enero 30, 2026

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#4 Tiempos

¿Qué hacer con el 2021? | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

La semana pasada, Human Rights Watch (HRW)—organización no gubernamental dedicada principalmente a la investigación, promoción y defensa de los derechos humanos— publicó su informe mundial en el que dan cuenta de la situación general de los derechos humanos en el 2021. En el apartado dedicado a México (https://bit.ly/HRW_Mex), en sus comentarios generales sobre el país, la organización internacional reportó que la tortura, las desapariciones forzadas, el abuso a migrantes, las ejecuciones extrajudiciales, la violencia de género y los ataques a periodistas y defensores de derechos humanos se han mantenido en niveles altos durante el gobierno de López Obrador. En esta sección de comentarios generales, HRW enlista de manera breve distintos escándalos nacionales (que parecen ser causas clave para entender el resto del informe): la militarización del país, la crisis de personas desaparecidas, la inconstitucional designación en 2019 de Rosario Piedra al frente de la CNDH, la fallida consulta popular del año pasado y la colaboración del presidente con las “políticas abusivas contra la migración” de Estados Unidos.

Sobre las condiciones de nuestro sistema de justicia penal, el informe de HRW confirma de manera puntual que tenemos un sistema plagado de corrupción, servidores públicos sin la capacitación adecuada, recursos insuficientes, complicidad entre agentes del Ministerio Público y defensores de oficio, así como otro tanto de funcionarios abusivos repartidos a lo largo de los procedimientos tanto de la investigación de los delitos como de la impartición de justicia.

Las cárceles son insalubres y están rebasadas en su capacidad; encima de ello, el catálogo de delitos que ameritan prisión preventiva de manera automática cada vez es más amplio. La tortura es una práctica generalizada, casi una certeza estadística: dos de cada tres personas en prisión alegan haber sido víctimas de violencia al momento de su detención. Sobre la Fiscalía General de la República, HRW enfatiza en que la reforma del 2018 —que formalizó la transición de Procuraduría a Fiscalía— nunca fue implementada de manera correcta y que, además, la nueva reforma de 2021 va precisamente en retroceso en materia de derechos humanos.

Sobre los abusos de nuestros cuerpos militares, el informe da seguimiento a un enfrentamiento armado ocurrido en 2020 en Tamaulipas, en donde un soldado ordenó dar muerte a un civil. A pesar de estar documentado en video, no hay ningún solo detenido. Además, contrario al propio Código de Justicia Militar y a los estándares internacionales en la materia, los hechos son investigados por los propios militares y no por la justicia penal ordinaria. El informe también da cuenta de que la Secretaría de la Defensa Nacional admitió que al menos 47 personas murieron o resultaron heridas durante las actuaciones de las Fuerzas Armadas en lo que va del sexenio. Sobra decir no hay denuncias ni nadie investiga estos casos.

Y así continúa el resto del informe en sus demás apartados. A falta de investigaciones por parte de las autoridades, las y los periodistas en peligro por su profesión se ven orillados a recurrir a la autocensura; siete fueron asesinados el año pasado. En la frontera sur, los elementos de las Fuerzas Armadas —bajo el supuesto mando de la Guardia Nacional— reciben con extrema violencia a las caravanas de migrantes y solicitantes de asilo; ya detenidos, no suelen recibir jabón, mascarillas o tratamiento médico contra el Covid-19. Sobre cambio climático, el informe también registra que en noviembre de 2019 López Obrador anunció falsamente que uno de los acuerdos alcanzados en la cumbre climática de Glasgow había sido inspirado por el programa “Sembrando Vida”, siendo que en realidad se trata de un programa que posiblemente ha causado la pérdida de 72 mil hectáreas de bosque.

¿Qué hacer con esta información? ¿Cómo tratamos esta fotografía del país, que vemos repetida año con año?

El año pasado, la Fiscalía General de la República presentó al Congreso de la Unión una propuesta de reforma que terminó modificando por completo su ley orgánica recién aprobada en diciembre de 2018. Esta nueva ley de la FGR, publicada en el Diario Oficial de la Federación en mayo de 2021, reduce la participación de las víctimas en las investigaciones, minimiza las condiciones de autonomía de las Fiscalías Especializadas y limita aún más las posibilidades de que la FGR atraiga la investigación de un caso que originalmente se investiga en una fiscalía local.

Encima de todo, la FGR cerró la última semana del año pasado despidiendo injustificadamente a cientos de policías ministeriales adscritos a la Agencia de Investigación Criminal, así como peritos y agentes del Ministerio Público. Es decir, en un país en el que solo el 5% de los delitos son resueltos, la Fiscalía —encargada de investigar y de acusar— decide deshacerse de 900 de sus elementos (por cierto, de una manera completamente violatoria de sus derechos laborales).

