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“No venimos a robar”: los testimonios de la Caravana Migrante en SLP
Óscar, Ana y Josué se unieron a la Caravana Migrante para llegar a Estados Unidos, pues la falta de empleo e inseguridad son una constante en Honduras
Por: Sebastián Escorza
Cansados, hambrientos, con sed, y con muchos kilómetros recorridos a pie, poco más de 2 mil migrantes llegaron este viernes a San Luis Potosí para tomar un breve descanso y continuar el viaje en busca del sueño americano.
Algunos llegaron a las instalaciones de la Feria Nacional Potosina a bordo de camionetas, taxis, pidiendo “aventón” o simplemente a pie; atravesaron un filtro de seguridad de la Fuerza Metropolitana Estatal, fueron atendidos por paramédicos de la Cruz Roja y unos cuantos se acercaron a unas carpas donde los esperaban funcionarios de los consulados para darles asesoría.
Esta vez los pabellones de la Fenapo no funcionaron como aparadores de ropa, comida y artículos varios como acostumbra hacerse en agosto de todos los años; en su lugar, cientos de colchonetas acomodadas en fila esperaban a gente originaria de Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua para olvidar, al menos unas horas, los problemas que los hicieron salir de su país.
Cada cabeza es un mundo, y cada uno de los migrantes tiene una historia y una razón por la cual decidió abandonar la tierra que lo vio nacer y dejar atrás a madres, padres, hermanos y amigos, mientras que, otros más, optaron por emprender esta aventura en compañía de la familia. Lo cierto es que no muchos pueden regresar a sus países de origen tras haber salido, no se puede mirar hacia atrás ni para agarrar impulso.
Óscar es un hombre que salió de Honduras. Su plan es llegar a Estados Unidos pues en su país impera un fuerte clima de inseguridad y dijo haber sido víctima de extorsión.
Pese a las dificultades, se dijo confiado en que podrá atravesar la frontera entre México y Estados Unidos acompañado de su esposa e hijos.
“La gente se ha portado bien, siempre hay una que otra persona que ni quiere ni respondernos, lo miran a uno raro, como si fuera un delincuente, pero nosotros somos seres humanos, que no nos tengan miedo , no venimos a afectar a nadie acá al país”, mencionó Óscar, tras preguntarle cómo lo han tratado los mexicanos en los miles de kilómetros que ha recorrido.
Ana es madre de tres hijos, y decidió unirse a la caravana de migrantes debido a la falta de empleos y la delincuencia en Honduras.
“Ellos vienen conmigo porque no los puedo dejar solos. Si en dado caso no puedo cruzar me quedaría en la frontera a trabajar, sacar a mis hijos adelante y ver lo que se puede hacer por ellos”.
Junto a Ana se encuentra Josué, quien carga una bandera de Honduras y se dijo agradecido con los mexicanos que lo han ayudado a sobrellevar las dificultades de este viaje:
“La gente me ha tratado excelente, gracias a la gente que nos ha regalado cosas con las que hemos batallado como comida, agua, albergue (…) le pedimos a Dios que les dé un apoyo si algún día lo necesitan”.
El joven manifestó que la delincuencia fue la razón principal para abandonar su país,” nosotros salimos de Honduras porque está muy macaneado, trabajamos para regalarle a la mara, a la delincuencia”.
Además de la delincuencia, Josué dijo que las oportunidades para encontrar trabajo son pocas, por lo que la mayoría de las personas optan por delinquir para darle de comer a sus hijos.
“Vinimos para acá porque tenemos el sueño americano, cumpliendo el sueño americano primero Dios ya no estaremos sufriendo en Honduras”.
Podría decirse que los viajeros están a mitad del camino, se espera que la mañana del sábado, a primera hora, partan rumbo al municipio de Matehuala para encontrar una mejor calidad de vida.
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Siete altares, siete copas: La fe y la sed. Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Es jueves, siempre lo es.
En San Luis Potosí, el jueves no es un día de la semana, es un estado de la conciencia. Es el momento exacto en que la piedra cantera comienza a exudar un sudor frío, una mezcla de incienso y aguardiente. Hoy, las puertas de los siete templos se abren de par en par para recibir a los que buscan perdón, mientras que, a pocos metros, las puertas batientes de las cantinas reciben a los que buscan olvido.
La tradición dicta siete paradas. Siete altares donde se expone el cuerpo de un Dios que sufre. Pero en este “primer cuadro” de la ciudad, la geografía del dolor es compartida. El parroquiano camina la misma banqueta que el devoto, y a veces, son la misma persona.
En ese cuadro delimitado en el que, por cierto, hay más estaciones para el alivio del cuerpo que para el alivio del alma. (7 Iglesias y al menos 25 bares).
El poeta y ensayista, Alfredo García Valdez, lo supo escribir con el mejor tino: “la cantina es espacio y tema, forma, ambiente, sujeto y paisaje, ese laboratorio donde el alma se descompone para volverse a armar”.
Es el templo lo mismo que de vividores que periodistas, que el del albañil que carga el mundo o del cirujano que sueña con salvarlo. Allí, la melancolía se corona con la misma solemnidad con la que se corona de espinas al que va camino al Gólgota.
¿Qué diferencia hay entre el pecador que se arrodilla frente a la imagen de la Virgen de los Dolores, que el hombre que se desploma sobre la barra de El Tampico, La Montaña, o el Banco?.
