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México y Argentina | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Seré honesto, en un principio el título de esta columna era México vs Argentina, pero decidí cambiarlo, justo porque ese “vs” es algo que quiero criticar.
Hace unos días un club “mexicano” eliminó a uno “argentino” de la fase de grupos del mundial de clubes, Rayados de Monterrey terminó pasando como segundo de grupo dejando a River Plate eliminado en la fase temprana, algo que levantó demasiadas críticas e incluso reclamos y discusiones sin sentido.
El fútbol argentino sufre de resaca de campeón, los actuales monarcas mundiales han perdido el piso y se creen superiores a cualquiera en términos de patear una pelota de fútbol, un pueblo muchas veces considerado soberbio con su gloria a flor de piel.
Del otro lado, el mexicano que no sabe dimensionar su nivel, siempre alentado por una prensa que sabe inflar hasta reventar, pierde el piso pero de la realidad, hambrientos de éxitos hacen héroe a cualquiera que les ayude a avanzar centímetros con tal de ser más grandes.
Dos realidades opuestas pero al fin latinoamericanas, dos pueblos iguales pero separados por un balón.
México y Argentina sufren prácticamente los mismos males sociales, problemas económicos, corrupción, violencia, pobreza, falta de oportunidades, devaluaciones, dictaduras, poca educación y bueno, la lista no acaba, ambos pueblos tienen al fútbol como válvula de escape, ese rescate que puede llegar a hacer olvidar por 90 minutos los problemas reales y darle la vuelta a lo más importante de lo menos importante.
Pero dentro de esta igualdad de realidades latinoamericanas hay una gran disparidad, y ese es justamente el fútbol.
Argentina es y por mucho, primer mundo futbolístico, es semillero de campeones, la cuna de los más grandes de la historia, el país de la pelota, simplemente de lo mejor del fútbol del planeta, viene de allá. México, por su parte, es ese país que ha intentado crecer, salió de las sombras de la mediocridad para establecerse en media tabla, un país que no sabe jugar en equipo y si alguien empieza a sobresalir de manera individual, será sobajado y criticado por una extraña necesidad de menospreciar su talento.
El fútbol argentino no tiene tiempo de detenerse a celebrar, produce, vende y recicla jugadores por el mundo, sus clubes no son capaces de mantener una alineación completa más de 6 meses, la venta ( al extranjero) es una necesidad imperante en decrecimiento de sus clubes y su liga, pero en increíble aporte a su selección y fuerzas básicas.
El fútbol mexicano quiere procesos largos, sueña con equipos eternos, de contrataciones rimbombantes y fichajes millonarios, le molesta volver a la cantera, piensa que los jóvenes necesitan tiempo y aún así no se lo quiere dar, critica al directivo que mira las divisiones inferiores, menosprecia a los ajenos y se siente extrañamente en posición de campeón sin corona, el otro siempre tiene la culpa de su tragedia.
Aterricemos en el mundial de clubes, Rayados clasifica sobre River, ante la soberbia de una hinchada argentina que siente que por ser campeones del mundo con su selección, sus clubes mágicamente son también los más grandes del mundo, mientras que del otro lado, los fracasos de la selección mexicana hacen pensar a muchos que Monterrey y Pachuca solo iban a pasear.
Y ni una, ni otra. Entendamos una cosa, la Liga Mx ha crecido enormemente, podemos criticar demasiado pero el nivel de sus clubes sigue aumentando, y no es proporcional al estancamiento de la selección, la Liga cada vez es mejor, más competitiva en el exterior y mucho más robusta económicamente. Del lado de la Liga Argentina las cosas son distintas, equipos prácticamente obligados a vender para sobrevivir, semilleros inacabables de jugadores que tienen que debutar para seguir produciendo, y un nivel de competencia superlativo justo para volver a vender en seis meses, el futbol argentino es una mina de jugadores a todos los niveles que poblan las canchas del mundo. El éxito de su selección no es proporcional al nivel de su liga, sino la excepción de la venta de sus jugadores a ligas como la Mx.
