#4 Tiempos
Municipio Pozos ¿a cambio de qué? | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
En esta semana la vida pública potosina dio satisfacción temporal a sus incertidumbres y lo hizo rápido, como lo que duran tres cuartos de parpadeo.
La delimitación del polígono del ahora pre-municipio de Pozos, y seguir los pasos para conseguir que lo sea, fue causa y efecto para generar y aliviar tensiones, fundar esperanzas, y vislumbrar tableros.
(Sobre todo electorales porque, seamos honestos, las ganas de los habitantes de la delegación en ocaso, aunque legítimas…son lo de menos)
Es miércoles 7 de junio y son casi las tres de la tarde. El legislador Rene Oyarvide zanja a paso veloz la garita para entrar en palacio de gobierno con el anuncio que deja como estela de plena identificación a los poli-porteros palaciegos: “soy diputado”.
Bajo su mano un engargolado de esos de los de 60×40 que, no es difícil imaginar, contiene los planos del polígono dorado.
Se entiende el apuro de entregar los planos y tampoco es complicado saber el destino que llevaban los mismos.
Minutos antes, en comisiones unidas del congreso, se votó por unanimidad, el “sí” rotundo para que desde el pleno se solicite al Ceepac ejecutar el plebiscito y procedimientos de rigor para, antes de octubre, San Luis cuente con 59 municipios.
El sí legislativo fue casi mágico: muy de pronto y en tonada de qué casualidad, todas las fuerzas políticas, sobre todo las de supuesta oposición, salieron a declarar estar a favor (y jurar siempre haber estado) de la metamorfosis delegacional-municipal poceña.
Le confieso, Culto Público que el extraño cambio, el giro y las señales a partir del “mágico sí”, me hizo recordar el piecito (iré al infierno) y la canción de Jenni Rivera, esa de “¿A cambio de qué?” que mientras la tarareo me pregunto: ¿Qué paso entonces durante los ¾ de parpadeo?
Para contestar hay que saber que el martes a medio día la presidenta del PAN, Verónica Rodríguez, sostuvo a una reunión en privado con el alcalde capitalino Enrique Galindo y los temas que discutieron no fueron ni gastronómicos ni climáticos. Las preguntas fueron directas y se dejó claro que, sin Galindo, el PAN tiene apuntados por lo menos cinco gallos (por cierto si alguien conoce a David Azuara Zúñiga, que me lo presente) y necesitan respuestas.
Hay que saber también que Enrique se reunió hace muy poco con sus compañeros del PRI para responder los mismos temas y calmar mas o menos las mismas ansias ahora que Sara Rocha, aliada más cercana de Alito Moreno Cárdenas tiene las riendas tricoloridas.
Otra pista para la respuesta está en enterarse que no fue hasta ayer jueves que el secretario general de gobierno, Guadalupe Torres Sánchez, recibió al alcalde capitalino después de la “tensión José de Galvez” (obra compartida entre Estado y municipio, pero que inauguró solo el gobernador en un evento que estratégicamente se omitió de la agenda pública del mandatario).
Sabiendo esto, lo que pasó de acuerdo a algunos cálculos personalísimos pero también con los testimonios de fuentes muy cercanos a lo ocurrido, fue que en esta semana se configuró un escenario –insisto- solo uno de tantos posibles detonado ni más ni menos que por el tema Pozos:
El alcalde Galindo dejó ver a los panistas la posibilidad de no buscar la reelección para abrirles el camino a que sea un candidato blanquiazul de origen el que busque la alcaldía el año que viene.
A los priistas concede, Edmundo Torrescano incluído, el manejo temporal del partido y lo poquito que le resta, pero con ambos institutos (PRI y PAN) acuerda llevar mano para apuntarse al senado de la república, apostando a entrar prácticamente en automático aún cuando quedara en la primera minoría.
De ahí el milagro: Todos de acuerdo con la municipalización y a decirlo fuerte.
