Opinión
Marcelito | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
Testeando
¡Qué pequeño se vio San Luis frente a Pachuca!
Yo no sé de futbol, yo no he hecho cursos ni mucho menos soy entrenador, ni siquiera sé jugar correctamente al futbol. Nunca pisé una cancha como jugador de primera, y nunca he levantado ni el campeonato de mi colonia. Yo solo sé jugar futbol en videojuegos y hasta en eso pierdo bastante seguido.
Sin embargo, levanto la voz y digo, ¡qué pequeño se vio San Luis frente a Pachuca!. Increíble que un equipo que juega de local, no se atreva a proponer, increíble que un equipo local y que va perdiendo, se tarde tanto en recomponer el rumbo del partido.
Ok, lo entiendo, no hay una banca con argumentos para levantar el barco y, peor aún, cuando no puedes contar todavía con todo el arsenal. Pero Pachuca no es ni cerca un rival de los complicados en la liga, y San Luis es un equipo muy triste de local.
El tenor parece será igual que el torneo anterior, un equipo con nula proposición de local y bastante ratonero de visita. Eso puede ayudar jugando en campo ajeno, pero seguirá causando pena en la cancha del Lastras.
Cuidado Marcelo, cuidado directivos, que el negocio se va a acabar (si es que ha esto aún se le puede llamar negocio) las tribunas se van vaciando cada vez más y esos “fieles” aficionados, no se van a conformar con las miserias que aún muestran de local. O se cambian las maneras, las formas y las ganas, o simplemente seguiremos pensando que Marcelito sigue siendo un técnico muy chiquito para el futbol mexicano, ya que anoche ¡qué pequeño hiciste ver al San Luis, Marcelititito!
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#4 Tiempos
La potosina que escribió en letras de oro su nombre en el cine mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
En los albores del siglo XX potosino la familia Sepúlveda Camarillo daba vida escénica en las tablas de los teatros potosinos, el Alarcón y el de La Paz. Para 1915 ponían en escena las obras La Cara de Dios y San Miguel de los Espías; el matrimonio entre Amanda Camarillo y Alberto Sepúlveda habían procreado el 31 de marzo de 1910, en San Luis Potosí, a la pequeña Dolores Sepúlveda Camarillo que debutaría en teatro a los cinco años en las citadas obras.
Problemas de salud del padre de Alberto Sepúlveda orilló a la familia a trasladarse a España, donde la ya joven Dolores decide estudiar maquillaje, profesión que combinaría con la actuación, orientando el arte de los polvos y brochas al maquillaje de actuación. De regreso a México, continuaría con su vocación y aprovecha un apoyo para estudiar en la línea Max Factor en maquillaje para Hollywood lo que la llevaría a Estados Unidos a trabajar como maquillista cinematográfica.
En los inicios del cine sonoro mexicano, como adelantamos en entrega anterior de esta columna, arrancaría su carrera, tanto como maquillista como actoral, al parejo del desarrollo del cine en México. Actuando en las primeras películas sonoras mexicanas a principios de los treinta, donde conoce al que sería su esposo, el actor potosino Antonio Frausto de quien ya tratamos en entrega anterior y de cuya relación asumiría el mote de Fraustita, como fue conocida en el mundo del espectáculo. Dolores Camarillo, como también fue conocida, se convirtió en una de las más reconocidas actrices de reparto en toda la Época de Oro del Cine Mexicano, además en una de las mejores maquillistas de la industria del espectáculo. Entre los filmes que le dieron más proyección se encuentra su actuación en la película Ahí está el detalle, al lado de Mario Moreno Cantinflas y de su esposo Antonio R. Frausto.
En un buen número de películas en que participó, cumplió los roles de maquillista y de actriz. Se mantuvo vigente en ambas funciones desde 1932 hasta 1986, un par de años antes de su muerte.
Dolores Camarillo fue una de las pioneras de la televisión mexicana, donde participó también como actriz y maquillista. Toda su vida estuvo orientada al espectáculo jugando roles complicados de manera simultánea, entre maquillaje y actuación, con alto índice de calidad lo que la convierte en una de las principales figuras del cine y la televisión en México, aunque no ha tenido el reconocimiento que merece.
La muerte de Antonio R. Frausto en 1954 la lleva a estar envuelta en problemas legales al ser acusada de retirarle el oxígeno cuando se encontraba internado, de lo cual fue absuelta. Su muerte también estuvo envuelta en misterio, la que aconteció el 8 de febrero de 1988.
