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Perdí 21 gramos. Apuntes de Jorge Saldaña
Se me fue el alma. La desgaste en insultos , no para ti (qué los hubo) sino para mi.
Hay 21 cosas que, como gramos, según Arriaga, pesa el alma que no, ya no tengo.
Esa jornada la gasté en herir y me siento herido por hacerlo.
Usé, hice, dije y me revolqué en lo más bajo de mi ser.
No, no tengo ni disculpa ni posible motivo de desagravio. Lo dije y lo dije en serio. Lo dije muy enojado.
No me retracto de mis palabras. No doy marcha atrás ni me rajo. Sí lo dije y con acento.
Pero que conste que con la misma seguridad sostengo que me equivoqué y en el pecado se llevo la penitencia…
Qué irónico que para maldecir tanto se deba amar así…tanto.
Repito que odio, pero no a ti. Odio quererte tanto. Odio sentirte tan lejos. Odio no haber sido todo cuánto tú querías ni lo que tu esperabas. Odio más (si es que hubiera superlativo al odio) amarte tan descarnadamente para que en mis palabras pusiera el veneno para que me odiaras a mi.
Con conciencia o sin ella, pero amo tanto verte, que odié tanto el que ya no me quisieras ver.
Ya no hay “corazón al patibulo” ya no hay despedidas encriptadas. Era nada más yo rogando odiarte o rogar comunicarme en frases de columnas efímeras.
Pedir perdón es patético, pero eso sí, es útil, sabio, práctico, correcto pero…patético al fin y al cabo.
No hay amor completo como para que no venga el ego.
El que esto escribe, Culto Publico, es nada más un ser humano de dos manos , dos ojos, un alma y un corazón. Equivocado por construcción humana.
Disculpe usted la disculpa (valga pues…) aquí expresada. Que de todo lo que se dice por ahí, todo es cierto.
Perdí el honor y 21 gramos por unos días. Perdí el alma y es todo lo que puede uno perder.
Que de algo valga ser dueño del medio para publicar esto que viene nada más de un alma que disfruta, al parecer, estar atormentada.
Reconozco que si quise lastimar, si quise herir, jamas en lo físico. Respondí justo ahí, donde tú lo hiciste. Ojalá me hubieras dolido en carne y hueso y no aquí en el centro de las emociones.
No se culpe a nadie, ni con esto te hago, ni a ti ni a nadie, responsable.
Me queda claro solo una cosa y es que fuiste quien más me ha podido encontrarme.
Nadie dice que todo lo escondido es tesoro o mucho menos valioso.
Te quiero D. Te adoro. No me perdono por coherencia en lo escrito aquí, y sentido más mucho más aquí adentro
Estoy herido de herir. Defraudado de defraudarme. Agotado de la maldad que surgió de una tempestad intoxicada.
Me entrego pues a lo que venga y si lo que quieres es justicia, o es venganza o es hundirme pues aquí me tienes para cualquiera de las tres, o las tres juntas.
No merezco menos ni merezco más. Me atreví a lo peor, herí como el más cobarde y como el más audaz en serlo
No pregunten los demás, que a nadie se le va a contestar. Que conste.
Sí fui yo. El dolido de ahora y el de antes. El que ya no sabe ni en qué momento está. Las emociones no son lo mío.
Y si se acaba esto por este texto pues que se acabe, que al fin y al cabo con un texto fue que comenzó. Ambos escritos por mi.
Todo es cierto. Palabra por palabra la escribió quien esto escribe y todo lo que circula para el lujo de su morbo, todo eso que circula por ahí lo asumo como único autor avergonzado.
Yo me arrepiento y lo acepto.
Lo acepto y me ciño a las consecuencias.
Detéstame, que ya no hay quien me redima.
Nadie tenga nunca miedo de mi porque no hay motivo. Si me perdí a mi mismo, perdiéndote a ti, pues ahora si ya no tengo nada que perder.
No espero la expiración de los causados resentimientos, serán los recordatorios de mi más oscuro yo.
En contra parte y para ti, si espero y deseo el más absoluto, profundo y sano olvido de lo que causé e hice sentir.
Atentamente,
Jorge Saldaña, el patético arrepentido. El que perdió el alma, esa que a la hora de pesarla le faltaron gramos aunque de esos 21, que dicen pesa, debes saber que 20 ya te los había entregado a ti.
Sea ésta una despedida y disculpa pública por todo lo que valga.
Letras minúsculas
¡No tocar! | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Suele decirse, y al parecer es verdad, que quienes inventaron la pólvora hace muchos, muchos siglos, fueron nada menos que los chinos. Y lo hicieron para distraerse un poco, haciéndose la vida más llevadera jugando con fuegos de artificio. ¡Qué hermoso espectáculo, sobre todo por las noches, era ver el cielo lleno de estrellas que en cuestión de minutos se encendían y apagaban! No creyeron los chinos que la pólvora pudiera servir para otra cosa, de modo que nunca la utilizaron para nada más.
