septiembre 26, 2022

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#4 Tiempos

Oye, Germán | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO 

La afición al futbol en San Luis, ha sido muy benevolente en varias ocasiones, hacer un ídolo en sus equipos es relativamente fácil. Desde hace algunos años, directivos, dueños y hasta la federación han entendido que el negocio se mantiene con espectaculo, dejaron al deporte de un lado, primero la lana, después los resultados.

Con esto, cada que llega una época de reforzar a los equipos, los aficionados sueñan con tener a un nuevo ídolo, alguien que venga a alimentar las ilusiones para ser un referente con la camiseta, alguien que rompa las redes adversarias o defienda con todo su portería. Hacer ídolos es muy fácil, mantenerlos, no.

Por eso, Germán, tu fuiste construyendo tu camino, tal como lo decías en tu video de despedida, llegaste muy joven, a un equipo que recién estaba reapareciendo después de años de ausencia en la primera división. Llegaste a buscarte un lugar, a ganar minutos, a responder con esfuerzo y goles. Y tal cual, así fue tu historia con San Luis: un equipo pequeño pero con una afición de corazón enorme, un equipo que la rompió en el ascenso pero en primera nos tocó sufrir, un cuadro lleno de esperanzas y una hinchada desbordante en ilusión.

Poco a poco ganaste minutos, anotaste goles y terminaste siendo el referente titular del cuadro en ofensiva, fuiste campeón goleador, y le diste puntos valiosos al equipo. En pocas palabras: fuiste el ídolo para esta afición, el que se construyó sin nombre, el que llegó siendo un desconocido y salió como el gran goleador de este humilde equipo.

Germán, este fin de semana te tocará (posiblemente) volver a pisar el Lastras, pero ahora será como rival, como ese ídolo que ya se fue, que ahora regresa a jugar con otra camiseta.

Por favor, no cometas el error de otros, haz que tu recuerdo se mantenga intacto. No te pido que no juegues a tu ritmo, ni tampoco estoy diciendo que no la metas si tienes la oportunidad, al contrario, lucha cada balón como si fuera el último, pártete el alma en cada jugada, defiende tus nuevos colores, tal como nosotros sabemos que lo haces, demuéstrales tu valor, enséñales por qué te contrataron. Solo te pido que si vuelves a pisar el Lastras algunos minutos, voltees a la tribuna, y recuerdes que esta afición te verá con respeto, con total admiración, que esta afición potosina, te encumbró como un ídolo, eso, por favor, nunca lo olvides, Germán.

Por último, no puedo dejar de mencionar la sonrisa tras sus palabras de un grande como Coudet, cuando en la conferencia de prensa al final del encuentro entre Celta de Vigo y Pumas en CU, no duda en decir que él va a regresar al futbol mexicano, pero no a cualquier lugar, lo dice con todas sus letras, “me gustaría dirigir a MI SAN LUIS”, grande Chacho, otro que entendió su lugar, ídolo de toda esta gente, ÍDOLO EL CHACHO COUDET.

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#4 Tiempos

Todos quieren tener la razón | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO 

No importa si es en primera, en segunda o en la última división. Da lo mismo si es en el barrio o en cancha reglamentaria. Igual en pasto que en tierra. Todos quieren tener la razón.

Desde hace algún tiempo me ha tocado convivir de cerca con los árbitros: esos jueces que tienen que dictar sentencias condenatorias en apenas unos segundos y con muy pocas pruebas ante sus ojos, esos que tienen que aguantar estoicos los reclamos de jugadores, técnicos y afición, esos que sin importar qué decidan, nunca van a dejar felices a todos.

Parece injusto que tanta responsabilidad caiga solo en los hombros de una persona, para ilógico que los reclamos pasen del insulto hasta la agresión. Triste, pero cierto.

Y lo dicho, nadie está exento. La semana pasada, durante el clásico nacional, la duda surgió sobre un balón que Ochoa sacó en la línea, o al menos esa fue la interpretación que dieron, no solo los árbitros de cancha, sino también los del VAR. Como era de esperar, los raclamos comenzaron en la cancha pero escalaron a la tribuna, peor aún, se magnificaron con los medios y miles siguieron reclamando en el foro de las redes sociales.