Una carrera de más de cincuenta años en el mundo del espectáculo, protagonizando alrededor de 120 películas como actriz de reparto y encargada de maquillaje en más de sesenta películas, así como primera actriz de la televisión mexicana, combinando de forma simultánea la actuación y el maquillaje, siendo representativa de la actuación cómica en buen número de películas, apuntando el deleite de espectadores, de aquellos años de oro del cine mexicano y de los actuales al difundirse esas viejas películas, que siguen haciendo reír y ser el delite de espectadores de todas las edades.
Dolores Sepúlveda Camarillo, Fraustita, como aparecía en los créditos de las películas de la Época de Oro del Cine en México, ha escrito su nombre en letras de oro en la historia del cine, el teatro y la televisión mexicana.
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Letras minúsculas
La orla del manto | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
¡Dios me libre, amigo mío, de condenar a los pecadores! ¿No vino Cristo a salvarlos? Si él no condenó a la mujer adúltera, ¿por qué de hacerlo yo?
Pero detengámonos, aunque sólo sea un momento, en esta mujer. ¿Tan infeliz era en su matrimonio que hubo de andar por calles y plazas buscando afecto? Y, sobre todo, ¿tan necesitados de cariño estamos los humanos como para comportarnos así? Pobre mujer, pobre mujer.
Mas no nos engañemos, amigo mío: también los animales, cuando se les ofrece una caricia, quedan desarmados. Piense usted en esos perrotes que se acercan a uno en actitud agresiva: una caricia basta para tenerlos de nuestra parte toda la vida.
“Sólo el amor carnal, tan primario, es capaz de aplacar un dolor metafísico”, escribió poco antes de morir don José María Cabodevilla (1928-2003), el sacerdote español. ¿Y por qué aclaro que poco antes de morir? Porque estas cosas, amigo, sólo se descubren hasta el final, es decir, al cabo de un largo recorrido.
Hablábamos de la mujer adúltera. Pero, ¿y qué decir de las otras mujeres del evangelio? De la samaritana mejor ni hablemos: había tenido cinco maridos y, cuando Jesús se la encontró un día cabe el brocal de un pozo, andaba ya rompiendo con el sexto. Sí, señor: necesitamos cariño, una caricia, un gesto afectuoso para no desesperar.
Conocí una vez a un anciano que tenía fama de lujurioso. Su mujer lo despreciaba, lo despreció siempre, sin darse cuenta de que, en el fondo, ella era la culpable de los deslices de su marido. ¡Oh, no es lo que usted piensa! Déjeme terminar y comprenderá. Digo que, en el fondo, ella era la culpable porque no tuvo para con su esposo ni el más leve gesto de ternura. Se había casado con él quién sabe por qué, he ahí todo. Le gritaba, lo amenazaba, lo reprendía; y el hombre, que no estaba hecho precisamente de piedra, se puso a buscar caricias aquí y allá, con mujeres desconocidas. Lo que este hombre necesitaba era sentirse querido, y lo que no encontró en su casa fue a buscarlo fuera de ella. Me dijo un día:
-¡Pero yo no soy un lujurioso! Yo lo único que quiero comprobar es que mi cuerpo no causa asco…
Sí, amigo: sólo el amor carnal, tan primario, es capaz de aplacar un dolor metafísico.
Durante un tiempo me he dedicado a pensar en una mujer que, por lo menos en el evangelio, carece de nombre. Se le conoce como “la hemorroísa”, es decir, como “la mujer de las hemorragias”. Ahora le contaré su historia: “Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias.
Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.
Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto,
porque pensaba: ‘Con sólo tocar su manto quedaré curada’.
Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó:
“-¿Quién tocó mi manto?
“Sus discípulos le dijeron:
“-¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?
“Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.
Jesús le dijo:
“-Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad” (Marcos 5, 21-43).
Y así esta mujer desaparece de la Historia sin volver a aparecer en ella nunca más. Y me pregunta usted, amigo, qué tiene que ver la hemorroísa con la mujer adúltera, y yo le digo que mucho: que son almas gemelas, por hablar así.