Pero un occidental, viendo a lo lejos aquel derroche de luz, se preguntó: «¿Pero, en qué piensan estos tontos? ¡Mirad lo que han inventado! ¿Es que no han entrevisto siquiera la magnitud de su hallazgo? ¡La de cosas que pueden hacerse con la pólvora! ¡Nada menos que dominar el mundo! ¡Y éstos la gastan en infiernitos!».
Y el occidental se puso entonces a hacer cuentas. Con esa nueva arma el universo podría caer rendido a sus pies, los cielos y la tierra serían suyos. Viéndolo bien, la pólvora era esa palanca que pedía Arquímedes para…
«¿Cómo es posible inventar la brújula –se preguntaba el europeo- sin llevar su curiosidad y continuar su atención hasta la ciencia del magnetismo? ¿Y cómo, habiéndola inventado, es posible dejar de pensar en conducir una flota que vaya a explorar y a dominar las comarcas de allende los mares? Los mismos que inventan la pólvora no saben avanzar en el camino de la química y no fabrican cañones; la disipan, por el contrario, en artificios y en vanas diversiones nocturnas» (Paul Valéry, Miradas al mundo actual).
Los chinos inventaron el papel, pero no por eso fueron más allá, ni crearon empresas editoriales; inventaron la brújula, pero no les interesó dedicarse a la navegación; inventaron la tinta y la pólvora, pero nunca se les ocurrió que estas cosas pudieran hacerlos invencibles: en realidad, ni siquiera les pasó por la cabeza. Ahora bien, si todo esto inventaron los chinos en una determinada época de la historia, quiere decir que por lo menos en esta misma época fueron los hombres más adelantados de su tiempo. ¿Cuándo, entonces, se quedaron atrás, y, sobre todo por qué? La respuesta a esta pregunta es muy sencilla: porque la mirada de aquella gente era mucho más contemplativa que utilitaria. Contra todo lo que pudieran decir en contra de ella Marx y sus secuaces, a esta gente no les hacía maldita la gracia transformar el mundo; ellos querían únicamente contemplarlo.
La mirada oriental era contemplativa; la de Occidente casi siempre ha sido instrumental. Aquélla se contentaba con reverenciar la belleza de las cosas; ésta, en cambio, quiso siempre dominar para poseer. A un hombre de Oriente, como bien dijo Erich Fromm en uno de sus libros, le bastaba con admirar las rosas de su jardín, y cuando las había contemplado a suficiencia, proseguía su camino; el occidental, en cambio, si las flores le parecen bellas, las corta para ponerlas más tarde en un jarrón (y, a ser posible, en el jarrón de su mesa de centro). El oriental admiraba; el occidental nunca ha tenido tiempo para eso: él sólo ha querido poseer; y si la rosa se le muere entre las manos, ¿qué remedio? Él, como quiera que sea, ya la tiene porque la quería.
Prosigamos con nuestra comparación. Para un oriental, un río era un río, y con él sólo era posible hacer dos cosas: o navegar por sus aguas a la hora del crepúsculo sacando de la experiencia enseñanzas filosóficas («Todo fluye», etcétera), o bien sumergirse en él para experimentar lo que podría llamarse «un nuevo nacimiento». El occidental, por el contrario, no ve nada de esto; para él el río no es una maravilla que se mueve, sino un banco de peces que lo sacarán de pobre si sabe venderlos bien. Para este ser utilitarista no hay bosques encantados ni montañas sagradas; a él, sencillamente, «un río no se le presenta más que como energía para sus turbinas, un bosque como madera o materia prima de vario aprovechamiento y una montaña como un yacimiento de piedras o de menas que puede utilizar para sus edificios o depurar en sus altos hornos» (Johannes B. Lotz, SJ, De la soledad del hombre).
Sin embargo, hoy las cosas han cambiado tanto que también para los orientales la naturaleza ha perdido ya su carácter prodigioso y se ha convertido en una cantera gigantesca que es necesario saber explotar y, por supuesto, aprovechar. ¡También para ellos, cuyo destino parecía ser enseñarnos el arte de la quietud! ¿Y cuál ha sido el resultado de todo ello? Un mundo que se cae a pedazos. Gracias a la mirada codiciosa (a la «razón instrumental», como la llaman algunos), todo ha perdido su misterio: las aves, las nubes, los mares y aun el hombre, que ya no es ese ente sagrado que hacía maravillarse a los filósofos de la antigüedad, sino sólo un par de pies a los que hay que traer marcando el paso para prosperidad y beneficio de las naciones, es decir, de unos cuantos individuos. ¡Todo tiene un precio y todo sirve para algo: he aquí el principio número uno de la razón instrumental!