Poco entendemos en este país sobre la autoridad, y qué fácil es cuestionarla, incluso atrevernos a dar juicios sobre la moralidad y honradez de los jueces; es muy simple decirle vendido, todo está arreglado.

Hoy no vengo a decir que los árbirtros son unos santos, que su juicio es el más correcto, no vengo a decir que ellos no se equivocan o que son incorruptibles, hoy vengo a escribir sobre ese trabajo tan complejo y tan poco valorado: ese de ser árbitro.

Debemos entender que los árbitros cometen errores, que muchas veces lo hacen con la mejor de las intenciones de marcar correctamente, pero lo más importante es entender que un reclamo, un insulto o incluso hasta la agresión, nada va a solucionar lo que sentimos que es injusticia.

Los árbitros son el más malo de los males necesarios, son los que hacen que todo valga, es imposible pensar al futbol (y a prácticamente todos los deportes) sin su existencia. Pero tomemos lugar, seamos empáticos, en la semana me tocó estar cerca de una discusión donde estuvimos a nada de presenciar (desgraciadamente) una agresión física a un silbante, afortunadamente, solo quedó en amenazas.

Intentemos suavizar las cosas, que la pasión nunca se desborde, que podamos enseñarle a las nuevas generaciones que los reclamos aparte de verse mal, no tienen sentido ante la decisión tomada. Aprendamos, que al final aunque todos quieren tener la razón, en la cancha y sus alrededores, solo 1, puede decir qué es lo que se tiene que hacer.

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#4 Tiempos

Recomendaciones del cine de Alan Parker | Columna de Mario Candia

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Apuntes de un cineófito

Pink Floyd. The Wall (1982) La película no sigue un argumento lineal; su guion se basa fielmente en el disco Pink Floyd, The Wall, sin duda uno de los mejores discos de la historia del rock. Se trata de una obra conceptual que describe la tragedia de su protagonista Pink, atrapado en distintas situaciones familiares y sociales que lo llevarán al borde de la locura. La guerra, la educación conservadora, la asfixia materna, la infidelidad, el sexo, las drogas, el racismo, la violencia: todas estas cuestiones simbolizan un ladrillo que va conformando la pared en la cual Pink va quedando irremediablemente atrapado. Con guion del propio Parker y de Roger Waters (autor de la mayoría de las canciones del disco) las melodías nos llevan por la furia, la rabia, la melancolía y la desesperación. Las canciones están unidas entre sí, como si se tratara de una sola. The wall reúne en una sola obra y con eficiente maestría tres grandes conceptos artísticos: la música, la interpretación y el dibujo. Cada una de estas ideas está estupendamente desarrollada. Una verdadera obra de arte.

The Commitments (1991) La película cuenta la vida de un grupo de Soul desde su formación, en un barrio obrero de Dublín. El inicio ya es francamente prometedor, con un castin divertido que realiza el que será promotor y agente del grupo. A partir de ahí narra los ensayos, la consolidación del grupo, cambios en la formación y primeros conciertos, todo en un tono humorístico. Todos los personajes resultan entrañables y algunos directamente geniales, como el veterano trompetista, el matón-batería e, incluso, el grosero cantante. Lo cual tiene un mérito añadido, pues los actores son los músicos de verdad, contratados en la realidad en un castin por Alan Parker de forma similar a lo que sucede en la película. Y además, para rematar, el grupo suena fenomenal, el cantante pone los pelos de punta, y las chicas del coro son cada una excelentes cantantes también. Pero pienso que cualquiera, aunque no le guste el soul especialmente, puede pasar con un rato divertido. Una película amable que no pretende ser profunda ni darnos sermones.