Esta última padecía constantes flujos de sangre; por lo tanto, para la cultura judía era no sólo una mujer impura, sino una fuente perenne de impureza para quien se acercase a ella; la ley de Moisés era bastante clara a este respecto: “Cuando una mujer tenga hemorragias frecuentes fuera o después de la menstruación, quedará impura mientras le duren las hemorragias. La cama en que se acueste quedará impura; el asiento en que se siente quedará impuro. El que la toque quedará impuro” (Levítico 15, 25)…
¿Qué es lo que hay que concluir de todo esto? Que la mujer se sentía sucia, impura –legalmente lo era-, repulsiva. ¿A quién podía acercarse que no la rechazara? Y, ¿sabe usted? Ella tenía necesidad de tocar, de utilizar el sentido del tacto y, tímidamente lo usó, alcanzando con sus dedos la orla del manto de Jesús.
Sí, señor: tenemos necesidad de tocar y ser tocados, de amar y ser amados, pues de otra forma nos sentimos muertos. ¡A los muertos no se los toca! Necesitamos que alguien nos diga, tocándonos, que nuestro cuerpo no es repulsivo, ni asqueroso. “El amor verdadero –escribió el novelista italiano Vasco Pratolini (1913-1991) en su Crónica de mi familia– es el de los pobres. Un hombre y una mujer pobres que se casan tienen que poder unir sus dos almas para resistir y darse coraje. Amarse es darse coraje… Un hombre pobre, sumido siempre en la miseria, es más fuerte con una compañera a su lado. Sólo entonces valora plenamente el vigor de sus propios brazos, el significado de su presencia en la tierra, ve con claridad y perspectiva; sus angustias desaparecen con una caricia”.
Espléndido, ¿no le parece? ¡Realmente espléndido, diría yo!
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Destacadas
Lááástima, Zu-ma-yi-ta. Apuntes de Jorge Saldaña.
Morena no le abrió la puerta; El PT le reevendió la entrada.
Culto Público, hijos de “En esta casa creemos en Morena y no entra el huachicol”:
Hay una escena creo que universal de esas que dan risa, lástima y vergüenza al mismo tiempo: esa en la que llega a una fiesta un colado sin invitación.
Pero no el colado con oficio. El otro. El que llega tarde, a la brava, sudado, con invitación comprada al vecino del primo de un amigo.
Lo dejan pasar, sí, pero por la puerta de atrás, la que huele a cocina y fritanga.
Adentro, los anfitriones ya se enteraron. Y sin escándalo, se van.
Eso pasó esta viernes en el WTC de la Ciudad de México con Gerardo Sánchez Zumaya, empresario huasteco que sueña —porque gratis todavía es— con ser gobernador de San Luis Potosí en 2027.
Llegó acá muy bravo, con acarreados, matracas, danzantes (de los de verdad -no sus asesores-) y anunciándose como abanderado de Morena para ser defensor de la Transformación.
Llegó a registrarse “porque si vamos a cumplir” -dijeron todo el día-, pero Morena hizo lo que hacen los anfitriones cuando llega el huelemoles que no estaba en la lista: se levantó de la mesa.
Ariadna Montiel y Citlalli Hernández estaban ahí. Cuando apareció Zumaya, se retiraron. El mensaje no necesitó una foto: ¿me concede este baile? No, señor. Con usted no. Ni por error.
Lo recibió el PT. Solo el PT. Y entonces el que entró bravo, salió como el emoji que aparece cuando uno escribe la palabra payaso.
Conviene recordar quién es Zumaya, porque él prefiere que la memoria pública ande distraída. Es originario de Tanquián de Escobedo, tiene unos 34 años y hace no tanto era un modesto comerciante local de la Huasteca.
Lo que vino después no lo explica en sus reels: en pocos años, su empresa Petrogesa y razones sociales vinculadas a su nombre acumularon contratos con Pemex que, según fuentes documentales, van de cientos a más de mil millones de pesos.
Las cifras bailan, pero la pregunta no: ¿cómo pasa un comerciante regional a contratista petrolero de esa escala en lo que tarda un sexenio en irse?
Sobre él pesan señalamientos por presunto lavado de dinero, facturero, huachicol y operaciones financieras que la UIF tiene documentadas con suficiencia.
La última es una acusación por un delito federal que generó una orden de aprehensión en su contra, y si está libre es porque se amparó. Y aquí conviene decirlo sin confundir a Usted mi Culto Público: un amparo no es absolución, es un paréntesis judicial, una puerta que dice “espere tantito”, no diploma de inocencia.