Para poner de su parte y aprovechar lo que parecen acomodos tempranos, Xavier Azuara, se desiste de la candidatura al senado y mejor repite en la diputación federal, al mismo tiempo apoya a un tal David que tiene sus mismos apellidos a la alcaldía, pero también apunta en la lista federal pluri a Rubén Guajardo (hábil responsable de la pausa dramática en las comisiones para que se dieran todos los acuerdos que relato) que sin obsesiones por la alcaldía, sigue su rumbo y hasta se le promete convidar regidores y posiciones en caso de triunfo (nada fuera de lo común)
En la negociación, Verónica Rodríguez está dispuesta incluso a no ser la número uno de la lista pluri a la diputación local, pero tiene para escoger formula femenina al senado con Galindo. (Nada mal)
En la otra esquina, pero del mismo barrio, en el parpadeo poceño el todavía panista Juan Francisco Aguilar obtiene tener en la bolsa la aprobación de su iniciativa para reducir a 90 días el plazo de separación del cargo como diputado para buscar ser magistrado en el poder judicial, y lo será.
Octavio Pedroza gana la oportunidad de no competir contra su ex compañero de “Combo” y en una de esas, con la bendición nacional y todas las consideraciones de Marko Cortés, logre su objetivo: regresar a la vida pública potosina, aunque enfrente a Azuara…(de eso ganas le sobran)
Dato adicional: José Luis Fernández “Chiquis” del verde, operador clave del Sí mágico y el “Pozos va”, fue el primero en subir las escaleras de palacio la tarde de este miércoles con la medalla en alto de la “misión cumplida” y si todo sigue su camino, Pozos necesitará alcalde…
Las 23 mil firmas de apoyo a la municipalización, por cierto, tienen nombre y apellido y estuvieron a punto de ir a exigir al legislativo su legitimo sentir para convertirse ya, antes de octubre, en municipio.
Brinco a tema nacional a propósito: si la consulta de Morena para elegir candidato presidencial es abierta…¿le caería mal a cualquier candidato unas 23 mil firmas potosinas más las que se sumen? (Hay que recordar que Manuel Velazco del PVEM ya dio pasito para participar también en la medición)
En este escenario tem-po-ral (requete insisto) Enrique Galindo libera presión, juega del lado del gobernador Gallardo (autor intelectual de la municipalización de Pozos) se ponen mejores condiciones para transitar los próximos 360 días que faltan para la elección, y de cualquier manera Galindo se apunta como aspirante a la gubernatura del estado dentro de tres años.
Pero nada está firmado con sangre Culto Público, las circunstancias cambian todavía más rápido que los parpadeos y duran los escenarios lo mismo que dura el sonido de un golpe de pandero.
Con lo ocurrido en estos días en SLP, solamente confirmo que en el ejercicio de la política es una cualidad indispensable el saber administrar incertidumbres e intentar en las negociaciones hacer pensar al de enfrente que será quien reirá mejor al último del refrán.
Por cierto ¿hablábamos de Pozos verdad?
En San Luis Potosí se han ganado gubernaturas con menos votos de los que sumarían Pozos como municipio junto con los de Soledad de Graciano Sánchez. (Ojo: la senaduría es prácticamente una elección gubernamental).
Si a eso se le añade que, si fuera el caso de que Galindo decida no estar en la ecuación municipal, el verde en la capital estaría compitiendo contra una alianza debilitada y muy probablemente con candidato de origen panista y desconocido.
No hay que ser ni muy atinado entonces para avizorar los resultados.
Entonces… Sí, si era importante avanzar en convertir la delegación de la barbacoa de borrego dominguero en el municipio cinco nueve.
Hijos de mi viernes aunque sea de vez en cuando nos leemos hasta la próxima.
Atentamente,
Jorge Saldaña.
También lee: Gallardo-Galindo ¿Round 1? | Apuntes de Jorge Saldaña
#4 Tiempos
Los quehaceres de la providencia | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Por: Juan Jesús Priego
¿Ve usted, estimado señor, esta carpeta abultada? ¿La ve? Pues bien, déjeme decirle que contiene un manuscrito que he ofrecido ya, si las cuentas no me fallan, a una veintena de editoriales. He aquí lo triste, sin embargo: que, hasta ahora, todas me lo han rechazado o me han pedido tiempo para pensarlo mejor.
«Olvídelo, tenemos mucho trabajo», me han dicho unas. «Su obra es realmente prodigiosa y llena de interés, y no dudamos que hasta revolucionará el saber en más de un campo, pero por ahora no podemos publicársela», me han dicho otras. Y las demás ni siquiera se han tomado el trabajo de responderme. De modo que aquí me tiene usted, con mi eterna carpeta amarilla bajo el brazo.