Mississippi en Llamas (Mississippi Burning. 1988) Hay hechos que definen la Historia, paisajes que la ilustran o recrean, pero hay películas que te invitan a descubrir las causas que mantienen a una sociedad rural secuestrada por el odio al de distinto color, cultura e ideología, apostados en la supremacía blanca católica, y eso es lo que propone esta excelente película basada en hechos reales, recreada y ambientada fielmente en el sur ancestral, estados como Georgia, Alabama, Tennessee y, por supuesto Mississippi. Estados confederados que mantienen esa nostalgia por las viejas costumbres que les llevaron a la Guerra de Secesión y que siguen ignorando el pasado. Mississippi Burning

, a pesar de los años se mantiene fresca y apasionante, seduciendo al espectador con un ritmo endiablado y lacerante. Es evidente que el cine tiene una capacidad asombrosa para, la reflexión, como arte y entretenimiento, para concientizar y difundir actitudes intolerables que merecen el repudio absoluto, esta película creo que cumple sus objetivos. Muy recomendable.

Corazón Satánico (Angel Heart. 1987) Alan Parker logró con una mezcla de cine negro, fantástico e intriga, la que en mi opinión es su mejor obra, una película casi perfecta. Con una atmósfera inquietante y sucia muy lograda, que muestra primero el misterio oculto en un escenario urbano y después los campos sureños de Estados Unidos poblados por fanáticos religiosos, Parker desarrolla con maestría un descenso a los infiernos apoyado en una fluida narración que va deshaciendo la intriga poco a poco mientras se suceden una serie de hechos paranormales hasta llegar a un final que revela el significado de elementos metafóricos como los ascensores y los ventiladores. Otro de los puntos fuertes es su excelente reparto. Enormes Mickey Rourke, luchando por su alma frente al inevitable destino, y Robert de Niro, frío y aterrador, que se lucen sobre todo en el sorprendente final. Habría que mencionar también la música de Trevor Jones, que ayuda a crear ese misticismo religioso con un gran score mezclado con canciones antiguas.

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#4 Tiempos

El arte de callar | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

Confesémoslo: hay personas que nos incitan a la maledicencia. No las soportamos y, tan pronto como oímos que alguien pronuncia sus nombres, el estómago se nos revuelve y queremos cuanto antes poner en claro lo que pensamos de ellas.

-¡Ah –decimos-, qué tipos más abominables! ¿Cómo pueden soportar, aunque sea por un minuto, ser quienes son? ¡Yo me moriría de estar en su pellejo!

Claro que también nosotros vamos a morirnos de estar en nuestro pellejo, pero de momento no queremos pensar en ello. ¡Además, no es de nosotros mismos de quienes queremos hablar! Y, mientras seguimos echando pestes, el semblante se nos descompone –la cara adquiere una tonalidad extrañamente verde- y las manos comienzan a temblarnos de rencor.

Ahora bien, ¿qué hacen los demás, es decir, los que pronunciaron aquellos nombres odiosos sólo por el gusto de ver cómo reaccionábamos? Nada, ellos no hacen nada: simplemente se ponen a escucharnos, risueños y divertidos. Tan bien conocen nuestra antipatía por esas personas que, a veces, únicamente por vernos gesticular como gorilas sacan dichos nombres a relucir. Dicen con fingida ingenuidad:

-Al que le ha ido muy bien en la vida es a X. ¡Él sí que tiene suerte! ¿Se puede ser más afortunado en la vida? Por si no lo sabes, en su trabajo acaban de ascenderlo. ¡A él, que no te lee siquiera los instructivos de las máquinas que compra! Y, ya que estamos hablando de máquinas, ¿sabes que acaba de sacarse en una rifa un Audi 2017?

Y luego hacen una pausa para que entremos nosotros en acción y nos pongamos a decir lo que tanta hambre tienen ellos de escuchar.

¡Pobres de nosotros! ¡Caemos en la trampa con tanta facilidad! Yo mismo, en más de una ocasión, ¡con qué rapidez he dado a conocer mis opiniones más personales al primero que pasaba! ¡Y cómo me metí en líos por tan irresponsable ligereza! No es mentira decir que apenas acababa de contarle algo confidencialmente a uno de estos advenedizos cuando ya medio mundo sabía lo que acababa de decirle. ¡Y se lo sabía con comas, guiones, signos de exclamación y puntos suspensivos!

