 

MIGUEL FRANCISCO BARRAGÁN ORTÍZ (1833-1836)

Miguel Barragan trabajó como secretario de Guerra del gabinete de Antonio López de Santa Anna en 1833 y continuaría en ese cargo con Valentín Gómez Farías; aunque en 1835 , el Congreso lo nombró presidente interino de la República luego de que Santa Anna pidiera licencia. Durante su administración, la República dejó de ser federal para pasar al centralismo.

Miguel Barragán incursionó dentro del ejército realista, en donde fue ascendido como alférez, luego como coronel y comandante, en donde tuvo cabida dentro del Plan de Iguala. Fue nombrado por el Congreso local gobernador Constitucional del Estado de Veracruz en 1824.

También lee: Adán se llevó congreso, colaborador y hasta zacahuil huasteco | Apuntes de Jorge Saldaña

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Francisco Javier Estrada, evidencias del científico que México no supo ver

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Trabajó en electricidad, magnetismo, sonido y energía en un país sin infraestructura científica y sin respaldo institucional su obra quedó dispersa

Por: Ana G Silva

En pleno siglo XIX, cuando México apenas intentaba consolidarse como nación, un científico nacido en San Luis Potosí ya experimentaba con electricidad, comunicación a distancia y reproducción del sonido con una visión que hoy sigue marcando la vida cotidiana. Su nombre: Francisco Javier Estrada Murguía.

Encendió la primera luz eléctrica en América, diseñó uno de los primeros motores eléctricos, desarrolló la comunicación inalámbrica antes que Marconi, mejoró sistemas telefónicos, sentó bases del micrófono de carbón y propuso (con décadas de anticipación) el piano eléctrico.

La reconstrucción de su legado no es reciente. Surge, en gran medida, del trabajo del investigador, divulgador y colaborador de La Orquesta, José Refugio Martínez Mendoza, conocido como Dr. Flash, académico de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, quien durante décadas ha documentado la vida y obra de Estrada. Columnas, artículos y libros de su autoría permiten hoy dimensionar la magnitud de un científico que, pese a todo, sigue siendo un desconocido en su propia tierra

Francisco Javier Estrada no fue un caso aislado de genialidad. Fue un ejemplo de cómo el conocimiento puede generarse en condiciones adversas, pero también de cómo puede perderse cuando no existe una estructura que lo respalde.

Mientras sus ideas eran retomadas en otras partes del mundo, en México quedaban archivadas, ignoradas o simplemente olvidadas.

Hoy, su historia no solo exige reconocimiento. Exige memoria. Porque si algo deja claro su legado, es que el problema no fue la falta de talento. Fue no saber qué hacer con él. Y sinceramente, como bien hoy se dice, “no te merecíamos Estrada”

La noche en que San Luis Potosí se adelantó al mundo

En noviembre de 1877, en el patio del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, ocurrió un episodio que difícilmente ha sido dimensionado en la historia nacional.

Durante una reunión pública organizada para recaudar fondos, Francisco Javier Estrada encendió lámparas de arco mediante un sistema eléctrico desarrollado por él mismo. La escena, descrita en crónicas de la época, no solo sorprendió a los asistentes; marcó un antes y un después en el desarrollo tecnológico del continente.

Aquella demostración significó el encendido de la primera luz eléctrica de arco en América y convirtió al edificio del Instituto en el primero en México iluminado con electricidad. En ese momento, San Luis Potosí no solo observaba el progreso: lo estaba generando.

Lo que siguió fue una serie de aplicaciones prácticas durante 1878, cuando el alumbrado eléctrico comenzó a utilizarse en eventos públicos, generando asombro en la sociedad.

Un inventor adelantado a la historia oficial

En 1886 obtuvo el privilegio (equivalente a una patente) para un sistema que permitía comunicar trenes en movimiento con estaciones ferroviarias sin necesidad de cables. La implicación técnica es clara: comunicación inalámbrica funcional en el siglo XIX

Este desarrollo ocurrió una década antes de que Guglielmo Marconi presentara avances similares en Europa. Sin embargo, el nombre que quedó en los libros fue el del italiano.No se trata de una coincidencia ni de un error menor, sino de una omisión sistemática que responde al contexto de dependencia tecnológica y cultural del México de finales del siglo XIX. Estrada no solo llegó primero: lo hizo sin respaldo industrial, sin financiamiento y sin un entorno que protegiera o proyectara su trabajo.

Dibujo del primer sistema de comunicación inalámbrica en el mundo, presentado por Estrada al Ministerio de Fomento para solicitar su patente para comunicar trenes en movimiento y del cual obtuvo la aprobación el 12 de junio de 1886.
Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
Decreto 9574. Decreto de patente para comunicar trenes en movimiento. Uso práctico por primera vez en el mundo de la comunicación inalámbrica por Francisco Javier Estrada.
Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
 

El sonido como frontera: de los teléfonos al origen del audio moderno

En la década de 1870, Estrada enfocó su trabajo en un problema que parecía secundario frente a la electricidad: la reproducción del sonido.

No lo era.

Sus experimentos lo llevaron a mejorar sistemas telefónicos existentes, desarrollar principios fundamentales del micrófono de carbón y lograr transmisiones de mayor claridad e intensidad. Estas aportaciones no solo resolvían problemas técnicos inmediatos, sino que abrían la puerta a una nueva forma de entender la comunicación.