Ambos cargan una cruz. Cristo cayó tres veces, y en el suelo falaz de una taberna, ¿quién no ha besado el polvo, literal o figuradamente?
Las caídas en la cantina obligan a levantar el propio peso porque ahí se cae a solas, mientras el cantinero —ese sacerdote de a deshoras— oficia la misa del último trago.
La última cena se repite en cada ronda. “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre”, se traduce en el pan compartido y el vino que quema la garganta antes de que la tormenta estalle.
En las siete estaciones eclesiásticas, se recuerda el sudor de sangre en Getsemaní; en los siete bares, se suda el delirio de la derrota, del desamor, de la euforia y la tristeza perfumada de fiesta y del “sírveme otra” como si fuera el “hágase tu voluntad y no la mía”.
En la cantina también se comparte el vaso, la palabra, la herida y a veces la soledad : La que se tiene o la que viene.
Observo la procesión silenciosa de la fe y la ruidosa procesión de la sed.
Aquí cerca de San Agustín las velas se consumen rezando por los pecados del mundo. El sacrificio del cordero.
En la cantina de más adelante, los vasos se vacían urdiendo poemas que nadie escribirá. Es el punto de encuentro definitivo: el santo sufrimiento.
Unos lo entregan a la divinidad para que tenga sentido, otros lo ahogan en el alcohol para que deje de tenerlo.
Me quedo con esa imagen: la ciudad dividida entre el incienso y el paseo por el duro adoquín en el suelo que conecta lo mismo iglesias que cantinas.
Siento una profunda admiración por la fe que mueve los pies de los creyentes hacia los altares y al mismo tiempo siento una profunda admiración por la impredecible condición humana de aquellos que, a pesar de la caída, piden (pedimos con fe) una última ronda antes de que el mundo se acabe.
Una ronda más antes de la traición. Una ronda más antes de lo que viene, y que con mayor o menor sufrimiento, más o menos espinas y caídas, también nos va matar: la vida.
Es lo mismo cuando el cantinero avisa que es hora de cerrar que cuando el sacristán apaga la última vela.
Todos, tanto los fieles borrachos como los piadosos pecadores- caminamos hacia la misma noche.
Porque hay noches en las que el alma pesa y no siempre se sabe rezar, por lo tanto…se bebe. En este jueves, que siempre lo es, la ciudad lo entiende sin decirlo. Nadie interrumpe, nadie corrige. Es un mismo tránsito, algunos con fe, otros con sed, pero todos con algo encima.
Dos “tradiciones”, una milenaria y otra mundana. Las dos que se encuentran no en la moral, no en el juicio, sino en esa condición profundamente humana que no distingue entre el altar y la barra: el dolor, la caída y la posibilidad, siempre incierta, de poder volver a levantarse.
Culto Público, en jueves, que siempre lo es, pero no tan santo no es tan distinta la oración que el trago, ni la cruz del vaso.
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Destacadas
SLP registra afluencia récord en Semana Santa
La derrama económica podría acabar superando los mil 250 millones de pesos en todo el estado
Por: Redacción
En San Luis Potosí, la afluencia de visitantes para Semana Santa está superando las expectativas iniciales, generando ahora proyecciones de 800 mil turistas y hasta mil 250 millones de pesos como derrama económica.
Municipios con gran vocación turística como Ciudad Valles, Xilitla, El Naranjo, Aquismón y Tamasopo reportan llenos totales en parajes naturales y sitios emblemáticos.
Entre los puntos con mayor afluencia destacan las cascadas de El Meco y Minas Viejas en El Naranjo, los embarcaderos hacia la cascada de Tamúl en Aquismón, el paraje Puente de Dios en Tamasopo y las cascadas de Micos en Ciudad Valles.
También sobresalen el Jardín Escultórico de Edward James, la Media Luna y Real de Catorce, que registran cifras récord de visitantes.
De acuerdo con el área de Planeación de la Secretaría de Turismo (Sectur), del jueves 2 al domingo 5 de abril diversos destinos se prevé que alcancen el 100 por ciento de ocupación hotelera, además de una alta demanda en restaurantes y servicios como recorridos guiados.
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Ayuntamiento de SLP
Diego “El Cigala” conquista el Festival San Luis en Primavera
El cantautor español se presentó en la Plaza de Fundadores con un show lleno de flamenco, bolero y emoción
Por: Redacción
La Plaza de los Fundadores volvió a convertirse en el gran escenario cultural de San Luis Capital con la presentación del cantaor español Diego “El Cigala”, quien ofreció una noche cargada de flamenco, bolero y emoción como parte del Festival Internacional San Luis en Primavera.
Ante una plaza completamente llena, el intérprete conquistó al público con un repertorio que incluyó canciones de autores mexicanos, latinoamericanos y españoles, interpretadas con la intensidad de su característico cante flamenco, que logró una conexión inmediata con los asistentes.
Durante la velada sonaron algunos de sus temas más emblemáticos como “Lágrimas Negras”, “Piensa en mí” y otros boleros que forman parte de su repertorio internacional, provocando ovaciones y aplausos del público que acompañó cada interpretación en una atmósfera de fiesta y emoción.
Antes de que iniciara el espectáculo, el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado de la presidenta del DIF Municipal, Estela Arriaga Márquez, entregó al artista español el colibrí, símbolo del festival, como reconocimiento a su trayectoria y a su participación.
La noche también destacó el talento potosino con la participación del ensamble de guitarras Sul Tasto, que abrió el escenario y dio muestra de la calidad musical local.
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