agosto 17, 2026

Conecta con nosotros

#4 Tiempos

Pesadilla | Columna de Juan Jesús Priego

Publicado hace

el

LETRAS minúsculas

 

-Si de veras me amas –dijo el joven a Dios en su plegaria nocturna-, déjame ver algo del futuro. ¡Algo, cualquier cosa, te lo suplico!

Se lo pidió una, se lo pidió dos, se lo pidió veinte veces. Entonces Dios, accediendo a su deseo, hizo verle un desierto cuyos contornos le eran vagamente familiares.

-¡Qué desolación! –exclamó el muchacho, lleno de pesadumbre-. Y, sin embargo, este erial no me parece desconocido. Creo haber estado ahí por lo menos en una ocasión. ¿Cuándo? Aquel anuncio de lámina que se pudre al fondo, carcomido por el óxido, me recuerda algo, pero ¿qué exactamente? ¡Ah, ya! ¡Si no me equivoco, es el parque en el que jugaba de niño! ¿De modo que esto es lo que quedará de nuestro querido parque dentro de unos años? ¿Cuántos años? ¿Diez, veinte?

Por más que el espectáculo del parque convertido en yermo lo impresionara grandemente, el joven pasó en seguida a otra cosa. En realidad, lo que quería ver era no algo del futuro, sino algo de su futuro. Cuatro años atrás le habían diagnosticado una enfermedad poco común –y, además, degenerativa-, y como estaba seguro de que moriría pronto (por lo menos así lo creía él), preguntar por su futuro era una manera bastante sutil de preguntar si lo tenía.

-Ahora –volvió a pedir a Dios- hazme ver algo de mí. Muéstrame, por ejemplo, los libros que escribiré, o los edificios que levantaré, o los rostros de las personas que conoceré; o, quiza…

En respuesta a su petición, Dios le mostró una fotografía de respetables dimensiones, algo así como la portada de una revista cuyo título no aparecía por ningún lado; en ésta, una joven bellísima sonreía deliciosamente a la cámara, mostrando una hilera de dientes perfectos.

-¿Quién es esa joven tan hermosa? –preguntó el muchacho-. ¿Mi futura mujer? ¡Si así fuera, lo feliz que sería! ¿De veras será ella mi esposa? ¿Cómo se llama? ¿En dónde se encuentra en este momento? ¿Dónde la veré por primera vez? ¿Ha nacido ya?

Ver aquel rostro bello lo llenó de una profunda tranquilidad. ¡Había futuro, había un futuro para él! No moriría a la edad en la que, sofocado por el pesimismo, agobiado por la enfermedad, había llegado a imaginarse. Insistió con vehemencia:

-¿Quién es?

-Tu hija; es la hija que he pensado para ti –respondió el Señor-. ¿Te gusta?

– Es muy linda –dijo el joven agitando los brazos-. Gracias, Dios…

-No tienes nada que agradecer. Pero, ¿sabrás sacar partido de esto que te he hecho ver?

Ahora que sabía que no sólo no iba a morir joven, sino que además sería padre de una joven bellísima -una joven digna de figurar en portadas de revistas-, el muchacho se dio a la tarea de buscar una novia cuyos rasgos se asemejaran a los de la chica que había contemplado en su visión. Como su novia actual decididamente no los tenía, decidió cortar con ella y comenzar una relación nueva.

En su búsqueda conoció a una joven un poco menor que él a la que ciertamente no amó como a la primera, pero cuya nariz se ajustaba al tipo de chica que se había forjado imaginariamente. Sin embargo, pronto descubrió que si bien la nariz de la muchacha era la adecuada, no lo eran, en cambio, sus ojos, ni su mentón, ni la forma de su cabeza. ¡No, no, ella no era!

Buscó otra. Esta última –llamada Alejandra- le gustó por sus cejas, pero al cabo de cierto tiempo le disgustó por su color, que era moreno, pues en la fotografía que Dios le había mostrado, la chica ostentaba tonalidades más bien claras.

Se lanzó a la búsqueda de otra joven, y luego de otra más, pero al cabo de diez años aún no había encontrado a la muchacha ideal. Cuando pasaron veinte, el joven, que ya no lo era tanto, encontró por fin a una chica que se ajustaba perfectamente a sus requerimientos, sólo que ya era demasiado viejo, y ésta le dijo que no a sus propuestas de noviazgo hasta con cierta energía, si no es que hasta con indignación:

-¡Casi podría usted ser mi padre, señor! ¿Cómo se le ocurre pensar que usted y yo…?

Entonces el desesperado increpó a Dios diciéndole que lo había engañado, que no era verdad eso que le hizo ver, que todo aquello no había sido más que una burla y un sarcasmo.

-¿Y por qué creíste –le dijo Dios- que de la primera, la única que de verdad fue importante para ti, no iba a poder yo darte una hija como la que te hice ver? No te gustó su nariz, pero la nariz que querías iba a venir de tu abuela, una excelente mujer a la que no conociste ya, y no de la muchacha que buscabas; el mentón que exigías vendría de la mamá de ella, y las cejas pobladas de su bisabuela. ¿Por qué no te casaste con el amor de tu vida? 

