Opinión
Marcelito | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
Testeando
¡Qué pequeño se vio San Luis frente a Pachuca!
Yo no sé de futbol, yo no he hecho cursos ni mucho menos soy entrenador, ni siquiera sé jugar correctamente al futbol. Nunca pisé una cancha como jugador de primera, y nunca he levantado ni el campeonato de mi colonia. Yo solo sé jugar futbol en videojuegos y hasta en eso pierdo bastante seguido.
Sin embargo, levanto la voz y digo, ¡qué pequeño se vio San Luis frente a Pachuca!. Increíble que un equipo que juega de local, no se atreva a proponer, increíble que un equipo local y que va perdiendo, se tarde tanto en recomponer el rumbo del partido.
Ok, lo entiendo, no hay una banca con argumentos para levantar el barco y, peor aún, cuando no puedes contar todavía con todo el arsenal. Pero Pachuca no es ni cerca un rival de los complicados en la liga, y San Luis es un equipo muy triste de local.
El tenor parece será igual que el torneo anterior, un equipo con nula proposición de local y bastante ratonero de visita. Eso puede ayudar jugando en campo ajeno, pero seguirá causando pena en la cancha del Lastras.
Cuidado Marcelo, cuidado directivos, que el negocio se va a acabar (si es que ha esto aún se le puede llamar negocio) las tribunas se van vaciando cada vez más y esos “fieles” aficionados, no se van a conformar con las miserias que aún muestran de local. O se cambian las maneras, las formas y las ganas, o simplemente seguiremos pensando que Marcelito sigue siendo un técnico muy chiquito para el futbol mexicano, ya que anoche ¡qué pequeño hiciste ver al San Luis, Marcelititito!
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#4 Tiempos
Presupuesto de Apertura 26 | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
El torneo ha comenzado y no de la mejor forma para el Atlético de San Luis. Más allá de la derrota en la jornada 1 frente a Cruz Azul en casa, lo verdaderamente preocupante es lo complicado que se ven las primeras fechas para el equipo potosino, las ocho primeras jornadas parecen duelos difíciles de superar, sumado al fuerte compromiso de la Leagues Cup, lo que no parece dar muchos ánimos y más bien se pide paciencia tanto para jugadores como para la afición. Pero hagamos el presupuesto de puntos, como cada inicio de torneo.
J1.- Cruz Azul: derrota 0 puntos
J2.- Tigres: derrota 0 puntos
J3.- Tijuana: empate 1 Punto
J4.- América: derrota 1 Punto
J5.- Pachuca: derrota 1 Punto
J6.- Monterrey: derrota 1 Punto
J7.- Chivas: derrota 1 Punto
J8.- León: derrota 1 Punto
J9.- Necaxa: victoria 4 Puntos
J10.- Pumas: derrota 4 Puntos
J11.- Santos: victoria 7 Puntos
J12.- Toluca: derrota 7 Puntos
J13.- Querétaro: victoria 10 Puntos
J14.- Atlante: victoria 13 Puntos
J15.- Atlas: victoria 16 Puntos
J16.- Juárez: victoria 19 Puntos
J17.- Puebla: victoria 22 Puntos
Según el presupuesto, los 22 puntos serán insuficientes para una clasificación a la liguilla, pero aún más preocupante es la baja suma de puntos en las primeras jornadas, llegando a la semana 9 del campeonato con apenas una victoria y solo 4 puntos, esto debido al complicado calendario que tiene el cuadro potosino.
El panorama no es alentador para un equipo que se ha reforzado poco y ha perdido al jugador más valioso de la temporada pasada, un equipo que no se vio bien los campeonatos anteriores y que no promete un futuro distinto. La afición tendrá que ser paciente y entender que la reestructuración parece no ser completa en el plante l, que las cosas pueden mejorar pero no lucen bien y menos con la forma en que el calendario se ha acomodado terriblemente para el equipo.
Por otro lado, creo que la directiva y cuerpo técnico saben bien a qué se enfrentan, conocen sus debilidades y saben lo complejo que parece el torneo en puerta, seguramente la planeación del campeonato no los tomó por sorpresa y sepan bien cuál es la ruta a seguir bajo esta circunstancia, a su vez, tranquilizar a los jugadores que seguro serán los más golpeados si los resultados no se dan.
Del lado de la afición y jugadores, queda cerrar filas, parece que se avecina un torneo más para el olvido, de esos que se va a sufrir más que gritar el gol a favor, ojalá yo esté equivocado, pero parece que no será así, parece que el destino está marcado y no suena muy alentador.