¿Me creerá usted si le digo que ha habido días en que he decidido ponerme en huelga de brazos caídos y dejar de escribir? ¿Para qué seguir haciéndolo, estimado señor, para qué? En esos días de los que le hablo veo todo con tanta amargura que hasta el mismo sol me parece negro. ¿Es menester tomarse en serio un trabajo que a nadie le importa, salvo a este pobre servidor de usted?
Una casa, por ejemplo, es esperada por quienes la mandaron construir, y mientras ésta va levantándose poco a poco, el arquitecto es animado a seguir adelante y a no desfallecer; lo mismo le sucede al médico y al industrial; pero, dígame, ¿quién echa de menos un libro que aún no ha sido escrito? Entonces tomo al respecto serias resoluciones, diciéndome a mí mismo: «¡Ya no más! ¡Ya no más!».
Y arrojo la pluma al cesto de la basura y estrujo con ira el pedazo de papel. Pero al día siguiente todo vuelve a comenzar, como si en realidad nada hubiese sucedido la tarde anterior. Por si quiere usted saberlo, con la escritura no hay manera.
Escribir, ¿para qué escribir? He aquí, como se dice, la pregunta de los sesenta y cuatro mil. Sin embargo, hoy he cambiado de parecer; hoy mis hombros están mucho más relajados y casi diría que la vida me parece hermosa. ¿Y sabe usted por qué?
Porque he leído una carta que ha provocado en mí una especie de giro copernicano, si me permite hablar de este modo. ¿Cree usted, acaso, que se trata de la carta de un editor en la que me anuncia que mi manuscrito ha sido por fin aceptado? ¡Nada de eso! A la que me refiero es a una carta que Hermann Hesse escribió a una amiga suya en 1928. ¡Ya lo ve usted, hace mucho tiempo!
Y, no obstante eso, vea lo que este genio dice allí a su lejana corresponsal: «Querida amiga: ¿de modo que está vagando de nuevo por esas regiones de Salerno y Nápoles y de momento se ha tomado un descanso en Positano? Hay allí muchos alemanes y para usted este hecho debe tener evidentemente la ventaja de la comunicación verbal. Sin embargo, creo que podría entenderse y convivir mucho mejor con las criaturas meridionales, con los pescadores y los viñadores, que con esos artistas e intelectuales que…».
¿Me pregunta usted qué tiene que ver esto con lo que le decía hace un momento? Nada, es verdad; se trata, por ahora, de un mero preámbulo. Pero escuche lo que sigue: «Sí, y si deposita sus cartas en esos viejos y oxidados buzones, colocados entre las piedras, y luego se entera de que desde hace años y años ya no son usados ni vaciados y que desde tiempos inmemoriales no existen llaves para abrirlos, no se afane, querida amiga que, dentro de algunos decenios, encontrarán sus cartas y las exhumarán como a las ruinas de Pompeya.
Volarán como mariposas, liberadas de la crisálida, y algún profesor interesado en realizar una compilación y un editor se harán famosos y adquirirán fortuna a través de estas cartas. Muy pronto, todos serán de la opinión unánime de que a partir de Bettina Brentano jamás fueron escritas cartas semejantes».
¡Éste es el párrafo que finalmente me ha abierto los ojos, estimado señor!
Después de leerlo, me he dicho a mí mismo: «Amigo, tú preocúpate en escribir tus cartas, es decir, en hacer lo que te toca; haz lo que sabes que es tu deber y luego deja lo demás a la suerte, o, mejor, a los quehaceres de la Providencia.
Dios sabrá cuándo es necesario que tus escritos sean conocidos, si es que alguna vez es necesario que lo sean; acaso hoy no serían comprendidos ni mucho menos apreciados. Escribe; no dejes de hacerlo, pues eso y sólo eso es lo que depende de ti, que lo demás ya no te toca».
¿No es consolador este pensamiento, señor? ¡Sí que lo es! Uno hace lo suyo, y lo hace lo mejor que puede; pero lo que no puede, es decir, lo que ya no depende de él, lo pone en las manos de Dios para que Él haga con la obra lo que quiera: para decirlo ya, un poco así como esas cartas que, ocultas en un buzón olvidado, alguien, algún día, rescatará.