Hoy se habla de que, para evitar las catástrofes ecológicas que se avecinan, debemos aprender a racionar nuestra energía, plantar árboles, desconectar de cuando en cuando nuestros aparatos eléctricos y aligerar las cajuelas de nuestros vehículos. Y todo esto está muy bien. Pero la verdadera solución va mucho más allá: consiste en aprender nuevamente a contemplar, a maravillarnos, sustituyendo nuestros delirios de grandeza por esa humilde virtud llamada reverencia. La contemplación consiste en ver sin querer poseer; deleitarse con el aroma de la flor, pero sin querer cortarla; estar en este mundo como quien se halla en casa ajena. ¿Quién nos dijo que este mundo era nuestro y que podíamos disponer de él a nuestro antojo? «¡No tocar!»: he aquí una orden que había que elevar a rango de imperativo categórico, o, incluso, de exigencia moral.
Creo que fue André Malraux quien dijo que el siglo XX será religioso o no será. Karl Rahner dijo de él a su vez que sería contemplativo o no sería. ¡Nunca como hasta ahora resultó ser esto tan verdadero! O aprendemos a contemplar, sin querer nada más, o simplemente no habrá futuro. ¡Ah, si también los novios adoptaran también esta máxima, su relación sería más feliz, y estaría menos aquejada de sentimientos de culpa!…
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Ciudad
Circula video de accidente en Carretera 57 que demostraría inocencia del taxista imputado
Los familiares alegan irregularidades en el proceso, ya que en el metraje se observa cómo fue el otro vehículo el que impactó contra el taxi
Por: Redacción
Continúa el proceso por el trágico accidente acontecido el pasado 16 de enero en la Carretera 57, donde dos personas, entre ellas una menor de edad, perdieron la vida tras accidentarse con un taxi, por lo que el conductor fue vinculado a proceso.
Manuela García Cázares, fiscal general del Estado, declaró esta mañana que el presunto implicado, de nombre Raúl “N”, se mantendrá separado de su libertad, y que se le investiga por el delito de homicidio culposo agravado, al haber fallecido dos individuos en el incidente.
Sin embargo, en las últimas horas ha comenzado a circular en redes sociales un video que podría exonerar al taxista, pues en él se muestra cómo es el otro vehículo el que circula a exceso de velocidad, impactándose con el taxi y volteándose en la carretera.
Los familiares y compañeros laborales del detenido han salido a protestar en las últimas horas, manifestándose a las afueras del Centro de Detención de La Pila para exigir la liberación de Raúl “N” y denunciar presuntas irregularidades.
Señalan que no existen las pruebas necesarias para que siga detenido, que ni siquiera los dejaron ver el expediente y que, si el proceso se ha alargado, es por un tema de influencias de los familiares de las dos personas fallecidas.
También lee: SSPC y FGR sostienen reunión con el director del FBI para fortalecer la coordinación bilateral
Estado
Fiscalía descarta feminicidio en caso de colonia Satélite; hay detenidos
Autoridades confirmaron que el caso fue reclasificado como homicidio y que no existió razón de género
Por: Redacción
La Fiscalía General del Estado informó que no se trató de un feminicidio el caso ocurrido en la colonia Satélite, luego de que las investigaciones permitieran descartar una razón de género. La fiscal general, María Manuela García Cázares, señaló que el delito fue reclasificado como homicidio y que ya existen personas detenidas por estos hechos.
Detalló que durante el fin de semana se ejecutaron dos órdenes de aprehensión relacionadas con este caso, el cual inicialmente fue investigado como feminicidio, pero tras el análisis de las circunstancias se modificó la tipificación. “Se descartó que fuera un feminicidio y se convirtió en un homicidio”, precisó.
La fiscal explicó que la víctima se encontraba dentro de un vehículo cuando ocurrió el ataque, sin embargo, no era el objetivo directo de la agresión. “El ataque no era contra él… fue una víctima colateral”, indicó, al tiempo que aclaró que no hubo más personas lesionadas, únicamente el fallecimiento de la joven, quien además festejaba su cumpleaños el día de los hechos .
García Cázares agregó que, de acuerdo con los antecedentes revisados por la autoridad, el lugar donde se encontraba el vehículo había sido previamente un punto de venta de droga, situación que forma parte de la línea de investigación. No obstante, subrayó que la víctima no participaba ni vivía en ese sitio.
Finalmente, la fiscal recordó que otros dos casos ocurridos a inicios del año también fueron descartados como feminicidio, al determinarse que se trató de suicidios, reiterando que no hubo razones de género en ninguno de ellos y que las carpetas de investigación continúan integrándose conforme a la ley.
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