octubre 20, 2026

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#4 Tiempos

Pesadilla | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

-Si de veras me amas –dijo el joven a Dios en su plegaria nocturna-, déjame ver algo del futuro. ¡Algo, cualquier cosa, te lo suplico!

Se lo pidió una, se lo pidió dos, se lo pidió veinte veces. Entonces Dios, accediendo a su deseo, hizo verle un desierto cuyos contornos le eran vagamente familiares.

-¡Qué desolación! –exclamó el muchacho, lleno de pesadumbre-. Y, sin embargo, este erial no me parece desconocido. Creo haber estado ahí por lo menos en una ocasión. ¿Cuándo? Aquel anuncio de lámina que se pudre al fondo, carcomido por el óxido, me recuerda algo, pero ¿qué exactamente? ¡Ah, ya! ¡Si no me equivoco, es el parque en el que jugaba de niño! ¿De modo que esto es lo que quedará de nuestro querido parque dentro de unos años? ¿Cuántos años? ¿Diez, veinte?

Por más que el espectáculo del parque convertido en yermo lo impresionara grandemente, el joven pasó en seguida a otra cosa. En realidad, lo que quería ver era no algo del futuro, sino algo de su futuro. Cuatro años atrás le habían diagnosticado una enfermedad poco común –y, además, degenerativa-, y como estaba seguro de que moriría pronto (por lo menos así lo creía él), preguntar por su futuro era una manera bastante sutil de preguntar si lo tenía.

-Ahora –volvió a pedir a Dios- hazme ver algo de mí. Muéstrame, por ejemplo, los libros que escribiré, o los edificios que levantaré, o los rostros de las personas que conoceré; o, quiza…

En respuesta a su petición, Dios le mostró una fotografía de respetables dimensiones, algo así como la portada de una revista cuyo título no aparecía por ningún lado; en ésta, una joven bellísima sonreía deliciosamente a la cámara, mostrando una hilera de dientes perfectos.

-¿Quién es esa joven tan hermosa? –preguntó el muchacho-. ¿Mi futura mujer? ¡Si así fuera, lo feliz que sería! ¿De veras será ella mi esposa? ¿Cómo se llama? ¿En dónde se encuentra en este momento? ¿Dónde la veré por primera vez? ¿Ha nacido ya?

Ver aquel rostro bello lo llenó de una profunda tranquilidad. ¡Había futuro, había un futuro para él! No moriría a la edad en la que, sofocado por el pesimismo, agobiado por la enfermedad, había llegado a imaginarse. Insistió con vehemencia:

-¿Quién es?

-Tu hija; es la hija que he pensado para ti –respondió el Señor-. ¿Te gusta?

– Es muy linda –dijo el joven agitando los brazos-. Gracias, Dios…

-No tienes nada que agradecer. Pero, ¿sabrás sacar partido de esto que te he hecho ver?

Ahora que sabía que no sólo no iba a morir joven, sino que además sería padre de una joven bellísima -una joven digna de figurar en portadas de revistas-, el muchacho se dio a la tarea de buscar una novia cuyos rasgos se asemejaran a los de la chica que había contemplado en su visión. Como su novia actual decididamente no los tenía, decidió cortar con ella y comenzar una relación nueva.

En su búsqueda conoció a una joven un poco menor que él a la que ciertamente no amó como a la primera, pero cuya nariz se ajustaba al tipo de chica que se había forjado imaginariamente. Sin embargo, pronto descubrió que si bien la nariz de la muchacha era la adecuada, no lo eran, en cambio, sus ojos, ni su mentón, ni la forma de su cabeza. ¡No, no, ella no era!

Buscó otra. Esta última –llamada Alejandra- le gustó por sus cejas, pero al cabo de cierto tiempo le disgustó por su color, que era moreno, pues en la fotografía que Dios le había mostrado, la chica ostentaba tonalidades más bien claras.

Se lanzó a la búsqueda de otra joven, y luego de otra más, pero al cabo de diez años aún no había encontrado a la muchacha ideal. Cuando pasaron veinte, el joven, que ya no lo era tanto, encontró por fin a una chica que se ajustaba perfectamente a sus requerimientos, sólo que ya era demasiado viejo, y ésta le dijo que no a sus propuestas de noviazgo hasta con cierta energía, si no es que hasta con indignación:

-¡Casi podría usted ser mi padre, señor! ¿Cómo se le ocurre pensar que usted y yo…?

Entonces el desesperado increpó a Dios diciéndole que lo había engañado, que no era verdad eso que le hizo ver, que todo aquello no había sido más que una burla y un sarcasmo.

-¿Y por qué creíste –le dijo Dios- que de la primera, la única que de verdad fue importante para ti, no iba a poder yo darte una hija como la que te hice ver? No te gustó su nariz, pero la nariz que querías iba a venir de tu abuela, una excelente mujer a la que no conociste ya, y no de la muchacha que buscabas; el mentón que exigías vendría de la mamá de ella, y las cejas pobladas de su bisabuela. ¿Por qué no te casaste con el amor de tu vida? 

¡Qué pesdadilla más extraña! ¿De cuando acá me da por soñar estas cosas? Sin embargo, mientras me visto, me peino, me calzo y me lavo, lanzo un suspiro de satisfacción y doy a Dios las más sinceras gracias por habernos ocultado el futuro, por haberme ocultado mi futuro. ¡Seguro que por querer controlar cada detalle, mi vida sería un descontrol! Lo mejor es que sea Dios quien elija por mí: sólo así no se equivoca uno.

Desde que soñé aquel raro sueño pido a Dios todos los días que me permita elegir sólo el color de mis camisas, el modelo de mis chamarras o los títulos de mis libros –los que leo y los que escribo-; por lo que toca a las personas, le suplico encarecidamente que sea Él quien las elija por mí, pues de otra forma lo echaría yo todo a perder.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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