«Recuerdo –sigue diciendo Hesse-, por ejemplo, a cierto Knut Hamsun, que es hoy un anciano y goza de fama universal; los editores y las redacciones lo tienen en muy alta estima y sus libros se han reeditado varias veces. Ese mismo Hamsun fue un desesperado sin patria y en la época en que escribió sus libros más bellos y tiernos, andaba descalzo y andrajoso, y cuando nosotros, jóvenes rapaces entonces, abogamos por él y lo defendimos con fanatismo, cosechamos la risa de los demás o no nos escucharon». ¡Ese Hamsun del que habla Hermann Hesse es el mismo que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1920, según tengo entendido!
Pero, ¿quién le hizo caso cuando era un joven escritor lleno de sueños? ¡El éxito, qué tarde llega siempre! Así que, a la luz de todo esto, permítame darle un consejo, señor; a usted que, como yo, no ve publicado casi nada de lo que escribe: nunca desespere, ni permita que se apoderen de su pobre corazón pensamientos descorazonadores.
Usted haga lo que sabe que tiene que hacer –o sea, escribir, echando sus cartas al buzón herrumbroso- y, de ser posible, hágalo con ardor, con pasión, con elegancia y majestad, y luego pase a otra cosa. Eche la botella al mar, para que Dios, más tarde, la haga llegar a la playa, que es su destino.
De este modo las cosas se tornan mucho más sencillas y usted se salva de la desesperación. ¿No ve cuán sencillo es? Hágalo y verá los resultados. O quizá no los vea, pero esto en realidad no importa…
Lee también: Candil de la calle | Columna de Juan Jesús Priego
#4 Tiempos
Hagamos cuentas | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Comienza el torneo de la Liga MX, un torneo previo a la Copa del Mundo es un torneo con reglas diferentes, este año la cosa es simple, solo los ocho mejores de la tabla general calificarán a la liguilla, lo cual reduce las posibilidades de jugar postemporada. Esta situación me hace pensar que San Luis tiene muy pocas chances de colarse entre esos equipos que pelearán por el título al final de la temporada regular.
Pero en fin, como cada inicio, hagamos el ejercicio de pronosticar los puntos que puede llegar a hacer el cuadro potosino, jornada tras jornada.
Jornada 1.- Tigres / derrota (0 puntos)
Jornada 2.- América / derrota (0 puntos)
Jornada 3.- Tijuana / empate (1 punto)
Jornada 4.- Chivas / empate (2 puntos)
Jornada 5.- Necaxa / empate (3 puntos)
Jornada 6.- Querétaro / victoria (6 puntos)
Jornada 7.- Atlas / empate (7 puntos)
Jornada 8.- Puebla / victoria (10 puntos)
Jornada 9.- Mazatlán / victoria (13 puntos)
Jornada 10.- Cruz Azul / derrota (13 puntos)
Jornada 11.- Pachuca / empate (14 puntos)
Jornada 12.- León / victoria (17 puntos)
Jornada 13.- Monterrey / derrota (17 puntos)
Jornada 14.- Toluca / derrota (17 puntos)
Jornada 15.- Pumas / empate (18 puntos)
Jornada 16.- Santos / victoria (21 puntos)
Jornada 17.- Bravos / derrota (21 puntos)
Según el presupuesto, 21 puntos tendrá San Luis al terminar la temporada regular , una suma que le daría para culminar la competencia aproximadamente en el lugar 10 del torneo, mismo que lo estaría dejando fuera de los puestos de liguilla.
Siendo realistas, la plantilla de San Luis es muy limitada, con buenos jugadores pero que no puede competir contra las grandes nóminas, es un plantel modesto con pocas incorporaciones y aunque en este torneo parece que tiene diferentes opciones, no aspira a grandes números para revertir por mucho lo sucedido en los torneos anteriores, el equipo humilde tiene que distinguirse por el trabajo y demostrar.
Será un torneo complicado para San Luis, desesperante para la afición y de largo aliento para la prensa y dirigencia del equipo, ojalá que la suerte los apoye y el presupuesto aquí dicho se quede corto, que se sumen más de 21 puntos y se aspire a una calificación, ojalá las cosas mejoren y sea el despertar de una reconciliación con la afición, saquemos la calculadora, el rosario y suframos el bendito futbol mexicano, que al fin, es lo que hay.
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#4 Tiempos
SLP no es grande… pero su problema de transporte sí | Columna de Ana G Silva
Corredor Humanitario
Ya no es molestia. Ya no es inconformidad. Es hartazgo puro.
