#4 Tiempos
Pesadilla | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
-Si de veras me amas –dijo el joven a Dios en su plegaria nocturna-, déjame ver algo del futuro. ¡Algo, cualquier cosa, te lo suplico!
Se lo pidió una, se lo pidió dos, se lo pidió veinte veces. Entonces Dios, accediendo a su deseo, hizo verle un desierto cuyos contornos le eran vagamente familiares.
-¡Qué desolación! –exclamó el muchacho, lleno de pesadumbre-. Y, sin embargo, este erial no me parece desconocido. Creo haber estado ahí por lo menos en una ocasión. ¿Cuándo? Aquel anuncio de lámina que se pudre al fondo, carcomido por el óxido, me recuerda algo, pero ¿qué exactamente? ¡Ah, ya! ¡Si no me equivoco, es el parque en el que jugaba de niño! ¿De modo que esto es lo que quedará de nuestro querido parque dentro de unos años? ¿Cuántos años? ¿Diez, veinte?
Por más que el espectáculo del parque convertido en yermo lo impresionara grandemente, el joven pasó en seguida a otra cosa. En realidad, lo que quería ver era no algo del futuro, sino algo de su futuro. Cuatro años atrás le habían diagnosticado una enfermedad poco común –y, además, degenerativa-, y como estaba seguro de que moriría pronto (por lo menos así lo creía él), preguntar por su futuro era una manera bastante sutil de preguntar si lo tenía.
-Ahora –volvió a pedir a Dios- hazme ver algo de mí. Muéstrame, por ejemplo, los libros que escribiré, o los edificios que levantaré, o los rostros de las personas que conoceré; o, quiza…
En respuesta a su petición, Dios le mostró una fotografía de respetables dimensiones, algo así como la portada de una revista cuyo título no aparecía por ningún lado; en ésta, una joven bellísima sonreía deliciosamente a la cámara, mostrando una hilera de dientes perfectos.
-¿Quién es esa joven tan hermosa? –preguntó el muchacho-. ¿Mi futura mujer? ¡Si así fuera, lo feliz que sería! ¿De veras será ella mi esposa? ¿Cómo se llama? ¿En dónde se encuentra en este momento? ¿Dónde la veré por primera vez? ¿Ha nacido ya?
Ver aquel rostro bello lo llenó de una profunda tranquilidad. ¡Había futuro, había un futuro para él! No moriría a la edad en la que, sofocado por el pesimismo, agobiado por la enfermedad, había llegado a imaginarse. Insistió con vehemencia:
-¿Quién es?
-Tu hija; es la hija que he pensado para ti –respondió el Señor-. ¿Te gusta?
– Es muy linda –dijo el joven agitando los brazos-. Gracias, Dios…
-No tienes nada que agradecer. Pero, ¿sabrás sacar partido de esto que te he hecho ver?
Ahora que sabía que no sólo no iba a morir joven, sino que además sería padre de una joven bellísima -una joven digna de figurar en portadas de revistas-, el muchacho se dio a la tarea de buscar una novia cuyos rasgos se asemejaran a los de la chica que había contemplado en su visión. Como su novia actual decididamente no los tenía, decidió cortar con ella y comenzar una relación nueva.
En su búsqueda conoció a una joven un poco menor que él a la que ciertamente no amó como a la primera, pero cuya nariz se ajustaba al tipo de chica que se había forjado imaginariamente. Sin embargo, pronto descubrió que si bien la nariz de la muchacha era la adecuada, no lo eran, en cambio, sus ojos, ni su mentón, ni la forma de su cabeza. ¡No, no, ella no era!
Buscó otra. Esta última –llamada Alejandra- le gustó por sus cejas, pero al cabo de cierto tiempo le disgustó por su color, que era moreno, pues en la fotografía que Dios le había mostrado, la chica ostentaba tonalidades más bien claras.
Se lanzó a la búsqueda de otra joven, y luego de otra más, pero al cabo de diez años aún no había encontrado a la muchacha ideal. Cuando pasaron veinte, el joven, que ya no lo era tanto, encontró por fin a una chica que se ajustaba perfectamente a sus requerimientos, sólo que ya era demasiado viejo, y ésta le dijo que no a sus propuestas de noviazgo hasta con cierta energía, si no es que hasta con indignación:
-¡Casi podría usted ser mi padre, señor! ¿Cómo se le ocurre pensar que usted y yo…?
Entonces el desesperado increpó a Dios diciéndole que lo había engañado, que no era verdad eso que le hizo ver, que todo aquello no había sido más que una burla y un sarcasmo.
-¿Y por qué creíste –le dijo Dios- que de la primera, la única que de verdad fue importante para ti, no iba a poder yo darte una hija como la que te hice ver? No te gustó su nariz, pero la nariz que querías iba a venir de tu abuela, una excelente mujer a la que no conociste ya, y no de la muchacha que buscabas; el mentón que exigías vendría de la mamá de ella, y las cejas pobladas de su bisabuela. ¿Por qué no te casaste con el amor de tu vida?
¡Qué pesdadilla más extraña! ¿De cuando acá me da por soñar estas cosas? Sin embargo, mientras me visto, me peino, me calzo y me lavo, lanzo un suspiro de satisfacción y doy a Dios las más sinceras gracias por habernos ocultado el futuro, por haberme ocultado mi futuro. ¡Seguro que por querer controlar cada detalle, mi vida sería un descontrol! Lo mejor es que sea Dios quien elija por mí: sólo así no se equivoca uno.
Desde que soñé aquel raro sueño pido a Dios todos los días que me permita elegir sólo el color de mis camisas, el modelo de mis chamarras o los títulos de mis libros –los que leo y los que escribo-; por lo que toca a las personas, le suplico encarecidamente que sea Él quien las elija por mí, pues de otra forma lo echaría yo todo a perder.

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Acento Ajeno
La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés
ACENTO AJENO
Por: Haniel Valdés Velázquez
Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.
Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.
En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.
Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?
Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.
Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.
Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.
La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades
ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.
El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.
Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.
Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.
La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.
Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.
También lee: Gallardo renueva transporte público urbano
El Cronopio
Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.
Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.
Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.
Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.
Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.
A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.
También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.
Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.
Lee también: Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina
El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
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