En pocas palabras, ambos nos necesitamos, discutir sobre niveles futbolísticos es un perro persiguiendo su cola, nadie va a ganar y nunca nos vamos a poner de acuerdo, la relación futbolera entre México y Argentina es tan necesaria como justa, las dos realidades son la misma, con circunstancias propias pero las dos (juntos con muchas más) atrapadas en Latinoamérica sin poder escapar, golpear a un club o selección, es pegarse a sí mismo, al final, somos lo mismo. México y Argentina, seguiremos pateando el balón igual, total, es y siempre será lo más importante, de lo menos importante.
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Estado
MetroRed reubicará parada Fenapo por nueva infraestructura vial
La adecuación permitirá optimizar la operación de la Línea 3 una vez que entre en funcionamiento el Paso Inferior Arena Potosí
Por: Redacción
La Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) trabaja en la reubicación de la parada Fenapo de la Línea 3 de MetroRed, como parte de las adecuaciones derivadas de la próxima puesta en operación del Paso Inferior Vehicular Arena Potosí.
Personal técnico realiza recorridos para definir la ubicación más adecuada, privilegiando la seguridad, accesibilidad y comodidad de las y los usuarios, además de una mejor integración con la nueva infraestructura vial.
La dependencia informó que la modificación permitirá mantener una operación eficiente del servicio gratuito de transporte y facilitará la conectividad de miles de usuarios que diariamente utilizan esta ruta.
La nueva ubicación de la parada y los ajustes operativos serán dados a conocer oportunamente a través de los canales oficiales de MetroRed.
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Deportes
De las Malvinas al Azteca y del Azteca a Atlanta: Argentina vs Inglaterra y una guerra que no termina
Argentina llega como vigente campeona del mundo. Inglaterra busca su primera Copa en 60 años. Entre los dos equipos hay una guerra, un Maradona y 44 años de historia sin resolver.
La Guerra de las Malvinas ya no se pelea con fusiles. Se pelea con la voz y, en especial, con un balón
Por: Carlos Ruíz Espinosa
Tras su sufrido triunfo ante Suiza en Cuartos de Final, los jugadores de la Selección Argentina cantaron. No cantaron cualquier cosa: cantaron que las Malvinas son argentinas. “Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”. Era la víspera de una semifinal de Mundial, una que marcará el capítulo más reciente de una historia que lleva 44 años sin resolverse.
Hoy en Atlanta, la campeona del mundo enfrenta a una Inglaterra que busca su primera Copa en 60 años. Esos 60 años no son un número cualquiera. La última vez que Inglaterra levantó el trofeo fue en 1966, en la tierra donde el futbol nació.
Fue ese año cuando el árbitro alemán Rudolf Kreitlein expulsó al capitán argentino Antonio Rattín en los Cuartos de Final donde la Albiceleste se enfretaba a los locales. Rattín no quiso salir. Tuvo que ser escoltado por la policía. Inglaterra se acabó llevando la victoria por la mínima con un tanto de Geoff Hurst.
Al final, el técnico inglés Alf Ramsey se negó a que sus jugadores intercambiaran camisetas con los argentinos y los describió en la prensa como “animales”. Los argentinos llamaron a ese partido “el robo del siglo“. Dieciséis años después… llegó la guerra.
El 2 de abril de 1982, Argentina invadió el archipiélago que llama Malvinas y que Gran Bretaña llama Falkland. El conflicto duró 74 días.
La guerra fue breve y fue una catástrofe. El general Leopoldo Galtieri, heredero de Jorge Rafael Videla al frente de una junta militar que llevaba seis años desapareciendo y torturando a su propio pueblo, ordenó la invasión como una apuesta desesperada: necesitaba una causa nacional que enterrara la crisis económica y los crímenes que el régimen acumulaba. La apuesta salió mal.