A pesar de tener un Fiscal que día con día demuestra su notoria ineptitud para ejercer el cargo; a pesar de estar plenamente documentado que la Fiscalía fabrica pruebas para mantener a personas en prisión preventiva; a pesar de que se utilizan a las instituciones para inquinas personales; a pesar de los vergonzosos datos que se publican en informes internacionales; a pesar de todo, López Obrador le refrendó su total apoyo y respaldo a Gertz Manero en una conferencia matutina de hace poco. Mientras eso sucede, en el ámbito local la militarización avanza, pues los gobiernos de los estados comienzan a replicar la transferencia de funciones civiles al régimen castrense: hace un par de semanas, la gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado, designó como Fiscal General del Estado a una teniente coronel en activo de la SEDENA, sin ninguna experiencia en justicia civil.

Ciertamente, las fiscalías no son las únicas responsables de la crisis de derechos humanos en el país; la responsabilidad la comparten, entre otros, con los cuerpos policiales, las fuerzas armadas y los jueces y juezas del país, pero también se comparte en gran medida con un pobre y generalizado diseño institucional que agudiza los desatinos de los actores anteriores. Mientras la investigación y la acusación de los delitos se mantenga en manos de perfiles inadecuados, sin la autonomía requerida y sin los recursos suficientes, los notables esfuerzos que pueda haber, por ejemplo, en las comisiones de búsqueda de personas o en la judicatura federal, servirán prácticamente para nada. La crisis de derechos humanos nos es recordada constantemente por organismos internacionales en la emisión de sus informes, pero también por las miles de personas que diariamente se manifiestan en las calles exigiendo justicia y luchando por sus derechos. Ambos continúan enfrentándose, sin embargo, a la simulación y a los otros datos.

#4 Tiempos

Una prueba de carácter | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

Por: Redacción

El partido de este fin de semana entre Atlético de San Luis y Chivas no es uno más en el calendario. Llega en un momento donde ambos equipos necesitan algo más que puntos: necesitan convicción. En una liga que castiga la duda y premia la determinación, este duelo se presenta como un examen incómodo, de esos que no se aprueban solo con intención.

San Luis llega con la sensación de haber entendido, por fin, cómo competir mejor en su propia narrativa. No es un equipo espectacular, pero sí uno que ha aprendido a sostenerse, a incomodar y a no regalar partidos. En casa, el exAlfonso Lastras y ahora llamado Libertad Financiera, suele convertirse en un escenario exigente para cualquiera, y este encuentro no será la excepción. San Luis sabe que estos partidos son los que construyen temporadas: vencer a un histórico no solo suma en la tabla, también fortalece el discurso interno y ojo aquí, que en su casa, las Chivas solo han podido vencerlo una vez.

Del otro lado aparece superlider Guadalajara, siempre cargando con el peso de su nombre. El Deportivo llega a este compromiso envuelto en la presión habitual que lo acompaña: la obligación de ganar incluso cuando el funcionamiento no termina de convencer. Chivas ha mostrado destellos, pero también lagunas que lo hacen vulnerable, especialmente cuando se enfrenta a equipos ordenados, intensos y sin complejos, justo el perfil que suele adoptar San Luis.

El choque promete ser más táctico que vistoso. San Luis buscará cerrar espacios, obligar a Chivas a jugar incómodo y capitalizar cualquier error. Guadalajara, en cambio, intentará imponer ritmo, pero deberá hacerlo con paciencia, porque la desesperación suele ser su peor enemiga

. Aquí, el partido puede definirse en detalles mínimos: una pelota parada, una distracción defensiva o una decisión tardía.

Hay, además, un componente emocional que no se puede ignorar. Para San Luis, ganarle a Chivas representa confirmar que su proyecto es capaz de competir contra cualquiera. Para Chivas, perder sería otro golpe a una confianza que se recompone con dificultad. En ese cruce de necesidades, el margen de error se reduce al mínimo.

Este tipo de partidos rara vez se recuerdan por su belleza. Se recuerdan por lo que provocan después. Una victoria puede impulsar a San Luis hacia una recta más tranquila; una derrota puede volver a colocar a Chivas bajo el reflector de la crítica. El empate, en cambio, dejaría a ambos con la incómoda sensación de haber dejado algo en el camino.

El fin de semana pondrá frente a frente a dos equipos con realidades distintas, pero con una urgencia compartida: demostrar que pueden sostener una idea cuando el calendario empieza. En la Liga MX no siempre gana el que juega mejor; suele ganar el que entiende mejor el momento.

San Luis y Chivas están justo ahí, frente a un partido que no promete fuegos artificiales, pero sí consecuencias. Y en este torneo, eso suele ser mucho más importante.

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El Cronopio

El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.

En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.

El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.

González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador

, entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.

El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.

Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.

Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.

Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.

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#4 Tiempos

La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.

Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.

En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.

Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.

Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.

Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.

Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.

Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.

Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.

Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.

«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.

 

Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud

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