Toca esperar, apoyar, trabajar y sobre todo aguantar, que este proyecto sume y que encuentre en su humilde plantel, jugadores que demuestren y levanten la mano en un torneo en donde el presupuesto se ve, más que complicado.
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Opinión
Los reversos de Nicolás
Nicolás Araujo Saucedo (1898–1966): ferrocarrilero, masón, henriquista, preso en San Luis Potosí y en Lecumberri. Reconstrucción a partir de actas, prensa, archivos de vigilancia y diecisiete fotografías con texto al reverso.
El 23 de septiembre de 1961, Nicolás Araujo Saucedo fue trasladado del Campo Militar Número Uno a la cárcel de Lecumberri.
Eso está documentado. Dos periódicos de la época registraron el traslado. No sé cuándo lo detuvieron ni cuánto tiempo permaneció preso. Tampoco sé cómo salió. Las notas reproducen acusaciones de la Procuraduría, no una sentencia. Por eso no puedo afirmar qué hizo. Sí puedo afirmar que aquel día mi abuelo fue llevado a Lecumberri.
Murió antes de que yo naciera. Durante mucho tiempo sólo conocí una fotografía suya. No tengo una escena con él, una conversación ni un gesto que pueda recordar. Cuando digo que fue mi abuelo nombro un parentesco, no una experiencia compartida.
La fuente más cercana que tengo es mi madre, María del Socorro, Socorrito para él. Ella me contó que Nicolás era ferrocarrilero, masón y político. Me dijo que, por sus ideas, había estado preso. También me contó que él le enseñó a usar el telégrafo. No sé cuándo fueron esas lecciones, cuánto duraron ni qué aparato usaron. Nadie me describió la habitación. Lo que conservo es la frase de mi madre.
⁂
Los documentos confirman una parte de lo que ella cuenta. Nicolás nació el 10 de septiembre de 1898 en Guadalcázar, San Luis Potosí. En su acta aparece con un nombre más largo: José Nicolás Evaristo Araujo Sauceda. Otros registros lo llaman Nicolás S. Araujo o invierten sus apellidos. Esa variación permite seguirlo, pero también muestra lo fácil que es perder a una persona cuando el nombre cambia de un papel a otro.
En 1925 aparece como miembro de una sociedad mutualista de despachadores y telegrafistas ferrocarrileros en Cárdenas. En una fotografía de 1930 figura entre despachadores. Esos registros no cuentan cómo aprendió el oficio ni qué pensaba mientras trabajaba. Sirven para algo más limitado: confirman que el telégrafo del relato de mi madre pertenecía a una vida laboral concreta.
También está documentada su actividad masónica. Entre 1927 y 1933 ocupó distintos cargos en la logia Ignacio Ramírez número 10 de Cárdenas. Fue orador, vigilante, venerable maestro, secretario y primer experto. Las listas conservan los cargos. No conservan su voz. No sé qué decía cuando era orador ni qué buscaba en la masonería.
Su actividad política dejó más rastros, aunque tampoco forman una historia completa. En 1952 fue presidente de la Federación de Partidos del Pueblo en San Luis Potosí y participó como orador en un mitin. Un registro oficial lo incluye como candidato propietario, pero todavía no está cerrado cuál fue exactamente el cargo que disputó.
En febrero de 1959 firmó, desde la Comisión de Propaganda del Comité General de Huelga ferrocarrilero, un pronunciamiento sindical. Entre 1959 y 1961 estuvo cerca de Celestino Gasca y de los Federacionistas Leales. Un estudio histórico lo llama mano derecha de Gasca. Un informe de vigilancia de 1965 lo identifica como su secretario particular y como presidente de esa organización.
Los datos son una cosa y las acusaciones de la época son otra. El movimiento al que perteneció preparó una insurrección en 1961. Eso está estudiado. Pero los documentos revisados no prueban que Nicolás poseyera armas o explosivos. Tampoco permiten asegurar que fuera detenido en la redada realizada en casa de Gasca el 10 de septiembre. Lo comprobable es posterior: el 23 de septiembre fue trasladado a Lecumberri y, ante el juez, negó varias imputaciones. Dijo también que una declaración anterior había sido obtenida por la fuerza. Eso es lo que declaró. Yo no puedo completar lo que falta en el expediente.
Antes había estado preso en San Luis Potosí. Mi madre lo recuerda como preso político. Un periódico informó en enero de 1960 que había recibido una condena de cinco años por delitos relacionados con los disturbios ferrocarrileros. Falta la resolución judicial original. No sé cuánto tiempo cumplió ni en qué condiciones.
⁂
Una fotografía familiar añade otra clase de prueba. En ella aparecen catorce hombres frente a una reja. Nicolás está de pie en el centro. Al reverso escribió a Socorrito.