Y no, no voy a buscar una palabra más bonita, porque no la hay para describir lo denigrante que resulta usar el transporte público en San Luis Potosí.
Los camiones potosinos son, sin exagerar, de los más caros del Bajío. Hoy el pasaje cuesta 12.50 pesos y, aun así, el servicio es lento, viejo, sucio, impredecible y profundamente irrespetuoso con el usuario.
En Guadalajara, una de las ciudades más importantes del país, el transporte cuesta 8 pesos. En Querétaro, sí, puede llegar a 12 pesos, pero ahí el transporte sí sirve: pasa seguido, es relativamente puntual y no te condena a perder media vida esperando.
Aquí no.
En San Luis Potosí hay personas que esperan 20, 40 minutos o hasta una hora para que pase un camión. Una hora. Solo para subir. Eso no es un “detalle operativo”. Eso es trato indigno.
Aquí mismo, los potosinos repiten que atravesar la ciudad en coche toma 15 o 20 minutos. Pero gracias a un sistema de transporte público miserable, ese mismo trayecto se convierte en una hora con veinte, de los cuales 60 minutos son solo de espera.
En la Ciudad de México, con tráfico brutal y distancias enormes, puedes tardar dos horas en un traslado, sí, pero no esperas. El metro, el pesero, la combi pasan cada 4 o 5 minutos. La ciudad será un caos, pero el transporte no te abandona.
Aquí el usuario espera como si pidiera limosna.
Y por si fuera poco, muchas rutas dejan de operar a las 8 de la noche. Entonces la pregunta es obligada: ¿qué diablos pasa con quienes salen a las 8, 9 o 10 de la noche de trabajar?
Antes, el transporte público funcionaba al menos hasta las 10:30 pm. Hoy ya no. ¿La solución? Que el usuario pague Uber o taxi. Y eso no es ocasional: Es diario, es de lunes a viernes, de lunes a sábado. Para quien gana el salario mínimo —o apenas un poco más— esto es un golpe directo a la cartera.
Y aun así, todavía se atreven… Margarito Terán, líder de los transportistas, dice que 12.50 pesos no les alcanza, que no les “presta” para dar un buen servicio y que necesitan subir el pasaje a 15 pesos (aunque de todos modos se la pelan, porque legalmente no pueden aumentar la tarifa más allá de lo que marca el Índice Nacional de Precios al Consumidor, INPC) .
Seamos serios. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes les ha señalado, año tras año, que circulan unidades con más de 10 años de antigüedad, algo que no debería permitirse en la zona metropolitana. Esto no empezó ayer. Pasó con Ricardo Gallardo, pasó con Juan Manuel Carreras y pasó antes.
Han sido omisos profesionales.
Prometen arreglar camiones. Prometen capacitar choferes. Prometen mejorar rutas. Y lo único constante es el mal servicio.
¿Quién no ha sufrido a un chofer grosero? ¿Quién no ha visto a uno hablando por teléfono, con la música a todo volumen, prepotente, echando carreritas con otro camión? ¿Quién no ha vivido eso de que se juntan dos unidades y una avanza a paso de tortuga, importándole poco o nada si el usuario lleva prisa?
Y luego está el clásico: acortar la ruta, aunque no sea su recorrido, porque “ya van tarde”. Y el usuario que se joda: se baja antes, camina, llega tarde, pierde tiempo y pierde dinero.
Eso no es transporte público. Eso es desprecio sistemático al usuario.
Por eso lo digo sin rodeos: si no pueden prestar un servicio digno, háganse a un lado.
Permitan que el Gobierno del Estado busque otra concesionaria que sí pueda, que sí quiera y que sí le alcance. Porque en otros estados ya quedó demostrado que con menos dinero se puede ofrecer un servicio muchísimo mejor.
Y ya ni siquiera es por el precio. Es por el tiempo robado, el maltrato, las unidades decrépitas, la falta total de respeto.
Basta de tratar al usuario como ciudadano de segunda.
Y ojalá —de verdad ojalá— que la secretaria Araceli Martínez Acosta se suba una semana, solo una, al transporte público para ir a trabajar. Que espere, que se desespere, que llegue tarde. A ver si así entiende la indignación diaria de miles de potosinos.
Porque el transporte público no es un favor. Es un derecho. Y en San Luis Potosí, hoy, ese derecho está secuestrado por la mediocridad.
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