Eso revisó Morena antes de cerrarle la puerta al Batman de pacotilla. No fue la mano de Gallardo. No fue una conspiración contra el “incómodo” huasteco. Fue el filtro de no cargar perfiles con expedientes abiertos, operaciones sospechosas o vínculos que huelan a gasolina robada antes de empezar campaña.
Los demás aspirantes salieron con constancias de tres logos: Morena, PT y Verde. Zumaya salió con uno. Uno solito. El del partido que, al menos en San Luis Potosí, parece haber confundido la puerta de entrada con una taquilla.
Él dice que es lo mismo, pero no es lo mismo.
En política hay gestos que valen más que mil golpes de boletín:
Sheinbaum vino a San Luis Potosí. Vino a la Universidad Politécnica (que no a la UASLP para que ni se sigan adornando) Abrazó a Ricardo Gallardo, gobernador del Verde, ese mismo Verde al que Zumaya acusa de perseguirlo.
La presidenta abrazó Ricardo. No abrazó al huasteco. Y al día siguiente, en televisión nacional, circuló un reportaje sobre irregularidades atribuidas a Zumaya. Casualidad de agenda, dicen algunos. Sí, cómo no, y yo soy Mickey Mouse.
El mensaje no está cifrado: este perfil no es de nosotros. No lo avalamos. No nos lo carguen. (Rúmbele para Tabasco si quiere)
También está su voz. El audio que circuló de la conversación entre él, el otro huachicolero de Tekmol y el líder informativo de la huasteca, Samuel Roa.
Ese audio no revela a un empresario incomprendido ni a un político perseguido. Revela un tono de mafioso, ese de quienes creen que el dinero y las majaderías arregla todo lo que de la ley estorba y que el poder es herramienta personal antes que responsabilidad pública.
La voz no se ampara. Su postura de verdulera contra verdulera (con perdón de las mismas) los dibujó a los dos de la estatura que tienen.
Zumaya no lo dice, pero se le sale por todos sus orificios: quiere gobernar para cobrar. Para ajustar cuentas. Para convertir el Palacio de Gobierno en ventanilla de revancha. No para resolver el agua, la seguridad, el empleo o la pobreza. Quiere el poder como tribunal personal.
Esa es la razón más peligrosa para querer gobernar. Y es la única que tiene.
Lo malo es que Zumaya no se gobierna ni a sí mismo, y un hombre que no puede gobernar su avaricia, su enojo y su necesidad de revancha, no tiene autoridad moral para pedirle a San Luis Potosí las llaves de la casa.
Y entonces está el PT: el partido que en San Luis Potosí no actuó como partido, sino como revendedor.
Don Beto Anaya puede destituir al delegado potosino mañana. Puede desconocer el registro. Puede lavar la cara nacional del PT con un comunicado de tres párrafos. Lo que no puede deshacer es que su estructura en San Luis Potosí demostró, en un solo acto, que tiene precio y que el precio lo paga cualquiera que llegue con suficiente efectivo y misma desesperación.
El dato duele: el PT solo ronda el cuatro por ciento de votación en el estado. Cuatro. Zumaya presumió entrar a la fiesta de la Transformación por la puerta de un partido que, sin Morena, no llega ni al valet parking.
Al desnudo, Zumaya no es el transformador perseguido. No es el outsider incómodo. No es heredero de ninguna causa noble. Es un hombre con órdenes de aprehensión en suspenso por un amparo, con empresas que deben responder una pregunta básica —¿de dónde salió tanto dinero en tan poco tiempo?— y con un audio de su propia voz que ya lo describió mejor que cualquier columna.
Morena lo dijo sin decirlo. La presidenta lo dijo abrazando a otro. El reportaje nacional lo dijo con cifras y fechas. La constancia con un solo logo lo dijo en silencio. Los aspirantes que sí cargaron los tres emblemas lo dijeron con su sola presencia: Zumaya no es la 4T, es un “come cuando hay” de los que Sheinbaum se está sacudiendo. Igual que a los Rochas Moyas, los Andys, los Adanes y, sí…los Zumayitas.
Yo soy Jorge Saldaña.
Bonus: El registro morenista se cerró a las 12 de la noche de ayer. Los lugares eran seis y se anunciaron cuatro. Faltan dos. Un hombre y una mujer, que se pudieron registrar ya tarde y sin hacer ruido…(Se la dejo de tarea)
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