Los soldados que enviaron a las islas eran en su mayoría reclutas de 18 y 19 años, muchos de provincias tropicales del norte argentino, sin entrenamiento para el frío ni equipamiento suficiente. Llegaron al invierno con ropa inadecuada, mal alimentados, a veces abandonados por sus propios oficiales que dormían en casas mientras los reclutas se congelaban en trincheras.
Frente a ellos, un ejército profesional que recorrió 13,000 kilómetros para recuperar unas islas donde vivían menos de dos mil personas.
El 2 de mayo de 1982, el submarino británico HMS Conqueror hundió al crucero ARA General Belgrano cuando navegaba fuera de la zona de exclusión declarada por Gran Bretaña. Murieron 323 marinos argentinos. Fue el día más sangriento de la guerra y también su punto de no retorno: la flota sudamericana se retiró a sus puertos y no volvió a salir. Lo que quedaba de la guerra se disputaría en tierra, con pibes que no sabían bien por qué estaban ahí, contra soldados que sí.
El poeta Jorge Luis Borges, de ascendencia parcialmente británica, lo vio desde Buenos Aires y dictaminó con su ironía característica: “La guerra de las Malvinas es una pelea entre dos calvos por un peine.” Tres años después escribió el poema “Juan López y John Ward”, sobre dos soldados ficticios (uno por bando) que mueren en las islas sin haber cruzado una sola palabra. Los llamó víctimas de “unas islas demasiado famosas.”
Al final, murieron 649 soldados argentinos y 285 británicos. Argentina se rindió el 14 de junio de 1982. El Mundial de España comenzó al día siguiente. No hubo pausa. No hubo luto colectivo. Hubo futbol.
El caso de Osvaldo Ardiles relató el conflicto como ningún otro. Jugador del Tottenham Hotspur, el día después de la invasión jugó la semifinal de la Copa FA contra el Leicester City: la afición rival lo abucheó en cada toque del balón.
En las Falkland, su primo José Ardiles se desempeñaba como piloto de caza, y acabó muriendo en combate sobre las islas semanas después. Fue el primer piloto argentino en caer en la guerra. Ossie dejó Inglaterra sin saber cuándo volvería, pero sería el primer reflejo de la relación directa que tendría la pelota con las secuelas de las Malvinas.
La derrota en la guerra fue devastadora para un pueblo que, similar a lo que aconteció en el Mundial de 1978, recurrió al futbol para buscar la alegría que la actualidad nacional le quitaba . El ídolo ya no iba a ser Mario Alberto Kempes como en ese torneo ni mucho menos Videla o Galtieri. El héroe albiceleste respondía al nombre de Diego Armando Maradona.
El 22 de junio de 1986, Cuartos de Final del Mundial de México 86. En el Estadio Azteca, ‘El 10’ metió dos goles contra Inglaterra que explican más sobre Argentina que cualquier libro de historia. El primero fue la mítica “Mano de Dios“. Diego saltó a disputar un balón con el portero Peter Shilton, y ante su falta de estatura, estiró la mano para acabar empujando la pelota a la red… el árbitro lo dio por bueno.
El segundo, en el que gambeteó a cinco ingleses en 11 segundos, fue una obra maestra catalogada como “El Gol del Siglo”. Ganaron 2-1. En un solo día, el ‘Pelusa’ se despachó dos de los tantos más icónicos en la historia del futbol, pero esos goles significaban mucho más que el pase a Semifinales.
En su autobiografía, Maradona lo escribió sin tapujos: “Aunque habíamos dicho antes del partido que el fútbol no tenía nada que ver con la guerra de las Malvinas, sabíamos que habían matado a muchos chicos argentinos ahí. Los mataron como pajaritos. Y eso era la revancha”.