Micrófono de carbón, desarrollado por Estrada. Siglo XIX. Colección: “Patrimonio Cultural de San Luis Potosí”. Resguardo: J.R. Martínez
Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada

El piano eléctrico que México no construyó

En diciembre de 1878, Estrada publicó en el periódico El Siglo XIX la descripción de un instrumento que no existía en su época: un piano eléctrico.

No se trataba de una idea abstracta. El diseño detallaba un sistema capaz de transformar vibraciones acústicas en señales eléctricas y amplificarlas mediante dispositivos electromagnéticos. Su intención era clara: llevar el sonido más allá de los límites físicos del instrumento tradicional.

No pudo construirlo.

La falta de recursos, materiales y apoyo técnico lo obligaron a hacer algo inusual: publicar el diseño completo para que alguien más pudiera desarrollarlo. En su propia carta lo advertía con claridad, temiendo que la idea fuera retomada en el extranjero sin reconocer su origen.

Ochenta años después, el piano eléctrico se desarrolló fuera de México.

El gabinete de física y la memoria que sobrevivió al abandono

Gran parte de su trabajo se desarrolló en el Gabinete de Física del Instituto Científico y Literario, un espacio que concentró instrumentos, experimentos y enseñanza científica en San Luis Potosí.

Entre esos objetos, destaca uno en particular: un fonógrafo que, según investigaciones recientes, pudo haber sido construido por el propio Estrada como parte de sus estudios sobre reproducción del sonido.

Hoy, ese instrumento se convierte en símbolo de una memoria científica que logró sobrevivir, no gracias a políticas públicas o reconocimiento institucional, sino al esfuerzo de quienes decidieron documentarla.

Aparato para el estudio de la reproducción del sonido, prototipo similar al fonógrafo, posiblemente desarrollado por Estrada. Colección “Patrimonio Cultural de San Luis Potosí”. Resguardo: J.R. Martínez.
Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada

San Luis Potosí, más allá de Estrada

El desarrollo científico de San Luis Potosí no puede entenderse sin la figura de Francisco Javier Estrada. Lejos de ser un episodio aislado, su trabajo marcó un punto de partida que dialoga con una serie de avances que, con el paso de las décadas, consolidaron al estado como un espacio clave para la experimentación tecnológica en México.

Desde los primeros ensayos con globos aerostáticos en las primeras décadas del siglo XIX, pasando por los intentos iniciales de vuelo en 1840, hasta el desarrollo de la aviación en el siglo XX, existe una línea de continuidad en la que la experimentación y la curiosidad científica fueron constantes. Esa misma lógica se extendería más adelante a los estudios de radiación cósmica en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y al lanzamiento del primer cohete con fines científicos en el país en 1958.

En ese entramado histórico, las aportaciones de Estrada no solo anteceden estos logros: ayudan a explicarlos. Su trabajo en electricidad, comunicación inalámbrica y reproducción del sonido no solo abrió nuevas rutas de conocimiento, sino que sentó bases técnicas y conceptuales que formarían parte del desarrollo tecnológico posterior.

Las aportaciones de Francisco Javier Estrada detonaron una tradición científica en San Luis Potosí que evolucionó hacia la aviación, la investigación en radiación cósmica y el lanzamiento del primer cohete científico en México.

También lee: El genio que se niega al olvido | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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Que siempre sí, Soledad saldrá de Interapas entre mayo y junio

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También se revisó el futuro de Villa de Pozos y la distribución del servicio para evitar afectaciones a la población

Por: Redacción

Ricardo Gallardo Cardona, gobernador del Estado de San Luis Potosí, confirmó que el municipio de Soledad de Graciano Sánchez quedará desincorporado del organismo operador Interapas entre mayo y junio, como parte del proceso acordado con autoridades metropolitanas.

El mandatario estatal explicó que el tema fue abordado recientemente en una reunión con alcaldes de la zona conurbada, donde también se revisó el futuro de Villa de Pozos y la distribución del servicio para evitar afectaciones a la población.

La desincorporación de Soledad ya será en mayo. En mayo o junio ya termina desincorporarse Soledad en Interapas”, declaró Gallardo.

El gobernador detalló que uno de los puntos centrales es definir cómo quedarán los pozos actualmente vinculados al sistema metropolitano, así como su operación una vez concluida la separación administrativa. “Estamos trabajando en la situación de Pozos también, cómo va a quedar Pozos”, señaló.

Ricardo Gallardo Cardona, aseguró que el objetivo es alcanzar entendimientos entre los tres municipios involucrados para que ninguna colonia resulte perjudicada por la reorganización del servicio. “Esperemos que lleguen a un buen entendimiento, sobre todo por los pozos donde están colocados para que nadie de la población de ningún municipio quede afectado”, sostuvo.

La salida de Soledad de Graciano Sánchez marcará una reconfiguración importante en el esquema metropolitano del agua, en medio de reclamos ciudadanos por desabasto y presión sobre la infraestructura hidráulica.

También lee: “Estamos igual que hace 4 años”: Galindo sobre separación de Soledad del Interapas

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Ciudad

La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte

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Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina

«No nos une el amor sino el espanto;

será por eso que la quiero tanto.»

Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)

Por: Jorge Saldaña.

Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.

Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.

El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior-  al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.

El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.

De los apodos a los apellidos

En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.

Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.

Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.

Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».

La cuadra como unidad onomástica

Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.

La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.

«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»

Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)

Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.

Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.

Las cuatro fechas bisagra

La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:

  1. 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
  2. 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
  3. 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
  4. 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.

Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.

La memoria popular como capa subterránea

Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.

Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.

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