La experiencia me ha enseñado que así hable con mi almohada, con una piedra o con la pared, pronto, muy pronto, mis revelaciones serán sabidas por media humanidad. ¿Cómo se enteran, por qué medio, a través de quién? No lo sé; pero una cosa es cierta: la palabra humana, apenas sale de la boca, se desprivatiza y se pone a recorrer los mundos como un e-mail infectado de no sé qué virus peligroso. ¡Cuántos problemas nos vienen a los hombres por no saber estarnos con el pico cerrado! Por eso decía Chamfort (1741-1794), el célebre moralista francés: «Prefiero que hagan calumnia de mi silencio a que la hagan de mis palabras».

Hoy pienso que externar una opinión o confiar un parecer es algo que exige altas dosis de prudencia. Y diré todavía algo más que podrá parecer, si no atrevido, por lo menos despectivo: no todos merecen nuestra sinceridad, pues no todos están en grado de apreciarla como se debe.

A éste que le das lo más sagrado que posees, es decir, tus pensamientos, ¿por qué se los ofreces a precio de rebaja, a coste de saldo? ¿Quién es él? ¿Agradecerá tu claridad, o irá más bien a oscurecerla de frente a tu adversario para congraciarse con él y hacerte quedar mal?

No creo que la advertencia sea innecesaria: «¡Cuidado! No todos merecen lo que tú esparces por el mundo a manos llenas». Cristo mismo dijo que no había que echar las cosas santas a los cerdos, y añadió que no todas las semillas suelen caer en buen terreno. Con esto quiero decir que te reserves, que guardes silencio y hagas caso de lo que dice Baltasar Gracián (1601-1658) en uno de los aforismos de su Oráculo manual: «Hase de hablar como un testamento, que a menos palabras, menos pleitos».

Un viejo libro publicado en Barcelona en 1913 –no se especifica en la portada el nombre del autor, y por eso no lo cito- daba a sus lectores el siguiente consejo: «La verdad no siempre se puede decir, y tampoco mucho de lo que se siente. Habla siempre bien de todos. Alaba o calla. Cosas hay que se pueden y aún se deben hacer, pero no decir».

Las palabras que llevas dentro no se te pudrirán en el pecho si allí las dejas; no son un pus del que tengas que liberarte, ni tampoco tumores que debas extirparte para recuperar no sé qué salud perdida. Y, respecto a esos nombres que nos resultan siempre tan antipáticos, escucha lo que dice un monje benedictino alemán llamado Anselm Grün:

«Se dice que el patriarca Agatón, uno de los antiguos monjes del desierto, llevó durante tres años una piedra en la boca hasta que pudo arreglárselas con el silencio. Él había padecido lo difícil que es refrenar la lengua. Antes de reflexionar debidamente, ya hablamos sobre los demás. Entonces a veces es importante que nos impongamos una prohibición de hablar sobre determinadas personas. Agatón lo practicó con una piedra. Si durante un año no hablo nada acerca de una persona que con tanta frecuencia provoca mi irritación, el enojo se irá».

Aunque este nombre te ponga los pelos de punta, cállate. Es preferible que por el momento no digas nada acerca de esta persona, ni bueno ni malo. Si dijeras algo bueno, sería hipocresía; si malo, te dejarías llevar por el torrente de tus palabras (torrente, por lo demás, en el que acabarás ahogándote, no lo dudes). Guarda silencio: es lo mejor. De este modo, sin darte cuenta, tu tormenta interior amainará y tus sentimientos se irán haciendo poco a poco más serenos y suaves. Haz caso de este monje alemán. Te juro que sabe lo que dice.

Y, para terminar, un proverbio judío: «Hijo mío, recuerda esto siempre: tus amigos tienen amigos; por lo tanto, sé discreto».

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