¡Qué pesdadilla más extraña! ¿De cuando acá me da por soñar estas cosas? Sin embargo, mientras me visto, me peino, me calzo y me lavo, lanzo un suspiro de satisfacción y doy a Dios las más sinceras gracias por habernos ocultado el futuro, por haberme ocultado mi futuro. ¡Seguro que por querer controlar cada detalle, mi vida sería un descontrol! Lo mejor es que sea Dios quien elija por mí: sólo así no se equivoca uno.

Desde que soñé aquel raro sueño pido a Dios todos los días que me permita elegir sólo el color de mis camisas, el modelo de mis chamarras o los títulos de mis libros –los que leo y los que escribo-; por lo que toca a las personas, le suplico encarecidamente que sea Él quien las elija por mí, pues de otra forma lo echaría yo todo a perder.

También lee: La penúltima tentación de Cristo | Columna de Juan Jesús Priego

Continuar leyendo

#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

Publicado hace

el

LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

También lee: Siempre hay gente así | Columna de Juan Jesús Priego

Continuar leyendo

El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Publicado hace

el

EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

También lee: El pionero de la música electrónica en América Latina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Continuar leyendo

#4 Tiempos

El pionero de la música electrónica en América Latina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Publicado hace

el

EL CRONOPIO

Uno de los trascendentes desarrollos artísticos y científicos potosinos lo son los pianos metamorfoseados desarrollados por Julián Carrillo, únicos en el mundo y que abriera la puerta a un nuevo universo musical. Los pianos, diseñados dando importancia al esquema práctico del propio piano, o sea sin cambiar la disposición de las teclas, fueron diseñados para poder tocar en tercios, cuartos, hasta dieciseisavos de tono, conformando así una serie de quince pianos que fueron presentados en la Feria Internacional de Bruselas en 1958 donde obtuvieron la medalla de oro.

Previamente Carrillo había diseñado y transformado un piano comercial de alta calidad a piano de tercios de tono, cambiando por completo el cuerpo del piano, el arpa que daba paso a tener un piano en tercios de tono, lo cual fue desarrollado a finales de la década de los cuarenta del siglo XX.

En este importante diseño del piano de tercios de tono, participó un joven que se haría camino en el mundo de la música y de la tecnología, Raúl Pavón Sarrelangue que pasa a la historia de la música mexicana como el pionero en la música electrónica en América Latina.

Por el lado musical, Raúl Pavón estudiaría guitarra con el célebre guitarrista Andrés Segovia y en Milán, Italia y en Colonia, Alemania, música electroacústica. Posterior a su participación el piano de tercios de tono, continuó su trabajo en nuevos diseños y construcción de guitarras y sintetizadores.

En el ámbito de la ingeniería y tecnología Raúl Pavón se formaría en el Instituto Politécnico Nacional egresando de la licenciatura en ingeniería en electrónica y comunicaciones en 1954, graduándose como ingeniero en radiocomunicación y electrónica con un diplomado en computación, continuando sus estudios superiores en electrónica en Milán, Colonia y París.

Su formación, así, estuvo ori entada a la música y la ingeniería lo que le permitiría unir esas disciplinas en sus futuras contribuciones en la música electroacústica de la que sería pionero en América Latina destacando además como compositor e investigador.

En 1964 construyó el primer sintetizador hecho en México, el Ominifón, uno de los primeros sistemas de sintetizador didáctico, que anticipó la idea de la tecnología musical como herramienta educativa y creativa.

En el Conservatorio Nacional de México fundaría en 1970 el Laboratorio de Música Electrónica junto a Héctor Quintanar, con quien colaboró en los primeros conciertos de música electrónica y electroacústica realizados en México. En 1976 dedicándose por completo a la música electrónica y al desarrollo del Icofón, instrumento de imagen y sonido electrónicos para el cual compuso las obras Suite icofónica (1983), Fantasía creacionista (1985), Una antifantasía (1986), Fantasía de la muerte (1987), Fantasía abstracta (1989) y Fantasía cósmica (1984), algunas de las cuales pueden escucharse por Youtube.

Publicó el primer libro sobre el tema de la música electrónica en 1981, intitulado La electrónica en la música y en el arte, editado por el Centro de Investigación y Documentación Musical Carlos Chávez (CENIDIM).

Raúl Pavón Sarrelangue, que tuvo relación con una de las aportaciones potosinas al mundo, nació en 1928 y falleció en el 2008.

También lee: Una figura representativa de la literatura potosina, Ramón F. Gamarra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Continuar leyendo

Opinión

Pautas y Redes de México S.A. de C.V.
Av Cuauhtemoc 643 B
Col. Las Aguilas CP 78260
San Luis Potosí, S.L.P.
Teléfono 444 2440971

EL EQUIPO:

Director General
Jorge Francisco Saldaña Hernández

Director Administrativo
Luis Antonio Martínez Rivera

Directora Editorial
Ana G. Silva

Periodistas

Diseño
Karlo Sayd Sauceda Ahumada

Productor
Fermin Saldaña Ocampo

 

 

 

Copyright ©, La Orquesta de Comunicaciones S.A. de C.V. Todos los Derechos Reservados