Socorrito:
El día de tu santo estuve triste pensando en… Esta cárcel no mata mis ideales y algún día tienen que triunfar. Por eso tengo fe y me enaltece y me dignifica esta cárcel, porque es por luchas nobles y generos as para liberar a los oprimidos.
Tu padre que te quiere,
NicolásS. Luis Potosí. La fecha parece ser el 27 de junio de 1959, día del santo y cumpleaños de mi madre, pero la lectura del año todavía no es segura. Parte del texto se perdió con la tinta.
La imagen prueba cómo quiso él presentarle su prisión a su hija. No prueba, por sí sola, la causa jurídica del encierro.
Ahora tengo diecisiete fotografías de Nicolás. Muchas llevan texto suyo al reverso. No sé con certeza si me llegaron por mi abuela o por mi madre. Esa duda también forma parte de la procedencia. En otra fotografía, probablemente de 1960, Nicolás escribió que buscaba cambiar los sistemas del país para que hubiera justicia para el pueblo. En una más, fechada en 1962, afirmó que había luchado por la Presidencia Municipal de San Luis Potosí, que había ganado y que le hicieron “chanchullo”. El mensaje es suyo. El resultado que relata no ha sido confirmado por otra fuente.
Hace unos días aparecieron cuatro más, dentro del PDF de una tesis sobre masonería ferrocarrilera. Esas no tienen nada escrito atrás. Por la reserva de la logia nunca estuvieron destinadas a un álbum familiar. Son las únicas imágenes suyas que llegaron hasta mí sin que él se las mandara a nadie.
⁂
Vuelvo al telégrafo.
El trabajo y la política lo traían de un lado a otro. Convivieron poco. En ese poco le enseñó a usar el telégrafo.
No sé si fue una tarde o si fueron muchas. No sé si ella llegó a manejarlo o se quedó con la lección. Sé que un hombre que se ganaba la vida transmitiendo mensajes, y a quien años después el gobierno le vigilaría cada reunión, se sentó con su hija a enseñarle a transmitir. Es la única escena que tengo de los dos. Y no la vi.
⁂
Mi abuela casi no hablaba de él. Yo nunca le pregunté. En la familia quedó la versión de que ella tiró o rompió materiales de Nicolás, quizá incluso quemó algunos. No sé cuántos eran ni qué contenían. Tampoco sé si actuó por miedo, precaución, enojo, cansancio o por una razón distinta. Relaciono esa destrucción con las actividades de Nicolás porque así llegó a mí la explicación familiar. La relación parece posible, pero no puedo demostrarla.
La misma mujer que destruyó esos papeles sabía dónde estaba enterrado. Una vez me llevó a visitar su tumba. Conozco el panteón. No sé en qué punto exacto está: podría llegar hasta la puerta y no encontrarlo. Ella cortó el rastro escrito y sostuvo el otro, el que no se puede quemar. Ese también se está perdiendo, ahora en mí.
Busqué a personas de otra rama de la familia. No quisieron hablar conmigo de él. No sé si su silencio viene de los mismos hechos, de otras memorias o simplemente de no querer compartirlas. No me corresponde convertir esa negativa en una confesión ni en una acusación.
⁂
¿Qué derecho tengo a escribir sobre una persona a la que no conocí? Tengo el parentesco, los documentos que he reunido, lo que mi madre me ha contado y las fotografías que quedaron. No tengo derecho a atribuirle pensamientos que no escribió ni a resolver por otros el silencio que eligieron. Eso es todo lo que tengo y no sé si alcanza.
Nicolás murió el 13 de junio de 1966 en el Distrito Federal. Ese dato cabe en un acta. Su vida no. Frente a mí quedan diecisiete anversos y sus reversos. Todavía no sé cuál de los dos lados contiene más de él.
Gonzalo Damián Hernández Araujo
San Luis Potosí, julio de 2026
Opinión
Esconderse para evitar un emplazamiento: uno de los peores consejos jurídicos | Columna de Víctor Ezequiel
SERENDIPIA
“Escóndete para que no te encuentren.” “No abras la puerta.” “Si no recibes la notificación, el juicio no puede avanzar.” Estas frases siguen repitiéndose con demasiada frecuencia en México y, lamentablemente, muchas personas toman decisiones basadas en ese consejo. La realidad jurídica es muy distinta: evitar un emplazamiento rara vez representa una ventaja y, en la mayoría de los casos, solo termina perjudicando a quien pretende ganar tiempo.