Roberto Perfumo, ex jugador argentino, fue más claro todavía: “En 1986, ganarle a Inglaterra era suficiente. Ganar el Mundial era secundario para nosotros. Ganarle a Inglaterra era nuestro verdadero objetivo.”
La herida no se cerró en 1986, pero tampoco en 1998, cuando argentinos e ingleses se citaron en Octavos de Final del Mundial de Francia. Un primer tiempo trepidante que acabó 2 por 2 tras un golazo de Michael Owen y un icónico tanto de Javier Zanetti tras un tiro libre. La segunda mitad quedaría marcada por la expulsión del entonces joven David Beckham por una patada al ‘Cholo’ Simeone que convertiría al ‘Spice Boy’ en villano nacional por un buen rato. Los sudamericanos se acabarían imponiendo en penales.
El asunto menos se calmó en 2002, cuando en Corea-Japón, el mismo Beckham cobró el penal que eliminó a Argentina en la Fase de Grupos. Los de Marcelo Bielsa se fueron a las primeras de cambio de un Mundial al que llegaron como favoritos y, por primera vez desde la guerra, volvieron a caer ante los ingleses en semejantes instancias.
Simon Kuper, periodista y autor de Football Against the Enemy —el libro que exploró cómo el fútbol canaliza guerras y dictaduras en todo el mundo—, tituló su análisis de esta rivalidad en The Guardian en 2002 con una frase que hoy suena a profecía: “The conflict lives on.”
El conflicto sigue vivo. Los jugadores argentinos lo cantaron el sábado después de librar el encuentro ante los suizos. La diferencia, es que ya no se pelea con fusiles. Se pelea con la voz y, en especial, con un balón.
Hoy en Atlanta, Argentina defenderá su corona mundial contra una Inglaterra que lleva 60 años esperando repetir lo que logró en 1966, pero esto va mucho más allá de la gloria deportiva. Habrá nuevas generaciones en la cancha que no vivieron la guerra, pero que cargarán con su peso sin buscarlo.
Borges tenía razón: son dos calvos peleándose por un peine. Lo que el escritor no sabía, y seguramente no hubiera querido saber considerando cuánto odiaba al futbol, es que ese peine hoy tiene la forma de un boleto a la Final del domingo.
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Ciudad
Seduvop descarta caos vial pese a tres obras en Circuito Potosí
Leticia Vargas aseguró que el desnivel Arena Potosí estará listo en agosto, antes de la Fenapo, y que el puente de Villa Magna no arrancará hasta concluir el del Real Inn
Leticia Vargas aseguró que el desnivel Arena Potosí estará listo en agosto, antes de la Fenapo, y que el puente de Villa Magna no arrancará hasta concluir el del Real Inn
Por: Redacción
La Secretaría de Desarrol lo Urbano, Vivienda y Obras Públicas (Seduvop) descartó que las obras en el tramo sur del Circuito Potosí vayan a provocar un caos vial , pese a que en los próximos meses coincidirán tres proyectos en esa vialidad, informó su titular, Isabel Leticia Vargas Tinajero.
Las obras son el desnivel a la altura de la Arena Potosí, el puente de la glorieta del Real Inn y el futuro puente de Villa Magna. Vargas Tinajero precisó que este último no arrancará sino hasta que concluya el del Real Inn —cuya ejecución tomará aproximadamente seis meses—, por lo que no habrá tres frentes activos al mismo tiempo.
El desnivel Arena Potosí se encuentra en sus últimas fases, indicó la titular, y la entrega tentativa es agosto, antes del inicio de la Feria Nacional Potosina (Fenapo). El proyecto contempla una inversión de alrededor de 250 millones de pesos, con 800 metros de líneas de construcción, drenaje pluvial, alumbrado y señalamiento peatonal.
Vargas Tinajero aseguró que la Seduvop trabaja en coordinación con la Policía Vial del Ayuntamiento de la capital para los cierres de circulación necesarios, y señaló que la relación con esa dependencia ha sido buena y sin contratiempos.
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