Lo primero que debe entenderse es que no toda notificación es un emplazamiento. Un emplazamiento es una especie de notificación, pero tiene una finalidad muy específica: hacer del conocimiento de una persona que existe una demanda en su contra, entregarle copia de ésta y concederle un plazo para contestarla y ejercer su derecho de defensa. Por esa razón, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha sostenido de manera reiterada que el emplazamiento constituye una de las formalidades esenciales del procedimiento y está íntimamente relacionado con el derecho humano de audiencia previsto en el artículo 14 de la Constitución. Un emplazamiento practicado de manera ilegal puede provocar incluso la nulidad de todo lo actuado posteriormente.
Las demás notificaciones tienen un propósito diferente. Sirven para informar resoluciones, acuerdos, requerimientos, citatorios, fechas de audiencias o sentencias a quienes ya forman parte del procedimiento. En otras palabras, el emplazamiento incorpora a una persona al juicio; las notificaciones posteriores mantienen informadas a las partes sobre el desarrollo del proceso.
Cada materia tiene reglas particulares. En el juicio de amparo, por ejemplo, la Ley de Amparo prevé notificaciones personales para determinados actos de especial trascendencia, mientras que muchas resoluciones se notifican por lista, boletín judicial o mediante el sistema electrónico cuando las partes así lo autorizan. En esta materia, los plazos suelen ser breves, por lo que una notificación puede marcar la diferencia entre conservar o perder un derecho procesal.
En materia familiar, especialmente cuando están involucrados menores de edad, alimentos, guarda y custodia, convivencia o violencia familiar, el emplazamiento debe practicarse con especial cuidado, pues garantiza que ambas partes puedan participar en un procedimiento que afecta derechos fundamentales. Sin embargo, una vez iniciado el juicio, muchas actuaciones posteriores pueden notificarse por boletín judicial, listas o por otros medios previstos en la legislación local aplicable.
En los procedimientos mercantiles, el emplazamiento conserva una enorme importancia porque de él depende que el demandado pueda contestar oportunamente la demanda, ofrecer pruebas y formular excepciones. No comparecer por haber decidido “esconderse” puede facilitar que el procedimiento avance sin que la persona ejerza plenamente su defensa. La legislación mercantil también contempla diversas formas de notificación posteriores , incluyendo medios electrónicos en los casos autorizados.
En materia laboral, el modelo instaurado con la reforma de 2019 fortaleció el uso de mecanismos ágiles de comunicación procesal. Los tribunales laborales realizan emplazamientos y notificaciones conforme a reglas específicas que buscan garantizar tanto el debido proceso como la rapidez del procedimiento. Incluso existen mecanismos electrónicos para determinadas actuaciones, aunque el emplazamiento inicial continúa exigiendo formalidades especiales por tratarse del acto que da inicio a la relación procesal respecto del demandado.
Entonces, ¿qué ocurre si una persona simplemente decide no abrir la puerta o esconderse? En la práctica, pocas veces obtiene el resultado que imagina. La legislación contempla diversos mecanismos para evitar que un juicio quede paralizado indefinidamente por la conducta de una de las partes. Dependiendo de la materia y de las circunstancias del caso, pueden realizarse nuevas diligencias, agotarse otras formas de localización o incluso practicarse notificaciones por medios alternativos cuando la ley expresamente lo autoriza. Es decir, el procedimiento no permanece suspendido para siempre únicamente porque alguien decidió evitar al actuario.
Lo verdaderamente grave es que, mientras una persona intenta retrasar el inevitable emplazamiento, puede perder un tiempo invaluable para preparar documentos, localizar testigos, reunir pruebas, contratar un abogado o diseñar una estrategia jurídica adecuada. En asuntos familiares incluso pueden dictarse medidas provisionales; en materia laboral continúan corriendo etapas procesales; y en otros procedimientos pueden generarse consecuencias que después resultan mucho más difíciles de revertir.
Existe incluso una alternativa mucho más inteligente cuando una persona sabe que existe un juicio en su contra. Si tiene conocimiento de que la demanda ya fue presentada, pero el emplazamiento aún no se practica —por ejemplo, porque un exhorto tarda semanas o meses en diligenciarse—, puede acudir voluntariamente al juzgado para notificarse directamente, obtener las copias de traslado e iniciar inmediatamente su defensa. Lejos de representar una desventaja, ello permite aprovechar al máximo los plazos procesales y evitar sorpresas.
El mejor consejo jurídico nunca será esconderse del actuario. El verdadero objetivo debe ser verificar que el emplazamiento cumpla con todas las formalidades legales, recibir la documentación correspondiente y ejercer oportunamente el derecho de defensa. En un Estado de derecho, la estrategia más inteligente no consiste en evitar el proceso, sino en participar en él con conocimiento, preparación y una adecuada asesoría jurídica.
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